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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cordobazo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/cordobazo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Cordobazo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A 55 años del Cordobazo: recuerdos del futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/55-anos-cordobazo-recuerdos-futuro_129_11400378.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64a23b72-056a-4da9-9e25-9818a446611d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A 55 años del Cordobazo: recuerdos del futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La Córdoba revolucionaria 1969-1976", nuevo libro de Ediciones IPS, regresa a los ´70 y se enfoca en la provincia mediterránea para recorrer las causas del levantamiento de obreros y estudiantes que abrió el Cordobazo en 1969, y luego concentrar su mirada en los años posteriores de enfrentamientos y enormes combates de la clase trabajadora. A continuación, fragmentos del primer capítulo. </p></div><p class="article-text">
        La clase obrera cordobesa lleg&oacute; a mayo de 1969 habiendo entrenado sus m&uacute;sculos en una persistente y dura lucha de clases. Una educaci&oacute;n similar hab&iacute;a tenido el movimiento estudiantil, el otro destacado protagonista de esas jornadas de furia colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En ese tiempo, el mundo empezaba a hablar el lenguaje de la rebeli&oacute;n social y de la revoluci&oacute;n. La lucha de clases recorr&iacute;a Europa con el Mayo franc&eacute;s, la Primavera de Praga y el Oto&ntilde;o caliente italiano. El estudiantado aparec&iacute;a como avanzada, apuntando discursiva e ideol&oacute;gicamente contra un sistema capitalista al que las condiciones de bonanza de posguerra empezaban a abandonar. Tras &eacute;l, irrump&iacute;a potente &ndash;aunque un poco m&aacute;s moderado&ndash; el movimiento obrero. El planeta se conmov&iacute;a, adem&aacute;s, por la heroica &ndash;la palabra no tiene nada de exagerado&ndash; resistencia del pueblo vietnamita a la ofensiva militar de la principal potencia del mundo, dejando al desnudo los l&iacute;mites del poder&iacute;o norteamericano.
    </p><p class="article-text">
        Esas conmociones ten&iacute;an que encontrar expresi&oacute;n en la Argentina que regimentaba Ongan&iacute;a. A inicios de 1969, el gobierno de facto empezaba a desdibujarse. Su desgaste reflejaba una progresiva resistencia a las pol&iacute;ticas de ajuste. Resistencia que brotaba por todos los poros de la sociedad y que no har&iacute;a m&aacute;s que profundizarse en el siguiente per&iacute;odo. (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        A fines de aquel mayo tenso, la c&uacute;pula nacional de la CGT confirmaba lo evidente: el fastidio social hacia la dictadura de Ongan&iacute;a se hab&iacute;a extendido como una mancha de aceite por la superficie del territorio nacional. La conducci&oacute;n de Vandor y C&iacute;a. se vio obligada a abandonar el letargo sostenido por casi dos a&ntilde;os: convoc&oacute; a paro nacional el viernes 30 de mayo. C&oacute;rdoba redobl&oacute; la apuesta. La unidad sindical permiti&oacute; adelantar la convocatoria y darle un car&aacute;cter activo: el paro ser&iacute;a de 37 horas y se iniciar&iacute;a el jueves 29 de mayo. Formalmente, el Cordobazo estaba llamado. El olor a llanta y madera quemada empezaba a sentirse en el aire.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La clase obrera toma las calles</strong>
    </p><p class="article-text">
        A las 11 h, como estipulaba la decisi&oacute;n de las conducciones sindicales, se produjo el abandono de los lugares de trabajo. A esa hora, luego de dudas y pol&eacute;micas, la UTA se hab&iacute;a sumado a la medida de fuerza y la par&aacute;lisis de la actividad era total. Desde diversos puntos se ponen en movimiento poderosas columnas obreras. Marchan al centro de la ciudad. Para ser m&aacute;s precisos, marchan al encuentro de la historia.
