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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gabriela Parodi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/gabriela-parodi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gabriela Parodi]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Madre sal: las mil vidas de Gabriela, pionera del rock argentino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/madre-sal-mil-vidas-gabriela-pionera-rock-argentino_129_9305627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b34d01e-ea58-4976-ac50-044a3365f66b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madre sal: las mil vidas de Gabriela, pionera del rock argentino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Viaje al inicio: Martín Rodríguez conversa con Gabriela, a la que casi nadie conoce por el apellido (Parodi) y el rock naciente. Parodi acaba de lanzar su libro 'Las mil vidas de Gabriela'.</p></div><p class="article-text">
        Gabriela Parodi. Desde su ventana se ven las copas de los &aacute;rboles de una plaza de Belgrano. Nos esperan dos tazas de caf&eacute; en una mesa redonda, y contra la pared una guitarra el&eacute;ctrica. Me present&oacute; al gran Pino Marrone &ndash;su compa&ntilde;ero por d&eacute;cadas&ndash;, a su hija Cecilia, y en el momento exacto en que termin&oacute; el saludo nos dejaron solos. Gabriela eligi&oacute; la altura de un departamento antiguo frente a una plaza para tener m&aacute;s cerca a los p&aacute;jaros que, como los caballos en los campos de su infancia, forman la breve zoolog&iacute;a de las letras de sus siete discos: el tesoro escondido&nbsp;(<em>Gabriela</em>, 1971;&nbsp;<em>Ubal&eacute;</em>, 1981;&nbsp;<em>Friendship</em>, 1983;&nbsp;<em>Altas planicies</em>, 1991;&nbsp;<em>Detr&aacute;s del sol</em>, 1997;&nbsp;<em>Viento rojo</em>, 2000 y&nbsp;<em>El viaje</em>, 2006).&nbsp;Su vida, le&iacute;da ahora, no aparenta la de una &ldquo;carrera profesional&rdquo;, sino un camino. La m&uacute;sica la fue encontrando. Ahora nosotros podemos encontrar a Gabriela con la reciente salida de&nbsp;<em>Las mil vidas de Gabriela</em>, por Marea Editorial.
    </p><p class="article-text">
        De arranque le confes&eacute; mi primer fanatismo con&nbsp;<em>Viento rojo</em>. Un disco on&iacute;rico, magn&eacute;tico, grabado en el 2000. Me sonaba a un desierto del oeste americano que ella conoci&oacute; al dedillo, aunque Gabriela ya viv&iacute;a ac&aacute;. Como si lo tuviera encima. Como si su vuelta fuera para llevarnos a otro lado. &ldquo;Un &aacute;lbum muy especial&rdquo;, me dice. Bajo una influencia principal:&nbsp;&ldquo;The Juliet Letters&rdquo;, un disco de Elvis Costello y el cuarteto de cuerdas Brodsky Quartet que&nbsp;le result&oacute; intrigante. &ldquo;De una belleza rara, qued&oacute; dando vueltas en mi cabeza durante a&ntilde;os. Y&nbsp;<em>Viento Rojo</em>&nbsp;viene de ah&iacute;. Quer&iacute;a algo que no tocase tierra, una nave flotante sin bater&iacute;a. Y me hizo pegar un buen estir&oacute;n como m&uacute;sica, crec&iacute;. Exponerme al concepto s&oacute;nico y a los distintos arreglos musicales de Bill Frisell fue poes&iacute;a para mis o&iacute;dos. Todav&iacute;a me sorprende la qu&iacute;mica natural que se produjo entre nuestros&nbsp;conceptos musicales.&rdquo; El resultado: un clima profundo y cinematogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Pero el primero y legendario de sus discos talla su ingreso al honor de ser &ldquo;la pionera&rdquo;.