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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - sabores]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sabores/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - sabores]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Asco es el otro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/asco_129_12331126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd89baad-b62c-4a6b-b9a0-6874f013d2c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Asco es el otro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El asco tiene todo que ver con nuestra vida social y aspiracional. Si te gusta algo que para los demás es repelente, sos un quemo. Eso explica, también, por qué no funciona todo al revés. </p></div><p class="article-text">
        Tendemos a adoptar el asco como una respuesta definitiva. Una reacci&oacute;n incuestionable y para siempre.<strong> Si te dio asco el mondongo, lo m&aacute;s probable es que procedas a evitarlo toda tu vida. </strong>No importa que mientras tanto cambies seis veces de zapatillas y cuatro de pareja, que dejes de escuchar a Nicki Nicole por Charly o abandones el tejido por el remo en canoa. Hay m&aacute;s chances de que siga vigente un tatuaje de &ldquo;Odio el mondongo&rdquo; en tu brazo que uno con el nombre de tu novio. Ver comer mondongo a otras personas tambi&eacute;n te dar&aacute; un poquito de asco y, aunque no lo digas en voz alta, vas a poner cara de que ojal&aacute; evolucionaran todos y sacaran eso de tu vista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adoptamos ese aire de superioridad cuando de repugnancia se trata. Lo que nos genera rechazo se nos hace m&aacute;s que cuesti&oacute;n de gustos. No es que el cilantro no nos agrade, sucede que ES un asco. Ante la afronta de que alguien lo disfrute, oscilamos entre el desconcierto y la franca impaciencia. C&oacute;mo te va a gustar eso. Si ES un asco.
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        En general, como de todo. Por inclinaci&oacute;n natural: aunque no reacciono bien a las novedades en general, me gustan las comidas &ldquo;raras&rdquo; desde chica y siempre respond&iacute; con cierta fe ante las posibilidades nuevas en la mesa. Tambi&eacute;n porque aprend&iacute;, con los a&ntilde;os, que funciona. Cuanto m&aacute;s abr&iacute;s el juego y prob&aacute;s, m&aacute;s natural se te hace incorporar un sabor diferente, una textura inesperada. Un archivo amplio de experiencias gastron&oacute;micas (en especial si se form&oacute; cuando eras chico) ayuda a asociar lo nuevo con lo conocido, a interpretarlo con herramientas acopiadas. Me llevo bien con las achuras, con las especias, con el agridulce. S&eacute; que tengo un largo camino por recorrer con el picante, pero avanzo a paso lento y seguro. Cada vez lo disfruto un poco m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando persever&aacute;s en entender un sabor hasta que termina por gustarte, todo el proceso de reticencias se diluye o se omite entero, con el paso del tiempo. Mis aires de condescendencia aparecen con las personas ma&ntilde;osas para comer, mucho m&aacute;s que con la comida en s&iacute;. Pero despu&eacute;s de tanta jactancia, me descubro haciendo lo mismo que todos. &ldquo;El mate de coco no es mate&rdquo;, son palabras que suelto con demasiada facilidad. <strong>Todo lo relativo al mate saca a relucir el enano fascista que hay en m&iacute;: el mate no es dulce, no lleva boldo ni menta, no se ceba reg&aacute;ndolo como una maceta. Porque as&iacute;, bueno, as&iacute; es un asco.