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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Monocultivo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/monocultivo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Monocultivo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El monocultivo forestal al banquillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/monocultivo-forestal-banquillo_129_13274135.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0add8bf3-fe94-48a8-b38c-fd07e3119cb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El monocultivo forestal al banquillo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras se promocionan las plantaciones de pino y eucalipto como una solución climática, comunidades rurales denuncian contaminación, incendios, pérdida de biodiversidad y expulsión de pobladores. En Corrientes, un tribunal internacional concluyó que este modelo forestal provoca un “ecocidio” y viola los derechos de la naturaleza.</p></div><p class="article-text">
        Poco o nada se debate en la sociedad sobre las consecuencias ecol&oacute;gicas y sociales del modelo forestal de especies ex&oacute;ticas, como el pino y el eucalipto ya que se trata de plantar &aacute;rboles y, &iquest;por qu&eacute; eso podr&iacute;a ser malo? Mientras los gobiernos y corporaciones forestales ocultan los impactos negativos, tambi&eacute;n lideran y organizan campa&ntilde;as sistem&aacute;ticas de desinformaci&oacute;n. <strong>Se alimenta el mito de las bondades de los monocultivos forestales instalando fraudulentos carteles en las rutas, llamando bosques a sus plantaciones y resaltando que representan alg&uacute;n beneficio ambiental y social.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Pero quienes habitamos el territorio, somos testigos de que nuestro entorno est&aacute; siendo sacrificado para beneficio de solo un pu&ntilde;ado de corporaciones. Los impactos negativos de este modelo son muchos y diversos, convirtiendo a esta actividad en una figura extrema del extractivismo dentro del agronegocio, como la megaminer&iacute;a o la explotaci&oacute;n petrolera. <strong>El modelo forestal, aunque se pinte de verde, ya es reconocido por las comunidades locales como un actor de dominaci&oacute;n y depredaci&oacute;n de la vida de los pueblos y la naturaleza.</strong>
    </p><h2 class="article-text"><strong>Greenwashing certificado </strong></h2><p class="article-text">
        Cuando hablamos de un bosque, nos imaginamos solamente &aacute;rboles, pero en s&oacute;lo una hect&aacute;rea de bosque nativo podemos encontrar decenas de organismos le&ntilde;osos distintos -diset&aacute;nos, que van desde peque&ntilde;as pl&aacute;ntulas a muchos metros de altura- coexistiendo con helechos, enredaderas, ep&iacute;fitas, hongos, y siendo el h&aacute;bitat de una amplia diversidad de animales con requerimientos distintos de refugio y alimento. 
    </p><p class="article-text">
        En cambio, en una hect&aacute;rea de monocultivo forestal encontramos solamente clones de &aacute;rboles de una especie, pensados y dise&ntilde;ados para que crezcan y sean cortados en un corto per&iacute;odo de tiempo. Es un cultivo que al impedir el ingreso de luz, impide tambi&eacute;n el desarrollo de otras especies vegetales que son fuente de alimento para la fauna local, convirti&eacute;ndose en un desierto verde para los animales nativos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A pesar de las intensas campa&ntilde;as de greenwashing de las corporaciones forestales, es necesario dejar en claro que estas plantaciones no son bosques y no vienen a salvarnos de las consecuencias del cambio clim&aacute;tico. </strong>Por el contrario, son monocultivos creados y sostenidos artificialmente por el ser humano, destinados a extraer agua y nutrientes de nuestros suelos para producir, de la manera m&aacute;s veloz posible, la madera o pasta de celulosa que ser&aacute; sacada del territorio.
    </p><p class="article-text">
        Es por ello que una de las cuestiones m&aacute;s pol&eacute;micas es que estas plantaciones, adem&aacute;s de los innumerables privilegios y exenciones impositivas y financieras (Ley 25.080 de Inversiones para Bosques Cultivados y ahora el RIGI), reciben tambi&eacute;n millonarias compensaciones econ&oacute;micas con la venta de &ldquo;bonos de carbono&rdquo; al mercado internacional. Estos monocultivos promocionan el &ldquo;servicio ecosist&eacute;mico&rdquo; de absorci&oacute;n de di&oacute;xido de carbono (CO2), muy limitado por el corto tiempo de almacenamiento, como una paliativo a la crisis clim&aacute;tica. Pero lo cierto es que nunca una actividad con tantos impactos negativos, que destruye la diversidad de la vida, puede ser una soluci&oacute;n ecol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, la mayor&iacute;a de las empresas forestales ins&oacute;litamente obtienen &ldquo;certificados de manejo forestal&rdquo;. Este perverso mecanismo de certificaci&oacute;n es otro elemento de propaganda de la actividad ante los cada vez m&aacute;s evidentes impactos sociales y ecol&oacute;gicos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Zonas de Sacrificio</strong></h2><p class="article-text">
        La actividad forestal se encarga de convertir a ecosistemas como humedales y pastizales en zonas de sacrificio en el altar de las ganancias de las corporaciones. Para avanzar sobre ellos, oculta o minimiza el enorme rol ecol&oacute;gico de estos ecosistemas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s todas estas plantaciones se realizan sin un debido proceso participativo e informativo y, mucho menos, se eval&uacute;a la incidencia de la combinaci&oacute;n de efectos de los distintos proyectos acumulados. El descontrol es absoluto. 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos resumir algunos de los impactos ambientales directos del monocultivo forestal, de la siguiente manera:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Modifican dr&aacute;sticamente el paisaje, deteriorando los procesos que mantienen el equilibrio en los ecosistemas, disminuyendo as&iacute; su valor para la conservaci&oacute;n de la biodiversidad a nivel global.</li>
                                    <li>Los pinos y eucaliptos consumen enormes cantidades de agua con sus profundas ra&iacute;ces, contribuyendo a que disminuya y/o desaparezca la recarga de arroyos, lagunas, ba&ntilde;ados y acu&iacute;feros.</li>
                                    <li>Las especies de pino m&aacute;s utilizadas en las plantaciones son invasoras ya que la dispersi&oacute;n de sus semillas se da a trav&eacute;s del viento, afecta a las producciones agropecuarias y ambientes naturales que originalmente no estaban destinados a monocultivo. Esta especie tambi&eacute;n modifica los suelos como consecuencia de la acidificaci&oacute;n que se produce al acumularse las hojas y ramas de los &aacute;rboles implantados. </li>
                                    <li>Tanto los pinos como los eucaliptos son especies consideradas &ldquo;pir&oacute;fitas&rdquo;. Es decir, son especies que promueven la propagaci&oacute;n del fuego atento que producen aceites esenciales altamente inflamables y sus hojas se acumulan en los suelos generando materia seca que act&uacute;a como combustible.</li>
                                    <li>La utilizaci&oacute;n de agrot&oacute;xicos para combatir las m&uacute;ltiples denominadas &ldquo;plagas&rdquo; de estos cultivos ex&oacute;ticos contamina las nacientes de r&iacute;os y arroyos en la cercan&iacute;a de las plantaciones forestales, poluci&oacute;n cuya influencia se extiende en &eacute;poca de lluvias a vastas &aacute;reas, debido a la lixiviaci&oacute;n de suelos y el escurrimiento de l&iacute;quidos.</li>
                            </ul>
            </div><h2 class="article-text"><strong>Provincia de Corrientes</strong></h2><p class="article-text">
        A mediados del siglo XX se inicia una fuerte expansi&oacute;n de plantaciones forestales en Argentina mediante la implementaci&oacute;n de diversos reg&iacute;menes de incentivos por parte de los gobiernos, que permitieron llegar a una cifra de m&aacute;s de 1.3 millones de hect&aacute;reas en la actualidad. Estas inmensas superficies forestadas est&aacute;n conformadas casi exclusivamente por especies ex&oacute;ticas de crecimiento r&aacute;pido como pinos y eucaliptus y en menor medida por &aacute;lamos y sauces. Las plantaciones se concentran mayoritariamente en las provincias de la mesopotamia, Misiones, Corrientes y Entre R&iacute;os y en la regi&oacute;n del Delta del R&iacute;o Paran&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La provincia de Corrientes es un paradigma del avance del modelo forestal de especies ex&oacute;ticas. Actualmente en su territorio la superficie forestada supera el medio mill&oacute;n de hect&aacute;reas (lo que la convierte en la provincia m&aacute;s forestada del pa&iacute;s, con un crecimiento del 84% con relaci&oacute;n al a&ntilde;o 2013). En una investigaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n <em>Defensores del Pastizal</em> se revela que los monocultivos forestales alcanzan hoy una cifra similar en superficie a la de los bosques nativos en la provincia.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente se va dando un proceso de extranjerizaci&oacute;n de la tierra y apropiaci&oacute;n ileg&iacute;tima de terrenos pertenecientes a familias campesinas que practican agricultura comunitaria y de baja escala. En Corrientes, las manos en manos extranjeras ya superan el mill&oacute;n de hect&aacute;reas de las aproximadamente 9 millones totales de la superficie rural total de la provincia. En el a&ntilde;o 2019, la Legislatura correntina aprob&oacute; una Ley que habilit&oacute; a los grandes capitales extranjeros a que adquieran grandes extensiones de tierra, a medida de grandes corporaciones, como el grupo chileno ARAUCO, el mismo que ocasiona desastres tras la cordillera y en la provincia de Misiones.
