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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - empatía]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/empatia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - empatía]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Estos son los riesgos psicológicos de preocuparnos demasiado por los demás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/son-riesgos-psicologicos-preocuparnos_1_9247317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be5a520d-ca26-424a-aa85-4473c1930975_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estos son los riesgos psicológicos de preocuparnos demasiado por los demás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En general se habla del síndrome de fatiga por compasión para aludir al agotamiento que surge en el personal sanitario tras convivir con situaciones dramáticas de forma cotidiana, sin embargo, también puede sufrirla cualquier persona con una tendencia excesiva a preocuparse por los problemas de los demás.</p></div><p class="article-text">
        Se llama fatiga por compasi&oacute;n a un estado de gran <strong>cansancio y agotamiento</strong> que se produce a partir de dos razones: una profunda empat&iacute;a con los dem&aacute;s, por un lado, y la intenci&oacute;n o la acci&oacute;n por aliviar el sufrimiento de esas otras personas, por el otro.
    </p><p class="article-text">
        En general, se habla de este problema (y se lo considera un s&iacute;ndrome) para referirse a lo que en muchas ocasiones <a href="https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0718-48082018000200071" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sufre el personal sanitario</a>, que se enfrenta a situaciones dram&aacute;ticas de forma cotidiana y a menudo se siente <strong>emocionalmente desbordado</strong>. Algo que se hizo notorio con la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la fatiga por compasi&oacute;n puede afectar a cualquier persona, m&aacute;s all&aacute; de a qu&eacute; se dedique en el &aacute;mbito laboral o profesional. Sucede que la fatiga por compasi&oacute;n es, en otras palabras, <strong>&ldquo;el precio que se paga por ayudar a personas que sufren</strong>&rdquo;. Y eso es algo que est&aacute; al alcance de cualquiera.
    </p><h3 class="article-text">S&iacute;ntomas de la fatiga por compasi&oacute;n o desgaste por empat&iacute;a</h3><p class="article-text">
        La expresi&oacute;n fatiga por compasi&oacute;n se comenz&oacute; a utilizar hace unas tres d&eacute;cadas. Desde un primer momento se emparent&oacute; con el 'burnout' &ndash;estar quemado del trabajo&ndash;, pues se identific&oacute; como <strong>un problema causado por el esfuerzo laboral</strong>, en particular en el entorno sanitario.
    </p><p class="article-text">
        La particularidad de <a href="https://theconversation.com/fatiga-por-compasion-la-otra-pandemia-157175" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta fatiga</a> es que se deriva de la simpat&iacute;a y la pesadumbre por la persona que sufre, y por el intenso deseo de aliviar su malestar, lo cual muchas veces no se produce. Es por ello que el problema tambi&eacute;n se conoce como <strong>s&iacute;ndrome de desgaste por empat&iacute;a</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Tal como sucede con la mayor&iacute;a de los cuadros asociados con el estr&eacute;s, la fatiga por compasi&oacute;n provoca <strong>s&iacute;ntomas psicol&oacute;gicos y f&iacute;sicos</strong>. Los del primer grupo se suelen dar en forma de ansiedad, disociaci&oacute;n (una especie de desconexi&oacute;n de la realidad o de &ldquo;embotamiento emocional&rdquo;), irritabilidad y trastornos del sue&ntilde;o o pesadillas.
    </p><p class="article-text">
        Los s&iacute;ntomas f&iacute;sicos &ndash;adem&aacute;s de la propia sensaci&oacute;n de agotamiento&ndash; con frecuencia son: dolor de cabeza, <strong>p&eacute;rdida o aumento de peso</strong>, n&aacute;useas y mareos. En los casos graves se producen tambi&eacute;n desmayos y problemas auditivos.
    </p><p class="article-text">
        Un tercer grupo de s&iacute;ntomas aparece casi como consecuencia de los dos primeros: las <strong>consecuencias psicosociales</strong>. Abuso de psicof&aacute;rmacos u otras sustancias, comer de forma descontrolada, cinismo y b&uacute;squeda de dedicar menos tiempo a los pacientes son otros de los efectos frecuentes en el personal sanitario que padece de este problema.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qui&eacute;nes son las personas m&aacute;s propensas a sufrirlo?</strong> En particular, aquellas que dedican poco cuidado a s&iacute; mismas &ndash;un rasgo bastante com&uacute;n en quienes se preocupan mucho por los dem&aacute;s&ndash; y las que tienen alg&uacute;n trauma de su pasado no resuelto, sobre todo si se relaciona de alguna manera con la situaci&oacute;n en la que intentan ayudar.
