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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - celos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/celos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - celos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[De celos y celosos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/celos-celosos_129_11321029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/272da87e-fced-4286-b0e6-16ea5371e1b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De celos y celosos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Existen celos neuróticos, de rivalidad con un tercero, y celos narcisistas, basados en el valor que se obtiene a partir del otro, pero ¿cuál es la razón profunda por la que poner celosa a otra persona?</p></div><p class="article-text">
        En otras ocasiones escrib&iacute; para este medio sobre los celos. Creer&iacute;a que, con el tiempo, varias de estas notas podr&iacute;an compilarse y armar un breve ensayo sobre la cuesti&oacute;n. El punto es que el tema insiste y, cada vez que creo que dije algo preciso, a los d&iacute;as me doy cuenta de que hay otra arista de la cuesti&oacute;n que falt&oacute; explorar.
    </p><p class="article-text">
        En esta oportunidad, destacar&eacute; dos matices que no consider&eacute; antes. Por un lado, una observaci&oacute;n general sobre los celos narcisistas, en particular cuando se manifiestan en los varones. Y, por otro lado, una puntualizaci&oacute;n sobre el modo en que poner celoso a otro, en el caso de la mujer, no es necesariamente una actitud hist&eacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        Estoy seguro de que lo que plantee en esta columna tambi&eacute;n ser&aacute; insuficiente y necesitar&aacute; futuras enmiendas, pero pasemos a la primera observaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pong&aacute;monos de acuerdo en que hay tantas clases de celos como celosos, pero en t&eacute;rminos generales se podr&iacute;a distinguir entre los celos neur&oacute;ticos &ndash;de rivalidad con un tercero, claramente ed&iacute;picos&ndash; y los celos narcisistas basados en el valor que se obtiene a partir del otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los celos narcisistas, adem&aacute;s, tienen como refuerzo inconsciente la envidia hacia el otro. Esto se ejemplifica en una actitud que, como todo en psicoan&aacute;lisis, parece lo contrario; me refiero a los varones que se ocupan denodadamente del goce de la mujer en la relaci&oacute;n sexual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin que sea la &uacute;nica interpretaci&oacute;n, en el marco de la envidia inconsciente la traducci&oacute;n de esa actitud es: yo te doy algo, porque tengo algo, que vos no. Es decir, esa pseudo-gratificaci&oacute;n es en verdad castradora.
    </p><p class="article-text">
        Los narcisistas suelen jactarse de lo buenos amantes que son, sin reconocer que usan el sexo con fines que no son er&oacute;ticos &ndash;sino agresivos&ndash;.&nbsp;Entonces, el narcisista envidioso no tolera ning&uacute;n deseo en su pareja del que &eacute;l no sea la causa. Su s&iacute;ntoma est&aacute; en la dependencia, que confirma la ra&iacute;z oral (no f&aacute;lica) de su fijaci&oacute;n: en la medida en que depende de su pareja, se aleja o la detesta; pero lo m&aacute;s intolerable es que ella dependa de &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo punto es importante, porque revela la falta de integraci&oacute;n de impulsos (amorosos y hostiles), pero sobre todo c&oacute;mo la envidia no le permite ser protector, preocuparse por el otro ni dar algo sin sentir que se lo pueden sacar. No puede admitir la dependencia de otro sin sentirse usado.
    </p><p class="article-text">
        En este punto se parece al hist&eacute;rico. No puede depender de otro ni permitir que dependan de &eacute;l, es decir, la envidia lo inhabilita para relaciones afectivas de realizaci&oacute;n rec&iacute;proca. 
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito de la histeria, pasemos a la segunda nota. 
