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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lucas Pusineri]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/lucas-pusineri/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Lucas Pusineri]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Locura por Atlético Tucumán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/locura-atletico-tucuman_129_9587627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26c1bc9c-c434-4b9c-ade7-67233c826d3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Locura por Atlético Tucumán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aún cuando para muchos pueda ser efímera, la felicidad de los hinchas del "Decano" es enorme. El torneo argentino entra en etapa de definiciones: un momento clave, sin lugar para los débiles, según el autor, que repasa historias mínimas de algunas de las figuras del Atlético de Pusineri y su sueño de campeón.</p></div><p class="article-text">
        Los tucumanos est&aacute;n enfermos de f&uacute;tbol. Eso dicen los porte&ntilde;os, los cordobeses, los santiague&ntilde;os, los mendocinos y todos aquellos que miran sorprendidos a Atl&eacute;tico Tucum&aacute;n en la cima del f&uacute;tbol argentino. Los hinchas de Boca y de Racing esperan que el equipo que dirige Lucas Pusineri termine sin aire, como infectado por una bacteria, y se desinfle en la recta final de la Liga de Campeones. Sin embargo, esto que les pasa a los hinchas del Decano tucumano es una rara enfermedad. Es como un germen que est&aacute; en la sangre y empez&oacute; a dominar todo el cuerpo. Altera el funcionamiento normal del organismo, por supuesto, y es dif&iacute;cil de extirpar, pero no genera da&ntilde;o ni perturba a las personas. Por el contrario, revela sentimientos de felicidad. Una felicidad que puede ser ef&iacute;mera, porque es f&uacute;tbol, pero es felicidad al fin.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil ser puntero de la Liga Profesional, por encima de River, Boca, Racing, Hurac&aacute;n, Independiente y tantos otros. Los hinchas lo saben. Los jugadores tambi&eacute;n y el cuerpo t&eacute;cnico hace malabares para mantener la calma, la humildad y el trabajo de grupo en medio de tanta efervescencia que vive casi toda una provincia. A cualquier hincha de Atl&eacute;tico Tucum&aacute;n le fascina que le hablen de Lali. Pero no de Lali Esp&oacute;sito.<strong> En Tucum&aacute;n hablar de Lali es &ldquo;La Libertadores&rdquo;.</strong> As&iacute;, en may&uacute;sculas. El orgullo de haber jugado dos veces consecutivas aquel torneo continental en 2017 y 2018 no se los quita nadie. Y quieren volver a jugarla. Como dir&iacute;a Osvaldo Soriano, la deseaba tanto que ni siquiera intentaba disimularlo. Hubo una vez, en agosto de 2018, cuando la imagen de un hincha de Atl&eacute;tico recorri&oacute; toda Am&eacute;rica en la pantalla de Fox Sports. Estaba en la tribuna, pegado a la tela de alambre, con un suero de hospital en la mano. Aquella noche, Dar&iacute;o D&iacute;az<strong> se escap&oacute; del Centro de Salud para ir a la cancha.</strong> Y todo porque Atl&eacute;tico se jugaba el pase a octavos de final de Lali frente a los colombianos de Nacional de Medell&iacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estaba internado a la espera de una cirug&iacute;a. Faltaban tres horas para el partido. Podr&iacute;a haber visto la transmisi&oacute;n por televisi&oacute;n, pero no quer&iacute;a quedarse tendido en una cama, a tan solo veinte cuadras del estadio. En la previa, por la ventana de la sala del hospital se colaban los c&aacute;nticos de los hinchas que iban rumbo a la cancha. &ldquo;Me entr&oacute; una adrenalina en el cuerpo y empec&eacute; a pensar c&oacute;mo pod&iacute;a escaparme&rdquo;, dijo aquella vez de su haza&ntilde;a el fan&aacute;tico Decano que, en aquel tiempo, ten&iacute;a 30 a&ntilde;os.&nbsp;
