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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sofía Loren]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sofía Loren]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La belleza (femenina) según pasan los años y los concursos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/belleza-femenina-pasan-anos-concursos_129_9093304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdb4437e-055e-4ffb-a0f2-6d74d0a93899_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x454y103.jpg" width="1200" height="675" alt="La belleza (femenina) según pasan los años y los concursos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La prescripción de ser linda y mantener un aspecto juvenil hasta la vejez todavía oprime a las mujeres, aunque en este siglo, feminismo y pandemia de por medio, muchas estén despegando del modelo impuesto, soltando el bótox y otros artilugios. Empero, aún subsisten los concursos de Miss Universo que las pretenden bonitas, altas, esbeltas.</p></div><p class="article-text">
        Hace exactamente 100 a&ntilde;os, justo antes de la invenci&oacute;n de<strong> Miss Universo </strong>y<strong> Miss Mundo</strong> -pero ya con la costumbre de elegir reinas de belleza regionales en algunos pa&iacute;ses-, tuvo lugar en Washington DC un concurso donde hubo cuatro bendecidas por un jurado seguramente masculino. Las pueden ver en la foto con sus respectivos atuendos: medias tres cuartos, trajes de ba&ntilde;o que cubren m&aacute;s que una minifalda actual; con actitudes recatadas (la que recibi&oacute; la copa mayor, casi inc&oacute;moda), distinta altura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, en dos de ellas se puede observar un detalle que les da un toque de modernidad, que no suelen lucir las concursantes del siglo XXI: llevan el pelo corto de las nacientes flappers de los llamados &ldquo;locos a&ntilde;os 20&rdquo;. Es decir, esas chicas que romp&iacute;an algunos c&aacute;nones y c&oacute;digos, sobre las que escribi&oacute; <strong>Scott Fitzgerald</strong> a sus 25 (<strong>Flappers y fil&oacute;sofos</strong>). Al cortarse el pelo, ellas no solo romp&iacute;an una imagen tradicional de la femineidad sino que adem&aacute;s se liberaban de los cuidados laboriosos que conlleva el pelo muy largo; un alivio que lleg&oacute; junto con la ca&iacute;da del cors&eacute; propiciada por Coc&oacute; Chanel, quien tambi&eacute;n aport&oacute; el avance de los pantalones y otras confortables prendas masculinas adecuadas para mujeres m&aacute;s din&aacute;micas, despu&eacute;s de las penurias de la Primera Guerra. He aqu&iacute; los nombres de las ganadoras del certamen de Washington Bathing Beach: Gay Gatley, Eva Fridell, Anna Beibel, Lola Swinnerton.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mitol&oacute;gico antecedente</strong></h3><p class="article-text">
        Como tantas otras cosas, los concursos de hermosura femenina habr&iacute;an arrancado en la Antigua Grecia, en un episodio que prefigur&oacute; la guerra de Troya y que dio origen a una expresi&oacute;n todav&iacute;a usual: &ldquo;la manzana de la discordia&rdquo; (para referirse a personas ciza&ntilde;eras). Seg&uacute;n este relato, en las nupcias en el Olimpo del h&eacute;roe Peleo y la nereida Tetis hubo invitaciones para la <em>cr&egrave;me de la cr&egrave;me</em> de diosas y dioses, exceptuando a Eris que igualmente se present&oacute; al banquete, pero no fue admitida. Resentida, lanz&oacute; una manzana de oro del jard&iacute;n de las Hesp&eacute;rides con una inscripci&oacute;n. &ldquo;Para la m&aacute;s hermosa&rdquo;. Hera, Atenea y Afrodita que por ah&iacute; andaban se dieron por aludidas y discutieron por la propiedad de la reluciente fruta. Harto de tanta ch&aacute;chara femenil, el patriarca Zeus las mand&oacute; al monte Ida para que el pr&iacute;ncipe Paris decidiera la ganadora. El guapo joven adjudic&oacute; la manzana a Afro -diosa del amor, reemplazada por Venus en la apropiaci&oacute;n por parte de los romanos- que, celestinesca ella, le hab&iacute;a prometido el apego de la m&aacute;s linda del mundo: Helena de Esparta, claro, la involuntaria causante de la famosa guerra que nos leg&oacute; otra frase muy trillada (cambiando el tiempo verbal seg&uacute;n la ocasi&oacute;n): &ldquo;Arde Troya&rdquo;.
