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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - The Americans]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/the-americans/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - The Americans]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Días para inventarse una vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dias-inventarse-vida_129_9158499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Días para inventarse una vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En las series Iosi, el espía arrepentido y  The Americans aparecen personajes que se comprometen hasta la médula a vivir una vida que supuestamente no es la suya.</p></div><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os me contaron el argumento de una novela que alguien iba a adaptar al cine. Nunca supe el t&iacute;tulo de la novela, ni qui&eacute;n la hab&iacute;a escrito, y creo que finalmente no la adaptaron, pero recuerdo demasiado seguido lo que supongo que ser&iacute;a una de las primeras escenas del libro. El protagonista es un hombre que tiene muchas deudas, o un divorcio caro, problemas con la ley, o algo as&iacute;, una vida complicada. Es 1994, es 18 de julio y explota la AMIA. El tipo pasa por al lado de los escombros, las sirenas sonando y la gente corriendo, y se le cruza por la cabeza una idea que podr&iacute;a ser rid&iacute;cula o podr&iacute;a ser brillante: tira los documentos en el piso y se da a la fuga de su propia de vida, como en <a href="https://twitter.com/linearotativa/status/331986829966450690" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el tweet ese</a> que es una obra maestra, uno de los poemas m&aacute;s memorables de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el que dice: <strong>&ldquo;Se tu propio De La R&uacute;a. Abandona tu vida toda incendiada. Andate en helic&oacute;ptero. Dejala vac&iacute;a. Que se la metan en el orto&rdquo;.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que es una fantas&iacute;a recurrente en la Argentina, la de dejar todo incendiado, todos tus pendientes, los trabajos no entregados, esa deuda de AFIP o de AGIP o lo que fuere que ya no sabr&iacute;as ni a qui&eacute;n llamar para pagar, tu t&iacute;tulo en tr&aacute;mite, la gente que te necesita, la gente que te extra&ntilde;a. Siento que es una fantas&iacute;a argentina, s&iacute;, no sabr&iacute;a explicar por qu&eacute;, algo de meternos en quilombos que siempre sentimos que nos sobrepasan y a la vez que no est&aacute;n a nuestra altura, pero algunos seguramente lo fantaseamos m&aacute;s que a otros. 
    </p><p class="article-text">
        Me volv&iacute; a acordar de esa escena de ese libro del que no s&eacute; nada mirando la serie <em><strong>Iosi, el esp&iacute;a arrepentido</strong></em>, porque est&aacute; el archivo de los atentados, quiz&aacute;s, y tambi&eacute;n porque venimos de d&iacute;as en los que creo que todos pensamos seriamente en abandonar el barco, cualquier barco. Pero sobre todo, creo que record&eacute; esa escena porque a m&iacute; lo que m&aacute;s me interesa de las series de esp&iacute;as es la idea de comprometerse hasta la m&eacute;dula con una vida que no es la tuya, una vida que te inventaste, que te inventaron, que te dieron armada, y que por eso se puede vivir medio en serio pero tambi&eacute;n medio en chiste. Fui fan&aacute;tica de <em><strong>The Americans</strong></em>, tambi&eacute;n, y por las mismas razones. No logro entusiasmarme con las tramas policiales: qui&eacute;n hizo qu&eacute; me da completamente igual. Lo que me interesa es c&oacute;mo la gente logra involucrarse afectivamente con ideas y personas casi al azar, que alguien le eligi&oacute;, que en principio no la seduc&iacute;an en lo m&aacute;s m&iacute;nimo. 
    </p><p class="article-text">
        El Iosi de la ficci&oacute;n se enamora de una jud&iacute;a y del juda&iacute;smo. Los sovi&eacute;ticos de <em>The Americans </em>se enamoran entre ellos, se enamoran cada uno del marido o la esposa que le asign&oacute; la KGB. Una hip&oacute;tesis posible, la primera que siempre manej&eacute;, y la que supongo que est&aacute; sugerida en general en estas historias, es que <strong>el cuerpo se encari&ntilde;a con cualquier cosa a la que se le dedique suficiente ah&iacute;nco: no se puede pasar a&ntilde;os o meses fingiendo que algo te importa sin que en alg&uacute;n momento, en el menos esperado, te empiece a importar.</strong> Algo de eso es cierto: <em>The Americans </em>es, en mi sesgad&iacute;sima perspectiva de mala espectadora de policiales, una serie sobre la pregunta de qu&eacute; es un matrimonio, la convivencia arbitraria de dos personas que se eligen porque se aman o que m&aacute;s bien se aman porque se eligen. Pero no es tan simple, tampoco: no hace falta dec&iacute;rselo a las miles de parejas que todos los d&iacute;as se separan despu&eacute;s de meses o a&ntilde;os de tratar de sostener la arbitrariedad, de que el cuerpo se acostumbre a eso que ya no sabe querer m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        El Iosi de la ficci&oacute;n se enamora de una chica jud&iacute;a, pero no exactamente de la que m&aacute;s le convendr&iacute;a enamorarse. Una podr&iacute;a decir: hay algo de la verdad que se cuela, del amor verdadero, del deseo verdadero, de las convicciones verdaderas, que siempre termina por imponerse. Un poco pienso que pasa eso, s&iacute;, pero tampoco tengo tanta fe en la verdad y tan poca fe en la ficci&oacute;n. M&aacute;s bien, el mecanismo que creo que se pone en acci&oacute;n en estas historias de esp&iacute;as, tanto las completamente inventadas como las que est&aacute;n basadas en alguna historia real, es el hecho de que cuando no estamos viviendo <em>en serio</em>, cuando no tenemos un compromiso real ni hist&oacute;rico con la vida que estamos viviendo, la verdad o m&aacute;s bien la densidad de la experiencia que identificamos con la verdad puede emerger con una claridad parad&oacute;jica e inaudita. Como cuando le cont&aacute;s un secreto a un taxista, o cuando hac&eacute;s algo que jam&aacute;s har&iacute;as, algo que en un nivel consciente te dar&iacute;a asco o verg&uuml;enza, en un mundo ajeno, y sent&iacute;s que nunca estuviste tan presente en el mundo como en ese momento. Las personas comunes tenemos accesos muy restringidos a esas no-vidas, ese afuera de la propia vida. 
    </p><p class="article-text">
        Supongo, veo, que hay gente que eso lo siente cuando viaja. A m&iacute; me ha costado un poco m&aacute;s: cuando viajo me ganan la inseguridad y la ansiedad, y empiezo a tomarme a m&iacute; misma demasiado en serio, a tratar de organizar la mejor versi&oacute;n de m&iacute; para hacer amigos nuevos. Esa relaci&oacute;n con la autenticidad que algunos sienten cuando est&aacute;n lejos yo la encuentro, en cambio, cuando miento; por eso quiz&aacute;s me identifico tanto con los agentes encubiertos. En mi ciudad o en cualquier otra, cuando digo que voy a estar en un lugar pero finalmente no voy, cuando cuento que estoy haciendo algo pero me quedo haciendo otra cosa o simplemente en mi casa, es en esos momentos, cuando siento que nadie sabe d&oacute;nde estoy (evidentemente me cuesta m&aacute;s conectar con una verdad gris: a nadie le importa d&oacute;nde estoy), es en esos momentos donde me toma una forma de estar en el mundo que es al mismo tiempo intens&iacute;sima y leve, la tranquilidad de que ahora s&iacute;, finalmente, para bien o para lo que sea, estoy en lo que quiero.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dias-inventarse-vida_129_9158499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Jul 2022 03:01:03 +0000]]></pubDate>
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