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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Psciología Social]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/psciologia-social/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Psciología Social]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lo supe apenas te vi: cómo funciona la primera impresión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/supe-apenas-vi-funciona-primera-impresion_129_9565318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e7f0b5a-b88a-477b-ab88-8ae876ab4507_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo supe apenas te vi: cómo funciona la primera impresión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En general somos buenos juzgando a los otros. La eficacia del speed dating, la importancia de la cara familiar y el error de tomar posición sobre lo que no conocemos.</p></div><p class="article-text">
        Ay esos primeros segundos, ese momento en el que te ves por primera vez con la cita de Tinder. Esos instantes en los que empezamos a definir qu&eacute; pensamos del otro y hacemos esos juicios r&aacute;pidos que pueden marcar nuestra relaci&oacute;n. Estamos absorbiendo toda la informaci&oacute;n sin darnos cuenta: c&oacute;mo se ve, sonr&iacute;e mucho &iquest;demasiado?, qu&eacute; lindo tono de voz, tiene gestos un poco raros. Todo esto puede estar pasando por nuestra cabeza rapid&iacute;simo, muchas veces sin siquiera ser conscientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y de todo esto estamos sacando conclusiones, tratando de entender a qui&eacute;n tenemos en frente. Y<strong> hay algunas cosas en las que somos muy buenos juzgando r&aacute;pido</strong>. Sorprendentemente buenos. Esto lo sabemos gracias a <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S009265660700013X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> que se han hecho en los que le piden a alguien que eval&uacute;e a un extra&ntilde;o vi&eacute;ndolo interactuar solo unos segundos. Luego comparan esta percepci&oacute;n con datos que tienen sobre la persona -por ejemplo una evaluaci&oacute;n de su personalidad- para ver cu&aacute;n cerca estuvieron los extra&ntilde;os en la evaluaci&oacute;n de la persona. Y en algunas cosas son muy acertados, con solo verlos durante unos segundos pueden saber cu&aacute;n inteligente, responsable o extrovertida es la persona, entre otras cosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute;, que en los Estados Unidos llevaron el concepto al m&aacute;ximo y desarrollaron el &ldquo;<em>speed dating</em>&rdquo;, citas ultra r&aacute;pidas para maximizar la cantidad de personas que se pueden conocer en una noche. La <a href="https://www.nytimes.com/2013/09/29/magazine/who-made-speed-dating.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">idea original</a> fue de un rabino en Los &Aacute;ngeles, que quer&iacute;a ayudar a los solteros y solteras de su comunidad a conocer potenciales parejas. Y para ser eficientes, invent&oacute; este formato: mientras un grupo se sentaba fijo en las mesas, el otro rotaba cada 7 minutos, y al final de la noche cada uno dec&iacute;a a qui&eacute;n le gustar&iacute;a conocer un poco m&aacute;s. Si hab&iacute;a coincidencia, se entregaban los datos de contacto. Esta versi&oacute;n fordista de las citas puede parecer un poco extrema, <strong>pero la evidencia detr&aacute;s muestra que esos minutos pueden ser un gran indicador de algunas caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas del otro.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho esta capacidad de juzgar r&aacute;pidamente a otros no se limita al mundo de las citas. Pasa tambi&eacute;n cuando juzgamos al m&eacute;dico que acabamos de conocer o al nuevo docente. En un estudio, por ejemplo, <a href="https://psycnet.apa.org/record/1993-27364-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tomaron peque&ntilde;os</a> clips de 30 segundos de profesores dando una clase y le pidieron a diferentes personas que evaluaran algunas caracter&iacute;sticas, como cu&aacute;n emp&aacute;tico o abierto es. Sus evaluaciones, basadas s&oacute;lo en esos fragmentos, fueron bastante cercanas a las que dieron los alumnos