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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ana María Shua]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ana-maria-shua/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ana María Shua]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ana María Shua: “A los enfermos se les pide valentía, a mí siempre me costó esa clase de solemnidad”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ana-maria-shua-enfermos-les-pide-valentia-costo-clase-solemnidad_1_13406041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b34854e-972e-4884-a404-f7c6c031a650_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x819y311.jpg" width="1200" height="675" alt="Ana María Shua: “A los enfermos se les pide valentía, a mí siempre me costó esa clase de solemnidad”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su reciente libro de relatos “El cuerpo roto”, la escritora ofrece doce textos que, narrados con complicidad y una mirada aguda, recorren escenas de enfermedad, dolor, cuidados y vulnerabilidad. Cómo fue narrar su propia experiencia con el cáncer y por qué cree que la muerte sigue siendo un gran tabú.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El per&iacute;odo entre el primer diagn&oacute;stico y el comienzo del tratamiento fue un tiempo extra&ntilde;o. Entr&eacute; en un estado de euforia, no pod&iacute;a parar de hablar. Me sent&iacute;a como un personaje de Jack London que avanzaba con su trineo sobre el hielo del &Aacute;rtico (...). Mi marido, ahora, no solo estaba aterrado por mi enfermedad, sino por mi estado ps&iacute;quico. </em><em><strong>Yo parec&iacute;a feliz, me re&iacute;a, hablaba sin parar, estaba viviendo una aventura extraordinaria&rdquo;</strong></em>, dice la narradora de <em>Un canto a la vida</em>, de <strong>Ana Mar&iacute;a Shua</strong>. El texto, que recupera la propia experiencia de la autora cuando a los 50 a&ntilde;os le diagnosticaron c&aacute;ncer por primera vez, es uno de los doce relatos que integran <em>El cuerpo roto</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2026), un libro en el que, entre la complicidad, la iron&iacute;a y el filo, <strong>la escritora se dedica a desentra&ntilde;ar esa &ldquo;aventura extraordinaria&rdquo; que atraviesan los cuerpos cuando necesitan alg&uacute;n tipo de cuidado, desean, envejecen o se rompen</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Con texturas diferentes (hay historias en primera persona, cuentos repletos de t&eacute;rminos t&eacute;cnicos, descripciones desopilantes, memorias que parecen desenredarse, materiales que despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os reci&eacute;n ahora ven la luz) y un tono c&oacute;mplice, al recorrer el libro se suceden historias protagonizadas por pacientes, m&eacute;dicos, familias, personas que deben cuidar a otras. Pero, lejos de ser solemne, Shua, que es una maestra de la observaci&oacute;n de los v&iacute;nculos, <strong>los exhibe en su desconcierto</strong>, frente al absurdo de la enfermedad o de la muerte; en sus maniobras ante lo inevitable, en sus gestos torpes y profundamente humanos. 
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                &quot;El cuerpo roto&quot; salió por la editorial española Páginas de Espuma                            </span>
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        <strong>&ndash; Contaste en algunas entrevistas que hay material de este libro que estuvo mucho tiempo guardado. &iquest;Qu&eacute; te llev&oacute; a publicarlo ahora?</strong> 
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, hay un texto en particular, que es el &uacute;ltimo. Es como una cr&oacute;nica del velorio de mi pap&aacute;. En alg&uacute;n momento me daba pudor publicarlo porque estaba ah&iacute; toda la familia. <strong>Yo generalmente no escribo acerca de mi propia familia y no me gusta usar como personajes a la gente que me rodea.</strong> Pero bueno, en este caso pasaron muchos a&ntilde;os, mi pap&aacute; muri&oacute; en el a&ntilde;o &lsquo;75 y ese texto lo habr&eacute; escrito dos o tres a&ntilde;os despu&eacute;s. Entonces dije &ldquo;ya est&aacute;, ya pas&oacute; mucho tiempo, se puede contar&rdquo;. &iexcl;Tampoco hay nada tan imp&uacute;dico ni mucho menos! (risas). El resto pertenecen a tiempos distintos, algunos estaban publicados en otros libros, otros los escrib&iacute; especialmente para &eacute;ste. