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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Dallas]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Dallas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Anatomía de un instante (atroz)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/mundial-2026/anatomia-instante-atroz_1_13334802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf390782-48a3-42db-abfb-e0c6af4ab149_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anatomía de un instante (atroz)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un recorrido por el Museo del 6 to piso de Dallas, que reproduce y homenajea el asesinato de JFK.
</p><p class="subtitle">Que sea eterno mientras dure
</p></div><p class="article-text">
        <strong>En 1989, 25 a&ntilde;os despu&eacute;s de quedar inmortalizada como la sede del mayor magnicidio de la era moderna, Dallas comenz&oacute; expiar parte de sus culpas.</strong> En febrero de ese a&ntilde;o, en ocasi&oacute;n del d&iacute;a nacional de los Presidentes, la ciudad, a trav&eacute;s de la Fundaci&oacute;n de su patrimonio hist&oacute;rico, inaugur&oacute; el <strong>Museo del 6to piso</strong>. Ubicado en el downtown, el espacio no fue erigido en un lugar al azar sino en el c&eacute;lebre edificio sobre la calle Elm en el que <strong>Lee Harvey Oswald</strong> se acanton&oacute; aquella ma&ntilde;ana de 1963 para asesinar, de tres disparos, al 35&#730; mandatario de los Estados Unidos, <strong>John Fitzgerald Kennedy</strong>. El s&iacute;ndrome de culpa ten&iacute;a una raz&oacute;n: aquel episodio, cuyas esquirlas se hundieron en el alma de la sociedad norteamericana, condicion&oacute; el pulso de una ciudad que se sinti&oacute; estigmatizada por ese hecho maldito. Su comunidad, que mucho tuvo que ver con la iniciativa, pens&oacute; que el museo era una forma de reconciliarse con la familia Kennedy y con la historia reciente del pa&iacute;s. Era una manera de resta&ntilde;ar el orgullo local y, a la vez, una forma de canalizar &ndash;y monetizar&ndash; el deseo de los miles y miles de curiosos que llegaban hasta las estribaciones del lugar atra&iacute;dos por la historia, por cierto morbo o por la simple curiosidad. Aun con su obvia alusi&oacute;n al magnicidio, la iniciativa es tambi&eacute;n<strong> un homenaje y un recuerdo de una &eacute;poca convulsa </strong>pero apasionante, un tiempo cuyas tensiones sociales parecen observarse tras el velo del romanticismo cr&iacute;tico.
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        Recorrer este ex dep&oacute;sito de libros, adquirido a comienzos de los a&ntilde;os 70 por el municipio de Dallas, es una experiencia inmersiva, un viaje hacia una fecha y un lugar. La fecha es m&aacute;s de medio siglo atr&aacute;s y el lugar, apenas unos metros. El sexto piso funciona, efectivamente, como una suerte de pan&oacute;ptico desde donde se observa, por sus ventanales, la trayectoria de la bala, el lugar exacto desde donde Oswald entr&oacute; de lleno, de la peor manera, en la historia reciente. <strong>Habitar unos segundos ese metro cuadrado y observar desde all&iacute; la cruz blanca que, a 80 metros, precisa el destino final del proyectil que trepan&oacute; el cerebro de JFK, hiela la sangre. </strong>Pero el recorrido tambi&eacute;n es un muestreo de todo lo que rode&oacute; y jalon&oacute; el hecho. Aparecen, distribuidos en paneles prolijamente did&aacute;cticos, distintos elementos hist&oacute;ricos que explican la &eacute;poca y el contexto de la gira emprendida por el atildado presidente por el sur del pa&iacute;s &ndash;antes estuvo en San Antonio, Houston y Fort Worth&ndash;, una regi&oacute;n hostil a sus pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y sociales. A lo largo de esos paneles, una serie de banners funcionan como ap&eacute;ndice bibliogr&aacute;fico del tour. As&iacute; es como uno de los primeros cuadros reproduce un anuncio de una p&aacute;gina &ndash;tama&ntilde;o s&aacute;bana&ndash; publicado en &ldquo;The Dallas Morning News&rdquo; la misma ma&ntilde;ana del asesinato, en el que un grupo de hombres de negocios locales le formulan un pu&ntilde;ado de cuestionamientos al presidente. Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;<em>Welcome Mr. Kennedy to Dallas</em>&rdquo; puede leerse lo siguiente: <em>&ldquo;Pese a las opiniones de su administraci&oacute;n, el Departamento de Estado, el Alcalde, el Ayuntamiento, los miembros de su partido y los ciudadanos de pensamiento libre de Dallas todav&iacute;a tenemos, a trav&eacute;s de una Constituci&oacute;n en gran medida ignorada por usted, el derecho de abordar nuestras quejas, de cuestionarlo, de estar de acuerdo con usted pero tambi&eacute;n de criticarlo&rdquo;. </em>Adem&aacute;s de un pu&ntilde;ado de observaciones cl&aacute;sicas de aquel tiempo como <em>&ldquo;&iquest;Por qu&eacute; ha descartado la Doctrina Monroe en favor del &rdquo;Esp&iacute;ritu de Mosc&uacute;?&ldquo;</em>, se destaca una que llama la atenci&oacute;n: <em>&rdquo;&iquest;Por qu&eacute; ud. est&aacute; a favor de que los EE.UU. contin&uacute;e con el programa de ayuda a la Argentina, pese al hecho de que el gobierno argentino acaba de confiscar casi 400 millones d&oacute;lares que son propiedad privada de los norteamericanos?&ldquo;</em>. No es esa la &uacute;nica referencia a nuestro pa&iacute;s, porque en otro panel se hace referencia al legado de JFK y se comenta, al pasar, que <em>&rdquo;desde las monta&ntilde;as de Yuk&oacute;n en Canad&aacute; hasta una simple ruta de tierra en Argentina, miles de calles, escuelas y decenas de sitios a lo largo del mundo lo homenajean&ldquo;</em>.&nbsp;
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                    alt="Imagen del anillo de Lee Harvey Oswald, una de las piezas que integra el museo."
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                Imagen del anillo de Lee Harvey Oswald, una de las piezas que integra el museo.                            </span>
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        Otro banner da cuenta del nivel de controversia y de violencia &ndash;hasta entonces discursiva&ndash; que dominaba el clima pol&iacute;tico tanto local como del pa&iacute;s por aquel entonces: &ldquo;Dallas &ndash;explica el cuadro&ndash; fue la ciudad m&aacute;s conservadora en el itinerario del presidente por Texas. El amplio proyecto de ley de derechos civiles de Kennedy, introducido en junio de 1963, sin duda le hab&iacute;a costado millones de votos, particularmente en el sur. Las encuestas nacionales realizadas en noviembre de 1963 mostraron que la popularidad del presidente hab&iacute;a ca&iacute;do a un 59 por ciento. En los nueve meses previos al viaje a Texas, John F. Kennedy recibi&oacute; m&aacute;s de 400 amenazas de muerte en todo el pa&iacute;s&rdquo;.&nbsp;
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                El  Museo del 6to piso desde donde Lee Harvey Oswald disparó contra JFK.                            </span>
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        Como toda exhibici&oacute;n contempor&aacute;nea aqu&iacute; tambi&eacute;n es posible detectar los hilos invisibles de la posmodernidad. M&aacute;s en un pa&iacute;s que suele sucumbir con frecuencia ante el altar del show business y en donde es com&uacute;n percibir como lo audaz se confunde con lo insolente. Sucede en todos sus pliegues, incluso en los de mayor dolor. Entre la vasta iconograf&iacute;a y la gran constelaci&oacute;n de objetos que orbitan alrededor de la galaxia &ldquo;JFK en Dallas&rdquo; hay algunas peculiares. <strong>Ofrecido como si se tratara de una pieza decimon&oacute;nica de la monarqu&iacute;a europea, en uno de los brazos del 6to piso sobresale una vitrina angosta y vertical en la que se expone, solitario, el anillo de casamiento de Oswald, el asesino, el enemigo de Am&eacute;rica </strong>al que tambi&eacute;n mataron horas m&aacute;s tarde de perpetrado su plan. De igual modo, en el peque&ntilde;o negocio de venta de merchandising ubicado en la entrada del edificio pueden comprarse las emblem&aacute;ticas &ldquo;gafas Jackie O&rdquo; que hizo popular la c&eacute;lebre viuda del presidente. O una remera con frases antol&oacute;gicas de JFK. O una r&eacute;plica del auto que lo condujo a su destino.
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                    alt="El anuncio de una página –tamaño sábana– publicado en “The Dallas Morning News” que menciona a Argentina."