que hab&iacute;an cursado una materia completa con el docente. Las primeras impresiones, basadas en poca informaci&oacute;n -c&oacute;mo se mov&iacute;a, cu&aacute;nto sonre&iacute;a o la forma de mirar-, eran parecidas a las de los estudiantes que hab&iacute;an compartido horas con el profesor. En s&oacute;lo segundos, las personas pod&iacute;an captar cu&aacute;n entusiastas, atentos o c&aacute;lidos eran los docentes, y con eso evaluarlos de manera bastante acertada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s pens&aacute;s que esto no deber&iacute;a ser as&iacute;, que m&aacute;s informaci&oacute;n nos hace tomar mejores decisiones y por lo tanto no puede ser que con s&oacute;lo segundos podamos juzgar a alguien. Pero en realidad, ambas cosas no son contradictorias. En las primeras impresiones hay much&iacute;sima informaci&oacute;n y mientras m&aacute;s preparados tenemos los sentidos, mejor podemos identificarla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque hay mucha informaci&oacute;n que tenemos disponible en nuestros cerebros, s&oacute;lo que no la estamos procesando de manera consciente todo el tiempo. Una persona que maneja hace a&ntilde;os puede saber&nbsp;cuando toca pasar el cambio en una mil&eacute;sima de segundo al escuchar el motor, mientras que alguien que reci&eacute;n empieza puede manejar durante horas con el cambio errado sin darse cuenta. Cuando tenemos buena informaci&oacute;n interiorizada, tan interiorizada que ya casi olvidamos que la sabemos, podemos hacer juicios muy r&aacute;pidos sin equivocarnos.&nbsp;Y el problema es justamente ese, somos buenos juzgando muy r&aacute;pido lo que conocemos, pero no nos limitamos a eso, <strong>tambi&eacute;n juzgamos lo que no conocemos y ah&iacute; erramos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando se trata de las primeras impresiones de una persona, se nos juegan muchos factores que no tenemos presentes y que no siempre est&aacute;n basados en informaci&oacute;n. Por ejemplo, <a href="https://www.researchgate.net/publication/247850176_The_Origin_of_First_Impressions" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cu&aacute;n familiar</a> nos resulta su cara. La familiaridad, el hecho de haber visto esa cara u otras parecidas antes, ayudan a que la primera impresi&oacute;n sea mejor, a que la otra persona nos parezca m&aacute;s cercana. Y al contrario, cuando vemos una cara de alguien que no se parece a nosotros, o a nuestro grupo, nos genera m&aacute;s distancia y desconfianza. Y eso, se puede&nbsp; volver una profec&iacute;a autocumplida. Si vemos a alguien que nos parece simp&aacute;tico y confiable, lo tratamos de manera m&aacute;s amigable, le hacemos un chiste y nos relajamos, mientras que cuando vemos a alguien diferente, que por falta de costumbre nos genera desconfianza o antipat&iacute;a, lo tratamos as&iacute; y creamos esa distancia en el trato, que refuerza lo que ya cre&iacute;amos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, aunque hay cosas que podemos leer muy bien en pocos segundos, hay otras que no son tan f&aacute;ciles de observar, y corremos el riesgo de quedarnos con lo m&aacute;s sencillo. Y aunque en promedio tendemos a ser bastante buenos en juzgar algunos aspectos muy r&aacute;pido, hay chances de que en casos particulares le erremos por mucho, y esa persona que nos pareci&oacute; genial en la primera cita, graciosa y encantadora, result&oacute; ser fr&iacute;a y egoc&eacute;ntrica despu&eacute;s de quince citas m&aacute;s. <strong>Quince citas de m&aacute;s.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En general, unos pocos segundos nos bastan para tener una idea bastante precisa de alguien. Salvo cuando nos equivocamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/supe-apenas-vi-funciona-primera-impresion_129_9565318.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Sep 2022 04:11:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Psciología Social,Tinder,Primeras impresiones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de la risa enlatada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/defensa-risa-enlatada_129_9269973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a3c50eef-db7d-4b35-b1e8-4d6450f53102_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En defensa de la risa enlatada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la década de 1950 la televisión de los Estados Unidos estrenó las risas impostadas con la idea de orientar a la audiencia en el momento de reírse. Cuando ya parece un truco en extinción Olivia Sohr hace un rescate de la risa enlatada para entender, también, cómo actuamos en grupo y nuestros intentos de pertenecer a distintos colectivos, como el colectivo amplio y difuso de los que se ríen.</p></div><p class="article-text">