    </p><p class="article-text">
        Se ha avanzado sobre los ecosistemas naturales disminuyendo la diversidad de funga, fauna y flora nativa, llevando a muchas especies a la extinci&oacute;n. Adem&aacute;s, ha propiciado las condiciones necesarias para el inicio y expansi&oacute;n de incendios rurales masivos, como los ocurridos entre los a&ntilde;os 2019 y 2022 (en 2022 la provincia sufri&oacute; incendios equivalentes al 12% de su territorio). Los incendios forestales ascendieron de forma abrupta en la provincia de Corrientes, seg&uacute;n los registros del Reporte del Manejo del Fuego del ex Ministerio de Ambiente de Naci&oacute;n. En el a&ntilde;o 2019, se registraron 3.000 ha arrasada por los incendios forestales, en 2020 ascendieron a 45.000 ha; y en 2022 se lleg&oacute; al r&eacute;cord de m&aacute;s de 1.000.000hect&aacute;reas. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una invitaci&oacute;n al desastre, no solo porque son grand&iacute;simas extensiones donde predominan, como dijimos,<strong> </strong>las especies que ayudan a la propagaci&oacute;n del fuego<strong> </strong>sino que -paralelamente- provoca la p&eacute;rdida de los valores ecosist&eacute;micos que prove&iacute;an los zonas donde avanz&oacute; la industria forestal (humedales, pastizales y bosques nativos) que podr&iacute;an prevenir el inicio de incendios o mitigar sus impactos. Mientras en las ciudades se ha normalizado vivir con humo y vientos de cenizas, las comunidades rurales sufren desesperadamente el da&ntilde;o en la salud y en la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A pesar del crecimiento vertiginoso de las &aacute;reas ocupadas con estas plantaciones, la provincia de Corrientes sigue siendo una de las provincias con peores &iacute;ndices socioecon&oacute;micos de Argentina. Basta comparar los &iacute;ndices oficiales de indigencia y de pobreza brindados por el INDEC entre los a&ntilde;os 1998 y la actualidad para comprobar que no ha servido para revertir la dram&aacute;tica situaci&oacute;n social de la provincia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Argentina, Brasil, Chile Uruguay: un modelo implantado en la regi&oacute;n</strong> </h2><p class="article-text">
        Sabemos que la l&oacute;gica extractivista de la industria forestal se desarrolla casi de id&eacute;ntica manera en Chile, Brasil, Uruguay y en el litoral argentino.
    </p><p class="article-text">
        Por eso no es casual la irrupci&oacute;n -desde la sociedad civil- de la <em>Alianza Latinoamericana de Resistencia al Monocultivo Forestal, </em>de la cual formamos parte, y tiene por objeto<em> ser una plataforma y un espacio para visibilizar realidades y diversas afectaciones a nivel regional, a la vez que amplifica y potencia las luchas locales contra los monocultivos forestales.</em>
    </p><p class="article-text">
        Es que en realidad, se trata de un modelo implantado en la regi&oacute;n, con las mismas grandes corporaciones y caracter&iacute;sticas. Incluso se copiaron las mismas leyes de entrega y saqueo. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; en Am&eacute;rica del Sur, el 97% de las plantaciones son de especies ex&oacute;ticas, principalmente pino y eucalipto, que se utilizan principalmente para obtener madera y pasta de papel, respectivamente. Entre los cuatro pa&iacute;ses se alcanzan la suma de 16,8 millones de hect&aacute;reas de plantaciones forestales totales. La mayor&iacute;a se concentra en Brasil (67%), luego en Chile (19%), Argentina (7,1%) y Uruguay (7,1%).
    </p><h2 class="article-text"><strong>El Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza en la provincia de Corrientes</strong></h2><p class="article-text">
        En noviembre de 2024 el prestigioso <em>Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza </em>visit&oacute; oficialmente a la provincia de Corrientes ante la denuncia de organizaciones locales (como Defensores del Pastizal) sobre los impactos socioambientales del modelo de monocultivo forestal. 
    </p><p class="article-text">
        Este Tribunal fue constitu&iacute;do en el a&ntilde;o 2014 para juzgar &eacute;ticamente las distintas violaciones a los Derechos de la Naturaleza y a los defensores ambientales en distintas partes del planeta. Es una instancia de la sociedad civil, apoyada por la Alianza Global por los Derechos de la Naturaleza (GARN, por sus iniciales en ingl&eacute;s), con representantes de todos los continentes. Conformado por jueces y juezas de reconocida autoridad &eacute;tica y compromiso como Vandana Shiva (India), Nimmo Bassey (Nigeria), Leonardo Boff (Brasil), Maristella Svampa (Argentina), Arturo Escobar (Colombia), Casey Camp Horinek (Naci&oacute;n Ponca, EE.UU) Alberto Acosta (Ecuador, que viajar&aacute; a Corrientes), entre muchos otros y otras. 
    </p><p class="article-text">
        Este Tribunal, pionero en la b&uacute;squeda de construir caminos de Justicia Global frente a los delitos contra la Naturaleza, se constituye como una plataforma permanente para escuchar y juzgar casos de violaci&oacute;n a los derechos de la Madre Tierra alrededor del mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y el Tribunal le di&oacute; un tratamiento regional a la problem&aacute;tica del modelo forestal. </strong>
    </p><p class="article-text">
        A principios del 2024 se constituy&oacute; en la regi&oacute;n del Biob&iacute;o, Chile, donde el modelo forestal de especies ex&oacute;ticas -como dijimos- est&aacute; provocando estragos ecol&oacute;gicos y sociales. El Tribunal observ&oacute; in situ, entre otras cosas, las consecuencias del megaincendio que, durante el verano del a&ntilde;o 2023, se extendi&oacute; en m&aacute;s 326.000 hect&aacute;reas entre las regiones de &Ntilde;uble y Araucan&iacute;a del pa&iacute;s trasandino. De la superficie quemada, un 61,3% correspondi&oacute; a monocultivo forestal y s&oacute;lo un 9,4% a bosque nativo. El Tribunal, en su veredicto preliminar, pudo constatar que el actual modelo forestal chileno ha provocado un ecocidio en el territorio y contra todos los seres vivos que lo habitan, humanos y no humanos; que el modelo forestal, y las corporaciones que la llevan adelante, violan los Derechos de la Naturaleza e incluso las d&eacute;biles normas de protecci&oacute;n ambiental existentes en el pa&iacute;s. Adem&aacute;s exigi&oacute; con urgencia la realizaci&oacute;n de un plan de restauraci&oacute;n y regeneraci&oacute;n integral que nazca desde los territorios y espacios locales; as&iacute; como la declaraci&oacute;n de una moratoria o prohibici&oacute;n de establecimiento de especies invasoras y pir&oacute;fitas en el territorio.
    </p><p class="article-text">
        Con este antecedente y contexto, una delegaci&oacute;n con Jueces y Juezas del Tribunal, entre las que estaban la flamante ganadora del prestigiosa Premio Goldman (Yuvelis Morales, Colombia), recorrieron los territorios afectados en el interior de Corrientes, se reunieron con vecinos y vecinas y sesionaron en una audiencia p&uacute;blica en la capital provincial donde escucharon los testimonios de especialistas y v&iacute;ctimas del modelo para luego emitir un veredicto preliminar. 
    </p><p class="article-text">
        Esta sesi&oacute;n en Corrientes del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza permiti&oacute;, por un lado, el fortalecimiento de las organizaciones y comunidades locales, as&iacute; como el reconocimiento de los derechos de los ecosistemas predominantes (humedales, pastizales, bosques nativos y sus especies animales asociadas) afectados por las consecuencias del monocultivo forestal de pinos y eucaliptos. Una oportunidad hist&oacute;rica de sacar a la luz un modelo del que no se debate, y que trae m&aacute;s injusticia, tanto ambiental como social y econ&oacute;mica.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Sentencia Final</strong></h2><p class="article-text">
        El Tribunal verific&oacute; in situ las afectaciones, observando el grado de degradaci&oacute;n de suelos, la disminuci&oacute;n de los niveles fre&aacute;ticos, el avance de especies ex&oacute;ticas pir&oacute;fitas y el aislamiento de parajes rurales producto de los alambrados de las empresas forestales. Durante la audiencia p&uacute;blica, se escucharon testimonios y peritajes t&eacute;cnicos que confirmaron la sistematicidad de los impactos del modelo forestal y la ausencia de control y fiscalizaci&oacute;n estatal. 
    </p><p class="article-text">
        Basados en esta visita y audiencia el Tribunal emiti&oacute; <a href="https://www.rightsofnaturetribunal.org/corrientes-sentencia/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">la Sentencia</a> siguiente donde: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;1. Reconoce que el modelo forestal vigente en la provincia de Corrientes ha provocado y contin&uacute;a provocando un ecocidio, afectando a todos los seres vivos humanos y no humanos&mdash; que habitan el territorio. 
    </p><p class="article-text">
        2. Declara que el modelo forestal viola los Derechos de la Naturaleza y los Derechos Humanos, los cuales se complementan y refuerzan mutuamente 
    </p><p class="article-text">
        3. Afirma que este modelo viola sistem&aacute;ticamente las d&eacute;biles normas de protecci&oacute;n ambiental existentes, con la complicidad de los tres niveles del Estado &mdash;nacional, provincial y municipal&mdash;, que han sido omisos o part&iacute;cipes en la promoci&oacute;n y expansi&oacute;n de este esquema extractivo. 
