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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Valeria Luiselli]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/valeria-luiselli/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Valeria Luiselli]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El ombú es hierba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ombu-hierba_129_9564645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd0e1f43-c898-4bdd-bed6-6498e15673ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ombú es hierba"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora camina por plazas, libros y pantallas mientras duda si tener algo roto adentro será sensación o certeza.</p></div><p class="article-text">
        Ahora que volvieron a casa, la plaza de enfrente est&aacute; en obra.
    </p><p class="article-text">
        Rota a mazazos y con los juegos de pl&aacute;stico por el piso, derrotados.
    </p><p class="article-text">
        Entonces migran a otras, catadores de plazas.
    </p><p class="article-text">
        En la plaza de Romana hay ni&ntilde;os con armas de pl&aacute;stico y ropa camuflada. Romana dice que quiere jugar m&aacute;s tranquila. En la calesita se suben a un peque&ntilde;o coche polic&iacute;a de madera. Enfrente de la plaza, una estaci&oacute;n de polic&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En otra plaza, Sim&oacute;n sale a buscar a su amigo imaginario a la puerta de la jaula de los planetas, o los tubos, o los ADNes. Otro ni&ntilde;o les regala dos bellotitas unidas y les dice que son ustedes haciendo pic nic. Les dice tambi&eacute;n, que est&eacute;n atentas.
    </p><p class="article-text">
        Las tipas que pierden su follaje bien al final, entrada la primavera ya, sobre la plaza de ustedes.
    </p><p class="article-text">
        El nido al que el ave de rapi&ntilde;a lleva botines bastante voluminosos.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Valeria Luiselli que es como estar arriba de ese auto todo el tiempo cruzando la historia y el desierto. Y eso que dice del sonido y el tiempo, cuando dice de su marido (porque lo llama marido siempre):&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Creo que su plan es grabar los sonidos que ahora, en el presente, se escuchan en ciertos lugares por los que alguna vez caminaron , hablaron y cantaron Ger&oacute;nimo y los otros apaches que pelearon junto a &eacute;l. De alg&uacute;n modo, est&aacute; intentando captar su presencia pasada en el mundo, y hacerla audible a pesar de su ausencia actual. Y lo hace recolectando cualquier eco de ellos que todav&iacute;a reverbere. Cuando un p&aacute;jaro grazna o un viento sopla entre las ramas de los cedros en el cementerio donde Ger&oacute;nimo est&aacute; enterrado, ese p&aacute;jaro y esas ramas iluminan una porci&oacute;n de un mapa, un paisaje sonoro, en donde Ger&oacute;nimo estuvo alguna vez.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Creo que esta podr&iacute;a ser algo as&iacute; como la tesis del libro todo, que por algo se llama <em>Desierto sonoro</em>. Aunque en ingl&eacute;s original no se llame as&iacute;. Pero deber&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n reverbera que algo as&iacute; es lo que te gustar&iacute;a poder generar con la nueva pel&iacute;cula que acaso en alg&uacute;n momento puedan filmar: lo de la temporalidad de los espacios, que un espacio es todo aquel que lo habit&oacute;, y no est&aacute; mal considerar que acaso sea el sonido lo que contenga todas esas dimensiones, o acaso sea la propia dimensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las golondrinas hacen su vuelo err&aacute;tico de cuando va a llover o algo extra&ntilde;o acecha. &iquest;Algo peligroso?
    </p><p class="article-text">
        El chico de la casa del roble de bellotas negras; &iquest;son negras porque se pudrieron o es un tipo de roble especial?
    </p><p class="article-text">
        La visita de los primos brasile&ntilde;os japoneses.
    </p><p class="article-text">
        El pan horneado al modo de la madre brasile&ntilde;o-japonesa que ya no est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        El or&aacute;culo de fotos: una por d&iacute;a para poder apreciar los detalles y reparar.
    </p><p class="article-text">
        La tarde apacible en el r&iacute;o llena de vendedores ambulantes.
    </p><p class="article-text">
        La se&ntilde;ora que ofrece de alfajores a escabeches, dice que se llama Margarita, va vestida de alpinista suiza y se hace arrastrar el carro de posta a posta por muchachos j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        El paraguas que sobresale del carro de la se&ntilde;ora, de rojo carmes&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Donald Antrim sobre su cama y su mam&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Una pel&iacute;cula enso&ntilde;ada y sin rumbo de Petzold que, de todos modos siempre, algo da. Aunque m&aacute;s no sea esa sensaci&oacute;n de desolaci&oacute;n de lo alem&aacute;n, del espacio ordenado y pulcro pero abismado de lo alem&aacute;n. El tilo florecido pero no hay alegr&iacute;a, el tilo que turge pero por encima del silencio, del deber.
    </p><p class="article-text">
        El silbido de uno de los operarios que despedazan la plaza para armarla otra vez, que se transporta en el viento y llega hasta ac&aacute; arriba.
    </p><p class="article-text">
        Un tordo que se posa unos segundos sobre la red de contenci&oacute;n. Nunca hab&iacute;as visto un p&aacute;jaro tan negro por ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La caca de p&aacute;jaro sobre la banqueta. Que no sea de rata, pens&aacute;s. Que la rata caga m&aacute;s grande, te dice tu mam&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Bueno parece que se pavonean, ahora fue el turno de un gorri&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El conductor de radio cuyo editorial te gusta escuchar se fue de viaje y el editorial lo hace otra conductora: el cambio del editorial le cambia el clima al programa.