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada, en mis redes sociales, <a href="https://www.instagram.com/p/DJ5NLLQu8jG/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablamos de la palta</a>: cuando es &eacute;poca, en Misiones cosechan tantas que ya no saben qu&eacute; hacer con ellas. Suger&iacute; recetas: desde las m&aacute;s obvias, como el guacamole, hasta otras m&aacute;s raritas, como una mousse de chocolate. As&iacute; supe que la mitad del pa&iacute;s la conoc&iacute;a como postre, de peque&ntilde;os (con az&uacute;car, miel o un chorrito de oporto) y s&oacute;lo descubrieron que pod&iacute;an consumirla salada ya grandes, al viajar, casarse; en fin, exponerse a otros modos. Esto es as&iacute; en muchas provincias del norte argentino, pero tambi&eacute;n en Patagonia o en el Conurbano, entre descendientes de italianos, por ejemplo. La otra mitad de la gente conoce la palta salada desde el vamos, y por supuesto qued&oacute; igual de shockeada al conocer la versi&oacute;n dulce (que es la m&aacute;s com&uacute;n en Paraguay y en Brasil, tambi&eacute;n). Ambas mitades, como es obvio, reaccionaron a pleno asco cuando descubrieron la alternativa. Muchos hicieron la transici&oacute;n al otro equipo, con el tiempo; pocos lograron mantener el consumo de las dos versiones en paralelo. Necesitamos elegir un bando y ser fieles a &eacute;l, por lo visto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la peli <em>Intensamente</em> hay un personaje (una emoci&oacute;n de la peque&ntilde;a protagonista, Riley) que se llama Asco. Asco no solo se ocupa de rechazar todo lo que le parece repulsivo, sino de evitar el suicidio social de Riley: que nunca sea ella la asquerosa, la desagradable, para los dem&aacute;s. Me pregunto si a un adulto tambi&eacute;n se lo representar&iacute;a con estas dos facetas unidas en un mismo mecanismo sensible. Quiz&aacute;s s&iacute;.<strong> El asco tiene todo que ver con nuestra vida social y aspiracional. Si te gusta algo que para los dem&aacute;s es repelente, sos un quemo.</strong> Eso explica, tambi&eacute;n, por qu&eacute; no funciona todo al rev&eacute;s. Porque podr&iacute;a, &iquest;o no? Podr&iacute;a ser al rev&eacute;s. Podr&iacute;amos considerar nuestro asco, socialmente, como una debilidad, un h&aacute;ndicap. &ldquo;Te pido mil disculpas, no soy capaz de apreciar este mondongo que ha de ser maravilloso para alguien con menos limitaciones&rdquo;. <strong>Pero el asco se nos pega al odio mucho m&aacute;s que a la fragilidad. </strong>Aunque haya ascos m&aacute;s aceptados que otros, nunca nadie se siente vulnerable por su repugnancia. Todo lo contrario: el asco es un territorio de autoafirmaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El rechazo por los alimentos nuevos y desconocidos se llama Neofobia. </strong>Es una palabra que se populariz&oacute; entre las mamis porque cuando los beb&eacute;s empiezan a comer suelen tener esa respuesta ante cualquier comida extra&ntilde;a que se les presente. Y claro, extra&ntilde;o para un beb&eacute; puede ser desde una zanahoria hasta una frutilla. Los pediatras aconsejan volver a presentar esos alimentos, no una sino varias veces, de distintas formas, sin presionar pero sin dar por sentado que los chicos jam&aacute;s los van a aceptar. Y funciona. La mayor&iacute;a de las veces, tarde o temprano, cualquier infante vuelve al pie y devora br&oacute;colis y mandarinas que hasta ayer lo asqueaban.
    </p><p class="article-text">
        Un problema m&aacute;s grande son los adultos. Los que llevan m&aacute;s que semanas, d&eacute;cadas de rechazar alimentos y se convencieron de que no les gusta nada por fuera de lo conocido y aprobado. <strong>Los pediatras que tratan casos fuleros de neofobia en chicos saben que hay buenas chances de que el nudo empiece por los padres.</strong> No te tiene que gustar todo para ense&ntilde;arle a comer a tus hijos, pero tu relaci&oacute;n con la comida importa. Y tu forma de relacionarte con lo que no com&eacute;s es fundamental. Si lo que no te gusta &ldquo;es un asco&rdquo;, el panorama se complica.