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                Lucas Pusineri, técnico de Atlético de Tucumán.                            </span>
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        Con cintas de papel se envolvi&oacute; la sonda y el suero pegado al cuerpo como una momia, se puso una campera y camin&oacute; hacia la puerta de la guardia con la excusa de ser un acompa&ntilde;ante. &ldquo;Salgo a fumar a la vereda&rdquo;, le dijo al polic&iacute;a que estaba de portero. En la otra esquina lo esperaba Enzo D&iacute;az, su hermano. Caminaron hasta el estadio con la ansiedad de quien no tiene entrada en la mano, pero con un plan trazado de antemano. En el bolsillo izquierdo del pantal&oacute;n, <strong>su hermano Enzo llevaba el carnet de discapacidad que le daba derecho a ingresar al estadio, seg&uacute;n la ley vigente, y con un acompa&ntilde;ante</strong>. Dar&iacute;o, el paciente del hospital, no se sac&oacute; la campera por nada del mundo y segu&iacute;a con las cintas y el suero adherido a la piel. Nunca lo revisaron en la puerta. Como c&oacute;mplices de una aventura, los hermanos D&iacute;az subieron los escalones de la tribuna sobre calle Chile. Se ubicaron detr&aacute;s del arco que hoy defiende el arquero boliviano Carlos Lampe y que en aquel entonces estaba bajo la custodia de Cristian Lucchetti. Con la euforia de los minutos previos al partido,<strong> Dar&iacute;o se sac&oacute; la campera y cargaba el suero con el brazo en alto como si todo el tiempo estuviese gritando un gol en medio de la tribuna. </strong>Un productor de televisi&oacute;n lo vio entre los hinchas y, con olfato period&iacute;stico, no dej&oacute; pasar la escena. Le pidi&oacute; que se acercara a la tela de alambre y le puso el micr&oacute;fono, mientras los jugadores estaban en el vestuario durante el entretiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;s?,</strong> le pregunt&oacute; el periodista
    </p><p class="article-text">
        -Del hospital, del centro de Salud, sala 15, sector 1, cama 2. Aguante los Deca, mi viejo nom&aacute;s&ldquo;, respondi&oacute; Dar&iacute;o D&iacute;az ante la c&aacute;mara de Fox Sports. &rdquo;Somos los m&aacute;s grandes del norte, pap&aacute;&ldquo; agreg&oacute; con euforia, mientras mostraba el suero y una gasa pegada a la altura del hombro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si no se entiende que esto es una pasi&oacute;n, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el f&uacute;tbol&rdquo;, sol&iacute;a decir Roberto Fontanarrosa cuando le hablaban de la redonda. Sin saberlo, los hermanos D&iacute;az se movieron como personajes de un cuento del recordado autor rosarino. Aquella noche, en el estadio monumental, los Decanos gritaron un gol de Leandro D&iacute;az y otro de Guillermo Acosta. <strong>Nadie quer&iacute;a dejar el estadio</strong>. La fiesta segu&iacute;a en Tucum&aacute;n y repercut&iacute;a en las pantallas del continente. Todav&iacute;a con algo de suero sosteniendo en su mano, Dar&iacute;o sali&oacute; de la cancha y se compr&oacute; un chorip&aacute;n, que es una tradici&oacute;n afuera de los estadios y muy tentador para comer al paso, despu&eacute;s de cada partido. Muchos lo tomaron con humor, pero tambi&eacute;n hubo quienes criticaron su decisi&oacute;n de escaparse del hospital, siendo que hay otros pacientes que esperan por una cama para internaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Guillermo Acosta</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El f&uacute;tbol tiene algo de t&uacute;nel a las profundidades &ndash;dice el escritor Eduardo Sacheri-. Te conecta con cosas muy hondas del modo de ser de cada persona que de otro modo est&aacute;n camufladas. El f&uacute;tbol nos saca todas las m&aacute;scaras: nos exhibe en lo bueno y en lo malo&rdquo;, afirma el autor de Me van a tener que disculpar, un emotivo cuento sobre Diego Maradona.