    </p><p class="article-text">
        4. Declara que el agua, la tierra y las formas de producci&oacute;n campesina y comunitaria son sujetos de derechos, en tanto elementos esenciales para la vida y el arraigo territorial.
    </p><p class="article-text">
        5. Se&ntilde;ala que las plantaciones industriales no son bosques, sino monocultivos que no reproducen la vida, y denuncia las falsas soluciones basadas en los mercados de carbono y otras herramientas financieras que solo benefician a los grandes grupos econ&oacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        6. Condena las condiciones de trabajo esclavo e infantil presentes en la cadena forestal, exigiendo su inmediata erradicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        7. Declara a los pastizales y humedales como sujetos de derechos, reconociendo su derecho a la existencia, regeneraci&oacute;n y mantenimiento de sus ciclos vitales.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Esta sentencia representa un avance en la discusi&oacute;n sobre los Derechos de la Naturaleza, la cual no puede seguir siendo entendida exclusivamente como un recurso econ&oacute;mico. Los ecosistemas tienen valor intr&iacute;nseco. Tienen derecho a existir, regenerarse y mantener sus funciones ecol&oacute;gicas, de las adem&aacute;s dependemos todos los seres humanos. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso es importante esta sentencia que construye historia, construye memoria, construye nuevos marcos jur&iacute;dicos y culturales. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Renata Nicora Chequin y Enrique Viale]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/monocultivo-forestal-banquillo_129_13274135.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 09:10:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El monocultivo forestal al banquillo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Monocultivo,Corrientes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La huida de un pueblo amazónico por la expansión de la soja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/huida-pueblo-amazonico-expansion-soja_130_9029865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f00dd85a-1f7b-4927-a22d-b35b16ad144c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La huida de un pueblo amazónico por la expansión de la soja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es la primera vez que el pueblo Khikatxi, en territorio indígena wawi, se reubica en lo más profundo de la selva para preservar la salud y el bienestar de sus habitantes. ¿Será la última?</p></div><p class="article-text">
        Cada noche, los hombres kis&ecirc;dj&ecirc; llevan sillas de pl&aacute;stico al centro de un enorme patio rodeado por las decenas de chozas que componen la aldea Khikatxi. La estaci&oacute;n seca y la escasa luz se combinan para crear un cielo negro profundo y estrellado sobre el territorio ind&iacute;gena wawi, en el noreste del estado brasile&ntilde;o de <strong>Mato Grosso</strong>. Habitualmente se re&uacute;nen para tratar los asuntos de la comunidad o simplemente para hablar sobre el d&iacute;a. Se sientan en c&iacute;rculo en la oscuridad, interrumpida ocasionalmente por el brillo ardiente de un cigarrillo o la pantalla de un tel&eacute;fono m&oacute;vil.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Aldea Khikatxi en la Amazonía, Mato Groso, Brasil.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Aquella tarde de finales de octubre, un visitante inici&oacute; la conversaci&oacute;n. El jefe <strong>Paulo Xavante</strong> hab&iacute;a llegado unas horas antes tras un viaje de 400 kil&oacute;metros desde otro territorio ind&iacute;gena. Su misi&oacute;n era recoger semillas de pequi, una fruta amarilla de sabor fuerte nativa del Cerrado, que hab&iacute;a empezado a crecer curiosamente por encima de la media en la zona de transici&oacute;n de la sabana con la Amazonia.
    </p><p class="article-text">
        Xavante plane&oacute; cultivar pequi en un agroforestal, integrando los cultivos comerciales con el bosque nativo como forma de generar ingresos sin deforestar. A pesar de enfrentarse a las presiones de la expansi&oacute;n de la producci&oacute;n de productos agr&iacute;colas en Mato Grosso, su pueblo quiere evitar asociarse con los agricultores y plantar soja, como ya hacen otros pueblos xavantes, como en el territorio de Sangradouro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He venido a buscar pequi para alimentarnos y comerciar, para favorecer nuestra salud y el aire que respiramos&rdquo;, dijo Xavante, dirigi&eacute;ndose a los oyentes sentados. &ldquo;Estoy en contra de lo que est&aacute;n haciendo en Sangradouro. All&iacute; hubo manipulaci&oacute;n, porque el agricultor se lleva el 80% y el indio el 20% [de los ingresos de la soja], y luego se destruye la tierra&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La ruta hacia Querência es también la frontera agrícola entre la selva amazónica y el avance de los cultivos de la soja"
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            <span class="title">
                La ruta hacia Querência es también la frontera agrícola entre la selva amazónica y el avance de los cultivos de la soja                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La<strong> frontera agr&iacute;cola </strong>avanza r&aacute;pidamente en <strong>Mato Grosso</strong>. En s&oacute;lo una d&eacute;cada, la superficie plantada de soja creci&oacute; un 50%, ocupando en gran medida los pastizales degradados y empujando la ganader&iacute;a hacia el norte. En 2021, el estado cosechaba una cuarta parte de toda la soja brasile&ntilde;a, unos 35 millones de toneladas, una cifra equivalente al 80% de la producci&oacute;n total de Argentina y el doble de la de China. Adem&aacute;s de su abundante soja, el estado cuenta con 79 territorios ind&iacute;genas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En Mato Grosso y en sólo una década la superficie plantada de soja creció un 50%, ocupando en gran medida los pastizales degradados y empujando la ganadería hacia el norte</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los campos ya tocan los l&iacute;mites del territorio wawi. Aunque no se ha cruzado la l&iacute;nea, los kis&ecirc;dj&ecirc; se sienten amenazados por el impacto del monocultivo en su tierra y su gente. Son vecinos, pero viven una existencia antag&oacute;nica. Por esta raz&oacute;n, en 2018, el jefe Kuiussi Suy&aacute; tom&oacute; la dr&aacute;stica decisi&oacute;n de trasladar la totalidad de la aldea Khikatxi, de 380 personas, unos 10 kil&oacute;metros hacia la selva amaz&oacute;nica. El proceso a&uacute;n est&aacute; en marcha.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Soja donde antes había selva amazónica                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Explosi&oacute;n de la soja en Quer&ecirc;ncia</strong></h3><p class="article-text">
        Me reun&iacute; con el jefe Kuiussi en el puesto de salud ind&iacute;gena de <strong>Quer&ecirc;ncia</strong>, un municipio de 17.000 kil&oacute;metros cuadrados que abarca un centro urbano de 18.000 habitantes y el <strong>territorio wawi</strong>. Kuiussi, que se est&aacute; recuperando de una afecci&oacute;n card&iacute;aca, dijo que siempre que puede evita ir a la ciudad. Cont&oacute; que creci&oacute; pescando en el cercano r&iacute;o Pacas y corriendo por el pueblo, antes de que los emigrantes del sur ocuparan la regi&oacute;n en la d&eacute;cada de 1980, alentados por el gobierno federal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Wonhoro Suyá vive en el territorio indígena Wawi, en la Amazonía amenazada por los cultivos de soja"
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            <span class="title">
                Wonhoro Suyá vive en el territorio indígena Wawi, en la Amazonía amenazada por los cultivos de soja                            </span>
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        Quer&ecirc;ncia se ha convertido en el d&eacute;cimo municipio productor de soja de Brasil. Tambi&eacute;n se encuentra en la ruta del Arco Norte, un corredor de tr&aacute;nsito de productos b&aacute;sicos planificado que hoy es prioritario para la agroindustria y el gobierno de J<strong>air Bolsonaro</strong>. El Arco Norte pretende desarrollar un sistema de ferrocarriles, v&iacute;as fluviales y carreteras para trasladar las cosechas de cereales del medio oeste de Brasil a sus puertos del norte y noreste, reduciendo el coste de las exportaciones. Brasil exporta alrededor del 60% de su soja y el 70% de los env&iacute;os van a China, seg&uacute;n datos de comercio exterior.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, s&oacute;lo empresas brasile&ntilde;as han conseguido contratos para construir el Arco Norte. Pero se esperan inversiones de China en la red log&iacute;stica. &ldquo;China ha empezado a centrarse en toda la cadena de producci&oacute;n agroalimentaria, desde su inicio en la agricultura del pa&iacute;s productor hasta incluir la log&iacute;stica, la energ&iacute;a, los puertos, los ferrocarriles, las distintas etapas de toda la cadena de producci&oacute;n&rdquo;, dijo Yan Tian, del <strong>Global Environmental Institute</strong>, una ONG con sede en Beijing.
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                Una familia se baña en el río Paca cerca de la aldea Khikatxi, en la Amazonía                            </span>
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        El Arco Norte ya es una parte importante de la log&iacute;stica de la agroindustria y a&uacute;n puede crecer m&aacute;s. &ldquo;En 2009, exportamos unos 7 millones de toneladas [de cultivos de cereales] a trav&eacute;s del Arco Norte, y hoy son aproximadamente 42 millones de toneladas. La tendencia es seguir creciendo&rdquo;, dijo <strong>Elisangela Pereira Lopes,</strong> de la Confederaci&oacute;n de Agricultura y Ganader&iacute;a, durante una audiencia p&uacute;blica en el Senado en 2021.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las infraestructuras de la agroindustria se extienden hacia zonas social y ambientalmente vulnerables, seg&uacute;n Andr&eacute; Ferreira, director del<strong> Instituto de Energ&iacute;a y Medio Ambiente</strong> (IEMA). &ldquo;Hemos identificado 200 intervenciones de infraestructuras log&iacute;sticas propuestas, planificadas o deseadas por el mercado en la Amazonia, y eso refuerza el movimiento hacia los puertos del Arco Norte, en una zona que es muy sensible&rdquo;, dijo en un reciente seminario web sobre rutas sostenibles de productos b&aacute;sicos hacia China.