    </p><p class="article-text">
        Nos producen asco ciertas comidas y tambi&eacute;n ciertos modos en la mesa. Un enorme repertorio de acciones nos dan repel&uacute;s: masticar con la boca abierta, hablar con la boca llena, chorrear, escupir, chupar un hueso, lamer el plato, usar los dedos, mancharse la ropa, sorber. &iquest;Es cultural? Claro. Entre los orientales, buena parte de esa lista es aceptable. Eructar y hacer ruido al comer son se&ntilde;ales de satisfacci&oacute;n para pueblos enteros. Tambi&eacute;n es cultural que te d&eacute; asco comer tripas: las texturas viscosas y gelatinosas son revulsivas para nosotros y apetecibles para ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a hurgar ac&aacute; cerca. Escarbemos entre nosotros, que revoleamos los ojos si alguien nos muestra la comida en su boca o saca la lengua por fuera de ella. Cu&eacute;ntenme, sean sinceros. Cuando comen solos, en la mesada, una porci&oacute;n de pizza fr&iacute;a con la vista perdida en el tubo de la cocina, ustedes, &iquest;nunca lo hacen? Cuando miran una serie tirados en la cama cuchareando algo dulce, &iquest;no usan la cuchara de chupet&iacute;n, aunque sea sin darse cuenta? Digan m&aacute;s, &iquest;no lo gozan un poquito? <strong>No es com&uacute;n sentir asco de uno mismo. El asco es el otro. </strong>En tiempos de total desconcierto y franca hostilidad ante las preferencias ajenas &ndash;su estilo de vida, sus gustos, su voto- optamos por montar en c&oacute;lera como primera medida. Elegimos autoafirmarnos por la negativa: es medio dif&iacute;cil saber qu&eacute; queremos, en la vida, en pol&iacute;tica o para cenar; pero estamos muy seguros de que eso ajeno, no. No nos gusta. Peor. Nos da n&aacute;useas. M&aacute;s que el eructo o el mondongo, nos asquea el otro, arroj&aacute;ndonos su radiante diferencia en la cara.
    </p><p class="article-text">
        <em>MC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia Kiako]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/asco_129_12331126.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 May 2025 09:45:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Alimentos,Comida,sabores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Umami: difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/umami-dificil-lleguemos-ponernos-acuerdo_129_12172802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1767f242-a158-4f0c-97ae-7d85a2a7a78d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Umami: difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me resulta fascinante que algo que es fisiológico, una percepción para la que sin dudas nuestro cuerpo está preparado, un gusto que percibimos en la práctica todos los días de nuestras vidas, nos resulta invisible porque nunca lo aprendimos a identificar como tal. </p></div><p class="article-text">
        Cuando yo era chica, Plut&oacute;n ten&iacute;a el mismo status que Marte y Venus. Ahora hace ya casi veinte a&ntilde;os que perdi&oacute; el rango. Tuvimos un sistema solar de nueve planetas por casi un siglo. Ahora son ocho de nuevo. Me fascina c&oacute;mo tejemos y destejemos realidades tan enormes como un cuerpo celeste usando palabras. Datos cient&iacute;ficos y palabras, en el mejor de los casos.
