<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - deseo sexual]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/deseo-sexual/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - deseo sexual]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1041436/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/como-mantener-deseo-pareja-relacion-larga_1_10480862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El que ama desde el eros, entendido eros como deseo erótico, busca en el afuera lo que no tiene. Elige con la mirada aquello que representa un mundo con el que quisiera fusionarse, pero que aún se muestra a la distancia justa. El deseo erótico sería entonces la tensión que produce la diferencia entre los seres, una diferencia que se percibe como irreductible cuando, gracias a la perspectiva, admiramos las cualidades de otra con la que ansiamos fusionarnos. </p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hace seis años que salgo con la misma persona, muchas veces entramos en modo fusión, acabamos siendo como hermanas. ¿Cómo mantener la distancia/separación necesaria para mantener el eros vivo, cuando da tanto placer la fusión?
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Chatin Legrande</span>
                                        <span>—</span> lectora de elDiario.es
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay muchas formas de nombrar, pensar y vivir el deseo. Uno de los caminos que ha tomado la tradici&oacute;n occidental invoca a Eros como portador de una experiencia ambigua, que tanto ofrece momentos de plenitud y goce como revela la necesidad, la inseguridad y la angustia. No hay posibilidad de eros sin contacto o conciencia de la vulnerabilidad y la falta. Anne Carson, en su ensayo <em>Eros dulce y amargo</em>, lo define con seguridad:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quiz&aacute; haya muchas maneras de responder a esto. Una se ve con m&aacute;s claridad en griego: la palabra griega eros denota &laquo;necesidad&raquo;, 'carencia', 'deseo por lo que falta'. El que ama desea lo que no tiene&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El que ama desde el eros, entendido eros como deseo er&oacute;tico, busca en el afuera lo que no tiene. Elige con la mirada aquello que representa un mundo con el que quisiera fusionarse, pero que a&uacute;n se muestra a la distancia justa. El deseo er&oacute;tico ser&iacute;a entonces la tensi&oacute;n que produce la diferencia entre los seres, una diferencia que se percibe como irreductible cuando, gracias a la perspectiva, admiramos las cualidades de otra con la que ansiamos fusionarnos. Para seguir desarrollando esta l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n, Carson se apoya en un texto de Emily Dickinson, bajo el t&iacute;tulo <em>Tuve hambre.</em>
    </p><p class="article-text">
        Durante tantos a&ntilde;os tuve hambre&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Hasta que lleg&oacute; mi mediod&iacute;a &ndash;mi hora de comer&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Temblando me acerqu&eacute; a la mesa&ndash;
    </p><p class="article-text">
        y prob&eacute; el vino extra&ntilde;o&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Era lo que hab&iacute;a visto sobre otras mesas&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Cuando volv&iacute;a, hambrienta, a casa
    </p><p class="article-text">
        y ve&iacute;a por las ventanas la opulencia
    </p><p class="article-text">
        que no pod&iacute;a pretender para m&iacute;&ndash;
    </p><p class="article-text">
        No reconoc&iacute; la abundancia del pan&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Tan diferente de las migajas
    </p><p class="article-text">
        que los p&aacute;jaros y yo compart&iacute;amos
    </p><p class="article-text">
        en el comedor de la naturaleza&ndash;
    </p><p class="article-text">
        La plenitud me lastim&oacute; &ndash;era algo tan nuevo&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Que me sent&iacute; enferma &ndash;y rara&ndash;
    </p><p class="article-text">
        como un fruto del &aacute;rbol monta&ntilde;&eacute;s&ndash;
    </p><p class="article-text">
        trasplantado al camino.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco estaba hambrienta ya &ndash;descubr&iacute;
    </p><p class="article-text">
        Que el hambre &ndash;es algo que sienten
    </p><p class="article-text">
        aquellos que miran por las ventanas desde afuera&ndash;