        La risa enlatada, esas falsas carcajadas que se escuchan despu&eacute;s de cada chiste en algunas series, apareci&oacute; en la televisi&oacute;n estadounidense en los a&ntilde;os &lsquo;50, como una forma de marcarle a la audiencia cu&aacute;ndo deb&iacute;an re&iacute;rse. Tambi&eacute;n era un momento en el que se pasaba de la experiencia colectiva del cine al consumo solitario en el hogar, y las risas grabadas manten&iacute;an algo de la comuni&oacute;n social. El uso de la risa grabada, y no de la risa espont&aacute;nea que pod&iacute;a venir de la audiencia en vivo, permit&iacute;a conseguir sonidos perfectos, mejor adaptados al consumo televisivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cr&iacute;ticas a la risa enlatada son muchas y aparecieron casi al mismo tiempo que el uso de este recurso en la televisi&oacute;n. Desde considerarlas un <a href="https://javabeanrush.blogspot.com/2015/09/david-niven-is-tcms-star-of-month.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">insulto</a> a la inteligencia de la audiencia hasta algo est&eacute;ticamente desagradable o una vil manipulaci&oacute;n. Pero ahora, que parece destinada a desaparecer, es un buen momento para pensar por qu&eacute; podr&iacute;amos extra&ntilde;arla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por la historia. La intuici&oacute;n de los productores de televisi&oacute;n de los &lsquo;50 -de que las falsas risas pod&iacute;an hacer de los programas algo m&aacute;s disfrutable- fue puesta a prueba muchas veces. &nbsp; En <a href="https://psycnet.apa.org/record/1974-20884-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a>, hecho en 1974, pusieron a diferentes personas en una cabina, con auriculares a escuchar varios chistes. Algunos de ellos muy buenos, seg&uacute;n hab&iacute;a definido un panel de expertos, otros mal&iacute;simos. Y en algunos casos se escuchaban las risas de otros supuestos participantes del estudio, mientras que en otros casos s&oacute;lo escuchaban los chistes, sin interacciones. Y s&iacute;, cuando hab&iacute;a risas que acompa&ntilde;aban, los participantes se re&iacute;an m&aacute;s. Si otros se rien, debe ser gracioso. <strong>Tenemos tantas ganas de encajar con el resto del grupo que nos dejamos guiar por sus reacciones para sentirnos parte.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso no quiere decir que seamos tontos, que no sepamos cu&aacute;ndo algo es gracioso a menos que nos lo muestren. De hecho, <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15006673/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro estudio</a> hecho sobre el tema compar&oacute; dos programas: Seinfeld y Los Simpsons. Mientras en la serie Seinfeld hay risas que gu&iacute;an a la audiencia y se&ntilde;alan los chistes, en Los Simpsons queda librado al televidente definir los momentos de humor. Y los dos son graciosos. O al menos, en el experimento que hicieron un grupo de investigadores -donde escanearon el cerebro de los participantes mientras ve&iacute;an alguno de los dos programas- las mismas partes del cerebro se activaban al ver chistes con o sin risas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero no todas las risas son iguales. </strong>Cuando suena espont&aacute;nea, tiene m&aacute;s efecto que cuando parece enlatada, como probaron en <a href="https://www.bbc.com/news/health-49081471" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a> en el que grabaron chistes con los dos tipos de risas y evaluaron cu&aacute;n graciosos le parec&iacute;an a los participantes. En todos los casos, alg&uacute;n tipo de risa lo hac&iacute;a m&aacute;s divertido, pero la espont&aacute;nea