    </p><p class="article-text">
        Para la misma &eacute;poca en que Plut&oacute;n era un planeta me ense&ntilde;aban en la escuela primaria los cinco gustos: dulce, salado, &aacute;cido, amargo y picante. Hoy tambi&eacute;n contamos cinco, pero no son los mismos. El sentido del gusto sufri&oacute; m&aacute;s cambios que el sistema solar: perdi&oacute; un integrante y sum&oacute; uno nuevo. El picante ya no se considera un gusto y en cambio este otro, elusivo, et&eacute;reo, complicado como &eacute;l solo se abre paso con palabras y datos cient&iacute;ficos: el umami.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En realidad, se empez&oacute; a hablar del gusto umami como tal a principios del siglo XX, aunque en Argentina y en mi escuela primaria nunca se enteraron. Seg&uacute;n Google &ldquo;se lo descubri&oacute;&rdquo; muy espec&iacute;ficamente en 1908. Ya esa forma de ponerlo es algo pol&eacute;mica. &iquest;Se puede &ldquo;descubrir&rdquo; un gusto? Al menos Col&oacute;n, otro con quien somos muy ligeros para usar esa palabra, realmente pisaba Am&eacute;rica por primera vez en nombre de su gente. En cambio supondr&iacute;amos que, si el umami es un gusto, lo venimos catando desde que existimos. Casi escribo &ldquo;desde que probamos la primera manzana del Ed&eacute;n&rdquo;, pero justo la manzana es un alimento que carece de umami, y yo carezco de fe en el relato b&iacute;blico. En cambio creo fervientemente en la ciencia, seg&uacute;n la cual umami es el quinto gusto. Confirmad&iacute;simo. El umami est&aacute; en la leche materna, todos lo conocemos desde que nacemos. El asunto es cierta dificultad para definirlo con claridad y una dificultad a&uacute;n m&aacute;s grande para identificarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Umami significa &ldquo;sabroso&rdquo;, en japon&eacute;s, lo cual no ayuda demasiado a aclarar las cosas. Mucho umami te hace sentir la boca llena (incluso cuando no se trata de un bocado grande, el sabor invade todo como si lo fuera) de algo intenso, delicioso. Cualquiera que escucha por primera vez acerca del umami reacciona con un escepticismo absoluto. Nadie cree que eso sea un gusto. Suena a invento, a marketing palermitano, a qu&eacute; m&aacute;s quieren inventar. Suena, lo reconozco, a empanada servida en frasco. Pero les ruego un segundo de paciencia y que consideren lo siguiente. &iquest;Podr&iacute;an describirle a una ameba c&oacute;mo es el sabor dulce? &iquest;C&oacute;mo explicar&iacute;an qu&eacute; significa &ldquo;salado&rdquo; a un extraterrestre? Ser&iacute;a mucho m&aacute;s f&aacute;cil darles a probar un poco de az&uacute;car blanca o un poco de sal, nuestros veh&iacute;culos por excelencia de esos dos gustos, sin ning&uacute;n sabor que pueda confundirlos.
    </p><p class="article-text">
        El umami est&aacute; en much&iacute;simos alimentos: tomate, frutos de mar, carnes, l&aacute;cteos, hongos, soja, algas, los fermentos en general. El responsable principal es el glutamato, un amino&aacute;cido (<a href="https://www.instagram.com/reel/DHw-sP7q80L/?igsh=MTMzMHo1MHMzbnd0eQ%3D%3D" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no confundir con el &ldquo;glutamato monos&oacute;dico&rdquo;</a>, una forma de aditivo alimentario que se usa justamente para agregar artificialmente umami a las comidas. El famoso Ajinomoto, un intensificador del sabor). Si lo pensamos, la lista est&aacute; hecha de ingredientes que le pondr&iacute;amos a un caldo para que tenga gracia. Es lo que &ldquo;levanta&rdquo; la cocina de una forma o de otra: extracto de tomate, salsa de soja, hongos secos, queso rallado. M&aacute;s all&aacute; de que nos agrade el sabor espec&iacute;fico, le dan <em>gusto</em> a la comida. Esa es la magia umami. Los orientales usan veh&iacute;culos para el umami que a nosotros nos chocan: salsa de pescado, algas secas, miso. Les cuesta menos