<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Silvia Molloy]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/silvia-molloy/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Silvia Molloy]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1041540/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Molloy: un collage y una coda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/molloy-collage-coda_129_9177277.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/924d59af-5b2a-48c3-865b-7f6a1cb3b7e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las Molloy: un collage y una coda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mariano Siskind hizo su doctorado en New York University bajo la dirección de Sylvia Molloy. En este perfil fragmentario, oblicuo y desviado del legado crítico y literario de Molloy, Siskind (hoy profesor de literatura en Harvard) recuerda a su querida maestra y mentora.</p></div><p class="article-text">
        <em>La versi&oacute;n original de este texto fue publicada en mayo de 2021 en </em>CHUY. Revista de estudios literarios latinoamericanos<em> de la UNTREF, gracias a la generosa invitaci&oacute;n de Daniel Link, Mariano L&oacute;pez Seoane y Leo Cherri. </em><em><strong>Quise escribir un texto nuevo pero no pude.&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        								*******************
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Que un individuo quiera despertar en otro recuerdos&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        que no pertenecieron m&aacute;s que a un tercero es una paradoja evidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ejecutar con despreocupaci&oacute;n esa paradoja&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        es la inocente voluntad de todo <em>homenaje</em>&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (Borges, <em>Evaristo Carriego</em>)
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;nes son las Molloy?</strong> &ldquo;Los personajes son y no son sus m&aacute;scaras, pasan por ellas sin revelar su identidad, &lsquo;si es que nos atrevemos a pensar que hay tal cosa en el mundo&rsquo;. Importa se&ntilde;alar que a menudo, la careta elegida es una previa careta <em>le&iacute;da</em>: el personaje lee (en un texto, en un espect&aacute;culo) su m&aacute;scara o su nombre. La lectura asienta, y al mismo tiempo desv&iacute;a una identidad&rdquo; (Molloy, <em>Las letras de Borges</em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uno de ellos me arranc&oacute; la careta</strong>. &ldquo;Miedo. Eso es lo que ten&iacute;a cuando era chica, miedo. Recuerdo algo que me pas&oacute; en Miramar. Era carnaval y para esa &eacute;poca <em>Billiken </em>sacaba m&aacute;scaras y caretas para los ni&ntilde;os. Yo me hab&iacute;a disfrazado de mamarracho, con la m&aacute;scara de <em>Billiken</em> y bombachas de andar a caballo y fui el &eacute;xito del corso. Pero de pronto unos chicos me empezaron a rodear y uno de ellos me arranc&oacute; la careta. Eso fue el final de la espontaneidad. No logro identificarme con la gente que dice que querr&iacute;a volver a vivir su infancia&rdquo; (Molloy, entrevista con Magdalena Garc&iacute;a Pinto, noviembre de 1982).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Retazos autobiogr&aacute;ficos, &iquest;no?</strong> &ldquo;Me gusta la palabra &lsquo;retazos&rsquo;. Autobiogr&aacute;ficos s&iacute;, siempre que uno le d&eacute; a la palabra una libertad y una falta de l&iacute;mites que no suele tener. Me importaba mucho lo visual, la imagen, el impacto de algo que se ve o algo que se reconoce o algo que pasa que rompe el orden cotidiano: son como peque&ntilde;os traumas, sin darle a la palabra ninguna carga psicol&oacute;gica. Por eso lo arm&eacute; de a pedacitos y no aspira a reconstruir un itinerario, una vida y mucho menos un yo&rdquo; (Molloy, entrevista con Ariel Schettini, 17 de agosto de 2003)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mis Molloy transo&ntilde;adas</strong>. &ldquo;Quiero