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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - enojo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/enojo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - enojo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La importancia de enojarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/importancia-enojarse_129_12177335.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a4fe750-c144-4f89-96cb-f05e2a0253a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La importancia de enojarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El enojo puede ser muy dañino, pero también una poderosa fuerza movilizadora. Si lo manejamos con precaución, puede sacarnos de la apatía y generar cambios.</p></div><p class="article-text">
        El enojo tiene mala prensa, se dice &ldquo;el que se enoja, pierde&rdquo;. Por eso suele ser una emoci&oacute;n subvalorada, a la que a veces no se le reconoce la importancia y la utilidad que tiene. Pero el enojo no s&oacute;lo es parte de nuestras vidas, sino que puede tener muchos beneficios: nos saca de la apat&iacute;a, nos empuja a actuar y, manejado con precauci&oacute;n, nos puede hasta ayudar a enfocarnos. 
    </p><p class="article-text">
        Enojarse es una sensaci&oacute;n desagradable, por eso es com&uacute;n intentar evitarla. Aunque no parece que tengamos mucho &eacute;xito en eso: 15% de las personas en Argentina <a href="https://www.gallup.com/analytics/349280/gallup-global-emotions-report.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dice</a> haber sentido bastante enojo en las &uacute;ltimas 24 horas. Pens&aacute; hace cu&aacute;nto fue la &uacute;ltima vez que te enojaste, &iquest;alg&uacute;n auto que se te cruz&oacute;, un compa&ntilde;ero de laburo que te clav&oacute; con algo, un amigo que cancel&oacute; a &uacute;ltimo momento? Hay todo tipo de enojos, con diferentes niveles de intensidad, pero pasa todo el tiempo y, en general, tienen una funci&oacute;n. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En un <a href="https://www.apa.org/monitor/mar03/whenanger" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> en el que les preguntaban a las personas sobre sus &uacute;ltimos enojos, c&oacute;mo se sintieron y qu&eacute; sacaron de ellos, encontraron que m&aacute;s de la mitad dec&iacute;a que un episodio de enojo les hab&iacute;a tra&iacute;do resultados positivos, por ejemplo pod&iacute;an identificar mejor sus fallas. &ldquo;El enojo es una respuesta a la realidad, una emoci&oacute;n primaria para mostrar algo, enunciar algo, que en algunos casos nos envalentona y en otros nos puede frustrar&rdquo;, explica <strong>Mel Gregorini</strong>, psic&oacute;logo cognitivo conductual. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de ayudarnos a expresar un rechazo a algo que ocurri&oacute;, el enojo tiene otros efectos sobre nosotros. Uno es que nos enfoca. En un <a href="https://www.apa.org/pubs/journals/releases/psp-pspa0000350.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>, le pidieron a los participantes que resolvieran una serie de problemas, eran anagramas en los que ten&iacute;an que reordenar las letras para formar una palabra. Antes de hacerlo los induc&iacute;an a trav&eacute;s de im&aacute;genes a sentir diferentes emociones, como tristeza, deseo, rabia o un estado neutro. Encontraron que quienes estaban enojados tend&iacute;an a resolver m&aacute;s problemas. La rabia puede servir para enfocarse en la meta. &iquest;Nunca te pas&oacute; que te enojaste con algo que no funciona y decidiste probarlo todo hasta hacerlo andar por la bronca? Puede ser un gran motivador. 
    </p><p class="article-text">
        En algunos casos nos podemos pasar tambi&eacute;n. En el <a href="https://www.apa.org/pubs/journals/releases/psp-pspa0000350.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mismo estudio</a>, pusieron a los participantes a resolver otros problemas y les dieron la posibilidad de hacer trampa: el investigador les dec&iacute;a que dijeran cu&aacute;ntos problemas hab&iacute;an resuelto y que tiraran los resultados a la basura. Despu&eacute;s de que los participantes se iban, revisaban lo que hab&iacute;an tirado. Quienes estaban enojados ten&iacute;an m&aacute;s chance de hacer trampa que los otros. Se ve que la rabia nos enfoca en lograr el mayor n&uacute;mero, sin importar c&oacute;mo. Quiz&aacute;s el foco en la meta puede ser demasiado intenso y perdemos de vista algunas consideraciones en el proceso.
