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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Planetaridad]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/planetaridad/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Planetaridad]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cincuenta años de Planetaridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/cincuenta-anos-planetaridad_129_9011362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76ef3c99-bd3e-48f0-b66c-4e6de8822bca_16-9-discover-aspect-ratio_default_1048363.jpg" width="1010" height="568" alt="Salida de la tierra tomada desde la misión del Apolo a la Luna el 24 de diciembre de 1968."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1972, nació, como alternativa a la idea de globalización, la idea de planetaridad. Luego mutó -argumenta Alejandro Galiano- en algo así como la conciencia de habitar un planeta, de estar expuestos a fuerzas físicas naturales y artificiales que irrumpen por debajo del mundo humano que construimos.</p></div><p class="article-text">
        En 1666 el poeta ingl&eacute;s John Dryden us&oacute; la expresi&oacute;n latina <em>annus mirabilis </em>para referir a aquel a&ntilde;o cargado de eventos excepcionales: el incendio de Londres, la peste bub&oacute;nica, la guerra contra Holanda y (esto se sabr&iacute;a m&aacute;s adelante) los desarrollos cient&iacute;ficos de Isaac Newton. Desde entonces, los amantes de las fechas y las enumeraciones han buscado otros <em>anni mirabiles</em>: 1492, 1543, 1759, 1905&hellip; Los criterios son totalmente caprichosos e incluyen hechos positivos y negativos. Por eso result&oacute; ocioso el neologismo <em>annus horribilis </em>popularizado en los a&ntilde;os noventa por la reina Isabel II para referirse al pico de esc&aacute;ndalos familiares.
    </p><p class="article-text">
        1972 fue un <em>annus mirabilis</em>. Quien ojee los diarios y almanaques mundiales de la &eacute;poca, o consulte la entrada correspondiente en Wikipedia, solo encontrar&aacute; atentados terroristas, pruebas nucleares y el gobierno de Salvador Allende. Apenas el cl&iacute;max de la gran narrativa secular de estados, partidos y clases sociales, cuyo ocaso comenzar&iacute;a en 1979; otro <em>annus mirabilis</em>, por cierto: triunfo de Margaret Thatcher, revoluci&oacute;n iran&iacute;, visita de Juan Pablo II a Polonia, gira de Deng Xiaoping por Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, por debajo de ese canto del cisne del siglo XX, 1972 fue tambi&eacute;n el origen de una contranarrativa que llega hasta hoy. Una en la que somos m&aacute;s terr&iacute;colas que humanos, m&aacute;s una especie que una civilizaci&oacute;n. Podemos llamarla &laquo;planetariedad&raquo;. <strong>El t&eacute;rmino surgi&oacute; entre los estudios poscoloniales como alternativa a &laquo;globalizaci&oacute;n&raquo; pero mut&oacute; en algo as&iacute; como la conciencia de habitar un planeta, de estar expuestos a fuerzas f&iacute;sicas naturales y artificiales que irrumpen por debajo del mundo humano que construimos. </strong>Por supuesto que esa conciencia no naci&oacute; s&uacute;bitamente en 1972. Solo que en ese a&ntilde;o se produjeron una serie de hitos que le dieron la forma y visibilidad con las que hoy la conocemos. Lo que sigue no es m&aacute;s que la enumeraci&oacute;n de esos hechos que, hace cincuenta a&ntilde;os, hicieron nacer silenciosamente a este siglo que nos toca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Tierra vista desde afuera</strong>
    </p><p class="article-text">