    </p><p class="article-text">
        El plantel de Pusineri tiene los objetivos muy claros. Eso tambi&eacute;n se asienta en determinados roles individuales como es el caso del capit&aacute;n y emblema tucumano Guillermo Acosta. En cada partido, el volante recorre el mediocampo como un guardi&aacute;n del olimpo con escudo en la mano para frenar a los rivales, pero tambi&eacute;n durante la semana tiene otra responsabilidad y otro sue&ntilde;o por cumplir a los 35 a&ntilde;os: <strong>estudiar y completar el secundario.</strong> Todo comenz&oacute; por un pedido de su propio hijo, de catorce a&ntilde;os, cuando le pregunt&oacute; a su padre si hab&iacute;a terminado el secundario. &ldquo;Me insisti&oacute; y me dijo &lsquo;vamos a hacerlo juntos&rsquo;. Empezamos y obviamente a &eacute;l le va bien, me dice &lsquo;dale que yo te ayudo&rsquo; y ah&iacute; vamos juntos&rdquo;, detall&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la semana, Acosta estudia en el Instituto de Ciencias Empresariales (ICE), una instituci&oacute;n que firm&oacute; un convenio con Atl&eacute;tico Tucum&aacute;n. En ese mismo colegio se forman muchos de los juveniles del club. &ldquo;Hac&iacute;a varios a&ntilde;os que termin&eacute; el s&eacute;ptimo grado y no hice nada m&aacute;s &ndash;record&oacute; el jugador-. Me cost&oacute; y me est&aacute; costando un poquito, pero ya me quedan pocos meses para terminar&rdquo;, hab&iacute;a relatado en una entrevista con Directv Sports Radio. Por una cuesti&oacute;n de calendario, &ldquo;BB&rdquo;, como apodaron a Acosta, terminar&aacute; primero el campeonato y despu&eacute;s el secundario. Pero ya dio un gran paso. <strong>&ldquo;Rendir ingl&eacute;s es lo m&aacute;s dif&iacute;cil; es una locura&rdquo;</strong>, agreg&oacute; con una sonrisa larga como estudiante el d&iacute;a de la primavera.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Mat&iacute;as Exequiel Orihuela</h3><p class="article-text">
        &ldquo;No quiero ser una estrella, prefiero ser un ejemplo para los ni&ntilde;os; como en su d&iacute;a lo fue Enzo Francescoli para m&iacute;&rdquo;, supo decir Zinedine Zidane. Una vez retirado del f&uacute;tbol profesional, el franc&eacute;s se puso el traje de Director T&eacute;cnico. Mat&iacute;as Exequiel Orihuela, integrante del plantel que lidera el campeonato, es cordob&eacute;s y su carrera comenz&oacute; tarde, dir&iacute;a cualquier relator de f&uacute;tbol. Tarde para la edad en la que hoy en d&iacute;a empiezan los jugadores. Ten&iacute;a 18 a&ntilde;os, cuando viv&iacute;a en Buenos Aires y trabajaba como recolector de residuos.<strong> Todos los d&iacute;as iba en la parte trasera del cami&oacute;n levantando las bolsas con basura hasta completar el turno de ocho horas con lluvia o con sol.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a com&uacute;n de trabajo, su compa&ntilde;ero de recorrido en el mismo cami&oacute;n lo invit&oacute; a jugar al f&uacute;tbol para el fin de semana. Aquella vez le vio condiciones y lo incentiv&oacute; para que probara suerte en un club. Orihuela entr&oacute; a la p&aacute;gina de la AFA y se enter&oacute; que hab&iacute;a un llamado a prueba para j&oacute;venes futbolistas en el club Deportivo Mor&oacute;n. Fue a probar suerte y estuvo dos meses jugando, pero no hab&iacute;a ninguna firma de contrato. Estaba en el aire. Sin embargo, el &ldquo;Profe&rdquo; H&eacute;ctor Lettiere, un personaje hist&oacute;rico del &ldquo;Gallito de Mor&oacute;n&rdquo;, a quien apodaban &ldquo;Huevo&rdquo; (fallecido en diciembre de 2020), lo hizo quedar en las inferiores. Jug&oacute; dos a&ntilde;os hasta que Salvador Daniele, el popular &ldquo;Gato&rdquo;, lo subi&oacute; a primera<strong>. &ldquo;Nunca me hab&iacute;a probado antes, porque mis amigos me mandaban al arco&rdquo;, </strong>record&oacute; Orihuela ri&eacute;ndose de s&iacute; mismo en una entrevista con Sports Center de la cadena ESPN. &ldquo;Lo hac&iacute;a m&aacute;s por hobbie, no por algo que me dar&iacute;a de comer en un futuro y cuando entr&eacute; a trabajar de recolector de residuos me top&eacute; con esta persona que me abri&oacute; la cabeza&rdquo;, dijo.