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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Gusmán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/luis-gusman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Gusmán]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Notas sobre la pretensión de ser]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/atencion-flotante/notas-pretension_132_9236254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/215cbc89-24a6-41a8-8db8-97edfde20c2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas sobre la pretensión de ser"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llegó el newsletter mensual de Alexandra Kohan sobre lecturas posibles a partir de cosas, nimiedades que están dando vueltas en el aire y que en apariencia no tienen ninguna importancia.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ante el lenguaje cualquier sujeto es incierto
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Luis Gusmán</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>I.&nbsp;</strong>Quiz&aacute;s el t&iacute;tulo tendr&iacute;a que ser &ldquo;notas sobre la pretensi&oacute;n&rdquo;. Pero creo que pretender es siempre pretender&nbsp;<em>ser</em>. O en todo caso, no hay ser que no sea un poco pretencioso. Cada vez que apelamos al ser que creemos que somos, se puede advertir un desfasaje entre eso que decimos y eso que sentimos. Son pocas las veces en las que estamos a gusto con las definiciones acerca de lo que &ldquo;somos&rdquo;. Ese ser, al no tratarse de una esencia, al no estar dado, se hace. Y resulta una especie de conglomerado de im&aacute;genes con el que no siempre estamos c&oacute;modos, con el que casi siempre estamos inc&oacute;modos. El ser es un pastiche, un artificio, un peque&ntilde;o Frankenstein que lleva el nombre de su hacedor: un Otro que nos nombra y que nos pone a andar torpemente, con las suturas a la vista, aunque pretendamos disimularlas. Y es que la autoestima viene del Otro, de ese Otro que habr&aacute; que hacer caer alguna vez. Quiz&aacute;s de eso se trate pasar al otro lado del espejo, como Alicia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Notas sobre la pretensión de ser                            </span>
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        <strong>II.</strong>&nbsp;Me gusta cuando Freud llama al Yo el payaso del circo. Lacan, en cambio, lo llama la enfermedad mental del hombre, el s&iacute;ntoma por excelencia. En el Yo se juegan las pretensiones de ser. El Yo est&aacute; seguro de s&iacute; mismo siempre, incluso cuando se cree lo peor. La baja autoestima no existe. Siempre es alta. El problema es la autoestima, autoestimarse. Porque la autoestima est&aacute; en el reflejo del espejo. No importa lo que refleja. Si refleja una mierda, tambi&eacute;n es autoestima. El Yo se constituye, como dice Masotta,&nbsp;<em>aliment&aacute;ndose</em>&nbsp;de la imagen del otro para constituir la propia unidad. Y pienso que a veces, algunos, para sostenerse en un ser, pasan de la identificaci&oacute;n con ese otro, a deglutirlos, a tragarlos. Quiz&aacute;s haya una diferencia entre querer algo del otro y querer ser ese otro. La condici&oacute;n para eso es que ese otro no exista m&aacute;s: fantas&iacute;as de aniquilaci&oacute;n por doquier.
    </p><p class="article-text">
        <strong>III.&nbsp;</strong>El &ldquo;asuntito&rdquo; de la agresividad es igualmente ineluctable. La relaci&oacute;n con la propia imagen, que nunca es propia, y con esa imagen del otro que suponemos, conlleva siempre agresividad. El asunto es si estamos dispuestos a advertir -no siempre se puede- que esa agresividad est&aacute; desplegada a partir de suponerle un ser al otro, un ser que pondr&iacute;a en peligro el nuestro. Un ser que es el que a nosotros &ldquo;nos falta&rdquo;. El otro tiene lo que nos falta. Tiene, sobre todo, un ser. Y es que el ser, como dice Lacan, est&aacute; perdido en el basurero del otro. Hay demasiadas personas comiendo de esa basura.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>IV.