    </p><p class="article-text">
        En una pareja, de vez en cuando uno busca que el otro tenga celos. Esta estructura es m&aacute;s com&uacute;n en mujeres con varones. El punto es entender su raz&oacute;n profunda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se dan con esta estructura, antes que un &ldquo;histeriqueo&rdquo;, creo que se trata de un modo indirecto de rectificar algo del deseo del var&oacute;n que, en pareja, puede ser un poco mon&oacute;tono y repetitivo &ndash;si no condesciende demasiado directamente a la satisfacci&oacute;n&ndash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otra manera, es como si ella le dijera: &ldquo;No te olvides de que haya alg&uacute;n rodeo&rdquo;. No se trata de que ella quiera ser deseada por otro, sino de que a trav&eacute;s de ese otro deseo le muestra a &eacute;l algo de lo m&aacute;s propio del deseo humano en su diferencia con el goce animal: la mediaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltima instancia, es como si se ofreciera al otro en la pareja un soporte para que esa escena le sirva para representarse. No lo veo como una forma de amenaza de castraci&oacute;n (&ldquo;mir&aacute; que pod&eacute;s perderme&rdquo;) sino todo lo contrario, es m&aacute;s bien como una oportunidad antes de la p&eacute;rdida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima distinci&oacute;n es importante para pensar que, a diferencia de lo que propone el sentido com&uacute;n (incluso del psicoan&aacute;lisis), la mujer que busca poner celoso a un hombre no es que no lo quiera. Al contrario, esa es una forma desesperada de quererlo, a la espera de que &eacute;l haga algo, que recupere un lugar simb&oacute;lico del que est&aacute; destituido.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/celos-celosos_129_11321029.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Apr 2024 09:24:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De celos y celosos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[celos,Parejas,Histeria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Celos: ¿existe algún modo de controlarlos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/como-controlar-los-celos_1_9132613.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6888c7b0-8bc5-4c77-b67f-840b4b90d07c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: Pixabay"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los celos son un sentimiento que aparece en muchas historias de pareja. A menudo no pasan de una inquietud pasajera, pero en ciertos casos se tornan patológicos y dificultan la continuidad de la relación y la vida de sus miembros.</p></div><p class="article-text">
        Los celos constituyen un sentimiento casi universal. Deben ser pocas las personas -si es que existen- que hayan estado en pareja y puedan asegurar que jam&aacute;s han sentido ni un poquito de celos. De hecho, no es algo exclusivo de las relaciones de pareja: los celos <strong>son una respuesta emocional ante la amenaza</strong> (real o imaginaria) de perder algo que se considera propio. Incluso se habla de celos para referirse a la envidia ante los logros de alguien m&aacute;s. Pero los que m&aacute;s problemas generan son, sin duda, los celos en la pareja.
    </p><p class="article-text">
        A menudo se afirma que sentir &ldquo;un poco&rdquo; de celos puede verse incluso como algo positivo, pues quiere decir que &ldquo;tu pareja te importa&rdquo;. Si no sintieras nada de celos -concluye ese razonamiento- tal relaci&oacute;n equivaldr&iacute;a al desamor.<strong> &iquest;Es esto correcto, o lo deseable ser&iacute;a no sentir nada de celos?</strong> &ldquo;Somos seres humanos, no robots, y no siempre tenemos un control absoluto sobre las emociones que se nos activan seg&uacute;n en qu&eacute; situaciones&rdquo;, explica, consultado al respecto, el psic&oacute;logo Rafael San Rom&aacute;n, miembro del equipo de la aplicaci&oacute;n <a href="https://ifeelonline.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ifeel</a> y de la ONG <a href="https://www.imaginamas.org/inicio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Imagina M&aacute;s</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay emociones que no pueden desaparecer por completo y para siempre por mucho que nos empe&ntilde;emos en ello&rdquo;, contin&uacute;a el especialista. Por lo tanto, lo que cree es que -m&aacute;s que enfocarse en erradicar todo atisbo de celos- lo que m&aacute;s le conviene a la persona que los experimenta es tratar de &ldquo;<strong>entender en qu&eacute; consisten, de d&oacute;nde vienen</strong>, c&oacute;mo los expresa, c&oacute;mo los maneja, si hay algo que se pueda modificar en ese patr&oacute;n para que no se sienta tan mal en ciertas situaciones y, por supuesto, no se lo haga pasar mal a otras personas&rdquo;. En suma, que &ldquo;pueda tener relaciones de pareja m&aacute;s sanas y adultas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;De d&oacute;nde vienen los celos?</h3><p class="article-text">
        Al analizar la cuesti&oacute;n de los celos siempre surge el concepto de inseguridad: las personas m&aacute;s tendientes a ponerse celosas son las que tienen menos confianza en s&iacute; mismas y una baja autoestima. De alguna manera, <strong>el celoso siente que &ldquo;no merece&rdquo; o &ldquo;no es digno&rdquo;</strong> del amor de su pareja y que, en consecuencia, esta se marchar&aacute; de su vida en cuanto tenga oportunidad. En la persona celosa, la autocompasi&oacute;n suele ir de la mano de la hostilidad.