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            <span class="title">
                La aldea  Khikatxi en territorio wawi en la Amazonía                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;El gobierno y gran parte de los productores de granos tienen un solo pensamiento, que es buscar la salida por el Arco Norte. Pero la sociedad tiene que debatirlo, evaluando cu&aacute;les son las ventajas y desventajas para el pa&iacute;s, ya que es una zona sensible de la Amazonia. No s&oacute;lo por la deforestaci&oacute;n y la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero, sino tambi&eacute;n porque hay comunidades ind&iacute;genas amenazadas por los proyectos de infraestructuras&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; Ferreira.
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                    alt="La nueva aldea Khikatxi construida debido a la mudanza del territorio original ante el avance de la soja en la Amazonía"
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                La nueva aldea Khikatxi construida debido a la mudanza del territorio original ante el avance de la soja en la Amazonía                            </span>
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        Quer&ecirc;ncia est&aacute; atravesada por la carretera BR-242, tambi&eacute;n conocida como la &ldquo;ruta del grano&rdquo;. Es una de las rutas &ldquo;estrat&eacute;gicas&rdquo; designadas por el gobierno para el transporte de productos agr&iacute;colas. En el futuro, podr&iacute;a conectarse a las redes ferroviarias Fico y Fiol, tambi&eacute;n destinadas al transporte de mercanc&iacute;as, y parte del proyecto Arco Norte.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de los m&aacute;rgenes de la BR-242, son visibles los duros l&iacute;mites entre las extensas explotaciones de soja y los bosques aut&oacute;ctonos a ambos lados. En octubre, hubo incendios en varios tramos. Los incendios no se producen de forma natural en la selva amaz&oacute;nica. S&oacute;lo sirven para que la agricultura y la ganader&iacute;a deforesten y gestionen la tierra. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Quer&ecirc;ncia se ha convertido en v&iacute;ctima de su propio &eacute;xito: ha conseguido controlar la devastadora p&eacute;rdida de bosques, lo que ha llevado a las autoridades medioambientales a dar prioridad a otros lugares. Pero el problema persiste, como muestran los datos de PRODES, el programa gubernamental de seguimiento por sat&eacute;lite para la deforestaci&oacute;n.
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            <span class="title">
                Wekoí Suyá vive en el territorio Wawi  en la Amazonía                            </span>
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        Al llegar a Quer&ecirc;ncia por la carretera, el primer monumento visible es un silo que almacena las cosechas de grano. Al lado de esa carretera, los concesionarios ofrecen tractores en lugar de autom&oacute;viles. Las tiendas no venden art&iacute;culos individuales, sino productos y servicios agr&iacute;colas. Las calles de la ciudad est&aacute;n principalmente bordeadas por camionetas polvorientas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Portal do Xingu Business es un hotel de alta gama. Acoge a empleados de empresas comerciales de todo Brasil y del extranjero, y casi siempre est&aacute; lleno, nos dice un recepcionista. El Hotel Brisa, mucho m&aacute;s sencillo, recibe a camioneros que transportan mercanc&iacute;as. Por la noche, las idas y venidas se intensifican y se forma una fila de camiones.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Una mujer junta pequi en el territorio Wawi de la Amazonía                            </span>
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        El ruido de las obras de construcci&oacute;n est&aacute; por todas partes. Los constructores levantan casas, apartamentos y otros establecimientos para dar cabida al crecimiento de un municipio con una econom&iacute;a en auge, pero que se distribuye de forma desigual. Los precios est&aacute;n inflados, mientras que el alcantarillado y la gesti&oacute;n de residuos son inadecuados.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n hab&iacute;a angustiado al jefe Kuiussi durante a&ntilde;os. &ldquo;Pens&eacute; mucho, solo en el monte, hasta que anunci&eacute; mi decisi&oacute;n de trasladar la aldea. Y todos estuvieron de acuerdo. &rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Querência en la Amazonía                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Reconstruir un pueblo desde cero</strong></h3><p class="article-text">
        Desde el centro urbano hacia el territorio wawi, el asfalto liso da paso a una carretera de tierra que pasa por asentamientos de la &eacute;poca de la reforma agraria de los a&ntilde;os 80 y plantaciones en las que brotan plantones de soja. En medio de varias plantaciones hay caminos bordeados por las palmeras buriti t&iacute;picas del Cerrado. A medida que me acerco a mi destino, todav&iacute;a a m&aacute;s de 100 kil&oacute;metros, la vegetaci&oacute;n adquiere rasgos amaz&oacute;nicos. Los &aacute;rboles son m&aacute;s altos, m&aacute;s corpulentos, ocultando el interior de la selva a las miradas indiscretas. En otras ocasiones, el paisaje de transici&oacute;n dificulta la determinaci&oacute;n de cu&aacute;l era el bioma circundante.
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                Una aldea Khikatxi en la Amazonía                            </span>
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        En el camino, atraves&eacute; la finca de 210 kil&oacute;metros cuadrados de Agropecu&aacute;ria Rica, hasta su l&iacute;mite con el territorio wawi. Los propietarios de la empresa han intentado incluso ampliar su propiedad hacia la zona ind&iacute;gena, pero el Tribunal Federal deneg&oacute; la petici&oacute;n. Hoy, los kis&ecirc;dj&ecirc; dicen que no hubo ninguna incursi&oacute;n, pero afirman que una avioneta roc&iacute;a agroqu&iacute;micos sobre la plantaci&oacute;n de Rica una media de tres veces por cosecha, y que pasa por encima de su territorio. La informaci&oacute;n de contacto que figura en los registros oficiales de la empresa no est&aacute; actualizada, y no ha sido posible localizar a los propietarios.
    </p><p class="article-text">
        Con un mapa escrito a mano y sin conexi&oacute;n a Internet, dej&eacute; los campos de soja de Rica y tom&eacute; una carretera que bordeaba el bosque. Unos cinco kil&oacute;metros m&aacute;s tarde, un edificio de ladrillos abandonado revel&oacute; mi ubicaci&oacute;n. Era la escuela del antiguo pueblo de Khikatxi. M&aacute;s adentro, hab&iacute;a ruinas de chozas, pero no hab&iacute;a nadie a la vista.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Territorio indígena en la Amazonía                            </span>
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        Volv&iacute; a subir por el camino de tierra del campo y, con la ayuda de algunos de sus empleados, recorr&iacute; otros diez kil&oacute;metros antes de encontrar por fin el nuevo pueblo en construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el gran patio circular de entrada, los hombres estaban a&ntilde;adiendo fibra de buriti al techo de lo que servir&aacute; como puesto de salud. Los troncos cortados en el suelo de tierra delimitan el lugar donde estar&aacute; la nueva escuela. Tambi&eacute;n se est&aacute; construyendo una tienda para vender o intercambiar alimentos y joyas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El centro de salud                            </span>
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        Otro edificio de ladrillo alberga ya salas administrativas, una cocina comunitaria y un porche con sillas escolares y una pizarra. Adem&aacute;s de ser una escuela improvisada, el centro acoge reuniones y es donde, de forma intermitente, funciona el wifi, por lo que siempre est&aacute; ocupado.
    </p><p class="article-text">
        En el segundo patio de la aldea, las chozas que albergan a las familias ind&iacute;genas ya est&aacute;n levantadas en un amplio c&iacute;rculo. M&aacute;s all&aacute;, hay peque&ntilde;os campos, la selva amaz&oacute;nica y el r&iacute;o Pacas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Recolección de jabuticabas                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Una historia de disputas territoriales</strong></h3><p class="article-text">
        Un antiguo camino abierto por los ganaderos, antes de la ratificaci&oacute;n del territorio wawi en 1998, fue el punto de partida del nuevo pueblo. &ldquo;Empezamos a abrir la zona desde la carretera, con el apoyo de maquinaria del municipio. Los primeros en llegar, en 2018, fueron el cacique y algunos dirigentes. Luego, marcamos las casas&rdquo;, dijo Winti Suy&aacute; Kis&ecirc;dj&ecirc;, un l&iacute;der local.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los ind&iacute;genas ocupan imponentes chozas, construidas seg&uacute;n la tradici&oacute;n kis&ecirc;dj&ecirc;. Pero la construcci&oacute;n de infraestructuras comunitarias avanza a su propio ritmo, dependiendo de la disponibilidad de personal y otros recursos de las autoridades p&uacute;blicas y las ONGs.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de d&eacute;cadas, se tal&oacute; parte del bosque para dar paso a los pastizales. Pero al no haber nueva deforestaci&oacute;n, el bosque secundario creci&oacute; y se superpuso al pastizal. Adem&aacute;s del pasto, los kis&ecirc;dj&ecirc; conservan algunas tradiciones ancestrales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Mujeres recolectan pequi en el territorio Wawi, Amazonía"
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            <span class="title">
                Mujeres recolectan pequi en el territorio Wawi, Amazonía                            </span>
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        Poco despu&eacute;s del amanecer, la comunidad acude en peregrinaci&oacute;n al r&iacute;o Pacas. Los hombres pescan matrinx&atilde;s y pacus y, con un poco de suerte, capturan caimanes para la comida del d&iacute;a. Las mujeres utilizan los troncos de los &aacute;rboles como bancos para lavar los utensilios y la ropa, mientras los ni&ntilde;os nadan a su alrededor. Un silencio tranquilo -interrumpido s&oacute;lo por los p&aacute;jaros, los insectos y el curso de agua- hace que parezca que siempre han estado all&iacute;. Pero la mudanza m&aacute;s reciente ni siquiera fue la primera.
