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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - dieta equilibrada]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/dieta-equilibrada/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - dieta equilibrada]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por qué no comés gluten]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-comes-gluten_129_12254388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/168c7af7-7346-4e09-b3ec-73e273554c60_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué no comés gluten"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes y después del colesterol hubo otros demonios comestibles. El salmón fue alternativamente un superalimento y Chernobyl reencarnado. La leche de vaca, un consumo obligatorio y, acto seguido, una secreción mamaria destinada a inflamarnos. El diablo se viste a la moda, y su look de hoy es el gluten.</p></div><p class="article-text">
        En los noventas era el colesterol. No pod&iacute;amos ni ver una yema de huevo que se nos atascaban las arterias. Evitar la manteca era la f&oacute;rmula de la juventud eterna y los aceites vegetales se vend&iacute;an con una leyenda bien llamativa: &ldquo;SIN COLESTEROL&rdquo;, que es como promocionar un perejil &ldquo;sin az&uacute;car&rdquo;. No, no tiene y nunca va a tener, es su naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s pas&oacute; el furor. Aprendimos que reemplazar manteca por margarina era mucho peor en todos los sentidos posibles (m&aacute;s feo, m&aacute;s da&ntilde;ino, m&aacute;s artificial).&nbsp;Hilamos fino: hay colesterol bueno y malo, el malo no es necesariamente un villano sino un &iacute;ndice de otros problemas en el cuerpo por diversos motivos; hay alimentos que ayudan a bajar el LDL, y hay que atender a mucho m&aacute;s que los alimentos en torno a esos niveles: estilo de vida, ejercicio f&iacute;sico, gen&eacute;tica, estr&eacute;s, otras enfermedades y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera. Sabemos que comer manteca o grasa animal no es el fin del mundo; que la cuesti&oacute;n es la cantidad y el uso frecuente de otras grasas. Hoy el colesterol nos importa bastante menos al com&uacute;n de los mortales. Si no lo indica el m&eacute;dico, tomamos decisiones alimentarias con otros criterios en mente. A lo sumo hay un rebrote de indignaci&oacute;n cuando se menciona al aceite de coco, de uso parecido a la manteca, pero que es una grasa saturada vegetal. La mayor&iacute;a de la gente ni sabe qu&eacute; es. Cosas de nicho.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Antes y despu&eacute;s del colesterol hubo otros demonios comestibles. El salm&oacute;n fue alternativamente un superalimento y Chernobyl reencarnado. La leche de vaca, un consumo obligatorio y, acto seguido, una secreci&oacute;n mamaria destinada a inflamarnos. El diablo se viste a la moda, y su look de hoy es el gluten.
    </p><p class="article-text">
        Pero qu&eacute; es el gluten. La definici&oacute;n de Peque&ntilde;o Larousse gastron&oacute;mico dir&iacute;a &ldquo;una red viscoel&aacute;stica&rdquo;. Un tapiz de filamentos flexibles y maravillosos que se forma en la masa cuando se humedecen dos prote&iacute;nas: la glutenina y la gliadina. As&iacute; que el gluten, como el gato de Schr&ouml;dinger, est&aacute; pero no est&aacute; antes de cocinar: hasta que el trigo no se hidrata, no se forma ese tejido el&aacute;stico y diminuto que sostiene un pan perfecto. No hay muchos alimentos que sean fuente natural de gluten: el trigo, el centeno y la cebada. Sanseacab&oacute;. Aunque la avena es la A en TACC, esas siglas que conocemos bien en Argentina, t&eacute;cnicamente no tiene esas prote&iacute;nas sino una diferente llamada avenina. Pero dejemos esa cuesti&oacute;n para otro d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por definici&oacute;n, una persona cel&iacute;aca necesita evitar el gluten: su cuerpo responde al contacto, sea mucho o poco, con una reacci&oacute;n diferente a la de las dem&aacute;s personas. Es una condici&oacute;n autoinmune y de por vida. Tambi&eacute;n hay gente con distintos grados de intolerancia, sensibilidad, alergias &ndash;no necesariamente al gluten, sino quiz&aacute;s al trigo o a otro cereal en particular&ndash;, muy diferentes: una intolerancia causa s&iacute;ntomas