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                El anuncio de una página –tamaño sábana– publicado en “The Dallas Morning News” que menciona a Argentina.                            </span>
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        Sobre el final, un gran letrero explica los claroscuros alrededor de la autopsia del cuerpo de JFK, ya que el tratamiento urgente de la herida en su cuello hizo olvidar por completo el orificio producido en la espalda del mandatario, que no fue observado por los m&eacute;dicos que lo atendieron el primer d&iacute;a. Fue una de las tantas controversias alrededor de un caso que siempre naveg&oacute; en las aguas de la sospecha y nunca pudo responder con total certeza si hubo o no m&aacute;s disparos &ndash;en la causa, testigos presenciales declararon que escucharon hasta ocho disparos&ndash; o si Oswald fue o no un psic&oacute;pata suelto o si fue el engranaje visible de una industria de la conspiraci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como sea, el recorrido no deja de sorprender por su ligera pero palpable &ldquo;crudeza emp&iacute;rica&rdquo;, por as&iacute; decirlo, algo inevitable tal vez al tratarse de un crimen tan atroz como emblem&aacute;tico, un hito oscuro que tanta angustia genera aun en buena parte de los ciudadanos de ese suelo. Llamativamente, lo que no tiene lugar en el museo es la forma en que lo despidi&oacute; su hermano Robert en el funeral, quien, citando a Shakespeare, demostr&oacute; que la poesia dif&iacute;cilmente tenga rival a la hora de condensar y sublimar los momentos de mayor desasosiego. &ldquo;Cuando muera &ndash;dijo el senador&ndash; ll&eacute;venlo y div&iacute;danlo en peque&ntilde;as estrellas, el rostro del cielo se tornar&aacute; tan bello que el mundo entero se enamorar&aacute; de la noche y dejar&aacute; de adorar al estridente sol&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>PP/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/mundial-2026/anatomia-instante-atroz_1_13334802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 09:00:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Anatomía de un instante (atroz)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dallas,John F. Kennedy]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Raíces desnudas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/raices-desnudas_129_9290903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/32f86328-c931-4e85-b1ce-b7ffa7ba8f18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Raíces desnudas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Qué clase de mundo estaremos construyendo para que los árboles prefieran morirse a acompañarnos?", se pregunta la escritora Dolores Reyes en este texto, en el que se unen las raíces de un árbol descubiertas por un tornado en Dallas con la oportunidad que Chile perdió de dejar atrás su constitución pinochetista.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Existe una imagen m&aacute;s triste y apocal&iacute;ptica que la de un &aacute;rbol muerto ense&ntilde;ando sus ra&iacute;ces al aire?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tres veredas m&aacute;s all&aacute; de donde escribo ahora hay un &aacute;rbol ca&iacute;do. Sus ra&iacute;ces suicidas, enormes y quebradas, me recuerdan el final del cuento de Carson McCullers, <em>El geranio</em>. El momento preciso en el que la maceta del alf&eacute;izar de los vecinos de enfrente del viejo Dudley cae sobre la vereda: esas ra&iacute;ces al aire somos nosotros mismos, desnudan nuestra intemperie.
    </p><p class="article-text">
        Vine a Dallas a presentar, junto a dos escritores que admiro, <strong>Joseph Z&aacute;rate</strong> y <strong>Y&aacute;snaya Elena A. Gil</strong>, un libro en com&uacute;n: <em>Volver a contar</em>. El resultado de un proceso de estudio y selecci&oacute;n de piezas de Am&eacute;rica Latina del acervo del British Museum, nunca antes exhibidas. Bucear por los archivos del museo hasta dar con una figura milenaria de cer&aacute;mica manab&iacute; en Ecuador ha sido un trabajo so&ntilde;ado. Despu&eacute;s tuve que ponerme a escribir. Llevada de la tierra y de las manos que la compusieron, la pieza vuelve a contar su relato en un texto al que llam&eacute;: <em>El nombre de los &aacute;rboles</em>. Pero ahora me encuentro en esta ciudad con un peque&ntilde;o tornado que deja, &aacute;rboles desmembrados mediante, a media ciudad sin luz y sin se&ntilde;al de internet. La tormenta es feroz, las ventanas de vidrio de la hermosa casita en un primer piso que me han alquilado para que pase estos cuatro d&iacute;as, no alcanza a frenar el agua furiosa que termina inundando media habitaci&oacute;n. Vengo a Estados Unidos pero parece que me traigo todas las precariedades conurbanas en la mochila.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los &aacute;rboles, incluso mutilados o muertos, mandan se&ntilde;ales.&iquest;Por qu&eacute; somos tan indiferentes a la hora de leerlas?
