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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Campo de Herrera]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Campo de Herrera]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Campo de Herrera: el pueblo cooperativa que nació con las utopías de los 60, eligió no tener policías y en donde se cuidan entre todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/campo-herrera-pueblo-cooperativa-nacio-utopias-60-eligio-no-policias-cuidan_1_8993087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66352bc2-416f-4338-aeec-880a0a9a5045_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Campo de Herrera: el pueblo cooperativa que nació con las utopías de los 60, eligió no tener policías y en donde se cuidan entre todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Surgió a partir de un proyecto de autogestión cuando la dictadura de Onganía cerró los ingenios azucareros y dejó a los obreros sin trabajo. En lugar de irse del lugar, se organizaron para urbanizar el lugar. A través de una asamblea pidieron al gobierno provincial que quite el destacamento policial. Hoy tiene 3.200 habitantes que viven con las puertas sin llaves.</p></div><p class="article-text">
        Los pueblos de la Argentina profunda se caracterizan por tener un peque&ntilde;o centro en donde se destacan la iglesia, las oficinas p&uacute;blicas y la comisar&iacute;a. No es el caso de <strong>Campo de Herrera</strong>, el pueblo tucumano que est&aacute; 35 kil&oacute;metros al sur de <strong>San Miguel de Tucum&aacute;n</strong>, que lo atraviesa una ruta y que naci&oacute; y se desarroll&oacute; en las convulsionadas d&eacute;cadas de los a&ntilde;os 60 y 70.&nbsp;A poco de su nacimiento y como resultado de una asamblea, los socios pidieron al gobierno provincial que retire el destacamento policial y as&iacute; se hizo. &ldquo;A&uacute;n podemos dormir con las ventanas abiertas, las puertas sin llave y caminar por las noches sin que nada nos asuste&rdquo;,&nbsp;cuenta con orgullo Jorge Gramajo, hijo de uno de los socios fundadores.
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                Jorge Gramajo de Campo de Herrera, Tucumán                            </span>
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        Parece una utop&iacute;a para estos tiempos poder vivir en una comunidad sin polic&iacute;as, sin que antes de salir haya que dejar todo bien cerrado y activar la alarma. El costo de vivir en el coraz&oacute;n de la urbanidad. &ldquo;Soy hijo de uno de los fundadores de la cooperativa y no cambiar&iacute;a por nada esta tranquilidad que a&uacute;n tenemos. De vez en cuando alguien se porta mal, hay alg&uacute;n robo menor, pero a&uacute;n as&iacute; aqu&iacute; se vive de otro modo&rdquo;, reflexiona Jos&eacute; Reinoso a <strong>elDiarioAR,</strong> mientras la ventana de la sede de la sociedad deja entrar los cantos de los quetup&iacute;es, celestinos y gorriones durante la ma&ntilde;ana soleada.
    </p><p class="article-text">
        Sucede que cuando se constituy&oacute; la cooperativa, en junio de 1967, se incluy&oacute; en el estatuto un art&iacute;culo que prev&eacute; sanciones para los socios que cometan actos de indisciplina y alteren la paz del pueblo que entonces era de 900 habitantes. &iquest;De qu&eacute; modo? Al infractor se le descuentan d&iacute;as de trabajo de lo que cobra por mes y van desde dos d&iacute;as a un mes. Y, se sabe, cuando el desorden afecta el bolsillo, duele el doble. Con los a&ntilde;os esto desarroll&oacute; un estilo de vida basado en la autodisciplina y en el cuidado colectivo. Todos se conocen y hoy no son m&aacute;s de 3.200 vecinos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Campo de Herrera, Tucumán                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">El origen de todo</h3><p class="article-text">
        En agosto de 1966 el dictador Juan Carlos Ongan&iacute;a ordena el cierre de 11 de los 27 ingenios azucareros tucumanos que molieron durante la zafra de 1965: Santa Luc&iacute;a, Santa Ana, San Jos&eacute;, San Antonio, San Ram&oacute;n, Los Ralos, Nueva Baviera, Esperanza, Mercedes, Amalia y Lastenia. Tambi&eacute;n se decide intervenir los ingenios Bella Vista, La Florida y La Trinidad, en donde se pone a miembros del Ej&eacute;rcito o allegados para su control. El decreto justificaba la decisi&oacute;n en &ldquo;sanear la econom&iacute;a distorsionada de la actividad azucarera&rdquo;. Con el tiempo se sabr&iacute;a que la decisi&oacute;n fue fruto del &ldquo;lobby&rdquo; de los due&ntilde;os de las f&aacute;bricas m&aacute;s importantes de az&uacute;car del NOA para elevar el valor del producto. El cupo se concentr&oacute; en manos de las familias Paz, Patr&oacute;n Costas, Blaquier, Nougu&eacute;s, Sortheix y Prat Gay.