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Siempre supiste que este libro iba a tener una columna vertebral tan clara, con el cuerpo en primer plano, con estos cuerpos que en circunstancias muy distintas se van rompiendo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Todo empez&oacute; en el momento en que yo le present&eacute; otro libro a mi editor de P&aacute;ginas de Espuma, Juan Casamayor. &Eacute;l lo ley&oacute; y me dijo &ldquo;s&iacute;, todos los cuentos est&aacute;n muy bien, pero no tienen nada que ver unos con otros&rdquo;. Y yo le dije &ldquo;es que a m&iacute; me gustan los libros as&iacute;, cuentos muy variados, que el lector se sorprenda mucho cada vez que pasa de un cuento al otro&rdquo;. Entonces &eacute;l me retruc&oacute;: &ldquo;Es que yo no publico libros <em>con</em> cuentos, publico libros <em>de</em> cuentos. Entonces siempre busco que tengan alg&uacute;n tipo de unidad, que puede ser de tono o de tema, o de lo que a vos se te ocurra&rdquo;. <strong>Como s&eacute; que &eacute;l es un gran editor y le tengo mucho respeto, me puse a pensar un poco. Al tiempo le dije que s&iacute; hab&iacute;a un tema sobre el que hab&iacute;a escrito mucho, que era el cuerpo, la enfermedad, la salud, la relaci&oacute;n con los m&eacute;dicos. </strong>A &eacute;l le interes&oacute; y me decant&eacute; por ese lado. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Ah&iacute; fuiste agrupando cosas, buscando lo que ya ten&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Claro, primero eleg&iacute; algunas cosas que ya ten&iacute;a. Y me pas&oacute; como te pasa cuando est&aacute;s armando un rompecabezas, que ten&eacute;s algunas piezas que ya encajaron y esas son las que van delimitando la forma de lo que falta.<strong> As&iacute; que de alguna manera ya sab&iacute;a lo que ten&iacute;a que escribir.</strong> As&iacute; fueron apareciendo los cuentos que faltaban. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Llama la atenci&oacute;n, en la mayor&iacute;a de los relatos, la precisi&oacute;n y la cantidad de detalles que aparecen sobre cuestiones m&eacute;dicas, sobre medicamentos, sobre enfermedades, algunas raras o no tan frecuentes. &iquest;Siempre te interes&oacute; la medicina? &iquest;Es algo que te gusta, que te atrae particularmente? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La verdad es que lo m&eacute;dico es algo que me acompa&ntilde;a desde siempre. Es algo que me interesa, me interesa mucho. De hecho, cuando lleg&oacute; el momento de decidir qu&eacute; iba a estudiar estuve a punto de seguir Medicina.<strong> Hasta que, en una r&aacute;faga de iluminaci&oacute;n, me di cuenta de que lo que en realidad m&aacute;s me gustaba de la medicina eran las palabras</strong> (risas). No ten&iacute;a tantas ganas de ser m&eacute;dica pero s&iacute; me fascinaban los t&eacute;rminos m&eacute;dicos. As&iacute; que desde siempre es algo a lo que le presto mucha atenci&oacute;n. Adem&aacute;s pasa que en esta casa, como dice una de mis hijas, somos enfermos profesionales (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;C&oacute;mo es eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Es que  tuvimos muchas aventuras y avatares en relaci&oacute;n con la enfermedad. As&iacute; que siempre la estoy escuchando. Pero obviamente aclaro que si habl&aacute;s conmigo y trat&aacute;s de profundizar en alg&uacute;n aspecto muy espec&iacute;fico no voy mucho m&aacute;s all&aacute; de la palabra. &iexcl;Pero la palabra la conozco! <strong>Por eso me irrit&oacute; much&iacute;simo </strong><em><strong>Dr. House</strong></em><strong>, esa serie que le encantaba a mucha gente. A m&iacute; me llamaba la atenci&oacute;n la cantidad de disparates m&eacute;dicos que mostraba</strong>, era irritante. Se salvaba por el actor, que es extraordinario, pero desde el punto de vista m&eacute;dico era un disparate. 
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                    alt="Ana María Shua nació en Buenos Aires, en 1951. Publicó su primer libro en 1967."
