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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariano Grondona]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/mariano-grondona/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariano Grondona]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mi querido odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/querido-odio_129_9608163.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f438ecdd-5e1a-4db4-b2e3-96019951ce2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi querido odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hugo Asch cuenta por qué odia, por qué le hace bien sentirlo y por qué no le da vergüenza ese odio suyo. Y recorre 50 años de historia de la derecha argentina: de Jordan Bruno Genta a la banda de los copitos pasando por Mariano Grondona y Mauricio Macri.</p></div><p class="article-text">
        Hace ya tiempo que el odio abandon&oacute; la rom&aacute;ntica contratara del amor en la moneda y se convirti&oacute; en la palabra con la peor prensa. Solo los perversos odian, los despiadados, los abandonados de la gracia de Dios. Tanto odian que hoy se los cataloga por esa caracter&iacute;stica: son odiadores. &lsquo;Haters&rsquo;, en ingl&eacute;s.&nbsp; Se los identifica como seres irracionales incapaces de pensar y cuestionarse nada, fan&aacute;ticos, violentos, manipulables. Lo que no es falso, al contrario. El odio inculcado por sistemas pol&iacute;ticos, educativos, familiares; por raza o clase social, produce individuos despreciables. No hay discusi&oacute;n sobre ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien. Hasta aqu&iacute; mi concesi&oacute;n a lo pol&iacute;ticamente correcto. No hay que abusar de esa desgracia. Si seguimos as&iacute; un d&iacute;a moriremos todos de un agudo ataque de correcci&oacute;n pol&iacute;tica. No subestimemos sus efectos narc&oacute;ticos, letales. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora quisiera hablar sobre otra clase de odio. Tambi&eacute;n podr&iacute;a llamarlo desprecio, profunda antipat&iacute;a, repulsi&oacute;n o encono. Pero no. 
    </p><p class="article-text">
        Me gusta m&aacute;s odio. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qui&eacute;n es capaz de amar conoce este sentimiento. Es mi caso. S&eacute; amar, s&eacute; odiar. Yo odio, he odiado y seguir&eacute; odiando. </strong>Fundamentalmente porque no me da todo igual. Discrimino. Me enojan ciertas cosas. Y otras me dan odio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que al usar &lsquo;yo discrimino&rsquo; y &lsquo;yo odio&rsquo; podr&iacute;a ser arrasado por una tremenda oleada de correcci&oacute;n pol&iacute;tica: bueno, no me importa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Calificar de odio a lo que la pat&eacute;tica banda de vendedores de copitos siente por Cristina Kirchner ser&iacute;a subirle mucho el precio. Lo de este grupo, intuyo, se parece m&aacute;s a la furia animal, a un severo ataque de excitaci&oacute;n psicomotriz. Hasta el odio se merece un respeto. 
    </p><p class="article-text">
        La historia argentina chapale&oacute; en la sangre de cientos de fusilamientos y deg&uuml;ellos hasta la irrupci&oacute;n de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en la segunda mitad del siglo XX. Antes de los pa&ntilde;uelos blancos, las cosas se negociaban con un muerto en la mesa. 
    </p><p class="article-text">
        Desde 1983 y hasta la noche en que Sabag Montiel arrim&oacute; esa pistola a quince cent&iacute;metros del rostro de Cristina Kirchner, no hubo asesinatos pol&iacute;ticos en Argentina. Por dinero, un mont&oacute;n. Por ideas, ni uno. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este grupejo casi rompi&oacute; 40 a&ntilde;os de no-muerte en un pa&iacute;s que se tutea con la muerte. No tienen perd&oacute;n. Pero no da para odiarlos. Se odia a quienes les lavaron lo poco de cabeza que tienen y los mand&oacute; al frente.</strong>  
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo en mis primeros pasos como periodista, haber hecho notas con casi toda la dura derecha de los a&ntilde;os &lsquo;70. 