abatir la excepcional preeminencia que hoy suele adjudicarse al yo: empe&ntilde;o a cuya realizaci&oacute;n me espolea una certidumbre firm&iacute;sima, y no el capricho de ejecutar una zalagarda ideol&oacute;gica o atolondrada travesura del intelecto. Pienso probar que la personalidad es una transo&ntilde;aci&oacute;n, consentida por el engreimiento y el h&aacute;bito, mas sin estribaderos metaf&iacute;sicos ni realidad entra&ntilde;a&rdquo; (Borges, &ldquo;La nader&iacute;a de la personalidad&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        <strong>La r&eacute;alit&eacute; ne se forme que dans la m&eacute;moire. </strong>&ldquo;Seguimos caminando por la ciudad; casi sin hablar, lo cual es nuevo entre nosotros. Te convido con algo, me dice de repente cuando llegamos a C&oacute;rdoba, si quer&eacute;s un copet&iacute;n, como dec&iacute;an antes. Pido un caf&eacute;, &eacute;l otro. Siento la incomodidad que sentir&iacute;a con un amigo, mejor, con un amante con quien hubi&eacute;ramos decidido, de com&uacute;n acuerdo, separarnos. Me mira ladeando la cabeza: te voy a extra&ntilde;ar &iquest;sab&eacute;s? Porque s&eacute; que no me vas a escribir. Se me anuda la garganta y no puedo contestar. Agrega: Quise a tu madre, y ahora te quiero a vos. Y luego, reponi&eacute;ndose: &lsquo;La r&eacute;alit&eacute; ne se forme que dans la m&eacute;moire&rsquo;, no te vayas a olvidar. No necesito decirte de qui&eacute;n es la cita&rdquo; (Molloy, <em>El com&uacute;n olvido</em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Varia imaginaci&oacute;n, que en mil intentos,/ a pesar, gastas, de tu triste due&ntilde;o,/ la dulce munici&oacute;n del blando sue&ntilde;o,/ alimentando vanos pensamientos&rdquo;</strong>. &ldquo;Mi madre se repleg&oacute; m&aacute;s y m&aacute;s en un mundo suyo, hecho de recuerdos y, sobre todo, de conjeturas, invariablemente catastr&oacute;ficas. Poco sab&iacute;a de mi vida, s&oacute;lo la m&iacute;sera porci&oacute;n que yo, mezquinamente, le ced&iacute;a para atajar preguntas. Ella supl&iacute;a lo no contado con la imaginaci&oacute;n&rdquo; (Molloy, &ldquo;Varia imaginaci&oacute;n&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Molloy, dans la chambre de sa m&egrave;re.</strong> &ldquo;Je suis dans la chambre de ma m&egrave;re. C&rsquo;est moi qui y vis maintenant. Je ne sais pas comment j&rsquo;y suis arriv&eacute;&hellip; Je ne sais pas grand&rsquo;chose franchement. La mort de ma m&egrave;re, par exemple. &Eacute;tait-elle d&eacute;j&agrave; morte &agrave; mon arriv&eacute;e? Ou n&rsquo;est-elle morte que plus tard? Je veux dire morte &agrave; enterrer. Je ne sais pas. Peut-&ecirc;tre ne l&rsquo;a-t-on pas enterr&eacute; encore. Quoi qu&rsquo;il en soit, c&rsquo;est moi qui ai sa chambre. Je couche dans son lit. Je fais dans son vase. J&rsquo;ai pris sa place. Je dois lui ressembler de plus en plus. Il ne me manque plus qu&rsquo;un fils&rdquo; (Beckett, <em>Molloy</em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mi literatura es m&iacute;a en m&iacute;</strong>. &ldquo;Poco a poco mi tesis se fue transformando en una suerte de laboratorio de lecturas, m&iacute;as y de otros: la oportunidad de leer de otra manera, es decir de leer libros <em>otros</em>, y tambi&eacute;n de ver c&oacute;mo se le&iacute;an los libros una vez que se los <em>desubicada</em>, que se los separaba de su contexto cultural. As&iacute;, por ejemplo, aquel cr&iacute;tico y traductor franc&eacute;s que, no percibiendo el afrancesamiento de Dar&iacute;o como un ejercicio de pose ir&oacute;nico y est&eacute;ticamente distanciador, criticaba al poeta nicarag&uuml;ense por distraerse con esos juegos f&aacute;ciles en lugar de escribir sobre &lsquo;lo suyo&rsquo;. Al escribir esa tesis no s&oacute;lo me encontr&eacute; con libros nuevos: me encontr&eacute; con maneras de leer distintas de la m&iacute;a. Lejos de desecharlas como fr&iacute;volas o erradas, procur&eacute; comprenderlas; as&iacute;, de alg&uacute;n modo, pasaron a ser parte de la m&iacute;a&rdquo; (Molloy, <em>Citas de lectura</em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Je est un autre</strong>. &ldquo;The alterity of self-figuration through reading, I would argue, is a move introducing uncanniness in the autobiographical venture. It is not surprising then that behind the readings one appropriates in order to compose one&rsquo;s own voice, lies a question, a want that echoes throughout these texts and is never satisfied: I am other. But what?