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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Paganini]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/tamara-paganini/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Paganini]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El juicio que duró trece años, un intento de suicidio y las cenizas de sus hijos en Disney: Tamara Paganini después de la fama]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/juicio-suicidio-cenizas-hijos-tamara-paganini-fama_130_9195881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36ac1c70-6fb0-4b8b-9b29-73937da97bab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El juicio que duró trece años, un intento de suicidio y las cenizas de sus hijos en Disney: Tamara Paganini después de la fama"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Anunciaron una nueva edición de Gran Hermano, el reality show más exitoso del mundo. La India, finalista de la primera edición, cuenta el derrotero que vivió los años que siguieron a estar expuesta en televisión. "Era interminable, fue un calvario", dice.</p><p class="subtitle">Cómo se hace Gran Hermano. - Los secretos de un reality exitoso con “Biblia” propia</p></div><p class="article-text">
        <strong>Tamara Paganini </strong>esperaba en el estacionamiento del shopping la venia del personal de Seguridad. Hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;a salido de Gran Hermano, pero <strong>cada vez que pisaba un lugar p&uacute;blico la cosa se descontrolaba: gritos, empujones, tir&oacute;n de pelo, una foto, un insulto o un piropo...</strong> Esa noche a Tamara la escoltaban su novio, su cu&ntilde;ada y la pareja, y para evitar desmanes, uno del grupo se acerc&oacute; a avisar al de Seguridad: <em>&ldquo;Mir&aacute;, est&aacute; Tamara Paganini, quiere ir al cine, te aviso para que no se junte gente en la entrada, &iquest;viste?&hellip;&rdquo;</em>. El tipo entendi&oacute; r&aacute;pido -tampoco quer&iacute;a quilombos- as&iacute; que le pidi&oacute; unos minutos para <strong>organizar el &ldquo;operativo&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La India, as&iacute; llamaban a Tamara,<strong> hab&iacute;a resistido 112 d&iacute;as en &ldquo;la casa m&aacute;s famosa del pa&iacute;s&rdquo;, la del primer Gran Hermano que se produjo en la Argentina</strong>; el primero, tambi&eacute;n, en Latinoam&eacute;rica. Lleg&oacute; a la final, pero qued&oacute; segunda en cantidad de votos. Su participaci&oacute;n fue memorable. No s&oacute;lo ostentaba una belleza salvaje. Era avasallante y ten&iacute;a, adem&aacute;s, <strong>un pasado de stripper de boliche porte&ntilde;o</strong> que el reality explot&oacute;, incluso, en los programa sat&eacute;lite, los de chimentos. La final se televis&oacute; el 30 de junio de 2001. Sobre lo que pasaba dentro de la Casa, la producci&oacute;n no ten&iacute;a -tanto- control. Pero s&iacute; dominaba &ldquo;el afuera&rdquo;. As&iacute; que para la final dise&ntilde;aron el drama. Instalaron una pasarela angosta, bajita, con unas barandas bastante endebles. As&iacute;, la gente pod&iacute;a estar cerca e incluso tocar a los finalistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hab&iacute;a tres mil personas esperando a Tamara, que ven&iacute;a del silencio, de habitar una casa con apenas cuatro participantes</strong>. Ven&iacute;a de zafar de nominaciones, complots, sanciones, prendas, voto del p&uacute;blico, confesionarios, una abulia letal. Ven&iacute;a del llanto ella: llor&oacute; el d&iacute;a que les anunciaron que de la Casa se ir&iacute;an<strong> Margarita y Ernesto, vaca y ternero</strong>, confidentes suyos ambos. La vaca estaba estresada y el ternero hab&iacute;a crecido demasiado. <strong>Tamara se encontraba con ese alboroto despu&eacute;s de cuatro meses de ba&ntilde;arse vestida, de no masturbarse, de no besar</strong>. Su privaci&oacute;n, entera, fue televisada. Todos y todas lo vimos, porque de eso se trata un reality: <strong>babear frente al televisor viendo a gente com&uacute;n</strong>.&nbsp;
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        La noche de la final tuvo un pico de <strong>38 puntos de rating</strong>, una barbaridad de encendido. La India abandon&oacute; la Casa con la arenga de Solita Silveyra: <strong>&ldquo;&iexcl;Sal&iacute; bailando, chiquita, que el mundo es tuyo!&rdquo;</strong>. Pero ella no sab&iacute;a que todos hab&iacute;amos visto, opinado y debatido sobre su pasado de <em>go-go dancer</em>. Cuando se abri&oacute; la puerta, <strong>Tamara no entend&iacute;a nada</strong>. &iquest;Por qu&eacute; toda esa gente estaba ah&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; le gritaban? &iquest;Por qu&eacute; la zamarreaban? &iquest;Hab&iacute;a que disfrutar eso? &iquest;Eso era ser famosa?
