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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Michel Houellebecq]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/michel-houellebecq/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Michel Houellebecq]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Tal vez no estamos hechos para vivir: la 'Aniquilación' según Michel Houellebecq]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vez-no-hechos-vivir-aniquilacion-michel-houellebecq_129_9118424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ac5a6a2-caa4-44ff-a469-35782d6a2154_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tal vez no estamos hechos para vivir: la &#039;Aniquilación&#039; según Michel Houellebecq"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo último del autor francés es la novela que escribió siempre, de nuevo literatura política y sentimental</p></div><p class="article-text">
        Ya se habr&aacute; escrito todo. Con Houellebecq siempre hay prisas. Menos mal que nadie lee nada. Pasado el revuelo<em> </em>de la novedad, y a d&iacute;a de hoy bastan un par de d&iacute;as para que algo deje de serlo, la &uacute;ltima novela de <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/michel-houellebecq-premio-goncourt_1_4503845.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Michel Houellebecq</a> resulta ser la novela que el autor franc&eacute;s escribi&oacute; siempre, de nuevo literatura pol&iacute;tica y sentimental. Pol&iacute;tica en el sentido en que las relaciones humanas son penosa actividad administrativa mientras la gesti&oacute;n administrativa, lo que entendemos por pol&iacute;tica en s&iacute;, no es m&aacute;s que propaganda y estrategia b&eacute;lica, puro juego al servicio de la siniestra disciplina econ&oacute;mica. Sentimental, decimos, porque <em>Aniquilaci&oacute;n</em> es, una vez m&aacute;s, una novela sobre el amor y su falta, sobre la p&eacute;rdida (y no poca, sino la p&eacute;rdida de todo), y es tambi&eacute;n el lamento ya sabido en un escritor que no se permite ser sentimental precisamente porque lo es hasta la miga del hueso.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El futuro ya est&aacute; aqu&iacute;</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Mucha gente hoy se hab&iacute;a vuelto idiota: era un fen&oacute;meno contempor&aacute;neo evidente, indiscutible&rdquo;, se lee en alg&uacute;n momento de <em>Aniquilaci&oacute;n</em>. Antes, en la primera p&aacute;gina, se desliz&oacute; un dato accesorio: el protagonista tiene un iPhone 11 aunque el mundo va por el modelo 23. Se trata, por tanto, de una novela futurista con un protagonista rendido, o al menos algo cansado de la estafa tecnol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier individuo de sensibilidad y sentido ha de aborrecer, al menos en d&iacute;as impares, el mundo que le ha tocado vivir y la generaci&oacute;n que le corresponde, sin que su pertenencia a la misma sea &oacute;bice para la n&aacute;usea. La vida en pareja, las cenas en la ciudad, la culpa, por suerte siempre delegable (en el mundo moderno no hay hijos de puta sino personas t&oacute;xicas), el respeto a la biodiversidad como ideolog&iacute;a, la pamema de los huertos urbanos y, en fin, una bombonera de razones para la depresi&oacute;n profunda.
    </p><p class="article-text">
        <em>Aniquilaci&oacute;n</em>, que transcurre &ndash;igualmente disfrutable pero tal vez algo m&aacute;s rutinaria que obras anteriores del autor&ndash; en el a&ntilde;o 2027, pone en escena un mundo desactualizado en todos los aspectos que lo conforman. En lo pol&iacute;tico, en lo moral, en lo religioso y por descontado en lo intelectual, tal vez porque sea cierto que &ldquo;la reflexi&oacute;n y la vida son simplemente incompatibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La trama se abre con modales delirantes de <em>manga</em> (pongamos uno de Hiroya Oku): Paul Raison es asesor del ministro de Econom&iacute;a y Finanzas Bruno Juge, que cavila su candidatura para las elecciones presidenciales francesas, cuando de pronto ve recreada de manera hiperrealista su ejecuci&oacute;n (guillotina, <em>of course</em>) en un misterioso video viral al que suceder&aacute;n varios atentados de resonancia mundial: la explosi&oacute;n de un carguero en A Coru&ntilde;a, un ataque contra un banco de semen en Dinamarca o una masacre de migrantes en costas pitiusas.