&nbsp;<em>La primera mujer del rock</em>&hellip; Mil a&ntilde;os antes de los cupos, la primera plana rockera la rode&oacute; y grab&oacute; (Edelmiro Molinari, Emilio Del Guercio, Litto Nebbia, Le&oacute;n Gieco, Miguel y Eugenio). Se llamaba simplemente &ldquo;Gabriela&rdquo;. A&ntilde;o: 1972. Poncho y a caballo. En una de las fotos del interior del &aacute;lbum ella abraza una cabrita, Edelmiro la mira (tiene puesta una vincha blanca), y m&aacute;s atr&aacute;s, Emilio del Guercio, recostado sobre la montura del caballo tambi&eacute;n la observa con ternura. Gabriela &ndash;la bell&iacute;sima voz en &ldquo;Padre sol, madre sal&rdquo; de Color Humano&ndash; estaba alumbrando un planeta lejano en el sistema solar de ese rock naciente. &iquest;Qu&eacute; nac&iacute;a ah&iacute;? De fondo, el llano infinito de nuestra pampa. La ruralidad, clave subterr&aacute;nea de esos&nbsp;<em>otros a&ntilde;os setenta</em>, elecci&oacute;n de una cofrad&iacute;a que no cre&iacute;a siempre que hab&iacute;a un mundo nuevo por hacer sino uno viejo del que huir. Bendita fue entre esos m&uacute;sicos que hicieron su lujo sobre la materia musical. Podr&iacute;a ser llamada tontamente &ldquo;nuestra Joni Mitchell&rdquo; o &ldquo;nuestra Joan B&aacute;ez&rdquo; &ndash;las voces femeninas del folk&ndash;; <strong>Gabriela en cambio es un enigma largo, argentino, que vino ella misma a romper</strong>. Su apellido (Parodi), como tantas cosas en su vida, se traspapel&oacute;. Y la imagen de la pel&iacute;cula estrenada en febrero del 73, &ldquo;Rock hasta que se ponga el sol&rdquo;, el retrato de un festival BARock, tiene su voz, su cara escondida entre el pelo y el viento, mientras las estrofas de &ldquo;Campesina del sol&rdquo; que compuso su compa&ntilde;ero de entonces, Edelmiro Molinari, suenan la otra cara de la&nbsp;<em>patria liberada</em>: liberarse a s&iacute; mismos (el rock solt&oacute; su liebre lis&eacute;rgica). Misteriosa y prestigiosa, su reciente autobiograf&iacute;a pone en orden las cosas (y coincide con la publicaci&oacute;n de cuatro canciones de los setenta, &ldquo;Los simples&rdquo;, en un EP glorioso).
    </p><p class="article-text">
        <strong>My Generation</strong>
    </p><p class="article-text">
        Rock y militancia, Woodstock y Ezeiza. Ya vimos&nbsp;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=llVDfNpBpg0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta escena</a>&nbsp;en que Leb&oacute;n humildemente le para el carro a dos &ldquo;j&oacute;venes maravillosos&rdquo; armados. &ldquo;Si yo fuera otro tipo, te meto en cana&rdquo;. Pero veamos esta otra escena tambi&eacute;n. &iquest;D&oacute;nde suena la canci&oacute;n &ldquo;Post Crucifixi&oacute;n&rdquo; de Pescado Rabioso? Fue dicho: en la escena de tortura de la pel&iacute;cula &ldquo;Los Traidores&rdquo;, estrenada en 1973. En el s&oacute;tano. All&iacute;, Raymundo Gleyzer, un cineasta pol&iacute;tico vinculado al PRT, pone la m&uacute;sica del torturado. Deteng&aacute;monos en ese detalle. A&ntilde;os despu&eacute;s, en otra pel&iacute;cula no filmada justamente en la clandestinidad y estrenada en los primeros ochenta, &ldquo;Asesinato en el Senado de la Naci&oacute;n&rdquo; (un thriller pol&iacute;tico de Juan Jos&eacute; Jusid), se monta un peque&ntilde;o show del horror sobre el hist&oacute;rico crimen de la d&eacute;cada infame y trae para la cultura democr&aacute;tica un breve museo de la tortura policial: vemos submarinos y picanas filmados con crudeza. Pero ah&iacute;&nbsp;el torturador pone su m&uacute;sica: prende la radio para sacar la electricidad para la picana y suspira con la voz de Agust&iacute;n Magaldi (un santo invocado en vano para hacer doler). En su libro&nbsp;<em>Poder y desaparici&oacute;n</em>, Pilar Calveiro&nbsp;habla del efecto de la tortura (describe su propio padecimiento en la ESMA): un desdoblamiento, cuando ante tal umbral de dolor el torturado mira la escena &ldquo;desde arriba&rdquo;, como si estuviera ya fuera del cuerpo. Luis Alberto Spinetta canta en &ldquo;Post Crucifixi&oacute;n&rdquo; sobre ese mismo umbral cr&iacute;stico: &ldquo;Abr&aacute;zame, / Madre del dolor. / Nunca estuve tan lejos /&nbsp;de mi cuerpo&rdquo;. &iquest;Gleyzer sabe que Spinetta sabe lo que supo Calveiro? &iquest;El inconsciente de una &eacute;poca de tanta conciencia?&nbsp;<em>Nunca estuve tan lejos de mi cuerpo</em>. El rock es acupunturista.