reconocerlo, y no es casualidad que su bautismo y su identificaci&oacute;n (&iquest;su descubrimiento?) sucedieran en Jap&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es complicada la comida, porque nosotros somos complicados. Dif&iacute;cil separar el gusto personal de la ciencia, la creencia de lo real, la cultura que tenemos tatuada de lo posiblemente delicioso. Se nos pegan los fideos, valga la met&aacute;fora. Creencia: que el umami es falopa posmoderna. Ciencia: los receptores de umami se identificaron en 2006 en la lengua y la boca, confirmando que es un gusto, igual que el &aacute;cido o el amargo. Gusto personal: hay gente que detesta el tomate, por m&aacute;s umami que tenga. Una cosa es el umami, otra el sabor de cada cosa, y ah&iacute; se juega la persona individual y su preferencia. Cultura: para el argentino promedio, el queso rallado es siempre un s&iacute;, pero la salsa de pescado es un rotundo no. Eso no significa que objetivamente uno sea m&aacute;s o menos rico que el otro. Hasta hace unas d&eacute;cadas, salm&oacute;n crudo y algas nos daban tremendo asco, ahora el sushi es un manjar para nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Es complicado discernir entre el gusto personal y la cultura. M&aacute;s complicado a&uacute;n si superponemos la biolog&iacute;a. Lo que termina de enroscarnos es la parte que me fascina: c&oacute;mo algo que es fisiol&oacute;gico, una percepci&oacute;n para la que sin dudas nuestro cuerpo est&aacute; preparado, un gusto que percibimos en la pr&aacute;ctica todos los d&iacute;as de nuestras vidas, nos resulta invisible porque nunca lo aprendimos a identificar como tal. Forma parte de nuestro repertorio de comidas, pero no de nuestro acervo de conceptos y menos a&uacute;n de nuestro lenguaje. &iquest;Nos pasar&iacute;a lo mismo si hubi&eacute;ramos llegado tarde al dulce? &iquest;Dudar&iacute;amos de que exista un gusto espec&iacute;fico del az&uacute;car, si no tuvi&eacute;ramos tanta informaci&oacute;n y tantas palabras para nombrarlo desde siempre? Escribo otra vez &ldquo;umami&rdquo; y Word me lo subraya, terco y atrasado: no reconoce el t&eacute;rmino. &iquest;Qu&eacute; pasa con las percepciones y las sensaciones f&iacute;sicas, como el gusto, cuando no tenemos palabras para nombrarlas y entenderlas? Aparentemente, pasa esto: dudamos de ellas. No deben ser reales. Incluso cuando suceden en nuestro cuerpo, desconfiamos. Me hace pensar en cu&aacute;nto nos cuesta reconocer las percepciones y sensaciones ajenas, en especial cuando muchas de ellas s&oacute;lo le pasan al otro y nunca las vamos a experimentar como propias. Cu&aacute;ntas cosas que les pasan en el cuerpo, en el sistema nervioso, a los dem&aacute;s, estaremos evadiendo y negando como campeones.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y el picante? Vamos a tener que dejarlo para otro d&iacute;a, pero aqu&iacute; va una preview. Ya dijimos que no se lo considera m&aacute;s un gusto, t&eacute;cnicamente. Es una reacci&oacute;n de irritaci&oacute;n. Los receptores del gusto, que generalmente llamamos papilas gustativas, no est&aacute;n solo en la lengua ni tan agrupados en zonas de la lengua como se cre&iacute;a y como me ense&ntilde;aban en la primaria. Hay papilas gustativas de todos los gustos en toda la lengua y tambi&eacute;n en el paladar; hasta en la laringe, la faringe y el es&oacute;fago. Con ninguna de ellas percibimos el picor, que se comunica al cerebro con otro mecanismo de percepci&oacute;n: los nociceptores. Los receptores de dolor que tenemos en la boca. A medida que nos acostumbramos a comer picante, necesitamos m&aacute;s cantidad para sentir el mismo placer &ndash;el mismo dolor&ndash; que antes. Cuando repetimos muchas veces la dosis, nuestro sistema nervioso se acomoda al est&iacute;mulo y decide que no, que eso ya no lo alarma, no estamos en peligro. Que no duele.
