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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Melissa Febos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/melissa-febos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Melissa Febos]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El coraje de las nenas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/coraje-nenas_129_9271467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39a4d6b2-f3b1-4cb0-81de-7709cb27db1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x132y226." width="1200" height="675" alt="El coraje de las nenas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nena, el libro de ensayos de Melissa Febos, explora las adicciones, el trabajo sexual, los juegos de dominación sin dejar de hablar del mundo emocional que lo rodea. El coraje de Febos, dice Tamara Tenenbaum está en la valentía del mestizaje.</p></div><p class="article-text">
        No quiero decir que <em><strong>Nena</strong></em><strong>,</strong> el libro de ensayos de <strong>Melissa Febos </strong>que acaba de traducir Chai Editora, es un libro valiente; no porque sea un lugar com&uacute;n, sino porque realmente ya no s&eacute; qu&eacute; es un libro valiente. En una &eacute;poca en la que todo se expone, &iquest;qu&eacute; publicaci&oacute;n podr&iacute;a ser eso, osada, desafiante, algo que a una deber&iacute;a darle miedo mostrar? Y sin embargo, yo que no me sorprendo con nada, yo que miro con desd&eacute;n de princesa todo lo que se me vende como <em>revelador </em>o <em>nunca visto</em> o <em>dice lo que no se puede decir</em>, no logro abandonar la sensaci&oacute;n de esa palabra, la sensaci&oacute;n de que hay efectivamente un coraje en <em>Nena</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/tv/ChZ8qp7DJA-/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Febos explora las sensaciones de una vida agitada, lo que ya sabemos y un poco m&aacute;s: adicciones, trabajo sexual, juegos de dominaci&oacute;n, sexo y plata, sexo y poder, todo eso con emociones. Y si lo pienso entiendo de d&oacute;nde creo que sale esa valent&iacute;a. He conversado con militantes por la legalizaci&oacute;n del trabajo sexual que sienten que no pueden aparecer como otra cosa que felices y perfectas porque cualquier desv&iacute;o de la m&aacute;s completa entereza ser&iacute;a un alegato contra sus causas y su modo de ganarse la vida. He hablado &mdash;me gusta mucho hablar con gente, mucho m&aacute;s que entrevistarla, y guardar sus inteligencias para usarlas cuando ya no recuerde ni la cara ni el nombre de quien me lo dijo; por eso nunca iba a ser una periodista de verdad&mdash; con chicas muy metidas, por plata o por gusto, en comunidades BDSM, que tienen en sus cabezas conversaciones archi l&uacute;cidas sobre la relaci&oacute;n entre la sumisi&oacute;n y la femineidad y las complicaciones que eso genera en torno de las pr&iacute;stinas e impolutas reglas del sadomasoquismo, pero que jam&aacute;s dir&iacute;an nada de eso en voz alta para no ver reducidas sus pr&aacute;cticas sexuales a un trauma. Lo que hay que sostener para que la gente se quede tranquila y para que te dejen tranquila es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa; que el trabajo sexual no tiene nada que ver con el sexo, que la violencia consentida no tiene nada que ver con la violencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El coraje de Febos, entonces, radica en la hibridez, desde el minuto cero: <strong>la valent&iacute;a del mestizaje</strong>. Ya desde la construcci&oacute;n del texto est&aacute; esa b&uacute;squeda: lo que en principio se presenta como un ensayo puramente personal crece cuando Febos, sin convertir su libro en su texto period&iacute;stico, hace ingresar otras voces de mujeres y trabajadoras sexuales que intentan explicar los matices de sus experiencias. Dicen cosas que no queremos saber, pero que muchas sabemos: que el ideal plat&oacute;nico del consentimiento expl&iacute;cito y sincero es eso, un ideal plat&oacute;nico, y que muchas veces lo damos por quedar bien y eso no hace del otro un violador, ni siquiera una mala persona, es sencillamente la danza que todos aprendimos a hacer. Que nuestras fantas&iacute;as m&aacute;s escabrosas tienen origen a veces en dolores muy &iacute;ntimos, pero que eso no las hace menos v&aacute;lidas como fantas&iacute;as, o no hace que nos den menos placer. En fin, que nuestras formas de experimentar placer y dolor est&aacute;n te&ntilde;idas de todo lo que somos y del mundo en que vivimos, y la que ficci&oacute;n de poner las cosas en cajones solo les sirve a quienes todas las semanas tienen que escribir un sumario sobre alguna nueva etiqueta sexual que los mayores de cuarenta todav&iacute;a no conozcan (fui esa gente: no tengo nada en contra de ellos, es la basura que nos toca).