    </p><p class="article-text">
        Pero el enojo tiene algo de movilizador que, a diferencia de otras emociones que nos pueden generar una situaci&oacute;n negativa, como la tristeza o el miedo, nos puede devolver una sensaci&oacute;n de control. Justo despu&eacute;s de los ataques terroristas de 2001 en los Estados Unidos, hicieron <a href="https://www.apa.org/monitor/mar03/whenanger" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a> en el que le generaban a los participantes estas distintas emociones (miedo, tristeza o enojo) y luego ve&iacute;an cu&aacute;n temerosos u optimistas eran sobre el futuro. Lo que vieron es que el enojo ten&iacute;a m&aacute;s probabilidad de llevar al optimismo. Y aunque suena raro, porque en general cuando estamos enojados no estamos en nuestra versi&oacute;n m&aacute;s alegre y optimista, hay algo de esa reacci&oacute;n que nos hace sentir que tenemos m&aacute;s control. Cuando estamos enojados, de cierta manera nos sentimos m&aacute;s poderosos, y creemos que somos capaces de enfrentar al mundo y lograr cosas, que podemos actuar sobre la realidad, <a href="https://psycnet.apa.org/record/2006-05240-004" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n explican</a> los investigadores. Y eso nos hace sentir que las cosas pueden mejorar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso no es raro que muchos movimientos sociales surjan del enojo. &ldquo;Hay una asociaci&oacute;n muy fuerte entre la injusticia y el enojo, cuando una persona siente algo como injusto trata de rebelarse frente a eso&rdquo; explica Gregorini. Y esto que ocurre a nivel individual, puede aplicarse tambi&eacute;n a nivel social: la rabia es un gran catalizador.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, el enojo parece ser una de las principales motivaciones cuando votamos. As&iacute; lo identific&oacute; <a href="https://www.researchgate.net/publication/231894452_Election_Night's_Alright_for_Fighting_The_Role_of_Emotions_in_Political_Participation" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una encuesta</a> en los Estados Unidos (pa&iacute;s en el que el voto es voluntario), en la que le preguntaron a las personas, sobre c&oacute;mo se sintieron antes y despu&eacute;s de la elecci&oacute;n y si hab&iacute;an ido a votar. Encontraron que quienes m&aacute;s hab&iacute;an participado de la elecci&oacute;n, mayores niveles de enojo presentaban.
    </p><p class="article-text">
        La rabia puede movilizar mucho. Y, por lo mismo, tambi&eacute;n puede ser manipulada para dirigirla contra otros grupos o espacios, con todos los riesgos que eso puede traer. A nivel individual tambi&eacute;n, el enojo mal gestionado nos puede llevar a hacer todo tipo de cosas de las que nos podemos arrepentir despu&eacute;s. Pero puede ser muy atractiva.
    </p><p class="article-text">
        Quienes lo saben muy bien son las redes sociales, donde generar bronca se recompensa con interacciones y amplificaci&oacute;n del contenido. El contenido que genera enojo <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/03637751.2023.2236183" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tiende a ser m&aacute;s replicado</a>, y esto genera un ciclo en el que los usuarios <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abe5641" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">producen m&aacute;s</a> de ese contenido, justamente para aumentar su llegada. As&iacute;, terminamos inundados de mensajes que buscan explotar nuestra bronca.
    </p><p class="article-text">
        El enojo puede ser muy da&ntilde;ino, a nivel personal cuando sale con una fuerza explosiva y nos lleva a romper todo, y a nivel social, puede ser f&aacute;cilmente manipulado para llevarnos a extremos. Pero es que es una emoci&oacute;n muy potente que nos puede sacar de la apat&iacute;a, movilizarnos y generar cambios. Manejado con precauci&oacute;n, sin volvernos adictos a la indignaci&oacute;n permanente ni dejar que nos manipulen, puede ser un gran catalizador. Est&aacute; bien enojarse cada tanto y demostrarlo, es parte de mostrar que lo que pasa nos importa. Amigu&eacute;monos con el enojo. 
