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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/luciano-lutereau/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El temor al deseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/temor-deseo_129_10479284.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23d03906-710e-44b8-b0de-eb739ad4a438_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El temor al deseo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la presencia del deseo es por la vía del miedo esperamos que, al hablarlo, el otro nos de con su respuesta algún tipo de orientación. Aunque más no sea, que quiera lo mismo. </p></div><p class="article-text">
        La palabra <em>temor</em> tiene cierta ambig&uuml;edad, tiene una relaci&oacute;n imprecisa con eso a lo que teme. En principio, afirmar&iacute;a que el <em>temo tal cosa</em> no es lo mismo que el <em>le tengo miedo a</em>. De hecho, lo que caracteriza a ese <em>temo</em> es que no est&aacute; la preposici&oacute;n <em>a</em>. O sea, el temor no es a un objeto, sino que vuelve sobre s&iacute; mismo. Si no fuera muy redundante, podr&iacute;amos decir que es un temor al temer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        O quiz&aacute;s uno podr&iacute;a decirlo m&aacute;s sencillamente: es un temor que nombra algo distinto que un miedo, un desplazamiento del miedo, en la medida en que este se vuelve un indicador de una relaci&oacute;n con el deseo. &ldquo;Temo estar embarazada&rdquo;, dice una mujer a su pareja; entonces el otro hace un chiste, que refleja su propio temor y ella se enoja. Ah&iacute; el circuito puede entenderse de una forma distinta: frente a la aparici&oacute;n repentina de ese deseo, si el otro no proporciona una respuesta precisa, clara, de aseguramiento, aparece la hostilidad. La hostilidad por quedarse sola con su deseo, por tener que ver qu&eacute; hace con ese deseo, que ni siquiera es tal. Porque ella no sabe qu&eacute; desea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es posible notar que la respuesta del var&oacute;n es diferente a la de la huida f&oacute;bica, bastante corriente hoy. Por lo menos, en este caso hay alguien que puede decirle algo a otro, aunque sea de esa forma disfrazada (la del chiste). Y ella esperaba una respuesta en un tono diferente con el cual se hab&iacute;a comunicado, podemos decir que reprim&iacute;a, en la respuesta de &eacute;l, la posici&oacute;n desde la cual hab&iacute;a hablado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, si nos detenemos brevemente en la posici&oacute;n de estos varones, que responden de esa manera, podr&iacute;amos detectar tambi&eacute;n alg&uacute;n indicador de deseo. En efecto, Freud afirma que, en los varones, la primera relaci&oacute;n que tienen con la realidad es de negaci&oacute;n, de desmentida. Aparece una especie de cancelaci&oacute;n de la realidad, y es la primera manera en la que un var&oacute;n puede desear. No obstante, es una interpretaci&oacute;n com&uacute;n que ella responda: &ldquo;Entonces no quiere&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una conclusi&oacute;n que va a la cuenta de la angustia de estas mujeres, pero que no se deduce de manera directa de lo que ellos dijeron. Este es un trabajo bastante habitual. Cuando trabajamos de escuchar personas, es fundamental situar la respuesta y no producir una sobre nuestra lectura de esa respuesta, mostrar ese punto de duda respecto de lo que el otro quiso decir. Muchas veces, se toma la v&iacute;a de pensar: &ldquo;Bueno, entonces dijo que no&rdquo;. Pero ese no anticipado ya supone una interpretaci&oacute;n que tiene como fuente la presencia temerosa del deseo. Es un <em>quiero que quieras </em>o, mejor dicho, <em>si vos lo quer&eacute;s, yo lo voy a poder querer</em>. Una forma de asegurar lo que uno quiere en lo que el otro quiere.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que me importa ubicar es que, en la medida en que ah&iacute; aparece algo del deseo, la respuesta es por el lado del temor. Suele suceder que la angustia, como tal, no se presenta como angustia. Uno de los ropajes conscientes que esta toma tiene que ver con alg&uacute;n temor. Por ejemplo, aparece el famoso <em>tengo miedo de qu&eacute; me va a decir</em>. Considero que es valioso dentro de los tratamientos restituir ese punto en el que alguien pueda soportar que no sabe qu&eacute; le pasa al otro, independientemente de su respuesta. Pero ese no saber no quiere decir que sea algo incierto, indeterminado, enigm&aacute;tico; porque no le puede pasar cualquier cosa. A veces, no saber qu&eacute; le pasa al otro lo que mejor muestra es que el otro est&aacute; afectado por la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, vuelvo a este punto que me importa subrayar, a este aspecto de la presencia del deseo como algo que, en principio, se reconoce por cierta dimensi&oacute;n temerosa. Y a que, al mismo tiempo, la relaci&oacute;n con el otro no es un punto de apoyo. Buscamos en el otro alg&uacute;n tipo de seguridad respecto de eso. Cuando la presencia del deseo es por la v&iacute;a del miedo, lo hablamos con el otro y esperamos que su respuesta nos d&eacute; alg&uacute;n tipo de orientaci&oacute;n, aunque m&aacute;s no sea, que quiera lo mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera forma en que se presenta eso que uno quiere es, a veces, a trav&eacute;s del temor. Por eso su mejor forma de aparecer es como un <em>no quiero</em>. No querer lo que se desea es una de las formas privilegiadas y defensivas de aparici&oacute;n de ese temor. Pero no porque realmente se lo desee, porque no se desea eso. Lo significativo es que la manera de establecer alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n con el deseo es a trav&eacute;s del <em>no querer</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ese <em>no quiero</em> r&aacute;pidamente se traduce en <em>no s&eacute; lo que quiero</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El deseo, indudablemente, es contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/temor-deseo_129_10479284.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Sep 2023 09:00:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El temor al deseo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Duelo y separación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/duelo-separacion_129_10392602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a98aa2ca-391f-4b59-ba06-9804dca5b36b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Duelo y separación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"> El duelo solo hace una parte del trabajo de separación. El resto es cómo seguir viviendo en un mundo en el que el otro está, o no, sin una relación afectiva. En este punto, la separación es como una pérdida de mundo.</p></div><p class="article-text">
        Cuando alguien muere, es com&uacute;n que se lo idealice. Se exaltan los rasgos positivos, se lo recuerda con afecto, incluso cuando era una persona contra la que se despotricaba.
    </p><p class="article-text">
        Esta idealizaci&oacute;n es todo lo contrario de un duelo. En parejas que reci&eacute;n se separan es frecuente que, como defensa respecto del duelo, se recurra a este mecanismo de destacar lo bueno del otro, como forma de retener lo perdido.
    </p><p class="article-text">
        Que a veces se subraye solo lo malo no cambia las cosas. La idealizaci&oacute;n negativa tambi&eacute;n es otro modo de resistirse al duelo. El problema central de un duelo es que no se puede elegir. No existe &ldquo;hacer el duelo&rdquo; como acci&oacute;n voluntaria. Es m&aacute;s bien el duelo el que te agarra y te trabaja.
    </p><p class="article-text">
        Y en el trabajo del duelo, el verdadero drama est&aacute; en que, ante la p&eacute;rdida, el Yo tiene que ofrecerse como sustituto del objeto perdido y eso implica tener que transformarse.
    </p><p class="article-text">
        Este es un drama, dado que en ese proceso se produce una desexualizaci&oacute;n y, por lo tanto, una desmezcla pulsional, con la que Yo tiene que ver qu&eacute; hacer para no quedar mortificado. Ejemplo: todos conocemos alg&uacute;n caso de viejitos que, muerto uno, al poco tiempo el otro desarrolla una enfermedad fulminante y muere tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El drama del duelo es que su trasfondo es la imposibilidad de que su trabajo sea completo y exhaustivo. Un poco morimos en cada objeto que perdemos.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta freudiana, la que recorre toda su obra, es c&oacute;mo perder un objeto y no morir en el intento de sustituirlo; porque su sustituci&oacute;n es solo eso, un intento.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, el duelo solo hace una parte del trabajo de separaci&oacute;n. Una parte muy importante, s&iacute;, pero solo una parte.
    </p><p class="article-text">
        El resto del trabajo de separaci&oacute;n est&aacute; en c&oacute;mo seguir viviendo en un mundo en que el otro est&aacute;, o no, sin una relaci&oacute;n afectiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este punto, la separaci&oacute;n es como una p&eacute;rdida de mundo, mucho m&aacute;s profunda que la p&eacute;rdida de objeto que se puede elaborar a trav&eacute;s del trabajo del duelo.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, en los mejores casos un hijo ya duel&oacute; la p&eacute;rdida de sus padres mucho antes de que estos mueran. Esto quiere decir que pudo dejar de ser un ni&ntilde;o &ndash;sin dejar de ser hijo. Sin embargo, esto no quiere decir que est&eacute; preparado para vivir en un mundo en el que no est&eacute;n sus padres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A algunos hijos les agarra por el lado de no poder separarse de los objetos que dejaron sus padres: desde la ropa hasta alg&uacute;n objeto que, en verdad, no es tal, porque m&aacute;s bien recrea un ambiente o una tonalidad emocional.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de fetiches, sino de una recreaci&oacute;n de la transicionalidad que, as&iacute; como est&aacute; en el inicio de la vida, tambi&eacute;n sirve para ciertas despedidas finales.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo podr&iacute;a aplicarse a cualquier relaci&oacute;n en la que media el amor. Lo importante &ndash;en la medida en que es algo sobre lo que muy pocas veces se llama la atenci&oacute;n&ndash; es distinguir entre trabajo del duelo y trabajo de separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Freud estudi&oacute; principalmente el primero. Sobre el segundo dijeron algunas pocas cosas algunos autores post-freudianos (sobre todo c&oacute;mo la separaci&oacute;n puede enloquecer a ciertas personas).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lacan hablo de separaci&oacute;n, pero como lazo respecto del deseo del Otro (es decir, para Lacan la separaci&oacute;n no es separaci&oacute;n del otro) y su relectura del duelo freudiano no profundiza sobre lo que antes llam&eacute; &ldquo;p&eacute;rdida de mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fen&oacute;menos t&iacute;picos de lo insoportable de la separaci&oacute;n cuando el otro sigue vivo son el stalkeo y/o o el deseo de eliminarlo. Con la virtualidad, saber del otro se vuelve intolerable &ndash;eso intolerable de que se goza&ndash;, porque no se puede hacer &ldquo;como si&rdquo; el otro estuviese muerto.
    </p><p class="article-text">
        El mundo pre-virtualidad pod&iacute;a con esfuerzo subsumir el trabajo de separaci&oacute;n al trabajo del duelo; hoy estos dos trabajos son independientes y, en efecto, separarse se volvi&oacute; m&aacute;s dif&iacute;cil que duelar.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/duelo-separacion_129_10392602.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2023 01:52:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Duelo y separación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Argentinos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentinos_129_10356593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9dedcff-df9a-45c6-b97e-f7fe1e42dc8b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1076832.jpg" width="967" height="544" alt="Argentinos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reflexiones sobre las nuevas masculinidades, los hijos y el fútbol.</p></div><p class="article-text">
        Desde hace un tiempo se habla de &ldquo;nuevas masculinidades&rdquo;. En algunas ocasiones escrib&iacute; art&iacute;culos sobre el tema. A veces a favor de la expresi&oacute;n, otras no tanto, porque la idea de lo &ldquo;nuevo&rdquo; no me convence. Luego, porque me pareci&oacute; importante distinguir entre la deconstrucci&oacute;n (del machismo) y la destituci&oacute;n (de la masculinidad).
    </p><p class="article-text">
        Sobre estos temas convers&eacute; con diferentes interlocutores, no siempre de acuerdo y en este &uacute;ltimo tiempo creo que s&eacute; por qu&eacute;. Escribimos desde distintos puntos de vista. No es lo mismo escribir sobre masculinidades, en una cr&iacute;tica al modelo hetero-normado tradicional, como la v&iacute;a de restituci&oacute;n de la represi&oacute;n forzosa de la homosexualidad, que hacerlo como un cuestionamiento desde el interior de la experiencia heterosexual (por ejemplo, a la seducci&oacute;n compulsiva, etc.).
    </p><p class="article-text">
        No obstante, ninguno de estos puntos de vista es el m&iacute;o en sentido estricto. En el &uacute;ltimo tiempo, me di cuenta de que yo escribo sobre masculinidad como padre de hijos varones. Por supuesto que este punto de vista incluye algo de los otros que mencion&eacute;, pero no es lo prioritario. No escribo pensando en mis vivencias de ni&ntilde;o o adolescente (no directamente), sino que pienso en lo que siento cuando los veo crecer a ellos.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo que mi hijo Joaqu&iacute;n juega en Argentinos Juniors. De este club es que viene el t&iacute;tulo de la nota. Lamento si esperaban una reflexi&oacute;n general sobre la vida en tiempos de elecciones o la esencia patria. No. El t&iacute;tulo proviene de la camiseta que mi hijo usa los domingos por la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil ir a ver un partido de Futsal. Para m&iacute; el f&uacute;tbol ya no es algo m&iacute;o. Dej&eacute; de ser fan&aacute;tico de este deporte cuando me interes&eacute; en otras cuestiones; pero si recobr&eacute; el entusiasmo, fue por mis hijos. Ahora les toca a ellos ser los fan&aacute;ticos, yo me las arreglo bien como espectador; pero como dije, no es f&aacute;cil ver un partido de esta categor&iacute;a. Las plateas se calientan. Muchos padres se olvidan de que son ni&ntilde;os los que juegan.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte, el entrenador tiene buena memoria. En estos &uacute;ltimos meses disfruto de escuchar c&oacute;mo le habla a los chicos. Algunas de sus frases son graciosas. En un partido en que &iacute;bamos perdiendo, empez&oacute; a los gritos: &ldquo;Por favor, empecemos a jugar al f&uacute;tbol&rdquo; o bien cuando uno en la cancha se quejaba, le espet&oacute;: &ldquo;Dej&aacute; de quejarte, que al f&uacute;tbol se gana haciendo goles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pongo esto dos ejemplos, pero solo para situar que muchas veces las frases de un entrenador son prescriptivas. Est&aacute; ah&iacute; para dirigir. Tambi&eacute;n para corregir. El v&iacute;nculo del jugador con el entrenador tiene que ser viril, necesita a veces del grito, de la insistencia, de la puesta a prueba. Y para un chico muchas veces no es f&aacute;cil, pero &iquest;se lo puede pedir menos sin dejarlo afuera?