molestos, m&aacute;s o menos intensos, pero no provoca da&ntilde;os sist&eacute;micos a largo plazo y no requiere un r&eacute;gimen estricto 100% libre de gluten. Y despu&eacute;s a&uacute;n hay personas con otras condiciones, que no tienen nada que ver con la celiaqu&iacute;a ni la intolerancia ni la sensibilidad, y que sin embargo mejoran o se alivian evitando el gluten lo m&aacute;s posible. Esto &uacute;ltimo es bastante intangible: en un grupo de personas con alguna de esas patolog&iacute;as, algunas progresan de manera espectacular sin gluten y otras no sienten diferencia alguna. Para terminar de hacer impalpable el asunto, la frutilla del postre: diagnosticar la celiaqu&iacute;a puede ser complicad&iacute;simo. A veces los anticuerpos salen claritos en un simple an&aacute;lisis de sangre, pero otras veces no aparecen aunque la condici&oacute;n de fondo est&eacute;. Lo m&aacute;s seguro es la biopsia &ndash;que es bastante invasiva, y lo pens&aacute;s dos veces antes de hacerla, sobre todo en ni&ntilde;os. El positivo en celiaqu&iacute;a es bastante certero, el negativo puede resultar muy provisorio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; hablamos tanto del gluten? Al crecer la capacidad de diagn&oacute;stico, nos enteramos de m&aacute;s casos, desde luego. Como la predisposici&oacute;n gen&eacute;tica se hereda, mucha gente comprende por fin no s&oacute;lo sus propios s&iacute;ntomas sino tambi&eacute;n los de su abuela o su t&iacute;o que siempre ten&iacute;an dolor de cabeza o se quejaban de la panza hinchada. Otro fen&oacute;meno de &eacute;poca: parece que la harina de trigo tiene hoy una proporci&oacute;n m&aacute;s alta de gluten en comparaci&oacute;n con la de hace escasos doscientos a&ntilde;os. El grano con m&aacute;s gluten se trabaja mejor, su harina es m&aacute;s el&aacute;stica, su textura m&aacute;s perfecta. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la consecuencia? Que un pan cualquiera tiene mucho m&aacute;s gluten ahora que uno del siglo XIX. Pero aunque no fuese as&iacute;, pensemos el espacio que ocupa la harina de trigo en la dieta occidental (protag&oacute;nico, omnipresente), y la conclusi&oacute;n es f&aacute;cil: no solo comemos gluten. Comemos much&iacute;simo gluten. Una cantidad exorbitante. Si desayun&aacute;s tostadas, almorz&aacute;s fideos, merend&aacute;s galletitas y cen&aacute;s milanesas, comiste gluten como un campe&oacute;n a lo largo de tu d&iacute;a. La gente se queja de &ldquo;las harinas&rdquo;, quiere dejar &ldquo;las harinas&rdquo;, la hinchan &ldquo;las harinas&rdquo;; es un plural medio falluto, considerando que es siempre <em>una</em> harina, la misma, singular, de trigo y refinada. No salimos de &eacute;sa ni por asomo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hace la gente que quiere dejar el gluten? Algo parecido a lo que implicar&iacute;a comer margarina para dejar la manteca: consumir masas <em>gluten free</em> con porcentajes elevados de almid&oacute;n, premezclas a base de soja, f&eacute;culas y triple dosis de az&uacute;car y grasa para compensar. Lo hacen los cel&iacute;acos, por necesidad y porque no saben c&oacute;mo hacer masas de otra forma; pero tambi&eacute;n muchas personas que simplemente buscan &ldquo;comer m&aacute;s sano&rdquo;, sin darse cuenta de que caen de Guatemala a Guatepeor.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo al colesterol: no est&aacute; mal comer manteca, el problema es quiz&aacute;s comer kilos de manteca, comer s&oacute;lo manteca, y comer para el traste en cuanto al resto de tus elecciones para llenar el plato. El problema es que pensemos que el culpable, o la soluci&oacute;n, es UN alimento. Con el gluten, me atrevo t&iacute;midamente a sugerir, pasa algo parecido. Si no sos cel&iacute;aco, comer gluten no est&aacute; mal. Comer gluten no es t&oacute;xico ni da&ntilde;ino, no detona tu sistema inmunol&oacute;gico. Quiz&aacute;s el problema es que <em>s&oacute;lo </em>comemos gluten, y que lo comemos todo el tiempo, en sus peores versiones y dejando afuera de la mesa todas las harinas sin gluten, todos los cereales sin gluten, todas las legumbres. Que son much&iacute;simos. No saben cu&aacute;ntos. Que tambi&eacute;n sirven para elaborar masas deliciosas y de texturas excelentes, si tan solo tuvi&eacute;ramos los h&aacute;bitos y la informaci&oacute;n necesarios para lograrlo.