    </p><p class="article-text">
        <em>OS/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/importancia-enojarse_129_12177335.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Mar 2025 09:32:54 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿De qué sirve enojarse?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sirve-enojarse_129_11498915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a3fe6dc3-e110-46b9-babc-49f2c001dcd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿De qué sirve enojarse?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué paciente no tuvo un analista que se enojó alguna vez? ¿Qué analista no se enojó alguna vez con un paciente? El enojo no es una pasión simple, sino profundamente vincular, en particular, con aquello del otro que nos resulta ofensivo, que nos degrada, que nos deja pasivos. </p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n no tuvo un analista que se enoj&oacute; alguna vez? &iquest;Qui&eacute;n no se enoj&oacute; alguna vez con un paciente, sea que lo haya comunicado o no? Es cierto que para el sentido com&uacute;n este ser&iacute;a un afecto reprobable, pero al menos desde el punto de vista cotidiano puede admitirse que el analista no es menos imperfecto que su paciente y, si ocurriera esta situaci&oacute;n, disculpar&iacute;a su humanidad; mientras que para la mirada del manual de psicoan&aacute;lisis se tratar&iacute;a de la peor de las circunstancias, la que acusar&iacute;a que cometi&oacute; una falta grav&iacute;sima, que no supo estar a la altura, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Que el analista se enoje es algo que ocurre, en todo caso importa pensar cu&aacute;l es el sentido de este afecto. Porque no tiene que tratarse de un enojo efectivo, ya que son muchas veces los pacientes quienes lo suponen en la fantas&iacute;a. Por ejemplo, una mujer avisa que no va a llegar a su sesi&oacute;n y, en el mensaje escrito, dice: &ldquo;Me vas a matar, te pido mil disculpas&hellip;&rdquo;. Ahora bien, &iquest;cu&aacute;l es el motivo de este pedido de perd&oacute;n? En otro caso, un muchacho se queda pensando que su analista se enoj&oacute; cuando olvid&oacute; el pago de la sesi&oacute;n y que ese fue el motivo de que no le ofreciera otra sesi&oacute;n para la misma semana. Dicho de otra manera, los pacientes cuentan con que sus analistas, de vez en cuando, se enojen; en efecto, muchas veces ocurre que uno de los motivos por los que consultan sea el temor a que el otro se enoje. 
    </p><p class="article-text">
        Este temor fantaseado se entrelaza con las m&aacute;s diversas coordenadas sintom&aacute;ticas: guardar silencio, dificultad para hablar sin dar muchas vueltas y rodeos, hablar reci&eacute;n cuando no queda otra, pero explosivamente, es decir, cuando el otro no puede escuchar nada y quien habla tampoco puede responder por sus palabras porque es capaz de decir cualquier cosa, en fin, cuando queda claro que la fantas&iacute;a de que el otro se enoje no es m&aacute;s que la proyecci&oacute;n de la propia hostilidad, no asumida, asociada al temor de que dirigir hacia el otro una pasi&oacute;n agresiva no har&iacute;a otra cosa que interrumpir la relaci&oacute;n. Esta fantas&iacute;a se traduce en otras: el temor a que el otro se vaya y abandone si uno no es completamente bueno y amable; el miedo a que la agresividad solo pueda ser destructiva y, por lo tanto, produzca un da&ntilde;o irreparable y no enriquezca el v&iacute;nculo. Estas son solo algunas fantas&iacute;as, que no desarrollar&eacute; junto a las dem&aacute;s, porque no es lo que me interesa destacar en este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        En este punto s&iacute; quisiera destacar lo que ocurre cuando un analista se enoja. Pienso, por ejemplo, en un caso de supervisi&oacute;n: una mujer le avisa a su analista que no podr&aacute; pagar la sesi&oacute;n completa, porque se qued&oacute; sin dinero, mientras que &eacute;ste advierte que ella tiene una bolsa de una tienda de ropa; entonces, le dice: &ldquo;Se ve que para otras cosas s&iacute; tiene plata&rdquo;. Si bien se trata de un chiste, lo cierto es que la paciente se siente ofendida por esta intervenci&oacute;n y, m&aacute;s all&aacute; de si tiene raz&oacute;n o no, lo significativo es que con ese chiste el analista no dej&oacute; de transmitir su molestia. Ahora bien, a partir de conversar sobre el caso, notamos que esa incomodidad que lo molestaba se basaba en la sensaci&oacute;n de que, en definitiva, si ella hab&iacute;a comprado algo antes de la sesi&oacute;n y luego no ten&iacute;a el dinero, era &eacute;l quien hab&iacute;a pagado por ella, como si &eacute;l hubiera sido quien le compr&oacute; la ropa. Pudimos pensar en este momento: &iquest;por qu&eacute; ella quiso hacerlo pagar? 