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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ana Ojeda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ana-ojeda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ana Ojeda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sobre 'Furor fulgor']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/furor-fulgor_1_9139473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/338bde16-e014-469a-9670-90e81112e90c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre &#039;Furor fulgor&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritura de este libro le regaló varias enseñanzas, asegura Ana Ojeda. "'Furor fulgor" arranca con un Gobierno agobiado por las reivindicaciones de las bases feministas a quienes –entiende– algo hay que darles para apaciguar un nivel de planteísmo que percibe como inaguantable, escribe Ana Ojeda sobre su nuevo libro. Por no entregar la redistribución de la riqueza o la modificación del aparato productivo, les cede el lenguaje".</p></div><p class="article-text">
        Quienes leen ciencia ficci&oacute;n saben que la literatura es anticipatoria. Escrib&iacute; <em>Furor fulgor </em>inmediatamente despu&eacute;s de <em>Vikinga Bons&aacute;i </em>(Eterna Cadencia, 2019), acuciada por la pregunta de qu&eacute; hacer despu&eacute;s de una novela en inclusivo. Tras ese temprano experimento, &iquest;deb&iacute;a retroceder, como si nada, al masculino no marcado? <em>Vikinga Bons&aacute;i</em> cuenta la historia de una mujer, madre de un Peque&ntilde;a Monta&ntilde;a preadolescente, que organiza cenita con amigas aprovechando que&nbsp;Maridito est&aacute; de viaje. Pasan cosas y la novela termina pregunt&aacute;ndose qu&eacute; es la sororidad y que, la familia. El inclusivo surgi&oacute; natural para narrar ese conjunto peripat&eacute;tico de personajas, unidas en una espera activa, resistente.
    </p><p class="article-text">
        Volver sobre mis pasos no me atra&iacute;a y decid&iacute; continuar con la exploraci&oacute;n de la materia de la que est&aacute; hecha la literatura: el lenguaje. Me impuse entonces escribir una novela en femenino no marcado, es decir, imagin&eacute; una ucron&iacute;a en la que se usara el femenino (la letra -a-) para referir grupos mixtos, impersonales y neutros. El &ldquo;universal&rdquo; en femenino. Varones, mujeres, diversidades dir&iacute;an entonces: &ldquo;Una se siente interpelada porque&rdquo;. <strong>Un femenino ling&uuml;&iacute;stico que velara la presencia y agencia de todo lo no mujer, como sucede con las formas consideradas &ldquo;correctas&rdquo; del espa&ntilde;ol. As&iacute; empez&oacute; </strong><em><strong>Furor fulgor</strong></em><strong>, cuya escritura me regal&oacute; varias ense&ntilde;anzas.</strong> La principal tal vez sea la comprobaci&oacute;n de que el sexismo codificado en el lenguaje por milenios de patriarcado es una pieza fundamental en el engranaje destinado a recortar a las mujeres y diversidades como Otres no esenciales, anomal&iacute;as (hombres defectuosos, amputados, impotentes). En efecto, con el correr de esta escritura en femenino gen&eacute;rico pronto olvid&eacute; que algunos personajes eran, de hecho, varones, invisibilizados por la monta&ntilde;a de &ldquo;todas&rdquo;, &ldquo;muchas&rdquo;, &ldquo;algunas&rdquo; que percuden el texto.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Furor fulgor</strong></em><strong> arranca con un Gobierno agobiado por las reivindicaciones de las bases feministas a quienes &ndash;entiende&ndash; algo hay que darles para apaciguar un nivel de plante&iacute;smo que percibe como inaguantable. Por no entregar la redistribuci&oacute;n de la riqueza o la modificaci&oacute;n del aparato productivo, les cede el lenguaje.</strong> Cree que es un gesto sin costo (&iexcl;gratis!) y festeja la picard&iacute;a con alegr&iacute;a. Saca DNU en el que, como reparaci&oacute;n hist&oacute;rica, manda a todo el mundo a hablar en femenino no marcado. La imposici&oacute;n cae p&eacute;simo en distintas capas de la sociedad y coincide con un ciberataque a cargo de grupete de femihackers que, para ayudar a que el patriarcado tropiece, apaga primero Google y luego, directamente, la Internet. Feministas de todas las tendencias marcan este acontecimiento como A&ntilde;o 0. Mientras todo esto sucede, en un oscuro rinc&oacute;n de Boedo, Tootoo Baobab hace abandono de hogar porque #HARTA de ser mucama de aliado compa&ntilde;ero e hijo com&uacute;n. Sus pies inquietos la llevar&aacute;n a sumarse a las revueltas que toman las calles, la Revoluci&oacute;n feminista.