    </p><p class="article-text">
        Ojo: no estoy adhiriendo al discurso de &ldquo;la porci&oacute;n justa&rdquo; que acu&ntilde;&oacute; la industria de los ultraprocesados. No hay una porci&oacute;n benigna de chizitos. No hay una cantidad adecuada de huevitos Kinder. &iquest;Podemos elegir comerlos? Claro, ac&aacute; nadie es la polic&iacute;a de la comida. Es una decisi&oacute;n personal, en funci&oacute;n de un contexto, de criterios individuales, parte de un repertorio de opciones poco recomendables que quiz&aacute;s elegimos igual porque, bueno, de carne somos, y a veces solo queremos gratificaci&oacute;n instant&aacute;nea. Pero en ninguna medida, en ninguna porci&oacute;n, dejan de ser algo que resta para el cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        La comida de verdad &ndash;lamento el uso de la expresi&oacute;n a falta de otra mejor, pero se entiende: los alimentos que realmente lo son &ndash; dibuja un paisaje diferente. Ninguno es el demonio. Ninguno es la panacea. Aunque insistamos en tratar de verlos as&iacute;. Buscamos superalimentos o pociones m&aacute;gicas y perseguimos supervillanos que no existen. En vez de temerle tanto a unos y abusar de otros,&nbsp; podr&iacute;amos poner un &aacute;pice de atenci&oacute;n en lo que verdaderamente nos servir&iacute;a: comer comida y recuperar la variedad. Comer de todo. &iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que probaste un repollito de Bruselas? Est&aacute;n en su mejor momento. Ahora hay membrillos, las primeras mandarinas, esas naranjas un poco p&aacute;lidas y &aacute;cidas que te despiertan. Es &eacute;poca de calabazas, de zapallos. Eso mismo vale para el gluten: est&aacute; todo bien con el trigo, no le tengas miedo. &iquest;No sos cel&iacute;aco? Y dale. Pero dale tambi&eacute;n al arroz, a la quinoa, a la avena. Comete un guiso de lentejas. F&iacute;jate si la pr&oacute;xima haces fain&aacute; y en vez de tres porciones de pizza, te clav&aacute;s una o dos. Te haces unas arepas o una regia polenta. Los ejemplos son infinitos. Lo que nos falta es ese mecanismo de selecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a haber escrito sobre los l&aacute;cteos y llegar a un punto similar: si no sos al&eacute;rgico a la prote&iacute;na de leche de vaca, si no sos vegano, com&eacute; queso nom&aacute;s. Pero no solo queso, y no todo el tiempo. Los suced&aacute;neos ultraprocesados del queso siempre son peores que el queso. Buscamos y encontramos chivos expiatorios para nuestro malestar, todo el tiempo, uno atr&aacute;s del otro. Cancelamos alimentos furiosamente, con ah&iacute;nco. Hay cierto v&eacute;rtigo en elegir un blanco, un eje del mal que sea la causa de todos nuestros problemas para luego evitarlo de forma puritana, religiosa, obsesiva. Alrededor de ese n&uacute;cleo maligno, un goce subterr&aacute;neo que consiste en privarnos, en desear y no poder, en someternos a un l&iacute;mite cualquiera con la vana esperanza de que en tanto sacrificio se esconda el secreto de nuestro bienestar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>NK/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia Kiako]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-comes-gluten_129_12254388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Apr 2025 09:32:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Alimentación,Comida,gluten,dieta equilibrada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comer muchas veces al día: ¿Es verdad que sirve para adelgazar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/comer-veces-dia-sirve-adelgazar_1_9194211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c46ea0d6-2971-477c-bb71-d66097a631ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Comer muchas veces al día: ¿Es verdad que sirve para adelgazar?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Recientes estudios intentan arrojar nueva luz sobre el valor dietético de comer muchas veces al día, largamente debatido.</p></div><p class="article-text">
        Existe la creencia de que al contrario de lo que parece indicar el sentido com&uacute;n, <strong>comer muchas veces al d&iacute;a</strong> (cinco o m&aacute;s) es m&aacute;s efectivo para adelgazar -o al menos para no engordar- que hacerlo en tres o menos ocasiones diarias.