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Los tiempos que conoci&oacute; Gabriela casada con Edelmiro Molinari (que lideraba&nbsp;<em>Color Humano</em>) les hab&iacute;an permitido el privilegio de vivir en Olivos, cerca de la quinta presidencial. Un d&iacute;a la represi&oacute;n despu&eacute;s de una marcha les inund&oacute; la peque&ntilde;a casa de gases lacrim&oacute;genos. Ese d&iacute;a pr&aacute;cticamente tomaron la decisi&oacute;n de irse. Ella le hab&iacute;a cantado a Edelmiro, &ldquo;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=BgxgH0iV34w" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Haz tu mente al invierno del sur</a>&rdquo;, versos directos en su canci&oacute;n, porque &eacute;l, violero infernal, quer&iacute;a irse al norte, conocer lo que quedaba de la costa Oeste americana, con sus restos vivos de contracultura y m&uacute;sica negra. Ese era mejor plan que las ca&iacute;das en cana (es notable el cap&iacute;tulo de Gabriela sobre su noche<em>&nbsp;cama adentro</em>&nbsp;en una comisar&iacute;a), o las revisiones del auto cada d&iacute;a que entraban a Capital y les pon&iacute;an la ametralladora en las costillas mientras revisaban un coche lleno de instrumentos para ver si ten&iacute;an &ldquo;otros fierros&rdquo;. A su modo la tesis de que el rock fue el &ldquo;hermano menor&rdquo; del militante, que escuchaba el terror de mam&aacute; y estaba dispuesto m&aacute;s a revolucionarse a s&iacute; mismo que a hacer la Revoluci&oacute;n, se podr&iacute;a basar en que una mirada rockera no naturalizaba ni maduraba la violencia pol&iacute;tica que la militancia s&iacute;. Y a la vez, &iquest;entre 1970 y 1982 se graban acaso un pu&ntilde;ado de discos de rock de los que podr&iacute;amos sacar m&aacute;s &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo; de la &eacute;poca que en el folclore comprometido? Gleyzer tambi&eacute;n parec&iacute;a creer en eso. Digamos:&nbsp;en algunos de esos discos tal vez se puede encontrar m&aacute;s el sismo de los setenta que en otros &aacute;lbumes sazonados por el compromiso pol&iacute;tico expl&iacute;cito. &iquest;Qu&eacute; hay ah&iacute;, en esas cajas negras? &iquest;Menos mandatos ideol&oacute;gicos y sobresalto? El rock no ten&iacute;a un centro (&iexcl;una conducci&oacute;n!), pero se lee y oye en su contracultura mucho de lo que la militancia&nbsp;<em>oficialmente</em>&nbsp;desechaba en su &eacute;tica de combate: el miedo, la sexualidad, el viaje interior, la salvaci&oacute;n. As&iacute;, enchufados a la &eacute;poca sin filtro, podemos o&iacute;r que &ldquo;Blues del terror azul&rdquo; de Claudio Gabis o &ldquo;Pato trabaja en una carnicer&iacute;a&rdquo; del insuperable Moris ofrecen emociones &ldquo;completas&rdquo;, ojos para poder ver la ciudad entera.&nbsp;Tambi&eacute;n su cielo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;El comunismo result&oacute; complicado&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Gabriela selecciona bien la cr&oacute;nica de ese tiempo. Un d&iacute;a le cay&oacute; al laburo Ana. Una chica que hab&iacute;a sido del flower power, &ldquo;de hecho sal&iacute;a con Daniel Ripoll&rdquo;, el director de revista&nbsp;<em>Pelo</em>. Ana ten&iacute;a acceso a los festivales, era una chica hermosa de la moda de esa &eacute;poca: capelinas gigantes, pesta&ntilde;as postizas. &ldquo;Pero cuando la vi ese d&iacute;a no la reconoc&iacute;. Ella se presenta y me dice: &lsquo;soy Ana&rsquo;. Se sent&oacute; un rato, se vino con una gran lista, quer&iacute;a que cantara en unos festivales militantes. Pero yo siempre tuve claro que soy una pensadora libre, no me gustaba ni me gusta que me traten como reba&ntilde;o, as&iacute; que le dije que no. Despu&eacute;s me enter&eacute; que desapareci&oacute; en la dictadura. Tan bella, pero ese d&iacute;a estaba descuidada, casi irreconocible.