    </p><p class="article-text">
        Pienso en un partido que fue especialmente dif&iacute;cil. Por un arbitraje problem&aacute;tico, en las tribunas est&aacute;bamos enardecidos. El entrenador le grit&oacute; a los padres: &ldquo;Ac&aacute; vienen a alentar, no a pasar factura&rdquo;, frase breve y certera; pero el partido estaba en llamas, los chicos se estaban pegando adentro de la cancha y el &aacute;rbitro estaba perdido. Ninguno de los dos equipos quer&iacute;a perder, ambos quer&iacute;an hacer ese gol que salva el d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente ganamos. Cuando fui para el ba&ntilde;o, me encontr&eacute; con un compa&ntilde;ero del equipo de mi hijo que se secaba unas l&aacute;grimas. Me parti&oacute; el alma. Quer&iacute;a decirle algo, pero no me sali&oacute; m&aacute;s que felicitarlo. &iquest;Le servir&iacute;a? Lo dudo, pero me qued&eacute; pensando en la especial presi&oacute;n que sintieron ese d&iacute;a en la cancha.
    </p><p class="article-text">
        En la semana pens&eacute; que el f&uacute;tbol es cruel. Pens&eacute; en las carreras de caballos y en el modo en que estos son un poco v&iacute;ctimas sacrificiales. Tambi&eacute;n pens&eacute; en que no ocurre lo mismo cuando el chico que est&aacute; en la cancha tiene a su pap&aacute; en la tribuna cuando est&aacute; solo. S&eacute; que de alguna manera, uno cumple una funci&oacute;n protectora.
    </p><p class="article-text">
        Luego pasaron los d&iacute;as y reflexion&eacute; sobre c&oacute;mo ese v&iacute;nculo de exigencia tambi&eacute;n puede ser una referencia, algo en lo que apoyarse, la &uacute;nica vez en la que algunos chicos se encontraron con alguien que esper&oacute; algo de ellos. En el f&uacute;tbol vos pod&eacute;s hacer todo mal adentro de la cancha, tener un d&iacute;a horrible, que te insulten desde todas las tribunas, pero tu entrenador no te va a soltar la mano.
    </p><p class="article-text">
        Me preguntaba este tiempo si la revisi&oacute;n cr&iacute;tica de las instituciones masculinas, las especialmente viriles &ndash;es decir, aquellas que funcionan con verticalidad y requieren de la demostraci&oacute;n de fuerza como v&iacute;a de validaci&oacute;n&ndash;, al punto de llegar a su progresiva destituci&oacute;n, no priva a los chicos de tener que atravesar una experiencia en la que, a trav&eacute;s de fallar, puedan adquirir una potencia.
    </p><p class="article-text">
        Si sos var&oacute;n, alguna vez, todos te van a insultar. Si sos var&oacute;n, alguna vez, te vas a caer y te van a gritar para que te levantes r&aacute;pido y sigas. Si sos var&oacute;n, vas a querer llorar y si bien hoy sabemos que llorar no te hace menos var&oacute;n, vas a dejar de hacerlo y vas a salir de nuevo a la cancha, en la que no est&aacute;n pap&aacute; ni mam&aacute; para cuidarte.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace alg&uacute;n tiempo, cuando estoy triste a la hora de irme a dormir, cierro los ojos y lo veo a mi hijo Joaqu&iacute;n parado en la cancha, con esa forma particular que tiene de pararse, con el brazo en jarra y la palma invertida sobre la cintura. Y cuando hace un gol y vuelve al trote hacia el c&iacute;rculo del medio, yo siento que Dios se acord&oacute; de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentinos_129_10356593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jul 2023 11:21:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau,nuevas masculinidades,Masculinidades]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor puro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-puro_129_10316101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b06c634-bb6a-4c35-95ec-eeecb45194d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El amor puro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El modo más habitual en que una mujer ama el deseo de un hombre es poniéndose celosa, sostiene el autor que analiza cómo se manifiesta el amor en determinadas relaciones. </p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as pienso en dos fen&oacute;menos cl&iacute;nicos relacionados, sobre los que espero escribir con m&aacute;s detenimiento en alguna ocasi&oacute;n: por un lado, la situaci&oacute;n de mujeres que no pueden odiar a un hombre; y esto incluye un espectro muy amplio, desde casos en que todo puede ser perdonado hasta episodios de violencia. En la teor&iacute;a psicoanal&iacute;tica se habl&oacute; alguna vez de &ldquo;masoquismo femenino&rdquo;, pero no es claro ni suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Hoy se hablar&iacute;a de patriarcado, sometimiento, etc., pero &ndash;como dir&iacute;a Freud, citando a uno de sus maestros&ndash; <em>&ccedil;a n&rsquo;emp&ecirc;che pas d&rsquo;exister</em>. Incluso cuando no nos gusten, estas situaciones existen. Cualquier cl&iacute;nico lo sabe y lo verifica cotidianamente. Es una cuesti&oacute;n de gradaci&oacute;n, no hay una estructura diferente entre una punta y la otra.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la situaci&oacute;n de desvalimiento amoroso en que varias mujeres quedan frente a ciertos hombres. En la tradici&oacute;n se habl&oacute; de &ldquo;posici&oacute;n materna&rdquo; de la mujer respecto del hombre, y quiz&aacute; no estar&iacute;a mal, en la medida en que se trata de un amor basado en la entrega sin condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Un amor incondicional, el amor puro, podr&iacute;a ser la forma que toma la perversi&oacute;n en la mujer. Tal vez por eso Lacan dec&iacute;a que la maternidad (no solo respecto de los hijos) es la perversi&oacute;n femenina. No hace falta hablar de casos del consultorio; todos los d&iacute;as escuchamos situaciones de mujeres que &ldquo;sin saberlo&rdquo; se casaron con estafadores, tipos con doble vida, violentos, etc. Ese punto es crucial: el modo en que una mujer puede creer en la palabra de un hombre puede no implicar el saber, sino todo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        La otra cara de la cuesti&oacute;n es, entonces: o bien la mujer odia el deseo del hombre (y hace rato desarrollo que ese es el &uacute;nico modo en que se lo puede amar), o lo ama perdidamente, es decir, para perderse. Amar a un hombre m&aacute;s all&aacute; de su deseo es arrasador.
    </p><p class="article-text">
        Dije que hay dos posiciones que llevan a una mujer a lo peor: el &ldquo;masoquismo&rdquo; y la &ldquo;maternidad&rdquo; &ndash;cuando &eacute;sta se practica con una pareja. Masoquista es una mujer que ama sin condiciones; materna es la que ama incondicionalmente. Parecen posiciones semejantes, pero son distintas. Dije que amar el deseo de un var&oacute;n es lo que salva de esas desventuras.
    </p><p class="article-text">
        El modo m&aacute;s habitual en que una mujer ama el deseo de un hombre es poni&eacute;ndose celosa. Hay otros modos, por ejemplo, enoj&aacute;ndose. Esto que parece tan complicado, lo sabe cualquier analista que escucha a una mujer quejarse de su pareja. Rid&iacute;culo ser&iacute;a decirle: &ldquo;Entonces separate&rdquo;. Tambi&eacute;n creer que eso la hace hist&eacute;rica. Esa queja puede ser muy femenina, es el modo de dar cuenta de ese hombre, est&uacute;pido y caprichoso, &ldquo;oscuro&rdquo; &ndash;como dicen hoy algunas mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta esa expresi&oacute;n. Algunas dicen: &ldquo;Lo que pasa es que &eacute;l es oscuro&rdquo;. &iexcl;Claro! &iexcl;Es un hombre! Pero, dec&iacute;a, en el enojo est&aacute; el deseo, &iquest;c&oacute;mo creer que eso quiere decir que no le interesa? Quiz&aacute; con an&aacute;lisis pueda desear sin enojarse, o sin ponerse celosa. Quiz&aacute; no, tambi&eacute;n es posible que con an&aacute;lisis haga otra cosa con sus enojos y celos.
    </p><p class="article-text">
        Esto puedo contarlo, porque ya pasaron muchos a&ntilde;os. Me acuerdo de una mujer que vino a verme despu&eacute;s de mucho tiempo; me dijo que estaba enojada conmigo. &ldquo;&iquest;Todo ese tiempo?&rdquo;, le pregunt&eacute;. Ella me coment&oacute; que no le hab&iacute;a gustado algo que yo le hab&iacute;a dicho. No recordaba qu&eacute; le dije. Ella me dijo: &ldquo;Que mi marido no me despierta&rdquo;. Siempre es interesante cuando se atribuye al analista un decir tan lapidario, lo haya dicho o no. Es indicador de otra cosa. &iquest;Qu&eacute; la enoj&oacute; tanto?
    </p><p class="article-text">
        Porque ella se daba cuenta de que se viv&iacute;a quejando, al punto de que se cansaba a s&iacute; misma. Viv&iacute;a enojada, pero no quer&iacute;a separarse. &iquest;Por qu&eacute; pens&oacute; en separarse? &ldquo;Es que si mi marido no me duerme... digo &iexcl;despierta!&rdquo;. Fallido y asociaci&oacute;n inmediata: ese dolor de panza que suele sentir, que la lleva a quedarse en la cama y no querer hacer m&aacute;s que dormir. Se levanta solo para pelearse con el marido, &iexcl;el enojo la despierta! &iquest;C&oacute;mo no iba a afectarla escuchar que el marido no la despierta? &iquest;C&oacute;mo no iba a afectarse... con enojo? Ese mismo que transferencialmente la une al an&aacute;lisis y es su s&iacute;ntoma, motor de un deseo que padece.
    </p><p class="article-text">
        Hay diversos modos de amar el deseo de un var&oacute;n, algunos m&aacute;s sintom&aacute;ticos que otros, pero en su mayor&iacute;a se basan en reconocer que los varones son insoportables. De todos modos, este tipo de amor deseo del var&oacute;n es cada d&iacute;a menos com&uacute;n. Es de otra &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-puro_129_10316101.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2023 08:57:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El amor puro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién es el padre de mi hijo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-hijo_129_10276350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40ae30c3-f67c-4751-bbfe-b2e41919944c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién es el padre de mi hijo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sueño, como un complejo y elaborado mensaje que requiere ser descifrado. A partir de una experiencia personal, el autor propone que su análisis puede ser la vía regia de acceso al inconsciente. </p></div><p class="article-text">
        Hace poco tuve un sue&ntilde;o que me inquiet&oacute; durante varios d&iacute;as. Este particular estado de extra&ntilde;eza hizo que, en diferentes momentos, volviera a pensar en ese residuo on&iacute;rico. Estoy seguro de que, a usted lector, le pas&oacute; lo mismo en alguna ocasi&oacute;n; por eso me decido a prestar mi sue&ntilde;o, para mostrar c&oacute;mo el psicoan&aacute;lisis colabora con el prop&oacute;sito de entender el sentido de esta formaci&oacute;n ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        Una vez interpretado, el sue&ntilde;o dej&oacute; de inquietarme y ahora, m&aacute;s bien, me causa gracia y hasta me parece trivial. Sin embargo, durante un primer tiempo no me dejaba tranquilo y su imagen era persistente. En &uacute;ltima instancia, esta insistencia es la que asegura que el sue&ntilde;o sea una formaci&oacute;n del inconsciente, es decir, un complejo y elaborado mensaje que requiere ser descifrado.
    </p><p class="article-text">
        Espero no estar generando demasiada expectativa. Contar&eacute; directamente el sue&ntilde;o, para luego dar lugar al trabajo a que, a trav&eacute;s de la asociaci&oacute;n libre, permiti&oacute; esclarecerlo. Se trata de una escena muy simple: <em>Mi mujer se acerca para decirme que ya no me ama, que ahora es la esposa de Fishbein.</em>
    </p><p class="article-text">
        Es posible que, a primera vista, parezca dif&iacute;cil suponer que un sue&ntilde;o tan claro necesite una interpretaci&oacute;n. Tal vez usted, lector, pens&oacute; que el sue&ntilde;o al que me refer&iacute;a era uno de esos abstrusos y llenos de ciencia ficci&oacute;n. Sin embargo, este sue&ntilde;o fue para m&iacute; lo suficientemente extra&ntilde;o, porque yo no conozco a nadie que se llame Fishbein. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n estaba el otro elemento (que ella se acerque para decirme que ya no me ama). Por supuesto que esto no me result&oacute; grato, pero tengo que reconocer que toda la tensi&oacute;n de mi &aacute;nimo estuvo concentrada en ese apellido. Tengo que reconocer que, durante el d&iacute;a, hasta me tom&eacute; el atrevimiento de preguntarle si conoc&iacute;a a alg&uacute;n Fishbein. Lamentablemente, o quiz&aacute; por suerte, no hubo respuesta satisfactoria.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; me convenc&iacute; de que ese apellido era la v&iacute;a por la que retornaba algo de m&iacute; que yo no pod&iacute;a saber, salvo que narrara el sue&ntilde;o en an&aacute;lisis. Ah&iacute; fue que surgi&oacute; el primer requisito para conseguir una traducci&oacute;n, contar qu&eacute; ocurri&oacute; la noche precedente al sue&ntilde;o. Nada muy en especial, estaba con mi mujer mirando televisi&oacute;n; aunque ahora que lo pienso bien, me llam&oacute; la atenci&oacute;n un comentario que se hizo sobre astrolog&iacute;a. All&iacute; una mujer dijo que Acuario (que es mi signo) no es de agua, sino de aire.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; por qu&eacute; este comentario me dej&oacute; pensando, porque yo no conozco de estos temas de astrolog&iacute;a. Aunque s&iacute; recuerdo el caso de una mujer que tuvo un hijo con un hombre y que el signo del ni&ntilde;o fue el mismo que el nombre del ex de la mujer (Leo). Esa fue mi siguiente asociaci&oacute;n, que me hizo pensar que el padre de un hijo no es necesariamente el progenitor.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, la angustia del sue&ntilde;o &iquest;era una forma de velar una duda sobre la paternidad de mi hijo m&aacute;s reciente? Tampoco para tanto. Ser&iacute;a demasiado literal. Aunque a prop&oacute;sito de las letras, a esta altura ya es claro que el apellido<em> </em>Fishbein es una condensaci&oacute;n de dos partes, fish y bein, la segunda de las cuales podr&iacute;a remitir al significado (en hebreo) &ldquo;hijo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por cierto, la siguiente asociaci&oacute;n tuvo que ver con la descomposici&oacute;n de un apellido, el m&iacute;o, con una aclaraci&oacute;n frecuente: si Lutereau es franc&eacute;s, se debe a la terminaci&oacute;n &ldquo;eau&rdquo; (ya que si terminara en &ldquo;au&rdquo; ser&iacute;a vasco) y esta terminaci&oacute;n significa &ldquo;agua&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, ya no fue dif&iacute;cil ver que, en el sue&ntilde;o, un apellido se intercambiaba con el m&iacute;o: &ldquo;fish&rdquo; (pez) era una sustituci&oacute;n de &ldquo;eau&rdquo; (agua). Ahora bien, la sustituci&oacute;n en un sentido amplio no era solo la del franc&eacute;s por el ingl&eacute;s, sino tambi&eacute;n la de una tradici&oacute;n religiosa por otra (Fishbein, apellido hebreo, por Lutereau, deformaci&oacute;n francesa del Lutero protestante).