    </p><p class="article-text">
        Otros factores de riesgo para sufrir de fatiga por compasi&oacute;n son las dificultades para <strong>gestionar el estr&eacute;s</strong> y, en los casos del personal sanitario u otras actividades laborales (bomberos, psic&oacute;logos, trabajadores sociales, etc.), falta de satisfacci&oacute;n en el trabajo.
    </p><h3 class="article-text">Sobrecargar el sistema de gesti&oacute;n emocional</h3><p class="article-text">
        El caso es que, como se ha mencionado, el riesgo de sufrir fatiga por compasi&oacute;n no es exclusivo de quienes desempe&ntilde;an esos trabajos. Puede aparecer tambi&eacute;n en aquellas personas que &ldquo;de forma autom&aacute;tica y por inercia cuidan emocionalmente demasiado a su entorno y acaban <strong>pagando facturas muy altas</strong>&rdquo; por ello.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo explica la psic&oacute;loga Aurora L&oacute;pez, directora de <a href="https://www.instagram.com/mas_vida_psicologos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&aacute;s Vida Psic&oacute;logos</a>, quien destaca que, cuando esto sucede, <strong>&ldquo;los problemas de los dem&aacute;s se convierten en tus problemas</strong>&rdquo;. &ldquo;Sobrecarg&aacute;s tu sistema de gesti&oacute;n emocional &ndash;a&ntilde;ade&ndash;, asum&iacute;s un rol que te pesa mucho y que adem&aacute;s es muy dif&iacute;cil de abandonar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estas personas, apunta la especialista, invierten <strong>altos niveles de energ&iacute;a</strong> en las personas de su entorno. Se preocupan por saber c&oacute;mo est&aacute;n, qu&eacute; necesitan, c&oacute;mo las pueden ayudar. Esto no es en s&iacute; mismo algo malo, desde luego, a menos que se superen ciertos l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l son esos l&iacute;mites? Pues esas personas, a partir de su compromiso emocional y en su af&aacute;n de &ldquo;comprobar que todo est&aacute; bien&rdquo;, buscan y reciben demasiada informaci&oacute;n de los dem&aacute;s, <strong>se implican demasiado en sus historias</strong>, se &ldquo;contaminan&rdquo; y terminan sufriendo por ellos.
    </p><p class="article-text">
        De alg&uacute;n modo, se convierten en &ldquo;m&aacute;quinas de solucionar problemas&rdquo; a otra gente. No saben estar ausentes, no aceptan el hecho de no estar siempre disponibles. Todo eso redunda en un estr&eacute;s y un malestar que las desgasta y las lleva a sentirse <strong>agobiadas, ansiosas y siempre preocupadas</strong>, adem&aacute;s de con una permanente sensaci&oacute;n de cansancio.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n: sus relaciones interpersonales se tornan desequilibradas, pues en alg&uacute;n momento sentir&aacute;n que dan a sus familiares y amigos m&aacute;s de lo que reciben. Esto suele debilitar la autoestima y llevar incluso a un <strong>hartazgo del contacto social</strong>. Y adem&aacute;s pueden darse algunos de los s&iacute;ntomas ya se&ntilde;alados para quienes sufren la fatiga por compasi&oacute;n como resultado de su actividad laboral.
