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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Dallas]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Dallas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Raíces desnudas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/raices-desnudas_129_9290903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/32f86328-c931-4e85-b1ce-b7ffa7ba8f18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Raíces desnudas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Qué clase de mundo estaremos construyendo para que los árboles prefieran morirse a acompañarnos?", se pregunta la escritora Dolores Reyes en este texto, en el que se unen las raíces de un árbol descubiertas por un tornado en Dallas con la oportunidad que Chile perdió de dejar atrás su constitución pinochetista.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Existe una imagen m&aacute;s triste y apocal&iacute;ptica que la de un &aacute;rbol muerto ense&ntilde;ando sus ra&iacute;ces al aire?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tres veredas m&aacute;s all&aacute; de donde escribo ahora hay un &aacute;rbol ca&iacute;do. Sus ra&iacute;ces suicidas, enormes y quebradas, me recuerdan el final del cuento de Carson McCullers, <em>El geranio</em>. El momento preciso en el que la maceta del alf&eacute;izar de los vecinos de enfrente del viejo Dudley cae sobre la vereda: esas ra&iacute;ces al aire somos nosotros mismos, desnudan nuestra intemperie.
    </p><p class="article-text">
        Vine a Dallas a presentar, junto a dos escritores que admiro, <strong>Joseph Z&aacute;rate</strong> y <strong>Y&aacute;snaya Elena A. Gil</strong>, un libro en com&uacute;n: <em>Volver a contar</em>. El resultado de un proceso de estudio y selecci&oacute;n de piezas de Am&eacute;rica Latina del acervo del British Museum, nunca antes exhibidas. Bucear por los archivos del museo hasta dar con una figura milenaria de cer&aacute;mica manab&iacute; en Ecuador ha sido un trabajo so&ntilde;ado. Despu&eacute;s tuve que ponerme a escribir. Llevada de la tierra y de las manos que la compusieron, la pieza vuelve a contar su relato en un texto al que llam&eacute;: <em>El nombre de los &aacute;rboles</em>. Pero ahora me encuentro en esta ciudad con un peque&ntilde;o tornado que deja, &aacute;rboles desmembrados mediante, a media ciudad sin luz y sin se&ntilde;al de internet. La tormenta es feroz, las ventanas de vidrio de la hermosa casita en un primer piso que me han alquilado para que pase estos cuatro d&iacute;as, no alcanza a frenar el agua furiosa que termina inundando media habitaci&oacute;n. Vengo a Estados Unidos pero parece que me traigo todas las precariedades conurbanas en la mochila.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los &aacute;rboles, incluso mutilados o muertos, mandan se&ntilde;ales.&iquest;Por qu&eacute; somos tan indiferentes a la hora de leerlas?
    </p><p class="article-text">
        Debido al fuego, las inundaciones, la sequ&iacute;a o las tormentas, nos estamos quedando sin &aacute;rboles a paso acelerado. &iquest;Qu&eacute; podemos leer de este proceso?
    </p><p class="article-text">
        Presentamos el libro en un lugar hermoso llamado The Wild Detectives, un poco librer&iacute;a y otro tanto refugio para leer y tomar algo o escuchar buena m&uacute;sica. Cuando terminamos de transitar la presentaci&oacute;n a sala llena, todos se acercan y van contando, de a uno, su propia experiencia: una mujer morena que ac&aacute; aprendi&oacute; a bailar tangos cuenta los a&ntilde;os desde que se vino de su pa&iacute;s de origen. Una mujer peque&ntilde;a nos habla de la familia en la tierra de all&aacute;. Una pareja de mexicanos c&aacute;lidos desnuda la nostalgia por su pueblo.