    </p><p class="article-text">
        Mi esposa me dec&iacute;a que ya no me amaba, sino que <em>ahora</em> era la esposa de <em>Fishbein</em>. &iquest;Qu&eacute; quiere decir &ldquo;ahora&rdquo;? Aqu&iacute; es que es preciso el primer salto de la interpretaci&oacute;n, para decir que ese indicador temporal refiere al nacimiento de nuestro hijo Juan. La asociaci&oacute;n que sigui&oacute; fue un chiste: &iexcl;Al menos no me dice que ama a Fishbein!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto, me dice que es la esposa. Tomemos la secuencia a la letra: la esposa reemplaza a la enamorada. &iquest;Tal vez ahora el amor tenga que ser para el hijo? El sue&ntilde;o, &iquest;hace ver que estoy celoso de mi hijo y temo que este me quite a mi mujer? No hace falta ning&uacute;n an&aacute;lisis para reconstruir una fantas&iacute;a que incluso podr&iacute;a ser consciente.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, si un apellido est&aacute; en lugar del otro y, en cierta medida, Fishbein podr&iacute;a ser mi doble, &iquest;no podr&iacute;a decirse que el sue&ntilde;o ilustra que ninguno de los emblemas de un hombre son los que garantizan el lazo con una mujer? Aqu&iacute; recuerdo ese proverbio &aacute;rabe que tanto le gustaba citar a Lacan y dice que &ldquo;El hombre no deja huella en la mujer&rdquo;. &iquest;Salvo que sea con un hijo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la nominaci&oacute;n de ese hijo &ndash;por parte del padre&ndash; ser&aacute; fallida. No le podr&aacute; dar su apellido, a menos que implique un equ&iacute;voco o sea para otra cosa. Tal vez por eso no es lo mismo tener un hijo con una mujer y tener el hijo de una mujer. En el segundo caso es que la madre es tambi&eacute;n una esposa, mucho m&aacute;s fiel a la filiaci&oacute;n que al hombre del que quiz&aacute; se pudo haber enamorado. Rabelais ten&iacute;a raz&oacute;n cuando dec&iacute;a que no hay hombre que no sea un poco cornudo.
    </p><p class="article-text">
        Por esta v&iacute;a podr&iacute;amos seguir reflexionando sobre c&oacute;mo la maternidad implica un tipo de parricidio &ndash;no del padre de la mujer (como hija), sino de la paternidad ideal del hombre, que quisiera prescindir del deseo femenino&ndash;; tambi&eacute;n este sue&ntilde;o podr&iacute;a ser la puerta abierta a una consideraci&oacute;n general sobre lo que ocurre hoy con la situaci&oacute;n de muchos ni&ntilde;os que son ni&ntilde;os, pero no tienen asegurada su condici&oacute;n de hijos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, mejor detener el relato en este punto y evitar tambi&eacute;n la pieza central del an&aacute;lisis que expone una fantas&iacute;a inconsciente que, por una cuesti&oacute;n de pudor, amerita quedar en la intimidad. Porque el objetivo ya est&aacute; logrado: mostrar c&oacute;mo el sue&ntilde;o es la v&iacute;a regia de acceso al inconsciente o, mejor dicho, c&oacute;mo este dice a trav&eacute;s de un sue&ntilde;o algo que ning&uacute;n art&iacute;culo de psicoan&aacute;lisis puede explicar mejor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis se transmite con su experiencia, no con su teor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-hijo_129_10276350.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jun 2023 09:23:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién es el padre de mi hijo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Divulgación Psi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/divulgacion-psi_129_10234262.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78c64619-e36e-49ec-84cf-9a0c2a6ce0c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Divulgación Psi"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir del concepto de validación emocional, el autor reflexiona sobre cómo la realidad, fuente inagotable de decepción, comienza a desaparecer de la vida de muchas personas.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco le&iacute;a un art&iacute;culo de divulgaci&oacute;n psi sobre lo que la autora llamaba &ldquo;validaci&oacute;n emocional&rdquo;. La idea resumida era que en psicoterapia ser&iacute;a importante decirles a los pacientes que lo que sienten es v&aacute;lido.
    </p><p class="article-text">
        Lo problem&aacute;tico es que no dice a qu&eacute; tipo de pacientes ni cu&aacute;l ser&iacute;a el prop&oacute;sito en el marco del proceso terap&eacute;utico; es decir, pareciera que hay que decirle al paciente que lo que siente es v&aacute;lido para que &ldquo;se sienta bien&rdquo; &ndash;y agregar&iacute;a: para que el terapeuta se sienta bueno&ndash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, desliza una idea &ndash;que no s&eacute; si est&aacute; elaborada&ndash; de que lo que alguien siente no miente y este s&iacute; es un problema may&uacute;sculo, porque confunde la verdad del sentir con lo verdadero de la sensaci&oacute;n. La consecuencia es irrisoria: desprender realidad de lo sentido.
    </p><p class="article-text">
        Ejemplo trivial: me puedo sentir estafado o traicionado por alguien, pero eso no quiere decir que &ndash;en la realidad&ndash; me hayan estafado o traicionado. A trav&eacute;s de una atribuci&oacute;n al otro puedo proyectar que me traicionaron mis expectativas o me estaf&eacute; a m&iacute; mismo cuando decid&iacute; confiar sin indicadores que apoyaran esa confianza.
    </p><p class="article-text">
        Es notable que la bibliograf&iacute;a psi reciente haga corresponder tan linealmente la relaci&oacute;n sensaci&oacute;n-realidad como si esta &uacute;ltima fuera una extensi&oacute;n de aquella, sin interrogar c&oacute;mo la realidad, fuente inagotable de decepci&oacute;n, comienza a desaparecer de la vida de muchas personas.
    </p><p class="article-text">
        Entonces la pregunta es si en lugar de validar el sentir, estos psi no tienden m&aacute;s bien a una justificaci&oacute;n del enunciado enloquecedor &ldquo;la realidad es como yo la sent&iacute;&rdquo; en desmedro de cualquier lazo y criterio comunitario de vida. Estos son los psi que necesita una sociedad fragmentada, independientemente de su ideolog&iacute;a o &ldquo;marco te&oacute;rico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta misma orientaci&oacute;n es la que se comprueba cuando en la divulgaci&oacute;n psi volvieron con fuerza los discursos del trauma.&nbsp;Fundamentalmente se trata de que cada quien afirme su condici&oacute;n de traumado, como si el Yo pudiera ser una instancia de reconocimiento de lo traum&aacute;tico; es decir, como si el trauma fuese enunciable, por quien lo habr&iacute;a sufrido o por el terapeuta que se lo indica: &ldquo;Eso te traum&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis tambi&eacute;n tiene un discurso sobre el trauma, pero contra-intuitivo: el trauma nunca est&aacute; donde se lo busca. Ni donde se lo encuentra.
    </p><p class="article-text">
        Se dice a veces que Freud habr&iacute;a abandonado la teor&iacute;a traum&aacute;tica. Eso no es cierto. S&iacute; abandon&oacute; una teor&iacute;a ingenua del trauma, como la que hoy retorna en la divulgaci&oacute;n psi. Que Freud diga que el trauma ocurre en dos tiempos, que desplace su eficacia a la fantas&iacute;a, etc., entre otras operaciones metodol&oacute;gicas, muestra su inter&eacute;s por salir de la causalidad lineal; es decir, confundir el trauma con una causa eficiente.
    </p><p class="article-text">
        El trauma es un efecto y, como tal, requiere una particular reconstrucci&oacute;n. El punto es que esta no se realiza a partir de la memoria; m&aacute;s bien el trauma resiste al recuerdo. Por este motivo no se puede hacer coincidir trauma y verdad &ndash;como hace la divulgaci&oacute;n&ndash; as&iacute; como tampoco es la hermen&eacute;utica del desvelamiento la que permite delimitar un trauma&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hace sumamente dif&iacute;cil trabajar con traumas es que su decir es el de la mentira. El trauma miente sobre su real y por eso no es extra&ntilde;o que las personas traumadas sufran pesadillas de cosas que nunca pasaron. Es que, en &uacute;ltima instancia, el trauma no es de lo que pas&oacute;; su estatuto &ndash;como ubica Freud en su libro <em>M&aacute;s all&aacute; del principio del placer</em>&ndash; est&aacute; en lo no realizado, de un real que no pude pasar a una realidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso hoy volvieron los discursos sobre el trauma, como respuesta mentirosa al trauma que no se inscribe como tal.&nbsp;El trauma generalizado &ndash;como objeto de consumo&ndash; es la suplencia con que se las arregla un sujeto que, en efecto, est&aacute; m&aacute;s traumatizado que nunca, porque vive al borde de su destituci&oacute;n. Parad&oacute;jicamente, porque el trauma no se constituy&oacute;, sino que se disolvi&oacute; y pluraliz&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        A falta de trauma en sentido estricto, prolifera lo traum&aacute;tico &ndash;como delirio&ndash; por todos lados.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/divulgacion-psi_129_10234262.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2023 03:01:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Divulgación Psi]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué pedimos lo que no queremos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pedimos-no-queremos_129_10196044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59201cbe-49de-4ebb-a2c6-b84b56cbe039_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué pedimos lo que no queremos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Estar en una posición incómoda es un modo de estar enganchado", sostiene el autor, pero ¿estamos dispuestos a notar la manera en que nos mal-enganchamos como algo personal y que no le podemos atribuir a los demás?</p></div><p class="article-text">
        Hay personas que, cada tanto, se encuentran con una imposibilidad en un v&iacute;nculo. Esto les ocurre despu&eacute;s de que la relaci&oacute;n adquiri&oacute; cierta continuidad y estabilidad; incluso puede ser que reconozcan que aqu&iacute; hay un patr&oacute;n de conducta que se les repite.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Otra vez estoy en esa posici&oacute;n suplicante que me resulta insoportable y que ni yo me aguanto&rdquo;, dec&iacute;a alguien en cierta ocasi&oacute;n. Sus palabras situaban muy bien la insistencia en lo que sent&iacute;a, insistencia que tomaba la forma de una encrucijada: m&aacute;s afirmaba que ese v&iacute;nculo no iba para m&aacute;s, m&aacute;s notaba que no pod&iacute;a irse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estar en una posici&oacute;n inc&oacute;moda es un modo de estar enganchado. La incomodidad nos engancha mucho m&aacute;s de lo que nos imaginamos. El punto es si estamos dispuestos a notar la manera en que nos mal-enganchamos, como algo personal y que no le podemos atribuir a los dem&aacute;s (aunque hoy la frase de moda para cualquier explicaci&oacute;n sea &ldquo;El otro me hizo&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Somos demandantes. &iquest;Qu&eacute; quiere decir eso? Que se dice que se pide lo que se quiere, pero m&aacute;s veces suele ocurrir que no se quiera lo que se pidi&oacute; &ndash;sobre todo cuando es dado o ya se lo tiene.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces se pide lo que no se quiere; es decir, la fuerza del pedir (esperar, exigir, etc.) no proviene de algo que se quiera. Por lo tanto, se quiere&hellip; pedir. Ahora la pregunta es: &iquest;qu&eacute; se pide cuando se pide algo?
    </p><p class="article-text">
        Lo claro es que no se pide <em>nada</em> &ndash;o se pide &ldquo;nada&rdquo;, como le gustaba decir a Jacques Lacan; pero, &iquest;en qu&eacute; consiste esa <em>nada</em> que se pide con tanta insistencia, al punto de poner a prueba un v&iacute;nculo o justificar las furias caprichosas de quien siente que se la niegan?
    </p><p class="article-text">
        Hay gente que enloquece por esa nada que &ndash;cree&ndash; no le dan, sin poder aceptar que no es potestad de ning&uacute;n otro responder a ese pedido. Que definitivamente el otro est&aacute; puesto a fallar, cuando se le pide lo que no se quiere.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos entonces a la imposibilidad del principio. &iquest;Qu&eacute; caracter&iacute;stica tiene que tener un v&iacute;nculo para adquirir esa condici&oacute;n? Tiene que llevar las huellas del complejo de Edipo. &iquest;Qu&eacute; quiere decir eso? Por supuesto, no hablo del amor a la madre o la muerte del padre.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s bien, un v&iacute;nculo ed&iacute;pico es aquel en que el objeto de la demanda (lo que pido) est&aacute; afectado por una interdicci&oacute;n interna. Por ejemplo, puede ser que me pase toda la vida con el reclamo insistente a mi madre de que, cada vez que me pase algo que considero importante, ella me diga: &ldquo;Quedate tranquilo, ya va a pasar&rdquo;, como si palmeara la cabeza de un ni&ntilde;o. En efecto, no es mi madre la mujer junto a la cual puedo hacerme reconocer como hombre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El punto es que podr&iacute;a pasarme la vida reproch&aacute;ndole a mujeres que no se preocupen de mis cosas, que no se interesen lo suficiente por mis problemas, e incluso esta insistencia es la que podr&iacute;a ser la fuerza de un s&iacute;ntoma como los celos. No es tan f&aacute;cil librarse del Edipo y sus incidencias m&aacute;s all&aacute; de la infancia.