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                Venus de Milo                            </span>
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        A&ntilde;ares m&aacute;s adelante y bajo los auspicios de otra mitolog&iacute;a, en el 525, Medardo (luego santificado), obispo de Noyon, Francia, crea la fiesta de la <strong>Rosi&egrave;re</strong> para recompensar a la chica m&aacute;s casta y modesta con una suma de contante y una corona floral. Ese galard&oacute;n a la conducta femenina irreprochable se fue transformando progresivamente en concurso de belleza, mandando la virtud a un segundo plano. De regionales, este tipo de cert&aacute;menes que se hac&iacute;an en varios pa&iacute;ses, pasaron con las centurias a formalizarse como eventos nacionales. En 1920, surge la primera Miss Francia, subtitulada &ldquo;la m&aacute;s hermosa del pa&iacute;s&rdquo;; en 1921, tenemos una Miss Am&eacute;rica (por los Estados Unidos), y as&iacute; por el estilo hasta que en 1928 se elige, entre representantes de varios pa&iacute;ses, una Miss Europa.
    </p><p class="article-text">
        Luego de la Segunda Guerra, en 1950, quedan asentadas las bases y condiciones para aspirar a la corona de Miss Mundo; y en 1951, para Miss Universo. Concursos ambos que perduran hasta el presente, si bien cada vez m&aacute;s denostados por anacr&oacute;nicos y sostenedores de un presunto ideal de belleza como m&aacute;ximo valor femenino.
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                Sophia Loren, casi 16, Miss Italia                            </span>
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        Tres d&eacute;cadas despu&eacute;s de aquella competici&oacute;n de 1922 en Washington, una escultural Sof&iacute;a Sciliccone (luego <strong>Sophia Loren</strong>) que no hab&iacute;a cumplido los 16, empieza a participar en concursos de belleza para delectaci&oacute;n de jurados masculinos mirones. Y en 1955, nuestra<strong> Isabel Sarli </strong>(tres a&ntilde;os antes de convertirse en musa, nudista a su pesar, de Armando B&oacute;) gana el t&iacute;tulo de Miss Argentina en una era de curvas rotundas y poco aerobismo. O sea, 30 a&ntilde;os antes del fisicoculturismo promovido en los &rsquo;80 por Jane Fonda, que previamente hab&iacute;a sido numen de un Roger Vadim -posBardot, posDeneuve-, en la inolvidable, inoxidable <strong>Barbarella</strong>, de 1968.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Isabel Sarli, Miss Argentina 1955                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Aggiornarse ma non troppo</strong></h3><p class="article-text">
        Desde que se instituyeron los concursos de belleza, los organizadores bajaron l&iacute;nea ateni&eacute;ndose a previsibles criterios est&eacute;ticos (como m&iacute;nimo, 1,70 de estatura; talle esbelto; cara sim&eacute;trica, etc&eacute;tera) para coronar por un a&ntilde;o a una reina plebeya, escoltada por un par de princesas &iacute;dem. Cabe se&ntilde;alar que en contadas ocasiones se han dispuesto cert&aacute;menes de belleza para varones, y nunca con la resonancia que supieron tener el siglo pasado los de chicas veintea&ntilde;eras exhibi&eacute;ndose en trajes de ba&ntilde;o o glamorosos vestidos sexy, melenas en cascada y altos stilettos (como se sabe, el calzado m&aacute;s apropiado para acompa&ntilde;ar un bikini).
