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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Cordera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/gustavo-cordera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Cordera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Quién viene a ver a Cordera, hoy? ¿Qué tan otro, es este Cordera?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/viene-ver-cordera-hoy-cordera_129_9306449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b310e52-3a9d-445e-9740-52856d9ef680_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién viene a ver a Cordera, hoy? ¿Qué tan otro, es este Cordera?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres décadas después de haber presenciado con diecinueve años su primer show de Bersuit Vergarabat en Cemento, el autor vuelve a compartir concierto y público con Gustavo Cordera. "Acá estamos, con los puntos que sacamos y las cagadas que hemos hecho, nosotros y el tipo que está arriba del escenario".</p></div><p class="article-text">
        Haber tenido diecinueve a&ntilde;os en 1991 y una noche caer en Cemento porque uno de los estudiantes de periodismo que &eacute;ramos ten&iacute;a un amigo que ten&iacute;a un amigo que estaba haciendo una pasant&iacute;a en el S&iacute;! de Clar&iacute;n y hab&iacute;a conseguido entradas. Y escuchar de golpe una banda que ten&iacute;a un disco y nadie conoc&iacute;a a la banda y nadie le hab&iacute;a escuchado al disco. Haber tenido diecinueve a&ntilde;os en 1991 y al rato estar todos cantando de rabia: 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Hijos de puta, hijos de puta! Como nada puedo hacer, puteo: &iexcl;Hijos de puta, hijos de puta! Como nada puedo hacer&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        La asquerosa alegr&iacute;a de unos feos en pijamas con un guitarrista que te despeinaba y te invitaban a carajear fuerte a cualquiera que tuvieras ganas de carajear fuerte: pod&iacute;a ser Menem o tu pap&aacute;; Tinelli o la soreta de la nueva esposa de tu pap&aacute; que los fines de semana primereaba el est&eacute;reo del 505 que nos llevaba a todos a GEBA para poner <strong>Isabel Pantoja</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Era lo de menos a qui&eacute;n: o no, no era lo de menos, era lo de m&aacute;s, pero vos eleg&iacute;as a qui&eacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Porque puteabas para afuera, pero puteabas para adentro, pensando secretamente en los nudos de tu circunstancia. En qui&eacute;n lo pudiera merecer. Y esos tipos de ah&iacute; arriba te ayudaban a hacerlo. Gracias tipos de ah&iacute; arriba porque tengo diecinueve a&ntilde;os, es 1991, estoy en Cemento y puedo gritarle a los que yo quiera:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Hijos de puta, hijos de puta!</em>
    </p><p class="article-text">
        Haber tenido 19 a&ntilde;os, pesta&ntilde;ear, y tener ahora m&aacute;s de cincuenta, estar en la puerta de Vorterix en este viernes de septiembre del a&ntilde;o 2022 de Nuestro Se&ntilde;or y, tres d&eacute;cadas despu&eacute;s, haber venido a ver el show de <strong>Gustavo Cordera</strong> con una pregunta tirando de la noche: &iquest;qu&eacute; pas&oacute;?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gustavo Cordera, el sábado por la noche en Vorterix                            </span>
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        <strong>Un disparo en la frente</strong>
    </p><p class="article-text">
        La curva que va de Cemento al programa de <strong>Viviana Canosa </strong>es una se&ntilde;ora curva, no debe ser tan f&aacute;cil ni de completar ni de comprender. Pero si quisi&eacute;ramos trazarla en velocidad y anotarle las paradas importantes, habr&iacute;a que decir: que despu&eacute;s de aquella noche de Cemento, la banda que conocimos como Bersuit Vergarabat hizo un par de discos desencontrados que nos entibiaron la tirria y ya no volvimos a putear a nadie. Despu&eacute;s apareci&oacute; Santaolalla y los produjo. Supieron, los gustavos, hacernos volver a la efervescencia de la po&eacute;tica antisistema profetizando la venida del estallido. Cuando el estallido finalmente vino, en el 2001 aquel, todos miramos a la Bersuit como se mira al jugador que cant&oacute; el n&uacute;mero justo antes que el crupier. 