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El enojo del analista no es una desventura, una desgracia que habría que evitar, sino que es una de las maneras más propicias en que se pone de manifiesto el síntoma de un paciente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        O, dicho de otro modo, &iquest;es objetable que ella quisiera que &eacute;l le diese algo? O, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, &iquest;es ileg&iacute;timo que un paciente, eventualmente, prefiera usar su dinero para otra cosa que para el an&aacute;lisis? Por esta v&iacute;a fue que pudimos conversar acerca del modo en que se pautaban las sesiones en ese an&aacute;lisis, para descubrir que quiz&aacute; la sesi&oacute;n semanal establecida de antemano era un requisito burocr&aacute;tico que no se correspond&iacute;a con las particularidades del caso, un recurso administrativo que tranquilizaba m&aacute;s al analista que a la paciente, que respondi&oacute; de la manera m&aacute;s saludable en que alguien puede hacerlo a veces: con un s&iacute;ntoma dirigido al analista. De este modo, esa actitud con que el analista se enojaba y que le sirvi&oacute; para pensar que ese tratamiento no iba del todo bien, que se encontraba ante una paciente poco comprometida, demostraba todo lo contrario: era con ese gui&ntilde;o que empezaba el an&aacute;lisis propiamente dicho.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con lo anterior, entonces, se desprende una conclusi&oacute;n: el enojo del analista no es una desventura, una desgracia que habr&iacute;a que evitar, sino que es una de las maneras m&aacute;s propicias en que se pone de manifiesto el s&iacute;ntoma de un paciente, una de las formas m&aacute;s pr&iacute;stinas en que el s&iacute;ntoma se encabalga en la relaci&oacute;n con el analista y, por cierto, sin este pasaje, un an&aacute;lisis es solo hablar de tal o cual cosa, pero no una experiencia que tenga consecuencias duraderas para la vida.
    </p><p class="article-text">
        Esta coordenada tiene una motivaci&oacute;n espec&iacute;fica: el enojo no es una pasi&oacute;n simple, sino profundamente vincular, en particular, con aquello del otro que nos resulta ofensivo, que nos degrada, que nos deja pasivos. Porque lo que enoja tiene como base la satisfacci&oacute;n del otro. Si algo enoja en el otro, es la suposici&oacute;n de que la pasa b&aacute;rbaro con nuestro padecer. Esta estructura m&iacute;nima es la que se verifica en el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia, como la que se resume en aquella frase que dice que otros vienen a sacarnos el trabajo&hellip; lo que no hace m&aacute;s que mostrar que otros hacen el trabajo que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Esta observaci&oacute;n es crucial, entonces, porque indica que el enojo es la renuncia a un acto. Nos enojamos para no hacer algo. Todo enojo es por omisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, antes que reprochar el enojo, se trata de darle una utilidad, el enojo es una pasi&oacute;n muy precisa (y preciosa). El uso del enojo sirve para que un analista pueda maniobrar mejor con el s&iacute;ntoma de su paciente, siempre que no lo act&uacute;e. Actuar el enojo no har&iacute;a m&aacute;s que ofrecer una satisfacci&oacute;n sustitutiva y, a veces, ofrecer una excusa para la interrupci&oacute;n del tratamiento. Un analista no solo debe aprender a ser destinatario de las pasiones m&aacute;s bajas de sus pacientes (en la medida en que puede encarnar ese objeto primario que, muchas veces, fue frustrante, al que se temi&oacute;, se odi&oacute;, etc.), sino que tambi&eacute;n debe reconocerlas en &eacute;l y, eventualmente, destinarles un uso propicio para el an&aacute;lisis. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sirve-enojarse_129_11498915.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jul 2024 09:22:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿De qué sirve enojarse?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,enojo,Psicoanálisis,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Ley del hielo" en las relaciones de pareja: qué es y por qué no hay que aplicarla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/ley-hielo-relaciones-pareja-no-hay-aplicarla_1_9247886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da894e54-df5c-4550-9e85-b8c5af158963_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Ley del hielo&quot; en las relaciones de pareja: qué es y por qué no hay que aplicarla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchas personas, cuando se enojan, deciden ignorar al otro, no le hablan y actúan como si no existiera.</p></div><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n es bastante habitual en no pocas relaciones, quiz&aacute; m&aacute;s de las que se podr&iacute;a imaginar. Una de las dos personas se enoja con la otra y -en lugar de expresarlo y dar sus motivos para tratar de remediar la situaci&oacute;n- asume la actitud contraria: deja de hablar y <strong>act&uacute;a con indiferencia y frialdad</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la conducta que se conoce como &ldquo;ley del hielo&rdquo;, un conjunto de comportamientos que persiguen el fin de ignorar al otro, como <strong>una forma de &ldquo;castigo</strong>&rdquo; por lo que (se supone) ha hecho mal y esperar que pida disculpas o enmiende su error.