    </p><h3 class="article-text">Qu&eacute; hacer para solucionarlo</h3><p class="article-text">
        Como la predisposici&oacute;n para estar atento a los problemas y necesidades de los dem&aacute;s es en s&iacute; mismo positivo, y adem&aacute;s en muchas personas surge de forma casi natural, &ldquo;autom&aacute;tica&rdquo;, muchas veces es dif&iacute;cil ver all&iacute; un problema.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, advertir algunas de las mencionadas consecuencias negativas puede ser una manera de <strong>detectar el exceso</strong> que tal vez sea causa de fatiga por compasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Aurora L&oacute;pez propone un <strong>ejercicio mental</strong> que puede ayudar a revertirlo: &ldquo;Imaginar que las personas de tu entorno son nadadores de una piscina que tienen bajo control pero a veces pueden tener percances y necesitan tu ayuda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante tal situaci&oacute;n, plantea dos opciones. La primera consiste en dar, desde fuera de la piscina, sugerencias y consejos acerca de c&oacute;mo podr&iacute;a resolver ese percance de la mejor forma posible. La segunda, arrojarse al agua y &ldquo;tratar de resolver el problema 'in situ'&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La opci&oacute;n m&aacute;s apropiada es la primera. La reflexi&oacute;n, subraya la especialista, debiera ser: &ldquo;Esto no es m&iacute;o. Aunque quiero a esa persona, <strong>no me voy a fusionar con su problema y con sus emociones</strong>&rdquo;. Eso no quiere decir no ayudar, por supuesto, pero s&iacute; cumplir con el rol que corresponde, sin pretender hacerse cargo del bienestar ajeno.
    </p><p class="article-text">
        Como ejemplo, L&oacute;pez plantea esta posibilidad: si una persona querida est&aacute; mal a causa de una ruptura de pareja, la actitud saludable y aconsejable es acompa&ntilde;ar, escuchar, decir &ldquo;estoy aqu&iacute; para lo que necesites&rdquo;, y efectivamente <strong>estar y apoyar</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, el equivalente de &ldquo;arrojarse a la piscina&rdquo; para intentar resolver los problemas ser&iacute;a escribir o llamar a la expareja para pedir explicaciones o maldecir, ponerse a dar consejos al amigo acerca de c&oacute;mo debe actuar o qu&eacute; decisiones debe tomar, presionarlo para que se ponga bien y deje de estar triste, etc.
    </p><p class="article-text">
        De ese modo, no solo evitar&aacute; a largo plazo la fatiga por compasi&oacute;n, sino que adem&aacute;s sus v&iacute;nculos ser&aacute;n <strong>m&aacute;s sanos y equitativos</strong>, lo cual contribuir&aacute; con su autoestima y el bienestar general no solo para s&iacute; mismo sino tambi&eacute;n para quienes lo rodean.
    </p><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Aug 2022 15:15:56 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Empatía: claves para desarrollar y potenciar esta capacidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/claves-desarrollar-potenciar-empatia_1_9142737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a673210-e6e9-4ff0-91bd-d6f6f202f519_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: Ian MacKenzie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y es clave para una buena comunicación: las personas empáticas en general son más respetadas y valoradas.</p></div><p class="article-text">
        Desde hace tiempo se destaca, en diversos &aacute;mbitos, el valor de la empat&iacute;a. De manera coloquial, la empat&iacute;a se puede definir como el sentimiento de identificaci&oacute;n con alguien, <strong>la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona</strong>. Como se suele decir, &ldquo;ponerse en los zapatos del otro&rdquo;. En t&eacute;rminos m&aacute;s precisos se puede afirmar que es &ldquo;un proceso para comprender las experiencias subjetivas de un individuo al compartir esa experiencia de forma indirecta, mientras se mantiene una postura observadora&rdquo;, tal como la <a href="https://jamanetwork.com/journals/jamainternalmedicine/article-abstract/617022" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">defini&oacute;</a> William Zinn, investigador de la Universidad de Harvard.
    </p><h3 class="article-text">Clave en salud y servicios sociales</h3><p class="article-text">
        La empat&iacute;a <strong>es clave, por ejemplo, en los servicios de salud</strong>. Un estudio publicado en Estados Unidos en 1985 indicaba que, en el lustro anterior, hasta el 85% de los pacientes hab&iacute;an decidido cambiar su m&eacute;dico de cabecera, o al menos lo hab&iacute;an considerado, debido a las &ldquo;escasas habilidades comunicativas&rdquo; de los profesionales de la salud. Desde esos a&ntilde;os, la importancia que se da a la empat&iacute;a en el campo de la medicina es cada vez mayor.