    </p><p class="article-text">
        Gobernada por ese terrorismo fantasmal con trazas de activismo esot&eacute;rico, la novela, adem&aacute;s de salpicada por algunas im&aacute;genes, diagramas y dibujos a doble p&aacute;gina que operan extra&ntilde;as respiraciones frente a la apnea general, est&aacute; puntuada por los avatares de la vida personal del protagonista, afectada por el infarto cerebral que ha dejado pajarito a su padre, esp&iacute;a jubilado de la DGSI, y, c&oacute;mo no, por una peripecia matrimonial ins&iacute;pida y en descomposici&oacute;n, circunstancias que lo llevan a lamentar su incapacidad para discrepar con los terroristas &ldquo;si su objetivo era aniquilar el mundo moderno&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Velocidades malignas</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Devaluar el pasado y el presente en beneficio del futuro, devaluar lo real para preferir una virtualidad situada en un futuro incierto, son s&iacute;ntomas del nihilismo europeo mucho m&aacute;s decisivos que todo lo que Nietzsche pudo detectar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La idea del progreso como principio de decadencia y credo de idiotas, y esto ser&iacute;a par&aacute;frasis de Baudelaire, le ha supuesto a un autor como Houellebecq, cuya obra se adscribe a esa cepa rom&aacute;ntica tan malentendida pero todav&iacute;a de provecho, ser instrumentalizado precipitadamente por sectores conservadores de su pa&iacute;s al tiempo que sigue siendo auscultado y comprendido en su lucidez y en su po&eacute;tica de lo inmediato por una intelectualidad burguesa de presunta izquierda, boquiabierta ante uno de los pocos autores contempor&aacute;neos capaz de dar la hora exacta (el pulso de su tiempo, escribir&iacute;a alguno) y con el talento necesario para expresar cosas que todav&iacute;a no hab&iacute;an sido expresadas.
    </p><p class="article-text">
        Como todos sus personajes, tambi&eacute;n estos se sienten &ldquo;a disgusto (&hellip;) ante el sesgo general que hab&iacute;an tomado las cosas, aquel ambiente pseudol&uacute;dico, pero en realidad de una normativa cuasi fascista que poco a poco hab&iacute;a infestado hasta los menores recovecos de la vida&rdquo;. Y es que <em>Aniquilaci&oacute;n</em> parece preludio o anunciaci&oacute;n pero es cr&oacute;nica y presente vibrante.
    </p><p class="article-text">
        De la pandemia no hay rastro en el texto porque ser&iacute;a una vulgaridad y, aunque en su coraz&oacute;n late un <em>tecno-thriller</em> con querencia por los g&eacute;neros chicos y el siempre nutriente petardeo de la serie Z (para acceder a un supuesto plano simb&oacute;lico, la novela incorpora un recurso maldito y amateur como es el relato de los sue&ntilde;os del protagonista todas y cada una de las veces que este se duerme o echa una cabezada, sea en misa, repicando o a la sombra de un almendro), el ritmo global de la novela viene dictado, a lo largo y tendido de sus seiscientas p&aacute;ginas, por la lentificaci&oacute;n y la inmovilizaci&oacute;n de Occidente, los mismos s&iacute;ntomas que, en los &uacute;ltimos tiempos, autores m&aacute;s cosm&eacute;ticos hab&iacute;an confundido con velocidad y aceleraci&oacute;n del sistema.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Apenas esto que somos</strong></h3><p class="article-text">
        El h&eacute;roe de Houellebecq es una sombra de s&iacute; mismo que nunca come caliente y que al final del d&iacute;a mira abotargado documentales de ratas, ocas y tapires para elucidarse pero que, pese a todo, &ldquo;ha conseguido conservar algunas ilusiones sobre el mundo&rdquo;. El escritor lo observa, le escucha y atiende sus necesidades, si bien sus personajes se explican siempre en base al obst&aacute;culo que son para s&iacute; mismos y a los presupuestos econ&oacute;micos en que se basan sus relaciones humanas, establecidas como una burocracia llena de dificultades t&eacute;cnicas.
