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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - León Tolstoi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/leon-tolstoi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - León Tolstoi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dormirse con Tolstoi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dormirse-tolstoi_129_9256723.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La monumental Ana Karenina tiene 20 versiones audiovisuales. Juan José Becerra escribe sobre los límites de la adaptación cuando se trata de representar lo profundo de los personajes tolstonianos.</p></div><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s de veinte adaptaciones cinematogr&aacute;ficas de <em>Ana Karenina</em> (1878) en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os. La insistencia puede obedecer a muchas causas. Por ejemplo, que quien la haya adaptado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas juzgue que las adaptaciones realizadas en las primeras fueron fracasos, o &eacute;xitos que se pueden emular. &iquest;Qui&eacute;n sabe? Las causas de cualquier hecho pueden ser las que sean, o las contrarias.
    </p><p class="article-text">
        El desfile de directores, como una procesi&oacute;n de deudos ante uno de los monumentos m&aacute;s extraordinarios de la literatura, conmueve porque se trata de una devoci&oacute;n ecum&eacute;nica. All&iacute; van, a beber del manantial de Tolstoi, Andr&eacute; Maitre, Edmund Goulding (que convoc&oacute; a Greta Garbo y llam&oacute; <em>Love</em> a su doble adaptaci&oacute;n, una de ellas con <em>happy end</em> para americanos impresionables), Julien Duvivier, Bernard Rose, etc. Seg&uacute;n los casos, vuelven de la aventura con diversos niveles de frustraci&oacute;n, y con versiones comprimidas o extensivas, tratando de &ldquo;meter&rdquo; en c&aacute;psulas de unas pocas horas todo lo que ocurre en el inmenso espacio de una novela cuyos efectos flotantes a&uacute;n no se han estacionado.
    </p><p class="article-text">
        La trampa esta tendida en las profundidades el libro, y se concentra en una fatalidad: esa novela es una pel&iacute;cula, sin dudas la mejor y la m&aacute;s grande de la historia de la literatura, precursora del deseo de Jean Coctau formulado cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde en <em>Opio: diario de una desintoxicaci&oacute;n</em> (1930): &ldquo;Mi pr&oacute;ximo libro ser&aacute; una pel&iacute;cula&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sacando el dram&oacute;n de Tolstoi, de quien est&aacute; muy claro que en alguna medida lo vivi&oacute; (no se puede escribir <em>eso</em> sin <em>esa</em> experiencia), y que hoy solo podr&iacute;a concebirse en un arte bajo de gran escala como las telenovelas turcas, <em><strong>Ana Kerenina</strong></em><strong> tiene dos niveles de existencia que producen el apego y la destrucci&oacute;n de los cineastas que se acerquen a su fuego sin un traje de amianto.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno es exclusivo de la literatura, y se manifiesta en un recurso de interiores: lo que sienten y piensan los personajes, es decir, lo que no se ve, lo que tienen adentro y ninguna herramienta de excavaci&oacute;n es capaz de extraer, ni siquiera el talento de los mejores actores. <strong>Es el nivel en el que el fracaso de la adaptaci&oacute;n est&aacute; asegurado porque lo que se impide es la representaci&oacute;n de lo profundo, t&iacute;pico del derecho de admisi&oacute;n que la literatura le impone excepcionalmente al cine. </strong>Porque, &iquest;c&oacute;mo habr&iacute;a que representar en el limitado mapa de una rostro que est&aacute; actuando, los matices de esas conversaciones interiores que pueblan como de bosques oscuros los inmensos espacios mentales de los personajes de Tolstoi?
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el interior de los personajes de Tolstoi se habla como loco.</strong> Cada personaje tiene varios locos adentro; o, mejor dicho, sujetos normalizados enloqueciendo. Las fuerzas interiores dialogan en desacuerdo, van y vienen como en un baile de l&iacute;quidos. No hay quietud, no hay paz, no hay estabilidad. La novela los encuentra en esos procesos en los que podr&iacute;a decirse que m&aacute;s vida no podr&iacute;an tener, dado que son las fuerzas de la vida las que los arrastran hacia el desorden (de vivir).