    </p><p class="article-text">
        En diciembre del a&ntilde;o pasado, la Universidad Rey Juan Carlos de Espa&ntilde;a anunci&oacute; que realizar&iacute;a un estudio para analizar &ldquo;la calidad y humanizaci&oacute;n de los cuidados en las residencias de la tercera edad&rdquo;. Para ello, se usar&iacute;an trajes que simulan el envejecimiento, de forma que los cuidadores sufran en carne propia las dificultades que suelen aquejar a los adultos mayores (problemas de movilidad, discapacidad visual, etc.). El objetivo es <strong>comprobar si&nbsp;estas pruebas aumentan la empat&iacute;a</strong> de los cuidadores y, por lo tanto, redunda en una mejora hacia los pacientes.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n en otras esferas, como las de <em>coaching</em> y el liderazgo, el lugar de la empat&iacute;a es preeminente, puesto que tener empat&iacute;a es clave para una comunicaci&oacute;n m&aacute;s efectiva. Las personas m&aacute;s emp&aacute;ticas <strong>son capaces de comprender mejor y m&aacute;s r&aacute;pido lo que les pasa a los dem&aacute;s</strong> y de lograr mejores relaciones sociales, lo que ayuda a que los dem&aacute;s se sientan mejor: m&aacute;s escuchados y respetados, menos solos. Todo esto tambi&eacute;n produce beneficios para la persona emp&aacute;tica, desde luego, quien es respetada y valorada, lo que propicia que aumente su autoestima y su sensaci&oacute;n de bienestar.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Empat&iacute;a y neuronas espejo</h3><p class="article-text">
        A mediados de la d&eacute;cada de 1990, cient&iacute;ficos de la Universidad de Parma, en Italia, <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8800951" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">descubrieron</a> <strong>las llamadas neuronas espejo o especulares</strong>, unas neuronas que se activan tanto cuando alguien ejecuta una acci&oacute;n como cuando observa esa misma acci&oacute;n realizada por otro individuo. Estas neuronas espejo (presentes no solo en seres humanos, sino tambi&eacute;n en otras especies animales) desempe&ntilde;an un papel fundamental tanto en el aprendizaje imitativo como en el desarrollo de la empat&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Las neuronas espejo podr&iacute;an ser la explicaci&oacute;n fisiol&oacute;gica de por qu&eacute; <strong>impresiona ver a alguien que sufre un golpe muy fuerte</strong>, como si el observador tambi&eacute;n pudiera sentir dolor solo por haberlo visto. Del mismo modo, tambi&eacute;n estar&iacute;an en la base de la empat&iacute;a: ser&iacute;an las que permiten interpretar y dar sentido a los gestos y las acciones de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cient&iacute;ficos de la Universidad de Cambridge, a trav&eacute;s de un <a href="https://www.nature.com/articles/s41398-017-0082-6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> cuyos resultados se publicaron en 2018, concluyeron que en el grado de empat&iacute;a de una persona tambi&eacute;n intervienen factores gen&eacute;ticos. Sin embargo, la influencia de los genes no es muy elevada: el 10% del total. El otro 90% de la capacidad de empat&iacute;a de una persona depende del g&eacute;nero (el mismo trabajo determin&oacute; que, <strong>en general, las mujeres son m&aacute;s emp&aacute;ticas que los hombres</strong>) y del entorno de socializaci&oacute;n de cada persona.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la socializaci&oacute;n es clave. Durante a&ntilde;os se plante&oacute; la cuesti&oacute;n acerca de si la empat&iacute;a era una habilidad innata o si, por el contrario, era una capacidad que se puede trabajar y mejorar. En la actualidad, ese debate no existe: hay consenso acerca de que <strong>la empat&iacute;a s&iacute; puede desarrollarse y potenciarse</strong>. &iquest;De qu&eacute; manera? A continuaci&oacute;n se enumeran algunas claves.