    </p><p class="article-text">
        A Jordan Bruno Genta, por ejemplo, lo vi en una conferencia una semana antes de su asesinato a manos del ERP, en 1974. Era un catedr&aacute;tico de buenos modos, nacionalista, conservador, cat&oacute;lico, antisemita, anticomunista, decepcionado de la Revoluci&oacute;n Libertadora y enemigo del sistema democr&aacute;tico, que cre&iacute;a contaminado por liberales, peronistas y marxistas. Sus seguidores no eran multitud pero sab&iacute;an moverse. Sus posturas eran extremas y ten&iacute;an fieles disc&iacute;pulos en las tres fuerzas armadas. Demasiados. 
    </p><p class="article-text">
        Oscar Castrog&eacute; &#8210;en realidad Castrogiovanni&#8210; era el polo opuesto. Extrovertido, avasallante, de voz potente. Durante la dictadura se hab&iacute;a divertido pasando marchas nazis y fascistas en su programa de radio Excelsior. En los &lsquo;80 irrumpi&oacute; con un grupo de seguidores armados con pistolas y machetes para copar el programa &lsquo;Sue&ntilde;o de una noche de Belgrano&rsquo;, conducido por Jorge Dorio y Mart&iacute;n Caparros. Fueron sus 15 minutos, aquellos que promet&iacute;a Andy Warhol.
    </p><p class="article-text">
        Su hermano, como secretario de un juzgado, me cit&oacute; por un juicio que hab&iacute;a iniciado un fiscal, ofendido por una columna que Guillermo Kelly hab&iacute;a escrito en &lsquo;La Semana&rsquo;, revista en la que yo trabaja de subdirector en 1986. Durante los primeros 15 minutos de la indagatoria, Castrog&eacute; II solo se preocup&oacute; por averiguar los or&iacute;genes del apellido Asch. <strong>Un snob.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los Castrog&eacute; eran odiadores estilo &lsquo;El Caudillo&rsquo;, la revista no oficial de la Triple A. Ultraderecha violenta sin matices, mucha amenaza, cadenas, palo y a la bolsa, esas cosas. 
    </p><p class="article-text">
        Al &lsquo;Capit&aacute;n Ghandi&rsquo;, &lsquo;nom de guerre&rsquo; de Pr&oacute;spero Germ&aacute;n Fern&aacute;ndez Alvari&ntilde;o &#8210; comando civil de la Libertadora tambi&eacute;n llamado &lsquo;profesor&rsquo; aunque sin diplomas&#8210;, lo llev&eacute; a comer man&iacute;es al &lsquo;Bar o Bar&rsquo; &#8210;alimento ideal para el Rey de los Gorilas&#8210; y a hablar sobre el crimen de Aramburu, tema que lo obsesionaba en 1975.  Alvari&ntilde;o hab&iacute;a escrito un libro llamado &lsquo;Z Argentina, el crimen del siglo&rsquo; y all&iacute; desment&iacute;a la historia oficial en la que coincid&iacute;an el Ej&eacute;rcito Argentino y Montoneros. Para &eacute;l los culpables eran Ongan&iacute;a y su gente.  La teor&iacute;a no era mala, al contrario, pero lo afirmaba el mismo sujeto que se paseaba por el Departamento de Polic&iacute;a despu&eacute;s del golpe del 55 mostrando la calavera de Juan Duarte para demostrar que hab&iacute;a sido asesinado por orden de Per&oacute;n. Sus odios lo cegaban, pobre. No estaba bien.