    </p><p class="article-text">
        El combate ya palpitaba en cada m&uacute;sculo, en cada movimiento de brazos al tomar una barra de hierro o guardar bulones en los bolsillos mientras se dejaban atr&aacute;s las plantas. Las molotov, l&oacute;gicamente, se incorporan al arsenal. Lina Averna, obrera automotriz, lo recuerda casi al detalle: <em>&ldquo;A m&iacute; me toc&oacute; hacer la punta en el abandono de tareas del 29 a las diez y media. Nos subimos a una estanciera del Smata y enfilamos hacia el centro de C&oacute;rdoba. Recuerdo que me agarr&eacute; un susto grande cuando vi en la parte trasera del auto</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>un mont&oacute;n de molotov.&ldquo; </em>(&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        La marea humana iba a chocar con la represi&oacute;n en aquel punto. Las fuerzas policiales, dispuestas a impedir el paso de la multitud hacia el centro, lanzan gases y disparan. La enorme columna se divide. Los enfrentamientos, que se hab&iacute;an iniciado en el microcentro media hora antes, se potencian. Cobran magnitud. Miles de combatientes se despliegan por las calles del barrio G&uuml;emes y los campos de la Ciudad Universitaria. La polic&iacute;a retrocede, deseando no dejarse envolver por aquel enjambre obrero y popular.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad empieza a poblarse de barricadas. En aquel sinf&iacute;n de corridas, piedrazos y gritos, un levantamiento popular va emergiendo de las entra&ntilde;as de la movilizaci&oacute;n y la huelga general. (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        La fragilidad del poder empieza a hacerse evidente. S&aacute;nchez Lahoz, general titular del Tercer Cuerpo del Ej&eacute;rcito, llama a la sede de la CGT y entabla un di&aacute;logo impotente con el secretario general. Amenaza y aconseja. Advierte de la eventual entrada de las FF.AA. en la ciudad. Al otro lado del tel&eacute;fono, Miguel &Aacute;ngel Correa confirma su incapacidad para detener el movimiento en curso. El burocr&aacute;tico dirigente le dice a su interlocutor que &ldquo;no puede ordenar el cese del plan de lucha&rdquo; y que esa facultad &ldquo;es privativa de un plenario&rdquo;. Los eufemismos son impotencia traducida en palabras (&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        Al poder pol&iacute;tico se le escapa el control del territorio. Lo retiene, en apariencia, sobre un punto min&uacute;sculo de la geograf&iacute;a urbana. La ciudad ya est&aacute; en manos de decenas de miles de personas que combaten, apoyados por la simpat&iacute;a de cientos de miles. Cada casa es una trinchera. Cada habitante un partisano: activo o en reserva. (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Las Fuerzas Armadas solo pod&iacute;an entrar a la ciudad cuando las multitudes hubieran abandonado la escena; en el momento en que las masas, agotada su energ&iacute;a en el combate, se retiraran del centro de la ciudad en centr&iacute;fuga din&aacute;mica. Lo contrario implicaba poner al Ej&eacute;rcito frente a las mismas; &ldquo;un desastre de consecuencias imposibles de imaginar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La resistencia se concentra en Barrio Cl&iacute;nicas. Ampar&aacute;ndose en la geograf&iacute;a de las calles estrechas y en la enorme solidaridad de la poblaci&oacute;n, miles de estudiantes y obreros resisten la avanzada represiva. La hostilidad impide avanzar a las tropas; durante una parte importante de la jornada, el Ej&eacute;rcito no puede hacerse con el control del barrio. A las 16 h, temiendo nuevas movilizaciones y acciones, el poder militar adelanta el toque de queda. (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        La lucha dura horas. El avance militar no es un paseo; se combate cuadra a cuadra. Concentrados en los techos, los estudiantes dificultan el accionar de los efectivos. Hacia el final de la noche, sin embargo, el Cl&iacute;nicas ha sido tomado tras una persistente resistencia.
    </p><p class="article-text">
        La cr&oacute;nica de estas horas da testimonio, tambi&eacute;n, del accionar popular en barrios como Yofre, Talleres y Nueva Italia. Se registran intentos de tomas de comisar&iacute;as, barricadas y enfrentamientos parciales. Esos focos aislados son incapaces de torcer la din&aacute;mica general de los acontecimientos. (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Los n&uacute;meros oficiales contabilizan 13 personas muertas o asesinadas. La memoria popular conservar&aacute; cifras varias veces m&aacute;s altas. Los heridos se contar&aacute;n por miles. Los da&ntilde;os alcanzar&aacute;n montos siderales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una semi-insurrecci&oacute;n de masas</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Cordobazo conmovi&oacute; al pa&iacute;s. Abri&oacute;, como hemos dicho, una etapa revolucionaria a escala nacional. Sin embargo, creemos que es posible precisar a&uacute;n m&aacute;s la din&aacute;mica de los acontecimientos; encontrar los puntos de quiebre que marcan la importancia hist&oacute;rica de esa enorme rebeli&oacute;n popular.