    </p><p class="article-text">
        San Rom&aacute;n, de todos modos, enfatiza que, aunque se puedan establecer ciertos patrones, siempre debe examinarse cada caso en particular. Y destaca que &ldquo;no es lo mismo sentir una punzadita cuando nos sentimos un poco dejados de lado por nuestra pareja, o sentir algo de incomodidad cuando pensamos que alguien puede estar coqueteando con ella, que <strong>pretender prohibirle hablar con ciertas personas</strong> o hacerle una escena violenta si lo hace&rdquo;. Cuando se producen situaciones como estas &uacute;ltimas, los celos ya han alcanzado el grado de patol&oacute;gicos.
    </p><h3 class="article-text">Efectos de los celos patol&oacute;gicos</h3><p class="article-text">
        Los celos patol&oacute;gicos conducen hacia una especie de paranoia: la persona que los experimenta ve, en cualquier hecho, <strong>indicios que alimentan sus conjeturas acerca de que su pareja lo enga&ntilde;a</strong>, o ya no la quiere, o la situaci&oacute;n que sea que lo hace sentir mal. Esto, de manera inevitable, tiene un impacto en la relaci&oacute;n. En muchos casos se produce una especie de c&iacute;rculo vicioso: las discusiones, peleas y disgustos debidos a los celos deterioran el v&iacute;nculo y llevan a la otra persona a asumir un comportamiento m&aacute;s distante, algo que el celoso interpreta como una confirmaci&oacute;n de sus sospechas.
    </p><p class="article-text">
        Tal situaci&oacute;n de celos patol&oacute;gicos -tambi&eacute;n <strong>conocida como celotipia</strong>- conduce a actitudes como revisar el tel&eacute;fono m&oacute;vil, el bolso y dem&aacute;s pertenencias de la otra persona, a vigilarla y espiarla, a veces incluso a trav&eacute;s de detectives privados. Si adem&aacute;s en el celoso existe un contexto de trastornos psiqui&aacute;tricos o neurol&oacute;gicos, su situaci&oacute;n puede derivar en <strong>el llamado </strong><a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S092493381732237X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">s&iacute;ndrome de Otelo</a>, en alusi&oacute;n al personaje de Shakespeare: un trastorno psic&oacute;tico asociado con hostilidad, irritabilidad y violencia.
    </p><h3 class="article-text">C&oacute;mo puede la terapia ayudar a superar los celos</h3><p class="article-text">
        Con frecuencia las personas que experimentan celos -y padecen debido a ellos- reciben consejos: que levanten la autoestima y refuercen su confianza en s&iacute; mismas, que <strong>conf&iacute;en en la persona con la que est&aacute;n</strong>, que tomen consciencia de que esa otra persona elige ser su pareja, que eviten las <a href="http://www.scielo.org.co/pdf/acp/v20n2/es_0123-9155-acp-20-02-00042.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">rumiaciones mentales</a>, es decir, los pensamientos negativos que vuelven una y otra vez y que generan una &ldquo;vulnerabilidad cognitiva&rdquo; y puede derivar en trastornos de ansiedad y del estado de &aacute;nimo, etc.
    </p><p class="article-text">
        Pero <strong>poner en pr&aacute;ctica todos esos consejos puede no ser sencillo</strong>. Por eso, la terapia puede resultar de gran ayuda. &ldquo;No es el &uacute;nico camino posible, pero s&iacute; uno muy aconsejable&rdquo;, apunta Rafael San Rom&aacute;n. &ldquo;Siempre que una persona o una pareja sufre mucho por algo relacionado con sus emociones, sus creencias, su conducta, etc., es recomendable que acuda a una terapia&rdquo;, apunta el profesional.
    </p><p class="article-text">
        Varios <a href="http://www.revistas.unam.mx/index.php/repi/article/view/15482" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> han demostrado que la terapia cognitiva conductual tiene <strong>una importante eficacia , entre un 75 y 100%</strong>, en el tratamiento de los celos patol&oacute;gicos. Para ello, se basa en dos t&eacute;cnicas que en general dan buenos resultados. La <strong>primera de esas t&eacute;cnicas es la exposici&oacute;n</strong>, que consiste b&aacute;sicamente en hacer que la persona celosa se enfrente en su imaginaci&oacute;n a las situaciones que le generan celos. Poco a poco, con ayuda del terapeuta, esos pensamientos perder&aacute;n su capacidad de generar ansiedad, malestar y otras emociones desagradables.
