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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Parentalidad]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/parentalidad/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Parentalidad]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lo que ella quiere]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quiere_129_8988646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef5062b6-c094-4c3a-8e79-a5417bdf22bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que ella quiere"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de la pregunta que aparece cada tanto sobre qué es lo que quiere una mujer, Luciano Luterau escribe sobre el deseo, la intimidad de una pareja y plantea el debate sobre la importancia de que un hijo no sea todo para un padre o una madre.</p></div><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os hab&iacute;a una pel&iacute;cula que se llamaba <em>Lo que ellas quieren</em>. No me acuerdo de qu&eacute; trata. S&iacute; del t&iacute;tulo, porque me impact&oacute;. Me hizo pensar en si exist&iacute;a algo tan general como para que lo quisieran todas las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os despu&eacute;s recuerdo que se lanz&oacute; la canci&oacute;n de<strong> Babas&oacute;nicos</strong> que dice: &ldquo;Cambio todo por el don que hace a las mujeres re&iacute;r&rdquo;. Ahora pienso que se trata de la misma fantas&iacute;a, la de que habr&iacute;a un objeto que le hace cosquillas a todas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n podr&iacute;a mencionar esa otra fantas&iacute;a que se expres&oacute; en el verso &ldquo;Tengo todo lo quieren las guachas&rdquo;, de esa canci&oacute;n que no s&eacute; de qui&eacute;n es, pero que me produce ternura: as&iacute; pasamos de saber (lo que ellas quieren), a pensar en adquirirlo (un don) y la creencia de que se lo tiene. Es la declinaci&oacute;n infantil de una actitud t&iacute;picamente masculina.
    </p><p class="article-text">
        En el psicoan&aacute;lisis de<strong> Freud </strong>ese objeto tiene un nombre. Muchos dir&aacute;n &ldquo;falo&rdquo; (o alguno de sus sustitutos: dinero, poder, etc.), pero quiz&aacute; m&aacute;s bien se trata de un hijo &ndash;al menos seg&uacute;n la ecuaci&oacute;n freudiana falo = hijo. Pero esta vez no quiero discutir con nadie, entonces no voy a hablar de teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica. Quisiera partir de una an&eacute;cdota.
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo era ni&ntilde;o, una de las primeras intuiciones que tuve de la diferencia entre los sexos fue a partir de un acto de mi padre. Cuando &iacute;bamos al supermercado, &eacute;l compraba un postre espec&iacute;fico para mi madre. Quiero decir que, adem&aacute;s de los productos de consumo para los hijos y la familia en su conjunto, hab&iacute;a uno que estaba separado del resto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que cuando lleg&aacute;bamos a casa &ndash;como era el mayor, me tocaba acompa&ntilde;ar&ndash; &eacute;l le dec&iacute;a a mi madre: &ldquo;Fijate lo que te compr&eacute;&rdquo; y no es que ella no supiese de qu&eacute; se trataba, sino que, aun sabi&eacute;ndolo, la escena funcionaba como un artificio que inclu&iacute;a una sorpresa y un beso c&oacute;mplice que se daban frente a nosotros, los ni&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una escena semejante es la que descubr&iacute; luego en la casa de uno de mis t&iacute;os, cuando el hermano de mi padre agasajaba a la familia con un asado, pero separ&oacute; un pedazo de carne para mi t&iacute;a y le hizo un chiste que no llegu&eacute; a escuchar, aunque not&eacute; que ten&iacute;a un sentido muy preciado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; quieren las mujeres? No lo s&eacute;.</strong> Yo solo vi algunas veces a unos pocos hombres que jugaban a saber qu&eacute; quiere una mujer. Una muy espec&iacute;fica. Mi madre. Mi t&iacute;a. Y cuando lo hac&iacute;an, ellas se re&iacute;an y yo cre&iacute;a entender algo de lo que pasaba ah&iacute;. Era ni&ntilde;o todav&iacute;a, pero igual pensaba que alguna vez me gustar&iacute;a jugar ese juego.
