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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Dora María Téllez]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Dora María Téllez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La Comandante Dos del sandinismo, presa por no seguir la deriva autoritaria de Ortega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/comandante-sandinismo-presa-no-seguir-deriva-autoritaria-ortega_129_8992888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2a66530-eb03-4689-9175-4f7921738bcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Comandante Dos del sandinismo, presa por no seguir la deriva autoritaria de Ortega"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre los casi 200 presos políticos del régimen de Daniel Ortega hay un grupo considerable que son ex camaradas de armas que no los siguieron en el camino del autoritarismo, sostiene Gabriel Puricelli. Entre ellos se destaca la Comandante Dos Dora María Téllez, ministra de Salud del gobierno revolucionario de 1979, historiadora y crítica actual del régimen de Ortega.</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe del Mecanismo para el reconocimiento de personas presas pol&iacute;ticas en Nicaragua, las personas detenidas arbitrariamente por el r&eacute;gimen del matrimonio Daniel Ortega-Rosario Murillo son 192. Hay de todas las edades y de todas las ideolog&iacute;as. Como en toda dictadura, las razones primeras para privarlos de la libertad son de orden inmediatamente pr&aacute;ctico: eliminar amenazas al r&eacute;gimen. Pero hay algo que distingue a &eacute;ste: con el eco inconfundible de los procesos de Mosc&uacute; llevados adelante por Stalin entre 1936 y 1938, <strong>Ortega y Murillo est&aacute;n ejecutando un plan de venganza sistem&aacute;tica contra los camaradas de armas que no los siguieron en el camino del autoritarismo.</strong> Una de ellos lleva casi once meses en la c&aacute;rcel y ostenta una trayectoria que vale la pena recordar aqu&iacute;
    </p><p class="article-text">
        En 1978, un 22 de agosto, la dictadura de Anastasio Somoza Debayle sufri&oacute; la herida por la que se desangr&oacute; hasta ser derrocada menos de un a&ntilde;o m&aacute;s tarde. Ese d&iacute;a seminal, tres guerrilleros quedaron marcados con los n&uacute;meros que ordenaban su jerarqu&iacute;a en el comando que ejecut&oacute; la &ldquo;Operaci&oacute;n Chanchera&rdquo;, el asalto al Palacio Nacional de Managua. El Comandante Cero Ed&eacute;n Pastora, el Comandante Uno Hugo Torres Jim&eacute;nez y la Comandante Dos Dora Mar&iacute;a T&eacute;llez tomaron de rehenes a diputados somocistas y obtuvieron a cambio la liberaci&oacute;n de camaradas de armas encarcelados antes de huir a Panam&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Menos de un a&ntilde;os m&aacute;s tardes los tres participaron la entrada en Managua del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n Nacional (FSLN), pero seguir&iacute;an caminos bien distintos tras el triunfo de la revoluci&oacute;n. Mientras que Pastora se transform&oacute; en 1982 en uno de los l&iacute;deres de la contrarrevoluci&oacute;n, Torres y T&eacute;llez ser&iacute;an tan fieles al mandato democr&aacute;tico de la lucha antisomocista, que rompieron, en 1995, con un FSLN monopolizado por Daniel Ortega y donde no hab&iacute;a lugar ni para el ideal democr&aacute;tico, ni para seis de los nueve comandantes de la &ldquo;direcci&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo; que encabez&oacute; la &uacute;ltima revoluci&oacute;n armada triunfante en Am&eacute;rica Latina.
    </p><p class="article-text">
        Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, en su cr&oacute;nica para el diario ABC de Madrid de la acci&oacute;n guerrillera de 1978, describi&oacute; a la comandante de 22 a&ntilde;os como &ldquo;una muchacha muy bella, t&iacute;mida y absorta, con una inteligencia y un buen juicio que le hubieran servido para cualquier cosa grande en la vida&rdquo;. <strong>El buen juicio le servir&iacute;a para ser una Ministra de Salud del gobierno revolucionario a quien se recuerda por su eficaz lucha contra la epidemia del VIH-SIDA, una historiadora con aportes significativos sobre el despojo de las comunidades originarias de Nicaragua durante el siglo XIX y una cr&iacute;tica permanente de la deriva autoritaria del orteguismo.</strong> A este respecto, T&eacute;llez identific&oacute; como una de sus causas el hecho de que &ldquo;la revoluci&oacute;n sandinista no hizo una cr&iacute;tica del sistema pol&iacute;tico que derrotaba&rdquo;, perpetuando incluso en la constituci&oacute;n adoptada despu&eacute;s del derrocamiento del somocismo una matriz que facilitaba la concentraci&oacute;n de poder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tell&eacute;z sostuvo tambi&eacute;n en una oportunidad que &ldquo;el arrepentimiento es de la gente que se queda con los brazos cruzados&rdquo;, mientras reivindicaba su propia identidad pol&iacute;tica: &ldquo;del sandinismo quedamos los sandinistas, que estamos luchando contra el orteguismo&rdquo;. Esta postura de la Comandante Dos es la que la ha hecho objeto particular de la ira dictatorial. <strong>Ortega no est&aacute; dispuesto a compartir el legado revolucionario con nadie, porque sabe que la amplia base de apoyo que a&uacute;n mantiene se apoya en partes iguales en la fuerza que le da el control monop&oacute;lico del estado y en la que deriva del monopolio ritualista del relato de la revoluci&oacute;n. </strong>Los extremos a los que &eacute;l y su esposa est&aacute;n dispuestos a llegar est&aacute;n graficados brutalmente por la muerte en prisi&oacute;n del comandante Torres Jim&eacute;nez, el hombre que liber&oacute; de la c&aacute;rcel somocista a Ortega y que fuera detenido por el gobierno actual por los mismos d&iacute;as que su compa&ntilde;era de guerrilla.