    </p><p class="article-text">
        Los hechos, en su conjunto, est&aacute;n estrechamente ligados al llamado a la huelga general. Sin el paro de 37 horas convocado unitariamente por los grandes sindicatos no podr&iacute;an haberse desarrollado los sucesos posteriores. La narrativa de las conducciones gremiales burocr&aacute;ticas ha apelado a este argumento una y otra vez, buscando rescatar su lugar en la historia.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;cadas antes, conceptualizando distintos tipos de huelgas, Rosa Luxemburg hab&iacute;a se&ntilde;alado la existencia de la &ldquo;huelga de protesta pura&rdquo;, defini&eacute;ndola como &ldquo;un acto aislado puramente pol&iacute;tico y breve, realizado y completado de acuerdo a un plan y llevado a cabo con prudencia&rdquo;. La revolucionaria polaca contrapon&iacute;a aquella con la &ldquo;huelga de combate&rdquo;, que expresaba un movimiento de lucha que emerge en tiempos de revoluci&oacute;n y donde se unifican los objetivos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Desde su g&eacute;nesis, el Cordobazo es m&aacute;s que una huelga de protesta pura. Se inscribe en un ciclo ascendente de movilizaciones que recorren el pa&iacute;s y tiene como vanguardia al movimiento estudiantil. No se trata de un hecho aislado. A&uacute;n con los l&iacute;mites impuestos por sus convocantes se emparenta, claramente, con una &ldquo;huelga de combate&rdquo;. Tiene un car&aacute;cter complejo, dual, donde los objetivos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos de la conducci&oacute;n sindical la empujan a la preparaci&oacute;n de una medida de lucha dura contra un r&eacute;gimen represor.
    </p><p class="article-text">
        En el fragor del combate callejero, la huelga con movilizaci&oacute;n se transform&oacute; en levantamiento popular. Al hacerlo, convirti&oacute; en anacr&oacute;nicos los planes originales de la conducci&oacute;n sindical. Tras la represi&oacute;n inicial y los asesinatos, la acci&oacute;n de las masas pas&oacute; de un estadio defensivo a uno ofensivo. En ascendente din&aacute;mica, los enfrentamientos buscaron imponer la derrota a las fuerzas policiales. Lejos de replegarse ante las balas y los gases, trabajadores y estudiantes &ndash;conscientes de su superioridad num&eacute;rica y del apoyo de la poblaci&oacute;n&ndash; avanzaron paso a paso sobre cada esquina y cada cuadra.
    </p><p class="article-text">
        La clase obrera, la juventud y el conjunto de la poblaci&oacute;n, enfrentando la represi&oacute;n policial, se convirtieron en protagonistas de un hecho de indiscutible valor hist&oacute;rico. Se asisti&oacute;, en los hechos, a lo que Lenin defini&oacute; &ndash;d&eacute;cadas antes&ndash; como una acci&oacute;n hist&oacute;rica independiente de las masas; un proceso de movilizaci&oacute;n donde estas superan el control de sus direcciones burocr&aacute;ticas, enfrentando decididamente al poder pol&iacute;tico estatal y quebrantando, en esa din&aacute;mica, la legalidad del propio r&eacute;gimen. Ese tipo de acciones pueden implicar un giro en la historia; el punto de partida de una nueva temporalidad social y pol&iacute;tica. Y el Cordobazo lo fue. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Castilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/55-anos-cordobazo-recuerdos-futuro_129_11400378.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 May 2024 03:08:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cordobazo,Historia Argentina,Política,Córdoba]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El terror nunca es una canción de cuna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/terror-cancion-cuna_129_10613553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3badc5bc-b419-44c2-9eb3-808ec1b75cf8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El terror nunca es una canción de cuna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Confesiones de una escritora "canchera", que estudió Letras y leyó a Barthes, pero confunde realidad con representación durante una pieza performática, armada en base a material del Archivo Biográfico Familiar de las Abuelas de Plaza de Mayo.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>-S&aacute;lvese, amigo, ah&iacute; viene la partida. Son ocho hombres y el capit&aacute;n.&nbsp;&nbsp;</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>Moreira no se inmut&oacute;; mir&oacute; sonriente al espantado paisano que le tra&iacute;a la noticia, y tendi&oacute; hacia el camino su mirada de &aacute;guila.&nbsp;&nbsp;</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>Efectivamente, a distancia de unas veinte cuadras se ve&iacute;a como una ligera nube de polvo que levantaban varios jinetes que ven&iacute;an a gran galope.