    </p><p class="article-text">
        Es interesante: a nadie le cuesta reconocer el picante, qu&eacute; es, c&oacute;mo es, qu&eacute; nos detona. Tenemos miles de palabras para nombrarlo. Qu&eacute; se siente cuando algo duele, o nos irrita, es f&aacute;cil de decir. Lejos del gusto personal y de la cultura, estamos todos de acuerdo. Quiz&aacute;s podr&iacute;amos empezar por ah&iacute; para afrontar mejor la tarea tit&aacute;nica de empatizar con el otro. No por lo que no experimentamos y nunca vamos a experimentar, sino por lo que compartimos. No nos une el umami, &iquest;sino el picante?
    </p><p class="article-text">
        <em>NK/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia Kiako]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/umami-dificil-lleguemos-ponernos-acuerdo_129_12172802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Apr 2025 09:10:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Umami: difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alimentos,Comida,sabores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Importancia y beneficios de los sabores amargos en nuestra vida cotidiana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/importancia-beneficios-sabores-amargos-cotidiana_1_9118482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9a1a3eb-0946-46e2-ba3e-a5835eb974ee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: FotoosVanRobin"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En general, los sabores amargos tienden a resultar desagradables, sobre todo a los niños. Pero es posible "educar el paladar", y de esa forma dar más lugar a muchos alimentos amargos que contribuyen a una dieta más equilibrada y saludable.</p></div><p class="article-text">
        Los sabores amargos tienen muy mala prensa. Hasta tal punto que <strong>son considerados como met&aacute;fora de lo desagradable o triste</strong>, en expresiones como atravesar &ldquo;un momento amargo&rdquo; o &ldquo;amargarse la vida&rdquo;. Sin embargo, el amargo es uno de los cinco sabores primarios o b&aacute;sicos (junto con el dulce, el salado, el &aacute;cido y el umami , palabra japonesa que significa &ldquo;sabroso&rdquo; o &ldquo;delicioso&rdquo;), est&aacute; presente en muchos productos muy consumidos y valorados -como la cerveza, el caf&eacute;, el chocolate y muchos vegetales- y es importante no solo para la alimentaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en otros aspectos de la vida humana.
    </p><p class="article-text">
        Al parecer, las razones por las cuales no nos gusta el sabor amargo -al menos en una primera instancia-  son evolutivas. La mayor&iacute;a de <strong>las sustancias t&oacute;xicas presentes en la naturaleza tienen ese sabor</strong>, de manera que rechazarlo constituye una especie de mecanismo de defensa ante posibles envenenamientos. Es decir, el amargor genera desagrado como una alerta de riesgo qu&iacute;mico. Esto es muy notorio sobre todo en los ni&ntilde;os, a quienes adem&aacute;s les gusta mucho lo dulce, tambi&eacute;n por motivos derivados de la evoluci&oacute;n: en general, los alimentos dulces son comestibles, nutritivos y ricos en calor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La mayor aceptaci&oacute;n de los sabores amargos por parte de las personas a medida que se hacen adultas no se debe solamente a que hayan logrado &ldquo;educar el paladar&rdquo;. Existen <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7878096" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> cient&iacute;ficos que demuestran que <strong>la sensibilidad ante los compuestos espec&iacute;ficos de lo amargo declinan con el paso del tiempo</strong>. Otras <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25050705" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaciones</a> han probado la eficacia de diversos bloqueadores qu&iacute;micos de lo amargo, en busca de poder producir medicamentos l&iacute;quidos que no generen tanto rechazo en los ni&ntilde;os. Lamentablemente, tales bloqueadores han demostrado funcionar mucho mejor en adultos que en menores.