&nbsp;</strong>Nunca me dejo de sorprender por la cantidad de personas que quieren ser escritores. &iquest;Que quieren escribir?, &iquest;que escriben?, no: que quieren&nbsp;<em>ser escritores</em>. La fascinaci&oacute;n que hubo siempre -porque no es nueva, ahora se ve m&aacute;s por las redes sociales- con ese Ser escritor. Roland Barthes se ocup&oacute; de esa impostura en varios lugares. Primero en&nbsp;<em>Mitolog&iacute;as</em>, al hablar de &ldquo;El escritor en vacaciones''. M&aacute;s tarde en&nbsp;<em>Roland Barthes por Roland Barthes</em>, donde dice: &rdquo;sin duda no queda ya un solo adolescente que tenga esta fantas&iacute;a: &iexcl;ser escritor! &iquest;De qu&eacute; contempor&aacute;neo querer copiar no la obra sino las pr&aacute;cticas, las posturas, esa manera de pasearse por el mundo con una libreta en el bolsillo y una frase en la cabeza (...). Pues lo que la fantas&iacute;a impone es el escritor tal como se lo puede ver en su diario &iacute;ntimo, es&nbsp;<em>el escritor menos su obra</em>: forma suprema de lo sagrado: la marca y el vac&iacute;o&ldquo;. Por su parte, Juan Jos&eacute; Saer dice: &rdquo;Cuando se cree ser alguien, algo, se corre el riesgo, luchando por acomodar lo indistinto del propio ser a una abstracci&oacute;n, de transformarse en un arquetipo, en caricatura (...). Si denominamos a alguien ir&oacute;nicamente por medio de un estereotipo - el Escritor, el Editor, la Belleza Local-, ya estamos dando a entender que su titular, a causa de un comportamiento demasiado definido, es v&iacute;ctima de cierta ilusi&oacute;n sobre s&iacute; mismo. De tanto ser esencias -Don Giovanni, Fausto, Trist&aacute;n e Isolda- los personajes de &oacute;pera terminan por naufragar en la opereta-&ldquo;. Y luego dice: &rdquo;En cierto sentido, toda veleidad de identidad personal es una tentativa de hacerse pasar por conde&ldquo;. Hay personas que escriben, hay personas que quieren ser escritores. Es la diferencia que estableci&oacute; Hebe Uhart cuando dijo &rdquo;no hay escritor. Hay personas que escriben&ldquo; y que Liliana Villanueva eligi&oacute; de ep&iacute;grafe para comenzar el libro&nbsp;<em>Las clases de Hebe Uhart</em>. En esa misma primera clase, Uhart dice: &rdquo;Es mejor que el que escribe no se sienta escritor (...). Inflar el rol del escritor conspira contra el producto porque la vanidad aparta al que escribe de la atenci&oacute;n necesaria para seguir a su personaje o situaci&oacute;n. Weil dice: &lsquo;el virtuosismo en todo arte consiste en la capacidad de salirse de s&iacute; mismo&rsquo; (...). No se nace escritor, se nace beb&eacute;&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>V.&nbsp;</strong>Pasa lo mismo con el ejercicio del psicoan&aacute;lisis: si la vanidad no se suspende, si no se suspende el&nbsp;<em>ser psicoanalista</em>, se corre el riesgo de no seguir el texto del analizante. Quiz&aacute;s pasa lo mismo por las mismas razones, porque no se puede ser psicoanalista. Jean Allouch lo dice as&iacute;: &ldquo;Pensado como un acto, el an&aacute;lisis excluye que alguien pueda nunca declarar: &laquo;Yo soy psicoanalista&raquo;, ya que no se lo es por fuera del acto, mientras que en el acto, Lacan lo se&ntilde;al&oacute;, &laquo;el sujeto no est&aacute; all&iacute;&raquo;&rdquo;. Psicoan&aacute;lisis y literatura: entre todas las zonas en com&uacute;n posibles, la que m&aacute;s me gusta es que ninguna de esas dos pr&aacute;cticas resultan de identidades, son un ejercicio que nunca est&aacute; garantizado por el ser, que nunca est&aacute; garantizado. S&iacute;, debe pasar en much&iacute;simas disciplinas, pero hablo de estas dos porque son las que m&aacute;s cerca tengo, las que creo conocer un poco. Y porque son pr&aacute;cticas, escribir, analizar, que no est&aacute;n respaldadas por ninguna instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VI.&nbsp;</strong>En la Facultad de Psicolog&iacute;a hay muchos psicoanalistas y pocos trabajadores. Porque los psicoanalistas no se auto perciben trabajadores. Practican una y otra vez su&nbsp;<em>ser psicoanalista</em>. Y entonces algunos titulares de c&aacute;tedra abusan de su poder -al que hacen pasar por transferencia- dirimiendo qui&eacute;nes pueden o no acceder a un puesto de trabajo, seg&uacute;n supervisen, se analicen o estudien con ellos. Hay mucha infatuaci&oacute;n en los psicoanalistas que se creen psicoanalistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>VII.