    </p><p class="article-text">
        Una coordenada semejante podr&iacute;a plantearse en la situaci&oacute;n de una mujer que sufre de los que llama &ldquo;fracasos amorosos&rdquo; con &ldquo;hombres inadecuados&rdquo; y, luego de conformarse con explicaciones sociales, se atreve a dar un paso valiente hacia el an&aacute;lisis de su fijaci&oacute;n ed&iacute;pica en el desprecio, no del otro, sino el suyo, hacia quien port&oacute; el emblema paterno para mostrar que tambi&eacute;n est&aacute; hecho de excitaciones <em>inadecuadas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta misma matriz ed&iacute;pica &ndash;de pedir algo imposible, que no se quiere&ndash; es la que pulsa en situaciones aparentemente tan diversas como ciertos anhelos de reconocimiento, cr&iacute;ticas por despecho y quejas por abandono. En las puertas del Edipo, comienza la neurosis.
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, recuerdo las palabras de mi colega Carlos Quiroga, quien una vez dijo que la m&aacute;s insistente de nuestras demandas no se basa en pedir que el otro sea &ldquo;todo&rdquo; para nosotros, sino en querer ser &ldquo;todo&rdquo; para el otro.
    </p><p class="article-text">
        Pedir <em>nada</em> es demandar ser <em>todo</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pedimos-no-queremos_129_10196044.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 May 2023 09:17:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué pedimos lo que no queremos?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sexo después de los 40]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sexo-despues-40_129_10154489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db2d1e1d-4ffa-4047-bca2-66ae6eeda8b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sexo después de los 40"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor reflexiona sobre la distancia afectiva y los desencuentros de la sexualidad adulta: "Que la vida sexual de las personas se haya extendido unos 30 años en el último siglo es un dato que la teoría no acompañó y el resultado es ver en las redes sexólogos de oficio, sin formación, que hablan de sexo como si fuera un deporte". </p></div><p class="article-text">
        Cuando Freud desarroll&oacute; su teor&iacute;a sobre la sexualidad, no pod&iacute;a saber que el alcance de muchas de sus afirmaciones sobre varones implicaba que estos fuesen lo que hoy llamamos &ldquo;j&oacute;venes&rdquo;, pero que en ese entonces eran personas adultas (que rondaban los 20 a&ntilde;os).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, para Freud la vida sexual masculina terminaba despu&eacute;s de los 40, con un doble desaf&iacute;o: la sublimaci&oacute;n o una regresi&oacute;n narcisista y una pr&aacute;ctica autoer&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Esto sigue siendo cierto en una sociedad como la nuestra, que desterr&oacute; la idea de madurez y espera que los varones adultos tengan una sexualidad como la juvenil.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en la consulta cl&iacute;nica con varones se escucha otra cosa distinta: que no siempre quieren ir a la cama (mientras que en la adolescencia no quer&iacute;an otra cosa), independientemente de que puedan o no; que sus pr&aacute;cticas sexuales no giran en torno a la copulaci&oacute;n, sino que prefieren el autoerotismo compartido, que incluso se inclinan m&aacute;s hacia lo tierno.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, estas actitudes conviven con otras, que a veces desconciertan a quienes son sus parejas: distancia afectiva (por ejemplo, pocas veces besan o abrazan y si lo hacen tienen que recordarlo), as&iacute; como no experimentan nuevos deseos. Prefieren m&aacute;s o menos siempre lo mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La distancia afectiva se explica f&aacute;cilmente a partir de una nueva reactivaci&oacute;n del Edipo, que ya no es el de la juventud, pero que igual tiene la misma carga incestuosa. Siempre que hay narcisismo, hay reactivaci&oacute;n ed&iacute;pica, no importa la edad; solo que aqu&iacute; lo m&aacute;s com&uacute;n es la tramitaci&oacute;n del incesto a trav&eacute;s de la convivencia fraterna &ndash;el &ldquo;ser como hermanos&rdquo; de la pareja.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La distancia afectiva convive con una sexualidad de descarga, de la que algunas parejas mujeres se quejan cuando cuentan que, en medio de una actividad, el tipo las asalta y lo único que quiere es “acabar”. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De este modo, la distancia afectiva convive con una sexualidad de descarga, de la que algunas parejas mujeres se quejan cuando cuentan que, en medio de una actividad, el tipo las asalta y lo &uacute;nico que quiere es &ldquo;acabar&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El rechazo que suele acompa&ntilde;ar a esta queja es porque, para ellas, supone renunciar a sentirse deseadas&hellip; como tambi&eacute;n supone la matriz juvenil en los casos de aquellas que se excitaban con la excitaci&oacute;n del otro (con la que sent&iacute;an que produc&iacute;an) y ahora se sienten reducidas a instrumento de un goce parcial.
    </p><p class="article-text">
        La contracara de esta decepci&oacute;n es otra, cuando a ellas les toca quedarse muchas m&aacute;s veces con ganas &ndash;algo que en la juventud no era tan frecuente o quiz&aacute; lo era solo sintom&aacute;ticamente (como ocurr&iacute;a en la histeria).
    </p><p class="article-text">
        Una encuesta reciente expone que las mujeres de entre 40 y 60 son las principales compradoras de objetos de auto-estimulaci&oacute;n. No creo lo hagan a esa edad por motivos de desinhibici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los desencuentros de la sexualidad adulta, que no se explican tan claramente por la presencia de s&iacute;ntomas, como por una modificaci&oacute;n entera de la experiencia de la sexualidad, es un tema muy poco investigado en psicoan&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Que la vida sexual de las personas se haya extendido unos 30 a&ntilde;os en el &uacute;ltimo siglo es un dato que la teor&iacute;a no acompa&ntilde;&oacute; y el resultado es ver en las redes sex&oacute;logos de oficio, sin formaci&oacute;n, que hablan de sexo como si fuera un deporte o una aplicaci&oacute;n termodin&aacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo no es un problema en s&iacute; mismo, si no fuera porque este tipo de sex&oacute;logos les siguen hablando a las personas como si fueran j&oacute;venes. En cierta medida est&aacute; bien, porque es cada vez m&aacute;s com&uacute;n que los adolescentes tengan disfunciones sexuales o directamente no tengan idea de c&oacute;mo acercarse a otro cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, el resultado es el mismo: la sexualidad adulta no est&aacute; contemplada o queda sometida al ideal de juventud. A lo que se agrega otro problema en la sexolog&iacute;a de este tenor: no tiene una teor&iacute;a del sujeto, entonces cree que puede reducirlo a c&oacute;mo se manipula un &oacute;rgano genital u otra parte del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en los diversos varones que cuentan c&oacute;mo ir a la cama ya no es disfrutar de una potencia plena, que a veces disfrutan m&aacute;s de dormir (placer narcisista) cuando antes pod&iacute;an pasar una noche entera despiertos a la espera de un acto sexual; en los reproches que surgen por el desencuentro en el que no falla el deseo &ndash;el deseo, que solo act&uacute;a como falla&ndash; sino porque la cosa funciona, pero distinto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace algunos a&ntilde;os, un se&ntilde;or septuagenario quiso dejarme en claro que &eacute;l todav&iacute;a era sexualmente activo. Enseguida aclar&oacute; que no usaba Viagra, porque la &uacute;nica vez que lo prob&oacute; casi se muere. Entonces dijo: &ldquo;Nosotros hacemos algo parecido al sexo&rdquo;. Luego aclar&oacute;: &ldquo;Es que nada del sexo se parece en verdad al sexo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sexo-despues-40_129_10154489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Apr 2023 09:33:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El sexo después de los 40]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexo,Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir en primera persona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-primera-persona_129_10116404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce0ccdaa-9001-4ec1-9026-247a3a404a47_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070851.jpg" width="1920" height="1080" alt="Vivir en primera persona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor analiza la relación entre analista y paciente y el rol que el amor cumple en ese diálogo que se establece entre ambas partes. </p></div><p class="article-text">
        Hablar es un acto de amor. Solo hablamos por amor, lo demuestra que con el tiempo nos importa m&aacute;s que el otro nos escuche que lo que tenemos que decirle. 
    </p><p class="article-text">
        La palabra no es un intercambio de informaci&oacute;n. Lo muestran los ni&ntilde;os que se irritan con los adultos que no les prestan atenci&oacute;n (cuando les decimos &ldquo;Dale, jug&aacute; solo un rato&rdquo;) y los pacientes que despu&eacute;s de un tiempo de an&aacute;lisis nos dicen &ldquo;Ya no s&eacute; qu&eacute; decir&rdquo; o &ldquo;No s&eacute; de qu&eacute; hablar hoy&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos creen que esta &uacute;ltima situaci&oacute;n indica una p&eacute;rdida de inter&eacute;s en el tratamiento, pero es todo lo contrario: ah&iacute; empieza el amor que Freud llam&oacute; &ldquo;transferencia&rdquo; y hablarle al analista se vuelve m&aacute;s importante que cualquier relato de un s&iacute;ntoma. Ahora el s&iacute;ntoma es la relaci&oacute;n con el analista. 
    </p><p class="article-text">
        Y algunos no se bancan ese amor y necesitan interrumpir, porque amar les cuesta mucho, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a juzgarlos? Por algo vinieron a vernos. Otros pueden soportar mejor esa mezcla de amor con sentimiento de dependencia que implica el an&aacute;lisis y, alg&uacute;n d&iacute;a, dejar&aacute;n de ser dependientes. 
    </p><p class="article-text">
        Otros se vengan de ese amor y, por ejemplo, ya no quieren hablar de nada, para no darle el gusto al analista (&iexcl;Ni un sue&ntilde;o para vos! &iexcl;No te merec&eacute;s mi inconsciente!); otros se enojan (como cuando le tiraban del pelo a la chica que les gustaba) y as&iacute; cada quien va encontrando su modo particular de analizarse, porque el an&aacute;lisis es, sobre todo, an&aacute;lisis del modo en que amamos, es decir, de nuestra forma de hablar.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, otra particularidad del an&aacute;lisis es que no estamos acostumbrados a vivir nuestros procesos an&iacute;micos en primera persona.&nbsp;No me refiero a que el Yo no est&eacute; asegurado en el psiquismo, sino a que -aunque lo est&eacute;- es posible que desv&iacute;e su capacidad de elaboraci&oacute;n y se vuelva impersonal.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Otra particularidad del análisis es que no estamos acostumbrados a vivir nuestros procesos anímicos en primera persona.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute;, por ejemplo, alguien piensa en escribir una historia a partir de episodios autobiogr&aacute;ficos, pero r&aacute;pidamente se inhibe porque teme qu&eacute; pensar&aacute;n otros cuando la lean. Sin embargo, &iquest;por qu&eacute; tendr&iacute;an que leerla? La publicaci&oacute;n &iquest;no es algo que habr&iacute;a que pensar en un segundo momento? &iquest;No puede escribirla solamente para aliviarse?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto mismo aplica a los trabajos ps&iacute;quicos -que tambi&eacute;n a su modo son procesos de escritura-. Por ejemplo, alguien tiene un sue&ntilde;o y se despierta con angustia, pero no por el efecto reflexivo que tiene en su vida cotidiana, sino porque desde una tercera persona vive ese proceso a partir del impacto en un v&iacute;nculo.&nbsp;Esto es algo parecido a lo que les pasa a las personas que necesitan comunicar sus estados afectivos en las redes, cuando es para contar con una mirada exterior que concluya sobre sus vivencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivir en primera persona remite a la capacidad de integraci&oacute;n del Yo. El recurso habitual a la tercera persona es un modo habitual de disociaci&oacute;n, a veces imperceptible y que se confunde con la normalidad. Sin embargo, son cada vez m&aacute;s las personas que cuentan su vida como si fuera la de otra persona.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Son cada vez más las personas que cuentan su vida como si fuera la de otra persona.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, entonces, es que necesitamos volver a la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo el an&aacute;lisis integra esa tercera persona a trav&eacute;s de la transferencia. Que el psicoan&aacute;lisis sea una pr&aacute;ctica de lo real -es decir, que no se reduzca al relato que se le cuenta al analista- quiere decir que en cierto momento del tratamiento surgir&aacute; una imposibilidad en la relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En ese momento, el paciente tendr&aacute; que tomar una decisi&oacute;n. Ya no habr&aacute; algo m&aacute;s que el analista pueda decir y lo dicho por el paciente ya no tendr&aacute; m&aacute;s rodeos ante un acto que se impone. Cada estructura y tipo cl&iacute;nico tiene su forma de producir la imposibilidad.
    </p><p class="article-text">
        En la neurosis hist&eacute;rica suele ser en relaci&oacute;n a la autorizaci&oacute;n sexual, por eso el amor de transferencia es la palestra en que se define el tratamiento. Porque si se sortea este escollo, el an&aacute;lisis llegar&aacute; a su fin con la huella de la imposibilidad.
    </p><p class="article-text">
        En la obsesi&oacute;n suele estar en relaci&oacute;n a la palabra del otro, por eso es m&aacute;s com&uacute;n que tiendan a impotentizar al analista y querer dar por inv&aacute;lido el tratamiento. Si se avanza, entonces el an&aacute;lisis no ser&aacute; m&aacute;s que un an&aacute;lisis y habr&aacute; llegado a su conclusi&oacute;n -imperfecta, como toda conclusi&oacute;n-
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esa imperfecci&oacute;n o imposibilidad &ndash;modos en que lo real se presenta como falla&ndash; pueden sortearse y eso es bastante corriente hoy. Llegados a este punto, muchos &ndash;sobre todo si son practicantes de psicoan&aacute;lisis&ndash; dejan de analizarse. Se quedan con los efectos did&aacute;cticos de la experiencia y desprecian los anal&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Otros, reinician el an&aacute;lisis con otro analista para llegar hasta el mismo punto. Y reiniciar nuevamente. No es raro en las re-consultas, despu&eacute;s de un tiempo, corroborar que el an&aacute;lisis anterior se interrumpi&oacute; en el momento culminante y no porque no pasara nada.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, a pesar de que hablemos y se escriba mucho sobre lo real, lo cierto es que hay un rechazo muy grande a que lo imposible se constituya como n&uacute;cleo en cualquier v&iacute;nculo. Incluso nos cuesta much&iacute;simo leer desde lo imposible sin pensar que se podr&iacute;a o tendr&iacute;a que haber hecho otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis no es una pr&aacute;ctica en la que se trata de hablar de uno mismo, sino que m&aacute;s bien la encrucijada est&aacute; en ser capaces de asumir una voz personal que elabore procesos ps&iacute;quicos en primera persona. Para esto es necesario que el v&iacute;nculo adquiera una condici&oacute;n amorosa, que no confunde el amor con un sentimiento, sino que lo circunscribe a partir de lo imposible en el v&iacute;nculo; esto es lo real y, por lo tanto, lo que conduce a una transformaci&oacute;n efectiva a trav&eacute;s de las palabras.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-primera-persona_129_10116404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Apr 2023 12:08:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivir en primera persona]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reparación materna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reparacion-materna_129_10079733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d191d639-3da6-4ed6-a2ba-02b51b651c0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reparación materna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tiempos en los que la maternidad está bajo la lupa, "nunca voy a entender por qué les pedimos tanto amor a las madres", el autor indaga sobre la relación entre madre e hija y se pregunta cómo una mujer resuelve el conflicto con el egoísmo de su madre. </p></div><p class="article-text">
        Hace un tiempo una mujer me cont&oacute; que, en su adolescencia, se sinti&oacute; abandonada por su madre.&nbsp;Con el tiempo, ese relato de abandono revel&oacute; ser encubridor de su propio rechazo por la madre, de una incomprensi&oacute;n atribuida y proporcional a lo que descubri&oacute; como decepci&oacute;n en su rol de hija al convertirse en mujer.