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                Tapa de Nena, el libro de Melissa Febos                            </span>
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        Pienso que la falta de matices podr&iacute;a entenderse como un d&eacute;ficit de debate &mdash;una necesidad de &ldquo;m&aacute;s&rdquo; debate&mdash; y recuerdo una ense&ntilde;anza del tomo I de la <em>Historia de la sexualidad </em>de Foucault que cito tan seguido que ya debe haber aparecido ac&aacute; demasiadas veces, pero es que tan importante y al mismo tiempo tan cr&iacute;ptica que no me canso nunca de investigarla: m&aacute;s lenguaje no es m&aacute;s necesariamente m&aacute;s libertad, ni m&aacute;s apertura, ni m&aacute;s experiencia. Nos sobran los debates, y est&aacute; bien, porque nos sobran los motivos: lo que sucede, me parece, es que no se ponen de moda solamente los temas. Se ponen de moda tambi&eacute;n vocabularios y sobre todo reglas, formas de discutir y conversar. Dos, particularmente, me llaman la atenci&oacute;n en las redes sociales hoy, sobre todo entre gente de mi edad o m&aacute;s joven: una, ya le he mencionado un poco, es la que se inclina por la organizaci&oacute;n de la vida, su mecanizaci&oacute;n o su medicalizaci&oacute;n. &ldquo;No hay nada que conversar sobre (x pr&aacute;ctica), es perfectamente saludable si se ejerce con conciencia y libertad&rdquo;, parecen decirnos una y otra vez, como si la &uacute;nica conversaci&oacute;n que una quisiera tener se tratara, justamente, de aprobar las cosas o aprobarlas, de llamarlas &ldquo;saludables&rdquo; o &ldquo;t&oacute;xicas&rdquo;; como si la conciencia y la libertad fueran conceptos transparentes, nos fueran transparentes a nosotros mismos. La otra es un poco m&aacute;s antigua, pero quiz&aacute;s la estoy leyendo m&aacute;s en gente de veintis que no la consumi&oacute; en primera vuelta: la cl&aacute;sica iron&iacute;a conservadora, tuits virales de chicas y chicos pr&aacute;cticamente adolescentes que ponen &ldquo;menos que esto, nada&rdquo; y abajo una captura del novio que pr&aacute;cticamente le dice si te agarro con otro te mato. Son dos actitudes discursivas que se alimentan entre s&iacute;, y que dejan poco lugar para discursos como el de Febos, que pretender pensar en los matices &eacute;ticos &mdash;no quedarse afuera de la &eacute;tica por comodidad, en la posici&oacute;n simp&aacute;tica y canchera de &ldquo;eso les pasa por andar inventando cosas raras&mdash; sin deducir de esos pensamientos un esquema de premios y castigos. Por suerte, todav&iacute;a, existen los libros, y estas cosas que en 280 caracteres le hubieran costado a Febos much&iacute;simo ruido y violencia por parte de una infinidad de extra&ntilde;os, quedan dichas en las 312 p&aacute;ginas de Nena para quien est&eacute; dispuesto a pensar en silencio.
    </p><p class="article-text">
        Febos dice, en un momento, que le falta una palabra que no sea &ldquo;trauma&rdquo; para hablar de sus experiencias sexuales: por lo que entiendo, o lo que completo, se refiere a una palabra que hable del impacto enorm&iacute;simo que tuvieron ciertas experiencias sobre su subjetividad, su sensibilidad y su cuerpo sin connotar que esas experiencias deber&iacute;an haberse evitado, como deben evitarse los golpes en la cabeza. Lo dice como al pasar, y da igual si necesitamos una palabra nueva o repensar el concepto de trauma: en esa palabra que falta se cifra algo que vengo sintiendo hace mucho, y le agradezco de coraz&oacute;n (con toda la emoci&oacute;n de un coraz&oacute;n) por poner tan claro.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/coraje-nenas_129_9271467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Aug 2022 03:03:30 +0000]]></pubDate>
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