&rdquo; (Molloy, <em>At face value</em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>El peligro de ser otro</strong>. &ldquo;En el 67 acept&eacute; un puesto de tres a&ntilde;os en Estados Unidos, y a pesar de haberme asegurado de antemano que pod&iacute;a renunciar al cabo de un a&ntilde;o si la experiencia no resultaba, viaj&eacute; con la mayor parte de mis libros, lo cual era viajar con la casa a cuestas. La mayor&iacute;a eran libros franceses, lo que me vali&oacute; el minucioso escrutinio de un vista de aduana, convencido de que una edici&oacute;n de <em>Tristes Tropiques </em>con un retrato de un indio tup&iacute; en la cubierta era un libro latinoamericano subversivo. Fue la primera vez que sent&iacute; que ser otro pod&iacute;a volverse algo peligroso&rdquo; (&ldquo;<em>Back home</em>: un posible comienzo&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        <strong>M&eacute;connaissance porte&ntilde;a</strong>. &ldquo;Me he vuelto impaciente. Fantaseo vidas paralelas. Me veo en distintos pa&iacute;ses, me pienso en distintos idiomas, como para multiplicar espacios y ganar tiempo. En una de mis fantas&iacute;as, regreso a la Argentina, me invento una vida en Buenos Aires. Es una fantas&iacute;a muy pobre porque intenta retomar aspectos de la vida que dej&eacute; all&iacute; hace m&aacute;s de 25 a&ntilde;os. No retomo acontecimientos ni relaciones, s&iacute; lugares. Por ejemplo, me veo de nuevo viviendo en Palermo, me veo comprando remedios en la misma farmacia, comida en el mismo almac&eacute;n de entonces. Por alguna raz&oacute;n, la comida es muy importante: el queso, el jam&oacute;n, el dulce, el caf&eacute;, el pan adquieren dimensiones aur&aacute;ticas. Fantaseo perversamente un comadreo con vendedores, con otros clientes. Una lengua callejera de la que nunca particip&eacute; cuando viv&iacute;a all&iacute;: era m&aacute;s bien hosca. La &uacute;ltima vez que estuve en Buenos Aires me pas&oacute; algo extra&ntilde;o. Busqu&eacute; el edificio donde hab&iacute;a vivido pero no lo encontr&eacute;. Es decir, pas&eacute; por uno que ten&iacute;a que ser el m&iacute;o, pero no lo reconoc&iacute;&rdquo; (Molloy, introducci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, entrevista con Graciela Speranza, noviembre de 1993).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Biograf&iacute;a, pintura y errancia. </strong>Sylvia Molloy naci&oacute; en 1914 en South Shields, cerca de Newcastle, y vivi&oacute; en el norte de Inglaterra hasta 1938. Comenz&oacute; a pintar retratos cuando era estudiante en Armstrong College, University of Durham, donde se form&oacute; con el famoso impresionista Ren&eacute; Ernest Joseph Eugene E. Entre 1938 y 1940 vivi&oacute; en Rangoon, Birmania, pero ante la inminente invasi&oacute;n japonesa, en 1942, viaj&oacute; a la India donde vivi&oacute; hasta el final de la guerra. Fue feliz en Simla y en Lahore (viajaba a menudo a Pakist&aacute;n) y durante esos a&ntilde;os se dedic&oacute; por completo a la pintura de paisajes impresionistas que evitaban con enf&aacute;tica deliberaci&oacute;n cualquier forma del color local. Luego de un breve retorno a Newcastle, en 1947 volvi&oacute; a mudarse, esta vez a Johannesburg, Sud&aacute;frica. Los diecis&eacute;is a&ntilde;os que pas&oacute; all&iacute; fueron los m&aacute;s prol&iacute;ficos de su carrera. No s&oacute;lo produjo un centenar de cuadros, dibujos y bocetos inspirados en escenas cotidianas de su vida en Birmania, India, Pakist&aacute;n y Sud&aacute;frica, sino que adem&aacute;s dirigi&oacute; una escuela de arte semiclandestina en la que