&nbsp;</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>&nbsp;-S&aacute;lvese, amigo, que tiene tiempo -volvi&oacute; a decir el paisano-; la partida es brava y el capit&aacute;n ha dicho que lo va a llevar muerto o vivo.&nbsp;</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>-Lo siento por el capit&aacute;n -dijo Moreira, sonriente siempre-, porque presumo que no va a volver por sus propias piernas. Agradezco el aviso, paisano -concluy&oacute;-, y v&aacute;yase adentro a ver la funci&oacute;n, porque el malambo va a ser fuerte y son muchos los que van a cepillar.</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em><strong>Juan Moreira</strong></em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, Eduardo Guti&eacute;rrez (1879) </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuenta la leyenda que all&aacute; por 1880 y pico, un paisano que hab&iacute;a ido a ver una representaci&oacute;n teatral de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Juan Moreira</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> basada en la novela de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Eduardo Guti&eacute;rrez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que ficcionaliza las andanzas del gaucho que, a diferencia de</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> Mart&iacute;n Fierro</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, s&iacute; existi&oacute; &ldquo;en la realidad&rdquo;, en la escena en que Moreira se enfrenta con una partida policial, salt&oacute; al escenario fac&oacute;n en mano para defender a su h&eacute;roe. Leonardo Favio inmortaliz&oacute; la leyenda en una pel&iacute;cula de 1973 que tiene uno de los mejores finales del cine argentino y puede verse </span><a href="https://play.cine.ar/INCAA/produccion/405" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">aqu&iacute;</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. Algo similar ocurre con un espectador en esta </span><a href="http://www.youtube.com/watch?v=-hQXPGIrW_U" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">escena de </span></a><a href="http://www.youtube.com/watch?v=-hQXPGIrW_U" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Les Carabiniers</strong></span></a><a href="http://www.youtube.com/watch?v=-hQXPGIrW_U" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;"> de Godard</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. </span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En los dos casos, uno &ldquo;real&rdquo; y otro ficticio, el protagonista se aferra a lo literal, no diferencia realidad de representaci&oacute;n y cree, firmemente, que eso que ve est&aacute; ocurriendo (&iquest;o no es eso, finalmente, aquello que llamamos lo real?). Como si lo que se le pide a la ficci&oacute;n, el veros&iacute;mil (una suspensi&oacute;n de la incredulidad, el famoso contrato con el lector/espectador) deviniera verdad. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El hecho de que el autor del libro, Eduardo Guti&eacute;rrez, fuera periodista no es un dato menor por el realismo del relato, pero tambi&eacute;n el teatro popular siempre tuvo ese efecto de verdad. Y si no, piensen en los t&iacute;teres, cuando los chicos le gritan a Caperucita que el lobo est&aacute; por atacar. Juan Moreira no solo preexiste a los productos art&iacute;sticos que recrean su vida y lo hacen crecer como leyenda, sino que adem&aacute;s revive en cada representaci&oacute;n y en los ojos de quien lo mira. Prueben ver la pel&iacute;cula hoy, a ver qu&eacute; les pasa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pero todo esto es el proleg&oacute;meno de una confesi&oacute;n. Porque yo, que puedo conceptualizar esas cosas, que soy escritora, que estudi&eacute; Letras y le&iacute; a Barthes y adem&aacute;s puedo ver cualquier pel&iacute;cula de terror de noche como si escuchara una canci&oacute;n de cuna porque s&eacute; claramente que eso que me muestra la pantalla no es real; yo, que me hago la canchera, hace muy poco, fui por un rato como el paisano del fac&oacute;n. Solo que no ataqu&eacute; a nadie ni me sub&iacute; a ning&uacute;n escenario, sino que cre&iacute; que las actrices eran esas personas a quienes representaban. Y eso que ni siquiera daban las edades. Y que hab&iacute;a le&iacute;do el programa. &iquest;Eleg&iacute; creer o fui ingenua? No s&eacute;. Tal vez la ingenuidad es algo que nunca se pierde.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">*******</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Fue una tarde soleada de septiembre, el 30, en la reci&eacute;n estrenada primavera, a las 16, en el Parque de la Memoria de Buenos Aires. Llegamos y nos separaron en diferentes grupos para participar del recorrido que propon&iacute;a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La memoria futura - Las voces de las Abuelas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, una pieza perform&aacute;tica armada en base a material del Archivo Biogr&aacute;fico Familiar de las Abuelas de Plaza de Mayo. Se trata de un proyecto art&iacute;stico de Abuelas junto con el Goethe-Institut Buenos Aires, que se estrenar&aacute; en Berl&iacute;n el 28 de octubre, y que reconstruye las historias de esas mujeres que destinaron sus vidas a la b&uacute;squeda de sus nietes. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La obra se hab&iacute;a estrenado el 21 de septiembre en el Parque, frente al R&iacute;o de la Plata. Azul el cielo, azul el r&iacute;o por el que navegaban los veleros. Un ambiente buc&oacute;lico, el c&eacute;sped verde valle, cortado por paredes de cemento con los nombres grabados de personas desaparecidas desde 1969 (el Cordobazo) hasta el fin de la &uacute;ltima dictadura militar, y el edificio que alberga informaci&oacute;n. Un escenario de contrastes. tal vez fue eso: ese fondo disonante, imposible, lo que me adormeci&oacute;. O fue la fuerza de los relatos. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cada grupo segu&iacute;a por los senderos, entre &aacute;rboles, primero a una actriz, despu&eacute;s a otra. Al m&iacute;o le toc&oacute; escuchar la historia de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Buscarita &ldquo;Carmen&rdquo; Imper&iacute; Roa</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, chilena, madre de siete hijos, nacida en 1937. El mayor, Pepe, hab&iacute;a perdido sus dos piernas en un accidente y la familia lo acompa&ntilde;&oacute; a la Argentina para hacer un tratamiento de rehabilitaci&oacute;n. Pepe fue militante de la JUP, fundador del Frente de Lisiados Peronistas y luego se uni&oacute; a Montoneros. Fue secuestrado el 28 de noviembre de 1978 junto con su compa&ntilde;era, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gertrudis Hlaczik</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, y su hija Claudia, en Guernica, y llevado al CDD El Olimpo. En 2000, Buscarita, vicepresidenta de Abuelas, encontr&oacute; a Claudia, quien integra la Comisi&oacute;n Directiva.</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Karina Frau</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la actriz, cont&oacute; todo en primera persona, equivoc&oacute; alg&uacute;n nombre, y su relato, ah&iacute;, en medio del verde y el azul adormecedores, son&oacute; tan veros&iacute;mil que en un momento me descubr&iacute; a m&iacute; misma pensando: no dan las edades. Buscarita-Karina no puede tener 86 a&ntilde;os. Su historia me hizo llorar, ella tambi&eacute;n lloraba, y yo la miraba fijo a los ojos como para acompa&ntilde;ar ese dolor revivido.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Karina Frau, como Buscarita “Carmen” Imperí Roa                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:white;">Luego seguimos a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Florencia Bergallo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en la piel de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sonia Torres</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, cordobesa, de Villa Dolores, 94 a&ntilde;os, &uacute;nica sobreviviente de Abuelas de la filial C&oacute;rdoba. Su hija Silvina, estudiante de Ciencias Econ&oacute;micas, fue secuestrada en marzo junto con su pareja, militantes del PRT-ERP, en Alta C&oacute;rdoba, en marzo de 1976, ella embarazada de seis meses. Florencia-Sonia contaba que su hija era nadadora, y mov&iacute;a los brazos imitando su vuelo de mariposa acu&aacute;tica. Acodada en la baranda frente a esa masa de agua imposible de azul, los veleros m&aacute;s all&aacute;, dec&iacute;a que iba a seguir buscando a ese nieto nacido en cautiverio, y que a&uacute;n no encontr&oacute;. </span>
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            <span class="title">
                Florencia Bergallo, como Sonia Torres                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:white;">No s&eacute; si no quise, no pude o no supe (tomo esta tr&iacute;ada verbal de un ensayo de la historiadora cordobesa</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Mar&iacute;a Laura Ortiz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">) diferenciar ficci&oacute;n y realidad, si el presente y el pasado se me mezclaron o si en eso, precisamente, consisti&oacute; la interrupci&oacute;n temporaria de la incredulidad. Seguramente fue la fuerza de la representaci&oacute;n de las actrices las que lograron esa&hellip; &iquest;sinergia? Y el entorno adormecedor no tuvo que ver. &iquest;Habr&aacute; sido aquel paisano confundido del siglo XIX que reencarn&oacute; en m&iacute; para salvar a Moreira?</span>
    </p><p class="article-text">
        No lo s&eacute;, pero s&iacute; puedo decir que, en definitiva, el terror nunca es una canci&oacute;n de cuna. Y yo sigo buscando explicaciones.