    </p><p class="article-text">
        Veinti&uacute;n a&ntilde;os despu&eacute;s de aquella final, es una tarde ventosa de martes y <strong>Tamara vuelve a la escena del cine, del shopping, del estacionamiento</strong>: &ldquo;Y bueno, esa noche yo quer&iacute;a ir al cine. Nos metimos en el estacionamiento y esperamos en un lugarcito medio oculto hasta que el de Seguridad nos cubriera. Y de repente bajan tres chicas de un auto y una empieza a gritar:<em><strong> &lsquo;Ay no, ay no, mir&aacute;, ay no&hellip; Boluda&hellip; es la India, boluda&hellip;'</strong></em>&rdquo;, dice Tamara, que est&aacute; sentada a la mesa de un bar. Lleva una boina rosa y los ojos verdes brillantes de siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;<strong>Y las chicas vinieron corriendo, como un mal&oacute;n</strong>, y yo las vi y me apoy&eacute; contra la pared y una se me vino encima, gritando y me arrincon&oacute; y yo me asust&eacute; y empez&oacute; a tirarme de la ropa y&hellip; <em><strong>pum, pum, pum</strong></em><strong>, le pegu&eacute; tres pi&ntilde;as en la cara a la piba</strong>&rdquo;. Hacemos silencio. Es un silencio largo. Vuelve Tamara, ni siquiera se r&iacute;e: &ldquo;<strong>Despu&eacute;s de las trompadas, la mina me dijo </strong><em><strong>&lsquo;te voy a denunciar, puta de mierda&rsquo;</strong></em><strong> y se fue&hellip; Era insoportable vivir despu&eacute;s de Gran Hermano</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es que despu&eacute;s de Gran Hermano hubo mucho, demasiado. <strong>Un juicio contra Telefe y Endemol -canal y productora- que dur&oacute; trece a&ntilde;os</strong>. Una huida a C&oacute;rdoba en busca de tranquilidad hasta que &ldquo;la descubrieron&rdquo; los del Trencito de la Alegr&iacute;a. <strong>Hubo que mendigar laburo</strong>. Hubo tres intentos de suicidio. Una probation. <strong>Y unos hijos, muy deseados, que terminaron siendo ofrenda de cenizas en el castillo de Disney</strong>.