    </p><p class="article-text">
        y que, entrando, lo pierden.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el uso que le da Carson, en el poema de Dickinson es el hambre, la falta, la condici&oacute;n del deseo. Lo ansiado se desea si se contempla situ&aacute;ndonos a una justa lejan&iacute;a y con cierta percepci&oacute;n de un obst&aacute;culo. La imagen de la ventana representa el obst&aacute;culo, una mediaci&oacute;n que nos permite ver a trav&eacute;s, enfocar nuestra atenci&oacute;n, pero no llegar a ocupar el lugar de fusi&oacute;n completa. Tambi&eacute;n en el texto queda reflejada una divergencia entre la relaci&oacute;n del hambre con la migaja y del hambre con la abundancia. La migaja sustenta, al mismo tiempo, la supervivencia y el ansia de la poeta &ndash;comparable a la de los p&aacute;jaros que incansables picotean&ndash; actuando de est&iacute;mulo que sostiene el ritmo de la b&uacute;squeda. Mientras, la plenitud y la abundancia generan un aletargamiento, una sensaci&oacute;n de rareza y de enfermedad (&iquest;tal vez enfermedad del deseo?).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La tensión, el exceso de energía que el eros produce en nuestros cuerpos suele despertar la atención, los sentidos y hasta la memoria</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n, el exceso de energ&iacute;a que el eros produce en nuestros cuerpos suele despertar los sentidos y hasta la memoria. Con todas las sensibilidades desplegadas y preparadas para captar infinitos matices, cuando no hay frustraci&oacute;n las deseantes nos sentimos en una especie de versi&oacute;n excelente de la vida (me imagino que esto no me pasa s&oacute;lo a m&iacute; jaja). Nuestras capacidades se multiplican y activan, en un baile de seducci&oacute;n que busca caminos para resolver la distancia hasta llegar a la otra. Nuestros los colores y las plumas, nuestro tambi&eacute;n el canto: una proyecci&oacute;n del deseo que toma la justa mesura de la distancia que buscamos atravesar para llegar junto aquella a quien ansiamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No todo es gloria en el &ldquo;Eros dulceamargo&rdquo; que cantaba Safo, maestra en las artes del amor. Pensarlo <em>dulceamargo</em> implica reconocer que la b&uacute;squeda tambi&eacute;n puede angustiarse, truncarse. Que la vulnerabilidad de la apertura radical a la otra tiene consecuencias y que estas no han de ser necesariamente felices. Si el deseo precisa la aceptaci&oacute;n de la diferencia entre yo y la otra, de su libertad y libre albedr&iacute;o al margen de nuestra voluntad, entregarnos al eros comporta un riesgo, el del contacto frontal con el v&eacute;rtigo de la posibilidad de abandono y rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Duffourmantelle describe la posibilidad del abandono como un miedo que, activo o latente, constituye una parte fundamental de nosotrxs &ldquo;ese miedo agazapado en el fondo de nosotros, que nos acecha sin nunca soltar prenda&rdquo;. Quiz&aacute;s la fusi&oacute;n, el hermanamiento con la pareja es tan placentero porque por un tiempo suspende la percepci&oacute;n de que el abandono es posible. Incluso puede llevarnos a un lugar de satisfacci&oacute;n de las necesidades que se parece a la relajaci&oacute;n infantil de sentir que hay otra vida que se hace cargo de la nuestra. Ese placer no ha de subestimarse, es una fuerza brutal que motiva a elegir un camino u otro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizás la fusión, el hermanamiento con la pareja es tan placentero porque por un tiempo suspende la percepción de que el abandono es posible</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El placer de la fusi&oacute;n tambi&eacute;n es er&oacute;tico, pero eventualmente puede adormecer el ciclo del deseo, el ciclo del hambre y de la b&uacute;squeda. Parece la mala broma de alg&uacute;n demonio burl&oacute;n: &iquest;Por qu&eacute; algo que temporalmente nos proporciona tranquilidad y satisfacci&oacute;n termina por adormecer lo que inicialmente nos ha reunido? Tal vez porque se fragua en el escurridizo principio de que dos pueden ser uno, y de que siendo uno es posible seguir deseando dentro de esa unidad creada. El placer de la fusi&oacute;n promete por un tiempo la satisfacci&oacute;n completa de todos nuestros anhelos al ofrecer una intimidad colmada con la otra. Cuando se da una ruptura despu&eacute;s de haber vivido un proceso de fusi&oacute;n los duelos nos sorprenden por su tremenda dureza.