    </p><p class="article-text">
        Luego de <em>Furor fulgor</em> escrib&iacute; <em>Seda metamorfa</em> que, por azares de la vida editorial, fue publicada por Muchas Nueces (www.muchas-nueces.com.ar) el a&ntilde;o pasado. En <em>Seda</em> retomo el uso del femenino no marcado junto a una debilidad por la rima que ven&iacute;a asedi&aacute;ndome desde <em>Vikinga Bons&aacute;i</em>, lo que termin&oacute; generando una novela escrita en versosa (jaja). Si en <em>Furor fulgor </em>la lente narrativa se ocupa de personajes subsumidos en movimientos sociales que les exceden, individualidades que se funden en movimientos colectivos m&aacute;s amplios, en <em>Seda metamorfa</em> el foco est&aacute; puesto en una mujer (Seda) que un d&iacute;a al despertar descubre que &ldquo;por ahora, prefiero no ser un poco razonable&rdquo;. A partir de all&iacute; se desviste de mandatos e imperativos y gana su libertad, atrevimiento que le cuesta su trabajo, su lugar de hija y sobrina, prima y hermana, su alquiler. Los v&iacute;nculos son nodos de sujeci&oacute;n que Seda ir&aacute; desanudando uno a uno.
    </p><p class="article-text">
        <em>Vikinga Bons&aacute;i</em>, <em>Tootoo Baobab</em> y <em>Seda </em>son tres mujeres cuyo estar en el mundo vibra con una inconformidad hacia un statu quo que les depara un lugar subalterno, siempre un paso atr&aacute;s. Su b&uacute;squeda, a veces infructuosa, otras trunca, siempre confusa, emula los coletazos de esos peces que, enganchados en el anzuelo, luchan por soltarse a pesar del dolor y del da&ntilde;o que muchas veces se autoinflingen, so&ntilde;ando con el mar, tan cercano y, a la vez, ancho y ajeno.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>AO&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Ojeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/furor-fulgor_1_9139473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Jul 2022 03:01:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre 'Furor fulgor']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Ana Ojeda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Furor fulgor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/furor-fulgor_1_9139470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cb9cb94-2021-4684-95f1-2cfd78f27212_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Furor fulgor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Primer capítulo de 'Furor fulgor' (Penguin Random House), lo nuevo de Ana Ojeda</p></div><p class="article-text">
        CAP&Iacute;TULO PRIMERO
    </p><p class="article-text">
        <em>En que se cuenta qui&eacute;n es ella y de d&oacute;nde</em>
    </p><p class="article-text">
        Sacada tomada por la locura loca loba en la lona: Tootoo Baobab #harta y san Seacab&oacute;. Mandar todo a la mierda. Primero y antes que nada: maridito. En un despu&eacute;s ipso facto: hijo adolescente. Caterva de parientas enseguida tras eso. Libre, volver a empezar. Neuronas rostizadas por deseo de ser sola la trastornan. Manos ocupadas en chequear contenidos del morral, monta en Drag&oacute;n, deja atr&aacute;s casa y problemas a velocidad pedal. A poco descubre el timbre est&aacute; roto, dificultado. &iexcl;Qu&eacute; cagada! Ni huir como la gente se puede en este pa&iacute;s de mierda che.