    </p><h3 class="article-text">Factores gen&eacute;ticos que nos hacen sensibles a lo amargo</h3><p class="article-text">
        Algunos de los estudios m&aacute;s importantes en relaci&oacute;n con los sabores amargos son muy recientes. Hasta finales del siglo XX, el amargo hab&iacute;a sido <strong>&ldquo;un sabor desconcertante para los neurocient&iacute;ficos&rdquo;</strong>, pues lo produce una amplia gama de productos qu&iacute;micos no relacionados entre s&iacute; y con estructuras que suger&iacute;an que deb&iacute;an activar mol&eacute;culas receptoras diferentes. Fue en el a&ntilde;o 2000 cuando se <a href="https://science.sciencemag.org/content/287/5461/2133" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">logr&oacute; identificar</a> la familia de los receptores del sabor amargo, unos sensores denominados T2R.
    </p><p class="article-text">
        En las dos d&eacute;cadas transcurridas desde entonces, <strong>los estudios de los receptores del amargor han realizado muchos avances</strong>. Uno de las m&aacute;s importantes fue la <a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2005/02/050211084620.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">identificaci&oacute;n de uno de esos receptores</a> , el T2R38, que puede ser muy sensible o insensible. Como cada persona tiene dos mol&eacute;culas de este receptor, hay tres grandes grupos de humanos: los muy sensibles a lo amargo (con dos receptores T2R38 muy sensibles), los de sensibilidad media (con un receptor sensible y el otro insensible) y los poco sensibles (cuyas dos mol&eacute;culas T2R38 son de baja sensibilidad).
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s destacado de estos hallazgos es que han permitido determinar genotipos, esto es, de qu&eacute; manera la gen&eacute;tica interviene en el gusto y en la manera en que somos capaces -o no- de aceptar los sabores amargos. El estudio corrobor&oacute; una vez m&aacute;s que, adem&aacute;s de los genes, <strong>tambi&eacute;n la edad ejerce su influencia en el gusto</strong>: el 64 % de los ni&ntilde;os con sensibilidad media eran capaces de detectar un sabor amargo d&eacute;bil en una soluci&oacute;n que les daban a probar, mientras que de los adultos del mismo genotipo solo el 43 % fue capaz de hallarlo.
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; son importantes todos estos descubrimientos? Por un lado, como ya se ha se&ntilde;alado, con el objetivo de desarrollar medicinas l&iacute;quidas que generen menos rechazo en los ni&ntilde;os. Pero sobre todo por una cuesti&oacute;n nutricional: <strong>los ni&ntilde;os m&aacute;s sensibles al sabor amargo tienden a beber m&aacute;s gaseosas</strong> y otros productos azucarados . &ldquo;Este tipo de informaci&oacute;n alg&uacute;n d&iacute;a ayudar&aacute; a mejorar las dietas de nuestros ni&ntilde;os, al permitir dise&ntilde;ar estrategias para mejorar la aceptaci&oacute;n de frutas y verduras en ni&ntilde;os que son sensibles al sabor amargo&rdquo;, explic&oacute; Julie Mennella, directora del estudio.
    </p><p class="article-text">
        Como explica un <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26002822" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo</a> posterior, &ldquo;el aumento del conocimiento sobre la variaci&oacute;n individual en la percepci&oacute;n del sabor causada por la edad y la gen&eacute;tica <strong>arrojar&aacute; luz sobre posibles estrategias para promover una alimentaci&oacute;n m&aacute;s saludable</strong>, ya que las enfermedades cr&oacute;nicas derivan en gran parte de una mala elecci&oacute;n de alimentos dictada por las preferencias de sabor&rdquo;. Ese mayor conocimiento, sigue diciendo este estudio publicado en 2015 por investigadores de Estados Unidos, &ldquo;contribuir&aacute; a una nueva era de medicamentos, dise&ntilde;ados de forma espec&iacute;fica para el paladar de los ni&ntilde;os&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Importancia de consumir productos amargos</h3><p class="article-text">
        La importancia de comer productos amargos radica, por supuesto, en la necesidad de una dieta equilibrada para ayudar a una buena salud. En particular, para combatir el sobrepeso y la obesidad, un problema cada vez m&aacute;s importante en el mundo occidental. Muchos productos vegetales -r<strong>&uacute;cula, escarola, acelga, espinaca, br&oacute;coli, coliflor, apio, berenjena</strong>, mel&oacute;n amargo, eneldo, s&eacute;samo y azafr&aacute;n, entre otros- son amargos, pero incluyen nutrientes y propiedades que les dan mucho valor.