    </p><p class="article-text">
        En el final de la pel&iacute;cula <em>Alta fidelidad</em>, el protagonista &ndash;un fan&aacute;tico de la m&uacute;sica&ndash; dice que va a grabar a un compilado de canciones para su novia, a la que ahora reconoce como una mujer en particular, la que quiere, despu&eacute;s de desprenderse de la posici&oacute;n de seductor empedernido. &iquest;No es el seductor ese ni&ntilde;o que cree que existe algo que vale para todas? El hijo de la ecuaci&oacute;n freudiana no es el que una mujer esperar&iacute;a, sino aquel con que un hombre se identifica cuando cree que son todas iguales y quieren lo mismo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Por primera vez s&eacute; c&oacute;mo hacerla feliz&rdquo;, concluye el protagonista de la pel&iacute;cula. Es dif&iacute;cil creer que un casete pueda hacer feliz a alguien, pero &iquest;qui&eacute;n sabe? Tambi&eacute;n es cierto que cualquier objeto puede representar la felicidad con la condici&oacute;n de que se lo reconozca como singular, como dirigido para uno y solo para nosotros. Yo recuerdo que guard&eacute; una servilleta porque solamente me la regal&oacute; una persona.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es de esto que quiero hablar. Vuelvo a mi idea de origen, que es muy poco original. Pienso que a m&iacute; me daba mucha alegr&iacute;a ver c&oacute;mo mi padre ten&iacute;a ese gesto con mi madre. Por supuesto que se trataba de algo que ella podr&iacute;a haber comprado por s&iacute; misma, porque soy hijo de una mujer que trabaj&oacute; toda su vida y siempre tuvo su propio dinero, pero no es de una variable socioecon&oacute;mica que hablo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a una complicidad en el modo en que mi padre regalaba ese objeto a mi madre, que me hace pensar que si yo me sent&iacute;a excluido de algo no era tanto del objeto en s&iacute; sino de su relaci&oacute;n. Los ve&iacute;a bromear entre ellos e incluso hab&iacute;a cierta interpretaci&oacute;n de &aacute;nimo voraz en la atribuci&oacute;n de mi padre hacia mi madre. Eran un marido y una esposa. Mi padre jugaba con el rol de hombre sometido a la voluntad del objeto de deseo de esa mujer.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Había una complicidad en el modo en que mi padre regalaba ese objeto a mi madre, que me hace pensar que si yo me sentía excluido de algo no era tanto del objeto en sí sino de su relación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A m&iacute; me madre le gustaban las aceitunas. Ese era su postre favorito. Pod&iacute;a comer un frasco entero, directamente del frasco. Durante muchos a&ntilde;os yo dije que no me gustaban las aceitunas y, la verdad, es que no las hab&iacute;a probado &ndash;a diferencia del queso Roquefort que pod&iacute;a comer en grandes pedazos que me daba mi abuelo paterno. Reci&eacute;n com&iacute; una aceituna por primera vez a los quince a&ntilde;os, en una pizza en la casa de un amigo. Y me gust&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Un tercer objeto en mi vida sentimental lo representan los caramelos de menta, que eran los que mi abuela separaba del paquete de surtidos, primero para mi abuelo, pero luego para m&iacute;. &iquest;Fue porque que a m&iacute; me gustaban o me gustaron porque mi abuela los separaba para mi abuelo y as&iacute; lo privaba de la preferencia de mi abuela?
    </p><p class="article-text">
        Igual la de mis abuelos es otra historia. Volvamos a lo que me interesa plantear en esta ocasi&oacute;n. Lo propongo con una pregunta: &iquest;hasta qu&eacute; punto podemos prescindir de una pareja conyugal en la crianza de un ni&ntilde;o? Mejor dicho, &iquest;hasta qu&eacute; punto no es el deseo de la pareja conyugal la que hace de un ni&ntilde;o un hijo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ahora viene la parte de las aclaraciones</strong>, siempre tan importantes hoy para que nadie se ofenda. No digo que una pareja matrimonial asegura la presencia de ese deseo. A veces pasa todo lo contrario. Muchos padres que siguen juntos &ldquo;por el bien de los chicos&rdquo; (o &ldquo;hasta que sean m&aacute;s grandes&rdquo;) no hacen m&aacute;s que privarlos de la incidencia de un deseo entre sus padres. Por otro lado, cuando digo conyugal no me refiero a padres casados, convivientes ni a parejas heterosexuales. Me refiero m&aacute;s bien a esa dimensi&oacute;n de los padres que no se conforma con la <strong>parentalidad.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tampoco estoy diciendo que mis padres sean un ejemplo de nada. El fastidio obsesivo con que mi padre se lamentaba ir&oacute;nicamente de los gustos de mi madre, est&aacute; lejos de ser una matriz de la que hoy se pueda disfrutar. Hoy somos m&aacute;s libres, quiz&aacute; por eso ya no tenemos sentido del humor.