    </p><p class="article-text">
        Celebramos el subid&oacute;n del deseo, pero la exposici&oacute;n al ciclo del hambre, al ciclo del deseo, tambi&eacute;n es agotadora. En contextos donde falta una bella &eacute;tica de las amantes, nos desgasta la superficialidad de la b&uacute;squeda, la exposici&oacute;n al rechazo, la incomprensi&oacute;n. El sufrimiento er&oacute;tico ocurre hoy en un tiempo donde los ciclos del deseo se fuerzan hasta ser cada vez m&aacute;s cortos, para favorecer as&iacute; la velocidad del consumo. Extenuadas por la velocidad del deseo obligatorio, a veces buscamos la suspensi&oacute;n total de esa b&uacute;squeda, &ldquo;nos retiramos&rdquo;, retiramos la atenci&oacute;n, para tambi&eacute;n retirarnos del &ldquo;mercado&rdquo; y sus violencias.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El sufrimiento erótico ocurre hoy en un tiempo donde los ciclos del deseo se fuerzan hasta ser cada vez más cortos, para favorecer así la velocidad del consumo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como bichitos deseantes, creo que no hay soluci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del entendimiento de las distintas etapas que atravesamos en la vida, y las necesidades muchas veces misteriosas que nos mueven. &iquest;C&oacute;mo no tener miedo a la distancia con la otra, si la ruptura de la fusi&oacute;n evidencia la posibilidad natural de la p&eacute;rdida? Y, por otro lado, &iquest;c&oacute;mo no echar de menos el estado del cuerpo deseante? Cuando la memoria de los momentos en los que la realidad no parec&iacute;a plana, sino que se curvaba y ofrec&iacute;a su &eacute;xtasis, pertenecen al periodo donde eros animaba nuestra vitalidad&hellip; Por presencia, o por apreciaci&oacute;n de su ausencia, el deseo siempre acompa&ntilde;ar&aacute; a los cuerpos que lo hemos conocido. Es una suerte de intensidad con la que tal vez lleguemos a aprender a convivir.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras amamos, &iquest;c&oacute;mo mantener la distancia? Yo dir&iacute;a que la distancia est&aacute; siempre entre nosotras, s&oacute;lo que a veces la promesa del amor incondicional y las pr&aacute;cticas amorosas de la rutina mon&oacute;gama nos hacen olvidar que no es posible sostener en el tiempo una fusi&oacute;n total con la otra. Que cualquier d&iacute;a la otra puede girar su rostro y su deseo hacia una direcci&oacute;n donde no nos encontramos. Del reconocimiento de esta realidad, puede resurgir, tal vez, la perspectiva que anime a un Eros adormecido en una rutina de abundancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El texto es parte de &ldquo;Est&aacute; bien sentir&rdquo;, un espacio de conversaci&oacute;n con la poeta y escritora </em><a href="https://www.eldiario.es/autores/sara-torres/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sara Torres</em></a><em> ('Lo que hay', Reservoir Books) en </em><a href="https://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiario.es</em></a><em> donde recibe reflexiones y preguntas de los lectores, &ldquo;sus deseos de indagar sobre una realidad, un v&iacute;nculo, un placer o un duelo&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Torres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/como-mantener-deseo-pareja-relacion-larga_1_10480862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Sep 2023 11:46:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87277" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87277" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Erotismo,Deseo,deseo sexual]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué en primavera aumenta el deseo sexual?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/primavera-aumenta-deseo-sexual_1_9166492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/486ef6d6-9b9c-4676-a5f6-bef61684d9ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: Stokpic"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La extendida creencia de que en primavera el deseo sexual aumenta tiene sustento científico.</p></div><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;La primavera la sangre altera&rdquo;</strong>: existe la creencia generalizada de que en primavera se produce un aumento del deseo sexual. Si bien es complicado para la ciencia determinar si se trata solo de una sensaci&oacute;n o si sucede realmente, y en tal caso cu&aacute;les son sus causas y razones espec&iacute;ficas, existen estudios que han indagado en la cuesti&oacute;n y han hallado algunas pistas para procurar entenderlo.