    </p><p class="article-text">
        El <strong>chocolate, por su parte, ofrece muchos beneficios</strong>, en particular si se opta por sus versiones amargas (cuando el contenido de cacao supera el 70 %), lo cual reduce de forma considerable el consumo de az&uacute;car. Diversos estudios han sugerido que la ingesta de chocolate amargo podr&iacute;a disminuir el riesgo de <a href="https://n.neurology.org/content/79/12/1223.abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">padecer un A</a>CV , prevenir <a href="https://www.health.harvard.edu/heart-health/is-chocolate-heart-healthy" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">problemas coronarios</a> , beneficiar la <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4696435/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">funci&oacute;n cognitiva</a> y proteger la piel, entre otros efectos positivos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n <strong>algunas de las bebidas m&aacute;s consumidas en nuestra sociedad, como la </strong>cerveza <strong> y el caf&eacute;</strong>, son de sabor amargo (es cierto que la mayor&iacute;a de la gente endulza el caf&eacute;, pero cierto componente amargo persiste, y los &ldquo;sibaritas&rdquo; del caf&eacute; enfatizan que se debe beber sin endulzar). Tambi&eacute;n algunos de los tragos m&aacute;s populares son de gusto amargo, como el gin tonic y el Old Fashioned, adem&aacute;s de las versiones de bebidas dulces como el mojito amargo y el cubalibre amargo.
    </p><p class="article-text">
        Un dato curioso: seg&uacute;n comprob&oacute; un <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0950329314001505" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> realizado por cient&iacute;ficos de Espa&ntilde;a y Argentina, <strong>el sabor percibido de los alimentos que se ingieren var&iacute;a en funci&oacute;n del estado psicol&oacute;gico</strong> de cada persona. El estr&eacute;s, el hambre o la preocupaci&oacute;n por el propio peso pueden hacer que ciertos productos resulten m&aacute;s o menos agradables al paladar. Por ejemplo, el caf&eacute; &ldquo;sabe m&aacute;s rico&rdquo; si antes se ha pasado por alguna experiencia estresante, mientras que la preocupaci&oacute;n por el sobrepeso puede hacer que el chocolate sea menos delicioso que en otras ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        Este trabajo fue el primero en hallar que<strong> los estados psicol&oacute;gicos &ldquo;repercuten en el sabor de la comida que ingerimos&rdquo;</strong>, lo cual supone &ldquo;un paso m&aacute;s en la comprensi&oacute;n de los mecanismos implicados en la selecci&oacute;n de productos amargos&rdquo;. As&iacute; lo <a href="https://www.investigacionyciencia.es/noticias/nuestro-estado-psicolgico-modifica-el-sabor-de-los-alimentos-que-comemos-14811" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afirm&oacute;</a> David Garc&iacute;a Burgos, investigador de la Universidad de Granada y uno de los autores del estudio, el cual podr&iacute;a contribuir a dar con estrategias para promover dietas m&aacute;s saludables, en tiempos de sobrepeso y obesidad cada vez m&aacute;s frecuentes. Si bebidas amargas como el caf&eacute;, la cerveza y el gin tonic se disfrutan, &iquest;no ser&iacute;a posible promover estados psicol&oacute;gicos que permitan disfrutar de br&oacute;colis, apios y escarolas a quienes no las comen? He ah&iacute; el desaf&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jun 2022 16:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Importancia y beneficios de los sabores amargos en nuestra vida cotidiana]]></media:title>
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