    </p><p class="article-text">
        Por lo general, cuando se habla de esta &ldquo;ley del hielo&rdquo; se alude a las relaciones de pareja. Sin embargo, tambi&eacute;n puede aparecer en <strong>otros tipos de v&iacute;nculos</strong>: de amistad, padres o madres con sus hijos e hijas, otras relaciones de parentesco, etc.
    </p><h3 class="article-text">C&oacute;mo se manifiesta la &ldquo;ley del hielo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les son las maneras en que la acci&oacute;n de ignorar al otro se ponen de manifiesto? Enumeramos a continuaci&oacute;n <strong>algunas de las formas m&aacute;s comunes</strong>. La persona que aplica la &ldquo;ley del hielo&rdquo;:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Finge que no escucha a la otra persona.</li>
                                    <li>Cuando acepta haber escuchado, <strong>no responde o lo hace con monos&iacute;labos</strong>.</li>
                                    <li>Niega que haya alg&uacute;n problema, que se sienta mal, que algo le haya molestado, etc.</li>
                                    <li>No atiende las llamadas ni responde los mensajes, o lo hace cuando ha pasado mucho tiempo.</li>
                                    <li>Pasa por alto lo que la otra persona le cuenta, le pide o necesita, o <strong>muestra desinter&eacute;s</strong> por ello.</li>
                                    <li><strong>Evita el contacto visual y f&iacute;sico</strong>, como si la otra persona fuese invisible o no existiera.</li>
                                    <li>Elude las actividades sociales con la otra persona, e incluso deshace planes acordados con anterioridad.</li>
                                    <li><strong>Advierte el desconcierto y el sufrimiento</strong> del otro debido a su modo de ignorarlo, y pese a ello se mantiene en su actitud.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Aplicar la &ldquo;ley del hielo&rdquo; consiste en <strong>una actitud agresivo-pasiva y una forma de abuso emocional</strong>, que tiene importantes efectos negativos no solo sobre la persona que la sufre, sino tambi&eacute;n sobre la propia relaci&oacute;n entre ambas.
    </p><h3 class="article-text">Efectos negativos de ignorar al otro</h3><p class="article-text">
        En la persona que sufre &ldquo;la ley del hielo&rdquo;, lo primero que aparece es la <strong>incertidumbre</strong>, porque en muchos casos desconoce a qu&eacute; se debe la actitud del otro y, por lo tanto, no sabe a qu&eacute; atribuirla y c&oacute;mo interpretarla. Esto genera ansiedad, estr&eacute;s emocional, desaz&oacute;n y tristeza.
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s, sobre todo en los casos en que estas situaciones se repiten con frecuencia, la v&iacute;ctima tambi&eacute;n experimenta otras consecuencias: inseguridad, preocupaci&oacute;n constante, <strong>persistente sensaci&oacute;n de que algo no va bien</strong>, desgaste de la autoestima.