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                Ana María Shua nació en Buenos Aires, en 1951. Publicó su primer libro en 1967.                            </span>
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        <strong>&ndash; En este sentido, hay un par de narradoras de los relatos de este libro que, como vos, tambi&eacute;n se detienen en las palabras. Hay alguien que repara en que decimos que tal persona &ldquo;cursa&rdquo; una enfermedad o un ACV. Y hay otra que se enoja con un m&eacute;dico porque usa una met&aacute;fora muy desafortunada para referirse a la muerte. &iquest;Se recurre a estos t&eacute;rminos por miedo? &iquest;Nos sigue costando encontrar palabras para lo doloroso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Por un lado, hablar de la muerte no ha dejado de ser tab&uacute;. Y, claro, es algo muy dif&iacute;cil, muy tremendo. Y yo dudo de que esa inclinaci&oacute;n sea solamente en nuestra sociedad occidental judeocristiana. Me parece que el tema de la muerte es perturbador para todo el mundo, para todas las sociedades. Yo trabajo mucho con cuentos populares y leyendas de distintas culturas, sobre todo para chicos, y veo en esos relatos que la muerte no es algo natural para el ser humano. En culturas tan diversas como las de los abor&iacute;genes australianos y los pieles rojas, por ejemplo, los ind&iacute;genas de Am&eacute;rica del Norte. <strong>Es interesante ver c&oacute;mo siempre en la creaci&oacute;n del hombre la muerte no existe. El hombre, antes que nada, es creado inmortal y, como en la tradici&oacute;n judeocristiana, est&aacute; en el para&iacute;so. Hasta que, despu&eacute;s de esa creaci&oacute;n, aparece algo que irrumpe</strong>. A veces es un pecado, a veces es un error, a veces es una traici&oacute;n, a veces es una trampa. Algo que hace que aparezca la muerte. Pero la muerte en s&iacute; nunca se presenta como algo natural. Hay un cuento lind&iacute;simo de los <em>mas&aacute;i</em> de &Aacute;frica en que el h&eacute;roe cultural le explica a un ser humano que se llama Le'eyo, qu&eacute; es lo que tiene que hacer para que la muerte desaparezca, para que no exista nunca m&aacute;s. Entonces le dice: &ldquo;cuando alguien muera en la aldea ten&eacute;s que llevar su cuerpo hasta el r&iacute;o y decir luna muere, hombre vuelve a la vida&rdquo;. Un d&iacute;a muere alguien de la aldea y Le'eyo va con el cad&aacute;ver, mira a la luna y piensa &ldquo;&iquest;qu&eacute;, nos vamos a quedar sin luna para toda la eternidad por alguien que se muri&oacute;? No tiene ning&uacute;n sentido&rdquo;. Entonces dice &ldquo;luna muere y vuelve a nacer, hombre muere y no vuelvas m&aacute;s&rdquo;. Pero despu&eacute;s muere uno de sus hijos. Y entonces Le'eyo se arrepiente y lleva su cad&aacute;ver al r&iacute;o y dice las palabras m&aacute;gicas que le hab&iacute;an ense&ntilde;ado, pero esas palabras ya no funcionan. Una vez que fueron dichas ya quedan para siempre as&iacute;. Entonces la luna vuelve a nacer y el ser humano se muere y no vuelve. Revisando este tipo de leyendas, mitos, historias tradicionales siempre aparece un relato que explica el porqu&eacute; de la muerte. <strong>No conozco ninguna cultura que acepte realmente la muerte del ser humano como algo normal, natural, verdaderamente incorporado a la sociedad y su existencia.</strong> Porque nosotros tenemos el prejuicio de que es nuestra sociedad la que tiene a la muerte como un tab&uacute;, pero en realidad yo veo que es algo m&aacute;s extendido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Entre estos relatos de cuerpos rotos, aparecen por lo menos dos que tienen que ver con historias alrededor de la dictadura. Hay cuerpos que atravesaron la tortura, la desaparici&oacute;n, el exilio o zonas aleda&ntilde;as, digamos. &iquest;Por qu&eacute; los incorporaste y, al mismo tiempo, por qu&eacute; elegiste un tono para nada solemne para contar esas historias? Hay uno que es muy gracioso por c&oacute;mo la familia ve y nombra a la militancia pol&iacute;tica y a la vez pasan cosas terribles.