le ganaba a la que sonaba enlatada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, &iquest;por qu&eacute; funciona? Sabemos que la risa es contagiosa, todos pasamos por alg&uacute;n momento de ataques de risa con chistes mal&iacute;simos cuando est&aacute;bamos en alguna charla con amigos. Pero no s&oacute;lo la risa es contagiosa, tambi&eacute;n <a href="https://www.npr.org/transcripts/916997530" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tendemos</a> a re&iacute;rnos m&aacute;s de los chistes cuando conocemos a la persona que los hace y m&aacute;s a&uacute;n si nos cae bien. Eso es parte de nuestras formas de interactuar, de mostrar nuestro agrado, de ser sociables, aunque en general sea inconsciente. Cu&aacute;ndo y cu&aacute;nto nos re&iacute;mos no siempre est&aacute; relacionado con que algo sea realmente gracioso, sino mucho m&aacute;s con nuestro v&iacute;nculo social. Pero eso no explica por qu&eacute; escuchar risas enlatadas nos hace re&iacute;rnos m&aacute;s de chistes hechos por extra&ntilde;os, en un programa de televisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que somos seres muy sociales, m&aacute;s sociales de lo que en general nos damos cuenta. Somos tan sociales que necesitamos sentirnos parte de lo que pasa a nuestro alrededor. Y eso incluye una tendencia a querer re&iacute;rnos cuando el resto se r&iacute;e, incluso cuando sabemos que es falso. Queremos ser parte y eso influye en la forma en la que vemos al mundo, en qu&eacute; pensamos que es gracioso. De hecho nos pasa con cosas mucho m&aacute;s objetivas que lo gracioso de un chiste.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La necesidad de pertenecer, de adaptarnos a lo que piensa el grupo, ha sido muy estudiada. Y <a href="https://psycnet.apa.org/record/1952-00803-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uno de los experimentos</a> que se hicieron fue poner a un participante a definir entre varias l&iacute;neas, cu&aacute;les eran iguales, algo que se pod&iacute;a ver f&aacute;cilmente y cuando estaban solos respond&iacute;an de manera correcta. Pero cuando la persona estaba entre un grupo de actores que se&ntilde;alaba como igual una l&iacute;nea claramente incorrecta, una proporci&oacute;n importante de personas terminaba opinando como el resto, aunque sus ojos le estuvieran diciendo lo contrario. Queremos pertenecer. Suponemos que el resto sabe algo que nosotros no y no queremos desentonar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si las ganas de encajar en un grupo -aunque sea de desconocidos- puede llevarnos a distorsionar el tama&ntilde;o de las l&iacute;neas que vemos, no es tan raro, que cuando escuchamos a otros reirse, las cosas nos tiendan a parecer m&aacute;s graciosas. Y es cierto que agregar falsas risas a un chiste para hacernos re&iacute;r m&aacute;s es un peque&ntilde;o acto de manipulaci&oacute;n. Est&aacute;n usando un truco, se aprovechan de nuestra necesidad de pertenecer para vendernos como mejor un chiste. Es &eacute;ticamente condenable. Pero el resultado que logran es que nos riamos un poco m&aacute;s, que un chiste mediocre nos saque un cuarto m&aacute;s de sonrisa. Es u<strong>na manipulaci&oacute;n que puede hacer que las cosas nos parezcan m&aacute;s graciosas. </strong>Y cuando ya no est&eacute;, quiz&aacute;s la tele sea un poco menos graciosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/defensa-risa-enlatada_129_9269973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Aug 2022 03:30:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En defensa de la risa enlatada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Televisión,Humor,Psciología Social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No sos tan importante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-sos-importante_129_9242185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91ccfb6b-ed98-4f5d-b163-4a565ce8c596_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No sos tan importante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobrestimamos la importancia que los otros nos dan, creemos que somos memorables por cosas inteligente que creemos haber dicho y, en realidad, nadie nos presta demasiada atención, sostiene la autora.