    </p><p class="article-text">
        Debido al fuego, las inundaciones, la sequ&iacute;a o las tormentas, nos estamos quedando sin &aacute;rboles a paso acelerado. &iquest;Qu&eacute; podemos leer de este proceso?
    </p><p class="article-text">
        Presentamos el libro en un lugar hermoso llamado The Wild Detectives, un poco librer&iacute;a y otro tanto refugio para leer y tomar algo o escuchar buena m&uacute;sica. Cuando terminamos de transitar la presentaci&oacute;n a sala llena, todos se acercan y van contando, de a uno, su propia experiencia: una mujer morena que ac&aacute; aprendi&oacute; a bailar tangos cuenta los a&ntilde;os desde que se vino de su pa&iacute;s de origen. Una mujer peque&ntilde;a nos habla de la familia en la tierra de all&aacute;. Una pareja de mexicanos c&aacute;lidos desnuda la nostalgia por su pueblo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                The Wild Detectives, la librería de Dallas a donde la autora viajó y desde donde escribió este texto.                            </span>
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        Los lectores nos ense&ntilde;an sus ra&iacute;ces sin pudor, que como gusanos&nbsp;enormes e impiadosos, les borran las aspiraciones de integrarse en la gringuitud de un plumazo. Algo incomoda y no puede silenciarse, late muy adentro de todos nosotros, es Latinoam&eacute;rica y no es solo eso, cuando ese t&eacute;rmino no alcanza para nombrar a nuestros ancestros hartos de haber sido asesinados tantas veces, esos que estaban desde muchos a&ntilde;os antes de la llegada de los barcos, habitando este territorio y sosteniendo con fuerza a los &aacute;rboles desde lo profundo de las ra&iacute;ces. Esa condici&oacute;n fr&aacute;gil titila en todos nosotros y nos obliga a hablar con el coraz&oacute;n entre los dientes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Chile ha perdido su enorme oportunidad de dejar atrás la constitución pinochetista y yo hoy más que nunca necesito que los árboles me abracen, pero ellos se suicidan o se entregan a una lepra que les arroja los brazos como miembros abandonados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El despu&eacute;s de la tormenta tambi&eacute;n puede ser desolador: <strong>Chile</strong> ha perdido su enorme oportunidad de dejar atr&aacute;s la constituci&oacute;n pinochetista y yo hoy m&aacute;s que nunca necesito que los &aacute;rboles me abracen, pero ellos se suicidan o se entregan a una lepra que les arroja los brazos como miembros abandonados, brillantes sus ramas verdes, vivas por &uacute;ltima vez, sobre las veredas que pisamos.
    </p><p class="article-text">
        Me cuentan que uno de los puntos que caus&oacute; m&aacute;s rechazo de la nueva constituci&oacute;n es el de reconocerse como estado plurinacional. El racismo siempre, que nos habita y nos blanquea con &aacute;cido a la madre india que nos averg&uuml;enza, ha vuelto a sentenciar. Rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Mirar las ra&iacute;ces expuestas, lo que debiera estar abajo de la tierra y se nos revela con la violencia de un temporal, deber&iacute;a al menos intranquilizarnos:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; clase de mundo estaremos construyendo para que los &aacute;rboles prefieran morirse a acompa&ntilde;arnos? De tanto sembrar la muerte alrededor suyo, &iquest;han comenzado a despreciarnos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En medio de la tormenta estoy tan cansada que me acuesto lo mismo a dormir. Los d&iacute;as en estos festivales de literatura parecen durar setenta horas y ya todo de mi cuerpo me pide descansar. Pero siempre es dif&iacute;cil. Un rato nom&aacute;s y me despierto pensando que uno de mis gatos salt&oacute; con fuerza sobre la cama haci&eacute;ndola sacudirse, pero enseguida me doy cuenta de que no estoy en el conurbano ni mis gatos gordos andan saltando por aqu&iacute;, que lo que agita mi cama como en un exorcismo de pantalla es el temporal que tambi&eacute;n inunda media sala y que los &aacute;rboles en vez de darnos su protecci&oacute;n y su sombra, se han puesto a aporrear los techos y el cabler&iacute;o de toda la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Mis tres nuevas vecinas gringas me golpean la puerta. Hablan r&aacute;pido y yo no entiendo lo que dicen aunque lo repitan varias veces. Una de las tres me muestra una sonrisa hermosa. Algo en ella huele a chocolate caliente o a caf&eacute;, y ella me habla en un espa&ntilde;ol latino y agringado a la vez: que le digas a la due&ntilde;a que venga a cortar un poco su &aacute;rbol, porque en cualquier momento se te cae a ti en el techo o nos aplasta a nosotras tres.