    </p><p class="article-text">
        La segunda t&eacute;cnica es la llamada &ldquo;de prevenci&oacute;n de respuesta&rdquo;, y tiene el objetivo de <strong>impedir que la persona celosa realice rituales de control</strong>: llamar por tel&eacute;fono a su pareja para saber qu&eacute; est&aacute; haciendo, revisar sus pertenencias o su correspondencia, etc. Esto tambi&eacute;n se debe realizar de forma gradual, a trav&eacute;s de las indicaciones del terapeuta, y contribuye a bajar los niveles de ansiedad.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n <strong>la terapia breve estrat&eacute;gica</strong> da buenos resultados en el tratamiento de los celos: su eficacia ronda el 90%, seg&uacute;n la psic&oacute;loga <a href="http://www.juliapascual.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Julia Pascual</a>. La maniobra fundamental que esta profesional destaca consiste en pedir a la persona celosa que apunte -en el momento en que las nota- todas las se&ntilde;ales que la llevan a pensar que su pareja miente, la enga&ntilde;a, la traiciona, etc. El objetivo del terapeuta es, en cada sesi&oacute;n, ampliar la mirada del paciente, sembrar dudas sobre su versi&oacute;n de los hechos, para que las creencias err&oacute;neas se vayan desmontando por s&iacute; solas.
    </p><p class="article-text">
        El <strong>abordaje cognitivo conductual propone un trabajo similar</strong>: cuestionar las evidencias de la persona celosa, y en consecuencia cuestionar tambi&eacute;n la consistencia interna y la plausibilidad de que est&eacute; sucediendo lo que ella imagina. Por &uacute;ltimo, se trata de ofrecer una explicaci&oacute;n alternativa de los acontecimientos. Todo con la finalidad de ayudar a la persona a salir del laberinto que ella misma ha ido creando en su imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/como-controlar-los-celos_1_9132613.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jun 2022 12:16:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Celos: ¿existe algún modo de controlarlos?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[celos,terapias,control]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas sobre los celos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-celos_132_9095255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfaef2b3-0462-40a5-98a0-16f1214e8b02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas sobre los celos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Atención Flotante es el newsletter mensual de Alexandra Kohan en elDiarioAR. Anotate acá para recibirlo gratis en tu correo.</p></div><p class="article-text">
        <strong>I.&nbsp;</strong>Me molestan, me exasperan, me dan escozor las atribuciones de ser. Me resultan hostiles, cuando no agresivas. Sobre todo cuando provienen de otros -aunque tambi&eacute;n me molestan cuando vienen de uno mismo, cuesti&oacute;n habitual-. Creo que atribuirle a alguien formas de ser es someterlo a la fijeza, al prejuicio, a una imagen, a un ideal. No s&oacute;lo se lo encierra en un ser, sino que se lo hace obedecer al prejuicio con el que est&aacute; estipulada esa forma de ser, se lo hace condescender al repertorio que el sentido com&uacute;n dispone para cada una de esas formas. Es, en definitiva, no dejar que el otro sea otro respecto de uno pero, sobre todo, respecto de s&iacute; mismo. Como si uno tuviera que ser siempre el mismo, como si no hubiera escapatoria. Las atribuciones de formas de ser acaso sean una especie de grillete que deja a alguien preso de las suposiciones -propias o ajenas-. Se encasilla a alguien desde las supuestas formas de ser, porque se cree que existe el ser cerrado sobre s&iacute; mismo, fijo, coagulado. Me gusta c&oacute;mo lo dice<strong> Gast&oacute;n Bachelard</strong>: &ldquo;se quiere fijar el ser y al fijarlo se quiere trascender todas las situaciones para dar una situaci&oacute;n de todas las situaciones (...). Y el lenguaje lleva en s&iacute; la dial&eacute;ctica de lo abierto y lo cerrado. Por el sentido, encierra, por la expresi&oacute;n po&eacute;tica se abre (...) el hombre es el ser entreabierto&rdquo;.