    </p><p class="article-text">
        Esto provoc&oacute; que de un d&iacute;a para el otro haya 50.000 nuevos desempleados y que en meses se produjera la <strong>migraci&oacute;n m&aacute;s grande que registre la historia tucumana</strong>. Cerca de 200.000 personas viajaron a Buenos Aires en busca de trabajo y se instalaron en el cord&oacute;n m&aacute;s pobre de la gran urbe, a donde llegaron en tren y con lo puesto.
    </p><p class="article-text">
        Pese a la intervenci&oacute;n, en el ingenio Bella Vista no cesaron las protestas y reclamos de los trabajadores de la planta y los obreros del surco cesanteados, a quienes se les deb&iacute;an varios meses de sueldo. El paro de actividades fue una constante hasta que sus due&ntilde;os ofrecieron al Estado provincial pagar deudas fiscales con 2000 hect&aacute;reas de tierras. Estas, a su vez, para que llegaran a su fin las luchas gremiales que encabezaba la Federaci&oacute;n Obrera Tucumana de la Industria del Az&uacute;car (FOTIA), deb&iacute;an ser vendidas por la Provincia a bajo precio a los 140 empleados que se quedaron sin trabajo. Las autoridades provinciales pidieron tambi&eacute;n que intervenga el Instituto Nacional de Tecnolog&iacute;a Agropecuaria (INTA), con sede en Famaill&aacute;, por su cercan&iacute;a con el ingenio, para que formule un plan de distribuci&oacute;n de la tierra.&nbsp;
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                La fábrica de ladrillos de Campo de Herrera.                            </span>
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        Encabezados por el director del INTA de entonces, el ingeniero agr&oacute;nomo Roberto Fern&aacute;ndez de Ullivarri, un equipo de profesionales del organismo concluy&oacute; que lo mejor era que las 2000 hect&aacute;reas se organizaran como unidad productiva asociativa y que no se parcelen para su venta a mejor postor. Naci&oacute; entonces la idea de una cooperativa, iniciativa que se trabaj&oacute; durante meses y en largas charlas con los obreros, cuyas edades promediaban los 45 a&ntilde;os y ten&iacute;a s&oacute;lo la escuela primaria, con suerte. Una vida en los surcos. A Ullivarri se sumaron el antrop&oacute;logo Santiago Bilbao y los t&eacute;cnicos Hugo West y Miguel Sarraceno.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ullivari era un desarrapado que andaba con sacos largos, com&iacute;a con nosotros y estaba todo el d&iacute;a a la par nuestra, fue como un padre al que le debemos todo&rdquo;, recuerda con nostalgia y con una sonrisa don Senen Demetrio Galv&aacute;n, 93 a&ntilde;os, el &uacute;ltimo socio vivo de los primeros 119 que aceptaron constituirse en una asociaci&oacute;n solidaria. El resto de los 140 qued&oacute; esperando un pago que nunca lleg&oacute;. El 10 de junio de 1967 naci&oacute; la Cooperativa Campo de Herrera.
    </p><p class="article-text">
        Entre las primeras gestiones se cuenta la decisi&oacute;n de comprar las 2000 hect&aacute;reas que ofrec&iacute;a el gobierno tucumano, atravesadas por la ruta provincial 302. Del total, 1000 ten&iacute;an ca&ntilde;averales de baja producci&oacute;n y en su interior hab&iacute;a 116 ranchos precarios de la antigua Colonia Tulio del ingenio y puro monte tucumano. Las casas se distribuyen entre los socios y se toman dos cr&eacute;ditos a siete a&ntilde;os, uno con el Banco Provincia de Tucum&aacute;n y otro con el Banco Naci&oacute;n (Plan Pro Agro) que se cancelaron en tres y cinco a&ntilde;os. Con esos fondos se pag&oacute; la tierra y se compraron los ocho primeros tractores con sus implementos y carros ca&ntilde;eros.
