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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Alfonso]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Alfonso]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mariana Alfonso, la surfista de Malibu]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mariana-alfonso-surfista-malibu_129_9228737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mariana Alfonso es la ciudadana que perdió el Plan Potenciar Trabajo que recibía del gobierno después de la viralización  del video en la que decía que no trabajaba. Sus puños llenos de verdades, sostiene la autora, parecen ser una afrenta que nadie —ni la sociedad ni el Estado— está dispuesto a tolerar.</p></div><p class="article-text">
        Cuando era chica so&ntilde;aba con trabajar. Todos los chicos, o casi todos, juegan a trabajar, a ser bomberos, kioskeros, maestras o secretarias, pero yo recuerdo perfectamente el deseo abstracto de trabajar. La vida familiar me cuesta desde siempre, y en la &eacute;poca y en el mundo en el que yo viv&iacute;a parec&iacute;a que el trabajo era un lugar m&aacute;gico y misterioso en el que se te permit&iacute;a estar por horas alejado de tu casa y &mdash;en un mundo sin smartphones&mdash; m&aacute;s o menos incomunicado. Todav&iacute;a lo creo en alg&uacute;n sentido: trabajar es la forma m&aacute;s aceptada en nuestras sociedades de pasar mucho tiempo sola. Tambi&eacute;n entend&iacute;, a eso de los nueve o diez a&ntilde;os, que las personas que trabajaban y ganaban su dinero pod&iacute;an decidir d&oacute;nde vivir y con qui&eacute;n, si mirar tele a la noche, si pedir pizza o cocinar, si hablar con alguien o no hablar con nadie, si quedarse en casa todo el d&iacute;a o salir a pasear para &ldquo;aprovechar el d&iacute;a&rdquo;. Quienes no trabajaban &mdash;y ac&aacute; pensaba en los chicos como yo, pero creo que sobre todo en las mujeres, en las madres de muchos de mis amigos&mdash; ten&iacute;an que resignarse a vivir con gente, hablar con gente, les gustara m&aacute;s o les gustara menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algo de esa &eacute;tica no me ha abandonado nunca; y sin embargo, ya en el colegio me di cuenta de que estar en un lugar al que no se le encuentra el sentido haciendo algo a lo que no se le encuentra el sentido era desolador, que tener que pedir permiso para ir al ba&ntilde;o como en el colegio o para ir al m&eacute;dico como en la oficina me resultaba insoportable (sin que haga falta siquiera mencionar el nivel de privilegio que me permiti&oacute; en general tener trabajos que muchas veces me aburr&iacute;an pero de ninguna manera me violentaban). Leyendo <em><strong>Not Working. Why we have to stop </strong></em>del psicoanalista <strong>Josh Cohen</strong> me sent&iacute; identificada con la infancia que &eacute;l relata, la de mirar por la ventana mientras los profesores explicaban cosas. En el ILSE no hab&iacute;a ventanas, pero entiendo perfectamente a lo que se refiere: pensar en nada o en cualquier cosa, sin tener en mente convertir esos pensamientos en una obra m&aacute;s adelante, sin el horizonte de hacerlos nada m&aacute;s permanente ni m&aacute;s &uacute;til que esos dibujitos en el aire que eran, se me hac&iacute;a lo m&aacute;s vivo e interesante del mundo. En los a&ntilde;os siguientes me dediqu&eacute; a intentar convertir todo eso en <em>algo productivo</em>. Tuve la escas&iacute;sima suerte de que me saliera bien y aqu&iacute; estoy, sentada en el piso caliente del ba&ntilde;o principal de mi propia casa un s&aacute;bado a la tarde, trabajando de escribir esas cosas que pienso cuando alguien me est&aacute; hablando y parece que escucho pero en realidad no, no escucho. Es una suerte inmensa y sin embargo est&aacute; claro que hay algo que se pierde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento de la carrera escuch&eacute; por primera vez sobre el concepto de ingreso b&aacute;sico universal, en la versi&oacute;n en la que lo propon&iacute;a el fil&oacute;sofo <strong>Philippe Van Parijs</strong>. De la renta universal se habla mucho, pero creo que se conoce menos la figura que Van Parijs utilizaba como paradigma, y que est&aacute; en la tapa de su libro <em><strong>Freedom for All</strong></em>: el surfista de Malibu. La idea es sencilla: una persona que no quiere trabajar, que no encontr&oacute; ninguna pasi&oacute;n redituable (lo que le divierte es estar en la playa haciendo surf, y evidentemente no es tan bueno como para lograr que le paguen por eso), &iquest;es menos merecedora de un sustento y de una buena vida que aquella que se interesa por, pongamos, la medicina o la ingenier&iacute;a? No se me ocurr&iacute;a entonces ni se me ocurre hoy ning&uacute;n contraargumento bueno. Y as&iacute; y todo, sigo juzgando a la gente de mi clase social que teniendo todas sus capacidades f&iacute;sicas y mentales plenas no vive de su trabajo, a quienes viven de padres o maridos; sigo pensando que <em>mantenida </em>es un insulto, que es un orgullo no serlo. Leo el sesgo de g&eacute;nero en estos prejuicios que no elijo pero tengo: leo, tambi&eacute;n, un pechito triste y burgu&eacute;s que se infla ante nadie, ante qui&eacute;n, como dir&iacute;a Spinetta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de dedicarme a escribir, la &uacute;nica actividad profesional que yo har&iacute;a aunque nadie me la pagara, tuve muchos de esos trabajos que el antrop&oacute;logo <strong>David Graeber</strong> llam&oacute;<em> bullshit jobs</em>, y que en la peor traducci&oacute;n jam&aacute;s hecha sobre la faz de la Tierra alguien eligi&oacute; llamar &ldquo;trabajos de mierda&rdquo;. Casi nunca juzgo traducciones, pero en este caso el error conceptual es grave: los trabajos de mierda, los trabajos que hace la gente de los sectores bajos y medios bajos (limpiar, servir, atender, cuidar) son trabajos profundamente importantes, que ofrecen servicios concretos. Los <em>bullshit jobs</em> a los que se refiere Graeber los hace la clase media alta, los hacen las chicas como yo: mandar powerpoints a otras personas que reciben powerpoints, organizar reuniones en las que se habla de otras reuniones qu&eacute; hay que organizar, resolver problemas creados por la propia estructura corporativa o burocr&aacute;tica supuestamente pensada para resolver esos problemas. <strong>Los </strong><em><strong>bullshit jobs</strong></em><strong> no son trabajos de mierda: son trabajos de mentira</strong>. A lo que voy: &iquest;qu&eacute; puede tener de digno, en qu&eacute; sentido puede contribuir a una vida buena el cumplimiento de ese deber imaginario como para producirme la satisfacci&oacute;n de estar cumpliendo un rol social verdadero, como para dar por resuelto el problema de qu&eacute; hago en este mundo y qu&eacute; hago con mis d&iacute;as? Un ritual de este tipo solo tiene sentido en una religi&oacute;n, o una secta. Le&iacute; algo parecido a eso en <a href="https://www.theatlantic.com/newsletters/archive/2022/08/older-aging-politicians-athletes-culture/671027/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta nota</a> que me pas&oacute; mi amigo Seba Campanario: en un mundo sin religiones, el trabajo se vuelve eso mismo, una religiosidad, una fe ante la que nos sacrificamos con la esperanza de una redenci&oacute;n o una vida con sentido, de la sensaci&oacute;n de que estamos en este planeta para algo.
    </p><p class="article-text">
        No vi el video de <strong>Mariana Alfonso</strong> &ldquo;la planera viral&rdquo; &mdash;tengo una tara con los virales: no forman parte del amplio conjunto de banalidades que sigo con inter&eacute;s, probablemente porque no me dicen nada sobre m&iacute;&mdash; hasta que le&iacute; la noticia de que el gobierno le hab&iacute;a sacado la asignaci&oacute;n que ten&iacute;a. Me pareci&oacute; incre&iacute;ble: <strong>jam&aacute;s se me hab&iacute;a ocurrido que la pertinencia o no de dar un plan social dependiera de los discursos que el destinatario pudiera elaborar y producir sobre esos planes, que lo que hiciera a una persona merecedora de una cantidad de recursos no fuera alg&uacute;n factor objetivo sino la </strong><em><strong>actitud correcta</strong></em><strong>.</strong> Entiendo que nadie pens&oacute; en todo esto, solo en calmar la ira social que se desat&oacute; y que fue bastante m&aacute;s all&aacute; del microclima tuitero, pero me interesa entender el origen de esa ira. Supongo que a muchas personas, y sobre todo a esas amplias mayor&iacute;as de todas las clases sociales que odian sus trabajos con raz&oacute;n, Mariana Alfonso les recuerda el absurdo de la existencia que es entregar tu tiempo y tu vida a cambio de un rato de tranquilidad desde que lleg&aacute;s a casa a la casi noche hasta que te vas a dormir; un rato de tranquilidad que ni siquiera es tal, encima, en una econom&iacute;a precarizada y destruida que todos los d&iacute;as te obliga a recalcular de qu&eacute; vas a vivir este mes. Me qued&eacute; pensando en algo: todas las veces que convers&eacute; con amigos en la universidad sobre el surfista de Malibu di por hecho, claramente, que &eacute;l nos admirar&iacute;a a los que prefiri&eacute;ramos trabajar para tener un poco m&aacute;s y &ldquo;contribuir a la sociedad&rdquo;, que no nos despreciaba y por eso no necesit&aacute;bamos considerarlo una ofensa a nuestro estilito de vida y nuestras peque&ntilde;eces. Mariana Alfonso, con una vida mucho menos f&aacute;cil de la que tendr&iacute;a el surfista de Van Parijs, una vida que ninguna de las personas que la odia podr&iacute;a envidiar, no nos dio ese gusto. Sus pu&ntilde;os llenos de verdades parecen ser una afrenta que nadie &mdash;ni la sociedad ni el Estado&mdash; est&aacute; dispuesto a tolerar.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mariana-alfonso-surfista-malibu_129_9228737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Aug 2022 03:02:12 +0000]]></pubDate>
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