    </p><p class="article-text">
        En el otro nivel, tentaci&oacute;n de adaptadores c&aacute;ndidos, se manifiesta lisa y llanamente el cine de la novela. No hubo, y quiz&aacute;s ya no vaya a haber, otra novela de arte al por mayor que sea capaz de &ldquo;recomendar&rdquo; tantos planos, escenas, di&aacute;logos, ambientes y hasta puestas tan acabadamente resueltos. Es la veta Metro Goldwyn Meyer de Tolstoi, inventor de Hollywood mucho antes que lo que podr&iacute;a haber sido D.W. Griffith.
    </p><p class="article-text">
        Pero que <em>Ana Karenina</em> sea una novela que se ve no garantiza su reemplazo en las pantallas. De hecho, es el coraz&oacute;n de su problema. Porque, &iquest;qu&eacute; significa ver algo sino verlo <em>hasta ah&iacute;</em>? La transmisi&oacute;n de los fen&oacute;menos de la sensibilidad, sobre todo los inexpresables, se interrumpen y traban los pasos a los s&oacute;tanos donde vibran enloquecidas las se&ntilde;ales de la vida. El contraste no se hace esperar, y levanta la bandera de la melancol&iacute;a. En las im&aacute;genes de su mill&oacute;n de infructuosas adaptaciones, podr&iacute;amos ver las escenas m&aacute;s dram&aacute;ticas a cambio de desconocer como desear&iacute;amos los procesos que las causaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El problema del cine, aquel que nunca va a poder resolver en serio, es que la imagen vive del culto a las superficies.</strong> Tremendo karma formal del que no se encuentra el consuelo. Un ejemplo de Ana Karenina: Kitty rechaza a Levin para quedarse con Vronsky a instancia de su insoportable madre, pero Vronsky la rechaza. Las escenas de su desconsuelo podr&iacute;an verse en cualquier adaptaci&oacute;n: Kitty llorando, Kitty de malhumor, Kitty viajando para olvidar, etc. &iquest;Y? &iquest;D&oacute;nde est&eacute; el interior no manifestado de Kitty? En la literatura Tolstoi, ese deportista ol&iacute;mpico de profundidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; podr&iacute;a adaptarse con todas las facilidades del caso, y se ha hecho muchas veces, es (entre otras tantas) la escena en la que Vronsky se cae del caballo. Tolstoi, pionero del plano-contraplano, lo hace caer dos veces. Una para que lo vean todos; otra, para que lo vea Ana. El contraste entre los puntos de vista es tan dr&aacute;stico que en uno no pasa nada y en el otro pasa de todo. Lo que se consigna, en el fondo, es que los hechos tienen la importancia que se les da, y que no es lo mismo que un hombre se caiga de un caballo que quien se caiga sea el hombre amado. Entre las distintas percepciones de la misma realidad se introduce el drama, es decir la experiencia de sentir contra la de la indiferencia.
    </p><p class="article-text">
        Las fantas&iacute;as cinematogr&aacute;ficas de <em>Ana Kerenina </em>no tienen cabida, excepto que se quiera hacer ver algo sin que se sienta, triste resultado que podr&iacute;a obtenerse mejor de cosas peores. &iquest;Y si se regresara de la modernidad patente que parece ofrecer Ana Karenina al momento anterior de la existencia del cine? &iquest;Y si nos conform&aacute;ramos con la idea de que algo s&oacute;lo fue escrito para ser le&iacute;do? Le&iacute;do o escuchado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la era del insomnio, escuchar una voz leyendo <em>Ana Karenina</em> al modo de un padre ley&eacute;ndole a una ni&ntilde;a (una ni&ntilde;a tolstoiana), podr&iacute;a producir un efecto Rivotril, esa literatura de ensue&ntilde;o sin lenguaje. Quiz&aacute;s se pueda regresar a las f&oacute;rmulas probadas: <strong>unos minutos de Tolstoi cada noche, en un a voz querida escoltando a los humanos hacia los umbrales del sue&ntilde;o en una secuencia de ver, sentir, dormir.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>&nbsp; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dormirse-tolstoi_129_9256723.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Aug 2022 03:10:00 +0000]]></pubDate>
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