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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Estado Societal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/estado-societal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Estado Societal]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pensar sin Estado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pensar_129_9094777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e441e213-5695-4aeb-ba72-eef8614afdfa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pensar sin Estado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luego de años de excesiva fe en el Estado el autor propone recuperar la autonomía del campo cultural, cierto grado de sana irresponsabilidad, libertad de pensamiento y la generación de inteligencia colectiva. El Estado Societalista y el pensamiento estatal.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Este es un texto contra el Estado.</strong> Antes de comenzar quisiera confesar que soy un partidario del Estado. Criado en un hogar obrero y nacional-desarrollista, la crisis de 2001 me agarr&oacute; leyendo el Leviat&aacute;n de Hobbes para la Facultad. Desde entonces <strong>conservo la convicci&oacute;n de que las clases bajas son las que m&aacute;s tienen que perder en situaciones de anomia y desgobierno.</strong> La anarqu&iacute;a es un lujo que pueden darse los privilegiados.  Las personas que viven de su trabajo y buscan mejorar sus condiciones personales y colectivas de vida necesitan un orden m&iacute;nimo para hacerlo. Admito que estas ideas eran bastante impopulares durante 2002. Eran d&iacute;as de trueque y asambleas, Holloway y Toni Negri, autodeterminaci&oacute;n y libertad. Recuerdo largas discusiones con un amigo autonomista que siempre me venc&iacute;a pero no me convenc&iacute;a. Era y es una persona brillante, que hoy trabaja en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog&iacute;a, y defiende el intervencionismo estatal para garantizar la igualdad de oportunidades. La suya no es una historia individual de madurez o claudicaci&oacute;n, es la deriva de toda una intelligentsia que poco a poco, y a veces sin advertirlo, dej&oacute; que su pensamiento cr&iacute;tico fuera atrapado por la atracci&oacute;n gravitatoria del Estado.
    </p><p class="article-text">
        <em>Pensar sin Estado </em>es un libro del historiador<strong> Ignacio Lewkowicz </strong>publicado en 2004 que re&uacute;ne art&iacute;culos escritos entre 1993 y 2003. Otra prueba de cu&aacute;nto del pensamiento del &laquo;dos mil uno&raquo; fue cocinado en la d&eacute;cada anterior. El libro no estudia tanto el fin del Estado como el de la Naci&oacute;n: ese lazo ficticio construido con insumos inmateriales (la lengua, la historia, las costumbres) para asegurarles a los ciudadanos una identidad estable y una pertenencia com&uacute;n. Seg&uacute;n Lewkowicz la
    </p><p class="article-text">
        globalizaci&oacute;n arras&oacute; con aquello: la Naci&oacute;n dej&oacute; de enlazar, el Estado qued&oacute; reducido a cuestiones administrativas y al ciudadano le quedaron dos opciones: comprar su pertenencia como consumidor o asumir su condici&oacute;n de excluido. Pero
    </p><p class="article-text">
        el autor, que milit&oacute; en el Partido Comunista junto a su padre, no llora sobre la tumba del Estado naci&oacute;n sino que propone pensar en las nuevas formas de pertenencia que se cocinan en esa exclusi&oacute;n: piquetes, escraches, organizaciones varias que crean lazos sociales &laquo;en situaci&oacute;n&raquo;, identidades para &laquo;habitar la fluidez&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pensar sin Estado sintetiza una ideolog&iacute;a de &eacute;poca que podemos llamar<strong> &laquo;societalismo&raquo;: la confianza en la capacidad espont&aacute;nea de la sociedad para organizarse y reemplazar a un Estado nacional que, luego de a&ntilde;os de ser criticado</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>por izquierda, termin&oacute; muriendo por derecha; el elogio de la horizontalidad, la contingencia, la fluidez, incluso la precariedad. </strong>Lewkowicz muri&oacute; en un accidente fluvial en Tigre en 2004, poco antes de que saliera su libro. No pudo vivir m&aacute;s a&ntilde;os que su padre: 42. Tampoco pudo ver c&oacute;mo, a partir de ese a&ntilde;o, el Estado resucitar&iacute;a absorbiendo a esas organizaciones, gestionando esa precariedad.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El Estado societalista</strong></h3><p class="article-text">