se dedic&oacute;&mdash;en franco desaf&iacute;o a las leyes del apartheid&mdash;a formar estudiantes negros que ella misma reclutaba en los <em>townships</em> de la ciudad. En Sud&aacute;frica comenz&oacute; a experimentar con pr&aacute;cticas est&eacute;ticas situadas en el l&iacute;mite de la pintura y la escritura, y a partir de esas exploraciones public&oacute; la ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica <em>The Burma Bride</em>. Nunca dej&oacute; de viajar, pero en 1963 decidi&oacute; regresar a Inglaterra para ense&ntilde;ar en St. Francis College, en Letchworth, Hertfordshire. Sus pinturas est&aacute;n exhibidas en la India Office Collections de la British Library, y en la Royal Academy of Arts (Siskind, nota biogr&aacute;fica basada en los folios de Sylvia Molloy alojados en <a href="http://searcharchives.bl.uk/primo_library/libweb/action/display.do?dscnt=1&amp;elementId=5&amp;recIdxs=5&amp;frbrVersion=&amp;scp.scps=scope%3A%28BL%29&amp;frbg=&amp;tab=local&amp;displayMode=full&amp;dstmp=1620251102554&amp;srt=rank&amp;ct=display&amp;mode=Basic&amp;dum=true&amp;indx=6&amp;recIds=IAMS032-003282515&amp;renderMode=poppedOut&amp;doc=IAMS032-003282515&amp;vl(freeText0)=Sylvia%20Molloy&amp;fn=search&amp;vid=IAMS_VU2&amp;tabs=detailsTab&amp;fromLogin=true" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la secci&oacute;n de archivos y manuscritos de la India Office Collection, British Library</a>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Naci&oacute;n y represi&oacute;n</strong>. &ldquo;D&rsquo;Halmar llama la atenci&oacute;n sobre el impulso represivo de todo discurso nacional hegem&oacute;nico, discurso dentro del cual la diferencia sexual no pod&iacute;a, no deb&iacute;a&mdash;o no puede, no debe&mdash;caber: donde &lsquo;lo nuestro&rsquo; no puede prolongarse y termina, si no bajo las ruedas del ferrocarril, entonces en el closet de la naci&oacute;n&rdquo; (Molloy, &ldquo;Sexualidad y exilio&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sentido de su ausencia: si yo me atrevo/ a mirar y a decir/ es por su sombra/ unida tan suave/ a mi nombre</strong>. &ldquo;Siempre se escribe desde una ausencia: la elecci&oacute;n de un idioma autom&aacute;ticamente significa el afantasmamiento del otro pero nunca su desaparici&oacute;n. Ese otro idioma en que el escritor no piensa, dice Roa Bastos, lo piensa a &eacute;l&rdquo; (Molloy, <em>Vivir entre lenguas</em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Escritura de la p&eacute;rdida</strong>. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; y c&oacute;mo hubiera escrito de haberme quedado en la Argentina? La pregunta que sobrepasa a esas dos, y que acaso s&iacute; me atrevo a contestar, es m&aacute;s sencilla: &iquest;hubiera escrito? Tiendo a pensar que no, que para m&iacute; la escritura surge precisamente del desplazamiento y de la p&eacute;rdida: p&eacute;rdida de un punto de partida, de un lugar de origen, de una casa irrecuperable&rdquo; (Molloy, &ldquo;<em>Back home</em>: un posible comienzo&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uncanny homecomings, la posibilidad de un homenaje</strong>. &ldquo;El lugar era la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras; la hora, el atardecer. Todo (como suele ocurrir en los sue&ntilde;os) era un poco distinto; una ligera magnificaci&oacute;n alteraba las cosas. Eleg&iacute;amos autoridades; yo hablaba con Pedro Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a, que en la vigilia ha muerto hace muchos a&ntilde;os. Bruscamente nos aturdi&oacute; un clamor de manifestaci&oacute;n o de murga. Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo. Una voz grit&oacute;;&nbsp; <em>&iexcl;Ah&iacute; vienen!</em> y despu&eacute;s <em>&iexcl;Los Dioses! &iexcl;Los Dioses!