    </p><p class="article-text">
        Nom&aacute;s salida engancha protesta popular contra nefando decreto, pero no solo: hace ya muchos meses que FMI domina al GATO por la cornamenta, fuerte la mu&ntilde;eca hasta abajarlo nariz contra el piso, sit! &iexcl;Quieto dije carajo! Pueblo hambreado expoliado vituperado sale a las calles, las toma. Alguna piedrita &ndash;tambi&eacute;n&ndash; lanza, entre cantos plet&oacute;ricos de br&iacute;o, gusto por la rima. Como el rap, trap y todos los g&eacute;neros que siguieron y herencian folclor europeo trovador. El GATO reprime &ndash;como siempre que sale a cazar ratoncitas corrientes en busca de refugio&ndash;, con lo m&aacute;s selecto de su arsenal en uso: balas made in USA, de goma, de plomo, de gas. Gran confusi&oacute;n el territorio, convulsiona imparable. Muecas de terror en rostros de manifestantes ca&iacute;das bajo pesada bota de las fuerzas vivas del Cambio, mu&ntilde;ecas inmovilizadas en la espalda. Gritan sus nombres las detenidas para volverse visibles, para que las busquen, vocalizan a pesar de los forcejeos, los golpes, las armas que el Orden les planta bajo la ropa o en inmediaciones cercanas: materializaci&oacute;n a posteriori de excusa habilitante para tanta descomedida represi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pugna Tootoo Baobab por no ralentar a pesar de lo que se encuentra y se cruza, se siente confusa, no entiende pero al parecer ha elegido hacer abandono de hogar en jornada de lucha popular. &iquest;Alguien se lo coment&oacute; esto? &iquest;Estaba al tanto de este particular? Consecuencia, piensa ella, de vivir abducida por par de hienas pedig&uuml;e&ntilde;as, siempre necesidades, pedires y diretes. #Harta recuerda que est&aacute; y as&iacute; va, circula sigue hasta estrolarse sin querer ni ver contra fuerza viva del Orden. La choca apenas con la rueda delantera, la vulnerada no se deja ni se queja. Arranca en vez con feroz represalia, cachiporra baila por el aire en &ldquo;defensa personal&rdquo;. Al ver lo que sucede en seguida se apersonan otras m&aacute;s y entre todas la golpean a la pobre Tootoo Baobab hasta dejarla sentada desmayada en el piso junto a manteras senegalesas y otras extranjeras. Naturaleza muerta parecen, a la espera de traslado. Ojos de pescado en la pescader&iacute;a, boquean. Noquea la polic&iacute;a a las que intentan charlar. Quieren cabezas gachas. Y silenciero todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el cochecito celular, inmovilizadas machucadas pasan horas poni&eacute;ndose rancias. Nadie explica ni tiene ansias de comunicar lo que les espera. Por debajo del bochinche que llega del exterior (mosaico descoordinado de disparos, corridas y resbalos, gritos de odio o pedidos de auxilio desgarrados), adentro del cami&oacute;n se desenrolla m&iacute;nimo murmullo, tr&aacute;fico de informaci&oacute;n. A las senegalesas no se les entiende un soto y adem&aacute;s son de articular poco. El resto, nativas y migrantes, de general hispanohablantes, intenta comunicaci&oacute;n con gestos y ojos, impedidos los movimientos por precintos que amo&ntilde;an las manos por detr&aacute;s. En ese circo, los rasgos inuit de Tootoo Baobab no desentonan, apenas una posibilidad combinatoria otra entre muchas all&iacute; presentes. De la inaudible conversa resulta: que entre las detenidas hay dirigente social, papista pro aborto clandestino. Es por &eacute;l que movileras noticiosas de canales nacionales, alternativos o autogestivos se agolpan en torno del carro blindado. Entre las dudas a los gritos se entremezclan puteadas de odio a los equipos por su de pronto mala performance, &iquest;qu&eacute; onda? &iquest;qu&eacute; mierda le pasa a este celu del orto? Preguntan las periodistas, desesperan, consultas que a destino no llegan por culpa de ventanas con protecci&oacute;n anti bala. Tootoo