    </p><p class="article-text">
        En enero de 1985 tom&eacute; un inolvidable t&eacute; en la casa estilo Tudor de Figueroa Alcorta casi Ortiz de Ocampo, pleno Palermo Chico, sede de &nbsp;&lsquo;Tradici&oacute;n Familia y propiedad&rsquo;. Me recibi&oacute; su l&iacute;der, Cosme Beccar Varela, impecable traje ingl&eacute;s, rodeado por j&oacute;venes altos, m&aacute;s bien rubios, tambi&eacute;n trajeados que, en una coreograf&iacute;a est&aacute;tica pero imponente, sosten&iacute;an pancartas rojas con signos her&aacute;ldicos. &nbsp;<strong>Nadie sonre&iacute;a pero parec&iacute;an de lo m&aacute;s amables. </strong>Me explicaron el insoluble problema jud&iacute;o, la falta de Dios de quienes alentaban el divorcio y el aborto, el horror peronista, el pecado mortal de quienes exhib&iacute;an la carne sin pudor cristiano.  Fue como una visita al siglo XVII. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la noche, cuando con palos, patadas, golpes de pu&ntilde;o y piedras impidieron el estreno de &lsquo;Yo te saludo, Mar&iacute;a&rsquo;, la pel&iacute;cula de Godard que consideraron &ldquo;hereje&rdquo; y &ldquo;mal&eacute;vola&rdquo;, los ni&ntilde;os parec&iacute;an barras de Nueva Chicago. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La derecha del siglo XX era una minor&iacute;a, pero pon&iacute;an los pelos de punta con su discurso que mezclaba como en licuadora a Adam Smith, Roca, Mitre, Rosas, San Mart&iacute;n, Mussolini, Per&oacute;n, Primo de Rivera, &lsquo;Mein Kampf&rsquo; y libelos como &lsquo;Los protocolos de los sabios de Sion&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de su estilo fronterizo, esta gente era m&aacute;s mucho s&oacute;lida que los &nbsp;balbuceantes Sabag Montiel, Brenda Uliarte &amp; Asociados, educados por bloques televisivos de ex periodistas guionados, y los cinco d&iacute;as de Woodstock con &aacute;cido malo del fiscal Luciani. 
    </p><p class="article-text">
        Hay odios y odios.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os &lsquo;90, Mariano Grondona logr&oacute; huir de la sombra de Bernardo Neustadt en &lsquo;Tiempo Nuevo&rsquo; y debut&oacute; con programa propio: &lsquo;Hora Clave&rsquo;.  Un poco por vicio de viejo liberal satisfecho porque el libre comercio por fin hab&iacute;a sido impuesto por Menem, y otro mucho para diferenciarse y buscar rating, comenz&oacute; a hablar sobre los pobres, a citarlos, a criticar a Menem por su insensibilidad. Neustadt, absorto, cre&iacute;a que se hab&iacute;a vuelto comunista.  La mezcla de Adam Smith con su catolicismo cursillista lo llev&oacute; a tener ideas que, confieso, me hicieron tener ataques de furia frente a la tele.&nbsp; Una noche quiso reunir a las dos Hebes. Hebe de Berdina, madre del primer oficial muerto en el Operativo Independencia de Tucum&aacute;n y Hebe de Bonafini, madre de dos desaparecidos en dictadura. No quiso una, no quiso la otra. L&oacute;gico. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Poco despu&eacute;s muri&oacute; el almirante Rojas, aquel petiso oscuro de sonrisa torva y gorra ladeada, el gran &lsquo;h&eacute;roe&rsquo; de la Libertadora. Por supuesto Menem fue a su entierro a presentar sus condolencias por el fallecimiento del l&iacute;der de la Marina que bombarde&oacute; la Plaza de Mayo dejando un tendal de cad&aacute;veres de gente que pasaba por ah&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Durante el trayecto del cortejo f&uacute;nebre, pas&oacute; otra cosa. Una viejita de pelo blanco y vestida de negro camin&oacute; lentamente hacia el f&eacute;retro y le lanz&oacute; un escupitajo descomunal, de medalla ol&iacute;mpica. Se dio media vuelta y se fue, satisfecha.  Entonces, en su editorial, el doctor Grondona se dedic&oacute; a comparar &ldquo;el peronismo viejo&rdquo; de esa ancianita resentida que se hab&iacute;a quedado en el 45, con el &ldquo;peronismo nuevo&rdquo; del moderno y superador presidente riojano. <strong>Estall&eacute;.</strong> Mal. Las dos veces lo hice. Hablaba solo, o mejor dicho, le gritaba a la tele. Un papel&oacute;n a las 11 de la noche. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Defend&iacute;a ese profundo odio de la viejita de negro, y la prudente decisi&oacute;n de las Hebes de no juntarse. 
