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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Democracias liberales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/democracias-liberales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Democracias liberales]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Crisis de la democracia liberal?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/crisis-democracia-liberal_1_9033700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd3b164f-3efe-466a-8d65-6aef142ade5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Crisis de la democracia liberal?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El funcionamiento de las instituciones es una condición necesaria pero no suficiente en la solidez democrática. En un escenario de crisis de representación y erosión del poder decisorio soberano, las sociedades civiles latinoamericanas siguen sin embargo dando muestra de las capacidades creativas de la democracia.</p></div><p class="article-text">
        En su discurso inaugural de asamblea legislativa de este a&ntilde;o, el presidente de los Estados Unidos, Joseph Biden, afirm&oacute; que el prop&oacute;sito de su gesti&oacute;n era salvar la democracia. Meses antes, en diciembre de 2021, el mismo presidente convoc&oacute; a una conferencia global con participaci&oacute;n de actores gubernamentales, de la sociedad civil y del sector privado para debatir la renovaci&oacute;n de la democracia. Estos llamados en defensa del r&eacute;gimen pol&iacute;tico tuvieron lugar luego del evento del 6 de enero de 2021 cuando el Congreso de Estados Unidos&mdash;instituci&oacute;n emblem&aacute;tica de la democracia m&aacute;s antigua del mundo&mdash;fue, por primera vez en su historia, foco de violencia durante una transici&oacute;n presidencial al fin de la gesti&oacute;n del expresidente, Donald Trump. En este contexto, es importante preguntarse: <strong>&iquest;est&aacute; en crisis la democracia liberal? &iquest;y en qu&eacute; medida los problemas de las democracias latinoamericanas deber&iacute;an leerse en la misma clave?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las mediciones sobre el estado de las democracias en el mundo utilizan distintas bases de datos (Freedom House, Varieties of Democracy, World Value Survey, Polity, etc.) con resultados dis&iacute;miles. Algunos estudios han reportado una reducci&oacute;n y deterioro en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de las democracias a nivel mundial. Otros, focalizados en valores y disposiciones actitudinales, indican un declive pronunciado de la confianza en las instituciones pol&iacute;ticas entre los m&aacute;s j&oacute;venes. Algunos, a su vez, identifican cambios generacionales que se reflejan en un clivaje demogr&aacute;fico entre las zonas rurales y las urbanas acentuando la desafecci&oacute;n democr&aacute;tica de las personas mayores. Sin embargo, estos estudios han sido disputados por aquellos que sostienen que el n&uacute;mero de las democracias se mantiene en niveles hist&oacute;ricos altos y que <strong>el mejor predictor de deconsolidaci&oacute;n democr&aacute;tica en reg&iacute;menes avanzados sigue siendo el nivel de desarrollo econ&oacute;mico y el ingreso per c&aacute;pita. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde la teor&iacute;a pol&iacute;tica, parte del problema reside, precisamente, en que muchas de las instituciones democr&aacute;ticas medidas por estas bases de datos persisten en su funcionamiento formal aunque vaciadas de su aspiraci&oacute;n incluyente. Colin Crouch ha denominado &ldquo;pos-democracia&rdquo; este estadio (iniciado en la d&eacute;cada de los 70) caracterizado por la permanencia de elementos caracter&iacute;sticos de la democracia representativa (elecciones libres y competitivas, separaci&oacute;n de poderes, libertad de expresi&oacute;n, alternancia en el poder, etc.) aunque su vaciamiento social ha permitido una<strong> creciente disociaci&oacute;n entre las preferencias de las mayor&iacute;as ciudadanas y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en particular a favor de elites econ&oacute;micas globalizadas.