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                The Wild Detectives, la librería de Dallas a donde la autora viajó y desde donde escribió este texto.                            </span>
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        Los lectores nos ense&ntilde;an sus ra&iacute;ces sin pudor, que como gusanos&nbsp;enormes e impiadosos, les borran las aspiraciones de integrarse en la gringuitud de un plumazo. Algo incomoda y no puede silenciarse, late muy adentro de todos nosotros, es Latinoam&eacute;rica y no es solo eso, cuando ese t&eacute;rmino no alcanza para nombrar a nuestros ancestros hartos de haber sido asesinados tantas veces, esos que estaban desde muchos a&ntilde;os antes de la llegada de los barcos, habitando este territorio y sosteniendo con fuerza a los &aacute;rboles desde lo profundo de las ra&iacute;ces. Esa condici&oacute;n fr&aacute;gil titila en todos nosotros y nos obliga a hablar con el coraz&oacute;n entre los dientes.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Chile ha perdido su enorme oportunidad de dejar atrás la constitución pinochetista y yo hoy más que nunca necesito que los árboles me abracen, pero ellos se suicidan o se entregan a una lepra que les arroja los brazos como miembros abandonados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El despu&eacute;s de la tormenta tambi&eacute;n puede ser desolador: <strong>Chile</strong> ha perdido su enorme oportunidad de dejar atr&aacute;s la constituci&oacute;n pinochetista y yo hoy m&aacute;s que nunca necesito que los &aacute;rboles me abracen, pero ellos se suicidan o se entregan a una lepra que les arroja los brazos como miembros abandonados, brillantes sus ramas verdes, vivas por &uacute;ltima vez, sobre las veredas que pisamos.
    </p><p class="article-text">
        Me cuentan que uno de los puntos que caus&oacute; m&aacute;s rechazo de la nueva constituci&oacute;n es el de reconocerse como estado plurinacional. El racismo siempre, que nos habita y nos blanquea con &aacute;cido a la madre india que nos averg&uuml;enza, ha vuelto a sentenciar. Rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Mirar las ra&iacute;ces expuestas, lo que debiera estar abajo de la tierra y se nos revela con la violencia de un temporal, deber&iacute;a al menos intranquilizarnos:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; clase de mundo estaremos construyendo para que los &aacute;rboles prefieran morirse a acompa&ntilde;arnos? De tanto sembrar la muerte alrededor suyo, &iquest;han comenzado a despreciarnos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En medio de la tormenta estoy tan cansada que me acuesto lo mismo a dormir. Los d&iacute;as en estos festivales de literatura parecen durar setenta horas y ya todo de mi cuerpo me pide descansar. Pero siempre es dif&iacute;cil. Un rato nom&aacute;s y me despierto pensando que uno de mis gatos salt&oacute; con fuerza sobre la cama haci&eacute;ndola sacudirse, pero enseguida me doy cuenta de que no estoy en el conurbano ni mis gatos gordos andan saltando por aqu&iacute;, que lo que agita mi cama como en un exorcismo de pantalla es el temporal que tambi&eacute;n inunda media sala y que los &aacute;rboles en vez de darnos su protecci&oacute;n y su sombra, se han puesto a aporrear los techos y el cabler&iacute;o de toda la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Mis tres nuevas vecinas gringas me golpean la puerta. Hablan r&aacute;pido y yo no entiendo lo que dicen aunque lo repitan varias veces. Una de las tres me muestra una sonrisa hermosa. Algo en ella huele a chocolate caliente o a caf&eacute;, y ella me habla en un espa&ntilde;ol latino y agringado a la vez: que le digas a la due&ntilde;a que venga a cortar un poco su &aacute;rbol, porque en cualquier momento se te cae a ti en el techo o nos aplasta a nosotras tres.