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Gabriela conoci&oacute; al Padre Mugica durante una&nbsp;amistad como un &ldquo;rayo fugaz&rdquo;  as&iacute; la nombra. &ldquo;&Eacute;l era como un p&aacute;jaro &ndash;dice&ndash; lleno de vida, de ideas. Cre&iacute;a profundamente que su misi&oacute;n era ayudar a los pobres. Nunca lo vi como un guerrero, ni como un violento. Era una persona extremadamente sensible e inteligente.&rdquo; Y se sinti&oacute; lejos de lo que describe como su &ldquo;transformaci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Personalmente, no cre&iacute; en la militancia ni en la lucha armada. Siempre sent&iacute; una enorme decepci&oacute;n con la pol&iacute;tica. Por eso me dio tristeza que una persona tan brillante como &eacute;l haya terminado&nbsp;de manera tan tr&aacute;gica. Que nos dejen pensar en libertad, y no como reba&ntilde;o de ovejas, me parece muy importante. Porque yo creo que la militancia termina en eso.&rdquo; Algo que resuena sobre la violencia pol&iacute;tica y sobre el l&iacute;mite de la pol&iacute;tica. Su viaje hacia el pasado hace el inevitable eco, a&uacute;n lejano, en la oscurana del presente.
    </p><p class="article-text">
        En la&nbsp;<a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/todos-estamos-en-peligro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&uacute;ltima entrevista</a>&nbsp;de Pasolini, horas antes de morir, en 1975, dijo: &ldquo;El agua sube, es un agua inocente, agua de lluvia, no tiene ni la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un r&iacute;o. M&aacute;s, por la raz&oacute;n que sea no baja, sino que sube. Es la misma agua de lluvia de muchos poemitas infantiles y de las musiquillas del &lsquo;cantando bajo la lluvia&rsquo;. Pero sube y te ahoga. Si hemos llegado a este punto yo digo: no perdamos todo el tiempo en poner una etiqueta aqu&iacute; y otra all&aacute;. Veamos c&oacute;mo se desatasca esta maldita ba&ntilde;era, antes de que nos ahoguemos todos.&rdquo; &iquest;Las peores &eacute;pocas son aquellas en donde el mal no es tan f&aacute;cil de nombrar? Gabriela huy&oacute; de la Argentina. Su tierra es la m&uacute;sica, pero la m&uacute;sica es aire. Y las aves vuelan, tambi&eacute;n sus p&aacute;jaros.
    </p><p class="article-text">
        Volvi&oacute; a la Argentina en 1992. Gabriela va y vuelve de la m&uacute;sica, de su historia familiar, de su pa&iacute;s y de los pa&iacute;ses que conoci&oacute; por destino (su padre era un diplom&aacute;tico de carrera). Pero hay un punto nodal: el breve lapso de su vida como migrante clandestina en 1975. &ldquo;-Vente pa&rsquo; aqu&iacute;, &aacute;ndale pendeja!&rdquo;, le gritaron. Su trabajo consist&iacute;a, escribe, &ldquo;en pasar ocho horas dentro del Quality Control Department y asegurarme de que las camisas que llegaban a mis manos no tuvieran defectos&rdquo;. La f&aacute;brica se llamaba Kensington, en Pasadena, Los &Aacute;ngeles. Su nombre falso era Ina Hammoudi, una falsa iran&iacute;. Pero el que le grit&oacute;, &ldquo;un hombre petiso y fornido&rdquo;, la llev&oacute; arrastrando. &ldquo;Yo iba patinando sin saber por qu&eacute; ni ad&oacute;nde. En un rinc&oacute;n hab&iacute;a una caja de cart&oacute;n desvencijada. &ndash;Ag&aacute;chate, &eacute;ntrate ah&iacute; ahorita mismo y no salgas, &iquest;o&iacute;ste? &iexcl;Es que viene la migra, g&uuml;ey!&rdquo;. La polic&iacute;a ingres&oacute; a la f&aacute;brica. Nuestra &ldquo;campesina del sol&rdquo; toc&oacute; el nervio del volc&aacute;n: ella que conoci&oacute; el mundo de la mano de un padre diplom&aacute;tico, nunca hab&iacute;a estado tan lejos como esa tarde adentro de una caja con un nombre falso, rodeada de solidaridades espont&aacute;neas de otros indocumentados y en la pulpa de ese gusto fugitivo de lo latinoamericano. Podr&iacute;amos decir que en esa corrida mejicana Gabriela tom&oacute; su forma, la que contagia su m&uacute;sica: hacerse et&eacute;rea y aletear tambi&eacute;n los ritmos en esa nacionalidad forjada ah&iacute;, entre latinos. &ldquo;Viento rojo que ti&ntilde;es las sombras del desierto&rdquo;, canta. Gabriela naci&oacute; muchas veces.