        Eso que naci&oacute; como una estrategia casi intuitiva de gobernanza poscrisis termin&oacute; dando lugar, si no a un nuevo Estado, al menos a una nueva manera de entenderlo y administrarlo. Algo as&iacute; como un Estado societalista. No es este el espacio para escribir una historia del kirchnerismo. S&oacute;lo quiero repasar sus sucesivas capas de adhesi&oacute;n para rastrear el matrimonio entre el cielo societalista y el infierno estatal. Inmediatamente despu&eacute;s del asesinato de Kosteki y Santill&aacute;n, el entonces ministro del Interior duhaldista, An&iacute;bal Fern&aacute;ndez, convoc&oacute; a dirigentes piqueteros para dialogar. No ser&iacute;a la primera vez que el poder societal entrara a Casa Rosada (ya lo hab&iacute;a hecho invitado Rodr&iacute;guez Saa), ni la &uacute;ltima: N&eacute;stor Kirchner tonific&oacute; la herencia duhaldista mediante un di&aacute;logo flu&iacute;do con los organismos de Derechos Humanos y una apropiaci&oacute;n del 2001 como &laquo;rebeli&oacute;n contra el neoliberalismo&raquo;. A&uacute;n as&iacute;, la &laquo;transversalidad&raquo; de esos a&ntilde;os era una convocatoria limitada a los profesionales de la corporaci&oacute;n pol&iacute;tica. Reci&eacute;n en 2004, en v&iacute;speras de su ruptura con el duhaldismo, el Frente para la Victoria convoc&oacute; a las organizaciones sociales (FTV, Barrios de Pie, MTD Evita, y Movimiento Barrial Octubre), aunque para las elecciones de 2005 prefiriera una alianza con los intendentes bonaerenses.
    </p><p class="article-text">
        Entre el &laquo;conflicto con el campo&raquo; (que deriv&oacute; en un m&aacute;s duradero e influyente conflicto con el grupo Clar&iacute;n) y la muerte de Kirchner se produjo el primer quiebre societalista. El gobierno opt&oacute; por la &laquo;fuerza propia&raquo; y absorbi&oacute; as&iacute; a una camada proveniente de diversas militancias (ARI, Proyecto Sur, PCCE, Polo Social, quiz&aacute;s Zamora) que vieron en el kirchnerismo una opci&oacute;n de progresismo popular con vocaci&oacute;n de poder. Era una cohorte m&aacute;s ilustrada, cada uno con su blog o programa de FM comunitaria, y que a&uacute;n arrastraba cierto antiperonismo, h&aacute;bilmente oculto tras sus cr&iacute;ticas a la burocracia sindical y los barones del conurbano. Con las derrotas electorales de 2013 a 2017 se sum&oacute; una nueva camada, proveniente de la izquierda inorg&aacute;nica y el &laquo;que se vayan todos&raquo;. Algunos de ellos fueron opositores al kirchnerismo en sus comienzos, otros ni siquiera hoy asumen plenamente su simpat&iacute;a y ponderan lateralmente a La C&aacute;mpora sin soltar el libro de Deleuze y Guattari. <strong>Como sea, para enero de 2020 el grueso de la energ&iacute;a societalista de 2002 estaba dentro del Estado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este curioso encuentro entre la sociedad (como potencia) y el Estado (como acto) termin&oacute; por transformar a ambos. Para el Estado, el societalismo implic&oacute; su gesti&oacute;n a cargo de viejos entusiastas de &laquo;el dos mil uno&raquo; que no dejaron sus convicciones en la puerta del Ministerio: comport&aacute;ndose como civiles opositores aunque est&eacute;n al frente de un gobierno, abordando al Estado como una instancia esencialmente activista, entendiendo a cualquier prurito administrativo como un resabio  tecnocr&aacute;tico o neoliberal, reproduciendo la precariedad en nombre de la identidad y el lazo social. Asimismo, la gesti&oacute;n societalista del Estado cre&oacute; m&aacute;s Estado: en el furor por absorber cada demanda, cada iniciativa, cada leve movimiento de la sociedad, el aparato estatal se dilat&oacute; y dispers&oacute;, resignando calidad por cantidad, eficacia por presencia. <strong>Un Estado casi testimonial, como el audio que suena en las estaciones del ferrocarril record&aacute;ndonos que el gobierno nos cuida mientras el tren sigue demorado.</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>El pensamiento estatal</strong></h3><p class="article-text">