    </p><p class="article-text">
        <em>GS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Saidon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/terror-cancion-cuna_129_10613553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2023 09:20:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El terror nunca es una canción de cuna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Abuelas de Plaza de Mayo,Cordobazo,Parque de la Memoria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cordobazo: anatomía de una pueblada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cordobazo-anatomia-pueblada_129_9032949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf99ca9d-1598-4835-96a1-a351f4d5aa0c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cordobazo: anatomía de una pueblada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 53 años de un gran hito de las luchas populares del siglo XX. El historiador Ezequiel Adamavosky enmarca el Cordobazo en un ciclo de puebladas que se repitieron -y pusieron en jaque- a varias ciudades de la Argentina. El rol de obreros y estudiantes.</p></div><p class="article-text">
        Hoy se cumplen 53 a&ntilde;os del Cordobazo, uno de los hitos m&aacute;s importantes de la historia argentina. Marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n en la resistencia popular contra las medidas dictatoriales y pro-patronales que las clases altas, los militares y algunos gobiernos civiles sin legitimidad ven&iacute;an aplicando desde 1955. A partir de 1969, luego de m&aacute;s de una d&eacute;cada de luchas sindicales con m&eacute;todos m&aacute;s o menos convencionales, el proceso de radicalizaci&oacute;n del movimiento obrero y de la sociedad en general experiment&oacute; un inesperado salto en intensidad con la entrada en escena de una novedosa forma de acci&oacute;n colectiva: <strong>las puebladas</strong>. Fueron movilizaciones masivas que incluyeron enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden, alcanzando a veces el car&aacute;cter de verdaderas rebeliones que pusieron en jaque a ciudades enteras.<strong> Lo caracter&iacute;stico de las puebladas es que involucraron en una misma lucha no s&oacute;lo a los trabajadores, sino tambi&eacute;n a otros sectores de la poblaci&oacute;n, especialmente los estudiantes universitarios y en menor medida los peque&ntilde;os comerciantes, profesionales o simples vecinos y amas de casa. </strong>Los reclamos y motivos que desataron cada una fueron muy diversos, lo mismo que los sectores que las lideraron. Pero en general se trat&oacute; de vastas reacciones contra la dictadura de Ongan&iacute;a en las que, con frecuencia, se expresaron tambi&eacute;n antagonismos de clase y antiimperialistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Entre 1969 y 1973 hubo al menos 15 puebladas de magnitud. Todas tuvieron lugar en ciudades del interior del pa&iacute;s. Las primeras, en mayo de aqu&eacute;l a&ntilde;o, fueron el Correntinazo y el primer Rosariazo, iniciados por reclamos de estudiantes universitarios. Como si fuera la resonancia de un eco, otros &ldquo;azos&rdquo; le siguieron en C&oacute;rdoba (que tuvo dos), en Tucum&aacute;n (tres), un segundo en Rosario y otros en El Choc&oacute;n, Chaco, Cipolletti, Casilda, Gral. Roca, Mendoza y Trelew. En varios de ellos &ndash;como el Choconazo o el &ldquo;Viborazo&rdquo; cordob&eacute;s de 1971&ndash; los que encendieron la mecha fueron los trabajadores, atrayendo luego el apoyo de otros grupos. Pero no siempre fueron obreros o estudiantes los que tuvieron la iniciativa o el liderazgo. En el Rocazo de julio de 1972, por ejemplo, las organizaciones gremiales no tuvieron un papel destacado.&nbsp; Sobresali&oacute;, en cambio, la participaci&oacute;n de una parte de la &eacute;lite pol&iacute;tica, empresarial y profesional de la ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	La pueblada de mayor magnitud fue por lejos el Cordobazo del 29 y 30 de mayo de 1969, que deriv&oacute; en una verdadera insurrecci&oacute;n popular. Los actores decisivos de esta gesta fueron los obreros de las automotrices y de la red de energ&iacute;a el&eacute;ctrica y los estudiantes. Los primeros ven&iacute;an acumulando motivos para el descontento. <strong>En C&oacute;rdoba, la industria automotriz, aprovechando el apoyo del r&eacute;gimen represivo, hab&iacute;a avanzado con las suspensiones y con recortes de salarios que llegaban a un 20%.