    </p><h3 class="article-text">1. Saber escuchar</h3><p class="article-text">
        La escucha atenta es una de las claves de la empat&iacute;a. En un sentido, se trata de -cuando se conversa con otra persona- dejar de estar pendiente de uno mismo e <strong>intentar entrar en el mundo del otro</strong>. Tambi&eacute;n es importante que ese otro se sienta escuchado. Para ello, es clave respetar sus tiempos, no apurarse, no interrumpir. Permitir que quien habla se sienta no solo en la libertad de decir lo que quiere decir, sino tambi&eacute;n que lo haga de la manera en que lo desee, como m&aacute;s c&oacute;modo se sienta.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es clave no limitar la atenci&oacute;n al lenguaje verbal, a las palabras: los gestos, la postura corporal, las miradas, los silencios y muchas otras acciones del cuerpo a menudo proporcionan m&aacute;s y mejor informaci&oacute;n sobre una persona que lo que ella misma dice. Incluso <strong>las acciones de quien escucha pueden ser fundamentales</strong>: un <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16938094" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">experimento</a> realizado por cient&iacute;ficos de Estados Unidos concluy&oacute; que un gesto simple como tocar el brazo de quien habla, en ocasiones, hace que esta persona se sienta m&aacute;s libre de expresarse y mejor comprendida.&nbsp;
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                </figure><h3 class="article-text">2. Dar mayor importancia a las emociones que a los datos</h3><p class="article-text">
        Otra de las principales herramientas para ponerse en el lugar del otro es tener en cuenta que <strong>los mismos hechos afectan de formas distintas a diferentes personas</strong>. Algo que es casi intrascendente para alguien puede ocasionar un derrumbe emocional en alguien m&aacute;s. Por eso, cuando se trata de potenciar la empat&iacute;a, no tiene mayor importancia saber qu&eacute; har&iacute;a uno mismo en una determinada situaci&oacute;n: lo que cuenta es tener la capacidad de imaginar y entender c&oacute;mo vive esa situaci&oacute;n la otra persona (en funci&oacute;n de su historia, del contexto que la rodea, etc.) y de qu&eacute; manera resulta afectada emocionalmente.
    </p><h3 class="article-text">3. Dejar los propios prejuicios y opiniones al margen</h3><p class="article-text">
        Por razones similares a las destacadas en el punto anterior, las opiniones o ideas de la persona que escucha en ciertas situaciones pueden ser irrelevantes. <strong>Dar opiniones cuando nadie lo pide</strong>, &ldquo;sermonear&rdquo;, emitir juicios morales o de valor o pretender tener la verdad: todo eso es lo contrario a la empat&iacute;a. Los resultados de esas reacciones suelen ser contraproducentes, generan una distancia que en muchos casos resulta insalvable. La clave pasa por procurar la tolerancia, aceptar la mirada de los otros, comprender y respetar las diferencias.
    </p><h3 class="article-text">4. Leer y ver pel&iacute;culas</h3><p class="article-text">
        El hecho de que <strong>la lectura, sobre todo, y </strong>tambi&eacute;n el cine<strong> contribuyen con el desarrollo de la empat&iacute;a</strong> es algo que se sostiene desde hace mucho tiempo. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la neurociencia ha realizado esfuerzos por corroborarlo. Por medio de <a href="https://news.stanford.edu/news/2012/september/austen-reading-fmri-090712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> realizados con resonancia magn&eacute;tica, cient&iacute;ficos de la Universidad de Stanford confirmaron que, cuando una persona se compenetra en la lectura de un texto de ficci&oacute;n, se activan zonas del cerebro relacionadas con lo que los personajes hacen o sienten. Las neuronas que se trabajan cuando una persona toca algo, tambi&eacute;n lo hacen cuando lee la descripci&oacute;n de una textura; la neuronas motoras act&uacute;an cuando en el relato se habla de un movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Debido a eso, Frank Hakemulder, experto en literatura y psicolog&iacute;a de la Universidad de Utrecht, en los Pa&iacute;ses Bajos, asegura que<strong> la lectura de ficci&oacute;n se convierte en un &ldquo;</strong><a href="https://benjamins.com/catalog/upal.34" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">laboratorio moral</a><strong>&rdquo;</strong>. El cerebro del lector se identifica con el de los personajes y permite, por unos momentos, &ldquo;ponerse en sus zapatos&rdquo;, como si pudiera probar lo que debe ser estar en su situaciones, con las dificultades y las emociones involucradas en cada caso. Por ello, las personas que leen tienden a ser m&aacute;s emp&aacute;ticas, ya que est&aacute;n habituadas a ponerse en el lugar de otros (aunque sean personajes ficticios) y a evaluar las situaciones desde puntos de vista diferentes de los propios.
    </p><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/claves-desarrollar-potenciar-empatia_1_9142737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Jul 2022 13:34:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Empatía: claves para desarrollar y potenciar esta capacidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[empatía,comprensión,escuchar]]></media:keywords>
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