    </p><p class="article-text">
        Fue un tiempo prolongado, hasta que ese relato defensivo se conmovi&oacute; como efecto de an&aacute;lisis. A m&iacute; este movimiento me permiti&oacute; pensar qu&eacute; enga&ntilde;oso es el &ldquo;Yo siento&rdquo;; qu&eacute; riesgoso es validar el sentimiento como una instancia de certeza &ndash;al menos en an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; importante es ese comp&aacute;s de espera y la distancia entre que alguien pueda darse cuenta de que relataba como hechos objetivos algo que sinti&oacute; y, luego, diga: &ldquo;No fue tan as&iacute;&rdquo;. Parad&oacute;jicamente, en el caso de esta mujer la conmoci&oacute;n del refuerzo defensivo de la narraci&oacute;n del abandono materno le permiti&oacute; acercarse a su madre desde un lugar m&aacute;s real.
    </p><p class="article-text">
        Hoy no es tan sencillo este trabajo, porque la moral de la &eacute;poca es: &ldquo;Las cosas son como las sentiste&rdquo;.&nbsp; Ning&uacute;n criterio de realidad se puede desprender de esta actitud, por eso los v&iacute;nculos se volvieron cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles y cada quien se justifica en su propia locura en lugar de pensarse en un lazo con otro.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, tengo varias amigas para las cuales la relaci&oacute;n con su madre es muy importante. Por lo general, se trata de mujeres de mi edad, un poco m&aacute;s o menos, que relatan conflictos con esas otras mujeres que les dieron la vida. A veces hablan desde un punto de vista casi paranoico, con reproches que no ceden a pesar de los a&ntilde;os; otras veces la compasi&oacute;n fingida encubre la m&aacute;s resignada frustraci&oacute;n y un dejo de iron&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El com&uacute;n denominador no tarda en llegar: en cierto momento, la madre no estuvo. Y un sentimiento de traici&oacute;n se volvi&oacute; inevitable. Algunas de mis amigas dicen que esto se revirti&oacute; en estos a&ntilde;os, porque la maternidad &ndash;tal como la conoc&iacute;amos&ndash; fue &ldquo;revisada&rdquo; y ahora la vida es un poco menos opresiva, con roles menos obligados y estereotipos cr&iacute;ticos. Habr&aacute; que ver qu&eacute; dicen sus hijas de aqu&iacute; a un tiempo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Algunas de mis amigas dicen que esto se revirtió en estos años, porque la maternidad –tal como la conocíamos– fue “revisada” y ahora la vida es un poco menos opresiva, con roles menos obligados y estereotipos críticos.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En todo caso, esta voluntad de cambio hist&oacute;rico s&iacute; me permite pensar que estas mujeres piensan en t&eacute;rminos de reparaci&oacute;n. Dicho de otra manera, ellas quieren reparar con sus hijas la relaci&oacute;n que tuvieron con sus madres. Por un lado, no quieren ser como sus madres y, por otro lado, esperan que sus hijas no las odien &ndash;porque detr&aacute;s de esos reproches, resignaci&oacute;n e iron&iacute;a, lo que hay es odio no asumido.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pens&eacute; en estos d&iacute;as es desde cu&aacute;ndo surgi&oacute; el proyecto de la maternidad como reparaci&oacute;n. Esta noci&oacute;n parece ser relativamente reciente. Estoy seguro de que las mujeres de las que hablo tienen raz&oacute;n cuando dicen que se sintieron desconsideradas por sus madres. Sin duda hoy dir&iacute;amos que fueron &ldquo;malas madres&rdquo;, pero &iquest;qu&eacute; horizonte supone esta cr&iacute;tica que tal vez sea un poco anacr&oacute;nica?
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de leer varias novelas y conversar con mujeres mayores, tengo la impresi&oacute;n de que para ellas la maternidad era un proyecto muy distinto. &ldquo;Lo di todo por ustedes&rdquo; es un tipo de axioma recurrente que esconde algo diferente al altruismo que muestra. Su reverso es m&aacute;s bien ego&iacute;sta: &ldquo;Vos ten&eacute;s conmigo una deuda impagable&rdquo;. Porque la vida no se puede pagar y, despu&eacute;s de todo, enojarse con la madre es una forma de objeci&oacute;n sacrificial.
    </p><p class="article-text">
        Que los varones lidien mejor con esa condici&oacute;n ego&iacute;sta de la madre, porque la reprimen y, eventualmente, el narcisismo de la madre se realiza mejor con un sustituto f&aacute;lico, es algo sobre lo que ya escrib&iacute; en otras ocasiones. La cuesti&oacute;n en este art&iacute;culo es otra, est&aacute; en plantear la pregunta de c&oacute;mo una mujer resuelve el conflicto con el ego&iacute;smo de la madre.
    </p><p class="article-text">
        Entiendo que nuestro modelo actual de parentalidad es un poco m&aacute;s altruista; no porque seamos buenos, sino porque nunca nos terminamos de separar de los hijos, entonces vivimos proyectados en sus realizaciones incluso cuando ya son grandes, lo que les trae un mont&oacute;n de problemas para adoptar una actitud madura ante la vida. No somos bondadosos, les hacemos da&ntilde;o por otros medios.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Entiendo que nuestro modelo actual de parentalidad es un poco más altruista; no porque seamos buenos, sino porque nunca nos terminamos de separar de los hijos, entonces vivimos proyectados en sus realizaciones incluso cuando ya son grandes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin embargo, como dije antes, mi pregunta es c&oacute;mo situar mejor lo irrenunciable en el ego&iacute;smo de la madre. Para una generaci&oacute;n anterior, el &ldquo;soy tu madre&rdquo; era un postulado que no se pod&iacute;a conmover, cuyo anexo era &ldquo;Sos mi hija&rdquo;, sin prop&oacute;sito necesario de filiaci&oacute;n, s&iacute; m&aacute;s de posesi&oacute;n. &ldquo;Har&aacute;s lo que yo te digo o ser&aacute;s dejada de lado&rdquo;, aqu&iacute; est&aacute; el desglose del lema ego&iacute;sta que, por supuesto, no tiene por qu&eacute; haber sido dicho expresamente para ser eficaz.
    </p><p class="article-text">
        La parentalidad hoy es diferente. Los padres no dejamos de responder al llamado de un hijo jam&aacute;s, ni siquiera cuando nos interrumpen la siesta; es muy de otra &eacute;poca que en una casa no se pudiera hacer ruido mientras los padres descansaban. O que a una madre no se la pudiese interrumpir cuando hablaba con su amiga. Hoy estas estructuras ya no son vigentes; como dije, no porque hayamos mejorado, sino porque nuestra identificaci&oacute;n con el lugar del hijo es tan masiva que tememos decirles que no y confundimos el rechazo con la expulsi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que la generaci&oacute;n anterior de madres no ten&iacute;a demasiado problema en rechazar. A veces tampoco en expulsar, si un acto filial pon&iacute;a en cuesti&oacute;n su ego&iacute;smo. Es cierto que para la hija ese rechazo era vivido como una ca&iacute;da en un abismo; el punto es no olvidar que toda ca&iacute;da es una figura ret&oacute;rica, un modo de narrarse, que se vuelve peligroso &ndash;para uno mismo&ndash; si se confunde con la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre es una mujer ego&iacute;sta, s&iacute;. &iquest;Le puedo reprochar eso? &iquest;Puedo vivir a la espera de que haga lo que yo har&iacute;a? &iquest;Esa expectativa me desprende de mi lugar de hija? Hoy incluso hay un relato victimizado de la madre como producto de una &eacute;poca y un tipo de sociedad, que no es m&aacute;s que otro modo de velar su ego&iacute;smo sustancial. &ldquo;No es que me dijo que no porque no (me) quer&iacute;a (tanto), sino por la sociedad&rdquo;, se parafrasea esta nueva idealizaci&oacute;n infantil. Sin duda es muy dif&iacute;cil dejar de ser hija.
    </p><p class="article-text">
        Nunca voy a entender por qu&eacute; les pedimos tanto amor a las madres. Tambi&eacute;n creo que el deseo de hijo fue cambiando con las generaciones. Y que deseo de hijo y maternidad son dos caminos no necesariamente compatibles. En fin, de lo que s&iacute; estoy seguro es de que el modo en que una persona se relaciona con la demanda amorosa a lo largo de su vida depende de ese v&iacute;nculo primario y de que cuando haya podido dejar de reclamar amor, le ir&aacute; mejor.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reparacion-materna_129_10079733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2023 09:10:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La reparación materna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau,madre e hija]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La masa y los discursos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/masa-discursos_129_9996525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f44563b1-864e-444d-a336-66816bdd3f30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La masa y los discursos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para el autor, hoy hay una obsesión con el adoctrinamiento, los discursos deberían funcionar como disparadores de preguntas y no como repetidoras de una mirada única. </p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es una masa? Para el sentido amplio es un conjunto de personas, enlazadas por una idea com&uacute;n o discurso. Quiz&aacute;s as&iacute; funcionaba la masa de otro tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, la masa puede ser de una sola persona, cuando se dedica a pensar de acuerdo con una idea com&uacute;n o discurso, es decir, lo que se llama &ldquo;opini&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es una opini&oacute;n? Es cuando alguien quiere identificarse con lo que piensa. Esto no es pensar, es identificarse y toda identificaci&oacute;n inmediata es loca. Ser un sujeto &ldquo;masificado&rdquo; es la necesidad de identificarse con un pensamiento y autodefinirse. 
    </p><p class="article-text">
        En la masa contempor&aacute;nea, el sujeto ya no se identifica con otros, sus semejantes, sino con discursos y as&iacute; espera la noticia del d&iacute;a y se pronuncia: a favor o en contra. No piensa. Parece que toma posici&oacute;n, s&iacute;, pero no piensa, se identifica. 
    </p><p class="article-text">
        Esa es su posici&oacute;n, conformista. Los locos creen que se puede hablar desde un discurso: yo como psicoanalista, yo como fil&oacute;sofo, etc. Es lo contrario de tener una voz p&uacute;blica; una voz va a contrapelo de la opini&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguien tiene una voz es inclasificable, se le atribuyen los ep&iacute;tetos m&aacute;s diversos, no se sabe bien d&oacute;nde ponerlo. Cuando hay una voz, la pregunta es inquietante: &iquest;qui&eacute;n habla? Ah&iacute; hay un pensamiento, &iquest;qui&eacute;n es? Lo que dice se entiende de un modo y de otro, hay ambig&uuml;edad, la interpretaci&oacute;n se vuelve un requisito. 
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es lo que pasa con la opini&oacute;n. La opini&oacute;n, incluso aunque se vista de radicalizada, siempre es tibia.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, no existen discursos de (la) verdad. Cuando un discurso quiere decir la verdad, se vuelve totalitario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; los discursos se pueden contradecir: por ejemplo, un discurso religioso se puede usar para perseguir y matar &ndash;que es todo lo contrario de una religi&oacute;n. Cualquier discurso se puede volver religioso, no importa cu&aacute;l sea su objeto. 
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as pensaba en que hasta hace unos a&ntilde;os el discurso de la religi&oacute;n llegaba a los ni&ntilde;os peque&ntilde;os y algunos se volv&iacute;an grandes adeptos. No es que fuesen creyentes, eran adeptos. Ni&ntilde;os que se copaban con el discurso de la religi&oacute;n porque les era muy &uacute;til. Les permit&iacute;a hacerse preguntas valiosas: sobre el origen, el futuro, la moral, etc.
    </p><p class="article-text">
        Por eso era un discurso valioso y los adultos que proyectan su visi&oacute;n en los ni&ntilde;os &ndash;por ejemplo, padres no creyentes que se asustan de que sus hijos hablen y pregunten sobre temas religiosos&ndash; pecan de literales, no saben c&oacute;mo funciona un discurso.
    </p><p class="article-text">
        Un discurso es para hacerse preguntas en el interior de ese discurso. Preguntas cuya verdad es subjetiva. Por eso Lacan dec&iacute;a que cada discurso reprime su verdad.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa es que un discurso se crea verdadero o que forcluya su verdad &iacute;ntima o la confunda con una verdad objetiva. Ah&iacute; es que un discurso se vuelve totalitario, pero tambi&eacute;n poco interesante. Sobre todo, porque empieza a tener cada vez menos preguntas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y cuando interpreta todo de la misma manera, adem&aacute;s se vuelve delirante. Cualquier discurso se puede volver totalitario y delirante.
    </p><p class="article-text">
        Entre psicoanalistas, a los amigos que se vuelven insoportables porque todo lo &ldquo;leen&rdquo; en clave psi, pero esto pasa con cualquiera que despu&eacute;s de un rato decimos: &ldquo;Ah&iacute; ya empez&oacute; de nuevo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema de los discursos es que no son para pensar. Nadie que hable demasiado metido en un discurso piensa mucho; por lo general, repite. El discurso te casetea a tu pesar.
    </p><p class="article-text">
        Un discurso es para hacerse preguntas; sobre todo personales y en segundo lugar al discurso. Pero m&aacute;s all&aacute; de esto es que se empieza a pensar, cuando al menos se tienen un par de preguntas.