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, ah&iacute; suceden cosas espantosas, pero es muy c&oacute;mico al mismo tiempo. Para m&iacute; es inevitable, de alguna manera, que aparezcan estas escenas: mi generaci&oacute;n est&aacute; atravesada por la dictadura y ah&iacute; no hay nada que hacer, &iquest;viste? Yo en el a&ntilde;o &lsquo;76 ten&iacute;a 25 a&ntilde;os. Mi hermana se tuvo que exiliar y de hecho buena parte de mi familia m&aacute;s cercana vive en el exterior porque tuvieron que escaparse en ese momento. Por suerte, por suerte se pudieron escapar y por suerte est&aacute;n vivos. <strong>A la vez fui al Colegio Nacional Buenos Aires, tenemos 140 compa&ntilde;eros desaparecidos. Es inevitable que todo eso est&eacute; presente.</strong> Quiero decir: estaba presente en ese momento y nos qued&oacute; para siempre. Es como una cicatriz. Aunque no, ni siquiera es una cicatriz, en realidad la dictadura es una llaga que llevamos encima. <strong>Yo nunca escrib&iacute; directamente sobre el tema de la dictadura, pero en todos mis libros aparece de alguna manera o como tel&oacute;n de fondo o como parte de alguna situaci&oacute;n. Siempre por alg&uacute;n lado se filtra y resulta inevitable</strong>. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo médico es algo que me acompaña desde siempre. Es algo que me interesa mucho. De hecho, cuando llegó el momento de decidir qué iba a estudiar estuve a punto de seguir Medicina. Hasta que, en una ráfaga de iluminación, me di cuenta de que lo que en realidad más me gustaba de la medicina eran las palabras.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En </strong><em><strong>Un canto a la vida</strong></em><strong>, el relato que abre el libro, la narradora habla de su enfermedad, que es el c&aacute;ncer, como &ldquo;una aventura extraordinaria&rdquo;. Por un lado, hay como una &eacute;pica, por el otro pareciera que se est&aacute; de alg&uacute;n modo curioso divirtiendo. &iquest;Te interesan esos contrastes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Por un lado, todo eso que aparece ah&iacute; es totalmente autobiogr&aacute;fico. Ten&iacute;a 50 a&ntilde;os en ese entonces y cuando empec&eacute; con la enfermedad entr&eacute; en un rar&iacute;simo estado de euforia. Como cuento ah&iacute;, me sent&iacute;a como en una novela de Jack London entre los hielos y luchando contra una manada de lobos. Entonces hab&iacute;a un elemento &eacute;pico, pero a la vez no pod&iacute;a dormir. Despu&eacute;s vino la quimioterapia y me barri&oacute; completamente. <strong>Me barri&oacute; la personalidad, ya no era yo misma y dej&eacute; de escribir ese texto que se menciona ah&iacute; y que estaba escribiendo al principio, cuando empez&oacute; todo. As&iacute; que nada, lloraba todo el d&iacute;a, qu&eacute; te puedo decir. </strong>Lloraba y no hac&iacute;a m&aacute;s que llorar y sufrir. Por eso me causa un poco de gracia cuando a los enfermos se les pide valent&iacute;a, a m&iacute; siempre me cost&oacute; esa clase de solemnidad. Por eso tambi&eacute;n, en el cuento, la idea de un canto a la vida empieza por ser sarc&aacute;stica y para terminar convirti&eacute;ndose de verdad un canto a la vida. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Aquel texto que no pod&iacute;as escribir cuando recibiste el diagn&oacute;stico lo retomaste muchos a&ntilde;os despu&eacute;s. </strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, como 20 a&ntilde;os despu&eacute;s. Y despu&eacute;s tuve c&aacute;ncer muchas veces m&aacute;s pero ya est&aacute;, ya escrib&iacute; un libro sobre el asunto. &iexcl;No puedo seguir escribiendo cuentos sobre c&aacute;ncer! (risas).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Distinguida con la Beca Guggenheim, el Premio Konex y el Premio Nacional de cuento, entre muchos otros, Shua es considerada una maestra de la narrativa argentina."