&nbsp;Pero adem&aacute;s, las atribuciones o las definiciones por el lado del ser pretenden que alguien es de determinada manera en s&iacute; misma -&ldquo;el pandemonio de los discursos sociales&rdquo;, dice Barthes-. Esas miradas esencialistas -y esencializadoras- hacen que se anule cualquier contingencia que implica el encuentro con otros. Atribuirle al otro formas de ser es anular, adem&aacute;s, la posibilidad de que pasen cosas en la sorpresa de lo inesperado.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>II.&nbsp;</strong>Salirse de esas atribuciones -que son letra muerta- nos pone de frente con lo vivo. Y entonces pienso en la diferencia entre ser y estar. En la diferencia que puede escribirse en ese espacio peque&ntilde;o. No es lo mismo ser algo, que estar algo. Estar de determinada manera, en un momento particular, en una escena situada, en un instante que no es eterno. Concebirlo as&iacute; nos posibilita pasar de lo absoluto a lo contingente. Del monstruo de la totalidad, a la insinuaci&oacute;n del fragmento. Se trata de la oscilaci&oacute;n, del vaiv&eacute;n, del centelleo (Barthes). Se trata de la posibilidad de que nuestro destino sea incierto, de que no est&eacute; escrito desde siempre y para siempre. Se trata de que haya lugar para la experiencia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>III.&nbsp;</strong>Los celos -como casi todo lo que inquieta- entran en esas categor&iacute;as establecidas, en esas doxas del &ldquo;es sabido que&rdquo; (Barthes), en esos lugares fijos, preconcebidos y preformateados. Alguien dice &ldquo;celos&rdquo; y las cosas se disponen a la sospecha, a la mirada alerta; alguien dice &ldquo;celos&rdquo; y las cosas se disponen a la lecci&oacute;n, al manual, a la evaluaci&oacute;n y a la reprobaci&oacute;n, cuando no a la sentencia. En ese despilfarro de saberes y arrogancias, de patologizaciones y normalizaciones, suele venir tambi&eacute;n la idea de que los celos son por inseguridad. Alguien es celoso porque es inseguro. Doble cerrojo, doble clausura, doble culpabilizaci&oacute;n. Ahora no s&oacute;lo hay que curarse de los celos, sino tambi&eacute;n de la inseguridad. No considero que los celos sean por inseguridad. Una cosa es la inseguridad y otra son los celos. Empastarlos impide pensarlos. En la distribuci&oacute;n del sentido com&uacute;n las mujeres somos celosas por inseguras, por intensas, por locas, mientras que los hombres son celosos porque son posesivos y violentos. Algo as&iacute;, estoy exagerando. No siempre todo es igual a s&iacute; mismo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Alguien dice “celos” y las cosas se disponen a la sospecha, a la mirada alerta; alguien dice “celos” y las cosas se disponen a la lección, al manual, a la evaluación y a la reprobación, cuando no a la sentencia. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>IV.&nbsp;</strong>Me molesta que no se puedan pensar los celos m&aacute;s all&aacute; de las condenas de las que son objeto. Como si los celos fueran siempre lo mismo: la causa de algo peor. Como si los celos, una vez que empiezan, s&oacute;lo pudieran terminar en un infierno o en la violencia. Hay todo un mundo m&aacute;s ac&aacute; de la violencia, hay todo un mundo para experimentar. &iquest;C&oacute;mo es que se pretende sofocar una experiencia tan cotidiana como los celos? &iquest;Todos los modos en los que aparecen los celos son iguales? Me gustan los celos que cifran algo del deseo. Y aunque no los sienta de veras, a veces los practico para producir una verdad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>V.&nbsp;</strong>Para Lacan, y podr&iacute;a decir que para Barthes tambi&eacute;n, hay una relaci&oacute;n indisociable entre el deseo y los celos. Y quiz&aacute;s se trate de diferenciar cada una de las cosas que se superponen ah&iacute;: celos, envidia, inseguridad, posesi&oacute;n, bienes. Leer de qu&eacute; est&aacute;n hechas las cosas, pensar es separar, cortar. Mientras que el odio y la envidia se dirigen al ser del otro, a ese ser que se le supone, a ese tener que se le atribuye, a ese Ideal en el que se lo coloca, los celos no apuntan a eso, no se alimentan de lo que el otro tiene o de querer poseer al otro. &iexcl;Cu&aacute;nto pensamiento burgu&eacute;s hay que tener para suponer que los celos solo pueden ser una cuesti&oacute;n de propiedad!