    </p><h3 class="article-text"> &ldquo;&iquest;Y a m&iacute; qui&eacute;n me pregunt&oacute;?&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El filtro para anotarse en el casting de aquella primera edici&oacute;n del reality, en 2001, fue una l&iacute;nea paga. El aspirante deb&iacute;a comunicarse a un tel&eacute;fono y dejar sus datos pagando ochenta centavos. Se anotaron 28 mil personas. Pero Tamara nunca se inscribi&oacute;. Ella hab&iacute;a acompa&ntilde;ado a su novio, El Toro, que s&iacute; quer&iacute;a entrar en La Casa. <strong>El d&iacute;a del casting un productor la ech&oacute; del lugar y ella le contest&oacute; mal. A los cinco minutos, el productor volvi&oacute; para invitarla a audicionar: hab&iacute;a visto en ella una historia</strong>. Porque Gran Hermano se trata de eso, de contar un cuento entre varios. La primera edici&oacute;n cost&oacute; unos ocho millones de d&oacute;lares, inversi&oacute;n que se recuper&oacute; (casi) antes de que el reality saliera al aire en publicidad, m&aacute;s lo que hab&iacute;an aportado el sitio <em>Terra </em>y la se&ntilde;al <em>DirectTV,</em> que transmitir&iacute;a La Casa las 24 horas. <strong>Tamara, cuatro meses adentro, se llev&oacute; el segundo premio: 39 mil d&oacute;lares.</strong>
    </p><p class="article-text">
        De aquella final en un estudio de tev&eacute; la llevaron a un hotel, en donde deb&iacute;a estar aislada unos d&iacute;as.<strong> Lo primero que hizo fue revisar la habitaci&oacute;n</strong>. Abri&oacute; los cajones y el placar, sac&oacute; las s&aacute;banas, dio vuelta el colch&oacute;n. Apag&oacute; las luces y revis&oacute; los espejos: se acercaba, hac&iacute;a una visera con las manos y miraba fijo. Despu&eacute;s tante&oacute; los costados de los espejos, que estuvieran bien pegados a la pared. Es un h&aacute;bito que, dice, mantuvo mucho a&ntilde;os. <strong>Tiene miedo de las c&aacute;maras y de los micr&oacute;fonos ocultos</strong>. Despu&eacute;s, se desnud&oacute;. <strong>Hac&iacute;a cuatro meses que no se desnudaba. Ah&iacute; estaban sus tetas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo quer&iacute;a volver a casa, quer&iacute;a ver a mi novio. Pero me encerraron otra vez. Sola y sin televisor. El primer d&iacute;a me llam&oacute; un productor y me dijo que empez&aacute;bamos con los shows, que ten&iacute;amos viajes, notas&hellip; &lsquo;&iquest;Y a m&iacute; qui&eacute;n me pregunt&oacute;?', le dije&hellip; Arranc&oacute; la guerra, con todos. Hab&iacute;a dos productores en la puerta de la habitaci&oacute;n, controlando que no me fuera. Hasta que me hart&eacute; y abr&iacute; la puerta:<strong> &lsquo;&iquest;Qu&eacute; no puedo irme? Mir&aacute; c&oacute;mo me voy&rsquo;</strong>&rdquo;, sigue Tamara.
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                Tamara Paganini.                            </span>
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        Uno de los dos productores intent&oacute; explicarle que salir del hotel era una locura. Pero no pudo convencerla: ella estaba decidida a irse. <strong>Entonces el productor la subi&oacute; a un auto con vidrios polarizados y la llev&oacute; a un bar del Microcentro</strong>. Le pidi&oacute; que entrara y ocupara una de las mesas del fondo. Tamara dir&aacute; ahora, veinti&uacute;n a&ntilde;os despu&eacute;s, que <strong>a los minutos hab&iacute;a unas 200 personas en la puerta que ped&iacute;an por ella</strong>. La sacaron por atr&aacute;s. De vuelta en el auto rumbo al aislamiento en el hotel, Tamara entendi&oacute; aunque segu&iacute;a sin entender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando le permitieron ver televisi&oacute;n, vio que <strong>su nombre, cara y voz estaba en anuncios publicitarios.</strong> Dice que ni lo permiti&oacute; ni cobr&oacute; un peso por eso. Y que <strong>de los eventos que arreglaba la productora, ella se quedaba con el 30% del pago</strong>. Demand&oacute; al canal y a la productora.<strong> Tamara asegura que no estaba preparada psicol&oacute;gicamente para enfrentar el &ldquo;despu&eacute;s&rdquo; de Gran Hermano</strong>, pero que los productores desoyeron a la psicoanalista que particip&oacute; del casting. El juicio dur&oacute; 13 a&ntilde;os. Ni lo gan&oacute; ni lo perdi&oacute;: acordaron un resarcimiento econ&oacute;mico y firm&oacute; un contrato de confidencialidad. <strong>&ldquo;Yo me traicion&eacute; un mont&oacute;n de veces desde que sal&iacute; de la Casa -dir&aacute; Tamara-. Una fue &eacute;sa. Pero necesitaba cerrar la historia&rdquo;</strong>.