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                El cartel de la cooperativa de Campo de Herrera, Tucumán                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La utop&iacute;a&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Ullivarri, cuya especialidad era mejorar la calidad de la ca&ntilde;a, hizo reemplazar los ca&ntilde;averales pobres por surcos de alto rendimiento, el cultivo creci&oacute; tambi&eacute;n en extensi&oacute;n, se crearon huertas comunitarias para consumo propio y la crianza de vacas para obtener leche. En 1970 <strong>se incorpora una cortada de ladrillos, se construye la actual sede de la cooperativa, se mejoran los ranchos</strong>, a los que se les incorporan ba&ntilde;os y duchas, inexistentes hasta entonces, y se establece la obligatoriedad de que todas las familias manden a sus hijos a la &uacute;nica escuela primaria de la zona que est&aacute; sobre la ruta. Adem&aacute;s, se crea un almac&eacute;n de ramos generales para proveer de todo y a bajo precio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sistema de organizaci&oacute;n rindi&oacute; frutos y pese a que las ventas de los productos se hac&iacute;an de acuerdo a las reglas del mercado tradicional, la distribuci&oacute;n de las ganancias era in&eacute;dita -en partes iguales para todos los asociados- y el modelo comenz&oacute; a ser observado por las autoridades. Todo se debat&iacute;a y se decid&iacute;a en asambleas eternas, recuerda don Senen. Para asegurar la continuidad de los asociados, una vez que se jubilada el titular ten&iacute;a el derecho de incorporar a un hijo a la organizaci&oacute;n pero esa necesario que sea mayor de edad.&nbsp;Por entonces, los t&eacute;cnicos ya hab&iacute;an avanzado m&aacute;s all&aacute; del asesoramiento para mejorar la producci&oacute;n agr&iacute;cola.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo a la historiadora<strong> Cecilia G&aacute;rgano</strong>, investigadora del CONICET, que hizo un trabajo sobre Campo de Herrera, los t&eacute;cnicos &ldquo;incorporan un replanteo de los fundamentos de la extensi&oacute;n rural a nivel regional, influido fuertemente por los aportes del pedagogo Paulo Freire, a trav&eacute;s de la incorporaci&oacute;n de&nbsp;herramientas propias de la educaci&oacute;n popular que comenzaban a cuestionar la idea de los agricultores como receptores pasivos y vac&iacute;os de conocimientos&rdquo;. Por eso, recuerda Jos&eacute; Reinoso, el equipo del INTA pr&aacute;cticamente viv&iacute;a con ellos ayudando en las asambleas, en las nuevas formas de organizaci&oacute;n e impulsando las ideas de la sindicalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No pasar&iacute;a mucho tiempo para que este proceso llamara la atenci&oacute;n. En 1974, un a&ntilde;o de alta intensidad social y pol&iacute;tica en el pa&iacute;s, el antrop&oacute;logo Bilbao y los t&eacute;cnicos West y Sarraceno comenzaron a recibir amenazas de la Alianza Anticomunista Argentina, la triste y peligrosamente c&eacute;lebre Triple AAA, el aparato parapolicial que alimentaban sectores del gobierno, la Polic&iacute;a Federal, las Fuerzas Armadas y del sindicalismo. Por denuncias an&oacute;nimas, fueron arrestados ocho meses y liberados parten al exilio. Ullivarri fue trasladado al INTA Salta. Se cort&oacute; de cuajo el acompa&ntilde;amiento a la cooperativa.
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            <span class="title">
                Cañaverales alrededor de Campo de Herrera                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Librados a su suerte</h3><p class="article-text">
        Con el golpe de Estado de marzo de 1976 el INTA abandon&oacute; por completo el asesoramiento a la cooperativa. &ldquo;Fueron a&ntilde;os muy duros porque a don Ullivarri lo mandaron a otro lugar y los otros t&eacute;cnicos fueron perseguidos&rdquo;, se&ntilde;ala Jorge Gramajo, uno de los socios encargados de la cortada de ladrillos que a&uacute;n est&aacute; en plena actividad. &ldquo;Lo bueno fue que la forma de organizaci&oacute;n sobrevivi&oacute;, nuestros padres lograron mantener ese esp&iacute;ritu, con mucho trabajo y sacrificio. Cuando era jovencito me fui a Buenos Aires a probar suerte pero luego de unos meses me volv&iacute;, no hay como esta tranquilidad, la ciudad te come, no sos nadie&rdquo;, reflexiona y hace silencio por unos segundos. Se emociona.