</strong> La par&aacute;bola, seg&uacute;n Crouch, es un retorno a los problemas de la pre-democracia con andamios solo formalmente democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an entonces los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos que sugerir&iacute;an la existencia de la crisis de la democracia liberal? En primer lugar,<strong> se se&ntilde;ala una crisis de representaci&oacute;n pol&iacute;tica que ha da&ntilde;ado el sistema de partidos tradicional</strong> caracterizado por visiones program&aacute;ticas definidas de derecha e izquierda. Un ejemplo, entre otros, del vaciamiento institucional lo ofrece el estudio de Peter Mair sobre la transformaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos de masas, que dejaron de agrupar y mediar las preferencias ciudadanas ante el Estado, para convertirse en estructuras de permanencia en el poder con plataformas ideol&oacute;gicas <strong>cada vez menos aglutinantes y formadoras de identidades colectivas y m&aacute;s sensibles a los intereses econ&oacute;micos que financiaron a los pol&iacute;ticos </strong>de carrera. Esta laxitud ideol&oacute;gica afect&oacute; al amplio espectro de la centro-izquierda del norte global (el partido dem&oacute;crata en Estados Unidos, el laborismo brit&aacute;nico, la social democracia alemana, el partido dem&oacute;crata italiano y el socialismo franc&eacute;s) y se tradujo en una mayor dificultad de los gobiernos en dar respuesta a las necesidades y preferencias de las mayor&iacute;as. Martin Gilens y Benjamin Page han concluido en base a un an&aacute;lisis de dos mil pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a nivel federal en Estados Unidos que las decisiones de gobierno <strong>responden al 10 por ciento m&aacute;s rico del pa&iacute;s dejando al restante 90 por ciento de la poblaci&oacute;n gozar de una &ldquo;democracia por coincidencia&rdquo;,</strong> es decir, solo cuando aleatoriamente sus preferencias son las mismas que las del percentil superior. &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Erosi&oacute;n, desconexi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El desacople entre la ciudadan&iacute;a y la dirigencia pol&iacute;tica se entiende como parte de la <strong>erosi&oacute;n del poder decisorio soberano </strong>cada vez m&aacute;s alejado del proceso de toma de decisiones que ha pasado a ser jurisdicci&oacute;n de una elite tecnocr&aacute;tica, aislada y amparada en un conocimiento burocratizado y complejo que no debe confiarse ni delegarse en las grandes mayor&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Esta<strong> brecha de representatividad </strong>se ve agravada, seg&uacute;n diversos autores, por la creciente y sostenida desigualdad econ&oacute;mica caracterizada por el estancamiento de los ingresos medios y bajos, la reducci&oacute;n en las tasas de crecimiento a nivel nacional, y la <strong>desconexi&oacute;n ascendente entre el nivel de productividad y la compensaci&oacute;n de la clase trabajadora. </strong>Esta desigualdad socio-econ&oacute;mica de ingresos, riqueza y oportunidades, por un lado, ha debilitado la capacidad de acci&oacute;n colectiva de la ciudadan&iacute;a (con sindicatos ya debilitados) y, por el otro, <strong>ha socavado la l&oacute;gica de eficiencia del mercado y la creencia en el progreso material generaciona</strong>l que ha hecho viable, hasta ahora, la relaci&oacute;n entre capitalismo y democracia. 
    </p><p class="article-text">
        El correlato de este desamparo ciudadano, a los ojos de varios autores, es la emergencia de la pol&iacute;tica de los <em>outsiders</em>, anti-sistema, anti-elite usualmente etiquetada (mal o bien) como populistas de derecha e izquierda <strong>cuya l&oacute;gica pol&iacute;tica es la de la polarizaci&oacute;n extrema que impide el reconocimiento del oponente pol&iacute;tico como actor leg&iacute;timo </strong>en la consecuci&oacute;n de sus intereses. En este juego de extremos, la radicalizaci&oacute;n de las derechas expresada en su nativismo y xenofobia ha advocado por la redefinici&oacute;n de la democracia en t&eacute;rminos &eacute;tnicos y racistas. 
    </p><p class="article-text">
        Las capacidades estatales, cada vez m&aacute;s d&eacute;biles e ineficientes en la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos, son a la vez m&aacute;s omnipresentes en su funci&oacute;n represora como garante del orden p&uacute;blico progresivamente m&aacute;s amenazado por las manifestaciones de ciudadanos con demandas b&aacute;sicas insatisfechas. <strong>Una ciudadan&iacute;a que, aunque frustrada, desafectada y desconfiada, muestra una importante capacidad de movilizaci&oacute;n y participaci&oacute;n. </strong>El enojo y la indignaci&oacute;n, no la apat&iacute;a, han pasado a ser las emociones predominantes en la esfera p&uacute;blica transformada en un espacio m&aacute;s reactivo que deliberativo. 