    </p><p class="article-text">
        A mediados del siglo XX, las disputas por la tierra se intensificaron en el centro de Brasil. En 1961, el gobierno federal cre&oacute; el Parque Nacional del Xingu, una iniciativa sin precedentes. Fue el resultado de una d&eacute;cada de esfuerzos liderados por los ind&iacute;genas del Xingu y los hermanos Villas B&ocirc;as, sertanistas -l&iacute;deres de expediciones al interior de Brasil- que en la d&eacute;cada de 1940 encabezaron una comitiva oficial para cartografiar el pa&iacute;s. Sin embargo, abandonaron la misi&oacute;n para instalarse en Mato Grosso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Un oso hormiguero en una plantación de soja de la Amazonía                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Con la creaci&oacute;n del parque nacional, varios pueblos que viv&iacute;an fuera de sus l&iacute;mites tuvieron que trasladarse a la nueva zona protegida, los kis&ecirc;dj&ecirc; entre ellos. La presi&oacute;n de los exploradores y gobernantes para crear pistas de aterrizaje, pastizales y aldeas en el Mato Grosso fue cada vez mayor. M&aacute;s tarde se convirtieron en grandes plantaciones y ciudades populosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los kis&ecirc;dj&ecirc;, como muchos grupos ind&iacute;genas, tienen una fuerte conexi&oacute;n con sus territorios. La antrop&oacute;loga Marcela Stockler escribi&oacute; que las aldeas, los campos, los senderos y los cursos de agua se nombran en funci&oacute;n de los acontecimientos y encuentros que tuvieron lugar all&iacute;: &ldquo;donde naci&oacute; tal antepasado, donde se capturaron enemigos, etc.&rdquo;. La historia del pueblo Kis&ecirc;dj&ecirc; se construye sobre el espacio que ocupa su gente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Winti dice que sus antepasados no han olvidado la tierra que dejaron atr&aacute;s. &ldquo;Sol&iacute;an venir al antiguo pueblo todos los a&ntilde;os. Remaban dos d&iacute;as en una canoa para llegar all&iacute;&rdquo;, dice. &ldquo;Pero una vez, cuando llegaron, estaba todo derruido. Hab&iacute;a incluso una pista de aterrizaje. &rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Tras a&ntilde;os de conflictos y peticiones oficiales, los kis&ecirc;dj&ecirc; regresaron a su antigua aldea en 1973. All&iacute; permanecieron hasta hace poco, cuando nuevas presiones empezaron a preocuparles.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Producción de miel cerca de la aldea Khikatxi, Amazonía                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;El problema de hoy es diferente&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Era antes del mediod&iacute;a, pero un sol y calor abrasador ya molestaban a los hombres kis&ecirc;dj&ecirc; vestidos con trajes tradicionales que se hab&iacute;an reunido bajo un refugio. &ldquo;En el pasado hubo peleas [con los agricultores] cuando recuperamos nuestras tierras, pero quiero hablar de hoy: el problema de hoy es diferente&rdquo;, dijo Yaiku Suy&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que las disputas territoriales, las consecuencias a largo plazo de la ocupaci&oacute;n desenfrenada por la agroindustria amenazan actualmente el modo de vida de los kis&ecirc;dj&ecirc;. Khikatxi es la mayor de las siete aldeas del territorio, ocupada por 608 personas, que viven de la pesca y la caza legalizadas, de peque&ntilde;as plantaciones de mandioca, papa y ca&ntilde;a de az&uacute;car, y de la recolecci&oacute;n de frutos aut&oacute;ctonos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las lluvias a veces son tard&iacute;as y la planta se muere de calor&rdquo;, explica el t&eacute;cnico agr&iacute;cola Yaiku, que a&ntilde;ade que, cuando llegan, las tormentas y los vientos se han vuelto lo suficientemente fuertes como para derribar los cultivos. &ldquo;Alrededor del territorio, f&iacute;jate que todo est&aacute; deforestado. No hay bosque que contenga el viento y el agua. Rezamos al esp&iacute;ritu para que desv&iacute;e las fuertes lluvias&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Artesanías del pueblo Wawi, Amazonía                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La intensificaci&oacute;n de los fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos extremos se describe en el &uacute;ltimo informe del <strong>Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Clim&aacute;tico</strong> (IPCC). Seg&uacute;n el texto, elaborado por cient&iacute;ficos del clima de todo el mundo, la Amazonia es muy vulnerable.
    </p><p class="article-text">
        El uso de pesticidas tambi&eacute;n tiene graves consecuencias para el medio ambiente y la salud humana. &ldquo;Vi que los alimentos ya no crec&iacute;an como en la tierra, vi que los cuerpos de la gente cambiaban, la gente ten&iacute;a picores y diarrea&rdquo;, dijo el cacique Kuiussi.
    </p><p class="article-text">
        Yaiku cuenta que en el antiguo pueblo hab&iacute;a una preocupaci&oacute;n constante por la comida: &ldquo;S&eacute; c&oacute;mo se gestionaba el antiguo campo y me di cuenta de que aparec&iacute;an nuevas plagas&rdquo;. Las orugas, las hormigas grandes y los cerdos de monte se multiplicaron, dice. &ldquo;Con el avance de la soja, el campo empez&oacute; a debilitarse. Hay menos variedad de semillas y el veneno mata las plantas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los manantiales se han vuelto fangosos y est&aacute;n contaminados, dijo Yaiku. El agua que consumen proviene de pozos artesianos y a veces hay escasez. El suministro de pescado ha disminuido, y animales como los tapires huelen a agroqu&iacute;micos, a&ntilde;adi&oacute;. &ldquo;La carne incluso ha cambiado de color y ya no tiene sabor. Los animales est&aacute;n consumiendo la soja.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Los estudios demuestran la contaminaci&oacute;n de las aguas de la cuenca del Xingu, incluido el r&iacute;o Pacas, cuyas fuentes se encuentran fuera de la reserva. Una investigaci&oacute;n de la Universidad Federal de S&atilde;o Paulo detect&oacute; residuos de pesticidas en los cultivos. Otro trabajo de la Universidad de Brasilia constat&oacute; el encenagamiento del r&iacute;o Pacas en los lugares en los que se hab&iacute;an deforestado los bosques ribere&ntilde;os, y encontr&oacute; contaminantes en zonas adyacentes a los campos agr&iacute;colas. El estudio de la Universidad de S&atilde;o Paulo se&ntilde;al&oacute; un desequilibrio en las poblaciones de peces de la cuenca alta del Xingu.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay pruebas que demuestran los efectos agudos de la exposici&oacute;n cercana a los plaguicidas. Entre ellos est&aacute;n las irritaciones y alergias cut&aacute;neas, los v&oacute;mitos y la diarrea. Las mujeres embarazadas, los ni&ntilde;os y los adolescentes son el grupo de mayor riesgo. Los animales tambi&eacute;n pueden ser envenenados.
    </p><p class="article-text">
        Pero la reubicaci&oacute;n del pueblo ha renovado la esperanza. &ldquo;Hemos creado nuestro primer campo y estamos entusiasmados. La tierra es buena, no tenemos que luchar contra las plagas. Es m&aacute;s seguro&rdquo;, dice Yaiku.
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                Una familia en el río  Paca cerca de la aldea Khikatxi                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Los retos de la econom&iacute;a forestal</strong></h3><p class="article-text">
        Una tierra sana es importante para la recolecci&oacute;n de especies aut&oacute;ctonas, una pr&aacute;ctica que conecta a los ind&iacute;genas con su entorno y con los mercados potenciales de productos forestales sostenibles fuera de su territorio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los Kis&ecirc;dj&ecirc; recolectan entre 600 y 800 kg de miel al a&ntilde;o, que, junto con la producci&oacute;n de otras especies, contribuye a Mel dos &Iacute;ndios do Xingu, la primera marca ind&iacute;gena aprobada en el pa&iacute;s, que est&aacute; a la venta desde 2001.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La producci&oacute;n de aceite de pequi org&aacute;nico, que los propios Kis&ecirc;dj&ecirc; desarrollaron por primera vez, les vali&oacute; el Premio Ecuatorial de la ONU en 2019. El premio se otorga a soluciones comunitarias innovadoras para el desarrollo sostenible.