    </p><p class="article-text">
        ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
    </p><p class="article-text">
        Las lecturas en la librer&iacute;a hermosa que nos hace de anfitriona se prolongan toda la tarde hasta que entramos en la noche. Aqu&iacute; no se cort&oacute; la luz pero s&iacute; internet, aunque eso no impide que todo el tiempo se abra la puerta para dar paso a un visitante nuevo. Cada una de las presentaciones tiene un p&uacute;blico atento que es un lujo. Despu&eacute;s, cuando cae la noche conduciendo el hambre sobre nuestros cuerpos, Javier, organizador y due&ntilde;o de The Wild Detectives, nos convida una cena. El vino es casi tan exquisito como los platos y todo se vuelve lo m&aacute;s delicioso posible dando cuenta de su esmerada hospitalidad. Es tarde y el mezcal cierra el convite. Salgo para regresar con una escritora espa&ntilde;ola que presenta aqu&iacute; un libro sobre las nuevas condiciones ecol&oacute;gico-clim&aacute;ticas. A mitad de camino ella cruza de cuadra hacia su Airbnb y yo sigo sola. 
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                &quot;Todo árbol muerto es político&quot;                            </span>
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        Todav&iacute;a hay partes de la ciudad en donde no ha vuelto la luz. La noche es oscura y solitaria. Un cachorro intenta entrar en la casa del &aacute;rbol ca&iacute;do. Rasca la puerta pero nadie abre y el animal trata de usar el &aacute;rbol desplomado y se trepa a sus ramas como si fueran rampas que lo elevan hacia las ventanas, pero tampoco por ac&aacute; puede meterse a la casa. No s&eacute; si es el vino tinto o los &aacute;rboles muertos o que hemos vuelto a perder Chile lo que me da tantas ganas de llorar como si fuera yo ese cachorro que se trepa al &aacute;rbol para intentar colarse por la ventana rota y volver a su hogar. Todos se pusieron a resguardo y lo han dejado inevitablemente olvidado, solo en una noche de vientos y tormenta, mientras al sur del continente una votaci&oacute;n determina la continuidad de una constituci&oacute;n pinochetista que ya s&oacute;lo por eso deber&iacute;a haber sido superada hace tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Perdimos. Y que estemos acostumbrados a perder no lo hace menos terrible.
    </p><p class="article-text">
        En nuestras tierras sudamericanas hay tantos desaparecidos sosteniendo desde abajo de la tierra las ra&iacute;ces viejas de los &aacute;rboles, que se habr&aacute;n hartado de que no los escuchemos, de que queramos seguir ignor&aacute;ndolos, y hoy nos han soltado la mano y han tirado por primera vez de esas ra&iacute;ces, m&aacute;s fuerte que nunca, para que los &aacute;rboles se desplomen sobre nosotros y que los que todav&iacute;a andamos vivos ya no tengamos d&oacute;nde descansar en paz.
    </p><p class="article-text">
        Todo &aacute;rbol muerto es pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Una p&eacute;rdida de cientos de a&ntilde;os, una presencia sobre la tierra que tuvo su comienzo desde mucho antes de que naci&eacute;ramos, se tumba delante de nuestras pupilas sorprendidas para sacudirnos la modorra de una vez.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos tantos ancestros muertos dejando salir la tierra por sus pechos de costilla seca y el polvo entre los dientes, que la angustia del rechazo nos sube a la garganta.
    </p><p class="article-text">
        Los &aacute;rboles bailan una danza de muerte al ritmo de la tormenta y del rechazo porque alg&uacute;n ancestro enojado, cansado y abatido, se hart&oacute; de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Perdimos y no encuentro las palabras de consuelo, ni para m&iacute; ni para lxs amigues chilenos, mientras nuestros muertos de asesinatos impunes tiran del rev&eacute;s de la tierra como si fuera una manta, para al menos poder abrigarse y protegerse entre ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sangre derramada tambi&eacute;n ech&oacute; ra&iacute;ces y tumba &aacute;rboles vencidos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la tormenta, hasta la &uacute;ltima hoja tiembla.
    </p><p class="article-text">
        <em>DR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Reyes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/raices-desnudas_129_9290903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Sep 2022 17:38:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Raíces desnudas]]></media:title>
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