    </p><p class="article-text">
        El llanto en la clase de yoga cuando la profesora nombra a un alumno que tiene el nombre del protagonista de la novela m&aacute;s triste del mundo. Por suerte est&aacute;s en una posici&oacute;n invertida y nadie ve. Por suerte, tambi&eacute;n, hay un ba&ntilde;o cerca y podr&iacute;as estar al&eacute;rgica. En el espejo del ba&ntilde;o, tus ojos est&aacute;n chiquitos y para adentro, como los de Bob Esponja cuando se queda sin agua.
    </p><p class="article-text">
        Que un tallerista te ense&ntilde;e el significado de la palabra <em>tusa</em> en colombiano, que es como la tristeza ocasionada por un rompimiento amoroso, as&iacute; de espec&iacute;fico es, y se dirima si &lsquo;resaca de amor&rsquo; tiene una connotaci&oacute;n positiva o negativa. Y decir que hasta ahora siempre la usaste en sentido positivo, como el cansancio y la satisfacci&oacute;n despu&eacute;s de horas de amor.
    </p><p class="article-text">
        Enamorarte por un par de horas de Nathan Fielder por ser tan gracioso y demente.
    </p><p class="article-text">
        Que la mirada sobre la ficci&oacute;n de Fielder y John Wilson te rompa la cabeza, una vez m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Un paseo con Ram&oacute;n un s&aacute;bado por la tarde, junto a una v&iacute;a, iluminada por un sol oblicuo. Que se detenga constantemente, a ver, tocar, trepar. Que vean un &aacute;rbol hachado de cuyo tronco sale una savia roja como sangre de animal. Que los impresione y que Ram&oacute;n se unte un poco en su brazo para fingirse herido. La savia se queda pegada ah&iacute;. Despu&eacute;s, compran pan y se sientan a la vera de un omb&uacute; junto a la v&iacute;a, Ram&oacute;n se trepa, vos no, vos te sent&aacute;s sobre uno de los anchos bultos que forman sus ra&iacute;ces, los ra&iacute;ces de la hierba omb&uacute;, que parece un &aacute;rbol pero es hierba. Ram&oacute;n le da la espalda a la v&iacute;a y a vos, pero el momento lo comparten igual, de espaldas y en silencio. Cerca de las v&iacute;as, unas palomas del tama&ntilde;o de gallinas picotean cosas del suelo, semillas, insectos.
    </p><p class="article-text">
        De regreso paran a comprar unas fresias. Mientras el florista las envuelve te pregunta si a ella tambi&eacute;n le gusta el mate, por Ram&oacute;n, que sostiene el mate y el termo. Le digo que s&iacute; pero que m&aacute;s lavado, y no aclaramos m&aacute;s. Desde que tiene el pelo largo la mitad de la poblaci&oacute;n lo da por nena. Ustedes se r&iacute;en c&oacute;mplices cuando les dicen, &ldquo;chau, chicas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La imagen de los copitos de la nota en televisi&oacute;n unos d&iacute;as antes de las detenciones, la chica de la gorra de lana y el tapado de piel, el muchacho de campera de cuero blanca, el pelo largo recogido, las orejas &eacute;lficas. Que todo tenga un aura medieval. Que la ficci&oacute;n se amedrente siempre frente al relato -err&aacute;tico y fascinante- de la <em>realidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esa noche pon&eacute;s una alarma para ver la salida de la luna a las 19:07 h desde el balc&oacute;n del departamento nuevo de tu mam&aacute;. Es un acontecimiento, la luna aparece por detr&aacute;s de los edificios un rato despu&eacute;s de la alarma y est&aacute; ancha y naranja, y con el conejo turgente en su superficie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muere Godard y, aunque su muerte no sea tan desoladora en t&eacute;rminos de 91 a&ntilde;os vividos con toda, &iquest;qu&eacute; es esa sensaci&oacute;n de orfandad, de uno menos en el mundo, uno que miraba de un modo en particular? Nos pasar&aacute; a cada unx con distintas desapariciones, pero qu&eacute; sensaci&oacute;n de abandono cuando alguien m&aacute;s se cae del mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que se enferme tu hijo y el desconcierto, junto a la evaluaci&oacute;n de s&iacute;ntomas, junto al sabor met&aacute;lico que sale de su boca siempre que se siente mal, el mismo olor farmacol&oacute;gico de cuando naci&oacute;, y saber que ese es el s&iacute;ntoma del desarreglo, del desequilibrio. Que aprenda a estar enfermo y tolerar lo que es sentirse mal, mientras vos aprend&eacute;s a afinar la percepci&oacute;n para saber cu&aacute;ndo es dolor y cu&aacute;ndo dificultad de aceptar.
    </p><p class="article-text">
        Los omb&uacute;es, el bonsai y el que te regalaron en la librer&iacute;a, agradecen tanto la luz de la cocina que tiran hojas casi m&aacute;s grandes que su propio tronco, que su propio cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        La tusa cr&oacute;nica y tener, o la sensaci&oacute;n de tener, o la certeza de tener, algo roto adentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y seguir, pero eso roto est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ombu-hierba_129_9564645.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Sep 2022 04:07:58 +0000]]></pubDate>
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