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            <span class="title">
                Distinguida con la Beca Guggenheim, el Premio Konex y el Premio Nacional de cuento, entre muchos otros, Shua es considerada una maestra de la narrativa argentina.                            </span>
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        <strong>&ndash; Antes hablabas del pudor que te generaba publicar una historia que ten&iacute;a como protagonista a tu familia. Cada tanto suelen aparecer debates alrededor de lo autobiogr&aacute;fico y la literatura, esto de qu&eacute; contar, si hay alg&uacute;n tipo de l&iacute;mite. &iquest;C&oacute;mo te llev&aacute;s con esto? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Creo que todo vale. Pienso que hay gente que trabaja con su autobiograf&iacute;a de una manera magn&iacute;fica. Estoy pensando, por ejemplo, en <em>M&uacute;sicos y relojeros</em> de <strong>Alicia Steimberg</strong>. Es maravilloso y es muy autobiogr&aacute;fico. O lo bastante como para pelearse con toda su familia durante a&ntilde;os (risas). Pero hay muchos m&aacute;s, no s&eacute;, <strong>Henry Miller</strong> o <strong>Jorge As&iacute;s </strong>han sido muy autobiogr&aacute;ficos. Y otros no son autobiogr&aacute;ficos en absoluto y tambi&eacute;n producen gran literatura. No veo que haya ninguna relaci&oacute;n entre la calidad literaria y el tipo de material con el que uno trabaja. Hay autores que prefieren trabajar con lo autobiogr&aacute;fico y otros no. <strong>Yo en este libro tengo de todo. Tengo el primer cuento y el &uacute;ltimo que son muy autobiogr&aacute;ficos y otros que no nada tienen que ver conmigo. </strong>En cualquier caso, me parece que nos pasa a todos los autores y autoras, que hay elementos de la vida que uno conoce personalmente por una u otra raz&oacute;n y al momento de escribir los usa. A la vez, creo que cuando est&aacute;s escribiendo todo confluye en tu texto de maneras imperceptibles: tus recuerdos, tus vivencias, lo que te est&aacute; pasando en ese momento. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Venimos hablando de cuentos, pero has dedicado mucho tiempo, sobre todo &uacute;ltimamente, a pensar el g&eacute;nero del microrrelato. &iquest;Qu&eacute; te atrae de &eacute;l, cu&aacute;l es la diferencia con el cuento?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, en realidad siempre estuve cerca del microrrelato, fue lo primero que escrib&iacute; para adultos. No fue lo primero que publiqu&eacute;, claro, porque el microrrelato siempre fue muy dif&iacute;cil de publicar. Como me pasa con la mayor&iacute;a de las cosas, me atrajo antes que nada como lectora. Cuando yo empec&eacute; a leerlos en realidad no se dec&iacute;a microrrelato sino &ldquo;cuento brev&iacute;simo&rdquo;. Y no eran m&aacute;s que eso, cuentos brev&iacute;simos. Despu&eacute;s vinieron los nombres cient&iacute;ficos, que en realidad me parece que alejan un poco a la gente, esto del &ldquo;microrrelato&rdquo;, la &ldquo;mini ficci&oacute;n&rdquo;, o la &ldquo;micro ficci&oacute;n&rdquo;. Lo que los diferencia de los cuentos es solamente la extensi&oacute;n. Despu&eacute;s est&aacute; lo que me pasa a m&iacute; cuando los escribo: el micro relato ya nace en m&iacute; con su forma puesta. No tengo que buscarlo mientras estoy escribiendo. Nace as&iacute;, es as&iacute;. Despu&eacute;s vendr&aacute; el pulido, el cambio de alguna palabra o alg&uacute;n signo de puntuaci&oacute;n. Pero la idea central es inamovible. Por el contrario, el cuento va surgiendo mientras lo escribo. O sea, yo s&eacute; el tema del cuento pero muchas veces no s&eacute; el final. Hay escritores que necesitan saber el final sin falta, si no no pueden avanzar. <strong>Escritores tan dis&iacute;miles como Abelardo Castillo o (Roberto) Fontanarrosa, por ejemplo.</strong> Yo no soy as&iacute; para nada, voy encontrando el final mientras escribo. Muy rara vez tengo el final antes de empezar. En el caso del microrrelato, lo que me pasa es que produce ese enorme placer de concentrar una alta cantidad de significado en una m&iacute;nima cantidad de significante. <strong>As&iacute; que me gusta mucho como lectora y todos nuestros grandes maestros del cuento han escrito microrrelatos.</strong> Pienso en autores tan variados como (Jorge Luis) Borges, (Julio) Cort&aacute;zar, (Marco) Denevi, Silvina Ocampo, (Isidoro) Blaisten. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre estuve cerca del microrrelato, fue lo primero que escribí para adultos. No fue lo primero que publiqué, claro, porque el microrrelato siempre fue muy difícil de publicar. Como me pasa con la mayoría de las cosas, me atrajo antes que nada como lectora.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Escrib&iacute;s todos los d&iacute;as?</strong> 