    </p><p class="article-text">
        Se hicieron grandes, los Bersuit, regionales, perforaron todos sus techos y se empezaron a perforar entre ellos tambi&eacute;n. En 2004 fue convocado un nuevo oleaje de seguidores. Haber tenido 35 a&ntilde;os e ir por las redacciones titulando &ldquo;La argentinidad al palo&rdquo; a cualquier nota que hablara de Maradona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En abril de 2007 me pas&eacute; dos d&iacute;as en Cabo Polonio con Cordera para una tapa de Rolling Stone. En Buenos Aires, entrevist&eacute; al resto de la banda. Ya se despreciaban lo suficiente como para no poder hacer la nota juntos. La primera l&iacute;nea de aquella nota es un textual de Cordera diciendo: <em>&ldquo;Yo le dije a Santaolalla, a Julieta Venegas le estaba faltando pija&rdquo;</em>. C&oacute;mo pudo decirme eso, c&oacute;mo pude escribirlo yo, c&oacute;mo pudo mi editor dejar que eso quedara y c&oacute;mo pudo la editorial permitir que eso saliera publicado son todas preguntas que son la misma pregunta: a&ntilde;o 2007, &iquest;diosm&iacute;o, en qu&eacute; est&aacute;bamos pensando?
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vino una separaci&oacute;n de esas donde todos se tiran con el destilado de sus miserias, y con reclamos de guita. Despu&eacute;s Cordera arranc&oacute; su carrera solista. Hizo algunos discos m&aacute;s, las radios pasaron algunas de sus nuevas canciones y un d&iacute;a de 2016 fue a TEA para ser entrevistado por estudiantes de periodismo. Entonces, socialmente, se suicid&oacute;. Dijo un poco las mismas brutas cosas que hab&iacute;a dicho siempre solo que las dijo en un mundo nuevo. Nadie le avis&oacute; que hab&iacute;a un mundo nuevo. Se enter&oacute; cuando sinti&oacute; el disparo de la cultura de la cancelaci&oacute;n en la frente. Reconvertido en un cad&aacute;ver p&uacute;blico, pidi&oacute; perd&oacute;n, hizo un video suplicante donde rog&oacute; que basta, que no daba m&aacute;s, que por favor basta. En 2018, cinco a&ntilde;os antes que <strong>Dillom</strong>, hizo un disco post mortem. Abri&oacute; <em>Entre las cuerdas</em> con la canci&oacute;n <em>Un abuso </em>y el track cuatro se llam&oacute; <em>Ya no quiero castigo</em>. Despu&eacute;s vino la pandemia. 
    </p><p class="article-text">
        En el tracto diario de los canales de noticias, en el tejido arterial de la comunicaci&oacute;n informativa, el de Canosa ha quedado instalado como un contraperiodismo del goce s&uacute;bito, el goce que produce la ira habilitada. Un enunciado rabiante que fuerza las cosas hasta que adoptan la apariencia de lo real sin que necesariamente tengan que serlo. Pura fuerza del encastre, pura fuerza de forzar, de hacer entrar los cubos en los c&iacute;rculos: Viviana es de las que te venden talento, pero abr&iacute;s el paquete y era voluntad. Ahora ha salido del aire, pero hasta hace poco era verla y saber que se sent&iacute;a su propia <em>barbie girl </em>en su propio <em>barbie world</em>, su propia <strong>Juana Viale</strong>, cada vez que se miraba ella misma a c&aacute;mara, es decir, cuando se miraba encima. Yo supongo que despu&eacute;s la c&aacute;mara se apagaba y alguien, alg&uacute;n productor, el mismo <strong>Andr&eacute;s Bombillar</strong>, piadosamente se le acercaba y, como despert&aacute;ndola, le dec&iacute;a: <em>&ldquo;Pst, ey, Vivi, que Juana Viale se nace&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Bien, en el programa de Viviana Canosa apareci&oacute; un d&iacute;a, con su guitarra, Gustavo Cordera. Para los que, a los 19 a&ntilde;os una noche en Cemento cant&aacute;bamos <em>fuera de ac&aacute;, los represores, los indultados, la yuta en la calle, fuera de ac&aacute;</em>, y le compramos a la Bersuit el stock ind&oacute;cil de la insurrecci&oacute;n temprana, verlo ah&iacute; agradeci&eacute;ndole a Vivi el coraje de haberlo invitado fue como poner la &uacute;ltima pieza en un largo puzzle de desencanto. As&iacute; son los rompecabezas: hasta que no pon&eacute;s la &uacute;ltima pieza no los ves del todo.