    </p><p class="article-text">
        En otro tiempo el discurso filos&oacute;fico era el privilegiado para hacer(se) preguntas.&nbsp;Hoy los discursos son otros o quiz&aacute; m&aacute;s bien ya no son tampoco discursos. Son la &uacute;ltima degradaci&oacute;n de un discurso: cosmovisiones.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;oro un poco esa &eacute;poca en que los ni&ntilde;os usaban la religi&oacute;n para hacerse preguntas fascinantes, las de la infancia, las de la metaf&iacute;sica, sin que los adultos estuvieran pensando en &ldquo;adoctrinamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy hay una obsesi&oacute;n con el adoctrinamiento. A m&iacute; me da lo mismo con qu&eacute; discurso se copan mis hijos mientras lo usen para hacerse preguntas; lo que me da una pena terrible es cuando escucho pibes caseteados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y esto es cada vez m&aacute;s frecuente, sobre todo entre hijos de padres que no quieren ser conservadores.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/masa-discursos_129_9996525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2023 09:10:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La masa y los discursos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fracaso narcisista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fracaso-narcisista_129_9876254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9edc3023-0ca4-4bd8-8edf-e4b02f110688_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fracaso narcisista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre el narcisismo, el deseo y el miedo al rechazo.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es el deseo? Todo lo que pone en cuesti&oacute;n el narcisismo. Por ejemplo, alguien puede no querer llamar a otra persona, porque siente que eso le da verg&uuml;enza o ser&iacute;a humillante, pero finalmente no puede evitar el impulso y llama. Ese impulso, entonces, es un modo del deseo. Hay distintos modos del deseo, es cierto, pero lo importante es que narcisismo y deseo se oponen y, por lo general, el deseo es m&aacute;s fuerte.
    </p><p class="article-text">
        O al menos as&iacute; era hasta hace un tiempo. En estos d&iacute;as pienso sobre algo que creo que es una diferencia generacional y, si bien trato de ser comprensivo, lo veo como un tipo de malestar que se vincula con el narcisismo y requiere alg&uacute;n tratamiento, aunque a veces no se reconozca como un sufrimiento muy expl&iacute;cito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a algo que parece m&aacute;s una inhibici&oacute;n generalizada o una especie de miedo, a quedar determinados en una posici&oacute;n, un temor al &ldquo;no retorno&rdquo;, que puede expresarse en la pregunta &ldquo;&iquest;y si me arrepiento?&rdquo; o en el rechazo de toda fijaci&oacute;n, pero m&aacute;s por precauci&oacute;n que por experiencia en curso, sin verdadera pasi&oacute;n por lo indefinido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;que nada me determine&rdquo;, o siquiera condicione, digo que es un malestar, porque se asocia a un paroxismo vital que se traduce en querer saber qu&eacute; va a pasar antes de que pase; no es la b&uacute;squeda de una garant&iacute;a, o el beneficio de la ambig&uuml;edad, sino una incapacidad para actuar porque en cada acto se juega el ser en su totalidad &ndash;esto es lo que ocurre con el deseo, cuando nos transforma, mientras que el narcisismo funciona como una instancia de detenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si no es importante insistir en que este sufrimiento narcisista sea reconocido; aunque tengan todos los argumentos para justificarse (porque el rechazo del inconsciente produce conciencias brillantes y exacerbadas), de verdad me pregunto si no estoy juzgando un modo distinto de vida o realmente se trata de un quiebre subjetivo (por la poca resistencia al conflicto con el deseo).
    </p><p class="article-text">
        Me cuesta no recurrir a la nostalgia de mi infancia, cuando nos ca&iacute;amos y nos llen&aacute;bamos de moretones y cicatrices. Tengo algunas que todav&iacute;a duran. Si el cuerpo es el modelo del Yo, &iquest;qu&eacute; le pasa a este Yo de la nueva generaci&oacute;n, sin marcas ni heridas narcisistas (aunque se la pasen diciendo que est&aacute;n rotos, da&ntilde;ados, lastimados)?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me parece elocuente que Freud haya pensado el narcisismo desde la &ldquo;herida&rdquo;, como condici&oacute;n para que advenga otra cosa, una pregunta, esa incomodidad que puede ser el primer &iacute;ndice de un deseo. No me gusta la nostalgia, pero &iquest;tan seguros estamos de que el deseo est&aacute; asegurado?
    </p><p class="article-text">
        Hace poco alguien se enoj&oacute; conmigo porque dije que mi generaci&oacute;n hab&iacute;a fracasado pol&iacute;tica y amorosamente. Con la cr&iacute;tica del matrimonio, perdimos tambi&eacute;n la pareja. No estoy seguro de que la nueva generaci&oacute;n pueda vivir una experiencia de fracaso y no porque lo hayan superado, pero esto es algo sobre lo que habr&aacute; que reflexionar despu&eacute;s de un tiempo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, por otro lado, el narcisismo no necesariamente se opone al deseo, sino que tambi&eacute;n se intrinca con &eacute;l en ciertas conductas de la vida cotidiana. Se me ocurren dos ejemplos, a partir de una diferencia de caracteres: as&iacute; como hay personas que se autocastigan para poder hacer luego ciertas cosas, como si pagaran anticipadamente el precio de una satisfacci&oacute;n &ndash;si no es que se sacrifican despu&eacute;s&ndash;, tambi&eacute;n hay quienes tienen que cometer alg&uacute;n peque&ntilde;o crimen antes de actuar, como una forma de poner a prueba su fantas&iacute;a, para demostrarse que el mundo permanece a pesar de sus actos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso tambi&eacute;n se trata de una relaci&oacute;n con la fantas&iacute;a, aunque no tanto de una prueba, sino de una comprobaci&oacute;n, eso es lo que produce horror, verificar que el mundo cede, se ajusta, que el deseo se entromete en la realidad. En el segundo caso, se busca corroborar que esta intromisi&oacute;n del deseo no destruir&iacute;a el mundo, que puede soportar. En ambos casos, se trata de actitudes omnipotentes: la culpa del primer caso es porque se cree que el deseo cre&oacute; la realidad; en el segundo caso, la transgresi&oacute;n es para perder la omnipotencia, es una concesi&oacute;n a la realidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ejemplo trivial del primer caso: quienes no pueden terminar una tarea sin un mal presentimiento o si encuentran un dinero en la calle lo malgastan o pierden. Ejemplo trivial del segundo: quienes son personas desafiantes en ciertos lugares, pero en otro son d&oacute;ciles y afectuosas. Ambos casos est&aacute;n, m&aacute;s o menos, en todas las personas. Esta es una estructura elemental del narcisismo, basada en la incompatibilidad entre deseo y realidad. Lo m&aacute;s interesante es esta diferencia: quienes son culposos, se castigan por lo que no hicieron; y quienes son criminales lo son para sentirse menos culpables. Esta diferencia y estos dos tipos cl&iacute;nicos son los que explora Woody Allen en su pel&iacute;cula <em>Cr&iacute;menes y pecados</em>, una de mis preferidas.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fracaso-narcisista_129_9876254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Jan 2023 10:08:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fracaso narcisista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Deseo,Narcisismo,Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Varones enamorados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/varones-enamorados_129_9817913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99f6d5fc-d984-4ca0-a5b6-60edc2af9f97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Varones enamorados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"A un varón no solo no lo cambia el amor por otra persona, sino que tampoco lo cambia que lo amen", afirma el autor en este texto sobre el amor y la pareja en tiempos de deconstrucción.</p></div><p class="article-text">
        Hablar de varones y mujeres es algo pasado de moda, pero todav&iacute;a son muchas las mujeres que dicen: &ldquo;No entiendo por qu&eacute; desapareci&oacute; si estaba todo bien&rdquo; y no pueden aceptar que la respuesta sea esa misma: &ldquo;porque estaba todo bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La disimetr&iacute;a de los goces y su relaci&oacute;n con la diferencia sexual tiene un asidero real, m&aacute;s ac&aacute; de cualquier discusi&oacute;n sobre estereotipos o identidades; porque incluso cuando admita interpretaciones sociohist&oacute;ricas, resiste.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y lo que resiste, es real.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hoy, en &eacute;poca de varones deconstruidos, sigue pesando m&aacute;s &ndash;en el erotismo del var&oacute;n, como condici&oacute;n&ndash; el fantasma de la mam&aacute; mala, del que una mujer se aleja con horror, que el encuentro con la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hoy muchos varones buscan una mujer para temerle, sea para quedarse y que los rete, sea para decir que es una loca o una intensa y huir, antes que el placer del encuentro con un goce suplementario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este real resisti&oacute; a la deconstrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el amor no cambia a los varones. No digo que esta afirmaci&oacute;n valga para todos, as&iacute; nadie se enoja y no empezamos con debates eternos.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; vale para muchos. Much&iacute;simos.
    </p><p class="article-text">
        A un var&oacute;n no solo no lo cambia el amor por otra persona, sino que tampoco lo cambia que lo amen.
    </p><p class="article-text">
        Del primer caso, dan fe los que incluso sintiendo un amor &uacute;nico son incapaces de dar un paso. Del segundo, la cantidad de personas que dicen haber amado a un hombre y se decepcionaron.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando digo &ldquo;cambiar&rdquo; no hablo de grandes logros ni de actos heroicos. Me refiero a quedarse, a poder estar, a poner el cuerpo y no rajar.
    </p><p class="article-text">
        No hay amor que consiga modificar este rasgo tan propio de los varones &ndash;cuya causa podr&iacute;a explicar en otra ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, como alguna vez escrib&iacute; en un libro, los varones son (somos) una causa perdida.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, lo &uacute;nico que puede incidir un poco en ese aspecto es la tolerancia que alguno pueda tener al sintomatizarse.
    </p><p class="article-text">
        Los varones se quedan donde no se sintomatizan. Vale para el amor y, por supuesto, para el an&aacute;lisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si se tienen que sintomatizar, ah&iacute; empiezan: &ldquo;No s&eacute; si esto es lo que quiero&rdquo;, &ldquo;No vayamos tan r&aacute;pido&rdquo;, &ldquo;Estoy complicado&rdquo;, etc&eacute;tera. La pareja de un hombre es su s&iacute;ntoma y la pregunta es si le permite estar con alguien o no.
    </p><p class="article-text">
        Si se trata de un obsesivo, la pregunta es si le deja tiempo para estar con alguien. Hoy que hay menos obsesivos, la cuesti&oacute;n es si directamente le permite estar con otra persona.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es si el otro es demandante, si no le gustan las mismas cosas, si no responde al ideal, si no te ama tanto como quisieras, si no te excita lo suficiente; todo esto es secundario, si primero se plantea la encrucijada del s&iacute;ntoma.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s veces los varones huyen cuando est&aacute; todo bien. No lo soportan, es que podr&iacute;an cambiar y esto es lo intolerable.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;an cambiar, si se quedaran, si pudieran estar o poner el cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, har&eacute; una generalizaci&oacute;n tonta y les quedar&aacute; a los lectores evaluar si tiene alg&uacute;n tipo de realidad: la mayor&iacute;a de los varones que plantea separarse de una mujer es porque est&aacute; con otra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ni siquiera siempre, porque hay algunos que no tienen problema en que ellas sean sus amantes. Y ellas tampoco.
    </p><p class="article-text">
        Pero la raz&oacute;n es un asunto de deseo: el deseo es lo que lleva &ndash;a un var&oacute;n&ndash; de una mujer a otra.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la fidelidad que m&aacute;s se debate es la masculina e incluso puede ser que un var&oacute;n ya no desee a su pareja, pero si no est&aacute; con otra (o no tiene el plan) no se separa.
    </p><p class="article-text">
        Estas ideas son rastreables en Freud y creo que son m&aacute;s o menos claras. El punto es qu&eacute; ocurre en esos casos en que un var&oacute;n se quiere separar para estar solo. &iquest;Miente? No lo creo. En efecto, hoy es cada vez m&aacute;s com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;? Sin duda esta coordenada es distinta a la de la masculinidad tradicional. Mi idea es que hoy son cada vez m&aacute;s los varones que, en un v&iacute;nculo amoroso, deciden separarse o cortar una relaci&oacute;n, cuando se encuentran cerca de la dependencia.
    </p><p class="article-text">
        Si el var&oacute;n anterior se separaba por deseo, este que menciono lo hace por motivos narcisistas: teme perderse a s&iacute; mismo, el v&iacute;nculo se le anticipa como una fusi&oacute;n irreversible.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de var&oacute;n puede vivir las efusiones del amor, pero al mismo tiempo necesita precaverse con algunas imposibilidades, m&aacute;s o menos idealizadas, que cuiden su autonom&iacute;a; pero el amor es una formaci&oacute;n narcisista, por eso a veces confunde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el principal problema en estos casos? Que a un var&oacute;n que desea a otra persona, se lo puede odiar. Un var&oacute;n cuyo amor es ambiguo, que dice &ldquo;Te amo, pero&hellip;&rdquo; se vuelve una trampa de la que es dif&iacute;cil salir. No admite tan f&aacute;cilmente el odio como v&iacute;a de corte.
    </p><p class="article-text">
        En su novela <em>Mujeres enamoradas</em>, D. H. Lawrence dice que una mujer es capaz de actuar por amor, pero un var&oacute;n enamorado no es garant&iacute;a de nada.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/varones-enamorados_129_9817913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2022 09:24:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Varones enamorados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vínculos,Parejas,Masculinidades,Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pareja del obsesivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pareja-obsesivo-lutereau_129_9320218.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03f87d6b-3bab-41d7-ac56-067cc8e928b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pareja del obsesivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El varón obsesivo es –por partida doble– el candidato menos atractivo para una relación amorosa", asegura Luciano Lutereau en esta columna sobre parejas y también sobre las nuevas masculinidades.</p></div><p class="article-text">
        Se puede decir que cada pareja es un mundo, pero &iquest;no ser&iacute;a una obviedad? A veces nos alcanza con decir lo obvio para no pensar, para quedarnos tranquilos y que nadie diga nada que nos conmueva. Mucho menos cuando se habla de parejas, no sea cosa que alguien diga algo que &ndash;a pesar de ser errado&ndash; nos empuje a pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es el problema del pensamiento, que necesita partir del error. Si algo est&aacute; bien dicho de entrada, lo m&aacute;s probable es que no se haya dicho nada y todos tan c&oacute;modos como siempre, como nos gusta estar &ndash;aunque nos hagamos los arriesgados, los que tocan los l&iacute;mites y, por ejemplo, ponen en cuesti&oacute;n lo establecido. Lo bien dicho, es una maldici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es preferible pensar desde el error, como cuando se dice algo sobre parejas y enseguida est&aacute; quien responde: &ldquo;Eso es una generalizaci&oacute;n&rdquo;, de manera defensiva. No, es m&aacute;s que una generalizaci&oacute;n; es algo peor, es una estupidez, pero est&aacute; dicha solo para generar resistencia, porque el pensamiento est&aacute; en la fricci&oacute;n, en el roce y el desgaste, no en el asentimiento de quien lee y dice: &ldquo;Qu&eacute; interesante&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me gusta mucho pensar con generalizaciones. En particular porque las encuentro disparatadas. Las generalizaciones me parecen rid&iacute;culas, pero rid&iacute;culos tambi&eacute;n somos los seres humanos. Situar una tendencia, una orientaci&oacute;n, una habitualidad a partir de una idea general, permite un hallazgo: a nadie le gusta sentirse com&uacute;n; a veces creemos que lo singular es una forma de la excepcionalidad. Esta es una versi&oacute;n hist&eacute;rica. Nuestra singularidad no nos hace &uacute;nicos, m&aacute;s que en el modo en que llevamos a cuestas la ridiculez compartida.
