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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Paul Krugman]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/paul-krugman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Paul Krugman]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La importancia de reconocer errores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/importancia-reconocer-errores_129_9221827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0d7deb5-1a02-4524-9750-5677b5e6d28d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La importancia de reconocer errores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito de un interesante experimento de The New York Times que involucra al economista Paul Krugman: la invitación a reconocer errores es una poderosa herramienta retórica que tiende a matizar las posiciones más extremas del interlocutor de turno y promueve una deliberación racional.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco <em>The New York Times</em> llev&oacute; a cabo a cabo un experimento de honestidad brutal con algunos de sus columnistas. Espec&iacute;ficamente, <strong>les pidi&oacute; que reconocieran en qu&eacute; afirmaci&oacute;n, pron&oacute;stico o postura se hab&iacute;an equivocado, y por qu&eacute;</strong>. No solo eso, los convid&oacute; a escribir una columna sobre ello. El resultado fue extraordinario, y quisiera repasar aqu&iacute; algunos de los casos m&aacute;s interesantes.
    </p><p class="article-text">
        Primero, un periodista del diario llamado Farad Manjoo confes&oacute; su desafortunado entusiasmo a principios de 2009, cuando no solo celebr&oacute; el nacimiento y consolidaci&oacute;n de <em>Facebook</em>, sino que adem&aacute;s recomend&oacute; a todo el mundo que se uniera esta red social. En el presente Manjoo no solo se arrepiente de su consejo, sino que <strong>directamente afirma que internet y quiz&aacute;s el mundo ser&iacute;an mejores lugares</strong> <strong>si este monstruo de la industria de la comunicaci&oacute;n social jam&aacute;s hubiera aparecido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Otro caso emblem&aacute;tico fue el de David Brooks, periodista del diario y tambi&eacute;n del <em>Wall Street Journal</em>. Antiguamente este autor era un defensor a ultranza de la revoluci&oacute;n conservadora liderada a principios de los 80s por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. En aquel entonces Brooks se mont&oacute; a las ideas emprendedoras e innovativas que parec&iacute;a prometer Silicon Valley, y que &eacute;l vinculaba con los resultados m&aacute;s fascinantes del libre mercado. A principios de los noventa viaj&oacute; a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica (luego Rusia) y se maravill&oacute; con los planes de privatizaci&oacute;n de un socialismo en retirada. Pero hacia 2003 Brooks <strong>empez&oacute; a notar que la m&aacute;quina del capitalismo posindustrial, a&uacute;n con su dinamismo sin igual, ten&iacute;a defectos fundamentales</strong>. Not&oacute; que los estadounidenses con los niveles m&aacute;s altos de educaci&oacute;n acumulaban m&aacute;s y m&aacute;s riqueza y colmaban a sus hijos de ventajas, sembrando una especie de sistema de castas. Empez&oacute; a escribir columnas sobre la desigualdad, pero sus amigos economistas de derecha no ten&iacute;an mucho para decir sobre ella. Para cuando se desat&oacute; la crisis financiera, los defectos del capitalismo moderno le resultaron m&aacute;s y m&aacute;s evidentes, <strong>y no tard&oacute; en apoyar pol&iacute;ticas de intervenci&oacute;n m&aacute;s decididas,</strong> como la que propici&oacute; Obama para contrarrestar la crisis de 2007-2009.
    </p><p class="article-text">
        El caso m&aacute;s interesante, por su protagonismo acad&eacute;mico y medi&aacute;tico, fue el de Paul Krugman. A principios de 2021 el economista se vio envuelto en un intenso debate sobre las posibles consecuencias del Plan de Rescate Estadounidense por 1,9 mil millones de d&oacute;lares llevado adelante para compensar los efectos de la pandemia sobre los ingresos de los ciudadanos. Un grupo advirti&oacute; que el paquete ser&iacute;a peligrosamente inflacionario pero otros especialistas, entre los que se contaba Krugman, estaban bastante tranquilos. 
    </p><p class="article-text">
        Krugman <strong>reconoci&oacute; recientemente esta fue una mala apreciaci&oacute;n</strong>. Su hip&oacute;tesis era que el plan generar&iacute;a un aumento mucho menor en el PIB de lo que suger&iacute;an las estimaciones, y de lo que fue la cifra final. De hecho, se ha acumulado evidencia de que muchos estadounidenses destinaron su cheque de ayuda a ahorrar o a repagar deudas, y no tanto a consumir (Nota <em>nerd</em> 1: este es un resultado consistente con la teor&iacute;a tradicional de que un individuo racional <strong>ahorrar&aacute;</strong> la mayor parte de sus ingresos <strong>transitorios</strong>). 