    </p><p class="article-text">
        Haber tenido 19, tener hoy 51. Y estar ahora ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El awante</strong>
    </p><p class="article-text">
        Libertarios, antivacunas, chiques militantes de la Julio Argentino, no ten&iacute;a idea con qu&eacute; me iba a encontrar en la puerta de Vorterix. <strong>Javier Milei </strong>usa &ldquo;Se viene el estallido&rdquo; para los unipersonales de su show politk, as&iacute; que por qu&eacute; no. 
    </p><p class="article-text">
        A <strong>Mart&iacute;n Souto</strong>, me encontr&eacute;. Fue un hallazgo a contrapierna. No asocio a Souto con ninguna, pero con absolutamente ninguna de las criaturas que preconceb&iacute;. Me explica que hizo a la Bersuit en una nota para El Aguante antes de que estallaran como banda de estadios y, desde entonces, sigue a Cordera. En las malas, tambi&eacute;n. Estamos conversando frente a la boleter&iacute;a, esperando nuestras acreditaciones, cuando alguien se abre paso y le dice a la chica de la ventanilla: <em>&ldquo;Va a venir Burlando&hellip; Burlando, el abogado, viene con veinte m&aacute;s, que pasen todos&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n viene a ver a Cordera, hoy?
    </p><p class="article-text">
        Una vez adentro, me encuentro con la respuesta de la que Souto fue un anticipo: principalmente, gente en sus cincuentas que no le solt&oacute; la mano a su artista. Tipos a los que se la han muerto los padres, o los tienen ya muy grandes, haciendo di&aacute;lisis tres veces por semana, en plan de irse, porque as&iacute; es la vida. Mujeres que han parido varias veces, y conocieron el reviente, alg&uacute;n reviente, y lo sobrevivieron. Gente que va por su segundo divorcio, atletas del homebanking con hijos que estudian, yo mismo estar&iacute;a por ah&iacute; siendo uno de ellos, si no fuera que estoy en la barra, con un gintonic en la mano, mir&aacute;ndolos a ver qu&eacute; ficha les saco.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                ¿Quién viene a ver a Cordera, hoy?                            </span>
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        Ac&aacute; estamos, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, con los puntos que sacamos y las cagadas que hemos hecho, nosotros y el tipo que est&aacute; arriba del escenario, y que ahora canta: <em>Soy mi dolor, soy mi condena, soy el veneno de mis venas</em>.
    </p><p class="article-text">
        El show arranca con Cordera sentadito: banqueta y micr&oacute;fono, parece un standup. M&aacute;s quieto, como aplacado. Hay o parece haber algo de sujeto que se ha calmado en esa puesta inicial. La voz, intacta. No se la puso o no se la puso muy seguido porque si no, as&iacute;, no lleg&aacute;s. Y lo que antes era bramido de joven progre con ganas de romper algo, ahora es family cancionismo con shock de memorabilia nost&aacute;lgica. Cordera canta con su mujer y, para <em>La soledad</em>, hace subir al escenario a su hija. &iquest;Qu&eacute; tan otro, es este Cordera? &iquest;Qu&eacute; tan otros somos los que estamos ahora ac&aacute;?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Gente en sus cincuentas que no le soltó la mano a su artista."