    </p><p class="article-text">
        Voy a explicar lo mismo, pero desde otro punto de vista. Por lo general, las personas separadas que conozco, con hijos peque&ntilde;os, suelen contar que los d&iacute;as que duermen los ni&ntilde;os en casa, cuando estos se levantan, comienza el d&iacute;a para todos. Esto me parece terrible, no me imagino nada m&aacute;s agotador para un ni&ntilde;o que tener que ser el sol de un hogar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si en la habitaci&oacute;n de al lado hay una pareja durmiendo, el ni&ntilde;o toma otra actitud. Sabe que ah&iacute; transcurre una escena que interrumpe. Si no lo sabe, es porque ah&iacute; no hay una pareja, sino tan solo dos personas durmiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, pienso en que durante mucho tiempo en estos a&ntilde;os reflexionamos sobre las condiciones para una &oacute;ptima parentalidad, en busca de modelos ideales de paternidad y maternidad, pero descuidamos el aporte que la conyugalidad presta a la crianza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante mucho tiempo en estos años reflexionamos sobre las condiciones para una óptima parentalidad, en busca de modelos ideales de paternidad y maternidad, pero descuidamos el aporte que la conyugalidad presta a la crianza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No digo que para criar haya que estar en pareja, no. Hablo de <strong>la importancia de que un hijo no sea todo para un padre o una madre, que su demanda no sea la &uacute;nica que importe y organice una cotidianidad. </strong>Puede ser que alguien me diga que ese rol no tiene que ocuparlo una pareja, que puede tenerlo &ndash;por ejemplo&ndash; un trabajo. Y ac&aacute; yo no estoy tan seguro.
    </p><p class="article-text">
        Un trabajo permite alejarse regularmente de un hijo, tomar distancia, para luego volver y que quiz&aacute; el v&iacute;nculo siga siendo tan dual como antes. La distancia que importa no es la del alejamiento, sino la que se practica en presencia, la de ser tres incluso cuando somos dos: uno, otro y la distancia.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La distancia que importa no es la del alejamiento, sino la que se practica en presencia, la de ser tres incluso cuando somos dos: uno, otro y la distancia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No obstante, dec&iacute;a que no estoy seguro de que un empleo pueda mediatizar mejor que un deseo la relaci&oacute;n con un hijo. El deseo es la mediaci&oacute;n por excelencia. Este es un tema sobre el que espero reflexionar mejor, porque quiz&aacute; mis opiniones se basan en que soy m&aacute;s o menos hombre y, adem&aacute;s, tengo una visi&oacute;n conservadora &ndash;lo reconozco; pero no lo soy a tal punto en que considere que mi visi&oacute;n es la &uacute;nica ni tiene que serlo.
    </p><p class="article-text">
        Con esto s&iacute; concluyo, entonces: considero que ser&iacute;a interesante repensar las funciones parentales por el fundamento que encuentran en un deseo sexual cuyo objeto no es el hijo, porque &ndash;como tal&ndash; el deseo de hijo no existe. La expresi&oacute;n &ldquo;deseo de hijo&rdquo; es parad&oacute;jica, porque para que haya deseo por un hijo, la ra&iacute;z de ese deseo no puede ser el ni&ntilde;o. Cuando alguien quiere demasiado un hijo &ndash;sea desde la expectativa o la dificultad para separarse&ndash; en realidad reprime la causa personal y poco apol&iacute;nea de su inter&eacute;s. Los hijos suelen padecer ese reparo narcisista que deben ocupar para (la estabilidad o el erotismo de) sus padres, pero este ya es otro tema &ndash;para otra ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quiere_129_8988646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2022 10:46:28 +0000]]></pubDate>
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