    </p><p class="article-text">
        Con el regreso de la democracia algunos asociados se acercaron al INTA pero las autoridades del organismo decidieron dejar definitivamente el acompa&ntilde;amiento. A fines de los a&ntilde;os 80 se destinaron varias hect&aacute;reas a la citricultura limonera y se prob&oacute; con cultivos alternativos, como la frutilla. La hiperinflaci&oacute;n durante el gobierno de Ra&uacute;l Anfons&iacute;n (1989) y la crisis econ&oacute;mica que provoc&oacute; el estallido social de diciembre de 2001, le asestar&iacute;an duros golpes a la cooperativa, sometida ahora a los avatares de la m&aacute;s dura econom&iacute;a de mercado, en la que los due&ntilde;os de los ingenios y las citr&iacute;colas imponen sus reglas ante la falta de financiamiento. &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se cerr&oacute; la proveedur&iacute;a, se abandonaron las huertas, se vendieron las vacas, otros animales y la organizaci&oacute;n centraliz&oacute; sus actividades en las producciones de ca&ntilde;a de az&uacute;car, citrus y la fabricaci&oacute;n de ladrillos, en ese orden de importancia. &ldquo;Se hizo muy cuesta arriba pero aun as&iacute; el mensaje que nos inculcaron nuestros padres fue y es m&aacute;s fuerte que otra cosa. Sostuvimos la organizaci&oacute;n y para eso tuvimos que reducir tambi&eacute;n el ingreso para cada socio pero nunca nos falt&oacute; para comer y mandar los hijos a la escuela, nunca&rdquo;, se&ntilde;ala Jos&eacute; Reinoso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Sede de la cooperativa de Campo de Herrera                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Los desaf&iacute;os</h3><p class="article-text">
        El pueblo naci&oacute; y creci&oacute; con la ruta provincial 302 en el medio. La traza es uno de los accesos importantes a la ciudad de Bella Vista, ubicada 4 kil&oacute;metros hacia el este; mientras que hacia el oeste, a 3 kil&oacute;metros, se encuentra la autopista ruta nacional 38. Tambi&eacute;n muy cerca est&aacute; el municipio de Famaill&aacute;. Por eso, lo que rompe con la monoton&iacute;a y la calma en Campo de Herrera es la permanente circulaci&oacute;n de autos, colectivos y camiones. En el &uacute;nico almac&eacute;n que da a la ruta, unos improvisados bancos apuntan hacia el pavimento, por eso de sentarse los vecinos por la tardes a beber algo mientras se mira quien pasa. Pura costumbre rural. Un nuevo lugar de encuentro es el cajero autom&aacute;tico que se instal&oacute; en diciembre del a&ntilde;o pasado. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ra&uacute;l Reyes es el actual presidente de la cooperativa y Adri&aacute;n Mendoza, el vice, cuyo abuelo fue uno de fundadores. Este &uacute;ltimo, padre de un hijo de 17 a&ntilde;os, admite que enfrentan varios desaf&iacute;os. &ldquo;Desde hace varios a&ntilde;os nos cuesta acceder a financiamiento para lo m&aacute;s importante, que es preparar los campos con ca&ntilde;a para tener un buen rendimiento. Esto implica que hay que comprar agroqu&iacute;micos y otros productos antes de la zafra. Como no tenemos esos fondos, el ingenio al que le vendemos nos anticipa dinero de la futura compra pero con intereses de usura y as&iacute; es escaso el margen de ganancia que nos queda. A esto hay que sumarle que el precio del az&uacute;car arranca bien pero se cae con el incremento de la producci&oacute;n&rdquo;, reflexiona. Algo similar ocurre con la venta de limones para f&aacute;brica y la elaboraci&oacute;n de ladrillos, ambas actividades sujetas a los vaivenes de los mercados externos y e interno, agrega.
    </p><p class="article-text">
        Por estas razones <strong>la cooperativa distribuye entre sus 101 socios actuales el equivalente a un haber m&iacute;nimo, vital y m&oacute;vil</strong>, es decir, alrededor de $ 45.000 por mes. Las zafras del az&uacute;car y el lim&oacute;n casi se superponen y van de abril a agosto/septiembre, por lo que garantizar esa suma a cada uno no implica grandes dificultades; pero fuera de ese per&iacute;odo la situaci&oacute;n cambia y piden que el Estado tenga un financiamiento especial para este tipo de entidades. &ldquo;Por esos altibajos no quisiera que mi hijo herede mi cargo en la cooperativa, nosotros vivimos con lo justo y no necesitamos m&aacute;s, aqu&iacute; no se gasta mucho pero los chicos tienen el derecho a progresar. Esto nos preocupa para todos los j&oacute;venes, en especial, para quienes est&aacute;n en la secundaria y tienen muchos sue&ntilde;os. Si aqu&iacute; no pueden cumplirlos no podemos cortarles las alas&rdquo;, admite, con algo de tristeza en su mirada.