</strong> Los trabajadores de la Empresa Provincial de Energ&iacute;a El&eacute;ctrica tambi&eacute;n sufrieron deterioros similares en su condici&oacute;n laboral. Adem&aacute;s, lejos de la burocracia sindical porte&ntilde;a, los sindicatos que nucleaban a ambos hab&iacute;an conseguido mantener un buen grado de autonom&iacute;a y una mayor cercan&iacute;a con las bases. El Sindicato de Mec&aacute;nicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) local &ndash;liderado por el peronista de &ldquo;l&iacute;nea dura&rdquo; Elpidio Torres&ndash; se las hab&iacute;a arreglado para retener el control de sus propios fondos y de las negociaciones colectivas en la provincia, lo que le aseguraba una importante independencia respecto de los dirigentes cegetistas que controlaban el gremio a nivel nacional, que carec&iacute;an as&iacute; de medios para &ldquo;disciplinarlo&rdquo;. Por ello mismo en C&oacute;rdoba no exist&iacute;a una distancia tan grande entre dirigentes y dirigidos: en el gremio ten&iacute;an un peso decisivo los cuerpos de delegados y las comisiones internas. Algo parecido pasaba con el sindicato de Luz y Fuerza (LyF). Lo conduc&iacute;a Agust&iacute;n Tosco, un marxista independiente de honestidad legendaria y un firme compromiso con la democracia interna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<strong>Los estudiantes no ten&iacute;an menos motivos para detestar la dictadura. Conformaban por entonces un 10% de los habitantes de la ciudad y estaban acostumbrados a disfrutar de la autonom&iacute;a que hab&iacute;an sabido ganarse.</strong> Pero Ongan&iacute;a hab&iacute;a puesto la Universidad bajo f&eacute;rreo control del r&eacute;gimen. Las clases se suspendieron por un a&ntilde;o, durante el cual se la &ldquo;purg&oacute;&rdquo; de elementos pol&iacute;ticamente indeseables. Ya por entonces se notaba un proceso de radicalizaci&oacute;n animado por la presencia de militantes izquierdistas, tanto del ala peronista como de la marxista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	En este caldo de cultivo sucedi&oacute; el Cordobazo. Desde comienzos del mes los obreros ven&iacute;an desarrollando medidas de fuerza. El asesinato de un estudiante en una protesta en Corrientes a mediados de mayo desat&oacute; una ola de malestar estudiantil en todo el pa&iacute;s y C&oacute;rdoba no fue la excepci&oacute;n. Ante la convocatoria a una huelga general para el d&iacute;a 29, representantes de SMATA, Luz y Fuerza y otros gremios, junto a estudiantes, decidieron marchar conjuntamente al centro de la ciudad. As&iacute;, durante la ma&ntilde;ana del d&iacute;a se&ntilde;alado los obreros de la rama automotriz abandonaron sus puestos de trabajo y se concentraron para movilizarse seg&uacute;n lo planeado. En su avance hacia el centro se les sumaron columnas de estudiantes. Pero la polic&iacute;a les bloque&oacute; el paso, desatando la primera represi&oacute;n. Obligados a dispersarse por los barrios, notaron desde entonces lo que ser&iacute;a un rasgo distintivo del Cordobazo: los vecinos les demostraban su solidaridad saliendo a las calles o alcanz&aacute;ndoles elementos para defenderse de la polic&iacute;a. Cuando lograron reagruparse otra vez les cay&oacute; encima la represi&oacute;n, que esta vez se cobr&oacute; la vida de un joven trabajador, M&aacute;ximo Mena. Presa de la indignaci&oacute;n, la columna carg&oacute; contra la polic&iacute;a y logr&oacute; ponerla en retirada. De pronto, el centro de la ciudad hab&iacute;a quedado liberado de presencia policial y lo que hab&iacute;a empezado como una manifestaci&oacute;n ordenada se transform&oacute; en una revuelta espont&aacute;nea. Gente de los sectores medios, que hasta entonces miraba la acci&oacute;n desde los balcones, se lanz&oacute; a las calles en apoyo de los obreros y