&nbsp;</strong>Me gustan mucho las ficciones que ironizan acerca de la pretensi&oacute;n de ser escritor. Hay much&iacute;simas. Ahora pienso en algunas novelas de Juan Jos&eacute; Becerra:&nbsp;<em>Felicidades</em>,&nbsp;<em>La interpretaci&oacute;n de un libro</em>. Ahora cito&nbsp;<em>El artista m&aacute;s grande del mundo</em>: &ldquo;Tengo la esperanza de que la escritura literaria morir&aacute; pronto. Estamos en las v&iacute;speras de su exterminio, un momento en el que cualquiera &laquo;escribe&raquo; un libro (...). Cada habitante de la Tierra escribir&aacute; su libro, si es que ya no lo escribi&oacute;, y la escritura, que exig&iacute;a alg&uacute;n tipo de talento aunque m&aacute;s no fuese el de la voluntad o la paciencia, no conservar&aacute; ninguno y, por fin, desaparecer&aacute;&rdquo;. Acerca de la pretensi&oacute;n se ser psicoanalista recomiendo una novela a la que vuelvo seguido, esa parodia corrosiva, esa caricatura perfecta, que de tan veros&iacute;mil produce un poco de angustia:&nbsp;<em>La escuela neo lacaniana de Buenos Aires</em>, de Ricardo Strafacce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>VIII.&nbsp;</strong>De estos mismos asuntos se ocup&oacute; Mart&iacute;n Kohan en su novela&nbsp;<em>Cuentas pendientes</em>. Y tambi&eacute;n en &ldquo;Fotos de escritor: la verdad de la pose&rdquo;. Y tambi&eacute;n, y sobre todo, en la&nbsp;<a href="https://eldiarioar.us2.list-manage.com/track/click?u=503cf153ccaaf3477f3bc20b1&amp;id=bceb346a43&amp;e=37d0daae1a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inauguraci&oacute;n</a>&nbsp;del FILBA en 2015. El d&iacute;a que conoc&iacute; a Mart&iacute;n Kohan, en unas jornadas a las que lo invit&eacute; en la Facultad de Psicolog&iacute;a, le pregunt&eacute; c&oacute;mo quer&iacute;a que lo presentara. No quiso que dijera &ldquo;escritor&rdquo; y prefiri&oacute; &ldquo;cr&iacute;tico literario, docente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IX.&nbsp;</strong>El lastre de la imagen de s&iacute;. Me gusta c&oacute;mo lo dice Guy Le Gaufey: &ldquo;La imagen de s&iacute;: &iexcl;qu&eacute; deliciosa esclavitud, qu&eacute; preocupante felicidad y, sobre todo, qu&eacute; carga! Pero tambi&eacute;n &iexcl;qu&eacute; angustia si imaginamos s&oacute;lo por un instante que puede dejarnos! Le declaramos la m&aacute;s intestina de las guerras, amorosamente reafirmada a partir de cualquier tregua duradera&rdquo;. La imagen: esa servidumbre &iquest;voluntaria? Lacan dice: &ldquo;s&oacute;lo el psicoan&aacute;lisis reconoce ese nudo de servidumbre imaginaria que el amor debe siempre volver a deshacer o cortar de tajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>X.&nbsp;</strong>Un fragmento del poema Tomboy, de Claudia Masin:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo pueden entonces</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>andar tan c&oacute;modos y felices en un cuerpo, c&oacute;mo hacen</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>para tener la certeza, la seguridad de que son eso: esa sangre,</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>esos &oacute;rganos, ese sexo, esa especie? &iquest;Nunca quisiste</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>ser un lagarto prendido cada d&iacute;a del calor del sol</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>hasta quemarse el cuero, un hombre viejo, una enredadera</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>apret&aacute;ndose contra el tronco de un &aacute;rbol para tener de d&oacute;nde</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>sostenerse, un chico corriendo hasta que el coraz&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>se le sale del pecho de pura energ&iacute;a brutal,</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>de puro deseo? Nos esforzamos tanto</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>por ser aquello a lo que nos parecemos. &iquest;Nunca</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>se te ocurri&oacute; c&oacute;mo ser&iacute;a si en lugar de manos tuvieras garras</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>o ra&iacute;ces o aletas, c&oacute;mo ser&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>si la &uacute;nica manera de vivir fuera en silencio o aullando</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>de placer o de dolor o de miedo, si no hubiera palabras</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>y el alma de cada cosa viva se midiera</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>por la intensidad de la que es capaz una vez</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>que queda suelta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Aug 2022 10:49:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan,Luis Gusmán]]></media:keywords>
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