    </p><p class="article-text">
        Por esto hoy quisiera escribir sobre un asunto tan t&iacute;pico y ordinario como &ldquo;la pareja del obsesivo&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; hablo del obsesivo y no del hist&eacute;rico, el esquizofr&eacute;nico, el paranoico, etc.? &iquest;Por qu&eacute; recurro a un tipo cl&iacute;nico, encima para deslizar que hablo del obsesivo var&oacute;n? Primero, porque los hist&eacute;ricos, los esquizofr&eacute;nicos, los paranoicos, etc., no suelen tener tantos problemas para hacerle lugar al otro como s&iacute; lo tiene el obsesivo. Es cierto que ese lugar puede no ser muy amable, como le ocurre al paranoico que hace pareja con su perseguidor; pero el lugar del otro est&aacute; de alguna forma asegurado. El obsesivo, en cambio, tiene solo un lazo de fidelidad: su s&iacute;ntoma obsesivo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, que escriba sobre varones es m&aacute;s una costumbre; sobre todo porque me interesa subrayar el sufrimiento viril en un mundo que dice c&oacute;mo deben ser los varones, qu&eacute; cambios tienen que hacer para ser queridos, pero con poca capacidad para comprender sus dificultades y movimientos internos.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, el var&oacute;n obsesivo es &ndash;por partida doble&ndash; el candidato menos atractivo para una relaci&oacute;n amorosa. Es cierto que, en un primer momento, puede mostrarse servicial y amable, incluso dadivoso; pero con el tiempo siempre aparece la hilacha y sus mezquindades afloran, as&iacute; como detr&aacute;s de cada uno de sus dones se lo escucha decir: &ldquo;Con todo lo que hice por vos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El obsesivo ama &ndash;sobre todo&ndash; sus s&iacute;ntomas: lo que tiene que hacer, sus obligaciones, el orden reactivo que apenas sirve para tranquilizarlo interiormente; y aunque incluso sepa que todo eso que hace no es m&aacute;s que para calmar sus angustias y ansiedades, no puede dejar de hacerlo. Quien ose hacerle alguna observaci&oacute;n al respecto, es odiado y rechazado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mejor de los casos el obsesivo puede escuchar al otro, pero nunca deja de agregar: &ldquo;Entiendo lo que me dec&iacute;s, pero no era la forma&rdquo;. El obsesivo hace de la &ldquo;forma&rdquo; un refugio en el que esconderse de modo imperturbable. Quiz&aacute;s ese sea el anhelo profundo del obsesivo: estar &ldquo;en paz&rdquo; &ndash;expresi&oacute;n que r&aacute;pidamente declina en un deseo mortificado, porque esa paz solo se encuentra en un cementerio.
    </p><p class="article-text">
        Por qu&eacute; los varones suelen tener una mayor tendencia a ser obsesivos es una pregunta de lo m&aacute;s interesante, pero que tendr&iacute;a que responder en otro art&iacute;culo. Al mismo tiempo, no es tan com&uacute;n que hoy la obsesi&oacute;n sea privativa de ellos. Tambi&eacute;n este es otro tema, porque aqu&iacute; m&aacute;s bien quiero hablar de la pareja del obsesivo, cuando este tiene una pareja fant&aacute;stica con sus s&iacute;ntomas.
    </p><p class="article-text">
        Padecer de s&iacute;ntomas que prescinden tanto del otro podr&iacute;a parecer una soluci&oacute;n exitosa, si no fuera porque los obsesivos tambi&eacute;n eventualmente se casan, conviven, comienzan un noviazgo, etc. Quiz&aacute; sea el obsesivo quien mejor muestra la diferencia que hay entre la pareja y el amor: a veces algo del amor a sus obsesiones se le escapa y va a parar a otra persona que, por ejemplo, le pide que se quede un ratito m&aacute;s en la cama, cuyos abrazos le encantan, pero hasta ese punto en que siente que ya lo est&aacute;n reteniendo, cuando tiene otra cosa que hacer, si no es que la hizo antes. Porque esa es tambi&eacute;n la f&oacute;rmula del obsesivo: el amor, s&iacute; claro, pero despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; lugar para la pareja de un obsesivo, si no es el de &ldquo;hinchapelotas&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; puede hacer, que no sea degradar al otro a un reclamo? Es cierto que nadie mejor que el hist&eacute;rico para pedirle al obsesivo lo que no puede, para hacer de la renuncia imposible (&ldquo;si me quisieras&hellip;&rdquo;) un signo de amor, en un circuito infernal: porque el hist&eacute;rico quiere un amor sin condiciones, de ah&iacute; su inclinaci&oacute;n hacia las celotipias y su curiosidad permanente por las infidelidades.
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cilmente un hist&eacute;rico pueda ser una buena pareja para un obsesivo; digo, puede ser la pareja m&aacute;s s&oacute;lida y funcional, porque es garant&iacute;a de sufrimiento (para ambos), pero aqu&iacute; hablo de otra cosa. Quiero decir que la pareja del obsesivo tiene que tolerar lo que jam&aacute;s un hist&eacute;rico podr&iacute;a aceptar: que haya otro inter&eacute;s, que las obsesiones a veces tengan el valor de lo impostergable, que le cabe mucho m&aacute;s el papel de amante que de pareja oficial. Porque este lugar lo ocupa el s&iacute;ntoma y, por cierto, cuando un obsesivo est&aacute; en pareja con un hist&eacute;rico, es corriente que, ante las quejas y reproches de este, se incline hacia la traici&oacute;n amorosa como v&iacute;a de escape.
    </p><p class="article-text">
        A mis amigos obsesivos suelo decirles en chiste: &ldquo;Vamos muchachos, que no tenemos toda la vida&rdquo;, porque con el tiempo el deseo se debilita y el narcisismo gana protagonismo. Ocuparse de las obsesiones es quiz&aacute; lo mismo que ocuparse del alma &ndash;de acuerdo con el viejo consejo filos&oacute;fico&ndash; para no llegar a ese envejecimiento anquilosado, en que se confunde el aislamiento con el placer de la soledad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta es una reflexi&oacute;n sobre la pareja del obsesivo y pienso, desde un punto de vista cultural, si colectivamente la falta de empat&iacute;a hacia los varones no vino de la mano de una histerizaci&oacute;n colectiva: &ldquo;Tienen que cambiar, as&iacute; como son est&aacute; mal&rdquo;. La queja de la histeria no lleva muy lejos, es m&aacute;s: consolida un circuito infernal en que unos se cierran y los otros reprochan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que para pensar las masculinidades el punto de vista que se consolid&oacute; haya sido el del reclamo hist&eacute;rico, es un s&iacute;ntoma de &eacute;poca que es preciso trascender. Como dije al principio, el obsesivo ama sus obsesiones, pero tiene una capacidad que &ndash;creo&ndash; ning&uacute;n otro tipo cl&iacute;nico tiene: busca en el otro la chance de juzgarse un poco menos. Por eso los obsesivos no dejan de apostar a la pareja, aunque si la arman con un hist&eacute;rico lo releguen al silencio y el fastidio que mencion&eacute; antes.
    </p><p class="article-text">
        Para un pensamiento a futuro sobre las masculinidades, creo que ser&iacute;a fundamental salir de la posici&oacute;n de histeria con que juzgamos a los varones. B&aacute;sicamente porque no se obtiene ning&uacute;n cambio efectivo.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pareja-obsesivo-lutereau_129_9320218.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Sep 2022 10:19:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pareja del obsesivo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vínculos,Parejas,Masculinidades,Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hombres sin mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombres-mujeres_129_9253498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a26d908-8f92-46d4-8629-8a1b37f9625f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hombres sin mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luciano Lutereau propone pensar la pareja de acuerdo con etapas de la vida, según lo que cada quien haya vivido. El desencanto de los varones por el amor y la fantasía de la mujer fálica.</p></div><p class="article-text">
        	Hasta hace unos a&ntilde;os no estaba mal visto que una persona enviudase joven y no volviera a tener pareja. Se puede decir que el motivo era la hipocres&iacute;a marital, que no le permit&iacute;a a alguien rehacer su vida. Puede ser que en algunos casos haya sido as&iacute;, pero no creo que aplique a todos.
    </p><p class="article-text">
        	Pienso que tambi&eacute;n hay personas que ya no quer&iacute;an volver a entrar en ese mundo, el de la pareja. Es el caso de quienes &ndash;sin enviudar&ndash; se separaban y no volv&iacute;an a tener nada con nadie. A lo que apunto es a situar que nuestra &eacute;poca demoli&oacute; la instituci&oacute;n matrimonial, pero eso solo hizo m&aacute;s potente el mandato de pareja.
    </p><p class="article-text">
        	Llegada cierta edad, hay quienes ya tuvieron esos dos o tres amores que a una vida le son suficientes y no quieren mucho m&aacute;s. Tambi&eacute;n puede ser que quieran estar con alguien, pero ya no con ese modelo juvenil que es el del proyecto compartido. <strong>Es la pareja joven la que se define en t&eacute;rminos de &ldquo;ser-con&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Las personas m&aacute;s grandes, mayores, suelen hablar m&aacute;s bien de &ldquo;compa&ntilde;eros en la soledad&rdquo;. El abuelo de la otra cuadra tiene una novia con la que toma mate y van al cine cada dos o tres semanas. Me importa, entonces, destacar <strong>la necesidad de pensar la pareja desde un modelo diacr&oacute;nico, de acuerdo con etapas de la vida, seg&uacute;n lo que cada quien haya vivido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	No quisiera bajar l&iacute;nea, pero a veces pienso que la vida es para envejecer, tratando de vivir lo m&aacute;s jovialmente posible; pero joven no se es m&aacute;s que unos pocos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Despu&eacute;s de haber sido joven, llegan los duelos. M&aacute;s por lo que no pas&oacute; que por lo que pas&oacute;. Y lo que no pas&oacute; es triste, pero m&aacute;s doloroso y sufriente es esperar que pase lo que no pas&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	No digo que &ndash;lo que no pas&oacute;&ndash; no vaya a pasar. Digo que ya no pas&oacute;. Quiz&aacute; si se hace el duelo por lo que no pas&oacute;, entonces s&iacute; pasa. De otro modo, a su manera. <strong>Y entre el &ldquo;proyecto compartido&rdquo; y &ldquo;compartir la soledad&rdquo; hay m&uacute;ltiples transformaciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	El mandato de pareja solo espera el amor de los 20 a&ntilde;os cuando ya no se tienen 20 a&ntilde;os. Y hoy ni siquiera a los 20 a&ntilde;os se vive ese amor. Es m&aacute;s la gente que llega a los 50 sin haberlo vivido.
    </p><p class="article-text">
        	Hoy hablamos mucho de amor, pero la nuestra es la &eacute;poca del &ldquo;amor que no fue&rdquo;. Ahora bien, si bien esto que dir&eacute; es una generalizaci&oacute;n, creo que con reserva aplica a diversos casos: con los a&ntilde;os, los varones que tuvieron alguna relaci&oacute;n amorosa fuerte, se predisponen menos a una nueva aventura.
    </p><p class="article-text">
        	Es como si los varones se desencantaran del amor; esto no quiere decir que no quieran estar con alguien, pero quieren menos cosas. Si ya tuvieron hijos, no quieren m&aacute;s; si ya estuvieron casados, no se quieren volver a casar y as&iacute;. Una expresi&oacute;n com&uacute;n retorna en los relatos: &ldquo;Yo ya tuve&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	Y ante la pareja amorosa, aparecen otras parejas posibles: la pareja con los hijos, con el trabajo, con un deporte, etc. Despu&eacute;s de cierto momento, es como si los varones quisieran estar con alguien, pero no en pareja &ndash;porque ya est&aacute;n en pareja con otras cosas.
    </p><p class="article-text">
        	Creo que esto es lo que expresa de fondo esa denominaci&oacute;n actual de &ldquo;var&oacute;n no disponible afectivamente&rdquo;, que como suele ocurrir con todos esos t&eacute;rminos que vienen del ingl&eacute;s tienen un uso m&aacute;s moral que metapsicol&oacute;gico y en boca de ciertos &ldquo;psi&rdquo; son una moralina mandona.
    </p><p class="article-text">
        	Todav&iacute;a queda mucho por pensar del var&oacute;n seg&uacute;n la edad y los procesos ps&iacute;quicos involucrados en su desarrollo. Por ejemplo, tener hijos &ndash;si son tales&ndash; es una gran domesticaci&oacute;n del narcisismo viril. La paternidad es, en cierto sentido, la asunci&oacute;n de una herida narcisista.
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, tambi&eacute;n los hijos pueden ser el reemplazo de una pareja. Y el peso de una desilusi&oacute;n amorosa en la vida de un var&oacute;n es algo inestimable. Recuerdo un relato de Haruki Murakami: &ldquo;Un buen d&iacute;a, de repente, te conviertes en un hombre sin mujer. Ese d&iacute;a sobreviene de repente, sin mediar el menor indicio de aviso, sin corazonadas ni presentimientos, sin llamar a la puerta y sin carraspeos. Al doblar la esquina, te das cuenta de que ya&nbsp;<em>est&aacute;s</em>&nbsp;all&iacute;. Y no puedes dar marcha atr&aacute;s. [&hellip;]&nbsp;Solo los hombres sin mujeres saben cu&aacute;n doloroso es,&nbsp;cu&aacute;nto se sufre por ser un hombre sin mujer&rdquo;. La cita proviene de <em>Hombres sin mujeres</em>, libro de cuentos que lleva el mismo t&iacute;tulo que uno de Hemingway.