    </p><p class="article-text">
        Hay odios que son racionales, justificados. No existe esa clase de perd&oacute;n y est&aacute; muy bien que eso sea as&iacute;, y sigasiendo as&iacute;. Reivindico esa clase de odios, entonces. Odios racionales, sostenidos por la fuerza de los hechos y la historia. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es hora de reconocerlo: he odiado a todo aquel que haya participado o sostenido con fervor desde los medios al, digamos, gobierno de Mauricio Macri. Mauricio Macri no fue un neoliberal.  Esa creaci&oacute;n que Hayek y Milton Friedman estrenaron en Chile con Pinochet y luego fue la bandera pol&iacute;tica de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, era una variante brutal del liberalismo. Brutal, pero tambi&eacute;n cl&aacute;sica. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No es el caso de Macri, quien s&oacute;lo le import&oacute; el capital financiero. Si era por &eacute;l, se pod&iacute;a parar la producci&oacute;n de medio pa&iacute;s que nada ni nadie lo iba a mover de la reposera. Sucedi&oacute;. Lo suyo fue un capitalismo de agujero negro, de Nada, sin producci&oacute;n ni consumo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo de Macri no fue un plan econ&oacute;mico, fue una declaraci&oacute;n de guerra. Algo personal. Yo estaba entre los condenados, como tant&iacute;simos.  No est&aacute; mal odiar a gente as&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        El gobierno de Alberto Fern&aacute;ndez recibi&oacute; una herencia monstruosa y, para colmo, una pandemia mundial a los tres meses de asumir. Pero no logr&oacute;, con su estilo notoriamente m&aacute;s blando que conciliador, revertir la injusta distribuci&oacute;n de la riqueza ni parar la especulaci&oacute;n financiera.  <strong>Amag&oacute; enfrentar el Poder Real cuando anunci&oacute; la expropiaci&oacute;n de la empresa Vicent&iacute;n pero solo inaugur&oacute; una larga sucesi&oacute;n de dudas, contradicciones y marchas atr&aacute;s. Una desgracia.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Argentina el llanto del Circulo Rojo por el impuesto a la Renta Extraordinaria del 2% &ldquo;por &uacute;nica vez&rdquo; pudo provocar inundaciones en varias zonas del pa&iacute;s. <strong>La voracidad de la clase dominante argentina es tan espeluznante como suicida. </strong> Es dif&iacute;cil no odiar a estos sujetos. 
    </p><p class="article-text">
        En el siglo XIX no exist&iacute;a ninguna expectativa de movilidad social. El que nac&iacute;a rico mor&iacute;a rico y el que nac&iacute;a pobre mor&iacute;a pobre. En el siglo XX, despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n Rusa y en la segunda posguerra, el gran capital decidi&oacute; crear un &lsquo;Estado de Bienestar&rsquo; para que la gente viva razonablemente bien y no se dejara tentar por la 'amenaza comunista'. 
    </p><p class="article-text">
        Esto se termin&oacute; con la ca&iacute;da el muro de Berl&iacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La inversi&oacute;n en las capas medias fue desapareciendo y ese excedente fue a parar a los bolsillos del 2, el 3, el 5% de la poblaci&oacute;n. Semejante escenario convirti&oacute; al mundo en una caldera a punto de explotar. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; llegamos a este momento. Pos Covid 19 y con nueva guerra. Todo el sistema econ&oacute;mico y energ&eacute;tico mundial est&aacute; patas para arriba. Nosotros tambi&eacute;n, o peor.
    </p><p class="article-text">
        Argentina alquila, compatriotas, y el que nos cobra por vivir en la que fue nuestra casa es el FMI. No es met&aacute;fora. Por culpa de Macri que los llam&oacute; para financiar su fallida campa&ntilde;a de reelecci&oacute;n y para que sus amigos fugaran sus d&oacute;lares. Y por el acuerdo de este gobierno, que con su firma convirti&oacute; esa deuda en nueva. 
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo no odiar todo eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En medio de esta tragedia, los medios buscan temas nuevos cada d&iacute;a, para que los grupos de odiadores se muestren en las pantallas de todo el pa&iacute;s y se multipliquen. Parecen millones jugando a la muerte con la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Desprecio ese odio suicida, vacuo, idiota. Me alejo de &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
         Pero a la vez, odio. No puedo ni quiero evitarlo.
    </p><p class="article-text">
        Defiendo a mi odio con palabras, sin muerte, con furia interna. Con amor.
    </p><p class="article-text">
        Y me gusta este odio m&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>HA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hugo Asch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/querido-odio_129_9608163.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Oct 2022 03:02:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi querido odio]]></media:title>
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