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;D&oacute;nde trabajabas cuando arrancaste ac&aacute; en los setenta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -En un lugar que se llama Drugstore, en Recoleta, donde iban todos los famosos, entre m&uacute;sicos, modelos. Quedaba por Jun&iacute;n, a una cuadra de las Heras. Una zona divina, donde ahora est&aacute;n todos los restaurantes. Era como una especie de galer&iacute;a grande, donde hab&iacute;a una boutique, la disquer&iacute;a y el restaurante. Un lugar muy divertido, muy bohemio, en el que el Gato Dumas empezaba a hacer sus primeros experimentos como chef de cocina. As&iacute; que lo conoc&iacute; mucho a &eacute;l tambi&eacute;n. Y yo trabajaba en la disquer&iacute;a como DJ. Me encantaba poner temas de acuerdo con el ambiente que hab&iacute;a. Trabaj&eacute; ah&iacute; por poco tiempo porque necesitaba la guita, obviamente. Habr&eacute; trabajado un a&ntilde;o, una cosa as&iacute;. Y el lugar sigui&oacute; despu&eacute;s de que yo me fui. Era un ambiente donde pod&iacute;as ver desde Tanguito hasta Tet&eacute; Coustarot.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-La palabra &ldquo;et&eacute;reo&rdquo;, que habl&aacute;bamos, atraviesa tu libro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Esto que dec&iacute;s de et&eacute;reo, que tambi&eacute;n se nota en mi m&uacute;sica, porque son como dos per&iacute;odos, uno m&aacute;s adolescente de rocanrol y el otro m&aacute;s chiquito, son todos hijos de diferentes edades. Yo amo a mis discos. Y lo et&eacute;reo se form&oacute; porque, de alguna manera, me escond&iacute; bajo mis propias alas. No me sent&iacute; bien recibida cuando llegu&eacute; de California y quise integrarme al grupo de m&uacute;sicos que eran amigos m&iacute;os, que igual les sigo teniendo cari&ntilde;o. Viv&iacute; un peque&ntilde;o rechazo, como que nadie quer&iacute;a escuchar mi experiencia. Y despu&eacute;s me di cuenta de que toda esa gente qued&oacute; atrapada ac&aacute;, en la dictadura. Muy pocos se fueron, no se fueron tantos. Al haber viajado tanto, me arm&eacute; mi mundo. Viv&iacute; sola. Eso se nota mucho en mis &uacute;ltimos discos. Mis primeros discos son m&aacute;s bien de rebeld&iacute;a, conectada con lo que estaba afuera. Despu&eacute;s fui buscando paz, ser&aacute; porque vengo de una generaci&oacute;n hippie. El amor y la paz son dos cosas muy importantes en mi vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;C&oacute;mo ten&eacute;s presente que se aseguraban lo m&iacute;nimo en los setenta, no s&eacute;, un porro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Est&aacute;bamos todos fumados, pero era mucho m&aacute;s liviano. Era estar as&iacute;, y escuchar m&uacute;sica, no recuerdo drogas fuertes en ese momento. Por ejemplo, una persona como Rodolfo Garc&iacute;a, el baterista de Almendra, no tomaba nada. Capaz, un vino, s&iacute;, pero con eso se re&iacute;a. Hab&iacute;a dos o tres dealers que vend&iacute;an marihuana. Y en ese momento se consegu&iacute;a mucho de Paraguay. Esa era la droga del momento. No hab&iacute;a otras cosas m&aacute;s densas. Igual el LSD ya empezaba, pero no cualquiera lo tomaba, no se animaban. Yo lo prob&eacute; un par de veces en mi vida, y dije esto no es para m&iacute;. No lo necesito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Vos viv&iacute;s en paz porque alcanzaste el prestigio. Quien&nbsp;gan&oacute; prestigio no persigue el premio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;. Todo el mundo tiene ambiciones, pero yo no tengo esa desesperaci&oacute;n que tiene mucha gente por llegar a algo. Ya llegu&eacute;, ya est&aacute;. Si me muero ma&ntilde;ana s&eacute; que tengo siete &aacute;lbumes y de eso estoy orgullosa. Y ahora tengo un libro que ten&iacute;a muchas ganas de escribir.