        El t&eacute;rmino &laquo;La Tierra&raquo; nos conecta casi inevitablemente con la imagen de una bola marmolada azul, verde y blanca flotando en la oscuridad. Esa imagen, m&aacute;s o menos estilizada, es <em>the blue marble</em>, &laquo;la bolita azul&raquo;, una foto sacada el 3 de diciembre de 1972 desde el <em>Apolo 17</em> por Harrison Schmidt, el primer ge&oacute;logo en participar de una misi&oacute;n espacial. Ese a&ntilde;o fue el <em>summit</em> de la carrera espacial: a las dos misiones norteamericanas (<em>Apolo 16</em> y <em>17</em>) se le sumaron la sovi&eacute;tica <em>Luna 20</em> y el lanzamiento de la sonda <em>Pioneer 10</em>, primer objeto humano en salir del sistema solar, que llevaba la <a href="https://cdn.mos.cms.futurecdn.net/hrSAQPtJV8S5BseAh8XohV.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">placa</a> dise&ntilde;ada por Carl Sagan como mensaje para una posible vida extraterrestre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero aquello fue el adi&oacute;s. <em>Apolo 17</em> fue la &uacute;ltima misi&oacute;n hasta la fecha en transportar seres humanos a la Luna. Ese mismo a&ntilde;o Estados Unidos dio por finalizado el programa <em>Apolo</em> y lo reemplaz&oacute; por el m&aacute;s modesto <em>Transbordador espacial</em>. La URSS har&iacute;a otro tanto con el programa <em>Luna</em> en 1976. El esp&iacute;ritu explorador de la Humanidad debi&oacute; conformarse con aventuras m&aacute;s modestas, como la <em>Rep&uacute;blica de Minerva</em>, el enclave libertario fundado en el Pac&iacute;fico Sur por la <em>Phoenix Foundation</em> en enero de 1972 e inmediatamente anexado y desarmado por el reino de Tonga. A&uacute;n as&iacute;, los astros siguieron afect&aacute;ndonos, y de formas m&aacute;s verificables que la astrolog&iacute;a: en agosto del 72 se produjo una tormenta solar cuya fuerza electromagn&eacute;tica desconect&oacute; las comunicaciones telef&oacute;nicas de larga distancia del estado de Illinois y deton&oacute; las minas submarinas que el Ej&eacute;rcito norteamericano, ya en plan de retirada, hab&iacute;a instalado en las costa norte de Vietnam.
    </p><p class="article-text">
        Ver a la Tierra desde afuera fue un hito en nuestra conciencia planetaria. Pero conviene no exagerar sus efectos disruptivos. Harrison Schmidt, el ge&oacute;logo que fotografi&oacute; al planeta entero, al volver a su planeta hizo carrera como legislador republicano negando el cambio clim&aacute;tico. <strong>Viajar al espacio no nos har&aacute; m&aacute;s sabios que ver al planeta al ras del suelo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Tierra vista desde adentro</strong>
    </p><p class="article-text">
        En marzo de 1972 se public&oacute; <em>Los l&iacute;mites del crecimiento</em>, versi&oacute;n en libro del llamado &laquo;Informe Meadows&raquo; del a&ntilde;o anterior. A fines de los a&ntilde;os sesenta un grupo de pol&iacute;ticos y cient&iacute;ficos de una treintena de pa&iacute;ses se reunieron en el Club de Roma para discutir los cambios que el crecimiento econ&oacute;mico estaba causando al ambiente. A tal fin, encargaron al MIT un informe que qued&oacute; a cargo del <em>System Dynamics Group</em>, dirigido por Donella Meadows. El grupo desarroll&oacute; el programa de simulaci&oacute;n inform&aacute;tica <em>World3</em> para correlacionar variables demogr&aacute;ficas, ambientales y energ&eacute;ticas, entre otras, en una proyecci&oacute;n a 50 a&ntilde;os. Las conclusiones eran lapidarias: &laquo;si se mantiene el incremento de la poblaci&oacute;n mundial, la contaminaci&oacute;n, la industrializaci&oacute;n, la explotaci&oacute;n de los medios naturales y la producci&oacute;n de alimentos, sin ninguna clase de variaci&oacute;n, es probable que se llegue al l&iacute;mite total de crecimiento en la tierra, por lo menos durante el pr&oacute;ximo siglo&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El impacto pol&iacute;tico fue inmediato. En junio de ese a&ntilde;o la ONU convoc&oacute; a la &laquo;Conferencia sobre el Medio Ambiente Humano&raquo; en Estocolmo. Ese mismo mes, Sicco Mansholt, comisario de Agricultura de la Comisi&oacute;n Europea, envi&oacute; una carta al presidente de la Comisi&oacute;n proponiendo &laquo;crecimiento cero&raquo;. El debate alrededor de la carta de Mansholt motiv&oacute; un n&uacute;mero especial de la revista <em>Le Nouvel Observateur</em> en donde Andr&eacute; Gorz propuso crecimiento negativo o &laquo;decrecimiento&raquo;, un concepto que ya hab&iacute;a empleado Nicholas Georgescu-Roegen en su libro de 1971 <em>La ley de la entrop&iacute;a y el proceso econ&oacute;mico</em>.