</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me despert&eacute; con el ojo hinchado, ten&iacute;a un orzuelo enorme que sent&iacute;a que me deformaba la cara. Estaba en el colegio y prob&eacute; todas las formas posibles de escaparle a las clases. Sent&iacute;a que mi ojo iba a marcarme de por vida. Pero no. <strong>No pas&oacute; absolutamente nada: </strong>nadie se dio cuenta. Pasaban las horas, iba de clase en clase y nadie me dec&iacute;a nada. Resulta que la gente no est&aacute; tan pendiente de uno como yo pensaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La adolescencia pas&oacute;, pero esa sensaci&oacute;n de que todos se van a dar cuenta de que hay algo raro -un mal corte de pelo, una mancha en la ropa- a veces vuelve. En ciertas situaciones, pensamos que el resto nos presta mucha m&aacute;s atenci&oacute;n de la que realmente nos dedica. Esa sensaci&oacute;n se llama el &ldquo;efecto reflector&rdquo; (<em>spotlight effect</em>), sentimos que vamos por la vida con una luz gigante que nos est&aacute; iluminando y que el mundo registra lo que hacemos. En realidad, no hay ninguna luz y cada uno est&aacute; m&aacute;s pendiente de lo suyo. Es muy probable que lo que para nosotros fue un papel&oacute;n, el resto ni siquiera lo haya visto o ya lo haya olvidado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los psic&oacute;logos que <a href="https://www.researchgate.net/publication/12609065_The_Spotlight_Effect_in_Social_Judgment_An_Egocentric_Bias_in_Estimates_of_the_Salience_of_One%27s_Own_Actions_and_Appearance" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desarrollaron</a> este concepto -Thomas Gilovich, Kenneth Savitsky y Victoria Husted Medvec- lo probaron de varias maneras. Una fue pedirle a una persona que entrara a una sala usando una remera con la cara de alguien que le diera verg&uuml;enza. El ejemplo es de los Estados Unidos en 2000, cuando se hizo el estudio, era Barry Manilow, un m&uacute;sico no muy popular entre los j&oacute;venes en ese momento. Hoy, en Argentina, podr&iacute;amos pensarlo con una remera de, por ejemplo, Ricardo Arjona. Despu&eacute;s le pidieron al desafortunado que estimase lo siguiente: &iquest;cu&aacute;ntas de las personas que estaban en la sala se dieron cuenta de la cara que ten&iacute;an la remera? El que la ten&iacute;a puesta calculaba que la mitad de los que lo hab&iacute;an visto se hab&iacute;a dado cuenta. En realidad, era m&aacute;s cercano a un cuarto de las personas. <strong>Sobreestiamos la atenci&oacute;n que el mundo nos da.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y esto no se limita solo a las cuestiones f&iacute;sicas, visibles. Tendemos a pensar que nuestras genialidades son m&aacute;s apreciadas de lo que realmente son. &iquest;Nunca repetiste un chiste porque no pod&eacute;s creer que el grupo no se haya re&iacute;do, que seguro es porque no lo escucharon? <strong>Nuestras metidas de pata dejan huellas m&aacute;s profundas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En otro estudio, los investigadores pusieron a grupos de personas a discutir sobre un tema -vinculado a la discriminaci&oacute;n urbana- en el que ten&iacute;an que llegar a una propuesta en la que todos estuvieran de acuerdo. Despu&eacute;s le ped&iacute;an a cada uno que evaluara su aporte personal en la discusi&oacute;n, y el de los otros. Y s&iacute;, tend&iacute;an a creer que hab&iacute;an hecho aportes m&aacute;s significativos que los que el resto identificaba, y tambi&eacute;n que hab&iacute;an ofendido m&aacute;s. Estas percepciones ten&iacute;an alguna relaci&oacute;n con lo que otros vieron, el que pens&oacute; que hab&iacute;a ofendido mucho, hab&iacute;a ofendido un poco, solo que no tanto como se imagin&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es que estamos totalmente perdidos con lo que percibimos, es solo que creemos que tenemos m&aacute;s efecto del que realmente tenemos. Nosotros somos el centro de nuestro mundo, y a veces se nos olvida que no somos el del resto. Y est&aacute; tendencia a centrarnos demasiado en nuestra propia experiencia, y no pensar lo suficiente en c&oacute;mo lo est&aacute;n viendo otros, es parte de nuestros sesgos