Baobab no juna a la celebridad militante de base, #tepidomildis: &iquest;qu&eacute; quer&eacute;s? Ni tiempo de informarme donde vivo tengo, de un yogur vengo. La &Uacute;ltima Ama de Casa soy, qu&eacute; odio. Sin pausa ni podio, comenta para las que pueden o&iacute;rla que lleva semana de atraso. No causan sensaci&oacute;n alguna sus confesiones, menos sus ganas de hablar. El ambiente en el interior del camioncito es depre opresivo. No se afecta Tootoo Baobab, bastante chispita, para ella este entuerto es una vacaci&oacute;n, s&iacute;ncopa inesperada en la rutina que acaba de dejar atr&aacute;s. En el morralito confiscado, Evatest reci&eacute;n comprado para hacer con el pis de la ma&ntilde;ana siguiente, con lo cual: tiempo de sobra. Si entretenido, mejor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con los d&iacute;as muy atados a problem&aacute;ticas de terceros, arrastra Tootoo Baobab horas con objetivo &uacute;nico de cosechar pu&ntilde;ado de minutos para s&iacute; misma: mirarse el ombligo, rascarse el higo, poco importa: algo propio (&iexcl;ojal&aacute; un cuarto!). Y ahora encima la perspectiva (a confirmar) de otro m&aacute;s en camino, qu&eacute; atrocidad. No le quedan fuerzas para caerse a pedazos o ser&aacute; que tiene muy entrenada la resignaci&oacute;n, cuesti&oacute;n: que prefiere poner fuerzas a pensar d&oacute;nde estuvo la falla, o c&oacute;mo pudo ser. Le parece claro que la culpa la tiene Ipiranga Trifulca, que no perform&oacute; el interruptus como es debido. &iexcl;Una cosa ten&iacute;as que hacer! &iexcl;Una! En el albor de su relaci&oacute;n: pasi&oacute;n por la postura novedosa, por la exploratoria, Fitzcarraldo entre las s&aacute;banas. Ahora, en cambio, Ipiranga se especializa en interpretaci&oacute;n nivel dios de palito a la deriva: santiam&eacute;n para ponerse en bolas y distribuirse con c&oacute;modo cuan largo es sobre el colch&oacute;n para que ella opere la maquinaria. Se autodesampara en brazos del placer que sabe por venir, manso, sin ning&uacute;n tipo de problema. A Tootoo Baobab el sexo con Ipiranga le gusta. Les sale bien, el placer las sobreviene cada vez, incansable mascota obediente, predecible. Al dedillo se conocen y el gozo aumenta, en lugar de disminuir, en contra de la sospecha instalada por la hijayutez del lugar com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por la oreja me insemin&eacute;, la concha del pato, como en los retablos medievales: Tootoo Baobab intenta sin &eacute;xito conversaci&oacute;n con las dem&aacute;s detenidas. Llevan horas adentro del veh&iacute;culo policial, sin que nadie se moleste en informar destino final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace falta que afuera el barullo se apague para que arranque la marcha. Traquetean largo lo tendido. Empedrado le cuesta al camioncito lleno hasta las tetas de sospechosas delincuentas, disminuye el andar a velocidad dominical de paseo por la ciudad. Nada de esto preocupa a Tootoo Baobab, al fin y al cabo por algo hab&iacute;a iniciado abandono de hogar. Con lo cual: no cree necesario dar se&ntilde;ales de vida ni avisar. Es m&aacute;s: no lo va a hacer, para que aprendan: valorenm&eacute;, mierdas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Flores, representantes de Prensa guardan la entrada de comisar&iacute;a sustantiva, amuchadas como para org&iacute;a de televidentas &aacute;vidas de novedades ef&iacute;meras. Griter&iacute;an y se pelean por encajar micr&oacute;fono, brazo corto juega en contra, corren para seguir minuto a minuto el desfile de protestantes levantadas al boleo. Algunas se han percatado de que los equipos a malfuncionar han arrancado, de libretita y birome echan mano. En general nadie conoce a ignoto grupo de ciberfeministas ni se ha cruzado con comunicado de reivindicaci&oacute;n por el atentado contra el patriarcado.