    </p><p class="article-text">
        La v&iacute;ctima tambi&eacute;n puede sentir miedo o culpa. Y tambi&eacute;n pueden surgir sentimientos o reacciones de <strong>fastidio, enojo o ira</strong>, lo que a su vez es probable que moleste a&uacute;n m&aacute;s al otro, haciendo que &ldquo;endurezca&rdquo; sus medidas de frialdad. Es decir, que procure ignorarlo todav&iacute;a m&aacute;s, como en una suerte de c&iacute;rculo vicioso.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, en ocasiones, llega al punto de estar tan pendiente de esta tensi&oacute;n que <strong>deja de hacer su vida normal</strong> por miedo a que la otra persona se enoje. En este punto es cuando el abuso emocional alcanza algunas de sus cotas m&aacute;s altas.
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n con los perjuicios para la relaci&oacute;n, estas din&aacute;micas conducen a que la comunicaci&oacute;n sea mucho m&aacute;s pobre, lo cual a su vez puede ser causa de nuevos y numerosos problemas.
    </p><p class="article-text">
        Esto deriva en una <strong>baja capacidad para resolver los conflictos</strong>, y en consecuencia muchos problemas no se resuelven sino que van quedando &ldquo;enquistados&rdquo; en la historia de la pareja (o de la relaci&oacute;n de la que se trate). Se llega a producir una dependencia emocional de parte de quien sufre hacia quien ejerce esta &ldquo;ley&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">C&oacute;mo salir de la &ldquo;ley del hielo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; se puede hacer? Lo primero es tratar de descubrir la existencia del problema. Muchas personas act&uacute;an de esta manera de forma inconsciente, seguramente <strong>condicionadas por su mochila existencial</strong>. Por lo general, tampoco se dan cuenta del sufrimiento que su conducta provoca.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, reconocer que se trata de una pr&aacute;ctica recurrente y <strong>entender los perjuicios que genera</strong> son el primer paso para resolverlo. El silencio o la indiferencia no son la soluci&oacute;n de ning&uacute;n problema, y utilizarlos como &ldquo;castigo&rdquo; no conduce a nada bueno.
    </p><p class="article-text">
        Hay que tener en cuenta, adem&aacute;s, que la molestia o el enojo de quien aplica la &ldquo;ley del hielo&rdquo; pueden <strong>ni siquiera tener motivos reales</strong>. Existen actitudes y situaciones, sobre todo en las relaciones de pareja, que a menudo generan frustraci&oacute;n pero en realidad son normales.
    </p><p class="article-text">
        Una de las m&aacute;s frecuentes es el af&aacute;n de la otra persona de tener su <strong>vida privada</strong>, es decir, un espacio en el que su pareja no participa. Tambi&eacute;n hechos como que la otra persona no quiera que duerman abrazados, por una cuesti&oacute;n de comodidad, o descubrir que el otro se masturba en soledad. Se trata de cuestiones que <strong>son normales</strong> y que en s&iacute; mismas no denotan la existencia de problema alguno.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La comunicaci&oacute;n, mejor que el silencio</strong></h3><p class="article-text">
        Ante estas situaciones -u otras que pueden causar frustraci&oacute;n o incluso tristeza- lo que aconsejan los expertos es hablar con la otra persona. Una buena comunicaci&oacute;n permite exponer los sentimientos negativos, conocer la posici&oacute;n del otro y <strong>tratar de llegar a un consenso o un acuerdo</strong> para que ambos est&eacute;n bien.
    </p><p class="article-text">
        Si en lugar de eso la respuesta consiste en llamarse a silencio e ignorar al otro, no solo no se alivia el malestar sino que adem&aacute;s, como ya se ha mencionado, se generan problemas nuevos.
    </p><p class="article-text">
        Esto no quiere decir que haya que hablar de todos los problemas de inmediato, siempre y en cualquier circunstancia. Cada persona necesita sus tiempos para <strong>procesar sus sentimientos</strong>, las cosas que le generan incomodidad, malestar u otras sensaciones negativas.