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Una cosa es la inseguridad y otra son los celos. Empastarlos impide pensarlos. En la distribución del sentido común las mujeres somos celosas por inseguras, por intensas, por locas, mientras que los hombres son celosos porque son posesivos y violentos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>VI.&nbsp;</strong>Roland Bartes y los celos:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y no me parece posible estar enamorado, incluso si es de una manera laxa y relajada, como se puede imaginar a los j&oacute;venes de hoy, sin que finalmente, en ciertos momentos, los celos no atraviesen el sentimiento amoroso&rdquo; (...). Viv&iacute; entre amigos m&aacute;s j&oacute;venes que yo. A menudo me quedo estupefacto ante lo que a primera vista es la ausencia de celos en sus relaciones. (...) Si se los mira con m&aacute;s atenci&oacute;n, uno se da cuenta de que hay movimientos de celos, incluso entre ellos (...). El sentido com&uacute;n dice que hay un momento en que es necesario desprender &laquo;estar enamorado&raquo; de &laquo;amar&raquo;. Se deja de lado el &laquo;estar enamorado&raquo; con su cortejo de enga&ntilde;os, ilusiones, influencias tir&aacute;nicas, escenas, dificultades, incluso suicidios&hellip; Para acceder a un sentimiento m&aacute;s pacifico, m&aacute;s dial&eacute;ctico, menos celoso, menos posesivo (...). El enamorado lucha para no ser sometido. Pero fracasa. Comprueba con humillaci&oacute;n, y a veces con delicia, que est&aacute; enteramente sometido a la imagen amada. Y por otra parte, en los buenos momentos, sufre mucho por tener que someter al otro&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>VII.&nbsp;</strong>M&aacute;s Roland Barthes: &ldquo;como celoso sufro cuatro veces: porque estoy celoso, porque me reprocho el estarlo, porque temo que mis celos hieran al otro, porque me dejo someter a una nader&iacute;a: sufro por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser ordinario&rdquo;. Me gustan las peque&ntilde;as escenas de celos sobreactuados que nos hacemos con amigas. No son reclamos, ni reproches -eso es otra cosa-: son esbozos de amorosidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VIII.&nbsp;</strong>&ldquo;Despu&eacute;s del arte de los celos, todo parece gris, una negociaci&oacute;n firmada sin conocer antes las condiciones (&hellip;). El celar es la g&eacute;nesis de nuestro pensamiento en armas. Que despu&eacute;s vengan los libros.&rdquo;, dice Mar&iacute;a Moreno. Y tambi&eacute;n dice: &ldquo;Los celos verdaderos son los infundados&rdquo;. Los celos no siempre necesitan un fundamento porque son ellos mismos el fundamento, el del desear. Cuando Freud, siguiendo a Theodor Fontane, dice: &laquo;esto no anda sin construcciones auxiliares&raquo;, el &ldquo;esto&rdquo; se refiere a la realidad y &ldquo;las construcciones auxiliares&rdquo; a la fantas&iacute;a. No hay modo de que la realidad ande sin la fantas&iacute;a. Y compara a las fantas&iacute;as con un parque natural, con una reserva donde los reclamos y las exigencias del mercado no logran pasar, donde la libertad, de la que nos priv&oacute; la realidad, puede ejercerse. En el parque natural puede crecer y pulular, dice Freud, todo lo que quiera hacerlo, &ldquo;aun lo in&uacute;til, hasta lo da&ntilde;ino&rdquo;. Ese es el reino de la fantas&iacute;a. Y &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a de la fantas&iacute;a sin los celos? Porque los celos alimentan la fantas&iacute;a y no al rev&eacute;s. Hay quienes creen que para tener celos debe haber motivos y lo que no entienden es que los celos son el motivo. Los celos no se aplacan con pruebas, los celos no se dirimen en el terreno de lo f&aacute;ctico. Los celos no entran en disputa con la realidad, porque ellos son una verdad. Los celos y la fantas&iacute;a no necesitan datos, no necesitan informaci&oacute;n, porque son lo otro de la informaci&oacute;n. Se nutren de cosas sutiles, peque&ntilde;as &ndash;una mirada, un gesto, una sombra&ndash; y con ello hacen un mundo, el mundo del vacilante sentimiento amoroso. Arremeter contra los celos subidos a la topadora del imperativo moral o manejando la aplanadora del moralismo imperante, es arrasar con la tierra f&eacute;rtil donde crecen el erotismo y el deseo: otros nombres de lo in&uacute;til y lo da&ntilde;ino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IX.&nbsp;</strong>Hay celos y celos, s&iacute;. Hay celos insoportables, para uno y para el otro. Pero no me refiero a esos, a esos celos que impiden, sino a los que posibilitan, abren, suscitan, provocan deseo. A esos celos que se escriben entre uno y el otro. Ese entre, ese espacio que abre todo un universo, ese espacio en el que uno est&aacute; pero no es. Un espacio en el que uno se encuentra, en el sentido del hallazgo. Estar y no ser. Estar en un lugar, un rato, un instante; estar como modo de fundar una experiencia. No es lo mismo ser la que no tiene lugar, ser la excluida, que estar en un&nbsp;<em>entre</em>, en un espacio que d&eacute; lugar al paso, al&nbsp;<em>pasar,</em>&nbsp;a que algo pase.