    </p><p class="article-text">
        Al parecer es cierto: en primavera el deseo sexual aumenta, y la clave estar&iacute;a en la luz del sol. A partir del equinoccio de primavera <strong>los d&iacute;as son m&aacute;s largos que las noches</strong>, lo que hace que en general todos estemos expuestos durante m&aacute;s tiempo a la luz natural. Como consecuencia, el cuerpo produce <strong>mayor cantidad de vitamina D</strong>, un compuesto que -adem&aacute;s de ser imprescindible para absorber el calcio y fortalecer los tejidos &oacute;seos- est&aacute; asociado con la presencia de testosterona en la sangre.
    </p><p class="article-text">
        Un estudio realizado por cient&iacute;ficos de la Universidad M&eacute;dica de Graz, en Austria, analiz&oacute; a 2.299 hombres y comprob&oacute; que los <strong>niveles m&aacute;s altos de vitamina D en la sangre coincid&iacute;a tambi&eacute;n con los de testosterona</strong>, la m&aacute;s importante de las hormonas sexuales masculinas (pero que tambi&eacute;n est&aacute; presente y desempe&ntilde;a un papel importante en las mujeres). Este es uno de los motivos por los cuales la libido aumenta cuando el sol brilla m&aacute;s tiempo en el cielo, despu&eacute;s de los meses de invierno.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s sol y menos estr&eacute;s igual a m&aacute;s deseo sexual</h3><p class="article-text">
        Hay quienes esgrimen razones evolutivas para explicarlo. La tarea de sobrevivir a la dura temporada de fr&iacute;os era mucho m&aacute;s dif&iacute;cil para nuestros antepasados si carec&iacute;an de pareja o compa&ntilde;&iacute;a. Por eso, de acuerdo con esta hip&oacute;tesis, se adaptaron mejor los individuos que, a partir de la primavera y durante los meses de buen tiempo, se sintieron m&aacute;s compelidos a encontrar alguien con quien estar. De modo que <strong>la fiebre de primavera no ser&iacute;a algo novedoso</strong>, sino que tendr&iacute;a muchos milenios de historia.
    </p><p class="article-text">
        El efecto positivo de la exposici&oacute;n a la luz solar no se reduce, claro est&aacute;, a la producci&oacute;n de vitamina D. <strong>Tomar sol hace que el cuerpo libere endorfinas</strong>, un neurotransmisor que provoca la sensaci&oacute;n de satisfacci&oacute;n y felicidad. Y que adem&aacute;s act&uacute;a a trav&eacute;s de la misma v&iacute;a que la hero&iacute;na y otras sustancias similares, lo que lleva a la tolerancia y a la dependencia, es decir, a la adicci&oacute;n, al menos en roedores. As&iacute; lo revelaron los resultados de una investigaci&oacute;n publicados en 2014 en la revista especializada Cell.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que las endorfinas llevan a estar de mejor humor y, por lo tanto, a <strong>reducir los niveles de estr&eacute;s y ansiedad</strong>. Y se sabe que el estr&eacute;s es el principal inhibidor del deseo sexual. La luz del sol, por cierto, tambi&eacute;n propicia la liberaci&oacute;n de serotonina y otras sustancias relacionadas con el placer. De hecho, existe el llamado <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_afectivo_estacional" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trastorno afectivo estacional</a>, un tipo de depresi&oacute;n relacionado con la falta de luz en las regiones con inviernos demasiado oscuros. El buen humor y el consiguiente aumento del deseo sexual que ocasiona la llegada de la primavera se podr&iacute;a graficar como el caso opuesto a ese trastorno.