egoc&eacute;ntricos. Creemos que nuestra perspectiva es m&aacute;s compartida de lo que realmente es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para abstraerse un poco a veces puede ser &uacute;til pensar c&oacute;mo vemos nosotros al resto. &iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que te diste cuenta de que alguien ten&iacute;a una remera manchada, cu&aacute;nto te import&oacute; realmente la metida de pata de ese conocido? Si imaginamos c&oacute;mo ver&iacute;amos nosotros a otra persona que est&aacute; en nuestro lugar, probablemente nos dar&iacute;amos cuenta de que lo que hicimos no es tan grave -o tan gracioso-.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un <a href="https://www.semanticscholar.org/paper/Do-others-judge-us-as-harshly-as-we-think-the-of-Savitsky-Epley/63f51489ae343f6615686489166714766b1fdea8?p2df" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> hecho justamente en esta l&iacute;nea le pidi&oacute; a un grupo de personas que imaginaran c&oacute;mo se sentir&iacute;an si fuesen a una fiesta en la que son los &uacute;nicos que no llevaron nada. La respuesta: muy mal. Y despu&eacute;s les preguntaron a las mismas personas qu&eacute; pensar&iacute;an de una persona que viene a una fiesta que organizaron y no trae nada. La respuesta: no tan grave. Cuando se trata de nosotros pensamos que todo es m&aacute;s importante, m&aacute;s central, que todos se dieron cuenta y quiz&aacute;s hasta est&aacute;n hablando sobre eso. En realidad, muchas veces nadie se da cuenta, como no nos damos cuenta tanto nosotros de lo que otros hacen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vivir tan centrados en nosotros mismos puede hacer que hagamos -o dejemos de hacer algo- por miedo de lo que van a pensar algunos desconocidos que nos pueden ver. </strong>Pero lo m&aacute;s probable, es que la mayor&iacute;a ni lo registre. No somos tan importantes
    </p><p class="article-text">
        OS
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-sos-importante_129_9242185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Aug 2022 04:46:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No sos tan importante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psciología Social,Narcisismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestros 1001 arrepentimientos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/1001-arrepentimientos_129_9209742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec2f55e2-4a17-410b-bc28-46a1c4e7d59e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestros 1001 arrepentimientos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sensación de habernos equivocado, de haber tomado la opción incorrecta nos va a perseguir toda la vida, pero lo más probable es que no nos persiga tanto, sostiene la autora. Los arrepentimientos amorosos y el hombre que lleva 43 años reprochándose haber hecho bullying juvenil.</p></div><p class="article-text">
        Todos tenemos cosas de las que nos arrepentimos. Una relaci&oacute;n que tendr&iacute;amos que haber terminado antes, otra que quiz&aacute;s no tendr&iacute;amos que haber terminado y otra que ni siquiera deber&iacute;amos haber empezado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una carrera so&ntilde;ada que no seguimos por miedo a no tener trabajo despu&eacute;s, haber renunciado a un trabajo que no estaba tan mal o un viaje con amigos que no hicimos porque pensamos m&aacute;s en los problemas que en la oportunidad. Siempre que se toma una decisi&oacute;n, hay una posibilidad de arrepentirse despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que tomamos cientos de decisiones todo el tiempo, y guiarse por el arrepentimiento puede ser complicado, especialmente porque al anticiparnos al posible arrepentimiento estamos proyectando c&oacute;mo nos vamos a sentir en el futuro, y eso es algo en lo que somos especialmente malos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si te preguntara cu&aacute;nto te va a afectar terminar una relaci&oacute;n amorosa en la que est&aacute;s, probablemente dir&iacute;as que te dejar&iacute;a devastado por todos los tiempos. <strong>Pero la evidencia muestra que, en general, nos reponemos mucho m&aacute;s r&aacute;pido de lo que creemos.