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay celos y celos, sí. Hay celos insoportables, para uno y para el otro. Pero no me refiero a esos, a esos celos que impiden, sino a los que posibilitan, abren, suscitan, provocan deseo. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo pens&eacute; por lo siguiente: no fui una hija esperada. Mis padres no esperaban un cuarto hijo. No haber sido esperada no quiere decir que no haya sido deseada. Los hijos se desean aunque no se los espere y al rev&eacute;s: se los puede esperar y no desear. Cuesti&oacute;n que en el departamento inmenso en el que viv&iacute;an mis padres y mis tres hermanos no hab&iacute;a una habitaci&oacute;n de m&aacute;s para m&iacute;, ni hab&iacute;a lugar en la de mis hermanas, que ya la compart&iacute;an entre ellas. Entonces se improvis&oacute; un lugar para m&iacute; en un pasillo, hasta tanto nos mud&aacute;ramos. Pero m&aacute;s que un pasillo angosto era un distribuidor amplio, esos que&nbsp;<em>conectan</em>&nbsp;a la vez con varios otros espacios de la casa. Tengo el recuerdo un poco borroso de las tres puertas: una hacia la habitaci&oacute;n de mis hermanas, otra hacia el living y otra m&aacute;s hacia las habitaciones de mis padres y de mi hermano. No importa ahora si era as&iacute; exactamente. Nunca pens&eacute; que eso significaba que no hab&iacute;a lugar para m&iacute; en esa familia, nunca se me cruz&oacute; que yo hab&iacute;a quedado afuera o que no hab&iacute;a sido incluida en los planes familiares. Nunca percib&iacute; exclusi&oacute;n en eso -mi pap&aacute;, que era el que menos esperaba un cuarto hijo, siempre hac&iacute;a referencia a ese pasillo, y lo hac&iacute;a con amorosidad y risas-. En cambio, alguna vez pens&eacute; que ese espacio inaugural hab&iacute;a fundado para m&iacute; la posibilidad de no estar demasiado adentro de esa familia, de no estar demasiado metida en todo eso, de estar m&aacute;s bien de paso. &ldquo;De paso y a la vez conectada&rdquo;, me dijo alguien que escuch&oacute; esta historia hace poco. Mi preferencia por las nociones de&nbsp;<em>entre</em>, a la vez que por la de paso -<em>pas</em>, que en franc&eacute;s tambi&eacute;n es no- acaso provenga de ese espacio en el que fui alojada amorosamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-celos_132_9095255.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jun 2022 03:02:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre los celos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[celos,Vínculos,Alexandra Kohan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Se pone mi perro celoso o son imaginaciones mías?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/pone-perro-celoso-son-imaginaciones_1_9083563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/348d5f3f-a189-4cef-ba2d-df0680a360e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Se pone mi perro celoso o son imaginaciones mías?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sí, los perros se ponen celosos, pero no exactamente del mismo modo que las personas, así lo explica la ciencia.</p></div><p class="article-text">
        Cuando lleg&aacute;s a casa despu&eacute;s de haber pasado la tarde con otro perro, &eacute;l lo sabe: te olisquea de arriba abajo y puede que te haga saber su malestar con gestos perrunos bastante evidentes. &iquest;Pero pueden los perros sentir celos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de quienes viven con un perro contestar&aacute;n con un rotundo s&iacute;, y otros muchos atesorar&aacute;n un sinf&iacute;n de historias acerca de&nbsp;qu&eacute; pone celoso a sus mascotas y c&oacute;mo se comportan cuando les corroe la envidia. La ciencia parece darles la raz&oacute;n. Un&nbsp;<a href="https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0094597" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>&nbsp;de 2014 sugiere que los celos son una emoci&oacute;n que&nbsp;<strong>al parecer comparten muchas especies sociales</strong>, y que funciona como mecanismo de protecci&oacute;n de los v&iacute;nculos sociales frente a la amenaza que podr&iacute;an suponer terceras partes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n estos investigadores, que valoraron su reacci&oacute;n cuando sus humanos los ignoraban y, por el contrario, atend&iacute;an e interactuaban con un peluche con forma de perro, el papel de los celos se extiende m&aacute;s all&aacute; de la potencial p&eacute;rdida de una pareja sexual o una relaci&oacute;n amorosa. Y abarca<strong>&nbsp;la protecci&oacute;n del v&iacute;nculo emocional</strong>&nbsp;de otras relaciones que valoramos, como la