    </p><p class="article-text">
        Lo extra&ntilde;o de todo esto, cuenta Krugman, es que pese a que el impacto del plan de rescate sobre el gasto fue relativamente bajo, la inflaci&oacute;n haya sido tan alta. De hecho, el argumento del Equipo Alarmado era que tanto la expansi&oacute;n fiscal como la monetaria deber&iacute;an haber generado una demanda excesiva que, imposibilitada de ajustar suficientemente con mayor producci&oacute;n, terminar&iacute;a afectando al alza los precios. En otras palabras, Krugman reconoce que perdi&oacute;, pero tambi&eacute;n que sus adversarios no ganaron, o al menos que no lo merec&iacute;an de acuerdo a la justificaci&oacute;n te&oacute;rica que delinearon en aquel momento.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el economista, <strong>gran parte del aumento de la inflaci&oacute;n reciente parece reflejar las vicisitudes de la pandemia.</strong> Su hip&oacute;tesis (actualizada) es que el miedo a la infecci&oacute;n y las disrupciones permanentes en la oferta durante la pandemia provocaron alteraciones importantes en la combinaci&oacute;n de gastos de la gente, <strong>que consumi&oacute; menos servicios (turismo, restaurantes y espect&aacute;culos no estaban disponibles) y&nbsp;m&aacute;s bienes</strong>, lo que provoc&oacute; una escasez de contenedores de transporte, sobrecarg&oacute; la capacidad portuaria, y provoc&oacute; cuellos de botella en esa parte de la oferta productiva. Sin dudas, el <em>shock</em> de la invasi&oacute;n rusa a Ucrania result&oacute; en un impacto adicional a este efecto, debido al alza significativa del precio de las <em>commodities</em> (Nota <em>nerd</em> 2: si Krugman tiene raz&oacute;n, debemos asignar causas <strong>reales</strong> a la inflaci&oacute;n reciente, contrastando con la visi&oacute;n de Milton Friedman, para quien la inflaci&oacute;n es en todo tiempo y lugar un fen&oacute;meno <strong>monetario</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante de todo esto es que si bien al principio la inflaci&oacute;n se limit&oacute; en buena medida a una parte relativamente peque&ntilde;a de la econom&iacute;a, <strong>ahora se ha extendido</strong>. Y no s&oacute;lo eso, tambi&eacute;n se ha dilatado en el tiempo, dando lugar a la aparici&oacute;n de cierta <strong>inercia</strong>. Lo que les est&aacute; pasando a muchos pa&iacute;ses en el mundo es que est&aacute;n redescubriendo una anomal&iacute;a que hace rato hab&iacute;a desaparecido de los libros de econom&iacute;a. Anomal&iacute;a que viene adem&aacute;s con muchos condimentos &ldquo;heterodoxos&rdquo; o &ldquo;estructurales&rdquo; a los que la econom&iacute;a argentina nos tiene acostumbrados. Hoy los diarios se han puesto a discutir sobre si existe o no una Curva de Phillips (la presunta relaci&oacute;n negativa entre inflaci&oacute;n y desempleo), y cu&aacute;l es su forma actual, siendo que durante varias d&eacute;cadas hab&iacute;a desaparecido por completo del radar del economista. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de cada caso puntual, resulta interesante el ejercicio del <em>New York Times</em> de proponer a sus columnistas que hagan un reconocimiento de sus errores de discernimiento. En el caso de Krugman, esta intervenci&oacute;n <strong>result&oacute; en una lecci&oacute;n de humildad para su enfoque</strong>. Si bien su perspectiva anal&iacute;tica parece haber funcionado despu&eacute;s de la crisis de 2008, el nuevo mundo moldeado por la pandemia volvi&oacute; poco confiable la extrapolaci&oacute;n, y all&iacute; fue donde fall&oacute;. Y convengamos que no es com&uacute;n que un periodista afirme en p&uacute;blico que se equivoc&oacute;, &iexcl;y mucho menos un economista!
    </p><p class="article-text">
        Me atrevo a afirmar (y espero no arrepentirme en el futuro) que es posible que el debate p&uacute;blico se vea sensiblemente enriquecido si esta pr&aacute;ctica se institucionaliza, especialmente en Argentina. Desde el punto de vista de la psicolog&iacute;a individual, la invitaci&oacute;n a reconocer errores es una <strong>poderosa herramienta ret&oacute;rica</strong> que tiende a matizar las posiciones m&aacute;s extremas del interlocutor de turno. Desde el punto de vista de la reflexi&oacute;n personal tambi&eacute;n es &uacute;til, ya que permite recapacitar sobre pensamientos y conclusiones apresurados. Y quiz&aacute;s lo m&aacute;s importante, desde el punto de vista de la cohesi&oacute;n social, promueve una deliberaci&oacute;n m&aacute;s emp&aacute;tica y racional.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Aug 2022 10:45:07 +0000]]></pubDate>
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