</strong> <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Un estudio</a> hecho por un grupo de psic&oacute;logos mostr&oacute; justamente que tendemos a pensar que los efectos negativos de algo (los positivos tambi&eacute;n, por lo dem&aacute;s) van a durar mucho m&aacute;s de lo que realmente duran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para investigarlo, tomaron a un grupo de 500 personas y les preguntaron si estaban o no en una relaci&oacute;n amorosa, o si hab&iacute;an salido de una recientemente, y analizaron los niveles de felicidad que se reportaban. &iquest;Qu&eacute; encontraron? Quienes estaban en pareja cre&iacute;an que sus niveles de felicidad bajar&iacute;an significativamente en los meses despu&eacute;s de terminar, pero quienes hab&iacute;an terminado hace algunos meses no mostraban esa baja. Lo mismo vieron cuando analizaron las reacciones de personas que perd&iacute;an una oportunidad laboral -como un ascenso- o cuando perd&iacute;a el candidato que apoyaban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creemos que no, pero somos bastante buenos justificando lo que nos pasa y adapt&aacute;ndonos a las nuevas situaciones. Le explicamos al resto del mundo qu&eacute; pas&oacute; y por qu&eacute;, y, sobre todo, nos lo explicamos a nosotros mismos. Y seguimos adelante. Si lo dud&aacute;s, pens&aacute; qu&eacute; ser&iacute;a lo peor que te podr&iacute;an pasar si fueses m&uacute;sico. &iquest;Que te echen de los Beatles justo antes de que despeguen a la fama, como le pas&oacute; a su baterista, Pete Best, que fue reemplazado en 1962 por Ringo Starr? Despu&eacute;s de <a href="https://www.independent.ie/entertainment/music/there-was-a-bit-of-heartbreak-because-of-what-could-have-been-pete-best-on-being-sacked-from-the-beatles-36805427.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tocar fondo</a>, repite en <a href="https://www.dailymail.co.uk/tvshowbiz/article-447201/Pete-Best-The-happiest-Beatle-all.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">todas</a> las entrevistas que es feliz. <strong>Muy feliz.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; pasa tambi&eacute;n con el arrepentimiento. Pensamos que la sensaci&oacute;n de habernos equivocado, de haber tomado la opci&oacute;n incorrecta nos va a perseguir toda la vida. Pero lo m&aacute;s probable es que no nos persiga tanto. Y sin embargo, la idea de que podr&iacute;a pasar nos afecta cuando tomamos decisiones. Tanto que en muchos casos estamos dispuestos a renunciar a algo ahora por pensar que quiz&aacute;s, tal vez, si no, podr&iacute;amos arrepentirnos alg&uacute;n d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo muestra <a href="https://pure.uvt.nl/ws/portalfiles/portal/1306431/SocPsy_Ven_Regret_JoEP_2011.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a>&nbsp; en el que le dieron a un grupo de personas un boleto para un sorteo. A la mitad se lo dieron en un sobre cerrado -no sab&iacute;an qu&eacute; boleto les hab&iacute;a tocado-, la otra mitad lo recibi&oacute; sin sobre, pod&iacute;an ver su n&uacute;mero. A todos les ofrecieron un regalo por cambiar ese ticket. Un regalo seguro, que se llevaban en ese momento, por intercambiar un ticket por otro, y mantener las mismas probabilidades de ganar. Los que ten&iacute;an el sobre sellado, en ignorancia total de cu&aacute;l era el n&uacute;mero y por lo tanto con cero posibilidad de arrepentirse, aceptaban mucho m&aacute;s que los que ya lo hab&iacute;an visto. El miedo a que saliera ese n&uacute;mero despu&eacute;s y arrepentirse por haberlo cambiado pesa m&aacute;s que la posibilidad de ganar algo seguro en el momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tendemos a pensar que despu&eacute;s nos vamos a arrepentir mucho m&aacute;s de lo que realmente nos arrepentimos. Pens&aacute; en las veces que dudabas si comprarte algo o no, y lo que termin&oacute; de decidirte fue saber que, cualquier cosa, lo pod&iacute;as cambiar despu&eacute;s. No te ibas a tener que arrepentir, porque la decisi&oacute;n se pod&iacute;a cambiar. Ahora pens&aacute; cu&aacute;ntas veces realmente lo cambiaste. Queremos la oportunidad de poder arrepentirnos, aunque no la usemos.