    </p><p class="article-text">
        ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
    </p><p class="article-text">
        Las lecturas en la librer&iacute;a hermosa que nos hace de anfitriona se prolongan toda la tarde hasta que entramos en la noche. Aqu&iacute; no se cort&oacute; la luz pero s&iacute; internet, aunque eso no impide que todo el tiempo se abra la puerta para dar paso a un visitante nuevo. Cada una de las presentaciones tiene un p&uacute;blico atento que es un lujo. Despu&eacute;s, cuando cae la noche conduciendo el hambre sobre nuestros cuerpos, Javier, organizador y due&ntilde;o de The Wild Detectives, nos convida una cena. El vino es casi tan exquisito como los platos y todo se vuelve lo m&aacute;s delicioso posible dando cuenta de su esmerada hospitalidad. Es tarde y el mezcal cierra el convite. Salgo para regresar con una escritora espa&ntilde;ola que presenta aqu&iacute; un libro sobre las nuevas condiciones ecol&oacute;gico-clim&aacute;ticas. A mitad de camino ella cruza de cuadra hacia su Airbnb y yo sigo sola. 
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                &quot;Todo árbol muerto es político&quot;                            </span>
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        Todav&iacute;a hay partes de la ciudad en donde no ha vuelto la luz. La noche es oscura y solitaria. Un cachorro intenta entrar en la casa del &aacute;rbol ca&iacute;do. Rasca la puerta pero nadie abre y el animal trata de usar el &aacute;rbol desplomado y se trepa a sus ramas como si fueran rampas que lo elevan hacia las ventanas, pero tampoco por ac&aacute; puede meterse a la casa. No s&eacute; si es el vino tinto o los &aacute;rboles muertos o que hemos vuelto a perder Chile lo que me da tantas ganas de llorar como si fuera yo ese cachorro que se trepa al &aacute;rbol para intentar colarse por la ventana rota y volver a su hogar. Todos se pusieron a resguardo y lo han dejado inevitablemente olvidado, solo en una noche de vientos y tormenta, mientras al sur del continente una votaci&oacute;n determina la continuidad de una constituci&oacute;n pinochetista que ya s&oacute;lo por eso deber&iacute;a haber sido superada hace tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Perdimos. Y que estemos acostumbrados a perder no lo hace menos terrible.
    </p><p class="article-text">
        En nuestras tierras sudamericanas hay tantos desaparecidos sosteniendo desde abajo de la tierra las ra&iacute;ces viejas de los &aacute;rboles, que se habr&aacute;n hartado de que no los escuchemos, de que queramos seguir ignor&aacute;ndolos, y hoy nos han soltado la mano y han tirado por primera vez de esas ra&iacute;ces, m&aacute;s fuerte que nunca, para que los &aacute;rboles se desplomen sobre nosotros y que los que todav&iacute;a andamos vivos ya no tengamos d&oacute;nde descansar en paz.
    </p><p class="article-text">
        Todo &aacute;rbol muerto es pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Una p&eacute;rdida de cientos de a&ntilde;os, una presencia sobre la tierra que tuvo su comienzo desde mucho antes de que naci&eacute;ramos, se tumba delante de nuestras pupilas sorprendidas para sacudirnos la modorra de una vez.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos tantos ancestros muertos dejando salir la tierra por sus pechos de costilla seca y el polvo entre los dientes, que la angustia del rechazo nos sube a la garganta.
    </p><p class="article-text">
        Los &aacute;rboles bailan una danza de muerte al ritmo de la tormenta y del rechazo porque alg&uacute;n ancestro enojado, cansado y abatido, se hart&oacute; de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Perdimos y no encuentro las palabras de consuelo, ni para m&iacute; ni para lxs amigues chilenos, mientras nuestros muertos de asesinatos impunes tiran del rev&eacute;s de la tierra como si fuera una manta, para al menos poder abrigarse y protegerse entre ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sangre derramada tambi&eacute;n ech&oacute; ra&iacute;ces y tumba &aacute;rboles vencidos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la tormenta, hasta la &uacute;ltima hoja tiembla.
    </p><p class="article-text">
        <em>DR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Reyes]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Sep 2022 17:38:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Raíces desnudas]]></media:title>
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