    </p><p class="article-text">
        	Sin analizar condiciones metapsicol&oacute;gicas y materiales de la vida de los varones, nos quedamos en la etiqueta de rasgos abstractos y as&iacute; se dice que son f&oacute;bicos, hist&eacute;ricos, ghosteadores, etc. Esto es poco y est&aacute; mal orientado.
    </p><p class="article-text">
        	Para m&iacute; el punto de partida est&aacute; en el estudio diacr&oacute;nico de las transformaciones del narcisismo y su relaci&oacute;n con la virilidad. La pregunta es por qu&eacute; los varones, con el tiempo, quieren menos cosas de un v&iacute;nculo.
    </p><p class="article-text">
        	Por otro lado, entre los motivos para que un var&oacute;n quiera estar con diferentes mujeres y tenga el h&aacute;bito de la seducci&oacute;n, hay uno que no suele considerarse y que hoy me parece m&aacute;s com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Ya se habl&oacute; mucho de donjuanismo, de la identificaci&oacute;n con el padre tot&eacute;mico, la duda obsesiva y otros refuerzos ps&iacute;quicos, pero poco se consider&oacute; el d&eacute;ficit de integraci&oacute;n ed&iacute;pica que lleva a buscar la terceridad a partir de quedar entre dos mujeres (o varias, porque el dos se construye cuando no es una ni otra).
    </p><p class="article-text">
        	Equivocadamente esta situaci&oacute;n tambi&eacute;n se interpreta hoy como histeria masculina, pero no es un tipo cl&iacute;nico, sino una forma artificial de ser tres &ndash;como en el drama ed&iacute;pico.
    </p><p class="article-text">
        	Lo que nunca falta en este tipo de casos es el fantasma de la mujer que se enoja. Ese enojo proyectado es el que no pudieron integrar en la vivencia con otro var&oacute;n (sustituto del padre).
    </p><p class="article-text">
        	Cuando tienen relaciones exclusivas, estos varones tienden a ser muy celosos &ndash;como consecuencia del Edipo desfalleciente. Para evitar esta sintomatizaci&oacute;n, permanecen &ldquo;entre mujeres&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	La evitaci&oacute;n de rivalidad con otro var&oacute;n se suele reconocer en que se trata de varones con muchos amigos y que se llevan bien con todos. No conocen la competencia viril y temen a las mujeres &ndash;a las que subestiman (dado que estas ocupan el lugar del padre degradado).
    </p><p class="article-text">
        	Puede haber muchos motivos para la impotencia de un var&oacute;n con una mujer. Escrib&iacute; en distintas ocasiones sobre este punto, pero hoy puedo agregar uno m&aacute;s: que el var&oacute;n se sienta obligado a darle algo (a trav&eacute;s del acto sexual) a la mujer. Entonces la impotencia es una estrategia retentiva por la demanda supuesta.
    </p><p class="article-text">
        	La contracara de esta forma sintom&aacute;tica de la impotencia est&aacute; en una circunstancia bastante com&uacute;n: el descuido anticonceptivo en varones que demuestra el eventual erotismo de la fantas&iacute;a de embarazo y que, a veces, lleva a un embarazo efectivo. As&iacute; buscan dar algo, pero muy prematuramente. Pienso que la raz&oacute;n inconsciente est&aacute; en que dar un hijo es una forma de castrar a la mujer: si el hijo del embarazo es dado, entonces es porque ella no ten&iacute;a; pero en realidad esta confirmaci&oacute;n es para contrarrestar una fantas&iacute;a de temor (con una mujer f&aacute;lica).
    </p><p class="article-text">
        	<strong>Escribo estas l&iacute;neas finales porque creo que la fantas&iacute;a de la mujer f&aacute;lica todav&iacute;a tiene una gran vigencia en el psiquismo de los varones.</strong> Explica, por ejemplo, por qu&eacute; las campa&ntilde;as de anticoncepci&oacute;n juvenil suelen fracasar &ndash;si solo apuntan a la conciencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Una mujer f&aacute;lica no es una mujer con poder, tampoco es la madre f&aacute;lica; no se trata de c&oacute;mo es la mujer, sino de un aspecto de la fantas&iacute;a masculina, cuando esta reniega de la diferencia sexual: es la mujer a la que se siente que no se le puede dar nada &ndash;aunque a veces la mejor forma de mostrar esto sea atiborr&aacute;ndola de cosas&ndash;, a la que se quiere privar (por ejemplo, cuando el var&oacute;n enojado le niega la palabra como castigo) y de la que se espera un abandono &ndash;como si abandonar no fuera acto doloroso para quien lo realiza.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombres-mujeres_129_9253498.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Aug 2022 10:52:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hombres sin mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pscicoanálisis,Luciano Lutereau,Amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer de mi sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujer-sueno_129_9191729.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95d971c9-d32d-48de-ac07-ab828ccd2143_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mujer de mi sueño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un hotel transitorio y una esposa que usa una tarjeta de crédito. Los sueños, sostiene el autor, que es además el esposo y no usa tarjeta de crédito, son, entre otras cosas, un modo de continuar con el pensamiento de la vigilia.</p></div><p class="article-text">
        	Hace unas semanas tuve un sue&ntilde;o. Al despertarme lo olvid&eacute;, pero despu&eacute;s de unos d&iacute;as volvi&oacute; en la mitad de una tarde y, entonces, lo retom&eacute; en una sesi&oacute;n de an&aacute;lisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El texto del sue&ntilde;o es bastante breve: estoy en el barrio de mi infancia, en la puerta de un hotel transitorio, al que entro junto con mi esposa. Pedimos una habitaci&oacute;n y es ella la que realiza el acto de pagar, porque pregunta si puede hacerlo con tarjeta.
    </p><p class="article-text">
        	Nada m&aacute;s. Un sue&ntilde;o breve, pero que me dej&oacute; inquieto. &iquest;Por qu&eacute; vamos a un hotel? &iquest;Por qu&eacute; paga ella? Adem&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; con tarjeta?
    </p><p class="article-text">
        	La primera asociaci&oacute;n que se me ocurri&oacute; fue nuestro viaje en el verano, cuando algunas noches compartimos una habitaci&oacute;n con todos los ni&ntilde;os. R&aacute;pidamente el hotel transitorio vir&oacute; hacia la expresi&oacute;n &ldquo;hotel familiar&rdquo; y algunos recuerdos de mi infancia cuando escuch&eacute; decir a mis padres &ldquo;Esto no es un hotel&rdquo;, para referirse a mi conducta desentendida. Nada de esto fue importante, eran vagas asociaciones &ndash;por la pasi&oacute;n de asociar&ndash; hasta que s&iacute; encontr&eacute; algo que me pareci&oacute; cierto: la noche previa al sue&ntilde;o, escuch&eacute; a mi hijo y al hijo de mi mujer conversar en la habitaci&oacute;n; uno le dec&iacute;a al otro que era &ldquo;mal hermano&rdquo;. A pesar del reproche, a m&iacute; me alegr&oacute; que se nombraran de forma fraterna. Con esa idea me fui a dormir.
    </p><p class="article-text">
        	Y tuve ese sue&ntilde;o que, en principio, no tiene nada que ver con ese &uacute;ltimo pensamiento del d&iacute;a. Sin embargo, en ese momento record&eacute; algo m&aacute;s. Ese d&iacute;a hab&iacute;amos ido a la casa de mi hermana y esto estaba decidido a ense&ntilde;arle a andar en bicicleta al hijo de mujer. &Eacute;l se neg&oacute; y yo me sent&iacute; muy frustrado. Tanto que me enoj&eacute;. Le dije que si quer&iacute;a ser un hombre ten&iacute;a que aprender a andar en bicicleta, as&iacute; como luego a manejar&hellip; Me dijo que su pap&aacute; no maneja. Le dije que ese era un problema de su pap&aacute;, no suyo y, ofendido, me fui. Ahora que lo escribo, pienso que puede parecer infantil y est&uacute;pida mi reacci&oacute;n. <strong>Lo es.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	No me hab&iacute;a dado cuenta de cu&aacute;nto me hab&iacute;a afectado esa escena, hasta que comenc&eacute; a pensar en el sue&ntilde;o. En este punto tambi&eacute;n tuve que reconocer una moci&oacute;n hostil hacia el pap&aacute; del hijo de mi mujer, algo que tambi&eacute;n me afect&oacute;, porque es un hombre al que aprecio y por el que siento mucho respeto. Mientras asociaba, pens&eacute;: <strong>&iquest;podr&iacute;a quererlo m&aacute;s&hellip; sin traicionar a mi mujer? </strong>Entonces me re&iacute;. Y con la risa tuve otro pensamiento: si me fui a dormir alegre con la frase que escuch&eacute; que proven&iacute;a de la habitaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, fue porque sent&iacute; que me respond&iacute;a por el incidente de la tarde: yo era bruto y torpe, pero pod&iacute;a ser reconocido tambi&eacute;n con cierta aptitud paterna.
    </p><p class="article-text">
        	Ahora bien, &iquest;qu&eacute; tiene que ver esto con el sue&ntilde;o? A primera vista nada, con este rodeo tuve en claro un detalle inicial: mi mujer pagaba el hotel y lo hac&iacute;a con tarjeta. En este punto, tengo que admitir mi fobia a las tarjetas de cr&eacute;dito. Nunca tuve una ni voy a tenerla. Este es el rasgo por el que me consider&eacute; alguna vez poco viril. Incluso, recuerdo la vez en que un ni&ntilde;o me pregunt&oacute; por qu&eacute; no usaba billetera. Le respond&iacute; que el motivo es simple: no me gusta, prefiero llevar el dinero en el bolsillo. &ldquo;Pero, &iquest;vos no sos un pap&aacute;?&rdquo;, me pregunt&oacute;. Desde un punto de vista consciente, entiendo toda la cuesti&oacute;n de los estereotipos y dem&aacute;s, pero el inconsciente &ndash;tan elocuente como la voz de un ni&ntilde;o&ndash; no se distrae con argumentos.
    </p><p class="article-text">
        	De este modo, el sue&ntilde;o cobraba un primer sentido: mi moci&oacute;n hostil hacia el pap&aacute; del hijo de mi mujer quedaba compensada con una rectificaci&oacute;n que planteaba mejor mi propia impotencia proyectada. As&iacute;, la mujer que paga con tarjeta no es solo mi mujer, sino una parte de mi propia vida ps&iacute;quica &ndash;quiz&aacute; como Gustave Flaubert dec&iacute;a &ldquo;Emma Bovary soy yo&rdquo;&ndash;, mi costado femenino negado (interpretado como impotente) y que se refuerza en la expectativa de que la mujer ocupe un lugar viril. En este punto sobrevino un recuerdo: la calle del hotel en el sue&ntilde;o es la misma en que hab&iacute;a un cajero autom&aacute;tico al que, de ni&ntilde;o, acompa&ntilde;aba a mam&aacute; a retirar efectivo.
    </p><p class="article-text">
        	En este punto detendr&eacute; el an&aacute;lisis del sue&ntilde;o, porque conducir&iacute;a hacia cuestiones mucho m&aacute;s personales y que prefiero omitir &ndash;porque solo me interesan a m&iacute;. Quiz&aacute; me digan que lo anterior tambi&eacute;n es un contenido personal, pero la verdad es que no lo creo: es el relato de un sue&ntilde;o, que se apoya en diferentes particularidades de la vida del so&ntilde;ante, pero estas son solo an&eacute;cdotas y no comprometen con ning&uacute;n deseo espec&iacute;fico. S&iacute; es cierto que, para poder hacer el relato y describir los procesos de pensamiento implicados, tengo que reconocer que no soy tan bueno como quisiera y que me desconozco m&aacute;s de lo que pienso. Para eso es que voy a un an&aacute;lisis; adem&aacute;s tampoco creo que yo sea mis pensamientos. Lo que pienso es apenas lo que pienso, no lo que soy &ndash;misterio que, por cierto, no puedo resolver.
    </p><p class="article-text">
        	Si en esta ocasi&oacute;n desarroll&eacute; un sue&ntilde;o y una parte de su an&aacute;lisis, es b&aacute;sicamente porque creo que la interpretaci&oacute;n de esta formaci&oacute;n del inconsciente ocupa un lugar privilegiado en la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis. Para no usar el de otra persona &ndash;por una cuesti&oacute;n de intimidad&ndash;, me detuve en uno propio, que muestra bien c&oacute;mo una situaci&oacute;n cotidiana es la fuente de un pensamiento y una moci&oacute;n que afecta y requiere ser reprimida; a continuaci&oacute;n, el sue&ntilde;o es un modo de continuar con el pensamiento de la vigilia y, adem&aacute;s, rectificar al so&ntilde;ante, indicarle una orientaci&oacute;n &ndash;esto a partir de su relaci&oacute;n con el modelo de una matriz infantil.
    </p><p class="article-text">
        	&iquest;El an&aacute;lisis del sue&ntilde;o es completo? No. Seguramente podr&iacute;a haber otra interpretaci&oacute;n, en otra circunstancia. Lo importante es que sea una interpretaci&oacute;n para m&iacute;. Y si me interesa escribir sobre la importancia del sue&ntilde;o, es porque es la escena privilegiada para recibir una interpretaci&oacute;n que nos saque de nosotros mismos, algo que hoy &ndash;en nuestro modo de vida de la cultura&ndash; es impracticable: le tenemos horror al sentido extra&ntilde;o, a que alguien nos diga algo que no sea lo que pensamos, tanto como a pensar a nuestro pesar. Por eso en esta ocasi&oacute;n no quise escribir sobre un tema actual con el psicoan&aacute;lisis como herramienta te&oacute;rica o discurso de opini&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Del psicoan&aacute;lisis me interesa la interpretaci&oacute;n. Si el sue&ntilde;o es la v&iacute;a regia para acceder al inconsciente, esto ocurre no solo porque es interpretable, sino tambi&eacute;n porque interpreta.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujer-sueno_129_9191729.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2022 10:52:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueños,Pscicoanálisis,Luciano Lutereau]]></media:keywords>
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