    </p><p class="article-text">
        Tal afirmaci&oacute;n se apoya en varias supuestas razones. Una de las m&aacute;s importantes afirma que, en teor&iacute;a, poner el sistema digestivo en funcionamiento m&aacute;s a menudo acelera el metabolismo y por lo tanto aumenta la <strong>termog&eacute;nesis</strong>, el proceso a trav&eacute;s del cual el organismo quema calor&iacute;as. Eso es lo que ayudar&iacute;a a controlar mejor el peso corporal.
    </p><p class="article-text">
        Se ha asegurado tambi&eacute;n que comer con frecuencia evita que se produzcan <strong>grandes altibajos en los niveles de az&uacute;car en la sangre</strong>, por lo cual los beneficios de esta pr&aacute;ctica alcanzar&iacute;an tambi&eacute;n a los &iacute;ndices de insulina y colesterol. A esa conclusi&oacute;n lleg&oacute; un <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/2674713/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> publicado hace ya m&aacute;s de tres d&eacute;cadas por cient&iacute;ficos de Canad&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, comer m&aacute;s veces reduce el tiempo transcurrido entre cada comida y la siguiente. En consecuencia, reduce el riesgo de padecer esa <strong>sensaci&oacute;n de hambre voraz</strong> que -adem&aacute;s de poner de mal humor- a menudo lleva a picotear entre horas (casi siempre productos poco saludables) o a darse un atrac&oacute;n en la siguiente comida.
    </p><h3 class="article-text">&Iacute;ndice de masa corporal y ritmo circadiano</h3><p class="article-text">
        Un estudio publicado en octubre del a&ntilde;o pasado por cient&iacute;ficos de la Universidad de Barcelona lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que comer cinco o m&aacute;s veces por d&iacute;a est&aacute; asociado con un <strong>menor &iacute;ndice de masa corporal</strong> y m&aacute;s bajos niveles de adiposidad.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n, este trabajo sostiene que comer con mayor frecuencia tambi&eacute;n <strong>fortalece el ritmo circadiano</strong> (el reloj interno que regula las actividades diurnas y nocturnas del organismo), lo cual favorece al metabolismo, el funcionamiento de diferentes &oacute;rganos y gl&aacute;ndulas y el sue&ntilde;o saludable.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo est&aacute; relacionado con el hecho de que comer con m&aacute;s frecuencia <strong>no quiere decir comer a cualquier hora</strong>: las cinco o seis comidas deben distribuirse a lo largo de un tiempo diurno de unas 14 o 15 horas.
    </p><p class="article-text">
        De lo contrario, el efecto es el opuesto: comer en horarios irregulares (aunque sea solo durante el fin de semana) <strong>estimula el sobrepeso y la obesidad</strong>. Este, por cierto, es uno de los varios motivos por los cuales se desaconseja dormir todos los d&iacute;as en diferentes horarios, una tentaci&oacute;n que aument&oacute; sobre todo en &eacute;pocas de confinamiento.
    </p><h3 class="article-text">Datos que desmienten la creencia generalizada</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, las cosas no son tan lineales. En los &uacute;ltimos tiempos, muchos trabajos cient&iacute;ficos y especialistas han venido a <strong>cuestionar y desmentir</strong> la idea de que comer con mayor frecuencia siempre es mejor que hacerlo unas pocas veces cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Otro estudio, que analiz&oacute; datos de 18.700 personas adultas en Estados Unidos a lo largo de casi una d&eacute;cada -publicado en 2015-, determin&oacute; que una mayor frecuencia en las comidas estaba asociada con <strong>mayores &iacute;ndices de sobrepeso</strong> y obesidad abdominal.