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                Gente en sus cincuentas que no le soltó la mano a su artista.                            </span>
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        Hay una segunda capa de p&uacute;blico, un recorte, son lo que llegaron en sus veintis cuando <em>La Argentinidad al palo</em> llev&oacute; a la Bersuit a tocar el cielo de su primer River. Hoy est&aacute;n en sus 35, ara&ntilde;an los 40, y son los que, hacia la segunda mitad del show, piden pogo. Okay, entremos al pogo, entremos a la fiesta del reencuentro de los egresados de la pubertad pol&iacute;tica, busqu&eacute;monos entre esta gente que capaz somos uno de los que est&aacute; por ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hay unos cu&aacute;ntos nost&aacute;lgicos, ac&aacute;, parece&rdquo;</em>, dice Cordera desde el escenario, blanqueando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Hoy están en sus 35, arañan los 40, y son los que, hacia la segunda mitad del show, piden pogo..."
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                Hoy están en sus 35, arañan los 40, y son los que, hacia la segunda mitad del show, piden pogo...                            </span>
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        Y entonces ac&aacute; estamos otra vez: gente celebrando canciones que hab&iacute;an quedado ah&iacute;, bajo los escombros de los a&ntilde;os, y que si le das mecha todav&iacute;a funcionan: tomo para no enamorarme, me enamoro para no tomar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntas veces se muri&oacute; este tipo? &iquest;Cu&aacute;ntas veces va a volver de haberse muerto? El show termina y <strong>Mart&iacute;n Paladino</strong>, prensa de Cordera, me dice que banque, que tal vez podamos pasar al camar&iacute;n. Vorterix se desagota velozmente porque despu&eacute;s hay una fiesta de esas que tiene nombre de golosina: hab&iacute;a una que se llamaba La plop, la de esta noche no s&eacute; c&oacute;mo se llama.
    </p><p class="article-text">
        Noelia Guevara guarda la c&aacute;mara y espera conmigo: ya nos dijeron que fotos, en el camar&iacute;n, no. Tiene 36, Noelia. Escuch&oacute; a la Bersuit a sus veinte como la escuch&eacute; yo a los m&iacute;os. Pero se atragant&oacute; con las declaraciones de Cordera cuando Cordera las hizo y ahora est&aacute; delante de la piba que fue, y le dieron ganas de cantar las canciones del final, y de la mujer feminista que es, y no le dieron ganas de cantar nada m&aacute;s. <strong>Tal vez hayamos venido a eso, a encontrarnos con la larga sucesi&oacute;n de sujetos que fuimos frente a un artista, su obra y su discurso p&uacute;blico. Y en eso estamos, siendo cada uno una multitud.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Abajo el pasillo es largo y angosto. El Zorrito Von Quintiero viene saliendo. Souto tambi&eacute;n. Hay gente saludando y todo se embuda. Esperamos. Unos minutos despu&eacute;s, nos abrimos paso. Cordera est&aacute; con equipo de gimnasia negro, sonriente, con una especie de felicidad del agotamiento encima.
    </p><p class="article-text">
        -Hola Gustavo. Cabo Polonio, a&ntilde;o 2007, no s&eacute; si te acord&aacute;s de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Cordera se espabila. Abre los ojos todo lo que le da el cansancio del show. Me mira. Fuerte, me mira. Algo nos saca de ac&aacute; y, entiendo, por un instante, nos lleva a los dos hasta aquellos tipos que fuimos. Yo escrib&iacute; las cosas que &eacute;l dijo aquella vez. Volvemos r&aacute;pido del match con el tiempo y nos saludos bien, ahora y ac&aacute;, porque, me parece, ninguno de los dos sigue siendo el que fue.
    </p><p class="article-text">
        <em>AS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Seselovsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/viene-ver-cordera-hoy-cordera_129_9306449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Sep 2022 14:51:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién viene a ver a Cordera, hoy? ¿Qué tan otro, es este Cordera?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gustavo Cordera,Gustavo Santaolalla]]></media:keywords>
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