    </p><p class="article-text">
        Desde su exilio madrile&ntilde;o, <strong>Juan Per&oacute;n tambi&eacute;n quiso opinar sobre los l&iacute;mites del crecimiento y en febrero del 72 anticip&oacute; el concepto de Antropoceno</strong>: &laquo;El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que &eacute;l mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biol&oacute;gica, y si contin&uacute;a destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, s&oacute;lo puede esperar verdaderas cat&aacute;strofes sociales para las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. La humanidad est&aacute; cambiando las condiciones de vida con tal rapidez que no llega a adaptarse a las nuevas condiciones. Su acci&oacute;n va m&aacute;s r&aacute;pido que su captaci&oacute;n de la realidad&raquo;. A un a&ntilde;o de la crisis del petr&oacute;leo, el informe Meadows hab&iacute;a detonado una conciencia compartida de vivir en un planeta con recursos finitos y decrecientes. Un shock malthusiano. La revoluci&oacute;n neoliberal de los a&ntilde;os ochenta se dedicar&iacute;a a bombardear a esa conciencia con argumentos tan exitosos que hoy fueron adoptados incluso por sectores autoproclamados progresistas o anti neoliberales.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del shock malthusiano, la conciencia planetaria de 1972 inspir&oacute; otras versiones, m&aacute;s especulativas, de la Tierra vista desde adentro. Ese a&ntilde;o se publicaron <em>Los &aacute;rboles tienen derechos</em>, el libro de Christopher Stone que propone tratar al ambiente como una persona jur&iacute;dica, premisa de la futura ecolog&iacute;a profunda; y <em>Gaia as seen through the atmosphere</em>, el art&iacute;culo en el que <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/persona-interes_129_8397164.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">James Lovelock</a> present&oacute; su hip&oacute;tesis de la Tierra como un sistema cibern&eacute;tico que hace posible la vida. El cine tambi&eacute;n se hizo cargo de la planetariedad: en 1972 se estrenaron <em>Deliverance</em>, de John Boorman y <em>Aguirre, der Zorn Gottes</em>, de Werner Herzog, dos pel&iacute;culas que ponen a prueba la tenue racionalidad humana en un entorno natural desmesurado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a algo en el aire, un detalle infinito. U otra cosa. En diciembre del 72 se produjo un brote de gripe A en Londres, que lleg&oacute; a California y caus&oacute; m&aacute;s de mil muertes. Quiz&aacute;s fue un rezago de la pandemia de 1968; quiz&aacute;s un anticipo de la de 1977 (aunque &eacute;sta se sospecha que fue un <em>lab leak</em> sovi&eacute;tico). No volvi&oacute; a haber alarmas hasta 1997 en Hong Kong. El resto es historia conocida: SARS-CoV 1 en 2002, MERS-CoV en 2012, SARS-CoV 2 en 2019. Las pestes, al igual que los censos, nos recuerdan que somos una poblaci&oacute;n sobre un espacio, mal que le pese al ego instagramero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A veces la Historia cambia en silencio, sin grandes guerras ni revoluciones ni ca&iacute;das de imperios.</strong> Hace exactamente cincuenta a&ntilde;os comenzaba un nuevo siglo, no importa tanto su n&uacute;mero como su lugar: la Tierra. Hay individuos, naciones y clases sociales, pero todo eso est&aacute; apoyado sobre un solo planeta, un entorno material, anterior y externo al lenguaje y a la cultura aunque completamente vulnerable a los asuntos humanos. Lo que hagamos con &eacute;l depender&aacute; de c&oacute;mo articulemos a esos individuos, naciones y clases sociales. Pero no dejemos que las cuestiones particulares eclipsen al problema global, ni nos hagamos los desentendidos. Porque hace cincuenta a&ntilde;os pudimos ver a la Tierra desde afuera y desde adentro, y perdimos para siempre la inocencia respecto al planeta que ocupamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Galliano]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 May 2022 04:39:16 +0000]]></pubDate>
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