    </p><p class="article-text">
        Pero una cosa es el <strong>tiempo de silencio y de introspecci&oacute;n</strong> que hace falta para pensar, tranquilizarse o entender mejor una situaci&oacute;n, y otra muy distinta, la indiferencia ejercida de forma deliberada.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, si la &ldquo;ley del hielo&rdquo; genera problemas mayores, o si pese a ser consciente de ella alguien siente que no puede evitar ponerla en pr&aacute;ctica, <strong>acudir a terapia psicol&oacute;gica</strong> -de forma individual o incluso en pareja- puede ser un paso hacia la soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/ley-hielo-relaciones-pareja-no-hay-aplicarla_1_9247886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Aug 2022 18:13:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Ley del hielo" en las relaciones de pareja: qué es y por qué no hay que aplicarla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[pareja,Relaciones,indiferencia,enojo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué nos ponemos de mal humor cuando tenemos hambre?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/ponemos-mal-humor-hambre_1_9106273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/443c5cc5-b3e7-4bd4-84cd-2b51ea5b9a3f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="¿Por qué nos ponemos de mal humor cuando tenemos hambre?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todos hemos experimentado alguna vez la punzada del enojo cuando llevamos demasiado tiempo sin comer.</p></div><p class="article-text">
        Muchas personas se enojan y se ponen de mal humor cuando tienen hambre y no pueden comer. Detr&aacute;s de ello se esconde&nbsp;<strong>el t&eacute;rmino ingl&eacute;s&nbsp;</strong><em><strong>Hanger</strong></em>&nbsp;(fusi&oacute;n en ingl&eacute;s de hambriento y enojado), reconocido por el Oxford English Dictionary en 2018 y que significa &ldquo;mal genio o irritable como resultado del hambre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; dice la ciencia detr&aacute;s de este comportamiento? &iquest;De d&oacute;nde viene el mal humor? &iquest;Por qu&eacute; no afecta a todo el mundo por igual? La respuesta podr&iacute;a estar en algunos de los&nbsp;<strong>procesos que ocurren dentro del cuerpo cuando necesitamos comida</strong>. Hay varios estudios que analizan el impacto y la relaci&oacute;n que se establece entre una ca&iacute;da aguda de los niveles de glucosa y el estado de &aacute;nimo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Hambre, enojo y niveles de glucosa</h2><p class="article-text">
        Carbohidratos, prote&iacute;nas y grasas de los alimentos se digieren y&nbsp;<strong>se transforman en az&uacute;cares simples&nbsp;</strong>(como glucosa), amino&aacute;cidos y &aacute;cidos grasos libres. Estos nutrientes pasan al torrente sangu&iacute;neo, desde donde se distribuyen a &oacute;rganos y tejidos y se usan para obtener energ&iacute;a. A medida que pasa el tiempo despu&eacute;s de la &uacute;ltima comida, la cantidad de estos nutrientes que circulan en el torrente sangu&iacute;neo empieza a disminuir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si los niveles de glucosa en sangre caen lo suficiente,&nbsp;<strong>el cerebro lo percibe como una situaci&oacute;n preocupante</strong>,&nbsp;porque es un &oacute;rgano que depende de manera significativa de la glucosa para poder hacer bien su trabajo. Esto puede traducirse en mayor facilidad para enojarnos, m&aacute;s dificultad para concentrarnos, tendencia a cometer errores e incluso a arrastrar palabras a la hora de hablar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que, cuando nos quedamos sin comida, el cuerpo empieza a descomponer sus propias reservas de grasa para obtener energ&iacute;a,&nbsp;<strong>algunas de las cuales convierte en&nbsp;</strong><strong>cetonas</strong>, un producto del metabolismo de las grasas. Se cree, adem&aacute;s, que las cetonas ayudan a mantener el hambre bajo control, porque el cerebro es capaz de usarlas en lugar de glucosa como combustible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, cuando los niveles de az&uacute;car son bajos, se dispara el hipot&aacute;lamo y se ven afectados tambi&eacute;n los niveles de distintas hormonas como la del crecimiento, la leptina y la grelina. Este desequilibrio provoca un cambio en los neurotransmisores y&nbsp;<strong>suprime los receptores de serotonina</strong>, una hormona que ayuda a regular el estado de &aacute;nimo y el apetito. El enojo y la frustraci&oacute;n son respuestas comunes a todo esto, sobre todo en aquellas personas que son m&aacute;s propensas a sentirse malhumoradas.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Contexto y autoconciencia, tambi&eacute;n influyen en las emociones negativas</h2><p class="article-text">