    </p><p class="article-text">
        La recogida del pequi es un ritual en el que participa toda la comunidad, especialmente las mujeres. Los &aacute;rboles m&aacute;s grandes est&aacute;n cerca de la antigua aldea. Se plantaron hace d&eacute;cadas para recuperar las tierras degradados. Pero las semillas ya se est&aacute;n dispersando en los alrededores de la nueva aldea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos mudamos lejos para estar tranquilos. Al quedarnos aqu&iacute;, tenemos que pensar en el futuro de los ni&ntilde;os&rdquo;, dijo la matriarca Weko&iacute; Suy&aacute;, a trav&eacute;s de un traductor. &ldquo;Pero creemos que habr&aacute; mucho pequi, que ser&aacute; suficiente para comercializar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incluso con un menor riesgo de contaminaci&oacute;n, la producci&oacute;n de aceite de pequi sigue teniendo problemas. Anteriormente, el procesamiento alcanzaba los 400 litros anuales, pero se interrumpi&oacute; por la pandemia. Los comerciantes de Brasil y del extranjero tambi&eacute;n han tenido dificultades para venderlo.
    </p><p class="article-text">
        La empresa estadounidense Culinary Culture Connections importa productos sostenibles de Am&eacute;rica Latina, como el aceite de pequi. Su cofundador, el antrop&oacute;logo Gregory Prang, ha trabajado con grupos &eacute;tnicos de Brasil y quiere estimular la econom&iacute;a forestal. Prang dice que el aceite es &ldquo;muy sabroso&rdquo; cuando se usa en moquecas (guisos), pero tiene pocos seguidores en suelo norteamericano.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El pequi es poco conocido aqu&iacute; [en Estados Unidos] y me falta presupuesto de marketing para promocionar el producto&rdquo;, dice Prang. &ldquo;Todos los a&ntilde;os tengo que tirar la mitad. La compra es cara y la importaci&oacute;n requiere mucho tiempo&rdquo;. &ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo env&iacute;o, la empresa pidi&oacute; cien tarros de 180 ml, que tardaron seis meses en llegar a su destino. El producto tiene una vida &uacute;til de un a&ntilde;o. El tarro, que inicialmente se vend&iacute;a a 20 d&oacute;lares, cuesta ahora 7,50 d&oacute;lares a trav&eacute;s del sitio web de la empresa estadounidense.
    </p><p class="article-text">
        Prang se pregunta si la bioeconom&iacute;a -objeto de crecientes debates sobre c&oacute;mo los pueblos amaz&oacute;nicos pueden generar ingresos y mantener la selva en pie- puede realmente prosperar. Despu&eacute;s de hacer una encuesta sobre las decisiones de compra de m&aacute;s de 1.000 hogares latinoamericanos, se dio cuenta de que pocas personas est&aacute;n interesadas en pagar m&aacute;s por la sostenibilidad.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La selva amazónica desde el aire                            </span>
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        &ldquo;Es lo mismo en otras partes del mundo. Hay una tendencia a evangelizar sobre el comercio justo, pero la mayor&iacute;a de la gente no piensa en ello&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los acuerdos con las cadenas de supermercados P&atilde;o de A&ccedil;&uacute;car y el famoso chef Alex Atala para la compra de aceite de pequi se han roto, dijeron sus oficinas de prensa, sin ofrecer detalles.
    </p><p class="article-text">
        Un estudio del proyecto Amazonia 2030 muestra que la soja es la principal exportaci&oacute;n de la regi&oacute;n, generando 9.800 millones de d&oacute;lares en ingresos entre 2017 y 2019. Mientras tanto, en el mismo per&iacute;odo, las exportaciones de productos de la bioeconom&iacute;a amaz&oacute;nica generaron 298 millones de d&oacute;lares, apenas el 2% de las de la soja. El volumen de pequi exportado es tan peque&ntilde;o que no se incluye en los datos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El apoyo estatal a las iniciativas respetuosas con los bosques tambi&eacute;n es desproporcionadamente bajo. Entre 2019 y 2020, el gobierno proporcion&oacute; 2.000 millones de reales (428 millones de d&oacute;lares) en cr&eacute;ditos para peque&ntilde;os y medianos productores de la Amazon&iacute;a. De esa cantidad, 55 millones de reales (11,7 millones de d&oacute;lares) se destinaron a actividades sostenibles. El resto se destin&oacute; a la agroindustria, principalmente al cultivo de granos y a la producci&oacute;n de carne vacuna, seg&uacute;n un informe de la organizaci&oacute;n Conexsus.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, los kis&ecirc;dj&ecirc; dependen de las actividades de recolecci&oacute;n. Weko&iacute; Suy&aacute; dice que las mujeres se han hecho cargo de la plantaci&oacute;n de los frutos de achiote y muruci. Y este a&ntilde;o, la aldea construir&aacute; una planta de procesamiento de aceite. &ldquo;Siempre pensamos en los que vendr&aacute;n despu&eacute;s de nosotros&rdquo;, dijo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Wekoí Suyá vive en el territorio indígena Wawi                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>El ciclo de la deforestaci&oacute;n por el avance de la soja</strong></h3><p class="article-text">
        En mi &uacute;ltima ma&ntilde;ana en el pueblo de Khikatxi, Winti me llev&oacute; m&aacute;s al norte, a las orillas del r&iacute;o Pacas, que marca el l&iacute;mite del territorio wawi. En la otra orilla hab&iacute;a una gran extensi&oacute;n de bosque aut&oacute;ctono, a diferencia de la parte sur del territorio, repleta de campos de soja. Sin embargo, incluso all&iacute; se pod&iacute;a ver la deforestaci&oacute;n en la distancia.
    </p><p class="article-text">
        Esta parte de la selva sirve de amortiguador del territorio ind&iacute;gena, con la agricultura intensiva, la ganader&iacute;a y la tala prohibidas. Sin embargo, las autoridades medioambientales han confirmado que se ha producido una deforestaci&oacute;n ilegal y han multado a los responsables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las plantaciones de soja se han acercado tanto a los l&iacute;mites de un lado del territorio wawi que han obligado a sus habitantes ind&iacute;genas a desplazarse. La coexistencia se ha vuelto imposible. Por otro lado, vuelve a empezar el proceso recurrente de ocupaci&oacute;n de nuevas partes de la Amazonia. Winti se pregunta qu&eacute; vendr&aacute; despu&eacute;s: &ldquo;&iquest;Vamos a quedar atrapados? &iquest;Tendremos que desplazarnos de nuevo? &iquest;Cu&aacute;ndo? &iquest;Hacia d&oacute;nde? Esta tierra tiene l&iacute;mites&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Este art&iacute;culo publicado originalmente en Di&aacute;logo Chino </em><a href="https://dialogochino.net/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://dialogochino.net/es/</em></a>
    </p><p class="article-text">
        <em>FM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Flávia Milhorance]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/huida-pueblo-amazonico-expansion-soja_130_9029865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 May 2022 03:47:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La huida de un pueblo amazónico por la expansión de la soja]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amazonía,Deforestación,Soja,Monocultivo,Soja transgénica,Khikatxi,Brasil,Jair Bolsonaro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Monocultivos comprometen conservación de territorios indígenas en Paraguay]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/monocultivos-comprometen-conservacion-territorios-indigenas-paraguay_1_8983194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/173e8e70-9d30-48a0-a54c-fa1674fc9025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Monocultivos comprometen conservación de territorios indígenas en Paraguay"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cómo afectan las plantaciones de soja a la comunidad Ypetî Tajy, del pueblo Mbya Guaraní, ubicada en el Departamento de Caazapá, Paraguay. La falta de las "barreras verdes" de protección que indica la ley.</p></div><p class="article-text">
        El viento norte roza el rostro moreno&nbsp;de do&ntilde;a Antolina Gonz&aacute;lez. La piel curtida por el sol y callos en los pies reflejan la larga andanza de lucha y resistencia. Mientras camina sobre la tierra colorada, en una tarde de septiembre,&nbsp; esta cruje con cada pisada, como signo del d&eacute;ficit de lluvia que golpea a su comunidad ind&iacute;gena Ypet&icirc;&nbsp;Tajy, del pueblo Mbya Guaran&iacute;, ubicada en el Departamento de Caazap&aacute;, <strong>Paraguay</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A medida que se aleja de la vivienda, el paisaje de vegetaci&oacute;n cambia por uno homog&eacute;neo, de miles de hect&aacute;reas de cultivo mecanizado: trigo, ma&iacute;z y avena. En otras temporadas la soja se impone. Las plantaciones se ven hasta varios kil&oacute;metros por el &aacute;rea despejada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Comunidad indígena en Paraguay                            </span>
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        La mujer se detiene justo en el l&iacute;mite de la propiedad de los ind&iacute;genas y se inicia el cultivo a gran escala. En&nbsp; el tramo no existe barrera verde de protecci&oacute;n. El cultivo, en ese periodo del a&ntilde;o, era avena, utilizado como abono verde sobre el cual&nbsp;luego se siembra soja, ma&iacute;z o trigo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; pegado por nuestra l&iacute;nea el cultivo de los brasileros que no cuidan para fumigar. Cuando tiran el veneno, no respetan el viento fuerte y eso va hacia la comunidad. Tiene muy mal olor, es muy fuerte y nos preocupa. Deben proteger, si van a cultivar soja, por ejemplo, deben plantar vegetaci&oacute;n, por lo menos unos 25 metros ya nos va a componer. Pero ellos casi entran en nuestra l&iacute;nea&rdquo;, expresa. En el tono de su voz se percibe indignaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El estudio denominado &ldquo;Extranjerizaci&oacute;n del Territorio Paraguayo&rdquo;, del 2009, de Marco Glauser, indica que por lo menos 7.889.128 hect&aacute;reas del pa&iacute;s est&aacute;n en manos extranjeras, equivalentes al 19,4% del territorio nacional. El observatorio rural&nbsp;De Olho nos Ruralistas&nbsp;public&oacute;, en el 2017,&nbsp; que los propietarios brasileros tienen el 14% de las tierras en el Paraguay.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Por lo menos 7.889.128 hectáreas de Paraguay están en manos extranjeras, equivalentes al 19,4% del territorio nacional.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Do&ntilde;a Antolina avanza unos metros m&aacute;s y observa parte de su plantaci&oacute;n ya seca. &ldquo;Estas ramas plant&eacute; en nuestra l&iacute;nea para que el veneno no pase y tambi&eacute;n con ello poder alimentar a mis animales, como cerdos, pero cuando ellos fumigan destruyen nuevamente la planta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vuelve a emprender la marcha y el suelo empieza a tener una pronunciada pendiente. Frente a ella, en el horizonte, se inicia una de las pocas vegetaciones del entorno. A medida que ingresa hacia el peque&ntilde;o bosque se escucha el sonido del arroyo que fluye con calma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La acompa&ntilde;an otros pobladores que, de a uno, descienden e ingresan al agua, hasta la altura de las piernas. Con las manos llevan el agua hasta el rostro para refrescarse luego de la caminata en una tarde calurosa. El cauce tiene un aspecto claro, la vegetaci&oacute;n se refleja en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo es armon&iacute;a. El arroyo tuvo un importante descenso, no solo por la sequ&iacute;a, consideran los moradores, sino porque las nacientes se encuentran en la propiedad de los productores y no todas est&aacute;n protegidas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Este arroyo baj&oacute; mucho. Nos preocupa, parece que va a desaparecer. Los sojeros destruyen las nacientes y esta agua puede terminar (&hellip;). Tambi&eacute;n cuando llueve aqu&iacute; cae el veneno de la fumigaci&oacute;n&rdquo;, asevera do&ntilde;a Antolina.