    </p><h3 class="article-text">El olfato, una clave en el deseo sexual</h3><p class="article-text">
        Otro elemento que se postula como posible factor que contribuye con esta suerte de despertar sexual en primavera tiene que ver con el olfato. Con el calor <strong>aparece el sudor y se potencian los olores corporales</strong>, los cuales est&aacute;n relacionados con la b&uacute;squeda de pareja sexual,seg&uacute;n un estudio de la Universidad T&eacute;cnica de Dresde, Alemania, publicado en la revista Nature en 2016.
    </p><p class="article-text">
        Existen unas sustancias llamadas <strong>ant&iacute;genos leucocitarios humanos&nbsp;</strong>(conocidos como HLA, por sus siglas en ingl&eacute;s), presentes en la superficie de casi todas las c&eacute;lulas de los tejidos humanos. Al igual que los peces, los p&aacute;jaros y el resto de mam&iacute;feros, los humanos tendemos -por razones evolutivas- a buscar parejas con HLA lo m&aacute;s diferentes posibles a los propios, ya que de esa manera el sistema inmunitario de la descendencia se torna m&aacute;s fuerte y resistente.
    </p><p class="article-text">
        Lo hacemos sin darnos cuenta, por supuesto, y por medio de los olores: <strong>es el olfato el que nos revela qu&eacute; personas nos &ldquo;convienen&rdquo;&nbsp;</strong>para procrear y, en consecuencia, lo que nos lleva a sentirnos atra&iacute;dos por ellas. Seg&uacute;n los investigadores alemanes, los HLA &ldquo;intervienen en el comportamiento de los seres humanos&rdquo;. Algo que ser&iacute;a m&aacute;s notorio en primavera.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, desde hace tiempo la industria de los cosm&eacute;ticos comercializa perfumes a base de feromonas, sobre el supuesto de que ayudar&iacute;an a ligar m&aacute;s. Si bien hasta ahora no se ha comprobado -ni mucho menos- su eficacia, la ciencia no descarta que la idea tenga fundamentos.
    </p><h3 class="article-text">La alimentaci&oacute;n y la ropa tambi&eacute;n ayudan</h3><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, hay otros factores que tambi&eacute;n coadyuvan a que la primavera sea una &eacute;poca de despertar en el deseo sexual. Uno de ellos est&aacute; dado por la alimentaci&oacute;n. Como las temperaturas aumentan, <strong>muchas personas reducen las comidas cal&oacute;ricas y contundentes en sus dietas&nbsp;</strong>para optar por platos m&aacute;s ligeros.
    </p><p class="article-text">
        Mientras las primeras tienden a generar mayor pesadez y somnolencia, estos &uacute;ltimos contribuyen a sentirse proactivos. &nbsp;En relaci&oacute;n con esto, muchas frutas y verduras alcanzan su punto justo de maduraci&oacute;n cuando empieza la primavera, lo cual tambi&eacute;n fomenta su consumo. Y no es menor en este sentido el hecho de que, como las temperaturas no son tan bajas, <strong>comenzamos a usar menos ropa</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Partes del cuerpo que durante los meses de invierno permanecen ocultas por capas de abrigo, en primavera quedan a la vista o, al menos, se sugieren sus formas. Este hecho por s&iacute; mismo puede no parecer tan importante, pero sumado a todos los anteriores se termina constituyendo&nbsp;<strong>una suerte de c&oacute;ctel de razones que parecen explicar la vieja frase</strong>: &ldquo;la primavera la sangre altera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/primavera-aumenta-deseo-sexual_1_9166492.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Jul 2022 03:40:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/486ef6d6-9b9c-4676-a5f6-bef61684d9ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="70487" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/486ef6d6-9b9c-4676-a5f6-bef61684d9ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="70487" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué en primavera aumenta el deseo sexual?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/486ef6d6-9b9c-4676-a5f6-bef61684d9ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[deseo sexual,Primavera]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