        Para el pensamiento cr&iacute;tico, y la subclase intelectual que lo porta, el Estado societalista signific&oacute; la incapacidad de pensar sin Estado. Hoy a&uacute;n los proyectos te&oacute;ricamente m&aacute;s radicalizados, a la hora de solucionar problemas concretos no pueden imaginar otra cosa que no sea intervencionismo, nacionalizaciones o subsidios a &laquo;proyectos alternos&raquo;. Al primero que le escuch&eacute; asumir esa paradoja fue a Mart&iacute;n Caparr&oacute;s a mediados de los 90, confesando que era un anarquista al que el neoliberalismo hab&iacute;a transformado en un defensor del Estado como garante de igualdades b&aacute;sicas. Poco despu&eacute;s, me encontr&eacute; con un dirigente izquierdista que recorr&iacute;a las aulas de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras proponiendo que la Universidad p&uacute;blica formara cuadros para combatir al Estado burgu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No se trata del viejo estalinismo, que pensaba en t&eacute;rminos de su propio Estado; tampoco de un compromiso realista con la gesti&oacute;n. Incluso la izquierda m&aacute;s autonomista y alejada de la posibilidad de gestionar cualquier cosa parece tener la imaginaci&oacute;n obturada por la expectativa de conseguir alg&uacute;n lugar o favor del Estado realmente existente. Lo que no deja de tener un sabor a derrota en una sociedad civil tan creativa y movediza como la argentina. Corolario tr&aacute;gico de esta renuncia a pensar sin Estado es que hoy aquella l&iacute;bido societal termine expresada por el movimiento libertario. El reciente debate entre Javier Milei y Juan Grabois confront&oacute; al viejo y el nuevo societalismo. Mientras Milei llevaba su confianza en el mercado y su coherencia te&oacute;rica al borde del abismo, Grabois, el hombre que desde el MTE organiz&oacute; a la marginalidad de la marginalidad, s&oacute;lo pod&iacute;a racionalizar su propuesta apelando al intervencionismo estatal. Llegado el caso, los dos necesitar&aacute;n al Estado para llevar adelante sus proyectos. Y contar&aacute;n lamentablemente con un estado argentino tan dif&iacute;cil de desarmar como de mover operativamente en un sentido coherente. Pero desde el pensamiento cr&iacute;tico deber&iacute;amos ser capaces de ofrecer algo m&aacute;s que intelectuales que le hablan a la sociedad mirando al Estado, esperando un cargo, un caf&eacute; o un gestito de idea. Al Estado argentino le esperan tareas ingratas, podr&aacute; prescindir de nuestras notas al pie por unos a&ntilde;os. <strong>Aprovechemos ese tiempo para recuperar la autonom&iacute;a del campo cultural, cierto grado de sana irresponsabilidad que nos permita pensar un poco m&aacute;s lejos de lo que pueden hacer un ministro o una partida presupuestaria. Compensemos nuestra irremediable falta de poder con la libertad del pensamiento. Generemos inteligencia colectiva, volumen societal para resistir o negociar. Esa es nuestra especialidad, nuestro aporte. </strong>Tarde o temprano el Estado necesitar&aacute; de eso para crear un nuevo lazo de pertenencia e identidad. Ya fueron demasiados a&ntilde;os de pensadores hablando como funcionarios: cr&iacute;ticos del pensamiento cr&iacute;tico, idealistas del realismo pol&iacute;tico. La evidente p&eacute;rdida de proyecci&oacute;n de la intelectualidad argentina en la regi&oacute;n nos indica que nadie necesita ese tipo de lumbrera. <strong>Pensemos un rato sin Estado, es el mejor servicio que podemos ofrecerle.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Galliano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pensar_129_9094777.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jun 2022 03:18:26 +0000]]></pubDate>
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