</em> Cuatro a cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Todos aplaudimos, llorando; eran los Dioses que volv&iacute;an al cabo de un destierro de siglos. Agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atr&aacute;s y el pecho hacia adelante, recibieron con soberbia nuestro homenaje&rdquo; (Borges, &ldquo;Ragnar&ouml;k&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        <strong>En breve c&aacute;rcel traigo aprisionado,/ con toda su familia de oro ardiente,/ el cerco de la luz resplandeciente,/ y grande imperio del amor cerrado.</strong> &ldquo;Desamparada, se aferra a las p&aacute;ginas que ha escrito para no perderlas, para poder releerse y vivir en la espera de una mujer que quer&iacute;a y que, un d&iacute;a, falt&oacute; a una cita. Est&aacute; sola: tiene mucho miedo&rdquo; (Molloy, <em>En breve c&aacute;rcel</em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Coda</strong>&mdash;<strong>las Molloy.</strong> Sylvia es todas las Molloy que inventamos, leemos, proyectamos e invocamos para admirar, imitar, traducir, para desanudar nuestras propias escrituras, para ser otros, para urdir las ficciones que nos sostienen (si es que en verdad nos sostienen), las ficciones hechas con&nbsp; retazos de la memoria (&ldquo;Plumet&iacute;, broderie, taffeta, falla, gro, sarga, piqu&eacute;, pa&ntilde;o lenci&rdquo;), y para decirnos, con infinita arrogancia, que de alguna manera, formamos parte de la constelaci&oacute;n Molloy. Sylvias imaginarias que no son una (&ldquo;la personalidad es una transo&ntilde;aci&oacute;n&rdquo;), y que sin embargo nos marcan de maneras que no podemos anticipar, que no hubi&eacute;semos podido anticipar si, por ejemplo, un d&iacute;a, a principios de septiembre de 2001, lleg&aacute;ramos a New York, decididamente perdidos, y vi&eacute;ramos a Sylvia, a una de las Molloy, a la Molloy-diva-acad&eacute;mica, justo en el momento en el que entra al aula de 19 University Place (anteojos de sol <em>&agrave; la</em> Jacquie Onassis, foulard marr&oacute;n colgado del cuello, dos carpetas de colores en la mano izquierda) para dar la primera clase de su m&iacute;tico seminario sobre Borges, un seminario organizado alrededor de un saber generoso y receptivo, que inmediatamente se iba a revelar como la superficie sobre la que se desplegar&iacute;a la performance de una sensibilidad cr&iacute;tica &uacute;nica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, un seminario que Sylvia abriera diciendo que <em>Evaristo Carriego</em>, y sobre todo el ep&iacute;grafe de De Quincy (&ldquo;a mode of truth, <em>not</em> of truth coherent and central, but angular and splintered&rdquo;), cifran la posibilidad de una po&eacute;tica borgeana, y que en ese momento, en esos primeros minutos de nuestro primer seminario con Sylvia, intuy&eacute;ramos (Lena, Nathalie, Ale, Javier, Erin, Mariano y yo) que en esos restos y esas astillas de una verdad que ya no pod&iacute;a ser recuperada como totalidad estaban las claves para leer el ethos del mundo-Molloy en el que, a partir de ese momento, querr&iacute;amos poder inscribirnos: el modo angular y astillado de ser Molloy, de ser muchas Molloy, todas las Molloy que necesit&aacute;ramos inventarnos. As&iacute; es entonces mi homenaje, Sylvia querid&iacute;sima, <em>angular and splintered</em>, un collage hecho con retazos de todas las Molloy a las que tanto amo y tanto les debo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Siskind]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/molloy-collage-coda_129_9177277.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jul 2022 03:02:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/924d59af-5b2a-48c3-865b-7f6a1cb3b7e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="16202" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/924d59af-5b2a-48c3-865b-7f6a1cb3b7e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="16202" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las Molloy: un collage y una coda]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/924d59af-5b2a-48c3-865b-7f6a1cb3b7e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Silvia Molloy,Literatura,Literatura argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para nombrar su ausencia, no bastará una lengua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/nombrar-ausencia-no-bastara-lengua_129_9177039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ca390c0-8704-4755-bb2e-22f41507bdc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para nombrar su ausencia, no bastará una lengua"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta semana murió la destacada profesora, ensayista y escritora Silvia Molloy.  