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Renzo Iv&aacute;n Tesuri y Augusto Lotti</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Toqu&eacute; a Messi para asegurarme de que es un ser humano&rdquo;, dijo alguna vez Gianluici Buffon, el experimentado arquero del Parma de Italia. Ese fanatismo por el astro argentino tambi&eacute;n tiene a un referente en Atl&eacute;tico Tucum&aacute;n. Renzo Iv&aacute;n Tesuri es entrerriano y ten&iacute;a apenas nueve a&ntilde;os cuando Messi debut&oacute; en el Barcelona, el 17 de agosto de 2005. En la jerga del f&uacute;tbol se podr&iacute;a decir que<strong> &ldquo;es un fan&aacute;tico veneno&rdquo; de Messi.</strong> Al quedar embarazada su esposa, Tesuri habl&oacute; con ella para acordar una sola cosa: el nombre. &ldquo;Le puse Lionel por el m&aacute;s grande de todos. Ella sabe el fanatismo que yo tengo por Messi y le dije, si llega a ser nena, lo eleg&iacute;s vos&rdquo;, record&oacute;. Tesuri es un volante que juega por los costados y corre todo el tiempo. En este momento, mientras usted est&aacute; leyendo <strong>es probable que el entrerriano siga corriendo</strong>. Uno de los sue&ntilde;os por cumplir para Tesuri es conocer personalmente a Messi. &ldquo;Muero por verlo jugar y siempre lo digo: verlo jugar, aunque sea un ratito, a m&iacute; me hace el hombre m&aacute;s feliz del mundo&rdquo;, dijo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que te hace crecer es la derrota, el error&rdquo;, dice Pep Guardiola, el respetado entrenador espa&ntilde;ol. Atl&eacute;tico Tucum&aacute;n tuvo sus errores en este torneo, como en aquel partido en La Bombonera, el 28 de agosto, donde empez&oacute; ganando 1 a 0 con gol de Augusto Lotti, pero no supo mantener el resultado y termin&oacute; con las manos vac&iacute;as. Justamente, este delantero nacido en Salto, a 200 kil&oacute;metros del Obelisco, <strong>fue quien enmudeci&oacute; a la Bombonera,</strong> siendo que de chico hab&iacute;a empezado las inferiores en Boca Juniors, pero le cerraron las puertas. Arranc&oacute; en las Infantiles de Boca, pas&oacute; varios a&ntilde;os en el club, pero cuando ten&iacute;a edad de competir en la s&eacute;ptima, Coqui Raffo lo dej&oacute; libre. &ldquo;Me dijo que los otros chicos que jugaban en mi puesto ten&iacute;an m&aacute;s potencial que yo, eso me doli&oacute; mucho&rdquo;, record&oacute; en estos d&iacute;as de algarab&iacute;a en Tucum&aacute;n. Al final, de esa categor&iacute;a, Lotti fue el &uacute;nico delantero que lleg&oacute; a jugar en Primera Divisi&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Mateo Coronel y  Carlos Emilio Lampe</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando tu equipo anota en el &uacute;ltimo minuto haces los gestos raros de la felicidad anotadora &ndash;dice el escritor mexicano Juan Villoro-. Eso dura unos segundos. Misteriosamente, la discusi&oacute;n de esa jugada con los amigos durar&aacute; toda la vida&rdquo;, agrega. Algo de eso sucedi&oacute; en el estadio Jos&eacute; Fierro de Atl&eacute;tico Tucum&aacute;n, en la noche del martes 23 de agosto, cuando Mateo Coronel<strong> rompi&oacute; todos los r&eacute;cords del f&uacute;tbol argentino.