        Una investigaci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n Americana de Psicolog&iacute;a (<a href="https://www.apa.org/news/press/releases/2018/06/hungry" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">APA</a>) va m&aacute;s all&aacute; de la simple ca&iacute;da de az&uacute;car en la sangre como responsable del mal humor y dice que puede ser &ldquo;<strong>una respuesta emocional complicada</strong>&nbsp;que implica una interacci&oacute;n de biolog&iacute;a, personalidad y se&ntilde;ales ambientales&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los expertos hablan de dos conceptos claves a la hora de determinar si el hambre contribuir&aacute; a las emociones negativas o no:&nbsp;<strong>contexto y autoconciencia</strong>. En un experimento, los expertos mostraron una imagen dise&ntilde;ada para provocar sentimientos positivos, neutrales o negativos y otra ambigua (un pictograma chino) y se les pidi&oacute; que calificaran el pictograma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las personas m&aacute;s hambrientas fueron m&aacute;s propensas a calificar las pictograf&iacute;as chinas ambiguas como negativas despu&eacute;s de recibir una imagen negativa; por tanto, una imagen negativa proporcionar&iacute;a un contexto para las personas, que las interpretan como desagradables. Incluso algunos&nbsp;<a href="https://www.pnas.org/content/111/17/6254.abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a>&nbsp;dicen que un bajo nivel de glucosa podr&iacute;a estar relacionado con mayor riesgo de&nbsp;<strong>reacciones agresivas con la pareja</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para los expertos,&nbsp;<strong>el autocontrol de los impulsos agresivos necesita energ&iacute;a</strong>&nbsp;y gran parte de &eacute;sta procede de la glucosa de los alimentos que ingerimos. Seg&uacute;n concluye la investigaci&oacute;n, la violencia de pareja puede ser el resultado de la falta de autocontrol.
    </p><h2 class="article-text">Seis formas para equilibrar comida y buen humor&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La forma m&aacute;s f&aacute;cil de tener el hambre bajo control es comer algo antes de tener mucha. De la misma manera que&nbsp;<strong>no debemos esperar a tener sed para beber agua</strong>, tampoco debemos esperar a sentirnos hambrientos para comer. Para ello, pueden seguirse una serie de recomendaciones:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Planificar comidas</strong>&nbsp;y tentempi&eacute;s que estabilicen el az&uacute;car en la sangre.</li>
                                    <li>Consumir&nbsp;<strong>peque&ntilde;as cantidades de comida cada dos o tres horas</strong>&nbsp;si hay tendencia a tener los niveles bajos en az&uacute;car en la sangre.</li>
                                    <li><strong>Priorizar el consumo de alimentos ricos en fibra y prote&iacute;nas</strong>&nbsp;y verduras. La fruta debe ser la gran protagonista de la alimentaria, mejor si es entera, porque es alta en fibra y tiene az&uacute;cares naturales. Tambi&eacute;n elegir alimentos que contengan muchas prote&iacute;nas. Los alimentos con carbohidratos aumentar&aacute;n el nivel de az&uacute;car en la sangre, lo que desencadena una reacci&oacute;n para activar la hormona insulina.</li>
                                    <li><strong>Reducir la cantidad de carbohidratos simples</strong>, como tortas, facturas o galletitas, chocolate, etc. Aunque este tipo de alimentos generalmente aumentan de manera significativa los niveles de glucosa en sangre, tambi&eacute;n bajan r&aacute;pidamente. Estos alimentos con az&uacute;car pueden hacer que nos sintamos bien en un primer momento, pero luego provocan una sensaci&oacute;n de choque poco despu&eacute;s.&nbsp;</li>
                                    <li><strong>Beber mucha agua</strong>.</li>
                                    <li><strong>No saltarse ninguna comida</strong>.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En cambio, deber&aacute;n&nbsp;<strong>evitarse alimentos como aperitivos salados,&nbsp;</strong>papas fritas y galletitas saladas porque contienen mucha sal; az&uacute;car excesivo y bebidas con cafe&iacute;na, porque favorecen la deshidrataci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; otras medidas pueden ayudar? Adem&aacute;s de contar hasta diez antes de contestar o reaccionar frente a algo cuando estamos hambrientos, es mejor que, antes de afrontar un problema, esperemos a haber comido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>M.Ch.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/ponemos-mal-humor-hambre_1_9106273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jun 2022 02:45:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué nos ponemos de mal humor cuando tenemos hambre?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hambre,malhumor,reacción,enojo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