estudiantes. Para entonces se hab&iacute;a sumado ya la columna de Luz y Fuerza y otros grupos estudiantiles, que ven&iacute;an avanzando desde la otra punta de la ciudad. Pasado el mediod&iacute;a la multitud rebelde ocupaba toda la parte oeste de C&oacute;rdoba. Los dirigentes sindicales trataban de controlar la situaci&oacute;n y trazar alguna estrategia, pero fueron totalmente desbordados; para entonces la revuelta ya era espont&aacute;nea e incontrolable. Llegada la tarde, Agust&iacute;n Tosco busc&oacute; organizar la resistencia haci&eacute;ndose fuerte en el barrio Cl&iacute;nicas, basti&oacute;n de los estudiantes, que segu&iacute;an en las calles junto a los obreros y a muchos otros que no eran lo uno ni lo otro pero se sumaron a la acci&oacute;n. En el Cl&iacute;nicas los rebeldes sumaban unos 50.000.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	En vistas de la situaci&oacute;n, el gobierno no dud&oacute; en enviar al Ej&eacute;rcito. Para las seis de la tarde las tropas avanzaban hacia la zona de barricadas. Pero entonces hizo su aparici&oacute;n una nueva forma de resistencia: <strong>desde las terrazas de pronto se hicieron notar francotiradores que disparaban contra los militares. </strong>Eran unos pocos, militantes peronistas, marxistas e incluso de la UCR, mal armados; actuaban sin coordinaci&oacute;n, cada uno por su cuenta. As&iacute; y todo fueron fundamentales para retrasar la marcha del Ej&eacute;rcito. <strong>Desde la Semana Tr&aacute;gica que no se ve&iacute;a en la Argentina una insurrecci&oacute;n de tal magnitud.</strong> Poco despu&eacute;s llegaron las organizaciones pol&iacute;ticas, a las que los hechos hab&iacute;an tomado por sorpresa. La resistencia popular que imped&iacute;a a las tropas lanzarse al asalto final fue tan enorme, que llevar&iacute;a al general Elidoro S&aacute;nchez Lahoz, a cargo de la represi&oacute;n, a expresar una confesi&oacute;n de inusual franqueza: &ldquo;Me pareci&oacute; ser jefe de un ej&eacute;rcito brit&aacute;nico durante las invasiones inglesas: La gente tiraba de todo desde sus balcones y azoteas&rdquo;. Para el amanecer del d&iacute;a 30 en el barrio Cl&iacute;nicas los rebeldes todav&iacute;a resist&iacute;an. Pero el Ej&eacute;rcito finalmente lanz&oacute; su ofensiva final y logr&oacute; retomar el control de la ciudad. El Cordobazo hab&iacute;a terminado. El reporte oficial cont&oacute; doce muertos, pero la cifra real puede haber llegado a los sesenta, con un n&uacute;mero mucho mayor de heridos. Los principales dirigentes sindicales y decenas de manifestantes fueron a la c&aacute;rcel, algunos con largas condenas. Pero la insurrecci&oacute;n le cost&oacute; inmediatamente el puesto al gobernador militar y le dej&oacute; a Ongan&iacute;a los d&iacute;as contados: un a&ntilde;o despu&eacute;s el orgulloso general ser&iacute;a forzado a renunciar por sus propios camaradas de armas.
    </p><p class="article-text">
        De alguna manera, el Cordobazo fue una bisagra entre el per&iacute;odo de la Resistencia y los tiempos del auge de la lucha armada que se abrieron luego del &rsquo;69. <strong>A diferencia de puebladas posteriores, no hubo en el Cordobazo elementos expl&iacute;citamente anticapitalistas (aunque la destrucci&oacute;n selectiva de edificios de algunas empresas multinacionales indica al menos una conciencia antiimperialista).</strong> Tampoco exigi&oacute; la multitud entonces el regreso de Per&oacute;n. Se trat&oacute; b&aacute;sicamente de una pueblada unificada en su rechazo a la dictadura. La penetraci&oacute;n de ideas revolucionarias todav&iacute;a no era muy visible entre la mayor&iacute;a de los participantes. As&iacute; y todo, el Cordobazo llen&oacute; de entusiasmo a los j&oacute;venes que por entonces se alistaron masivamente en las diversas organizaciones de izquierda que exist&iacute;an por todo el pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>EA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ezequiel Adamovsky]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 May 2022 03:01:58 +0000]]></pubDate>
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