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo censo de pueblos ind&iacute;genas, en el 2012, la Direcci&oacute;n General de Estad&iacute;stica, Encuestas y Censos (Dgeec) report&oacute; que 109 comunidades declararon fumigaci&oacute;n con agroqu&iacute;micos, 101 comunidades se&ntilde;alaron que existe contaminaci&oacute;n de corrientes de agua y 134 consideraron una disminuci&oacute;n significativa de animales silvestres.
    </p><p class="article-text">
        En Paraguay habitan alrededor de 117.150 personas ind&iacute;genas, pertenecientes a 19 pueblos y 493 comunidades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Antolina muestra sus tierras afectadas en Paraguay                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Alquiler del territorio ancestral</strong></h3><p class="article-text">
        Una de las pocas masas boscosas que quedan en Caazap&aacute; es la de la comunidad de Ypet&icirc;, donde se encuentra do&ntilde;a Antolina. Pero la cerca avanza hacia el pueblo. Uno de los principales problemas es que varios miembros ya decidieron alquilar parte de la tierra ancestral, ante las necesidades econ&oacute;micas y falta de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que no llegan a la mayor&iacute;a de los pueblos ind&iacute;genas del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El pueblo Mbya Guaran&iacute; de esta comunidad cuenta con 1.526 hect&aacute;reas, de las cuales estiman que cerca de 150 hect&aacute;reas de bosque ya fueron alquiladas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Somos muchos en la comunidad y tenemos parte de nuestra gente que fue convencida para ceder las tierras en alquiler. Intentamos atajar pero no nos ayudaron las autoridades, los fiscales, los polic&iacute;as. Nosotros aqu&iacute;, los que estamos en esta punta, nos resistimos. Queremos conservar nuestro bosque&rdquo;, relata el l&iacute;der ind&iacute;gena, Jorgelino Villalba.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Jorgelino Villalba.                            </span>
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        La cultura a&uacute;n fortalecida, las creencias ancestrales ayudan a&uacute;n a resistir al peque&ntilde;o grupo, relata Jorgelino. Pero sienten la desprotecci&oacute;n del Estado y&nbsp; las presiones no cesan. &ldquo;Ahora estamos tranquilos, aparentemente, pero siempre hay advertencias de que los productores, que tienen cooperativa, con dinero van a lograr entrar, que no los vamos a poder atajar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta problem&aacute;tica del pueblo tambi&eacute;n se vive en otros territorios ind&iacute;genas a nivel nacional. El &uacute;ltimo censo del 2012 revel&oacute; que de las 493 comunidades, 182 alquilan o prestan su tierra a terceros; esto equivale a 36,9%.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si hablamos de derechos del ind&iacute;gena, de leyes, todo es muy lindo, pero cuando reclamamos que se cumplan no nos hacen caso. Eso es lo que vemos en nuestra zona. Los sojeros con dinero, que trabajan en sociedad, tienen apoyo del intendente, del gobernador, de fiscales, de polic&iacute;as. Son todos sus amigos. Pero si nosotros vamos a reclamar no nos hacen caso porque no tenemos dinero&rdquo;, comenta Villalba.
    </p><p class="article-text">
        En la Constituci&oacute;n Nacional, en el apartado &ldquo;De los Pueblos Ind&iacute;genas&rdquo;, en&nbsp; el art&iacute;culo 64 se establece que el Estado proveer&aacute; gratuitamente tierras, las cuales ser&aacute;n inembargables, indivisibles, intransferibles, imprescriptibles, no susceptibles de garantizar obligaciones contractuales ni de ser arrendadas.
    </p><p class="article-text">
        En el Estatuto de las Comunidades Ind&iacute;genas, Ley N&ordm; 904/81, su art&iacute;culo 17 se&ntilde;ala que: &ldquo;La fracci&oacute;n no podr&aacute; ser embargada, enajenada, arrendada a terceros, prescrita ni comprometida en garant&iacute;a real de cr&eacute;dito alguno, en todo o en parte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la&nbsp; pr&aacute;ctica&nbsp; no existen controles sostenidos para impedir esta situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los sojeros, de modo a burlar la normativa que proh&iacute;be el alquiler de tierras ind&iacute;genas, lo hacen a trav&eacute;s de &lsquo;contratos de prestaci&oacute;n de servicios&rsquo; o de &lsquo;parcer&iacute;a&rsquo;. Al no mencionar las palabras &lsquo;arrendamiento&rsquo; o &lsquo;alquiler&rsquo;, maquillan con otro nombre la situaci&oacute;n real&rdquo;, se&ntilde;ala parte del estudio &ldquo;Alquiler de tierras y territorios ind&iacute;genas en el Paraguay&rdquo;, de Marcelo Bogado, Rafael Portillo, Rodrigo Villagra.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Avance de la soja</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Las tierras habitadas por pueblos ind&iacute;genas comenzaron a sufrir la deforestaci&oacute;n en la d&eacute;cada de los sesenta para la producci&oacute;n agr&iacute;cola extensiva, intensific&aacute;ndose con el tiempo. Actualmente, el rubro de la soja es el m&aacute;s producido y con mayor impacto en las comunidades de la Regi&oacute;n Oriental&rdquo;, se describe en parte del estudio &ldquo;Alquiler de tierras y territorios ind&iacute;genas en el Paraguay&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El total de superficie del cultivo de soja lleg&oacute; en el 2021 a 3.701.631 hect&aacute;reas, seg&uacute;n el Instituto de Biotecnolog&iacute;a Agr&iacute;cola (INBIO). La producci&oacute;n se triplic&oacute; en los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os. La zafra de 1996-1997 comprend&iacute;a 1.050.000 hect&aacute;reas, de acuerdo con datos de la C&aacute;mara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO). Esta oleaginosa posiciona a Paraguay como el sexto mayor productor a nivel mundial y el cuarto en la categor&iacute;a de exportadores.
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                Cerro quemado, en Paraguay                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Escasas investigaciones sobre impacto en la salud</strong></h3><p class="article-text">
        En el pa&iacute;s altamente agroexportador no existen muchas investigaciones sobre el impacto de agroqu&iacute;micos en la salud, esto a pesar que los datos del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal (Senave) reportan una importaci&oacute;n total de 54.189 toneladas de productos fitosanitarios en el a&ntilde;o 2020. El 63% corresponde a herbicidas con 34.144 toneladas; en este grupo se encuentran algunos de los agroqu&iacute;micos m&aacute;s utilizados como: Glifosato, Paraquat, 2 4D, Diquat.
    </p><p class="article-text">
        En un <a href="https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0370-41062009000400010" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primer estudio</a> de la pediatra y docente, Stela Ben&iacute;tez Leite, en el 2007, los resultados mostraron asociaci&oacute;n entre la exposici&oacute;n a plaguicidas y malformaciones cong&eacute;nitas en neonatos nacidos en el Hospital Regional de Encarnaci&oacute;n, en el Sur de Paraguay.
    </p><p class="article-text">
        La doctora volvi&oacute; a presentar en el 2018 <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31719300/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otra investigaci&oacute;n</a> en la que se detectaron da&ntilde;os en el ADN de&nbsp; 43 ni&ntilde;os que viven cerca de cultivos de soja, a diferencia de 41 chicos de una comunidad certificada por el no uso de plaguicidas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando existe da&ntilde;o en el material gen&eacute;tico, explica la doctora, las c&eacute;lulas pueden repararse, pero tambi&eacute;n pueden mutar hacia enfermedades que afectan el neurodesarrollo e incluso estar relacionadas con mal de Parkinson, diabetes y hasta c&aacute;ncer. O tambi&eacute;n se puede transferir a las generaciones futuras ocasionando malformaciones o abortos espont&aacute;neo, seg&uacute;n Ben&iacute;tez.