    </p><p class="article-text">
        Antes de desfilar en las rondas para la selecci&oacute;n, las m&aacute;s lindas de cada regi&oacute;n del pa&iacute;s de origen deben ensayar para saber marchar desenvueltas y elegantes en la pasarela, donde ser&aacute;n observadas, seg&uacute;n dijo el a&ntilde;o pasado una periodista francesa, &ldquo;como animales de raza en una exposici&oacute;n&rdquo;. Aparte de las condiciones antes mencionadas, las j&oacute;venes deben ser solteras y no tener hijos. En suma, resultar apetecibles, parecer disponibles para varones h&eacute;teros.
    </p><p class="article-text">
        Como para salvar las apariencias frente a las cr&iacute;ticas desfavorables, las aspirantes a reina y a princesas de nuestro siglo presumen de algo m&aacute;s que una cara bonita y son incitadas a mostrar un CV de profesionales o al menos de estudiantes, e incluso se les concede que defiendan los derechos de sus cong&eacute;neres o se preocupen por la ecolog&iacute;a. Honor al m&eacute;rito: en noviembre de 2017, por su cuenta, las candidatas del Per&uacute; a participar en el certamen mundial dieron cifras de violencia hacia las mujeres en vez de sus medidas corporales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como remarc&oacute; en 2021, de visita en Italia, la escritora Paula Harmange, invitada al festival<em> L&acute;Eredit&agrave; delle Donne</em> (La herencia de las mujeres) en una entrevista para Vanity Fair: &ldquo;Los concursos de belleza son otra forma de control sobre el cuerpo femenino&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Belleza, &iquest;tu nombre es mujer?</strong></h3><p class="article-text">
        Concepto relativo si los hubiere, se da por bello todo aquello que procura placer est&eacute;tico seg&uacute;n la &eacute;poca, las convenciones, las sensibilidades, las mutantes normas, las modas&hellip; La cintura de la Venus de Milo no habr&iacute;a podido concursar como Miss en su propia isla griega. Para no hablar de la paleol&iacute;tica Venus de Willendorf o, mucho m&aacute;s cerca, de las rollizas muchachas de Rubens. La belleza f&iacute;sica pasteurizada que se pide en los concursos, aunque se supone natural, viene reforzada por dietas, gimnasia, maquillaje, peluquer&iacute;a, vestuario, entrenamiento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La belleza reside en los ojos de quien la mira&rdquo;, anot&oacute; <strong>Oscar Wilde </strong>en un art&iacute;culo para Nine Teenth Century, en 1889. Antes, en el siglo XVIII, el fil&oacute;sofo David Hume hab&iacute;a dicho algo parecido: &ldquo;La belleza de las cosas existe en el esp&iacute;ritu de quien las contempla&rdquo;. Por su lado, en una entrevista para el suplemento La Mujer del diario Tiempo Argentino, a mediados de los &rsquo;80, me dijo Griselda Gambaro: &ldquo;La belleza es un reflejo&rdquo;. Ese reflejo que puede hacer brillar la pasi&oacute;n, el entusiasmo, la inteligencia, la gracia.
    </p><p class="article-text">
        Merced a la discusi&oacute;n planteada por el feminismo y otros movimientos igualitarios e inclusivos, hoy se est&aacute; abriendo el concepto de <strong>belleza humana</strong>, volvi&eacute;ndose m&aacute;s democr&aacute;tico, multicolor, abarcativo. De hecho, aunque el concurso Miss Universo se haya realizado en diciembre pasado en Eilat, Israel, con la consabida selecci&oacute;n de chicas j&oacute;venes y bonitas (la argentina Julieta Garc&iacute;a estuvo ah&iacute;), fue consagrada reina Harnaaz Sandhu, de la India. Y obtuvieron el t&iacute;tulo de princesas la paraguaya Nadia Ferreira y la sudafricana Lalela Mswane. Ninguna blanquita total.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Julieta García, Miss Argentina 2021. Crédito Instagram @julietacargiaok                            </span>
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        <em>MS</em>
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      <dc:creator><![CDATA[Moira Soto]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jun 2022 03:02:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismos,Concursos de belleza,Isabel Sarli,Sofía Loren]]></media:keywords>
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