    </p><h3 class="article-text">Un patovica la denunci&oacute; por &ldquo;desfiguraci&oacute;n&rdquo; de rostro</h3><p class="article-text">
        Tiene 47 a&ntilde;os, y un trabajo estable y sencillo que le cost&oacute; mucho conseguir despu&eacute;s de su participaci&oacute;n en Gran Hermano. Hace auditor&iacute;as por tel&eacute;fono a pacientes que se atienden en un centro de salud privado, algo as&iacute; como un control de calidad de los servicios. <strong>No usa su nombre real cuando llama a los afiliados. Pero una vez una chica le dijo que ten&iacute;a la voz muy parecida a una tal &ldquo;Tamara Paganini, que estuvo en un Gran Hermano, seguro la conoc&eacute;s, yo era fan&rdquo;, dijo la socia</strong>. Tamara conduce un programa de radio -<a href="https://www.instagram.com/ypariolaabuelaradio/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Y pari&oacute; la abuela</a>- y est&aacute; armando su propia productora de contenidos. Llegar a todo eso le cost&oacute; much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando se pas&oacute; ese primer furor y las presencias en los eventos, me banqu&eacute; un tiempo con la plata del premio. No pensaba que esto iba a durar a&ntilde;os. No pod&iacute;a ir a comprar a una feria. No pod&iacute;a ir a comprar a un supermercado. O sea: pod&iacute;a, pero rodeada de gente grit&aacute;ndome, sac&aacute;ndome fotos, agarr&aacute;ndome la ropa. <strong>Lo peor es que no pod&iacute;a conseguir un trabajo com&uacute;n, de oficina. O salir con mis amigos, porque siempre terminaba en despelote</strong>. Me empezaban a tirar hielo, a tirar vasos. Y mis amigos reaccionaban. Una vez, un patovica me denunci&oacute; por &lsquo;desfiguraci&oacute;n de rostro&rsquo;. 30 mil d&oacute;lares ped&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No entiendo. &iquest;Que vos le pagues 30 mil d&oacute;lares?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro. Dijo que yo le hab&iacute;a desfigurado la cara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qui&eacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al patovica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Vos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, yo. Mir&aacute; lo que soy. &iquest;Yo podr&iacute;a deformarle la jeta a una patovica? 30 mil d&oacute;lares me ped&iacute;a de resarcimiento. Yo no ten&iacute;a un mango. Y el tipo no ten&iacute;a c&oacute;mo comprobarlo, pero a m&iacute; me dieron una <em>probation</em>. Era interminable, la fama era un calvario.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; tuviste que hacer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me dieron una lista de tel&eacute;fonos de asociaciones. Y me dijo que llame, a ver si necesitan a alguien que hiciera, no s&eacute;, limpieza. Y yo llamaba y me dec&iacute;an que limpieza no hac&iacute;a falta, pero que mantenimiento s&iacute;, que si yo sab&iacute;a arreglar equipos de aire acondicionado o plomer&iacute;a, que se les tapaba el inodoro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora nos re&iacute;mos. <strong>Tamara llam&oacute; a geri&aacute;tricos y jardines de infantes, y preguntaba si necesitaban a alguien que ayudara. Termin&oacute; en el hogar de ni&ntilde;os de Fundamind.</strong> Contaba cuentos a los chicos, serv&iacute;a la merienda, cambiaba pa&ntilde;ales&hellip; Por primera vez desde Gran Hermano conectaba con algo que deseaba desde los 12 a&ntilde;os: ser mam&aacute;. Intent&oacute; un embarazo desde los 22. Lo logr&oacute; a los 42, despu&eacute;s de varios tratamientos de fertilidad. Pero para eso falta un poco.