    </p><p class="article-text">
        Sin dilatar ni contestar, las sirvientitas del Orden encierran a las pescadas en celda &uacute;nica al fondo, junto a otras abducidas en el fragor de la batalla, acarreadas en cochecitos m&aacute;s tempraneros. Cautiverio y hambre de la mano despiertan consulta popular acerca de si les van a dar de morfar o qu&eacute; se creen, &iquest;que nos alimentamos de roc&iacute;o? No hay respuesta, el n&uacute;mero solicitado no corresponde a una abonada en servicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paredes descarapeladas, piso pis por todos lados, olor acre potent&iacute;simo, festival de mugre encastran el entorno, bastante caiducho, para las privadas de libertad. La detenci&oacute;n se descubre mixta, las fuerzas del Orden ya no parecen interesadas en evitar intercambio de oralidad, con lo cual se arma especie de pe&ntilde;a o grupo de autoayuda y confesionismo cruzado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El registro e ingreso de las ofensoras detenidas se opera con papel y l&aacute;piz, desde ayer la comisar&iacute;a est&aacute; sin sistema. Lejos de aprehender las implicancias del rompimiento algor&iacute;tmico, logar&iacute;tmico y alternativamente r&iacute;tmico universal, las sirvientitas leguleyas prefieren no darle demasiadas vueltas al asunto y arreglarse con equipito para cazar huellas, tinta negra y enchastre general. Se habilita momento un poco obvio de &iquest;te acord&aacute;s cuando?, cotilleo amable entre ellas, como si no se encontraran en comisar&iacute;a de Flores ni fueran responsables de delincuentas conceptuadas amenaza para la delicada fibra del entramado social. Por el costado les pasa, como sin tocarlas (al menos por ahora, en estos momentos alborales), lo que ser&aacute; en breve derrumbe del capitalismo occidental, explotado desde adentro en apenas horas por secta de hacktivistas kamikaze.
    </p><p class="article-text">
        Pito catal&aacute;n a los problemas, hombrito fruncido y a m&iacute; qu&eacute;, las polic&iacute;as se despreocupan de tanta pesada cuesti&oacute;n problem&aacute;tica. Prefieren ocuparse en clasificar a las detenidas, pero a paso cansino, eso s&iacute;, para que se note la desidia, el moplo de todo los d&iacute;as lo mismo, vieja, qu&eacute; aburrimiento. Paja, se&ntilde;ora, paja. Las van sacando de a una de la celda del fondo. Pasillo largo, pintura a dos colores con terminado brillante, poco habitual en interiores. Para no complicarse con la ling&uuml;&iacute;stica impedida dejan a las senegalesas para el final. Del interrogatorio a Tootoo Baobab resulta que: 1) est&aacute; bastante golpeada, extra&ntilde;o pero no se queja, 2) anda con una semana de atraso, Evatest en el morral (de momento confiscado), 3) se declara sin v&iacute;nculos ni contacto con grupos activistas y/o militantes, simple mujer de a pie o &Uacute;ltima Ama de Casa, 4) expresa indignaci&oacute;n por el violento proceder, innecesario seg&uacute;n su parecer, de las sirvientitas del Orden, 5) quiere saber ad&oacute;nde dejaron o qu&eacute; hicieron con su bicicleta, cu&aacute;ndo podr&aacute; recuperarla. El resumen ordenado de la escena puede no alcanzar para transmitir una imagen veraz de la misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;AO</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Ojeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/furor-fulgor_1_9139470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Jul 2022 03:01:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Furor fulgor]]></media:title>
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