    </p><p class="article-text">
        La actual dictadura fue precedida por un giro pol&iacute;tico de Ortega que se inicia en 2005 y que incluy&oacute; una alianza con la jerarqu&iacute;a ultramontana de la iglesia cat&oacute;lica local y con el empresariado antes furibundamente antisandinista. Con esos antecedentes (ilustrados por la adopci&oacute;n de una ley contra el aborto que es tal vez la m&aacute;s punitiva en el hemisferio), no debe sorprender que los propagandistas del r&eacute;gimen destaquen, con feroz lesbofobia, la opci&oacute;n sexual de T&eacute;llez y de Ana Margarita Vijil, su compa&ntilde;era y ex-presidenta del Movimiento Renovador Sandinista (actualmente Unamos), condenada a 10 a&ntilde;os de prisi&oacute;n por &ldquo;conspiraci&oacute;n&rdquo; en febrero. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de esa condena, T&eacute;llez recibir&iacute;a la suya, a ocho a&ntilde;os, por cargos igualmente vagos.
    </p><p class="article-text">
        Los tipos penales abiertos e indefinidos, t&iacute;picos de reg&iacute;menes no democr&aacute;ticos, est&aacute;n siendo aplicados a todos los opositores detenidos y son la amenaza que pende sobre la cabeza de todos los que a&uacute;n est&aacute;n en libertad. Como si no bastara ese abuso del derecho penal, en los as&iacute; denominados juicios se proh&iacute;be la presencia de p&uacute;blico y a muchos detenidos se les niega la asistencia de un abogado defensor. En el colmo de la hip&eacute;rbole somocista, estas farsas se llevan a cabo en el mismo Complejo Policial Evaristo V&aacute;squez, la prisi&oacute;n designada para los opositores, ni siquiera en la sede de un tribunal. Conocido como &ldquo;El Chipote&rdquo; (el chich&oacute;n), supuestamente por la forma de la loma donde se ubica, el nombre evoca, tal vez de manera no intencional, las torturas que antes de 1979 y ahora se aplican en el lugar. Hace cuatro a&ntilde;os, tras el levantamiento popular que Ortega sepult&oacute; bajo 481 cad&aacute;veres, la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) recorri&oacute; ese predio y determin&oacute; que no reun&iacute;a &ldquo;los est&aacute;ndares m&iacute;nimos&rdquo; y que &ldquo;el solo encierro all&iacute; constituye una forma de trato cruel, inhumano y degradante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nada distingue los derechos de los que deber&iacute;a gozar Dora Mar&iacute;a T&eacute;llez de aquellos que deber&iacute;an tener garantizados los dem&aacute;s 191 presos de Ortega y Murillo. Nada en las luces y las posibles sombras de una trayectoria pol&iacute;tica como la suya la hace merecedora de una reivindicaci&oacute;n distinta de la que merecen todos quienes fueron arrojados a las mazmorras de un r&eacute;gimen odioso. Sin embargo, la acumulaci&oacute;n de agravios que convergen sobre ella merece ser puesta en evidencia porque resume la vileza de una pareja dictatorial sobre la que los gobiernos democr&aacute;ticos de Am&eacute;rica Latina est&aacute;n lejos de aplicar toda la presi&oacute;n que debieran. Una parte de la verg&uuml;enza seguir&aacute; siendo de &eacute;stos mientras no le arranquen concesiones. Ortega y Murillo no tienen recursos ni envergadura para resistir una campa&ntilde;a por la libertad de los presos con la que las democracias latinoamericanas se comprometan con m&iacute;nima seriedad. La esperamos con desesperada impaciencia.
    </p><p class="article-text">
        <em>GP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Puricelli]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 May 2022 05:12:57 +0000]]></pubDate>
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