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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - David Cronemberg]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - David Cronemberg]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una historia violenta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-violenta_129_9211013.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ef7c4a6-5f29-44b2-8fc3-23451dd0a070_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una historia violenta"></p><p class="article-text">
        <strong>Detr&aacute;s de m&iacute;, en un bar, unos hombres charlan. Escucho sus voces, no los veo. Uno de ellos dice: &ldquo;Cuando era joven, entre la ma&ntilde;ana y la noche pod&iacute;an pasar varios meses. Ahora la noche llega enseguida&rdquo;.</strong> Me giro para mirarlos. Son cincuentones. Pienso en las muchas vidas que uno puede tener a lo largo de una vida, en las muchas personas que somos a lo largo de un d&iacute;a. Hay un poema de William Butler Yeats que siempre me fascin&oacute;. Se llama <em>Vacilaci&oacute;n</em> y Yeats ya se hab&iacute;a encontrado con Pound y hab&iacute;a archivado toda la ret&oacute;rica anterior de yelmos y espadas de su poes&iacute;a pre-poundiana. Encontrarse con Ezra debe haber sido un acontecimiento para&nbsp;muchos. El poema dice as&iacute;: &ldquo;Mis cincuenta a&ntilde;os llegaron y pasaron/ me sent&eacute; solitario/ en un abarrotado bar de Londres/ con un libro abierto y una taza vac&iacute;a/ sobre la mesa de m&aacute;rmol./ Y entonces, mientras contemplaba el bar y la calle/ una s&uacute;bita llamarada inund&oacute; mi cuerpo/ y por unos veinte minutos cre&iacute;,/ tan grande era mi felicidad,/ que estaba bendito y pude bendecir&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lacan dice que nos despertamos de los sue&ntilde;os para huir de Lo Real de nuestros deseos. A veces pasa que, en la vida cotidiana, estamos enojados con alguien, pero en nuestros sue&ntilde;o lo queremos. El Partido Obrero est&aacute; m&aacute;s cerca de la verdad emp&iacute;rica que el psicoan&aacute;lisis: sabemos que existen los obreros, pero sobre el Inconsciente hay s&oacute;lo ciertas f&aacute;bulas, ninguna matem&aacute;tica que lo reafirme. Nadie ha visto al Inconsciente en el afuera. Sin embargo, podemos sentir que es un productor est&eacute;tico muy potente. Que su magia est&aacute; en el coraz&oacute;n de las mejores poes&iacute;as, de las grandes pel&iacute;culas, de nuestras hermosas canciones. 
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, en el subte, un amigo sali&oacute; de mi infancia y me cort&oacute; el paso. &iquest;Cuanto tiempo hab&iacute;a pasado? Nos abrazamos. Me dijo que, pensando en el tramo de vida que &eacute;l recordaba de m&iacute;, hubiera pensando que ya estar&iacute;a muerto. Y que le agradaba verme t&aacute;n bien. Record&eacute; esa &eacute;poca: yo hab&iacute;a vuelto de un viaje por el Amazonas, me hab&iacute;a, de alguna manera, vuelto medio salvaje, tomaba un &aacute;cido por d&iacute;a, era n&oacute;made, paraba de casa en casa de amigos, ten&iacute;a una urgencia por encontrar algo pero no sab&iacute;a qu&eacute;. Mi amigo no pod&iacute;a encontrar a su amigo de juventud en el hombre del subte. 
    </p><p class="article-text">
        Y como si hubiera un guionista detr&aacute;s de todo, esa noche con Victoria vimos <em>Una historia violenta</em> de David Cronemberg. Yo ya la hab&iacute;a visto hace mucho. Y me hab&iacute;a gustado. Pero esta vez, en la repetici&oacute;n, me pareci&oacute; una obra maestra. Antes de empezar a verla, Victoria me pregunt&oacute;: &iquest;Che, no muere ning&uacute;n ni&ntilde;o en la pel&iacute;cula, no? Le dije que mor&iacute;a gente, pero ning&uacute;n ni&ntilde;o. Y enseguida, ni bien empieza, uno de los matones mata a una nena. El asesinato est&aacute; sugerido. La nenita muere fuera de c&aacute;mara. Y est&aacute; puesto ah&iacute; para que sepamos que a estos dos tipos que salen de un motel, no les importa nada. Y para que tengamos en cuenta que esos dos tipos andan sueltos, a veces, en medio de nuestra vida cotidiana. Pero creo que muestra algo m&aacute;s esa escena: dice que esa violencia total est&aacute; en nosotros, que para que tengamos cable, reuniones familiares, busquemos a los chicos del colegio, para que el sistema se sostenga y no colapse en su normalidad, hay muchas personas que mueren y nosotros ejercemos la violencia de la indiferencia. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">También podemos pensar que el mal, el lado oscuro de la sociedad civilizada, se ve perturbado por la presencia de esa vida tranquila, de la vida privada.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula, en apariencia, es sencilla. Podr&iacute;amos hacer la prueba de cont&aacute;rsela a alguien por tel&eacute;fono: En un pueblo de los Estados Unidos vive Tom Stall con su familia. Es un padre modelo y su familia tambi&eacute;n: hijo, hija, una mujer bella y activa. El regentea una peque&ntilde;a cafeter&iacute;a. A esa cafeter&iacute;a entran una noche los dos tipos que encarnan el mal y que vimos hacer un desastre ni bien empez&oacute; el film y se enfrentan a Stall. Inesperadamente, el hombre tranquilo del pueblo se convierte en un ninja y los mata a los dos. Sale en las noticias como un h&eacute;roe nacional y eso va a ser su perdici&oacute;n. Porque algo de su vida pasada lo va a venir a buscar. En el otro lado del sue&ntilde;o americano est&aacute; su hermano Ritchie, un mafioso que lo quiere de vuelta para que pague por lo que &eacute;l tuvo que hacer para cubrirlo cuando ten&iacute;a otra vida y lo llamaban el loco Joey. Stall no se llama Stall, sino Joey Cusak. Cuando en el tramo final de la pel&iacute;cula Joey se encuentra con su hermano para la batalla final, el hermano le pregunta c&oacute;mo es ser un padre de familia tipo, tener una mujer, hijos, c&oacute;mo es vivir ese tipo de vida anodina. Y Joey le dice: Est&aacute; bien, se siente bien. Vine para arreglar las cosas. Pero eso, presentimos, es imposible. 
    </p><p class="article-text">
        No hay posibilidad de perd&oacute;n porque, de alguna manera, si bien podemos leer <em>Una historia violenta</em> como el mal rodeando -y estando dentro, encarnado en Joey- a nuestra vida cotidiana, tambi&eacute;n podemos pensar que el mal, el lado oscuro de la sociedad civilizada, se ve perturbado por la presencia de esa vida tranquila, de la vida privada, sin demasiada &eacute;pica m&aacute;s all&aacute; de ir al cine, juntarse a la noche para cenar o caminar de la mano por el parque. Es decir que para Ritchie, el hermano mafioso, la pesadilla es Tom Stall. Por eso antes de que ordene la muerte del hermano -como hace Michael Corleone cuando abraza a Freddo en el velatorio de su madre y mira a su guardaespaldas marc&aacute;ndolo- , &eacute;ste le pregunta: &ldquo;&iquest;Cuando so&ntilde;&aacute;s, so&ntilde;&aacute;s que sos Joey?&rdquo;. Eso es lo &uacute;nico que le importa saber.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-violenta_129_9211013.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Jul 2022 03:55:26 +0000]]></pubDate>
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