    </p><p class="article-text">
        La deliberaci&oacute;n se ha visto afectada por un lenguaje reiterado, vac&iacute;o, e impenetrable de los pol&iacute;ticos y por<strong> medios de comunicaci&oacute;n que en gran medida claudicaron en su funci&oacute;n de esclarecer e informar al debate c&iacute;vico. </strong>Todo esto recalcitrado por la<strong> din&aacute;mica de las redes sociales que facilitan mayor polarizaci&oacute;n, desinformaci&oacute;n, espionaje, vigilancia, alienaci&oacute;n, destrucci&oacute;n de la privacidad</strong>, y formaci&oacute;n de clivajes culturales e identitarios irreconciliables. Se ha revertido la relaci&oacute;n hist&oacute;rica con la tecnolog&iacute;a: ya no es un instrumento que utilizamos para controlar el mundo externo sino m&aacute;s bien una racionalidad dominante y un modo de creaci&oacute;n de riqueza&mdash;en manos de un pu&ntilde;ado de actores econ&oacute;micos que escapan al contralor pol&iacute;tico&mdash;que moldea y circunscribe nuestra subjetividad ciudadana con implicancias debilitantes para la democracia. 
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Y Am&eacute;rica latina?</h3><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde se ubicar&iacute;a Latinoam&eacute;rica en esta narrativa? El diagn&oacute;stico expuesto ata&ntilde;e principalmente a las democracias consolidadas y modernizadas del mundo euro-atl&aacute;ntico que estar&iacute;an confrontando una par&aacute;bola de decadencia en relaci&oacute;n al per&iacute;odo de oro que se prolong&oacute; durante los treinta a&ntilde;os de posguerra. Latinoam&eacute;rica, por su parte, ha recorrido una trayectoria democr&aacute;tica distinta que se reinicia con la tercera ola de democratizaci&oacute;n durante las d&eacute;cadas de los 80 y 90. El an&aacute;lisis de sus sociedades ha sido hist&oacute;ricamente ce&ntilde;ido a una mirada teleol&oacute;gica de progreso econ&oacute;mico y pol&iacute;tico hacia los estadios superiores caracter&iacute;sticos de las democracias desarrolladas. Los estudios sobre las democracias latinoamericanas contempor&aacute;neas han enfatizado tanto la debilidad institucional como la desigualdad en las explicaciones de la baja calidad democr&aacute;tica en relaci&oacute;n a sus contrapartes del norte. 
    </p><p class="article-text">
        La literatura vigente de la crisis de la democracia liberal <strong>sugiere, en cambio, una reversi&oacute;n de esa teleolog&iacute;a. </strong>Primero, la convergencia de los problemas nos permite afirmar, de modo algo apresurado, que<strong> cada vez m&aacute;s ellos se parecen a nosotros con instituciones fallidas y altos coeficientes de desigualdad social</strong>. Segundo, y m&aacute;s importante, esta convergencia esconde un aspecto importante, esto es, que<strong> el funcionamiento de las instituciones es una condici&oacute;n necesaria pero no suficiente en la solidez democr&aacute;tica. </strong>El an&aacute;lisis sobre la crisis de la democracia liberal se&ntilde;ala precisamente que <strong>la regresi&oacute;n democr&aacute;tica transcurre, no a pesar, sino a trav&eacute;s de las instituciones caracter&iacute;sticamente liberales formalmente igualadoras y republicanas</strong>. En este sentido, hay mucho por aprender de la capacidad de adaptaci&oacute;n de nuestras instituciones. Son las sociedades <em>civiles</em> latinoamericanas las que a trav&eacute;s de la movilizaci&oacute;n y la reapropiaci&oacute;n de mecanismos institucionales tradicionales <strong>siguen dando se&ntilde;ales de las capacidades creativas (no reactivas) de la democracia </strong>en la creaci&oacute;n de nuevas identidades colectivas.
    </p><p class="article-text">
        Los niveles de desigualdad tambi&eacute;n esconden coincidencias y diferencias. Por un lado, las sociedades desarrolladas han generado desigualdad simult&aacute;neamente con un nivel de riqueza nacional sin correlato en la mayor&iacute;a de las democracias del sur. Decisi&oacute;n e imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica mediante, contar&iacute;an con los recursos necesarios para revertir las injusticias de ingreso y oportunidades que las afectan adversamente. Por otro lado, las sociedades latinoamericanas<strong> han importado del norte no los &iacute;ndices de desigualdad sino la interpretaci&oacute;n valorativa de la desigualdad entendida como relaci&oacute;n social</strong>. El ethos neoliberal, hoy instalado en gran parte de las democracias, interpreta la posici&oacute;n relativa en la escala de ingresos en t&eacute;rminos de merecimiento individual. No hay injusticia social en la desigualdad, hay humillaci&oacute;n individual&mdash;a pesar de que los desequilibrios estructurales impidan seguir leyendo las desigualdades sociales como correlatos de la eficiencia y las capacidades individuales. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/crisis-democracia-liberal_1_9033700.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 May 2022 03:01:57 +0000]]></pubDate>
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