</strong> En el &uacute;ltimo minuto de juego, y en tiempo de descuento, el delantero concentr&oacute; todas las miradas en su pie derecho al <strong>rematar desde 70.2 metros de distancia </strong>y esconder la pelota en el &aacute;ngulo superior derecho del arco rival. Fue el 4 a 0 frente a Barracas, en una noche so&ntilde;ada para los hinchas y para sorpresa del propio goleador. &ldquo;Una locura, estoy muy contento. No lo puedo creer&rdquo;, admiti&oacute; el futbolista al salir del vestuario. Todav&iacute;a se habla y seguir&aacute; habl&aacute;ndose de aquel golazo de Coronel, que lo convirti&oacute; en uno de los posibles candidatos al Premio Pusk&aacute;s, que la FIFA otorga al autor del mejor gol del a&ntilde;o en todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el puesto de los bobos, yo soy el m&aacute;s vivo&rdquo;, dijo alguna vez, Hugo Orlando &ldquo;El Loco&rdquo; Gatti. La gigante campa&ntilde;a de Atl&eacute;tico tiene como uno de sus pilares a la seguridad que garantizan las manos de Carlos Emilio Lampe. Apenas lleg&oacute; a Tucum&aacute;n, el arquero boliviano conquist&oacute; a los hinchas por sus atajadas. Desde la partida de Cristian Lucchetti, los fan&aacute;ticos se sent&iacute;an hu&eacute;rfanos bajo los tres palos. Sin embargo, el arribo de Lampe abri&oacute; esperanzas y desde el primer partido no defraud&oacute;. <strong>En Tucum&aacute;n, en agosto, para el D&iacute;a del Ni&ntilde;o, la camiseta de Lampe agot&oacute; todas las ventas. </strong>El propio arquero dijo que no pod&iacute;a salir a las calles en Tucum&aacute;n. &ldquo;Es impresionante c&oacute;mo la gente te frena y te pide una foto o una firma &ndash;record&oacute;-. Fui a la escuela con mi hija y era una locura. El fanatismo de la gente es incre&iacute;ble&rdquo;, relat&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un h&eacute;roe no necesita una capa, solo necesita un par de guantes, dijo alguna vez alguien y los arqueros guardaron la frase para siempre en la memoria. La primera vez que Carlos Lampe se ausent&oacute; de Tucum&aacute;n pidi&oacute; permiso para viajar a Buenos Aires, donde iba a presenciar el nacimiento de su hija. Los hinchas tragaron saliva, pero aceptaron la decisi&oacute;n. En la noche del 27 de junio, el arco qued&oacute; en manos de Tom&aacute;s Ignacio Marchiori, un mendocino nacido en Godoy Cruz hace 27 a&ntilde;os. Fue un empate 1 a 1, pero el arquero hizo cumpli&oacute; un buen papel. La segunda vez que Lampe se ausent&oacute; de Tucum&aacute;n fue para viajar a Francia, donde jug&oacute; para la Selecci&oacute;n de Bolivia en un amistoso frente a Senegal. Con resignaci&oacute;n, los hinchas aceptaron esa decisi&oacute;n y otra vez fue el turno del arquero mendocino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, Racing de Avellaneda est&aacute; agazapado y al acecho de los tucumanos. Boca Juniors le muerde los talones para intentar frenarlo en esa carrera por el t&iacute;tulo. El f&uacute;tbol argentino entra en etapa de definiciones. A 20 d&iacute;as del final es un momento clave, sin lugar para los d&eacute;biles.<strong> Enfermos unos, ansiosos, otros, y exasperados el resto.</strong> As&iacute; se vive el f&uacute;tbol argentino por estos d&iacute;as. Entrar en la historia o quedarse en la puerta. Dar el zarpazo o morir en el intento. Tomar impulso o quedarse sin aire. Todo eso est&aacute; en juego, mientras los hinchas en La Bombonera, en el Cilindro de Avellaneda o en el estadio Jos&eacute; Fierro de Tucum&aacute;n no ocultan los nervios para contener la angustia en cada partido. Lo viven con esa intensidad, como supo decir el novelista y fil&oacute;sofo franc&eacute;s, Albert Camus: no hay lugar en el mundo donde un hombre pueda sentirse m&aacute;s contento que en un estadio de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Velárdez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Oct 2022 03:03:26 +0000]]></pubDate>
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