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os antes, otra investigaci&oacute;n hab&iacute;a concluido que una mayor frecuencia en las comidas (m&aacute;s de tres por d&iacute;a) <strong>&ldquo;tiene un impacto m&iacute;nimo, si acaso tiene alguno</strong>&rdquo;, sobre el control del apetito y la ingesta de alimentos.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la Sociedad Internacional de Nutrici&oacute;n en el Deporte (ISSN, por sus siglas en ingl&eacute;s) tambi&eacute;n explic&oacute; que el aumento de la frecuencia en las comidas <strong>no favorece la composici&oacute;n corporal</strong> en poblaciones sedentarias. Es decir, por s&iacute; sola no sirve para adelgazar.
    </p><p class="article-text">
        En el mismo documento, la organizaci&oacute;n -con sede en Estados Unidos- puntualizaba que comer m&aacute;s veces por d&iacute;a tampoco &ldquo;parece mejorar de modo significativo la termog&eacute;nesis inducida por la dieta, el gasto energ&eacute;tico total o la tasa metab&oacute;lica en reposo&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una dieta adaptada a cada persona</h3><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explican pues estas aparentes contradicciones? En parte, porque existen <strong>otras variables</strong> que tambi&eacute;n entran en juego, algunas de las cuales tienen mucha mayor relevancia que la cantidad de comidas diarias que se efect&uacute;an. En particular, la calidad de la dieta: el tipo de alimentos que la componen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clave est&aacute; en que la alimentaci&oacute;n que sigas a lo largo del d&iacute;a sea de calidad y est&eacute; <strong>adaptada a tus necesidades y objetivos</strong>, siempre acompa&ntilde;ada de un estilo de vida saludable
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, lo que no existe es un n&uacute;mero de comidas que sea <strong>v&aacute;lido y apropiado para todo el mundo</strong>. Una mayor cantidad de comidas diarias puede ser lo adecuado para personas con un metabolismo muy activo, deportistas o incluso para quienes sufren de estr&eacute;s o ansiedad.
    </p><p class="article-text">
        A estos &uacute;ltimos, una mayor frecuencia en las ingestas les puede permitir llegar a la siguiente comida con menos apetito y conseguir una <strong>mejor elecci&oacute;n de los alimentos.</strong> De hecho, el citado informe de la ISSN acepta que una mayor cantidad de comidas &ldquo;parece ayudar a disminuir el hambre y mejorar el control del apetito&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s que el n&uacute;mero de comidas, la cantidad y calidad de lo que se come</h3><p class="article-text">
        En definitiva, lo que en verdad importa no es tanto cu&aacute;ntas veces se coma por d&iacute;a, sino la <strong>cantidad y calidad de lo consumido</strong>. Esto debe responder a los requerimientos energ&eacute;ticos y nutricionales de cada persona, subraya la experta, y en muchos casos las tres comidas tradicionales (desayuno, comida y cena) son suficientes.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el desayuno deber&iacute;a <strong>adaptarse a las necesidades individuales</strong>. Atrasar la hora del desayuno no es ning&uacute;n problema, dado que es una comida m&aacute;s. Lo importante es realizar un desayuno saludable y adecuado, independientemente de la hora a la que se haga.
    </p><p class="article-text">
        Un estudio de 2013, en efecto, demostr&oacute; que <strong>&ldquo;saltarse el desayuno</strong> puede ser un medio eficaz para reducir la ingesta diaria de energ&iacute;a en algunos adultos&rdquo;. A diferencia de lo que se suele pensar, &ldquo;saltarse&rdquo; una comida no necesariamente implica una compensaci&oacute;n energ&eacute;tica en las comidas posteriores.
    </p><p class="article-text">
        En suma, la clave radica en personalizar la pauta de nutrici&oacute;n y, en particular, hallar el <strong>n&uacute;mero de comidas m&aacute;s apropiado para cada persona</strong>. Adem&aacute;s, por supuesto, de priorizar siempre las opciones m&aacute;s saludables.