    </p><h3 class="article-text">El Trencito de la Alegr&iacute;a cambia el recorrido: &ldquo;Y ac&aacute;, la casa de La India Paganini, ex Gran Hermano&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <strong>El Gran Hermano de 2001 fue un suceso televisivo. Y un experimento humano</strong>, porque no es un programa de personas sino de v&iacute;nculos. Uno de los efectos del aislamiento es que aplana y empobrece el lenguaje: el discurso se vuelve una bola. Igual, no importa tanto lo que se dice, sino lo que se hace. Pero tampoco &ldquo;lo que se hace&rdquo; en t&eacute;rminos de acci&oacute;n. Vale m&aacute;s la gestualidad. <strong>Cuando decidi&oacute; encarar el juicio, Tamara vio las primeras emisiones de su participaci&oacute;n en el reality para anotar qu&eacute; se hab&iacute;a tergiversado</strong>. No resisti&oacute; m&aacute;s de cinco <em>VHS</em>. Se dio por vencida cuando advirti&oacute; que alteraron la velocidad de un adem&aacute;n que tuvo con Santiago, otro participante. <strong>Ella le hab&iacute;a frotado el brazo para darle aliento, pero al aire ralentizaron el gesto y parec&iacute;a m&aacute;s una caricia con intenciones sexuales</strong>. Sobre eso montaron un supuesto romance entre ellos. Pero ella extra&ntilde;aba a El Toro, su novio, del que nada se sab&iacute;a. Gran Hermano no cuenta an&eacute;cdotas, arma una narrativa.
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                Tamara Paganini.                            </span>
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        Dice Tamara: &ldquo;Hay secuelas irreversibles. <strong>No encontrar trabajo, que la gente me escupa por la calle o que me lastimen f&iacute;sicamente&hellip; A mi hermano lo cagaron a palos s&oacute;lo por ser mi hermano, qued&oacute; internado</strong>. Fui aprendiendo de toda esa mierda de a poco. Me han tenido que sacar de la cama, siete d&iacute;as sin abrir los ojos. Estaba rodeada de un mont&oacute;n de gente que me quer&iacute;a, pero est&aacute;s muy sola porque&hellip; Ten&eacute;s que haber estado ah&iacute; para entender lo que te pasa por la cabeza&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se mud&oacute; a Carlos Paz, en C&oacute;rdoba, con su novio. Pens&oacute; que ah&iacute; iba a estar m&aacute;s tranquila. <strong>Hasta que los del Trencito de la Alegr&iacute;a se enteraron de que ten&iacute;an una vecina famosa y modificaron el recorrido del tour que hac&iacute;an en la ciudad: &ldquo;Y ac&aacute;, la casa de La India Paganini, ex Gran Hermano&rdquo;</strong>, escuchaba Tamara desde la cocina. Entonces la gente se bajaba del tren, pisaba el parque, las flores, tomaba fotos, ped&iacute;a por ella, la perra ladraba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volvi&oacute; a Buenos Aires. Cuando se angustiaba, agarraba el auto y sal&iacute;a a dar vueltas. De Capital al Oeste, sin rumbo. Tres cuadras, doblaba. Seis cuadras, doblaba. Una cuadra, doblaba. Gritaba al volante del 147. Los vidrios polarizados al tope. Gui&ntilde;o a la derecha, puteada. Gui&ntilde;o a la izquierda, llanto. Hasta que un d&iacute;a estacion&oacute; el auto frente a la estaci&oacute;n de Ituzaing&oacute;. &ldquo;<strong>Yo sal&iacute; de mi casa para suicidarme ese d&iacute;a. Decidida a tirarme abajo del tren -dice Tamara, los ojos fijos-. Yo s&eacute; qu&eacute; se siente, s&eacute; cu&aacute;l