    </p><p class="article-text">
        Pero Houellebecq no enga&ntilde;a a nadie. Pese a las sempiternas acusaciones de nihilismo, en lectura atenta es indulgente y otorga confianza a todas las encarnaciones del afecto, desde la amistad hasta el amor filial pasando por el bendito infierno de la pareja, asociaci&oacute;n que, sostiene, &ldquo;suele constituirse en torno a un proyecto, a excepci&oacute;n del caso de las parejas fusionales, cuyo &uacute;nico proyecto es contemplarse eternamente, prodigarse hasta el fin de sus d&iacute;as atenciones acariciadoras, personas as&iacute; existen, Paul hab&iacute;a o&iacute;do hablar de ellas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa melancol&iacute;a rom&aacute;ntica y cierta posibilidad id&iacute;lica del amor como actividad abnegada y ajena a la producci&oacute;n, como noci&oacute;n de p&eacute;rdida, limosna o b&aacute;lsamo, es una resistencia caracter&iacute;stica en la obra del autor que aqu&iacute; le lleva a nuevas meditaciones sobre la pareja como lugar &ldquo;muy separado de la existencia humana, diferente tanto de la vida en general como de la vida social com&uacute;n a muchos mam&iacute;feros (&hellip;), es una experiencia de otro orden, ni siquiera una experiencia propiamente dicha, una tentativa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero <em>Aniquilaci&oacute;n</em> no deja de ser una novela de Michel Houellebecq y es por tanto un relato &ndash;porque el fuego se combate con fuego&ndash; apesadumbrado y entr&oacute;pico. Sobre la pareja, sobre el abstracto social, sobre la privatizaci&oacute;n de la identidad, sobre la absoluta falta de garant&iacute;as emocionales y sobre n&uacute;meros primos, que son aquellos, no lo olvidemos, &uacute;nicamente divisibles por s&iacute; mismos y por la unidad.
    </p><p class="article-text">
        Es una pieza de costumbrismo de confecci&oacute;n cl&aacute;sica y tradicional en sus mimbres, que se posa sobre temas delicados como las competencias de hombres y mujeres, y que trae consideraciones sexuales (no tantas) que aqu&iacute; quedar&iacute;an descontextualizadas y sometidas a las inercias est&uacute;pidas y majaderas de internet, pero que tonter&iacute;as no son y que en ocasiones deslumbran como reflejos s&uacute;bitos en el retrovisor.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n una enumeraci&oacute;n de hitos existenciales que se da morbosamente a los pormenores del infortunio como solo saben hacerlo, siempre por gusto, aquellos moralistas que son a la vez porn&oacute;grafos; y es, como de costumbre en su autor, un perseverante y tierno canto a la vida en toda su dolorosa e intratable magnitud. Un tranquilizador arrullo decadentista (y qu&eacute; es el decadentismo sino vitalismo destilado en espirituoso) que nos recuerda, p&aacute;gina a p&aacute;gina y en cada una de sus l&iacute;neas, que uno nunca llega a imaginar &ldquo;hasta qu&eacute; punto suele ser poca cosa la vida de la gente, y tampoco llega uno muy lejos cuando forma parte de esa &lsquo;gente&rsquo;, cosa que m&aacute;s o menos sucede siempre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>RL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vez-no-hechos-vivir-aniquilacion-michel-houellebecq_129_9118424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jun 2022 15:22:37 +0000]]></pubDate>
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