    </p><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/comer-veces-dia-sirve-adelgazar_1_9194211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2022 19:53:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Comer muchas veces al día: ¿Es verdad que sirve para adelgazar?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[dieta,Comida,dieta equilibrada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estos son los cinco alimentos con más vitaminas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/alimentos-super-vitaminas_1_9118603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad07bd97-9823-43d3-8e8d-26143d67a10e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: U.S. Department of Agriculture Follow"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que comemos tiene un impacto en nuestra salud.</p></div><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de comer mandarinas y naranjas para fortalecer el sistema inmunol&oacute;gico &iquest;qu&eacute; m&aacute;s podemos hacer? Primero, y de nuevo: mirar nuestra dieta. Si queremos ingerir el n&uacute;mero m&aacute;ximo de vitaminas y nutrientes posible con la esperanza de que nuestro cuerpo funcione bien y obtener la energ&iacute;a que necesitamos, hay que seguir el siguiente consejo.
    </p><p class="article-text">
        Variar todo lo que podamos lo que metemos en el plato, y optar por alimentos con diferentes colores. El motivo: <strong>las 13 vitaminas que existen est&aacute;n bien repartidas dentro de las distintas familias de alimentos</strong>. Por eso, en general, si comemos la cantidad suficiente de ellos, estaremos asegurando la ingesta recomendada.
    </p><h3 class="article-text">Vitaminas, no es cuesti&oacute;n de atiborrarse</h3><p class="article-text">
        Las vitaminas son micronutrientes org&aacute;nicos, es decir, mol&eacute;culas peque&ntilde;as que fabrican las plantas y los animales pero que necesitamos para el crecimiento y para conservar la salud. De hecho, existe una etiqueta que siempre las acompa&ntilde;a: esenciales. No es caprichosa, <strong>somos incapaces de vivir sin ellas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Pero <strong>tu cuerpo no puede fabricarlas</strong> (excepto la vitamina D, que sintetiza con el sol), por lo que necesitas absorberlas de la comida. No queda otra. Y no las subestimes por su tama&ntilde;o reducido: cada una de las 13 vitaminas esenciales es insustituible en el papel o funci&oacute;n que desempe&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Resumiendo</strong>: regulan el metabolismo y el sistema hormonal, y nos ayudan a obtener la energ&iacute;a que necesitamos de los hidratos de carbono, prote&iacute;nas y l&iacute;pidos de los alimentos. Casi nada. Tampoco se comportan del mismo modo cuando llegan al cuerpo: unas se disuelven en agua (hidrosolubles) y otras no, pero s&iacute; en l&iacute;pidos o grasas (liposolubles). Entre <strong>las solubles en agua</strong> est&aacute;n las ocho vitaminas del grupo B (B1, B2, B3, B5, B6, B7, B9, y B12) y la vitamina C.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, <strong>las solubles en grasas</strong> son minor&iacute;a: son las vitaminas A, D, E, y K. La diferencia importa: mientras que las hidrosolubles ser&aacute;n expulsadas si el cuerpo no las absorbe, las segundas se quedan en el h&iacute;gado y los tejidos grasos. Este es el motivo por el que no vale de nada atiborrase de naranjas con la esperanza de almacenar vitamina C: puesto que se disuelve en agua, lo que tu cuerpo no pueda incorporar saldr&aacute; despedido con el resto de orina en cuanto vayas al ba&ntilde;o. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">C&oacute;mo consumir las vitaminas que necesit&aacute;s</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <strong>M&oacute;nica Carreira, dietista-nutricionista y autora de </strong><a href="http://www.alimentacionsanasaludable.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alimentaci&oacute;n sana saludable</a>, &ldquo;el modo m&aacute;s sencillo de asegurar que comemos la mayor variedad de vitaminas es comer diferentes tipos de frutas y verduras&rdquo;. Mejor a&uacute;n, explica, &ldquo;si son de temporada y de proximidad, puesto que pasan menos tiempo en c&aacute;maras frigor&iacute;ficas y son recolectadas en el mejor momento de maduraci&oacute;n por lo que contienen m&aacute;s nutrientes, como las vitaminas, adem&aacute;s de olor y sabor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La comida milagro no existe: <strong>ning&uacute;n alimento aislado aporta salud o cura una enfermedad</strong> por s&iacute; solo, sino que debe consumirse dentro de una dieta equilibrada junto con otros alimentos saludables, como el aceite del oliva extra virgen, los frutos secos, cereales integrales y legumbres&rdquo;, anota Carreiro.