<strong>&nbsp;</strong>Pero no quiero volver al pasado. Quiero ver hoy qui&eacute;n soy. Para eso tengo que tener tiempo para sentarme con mi guitarra, mi equipito y experimentar. Lo pienso hacer cuando termine esta locura de prensa del libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Se suele decir de vos &ldquo;la primera mujer del rock&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Tanto la primera mujer del rock, como la palabra pionera, sobre todo la palabra pionera va a tener un significado diferente dependiendo a qui&eacute;n se lo preguntes. Y la verdad que tener que explicarlo una y otra vez me resulta algo trillado, monotem&aacute;tico. Obvio que hubo otras mujeres que dieron sonidos vocales antes que yo. Pero la &uacute;nica que realmente perteneci&oacute; a ese movimiento de rock progresivo de principios de los setenta y represent&oacute; a la mujer, la que se subi&oacute; al escenario con bandas puramente masculinas una y otra vez, fui yo. Y eso qued&oacute; registrado. Por eso siento injusto tener que defender esta posici&oacute;n. El principio de mi carrera en Argentina dur&oacute; muy poco: de 1971 a 1974. Despu&eacute;s me fui a vivir a California. Y por lo que recuerdo, la segunda y &uacute;nica mujer visible que qued&oacute; cantando y registr&oacute; sus propios temas en un &aacute;lbum suyo fue Carola Cutaia. Ella fue la segunda, yo fui la primera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-En tus discos hay un viaje musical y original interesant&iacute;simo, &iquest;qu&eacute; influencias destac&aacute;s como principales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Mi viaje musical fue largo. Como a muchos j&oacute;venes me encantaban Los Beatles. Mi mentora y modelo fue Joni Mitchell. Me gustaban los poetas como Leonard Cohen, Bob Dylan, la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Tambi&eacute;n, el movimiento de compositores minimalistas como Steve Reich, Philip Glass, John Adams, que se dieron a conocer en los a&ntilde;os setenta y ochenta. Adem&aacute;s, me gustaban los experimentos con m&uacute;sica de ambiente de Brian Eno. Mi mente siempre estuvo abierta a todo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-</strong><em><strong>Las mil vidas de Gabriela</strong></em><strong>&nbsp;viene a cerrar una deuda. Rompe el misterio para muchos argentinos que redescubren tu obra y tu historia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Mi impulso fue dejar registro de mi paso por esta tierra. Con todo lo que eso significa y con todo lo que me toc&oacute; vivir. Mi hija me ven&iacute;a diciendo que mi vida deb&iacute;a ser contada. Y de paso, me importa contar qu&eacute; me pas&oacute;, porque siento que en mi propio pa&iacute;s hay demasiadas versiones sobre m&iacute; que no son ciertas. Quer&iacute;a contar mi verdad. Este tiempo digital ayuda, porque la m&uacute;sica que hice en esa trilog&iacute;a de discos con&nbsp;Bill Frisell, uno de los m&uacute;sicos m&aacute;s creativos y experimentales de este siglo, est&aacute; finalmente disponible en las plataformas musicales. Eso ayud&oacute; a que se generara un reconocimiento de parte de la gente. Para el que le interese mi libro ah&iacute; est&aacute; todo: mi camino, mi luz y mi oscuridad. Hurgu&eacute; adentro m&iacute;o y saqu&eacute; hasta la &uacute;ltima gota de verdad y savia que ten&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La tarde se apaga, un d&iacute;a termina&nbsp;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=mnmDma2VKK8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hoy</a>. Cumplida la misi&oacute;n: conocer a Gabriela, y conocer en su calidez, en su primera sonrisa mientras abre la puerta, ah&iacute;, en ese primer&nbsp;<em>don</em>&nbsp;entre desconocidos, el abrigo del lugar al que se fue a vivir... su libertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/madre-sal-mil-vidas-gabriela-pionera-rock-argentino_129_9305627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Sep 2022 03:01:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Rock,rock argentino,Gabriela Parodi]]></media:keywords>
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