es el punto exacto en el que ves venir el tren</strong>&rdquo;. Una persona que estaba esperando que levantara la barrera del paso a nivel vio que la chica estaba demasiado cerca de la v&iacute;a. La agarr&oacute; de la ropa y la tir&oacute; para atr&aacute;s. Un segundo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando est&aacute;s ah&iacute;, adentro, se derrite tu pantalla, tu protecci&oacute;n. <strong>Se derrite la cara con la que sal&iacute;s al mundo</strong>. En la Casa no ten&eacute;s m&aacute;s est&iacute;mulo que los que te ponen y no sab&eacute;s qu&eacute; pasa afuera. Lo &uacute;nico que ten&eacute;s que hacer es contar tus cosas. Y cuando ya contaste todo, cont&aacute;s las cosas m&aacute;s profundas. Ah&iacute; adentro dijimos lo que nunca hubi&eacute;ramos dicho afuera. Hasta que pude manejarlo, sent&iacute;a que por haber estado expuesta la gente era mi due&ntilde;a y pod&iacute;a hacer conmigo lo que quer&iacute;a&rdquo;, dice.
    </p><h3 class="article-text">Vito y Donna est&aacute;n en Disney</h3><p class="article-text">
        En la primera ecograf&iacute;a advirtieron que <strong>Vito ten&iacute;a una malformaci&oacute;n</strong>, pero no pudieron decirle a Tamara y a su pareja, Sebasti&aacute;n, qu&eacute; tan grave era. Para la segunda, el diagn&oacute;stico fue anencefalia, sin esperanza de vida. <strong>A Donna se la ve&iacute;a bien</strong>, chiquita, pero bien. <strong>Tamara hab&iacute;a logrado un embarazo de mellizos despu&eacute;s de varios intentos</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ces&aacute;rea fue de imprevisto, a los seis meses de gestaci&oacute;n. Donna naci&oacute; primero y se la llevaron r&aacute;pido, incubadora directo, con respirador. A Vito lo envolvieron en toallas y lo pusieron sobre el pecho de Tamara. &ldquo;<strong>Como una oruga, mi beb&eacute;. Le cantamos con Sebasti&aacute;n, le dijimos que era hermoso, el beb&eacute; m&aacute;s lindo del mundo. Y cuando se puso fr&iacute;o, la enfermera nos dijo que ya estaba, que lo dej&aacute;ramos</strong>&rdquo;. Ahora Tamara se desarma sobre la mesa de este bar. <strong>Donna muri&oacute; a los diez d&iacute;as</strong>. Los pulmones no terminaron de desarrollarse.
    </p><p class="article-text">
        Un tiempo despu&eacute;s, Tamara y Sebasti&aacute;n hicieron el viaje a Disney que hab&iacute;an planeado durante el embarazo. <strong>Llevaban las cenizas de Vito y Donna, y un plan: dejarlas al pie del castillo que cada noche es iluminado por los fuegos artificiales</strong>. Un pu&ntilde;ado cada uno, detr&aacute;s de un cartel. Esparcir cenizas en lugares p&uacute;blicos est&aacute; prohibido, claro, en Disney y en cualquier lado. Y Tamara lo sabe y se r&iacute;e un poco. <strong>Se r&iacute;e con permiso. Despu&eacute;s de tanto, despu&eacute;s de todo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>VDM/MS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria De Masi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/juicio-suicidio-cenizas-hijos-tamara-paganini-fama_130_9195881.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jul 2022 03:03:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El juicio que duró trece años, un intento de suicidio y las cenizas de sus hijos en Disney: Tamara Paganini después de la fama]]></media:title>
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