    </p><p class="article-text">
        Tras estos hallazgos,&nbsp; los representantes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog&iacute;a (Conacyt), en su mayor&iacute;a de gremios del sector productivo, resolvieron frenar las investigaciones con resultados que consideraban &ldquo;deficientes&rdquo;, como este estudio financiado por el ente, lo que gener&oacute; el rechazo de la Sociedad Cient&iacute;fica del Paraguay.
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                    alt="Límite entre la propiedad indígena y el territorio de monocultivo donde no existe barrera verde, exigida por ley, cuando existe asentamiento humano."
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                Límite entre la propiedad indígena y el territorio de monocultivo donde no existe barrera verde, exigida por ley, cuando existe asentamiento humano.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Fumigaciones</strong></h3><p class="article-text">
        El Senave es la autoridad de aplicaci&oacute;n de la ley de &ldquo;Control de Productos Fitosanitarios&rdquo;. En ella se establece que, en aplicaci&oacute;n terrestre, se debe fijar una franja de protecci&oacute;n de 100 metros entre el &aacute;rea a fumigar y todo asentamiento humano; 100 metros entre el &aacute;rea de tratamiento con productos fitosanitarios de cualquier clasificaci&oacute;n toxicol&oacute;gica y todo curso de agua natural. No se debe realizar aplicaci&oacute;n cuando la temperatura es superior a 32&ordm; C, humedad relativa inferior a 60% o velocidad de viento superior a 10 km/h.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los cultivos colindantes a caminos vecinales poblados, objeto de aplicaci&oacute;n de productos fitosanitarios, deber&aacute;n contar con barreras vivas de protecci&oacute;n con un ancho m&iacute;nimo de cinco metros y una altura m&iacute;nima de dos metros. De no existir dicha barrera viva, se dejar&aacute; una franja de 50 metros de distancia de caminos vecinales poblados para la aplicaci&oacute;n de plaguicida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si uno aplica en condiciones no &oacute;ptimas se pierde producto. Entonces, el objetivo de controlar las plagas no se va a lograr. El agricultor, desde el punto de vista de la eficacia y evitar posibles contaminaciones, va a respetar las condiciones&nbsp; atmosf&eacute;ricas&rdquo;, argumenta Cristhian Marecos, jefe de la oficina regional del Senave.
    </p><p class="article-text">
        La cantidad de funcionarios distribuidos por departamentos, cuatro a cinco en promedio, se&ntilde;ala que es poca para las distintas&nbsp; misiones del ente. En la instituci&oacute;n no figuran sumarios abiertos este a&ntilde;o por irregularidades sobre fumigaciones.
    </p><p class="article-text">
        En el 2019, de&nbsp; 327 centros educativos rurales&nbsp; analizados se encontraron que 48 estaban a menos de 200 metros de cultivo y 51 a menos de 100 metros,&nbsp; seg&uacute;n el estudio &ldquo;Mapeamiento de centros educativos e identificaci&oacute;n del peligro de contaminaci&oacute;n ambiental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el informe del Senave sobre cumplimiento de franjas verdes cerca de 258 escuelas, se concluye que todos los cultivos est&aacute;n en regla. En otro documento del 2021 aparecen verificaciones en asentamientos en general, pero ya no se describe si se encontr&oacute; o no irregularidad. Ante insistencias, la instituci&oacute;n remiti&oacute; el dato &ldquo;de que todas est&aacute;n en regla&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Límite entre la propiedad indígena y el territorio de monocultivo donde no existe barrera verde, exigida por ley, cuando existe asentamiento humano."
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                Límite entre la propiedad indígena y el territorio de monocultivo donde no existe barrera verde, exigida por ley, cuando existe asentamiento humano.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Autoridades se llaman al silencio</strong></h3><p class="article-text">
        La ausencia de barreras verdes en los cultivos colindantes, denuncia de alteraci&oacute;n de cauces, desmontes, falta de titulaciones y hasta episodios de desalojos son constantes en las comunidades ind&iacute;genas del pa&iacute;s. A ello se le suma que en la mayor&iacute;a de las comunidades no existen&nbsp; servicios b&aacute;sicos como el agua potable.
    </p><p class="article-text">
        Durante varias semanas se intent&oacute; tener la versi&oacute;n de representantes del&nbsp;Instituto Paraguayo del&nbsp;Ind&iacute;gena&nbsp;(Indi) y del Instituto Forestal Nacional (Infona), pero se llamaron al silencio.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp; el momento de elaboraci&oacute;n de este reportaje, Edgar Olmedo era el presidente del Indi. No contest&oacute; las llamadas y las veces que se lo busc&oacute; en la oficina&nbsp; estaba de viaje. Se recurri&oacute; al portal de solicitudes que obliga a las instituciones p&uacute;blicas a responder en un plazo de 15 d&iacute;as h&aacute;biles, pero el pedido fue denegado,&nbsp; infringiendo&nbsp; <a href="https://observatorioplanificacion.cepal.org/es/marcos-regulatorios/ley-5282-libre-acceso-la-informacion-publica-y-transparencia-gubernamental-de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Ley 5282 de &ldquo;Libre Acceso a la Informaci&oacute;n P&uacute;blica&rdquo;.</a>
    </p><p class="article-text">
        En el Infona, no son visibles en la p&aacute;gina web los mapas de deforestaci&oacute;n. Tanto&nbsp; la presidenta del ente, Cristina Goraleski, como los directores de varias &aacute;reas no dieron declaraciones.
    </p><p class="article-text">
        En el informe de la instituci&oacute;n, entre 2014 y 2015, figura que la cobertura forestal fue de 16.623.000 hect&aacute;reas. En marzo de este a&ntilde;o, Goraleski coment&oacute; al diario &Uacute;ltima Hora de Asunci&oacute;n que a nivel pa&iacute;s, la cobertura forestal total es de 15.117.473 hect&aacute;reas, hasta el 2019. Es decir, 1.505.527 hect&aacute;reas menos.
    </p><p class="article-text">
        En el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), los datos a los que se tuvo acceso sobre&nbsp; cambio de uso de suelo sin permiso, sean desmontes o remociones, solo son hasta el 2019. En la regi&oacute;n Oriental, donde rige la ley de Deforestaci&oacute;n Cero se reportaron 4.134 hect&aacute;reas transformadas, entre 2018 y 2019. En&nbsp; Occidental, Chaco, se registra 205.723 hect&aacute;reas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Límite entre la propiedad indígena y el territorio de monocultivo donde no existe barrera verde, exigida por ley, cuando existe asentamiento humano.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Desprotecci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        En el pa&iacute;s a&uacute;n no se concretan mecanismos de protecci&oacute;n para defensores de derechos humanos que se exponen a amedrentamientos, si se trata de comunidades ind&iacute;genas la vulnerabilidad es a&uacute;n mayor, ya que sufren discriminaci&oacute;n estructural por falta de acceso a derechos b&aacute;sicos, considera Maximiliano Mendieta, abogado y consultor de la Federaci&oacute;n por la Autodeterminaci&oacute;n de Pueblos Ind&iacute;genas (FAPI).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los ind&iacute;genas&nbsp; viven y sobreviven desde y para sus tierras, que ahora tiene un enfoque profundamente comercial y va en contra de la cosmovisi&oacute;n. Tampoco hay pol&iacute;ticas p&uacute;blicas importantes con enfoque intercultural porque colisionan con la visi&oacute;n econ&oacute;mica, el monocultivo, la deforestaci&oacute;n irracional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para personas ind&iacute;genas como do&ntilde;a Antolina, los recursos naturales son&nbsp; claves para sobrevivir. &ldquo;Vemos con nuestros propios ojos c&oacute;mo destruyen la tierra. La tierra es nuestra madre, a trav&eacute;s de ella existen los &aacute;rboles y mediante estos el agua. Estos tres recursos no pueden separarse porque no estar&aacute;n fortalecidos. Si ellos desaparecen nosotros tambi&eacute;n acabaremos&rdquo;, concluye mientras sale del curso h&iacute;drico y escala la pendiente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se apresta para&nbsp; caminar nuevamente a la vera del cultivo mecanizado y luego sumergirse en su comunidad, entre &aacute;rboles nativos y una reducida poblaci&oacute;n que todav&iacute;a resiste a la transformaci&oacute;n del territorio ancestral.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este art&iacute;culo es parte de COMUNIDAD PLANETA, un proyecto period&iacute;stico liderado por </em><a href="https://periodistasporelplaneta.com/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Periodistas por el Planeta (</em></a><em>PxP) en Am&eacute;rica Latina, del que elDiarioAR forma parte.&nbsp;&nbsp;En el caso del presente art&iacute;culo, este tambi&eacute;n fue producido con el apoyo de </em><a href="https://climateactiontracker.org/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Climate Tracker </em></a><em>- Am&eacute;rica Latina.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>KG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Karina Godoy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/monocultivos-comprometen-conservacion-territorios-indigenas-paraguay_1_8983194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 May 2022 10:49:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Monocultivos comprometen conservación de territorios indígenas en Paraguay]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paraguay,Monocultivo,Indígenas]]></media:keywords>
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