    </p><p class="article-text">
        Al menos, deber&iacute;amos <strong>intentar comer tres piezas de frutas distintas al d&iacute;a</strong>. Lo mismo vale para las verduras: en la variedad est&aacute; la clave del &eacute;xito, no repetir los alimentos es la forma m&aacute;s f&aacute;cil de completar las vitaminas y nutrientes que necesitamos. Otras vitaminas, como la B12, se encuentran m&aacute;s f&aacute;cilmente en los alimentos de origen animal, como el huevo o el pescado azul. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Las vitaminas en cada alimento</h3><p class="article-text">
        Para ayudarnos sin necesidad de acudir a la calculadora, la Universidad de Harvard ha elaborado un informe con la lista de alimentos que no deben faltar en chango separados por cada tipo de vitamina. El objetivo: asegurarnos de que no nos falta ninguna.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Vitamina B y C</strong>: leche, cereales integrales y legumbres.</li>
                                    <li><strong>Vitamina B1</strong>: sand&iacute;a, jam&oacute;n, leche de soja, calabaza.</li>
                                    <li><strong>Vitamina B2</strong>: leche, yogur, queso, cereales integrales, as&iacute; como cereales y semillas enriquecidos con ella.</li>
                                    <li><strong>Vitamina B3</strong>: hongos y champi&ntilde;ones, papas, cereales y semillas integrales, pollo y pescado.</li>
                                    <li><strong>Vitamina B5</strong>: br&oacute;coli, palta, hongos y champi&ntilde;ones, cereales integrales y pollo. </li>
                                    <li><strong>Vitamina B6</strong>: soja y productos derivados, como el tofu, legumbres, bananas, frutos secos (man&iacute; y nuez pecan), pescado y pollo. </li>
                                    <li><strong>Vitamina B7</strong>: huevo, soja, cereales integrales y pescado. </li>
                                    <li><strong>Vitamina B9</strong>: esp&aacute;rragos, br&oacute;coli, espinacas, legumbres (garbanzos y porotos), naranjas y cereales fortificados. </li>
                                    <li><strong>Vitamina B12</strong>: leche, queso, pescado, pollo; adem&aacute;s de la leche de soja o cereales fortificados. </li>
                                    <li><strong>Vitamina C</strong>: c&iacute;tricos, papa, br&oacute;coli, pimiento, espinaca, frutilla, tomate y repollitos de Bruselas.</li>
                                    <li><strong>Comer vitamina A, D, E y K</strong>: huevos, verdura y pescado azul.</li>
                                    <li><strong>Vitamina A</strong>: huevo, espinaca, zanahoria, calabaza, mango, boniato, pescado, camarones, ternera e h&iacute;gado.</li>
                                    <li><strong>Vitamina D</strong>: pescado azul, y leche o cereales fortificados.</li>
                                    <li><strong>Vitamina E</strong>: verdura de hoja (espinacas, kale, lechuga, acelgas, repollo&hellip;), aceites vegetales (como el de oliva), frutos secos (sobre todo, nuez y almendra) y cereales o semillas integrales. </li>
                                    <li><strong>Vitamina K</strong>: repollo, espinaca, br&oacute;coli, kale, huevos y leche.</li>
                            </ul>
            </div><h3 class="article-text">Los cinco campeones de las vitaminas</h3><p class="article-text">
        Es decir, <strong>el podio de los alimentos m&aacute;s completos en vitaminas</strong> porque repiten m&aacute;s veces como fuente importante de varias, ser&iacute;a:
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><strong>el huevo</strong> (vitaminas B7, A y K)</li>
                                    <li><strong>las verduras</strong> como la espinaca y cruc&iacute;feras como el br&oacute;coli (vitamina A, C, E, K)</li>
                                    <li><strong>la leche</strong> (D, K, B2, B12) (si la leche no te cae bien, se puede optar por el yogur, k&eacute;fir o yogures de leche de cabra)</li>
                                    <li><strong>el pescado</strong> (A, D, B3, B6, B7, B12)</li>
                                    <li><strong>los cereales y granos integrales</strong> (vitaminas B2, B3, B5, B7 y E); pero tienen que ser integrales, no refinados, para que contengan un cantidad importante de vitaminas.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        <em>E.S.M</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eva San Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/alimentos-super-vitaminas_1_9118603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jun 2022 16:19:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estos son los cinco alimentos con más vitaminas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[alimentación sana,Alimentos,vitaminas,dieta equilibrada]]></media:keywords>
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