    </p><p class="article-text">
        Es tan com&uacute;n este sesgo, de tomar decisiones basadas en el miedo a arrepentirnos que hasta tiene nombre: aversi&oacute;n al arrepentimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero que sobrestimemos el arrepentimiento que vamos a sentir no quiere decir que no nos lamentemos de cosas que hicimos -o no hicimos-. Tanto es as&iacute; que el escritor Daniel Pink recopil&oacute; m&aacute;s de 19 mil testimonios de arrepentimientos alrededor del mundo, en una <a href="https://worldregretsurvey.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mega base de lamentos</a> para su libro <a href="https://www.amazon.es/El-poder-del-arrepentimiento-avanzar/dp/8413441900" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El poder del arrepentimiento</a>. Entre ellos, hay algunos argentinos, una que se arrepiente de haberle dicho que no a alguien que quer&iacute;a salir con ella, otro de no haber viajado m&aacute;s. Entre los casos que desarrolla en su libro, sobresale <strong>un tipo de 43 a&ntilde;os que hasta hoy se arrepiente de haberle hecho bullying a sus compa&ntilde;eros en el colegio. </strong>D&eacute;cadas despu&eacute;s, el arrepentimiento a veces sigue.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; nos pesa m&aacute;s, lo que hicimos o lo que no hicimos? La respuesta, como tantas veces, depende. Depende de cu&aacute;nto tiempo pas&oacute;. Cuando acabamos de decir una estupidez, nos arrepentimos mucho de eso, de lo que hicimos reci&eacute;n. Metimos la pata y lo tenemos presente. Pero a medida que pasa el tiempo, es m&aacute;s probable que nos arrepintamos de cosas que no hicimos. Y entre los arrepentimientos m&aacute;s comunes est&aacute;n las decisiones educativas, como no haber terminado una carrera universitaria, o no pasar m&aacute;s tiempo con la familia y los amigos. As&iacute; lo muestra <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/7740094/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a> que revis&oacute; una serie de encuestas y evidencia sobre el tema.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El arrepentimiento puede ser &uacute;til, y adelantarnos a &eacute;l puede ayudar a pensar c&oacute;mo nos vamos a sentir en el futuro con nuestras decisiones. Nos puede hacer m&aacute;s responsables -no tomarnos ese trago de m&aacute;s porque ma&ntilde;ana lo vamos a sufrir- o empujarnos a tomar el riesgo que necesitamos tomar en ese momento -&iexcl;me tiro ahora en paraca&iacute;das porque sino cuando lo voy a hacer!-. Pero pasar la vida pensando que todo lo que hagamos (o no hagamos) nos va a traer arrepentimientos eternos puede ser agotador y no es una garant&iacute;a de mejores decisiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/1001-arrepentimientos_129_9209742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Jul 2022 03:57:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nuestros 1001 arrepentimientos]]></media:title>
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