Transformó el campo de los estudios de literatura latinoamericana y deja una obra sobresaliente como autora.</p></div><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil pensar en una trayectoria de mayor prestigio en las letras y la cr&iacute;tica literaria del &uacute;ltimo medio siglo que la de Sylvia Molloy: <strong>en su paso por las instituciones de ense&ntilde;anza m&aacute;s prestigiosas, transform&oacute; el campo de los estudios de literatura latinoamericana de manera definitiva.</strong> Es igual imposible medir su influencia en escritorxs, lectorxs y alumnxs (todxs fans suyos) diseminadxs por todo el mundo, y que desde la noticia de su fallecimiento el 14 de julio han manifestado su adoraci&oacute;n y agradecimiento, recordando su inteligencia y su generosidad sin l&iacute;mites.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Sylvia Molloy <strong>brill&oacute; tanto en la escritura de cr&iacute;tica como en la literaria, aunque la indistinci&oacute;n -o el desv&iacute;o- de g&eacute;neros quiz&aacute;s fuera una de sus marcas m&aacute;s salientes. </strong>Sus ensayos, escritos con elegancia y agudeza, con suspenso y pulso narrativo, con una atenci&oacute;n extrema por detalles y fragmentos (o &ldquo;retazos&rdquo;, como dice en el documental de Soledad Marambio) que no encajan, volv&iacute;an perceptibles ideas y sensibilidades que hasta entonces no lo eran, y se le&iacute;an con el goce de una obra literaria. Y la lectura de sus textos novel&iacute;sticos (<em>El com&uacute;n olvido</em>) y &ldquo;autobiogr&aacute;ficos&rdquo; (<em>Varia imaginaci&oacute;n</em>) son inconfundibles experiencias de aprendizaje. Los temas y en especial los gestos de sus libros eran tambi&eacute;n parte de sus clases. Para quienes tuvimos la fortuna de asistir a ellas, su voz c&oacute;mplice y calma es imborrable. Su curso sobre &ldquo;Homecomings&rdquo;, por ejemplo, -con lecturas de Rulfo, Borges y la condesa de Merlin, y cameos de H&ouml;lderlin y Gardel-, adem&aacute;s de dar vuelta muchos lugares comunes de la literatura latinoamericana de viajes, atendiendo a la extra&ntilde;eza en sus escenas de regreso, permit&iacute;a entreo&iacute;r ecos de las estrategias que hab&iacute;a usado en su novela <em>El com&uacute;n olvido. </em><strong>Como si fuera poco, para estudiantes que hab&iacute;amos dejado nuestros pa&iacute;ses para estudiar con ella, tambi&eacute;n hac&iacute;a sonar la advertencia (con humor y calidez) de que jam&aacute;s volver&iacute;amos del todo a ellos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        	De madre francesa y padre irland&eacute;s, hablaba y escrib&iacute;a en ingl&eacute;s, franc&eacute;s y espa&ntilde;ol, pero de esta condici&oacute;n subrayaba menos el &ldquo;m&aacute;s&rdquo; [<em>polys</em>] de la acumulaci&oacute;n pol&iacute;glota que el car&aacute;cter instersticial <em>entre</em> las lenguas. Molloy era experta en hacer de los bordes -del yo, de los g&eacute;neros (literarios y sexuales), las lenguas, las culturas nacionales- un espacio de reflexi&oacute;n y emancipaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	En el pante&oacute;n de la cr&iacute;tica literaria argentina de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os (Josefina Ludmer, Ricardo Piglia, David Vi&ntilde;as), Molloy probablemente ocupe el lugar con la mayor resonancia con las preocupaciones y sensibilidades de las generaciones de cr&iacute;ticxs y escritorxs actuales, como el g&eacute;nero y las posibilidades de las escrituras de s&iacute;. &ldquo;Sylvia Molloy transform&oacute; los modos de hacer cr&iacute;tica&rdquo;, dice el cr&iacute;tico Gabriel Giorgi, que estudi&oacute; su