amistad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso&nbsp;<a href="https://www.treehugger.com/do-dogs-get-jealous-4862211" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Charles Darwin sugiri&oacute; que los celos</strong></a><strong>&nbsp;existen en otras especies</strong>&nbsp;adem&aacute;s del ser humano, e hizo una menci&oacute;n especial al perro. Otra&nbsp;<a href="https://www.wellbeingintlstudiesrepository.org/cgi/viewcontent.cgi?article=1319&amp;context=animsent" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a>&nbsp;de 2018 comprob&oacute; que su actividad cerebral se disparaba cuando sus humanos alimentaban a otro perro. Para estos cient&iacute;ficos, esta respuesta biol&oacute;gica &ldquo;tiene similitudes con los celos que experimentamos los humanos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Celos perrunos?</h3><p class="article-text">
        Cada vez hay m&aacute;s evidencias de que&nbsp;<strong>el nivel cognitivo de los perros es enorme</strong>, y de que experimentan emociones complejas muy similares a las nuestras. Aunque otros expertos prefieren ser cautos. Y opinan que atribuir una emoci&oacute;n como los celos a los perros puede resultar inexacto. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Humanizar a los animales</strong>&nbsp;tambi&eacute;n hace que los malinterpretemos y puede llevarnos a malentendidos. Es decir: podemos pensar que el perro est&aacute; sintiendo celos cuando, tal vez, el motivo del comportamiento que nos parece extra&ntilde;o es otro, por ejemplo, el miedo.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Tuve un beb&eacute;, &iquest;el perro est&aacute; celoso?</h3><p class="article-text">
        Cuando llega un beb&eacute; a casa, el perro puede comportarse de un modo que no es habitual en &eacute;l. Tu perro podr&iacute;a pensar algo como: &ldquo;Eh, este humano era m&iacute;o, y ahora tengo que aprender a compartirlo con vos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, ser&iacute;a algo similar al llamado&nbsp;<strong>s&iacute;ndrome del hermano mayo</strong>r o del pr&iacute;ncipe destronado entre ni&ntilde;os que sienten celos hacia la&nbsp;hermana reci&eacute;n llegada. Sin embargo, en opini&oacute;n de algunos especialistas, este cambio de comportamiento no tiene por qu&eacute; vincularse necesariamente a los celos, o al menos, no siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces tiene m&aacute;s que ver con&nbsp;<strong>la modificaci&oacute;n del entorno</strong>&nbsp;que supone la llegada de un beb&eacute; y todos sus accesorios, o con el hecho de que los padres recientes est&eacute;n estresados, y el perro percibe ese estr&eacute;s, o puede ser miedo: si tu mascota es la primera vez que ve un beb&eacute;, o que vive con &eacute;l, es normal que se despiste: no entiende que un beb&eacute; llora y huele distinto.
    </p><h3 class="article-text">Celos de otros perros, &iexcl;y hasta de nuestra pareja!</h3><p class="article-text">
        Si tu mascota no quiere compartir su pelota o sus premios con otros perros en el parque, es f&aacute;cil pensar est&aacute; celoso. Pero algunos espcialistas prefieren hablar de protecci&oacute;n de recursos: El perro intenta&nbsp;<strong>proteger los objetos que tienen valor para &eacute;l</strong>: puede ser su pelota, su comida, o sus humanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s,&nbsp;<strong>hay perros m&aacute;s acaparadores que otros</strong>: mientras que algunos tienden a proteger sus cosas con dientes y u&ntilde;as (literal), a otros no les importa tanto compartir la atenci&oacute;n de su humano con otros perros o con un beb&eacute; reci&eacute;n llegado. En cambio, otros cient&iacute;ficos s&iacute; hablan abiertamente de celos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El antropozool&oacute;go John Bradshaw, autor de Entender a nuestro perro (2013), no tiene dudas de que los perros son capaces de experimentar celos. Aunque los celos perrunos, concreta, son&nbsp;<strong>m&aacute;s puntuales, ni absorbentes ni obsesivos</strong>, muy diferentes a los que inmortaliz&oacute; Otelo. Estos celos, seg&uacute;n explica Bradshaw, pueden aparecer f&aacute;cilmente cuando prestamos atenci&oacute;n a otro perro, e incluso cuando abrazamos a alguien, y nuestro amigo &ldquo;intenta interponerse, por miedo a perder el v&iacute;nculo con nosotros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>E.S.M.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eva San Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/pone-perro-celoso-son-imaginaciones_1_9083563.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jun 2022 16:06:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Se pone mi perro celoso o son imaginaciones mías?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mascotas,Perros,celos]]></media:keywords>
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