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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sally Rooney]]></title>
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      <title><![CDATA[El rincón de las derrotas auténticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rincon-derrotas-autenticas_129_9097004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Esto empieza por dos lugares distintos, por dos lugares banales. Empiezo por el menos banal: una amiga se puso a ver la serie<em> </em><em><strong>Conversations with Friends</strong></em>, basada en una novela de la irlandesa <strong>Sally Rooney (</strong><em><strong>Normal People</strong></em><strong>)</strong><em> </em>y me pregunta por &ldquo;estas chicas sin sangre en las venas&rdquo;. Le digo que no vi la serie todav&iacute;a, que estos d&iacute;as investigo y le cuento, y me puse a verla. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras entend&iacute;a el concepto record&eacute; esta otra banalidad que me hab&iacute;a dejado pensando, esta s&iacute;, de un nivel de estupidez irremontable: despu&eacute;s de un reinado m&aacute;s o menos ininterrumpido del tiro alto, volvieron los pantalones tiro bajo, los que llegan por debajo del ombligo. Es el ciclo natural de las cosas: ya hay una generaci&oacute;n entera de adolescentes y j&oacute;venes que no llegaron a usarlos en los primeros 2000, y una generaci&oacute;n de bloggers y periodistas de moda dispuestas a sobrepensar el giro todo lo que haga falta como si se tratara de una nueva revoluci&oacute;n copernicana (las entiendo, por supuesto: las columnas no se escriben solas). Entre las notas que recomendaban formas de usarlo que no cayeran en las grasadas de principios de siglo y las que se preguntaban qu&eacute; lugar pod&iacute;a tener una moda tan poco favorecedora en la era de la diversidad de los cuerpos, me encontr&eacute; con una periodizaci&oacute;n que no hab&iacute;a le&iacute;do nunca y que me recordaba a la pregunta de mi amiga sobre las hero&iacute;nas ab&uacute;licas: dec&iacute;a algo as&iacute; como que despu&eacute;s de los la primera d&eacute;cada de los 2000, que se hab&iacute;a regodeado en una sensualidad chabacana (pantalones intravenosos que a duras penas te tapaban la cola combinados con tops muy cortitos, joggings que ten&iacute;an &ldquo;Juicy&rdquo; estampado atr&aacute;s, los vestidos &ldquo;de salir&rdquo; que te achuraban en todos los lugares incorrectos) le hab&iacute;a llegado el turno, en la d&eacute;cada siguiente, al minimalismo modosito de los jeans rectos y tiro alto, las prendas b&aacute;sicas y <em>atemporales</em>, las camisas de seda oversize, todo oversize, la elegancia de quien parece no pensar en lo que se pone o m&aacute;s bien no pensarlo en funci&oacute;n de que te miren, la ropa a medida para esas hero&iacute;nas ap&aacute;ticas que hacen todo ese esfuerzo para que no se note que a veces quieren que alguien las quiera.
    </p><p class="article-text">
        Frances, la protagonista de <em>Conversations with Friends</em> escribe, pero es callada. Su amiga la extrovertida, la hipersexuada, es la que no escribe, la que recita junto con ella en una especie de espect&aacute;culo de poes&iacute;a perform&aacute;tica pero no tiene las ideas originales. No estoy queriendo hacer un juicio moral, ni digo que la novela o la serie lo hagan: no es el punto. Solo me interesan las subjetividades en las que las ficciones nos est&aacute;n pidiendo que pongamos la atenci&oacute;n, las hero&iacute;nas que nos muestran una y otra vez (Marianne, la protagonista femenina de <em>Normal People</em>, tambi&eacute;n era una chica rara y callada que hasta que fue grande tuvo sexo con poca gente y no quer&iacute;a ni se divert&iacute;a con las cosas con las que se divierten las &ldquo;chicas normales&rdquo;) como si fuera la primera vez, como si siempre fueran especiales. Frances se engancha con uno: se engancha bastante, pero tampoco tanto. No le cuenta nada a su amiga, no le quema la cabeza a la gente como hac&iacute;a Hannah Horvath en <em>Girls</em>, y parece ser lo m&aacute;s especial que tiene: la poes&iacute;a que escribe es frontal y de protesta (no es particularmente buena: no es importante), pero en la vida real ella no jode a nadie; al menos no es una intensa o una excitada como su amiga y ex amante Bobbi.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por estos mismos d&iacute;as apareci&oacute; en las redes de Netflix el trailer de una nueva adaptaci&oacute;n de <em><strong>Persuasi&oacute;n</strong></em>, la &uacute;ltima novela que <strong>Jane Austen </strong>lleg&oacute; a completar. Me result&oacute; una sorpresa el tono: le&iacute; muchas veces esa novela, teniendo distintas edades, y aunque termina bien (esto no es un spoiler: todas las novelas de Jane Austen terminan bien) cada vez que la le&iacute; tuve la misma sensaci&oacute;n de tristeza y melancol&iacute;a. La volv&iacute; a revisar: por supuesto que tiene momentos divertidos, pero en general es una historia gris, con una protagonista t&iacute;mida y hasta seca (que nada tiene que ver con la Elizabeth Bennett de <em>Orgullo y prejuicio</em> o la protagonista de <em>Emma</em>) que se va haciendo mayor y se da cuenta de que va a convertirse en una solterona que dej&oacute; ir su &uacute;nica chance de felicidad por no haberse animado a plantarse ante su familia. Es un libro triste, un libro sobre perder el tiempo, sobre dejar la propia vida tratando de complacer a los dem&aacute;s. No me sorprendi&oacute; que eligieran a Dakota Johnson para hacer de Anne, aunque odio que elijan para representar a solteronas a chicas que no se ven solteronas para nosotros (en el libro no deb&iacute;a llegar a los treinta, pero para que esa sensaci&oacute;n de mujer ase&ntilde;or&aacute;ndose se reproduzca en el siglo XXI m&iacute;nimo necesitamos una actriz de cuarenta y pico); pero verla hablando a c&aacute;mara como Fleabag e ironizando sobre sus conocidos me pareci&oacute; no una infidelidad a la novela, porque en eso no creo, sino un desperdicio. <strong>Entiendo que esos dos arquetipos, la Frances de </strong><em><strong>Conversations with Friends</strong></em><strong> y la Anne/Fleabag de Dakota Johnson, son los &uacute;nicos dos tipos de hero&iacute;nas que podemos acompa&ntilde;ar en la cultura masiva de estos a&ntilde;os: las que no pueden fracasar. Una porque es tan calladita que no quiere nada con tantas ganas como para salir perdiendo, y otra porque es tan canchera que incluso cuando pierde no mucho no llora, se r&iacute;e.</strong> La que desea algo con toda su alma, tanto que no puede disimularlo, tanto que se lo cuenta a todas sus amigas, y que se rompe cuando no se le arma, cuando pierde en un sentido claro e innegable, esa es de mal gusto y no le divierte a nadie. A los chicos no les gusta y nosotras no queremos ser ella, tampoco, ni en el siglo XIX ni en el XXI. No quedan muchos tab&uacute;es en nuestra cultura, es m&aacute;s, quiz&aacute;s no queda ninguno; pero quedan rincones oscuros, lugares en los que nadie quiere poner una linterna. A veces pienso que el de los deseos fogosos e intensos pero que al final no se cumplen, el rinc&oacute;n de las derrotas aut&eacute;nticas, es el m&aacute;s anochecido de todos.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jun 2022 03:02:33 +0000]]></pubDate>
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