    </p><p class="article-text">
        Este pr&oacute;ximo 10 de junio, Campo de Herrera cumplir&aacute; 55 a&ntilde;os y resiste el paso del tiempo sin que se haya desnaturalizado la raz&oacute;n que le dio origen. Sus campos est&aacute;n entre los mejores de Tucum&aacute;n y tienen una accesibilidad envidiable. No son pocos los empresarios que tentaron a los protagonistas de la utop&iacute;a sesentista a que vendan esas ricas hect&aacute;reas pero hasta ahora se han encontrado con un no como &uacute;nica respuesta. El equilibrio financiero pende de un hilo y de su resoluci&oacute;n depender&aacute; el futuro del sue&ntilde;o que hizo realidad un pu&ntilde;ado de trabajadores del surco, due&ntilde;os de su propia tierra y su destino. &nbsp;
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                Senen Demetrio Galván, uno de los primeros socios de Campo de Herrera                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;El &uacute;ltimo mohicano&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Senen Demetrio Galv&aacute;n, 93 a&ntilde;os, es el &uacute;ltimo socio vivo de los primeros 119 que fundaron la Cooperativa Campo de Herrera. Ocupa uno de los 116 ranchos que hab&iacute;a adentro de las 2000 hect&aacute;reas que compraron entre todos. Est&aacute; pegado a un ca&ntilde;averal y en el patio desbordan los &aacute;rboles con mandarinas, naranjas y limones. Vive solo pero su hijo, que tiene su casa en la otra punta del pueblo, lo visita todos los d&iacute;as. En la comunidad le dice &ldquo;El &uacute;ltimo mohicano&rdquo;, el nombre de un film de Hollywood de 1956 que tuvo una nueva versi&oacute;n en 1992 y la protagoniz&oacute; Daniel Day-Lewis.
    </p><p class="article-text">
        Alto, de manos grandes y curtidas por tanto trabajo rural, su mayor problema es el avance de una sordera que obliga a su interlocutor a tener que hablarle en voz alta, fuerte. &ldquo;Fue muy duro cuando nos corrieron del ingenio Bella Vista, s&oacute;lo nos pagaron un mes de sueldo, nada de indemnizaciones. Muchos amigos se desesperaron y viajaron a Buenos Aires. Con mi esposa decidimos quedarnos para que sea lo que Dios quiera. No ten&iacute;amos nada, ni un peso&rdquo;, rememora de esos viejos tiempos.
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                La sede de la cooperativa de Campo de Herrera                            </span>
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        No para de hablar don Senen, los recuerdos se le mezclan con las palabras y se detiene unos segundos para que no se le amontonen en la garganta. Piensa y vuelve con otro hecho que se le qued&oacute; grabado para siempre en su memoria. No hay dudas que la cooperativa lo fue y es todo para &eacute;l. &ldquo;El ingeniero Ullivarri y su equipo&nbsp;fueron todo para nosotros, que lo &uacute;nico que sab&iacute;amos hacer era trabajar. Despu&eacute;s de muchas reuniones firmamos para ser cooperativa y comenzamos. Toda la familia iba a los campos y hasta mis hijos me ayudaban por la tarde, cuando sal&iacute;an de la escuela. Com&iacute;amos lo que hab&iacute;a porque &eacute;ramos muy pobres, ni para un vaso de vino ten&iacute;amos pero el ingeniero estaba con nosotros&rdquo;, recuerda y se sonr&iacute;e.
    </p><p class="article-text">
        Su relato es m&aacute;s intenso cuando cuenta que a los pocos a&ntilde;os Ullivarri llam&oacute; a una asamblea y les inform&oacute; que ya ten&iacute;a la documentaci&oacute;n, se hab&iacute;a saldado la deuda con la Provincia y la propiedad colectiva les pertenec&iacute;a. &ldquo;Qu&eacute; alegr&iacute;a, nos abrazamos entre todos porque trabajamos duro, muy duro. Todo tiene un premio y dos a&ntilde;os despu&eacute;s nos pagaron aguinaldo y vacaciones dobles porque ten&iacute;amos una excelente ca&ntilde;a. Se peleaban los ingenios por comprarnos. Junt&eacute; plata y pude ir por primera vez con mi esposa a Buenos Aires a visitar a familiares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se le pregunta qu&eacute; es Campo de Herrera en su vida, no dud&oacute; ni un segundo. &ldquo;Es como mi familia, tuvimos momentos malos y buenos, pero nos cuidamos entre todos. Algunos no entendieron y se fueron pero los que aguantamos y nos quedamos fuimos felices, vivo tranquilo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>DC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Correa]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 May 2022 04:05:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Campo de Herrera: el pueblo cooperativa que nació con las utopías de los 60, eligió no tener policías y en donde se cuidan entre todos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tucumán,Campo de Herrera,Cooperativas]]></media:keywords>
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