doctorado con ella en NYU y hoy se desempe&ntilde;a all&iacute; como profesor. Y agrega: &ldquo;Por un lado abrev&oacute; en las tradiciones de reflexi&oacute;n sobre la escritura, su densidad formal, sus opacidades y ambivalencias, y desde ah&iacute; abri&oacute; modos de leer la literatura latinoamericana que estaban muy capturados por tradiciones identitarias muy fuertes y r&iacute;gidas. Y a la vez, cruz&oacute; la reflexi&oacute;n sobre la escritura con la energ&iacute;a formidable que vino de los estudios de g&eacute;nero y sexualidad, con la rareza de los cuerpos que estaba por todos lados pero que nadie le&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	I Acevedo, escritor argentino nacido en 1983, dice que Molloy era &ldquo;una escritora que se resist&iacute;a a toda estabilidad y categorizaci&oacute;n, una devota del vaiv&eacute;n&rdquo;, y destaca la &ldquo;deslumbrante intuici&oacute;n&rdquo; que encontr&oacute; en la novela <em>En breve c&aacute;rcel</em> (1981), por ejemplo cuando dice: &ldquo;El relato privado no existe&rdquo;. Texto clave para la literatura LGBT, all&iacute; Molloy narraba (aunque el verbo se queda corto) una apasionada relaci&oacute;n entre mujeres. Apareci&oacute; primero en Espa&ntilde;a &mdash;Argentina estaba bajo la dictadura, y aqu&iacute; nadie quer&iacute;a publicarla. Acevedo le vaticina un lugar m&aacute;s amplio en la historia literaria del futuro: &ldquo;Los avatares de las ediciones colocaron a esta novela que en su inicio fue clandestina, en una biblioteca espec&iacute;fica, una biblioteca feminista o queer. Sin embargo, resta que pase mucha agua bajo el puente para este cl&aacute;sico, que en el futuro encontrar&aacute; seguramente otro lugar en la biblioteca de la memoria&rdquo;. Hace algunos a&ntilde;os, fue reeditada en una colecci&oacute;n dirigida por Ricardo Piglia, quien en el pr&oacute;logo escribi&oacute;: &ldquo;narrada en presente y en tercera persona, [la novela] produce un efecto de intimidad que es &uacute;nico y es inolvidable&rdquo;. <strong>En Molloy, la cercan&iacute;a y la intimidad no son el efecto de una pretensi&oacute;n de develamiento del yo sino de su extra&ntilde;amiento.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        	La editorial Eterna Cadencia, que public&oacute; sus &uacute;ltimas obras y reimprimi&oacute; algunas de las anteriores, prepara la edici&oacute;n de dos nuevos vol&uacute;menes que ser&aacute;n p&oacute;stumos: un libro sobre animales (ten&iacute;a muchos en su casa de Long Island) y una recopilaci&oacute;n de sus ensayos cr&iacute;ticos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	En <em>Vivir entre lenguas</em>, uno de sus &uacute;ltimos libros, la narradora se pregunta: &ldquo;&iquest;En qu&eacute; lengua se despierta el biling&uuml;e?&rdquo;. Molloy era una maestra de lo <em>uncanny</em>: encontraba extra&ntilde;eza (y por lo tanto aperturas) en los recovecos de la conciencia supuestamente m&aacute;s privados, como aqu&iacute; el momento de despertarse. Ayer nos despertamos en un mundo sin Sylvia. Para nombrar su ausencia, no bastar&aacute; una lengua. 
    </p><p class="article-text">
        <em>PO</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricio Orellana]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/nombrar-ausencia-no-bastara-lengua_129_9177039.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jul 2022 03:02:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2ca390c0-8704-4755-bb2e-22f41507bdc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1356040" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2ca390c0-8704-4755-bb2e-22f41507bdc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1356040" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Para nombrar su ausencia, no bastará una lengua]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2ca390c0-8704-4755-bb2e-22f41507bdc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Silvia Molloy,Literatura,Literatura argentina]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