    </p><p class="article-text">
        &mdash; S&iacute;, te&oacute;ricamente s&iacute; (risas). En el &uacute;ltimo tiempo estoy muy vaga pero te&oacute;ricamente escribo todas las ma&ntilde;anas.<strong> La idea es que a las nueve, nueve y media est&eacute; sentada en mi oficina frente a la compu.</strong> Y, bueno, algo tiene que salir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Con qu&eacute; est&aacute;s ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Anduve con varias cosas porque escribo mucho para chicos. Pero mucho, mucho, mucho. Y tengo una enorme cantidad de libros de adaptaciones tambi&eacute;n, de leyendas y cuentos populares. Por lo general sigo el siguiente orden: un libro de microrrelatos, uno de cuentos, una novela. <strong>Para mi orden mental ahora deber&iacute;a me tocar&iacute;a una novela. &iexcl;Pero no tengo ninguna idea de novela, as&iacute; que vamos a ver! </strong>(risas). 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;  Cuando dec&iacute;s &ldquo;idea&rdquo;, &iquest;ese punto de partida es una imagen, una an&eacute;cdota, una palabra? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash; La verdad es que no lo s&eacute;. Nunca s&eacute; de d&oacute;nde va a salir lo que escribo. Pero no es una imagen ni una palabra, sobre todo con las novelas tiene que haber una idea de novela. Un tema general. Quiz&aacute;s todav&iacute;a no aparecen los personajes, pero tiene que haber un tema general, como si me dijera a m&iacute; misma &ldquo;esta historia se va a tratar de tal cosa&rdquo;. <strong>Al mismo tiempo tiene que haber un rumbo, aunque no sepa el final o en el camino vaya dando vueltas</strong>, tengo que tener la idea de que estoy yendo hacia alg&uacute;n lugar. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ana-maria-shua-enfermos-les-pide-valentia-costo-clase-solemnidad_1_13406041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 13:47:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ana María Shua: “A los enfermos se les pide valentía, a mí siempre me costó esa clase de solemnidad”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ana María Shua,Literatura argentina,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los saltimbanquis nos hacen compañía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/saltimbanquis-compania_129_11785451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c7b2e9f-45a6-46b3-b846-00f45ad950ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los saltimbanquis nos hacen compañía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El lado B de las deliciosas y monstruosas criaturas que habitan en el libro "Fenómenos de circo", de Ana María Shua, inspirador del espectáculo "Fenómenos, palabras y parábolas", dirigido por Gerardo Hochman. Una gloria en las arenas y en las alturas. </p></div><p class="article-text">
        Inadecuados. Se doblan pero no se rompen. Monstruosos. Saltarines mortales. Un espejo deformado. Hemos ido muchas veces en nuestra infancia al circo y hemos observado extasiados ese lado B de las deliciosas criaturas perfumadas. Gozamos con sus habilidades f&iacute;sicas extremas y m&aacute;gicas, esas destrezas que parecen de otro mundo pero son de &eacute;ste y por eso mismo, porque son dif&iacute;ciles aunque posibles ahicito nom&aacute;s, las aplaudimos a rabiar.
    </p><p class="article-text">
        La mujer barbuda, el hombre bala, la se&ntilde;ora m&aacute;s gorda del mundo, los payasos enanos del entrem&eacute;s, acr&oacute;batas, trapecistas y bailarines desfilan como un bestiario excitante y a la vez tranquilizador de &ldquo;quisiera poder hacer todo eso&rdquo; y &ldquo;menos mal que soy diferente&rdquo;. Son una troupe de saltimbanquis freaks.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; funcionan los mecanismos de representaci&oacute;n, identificaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n en esta gram&aacute;tica de las epopeyas humanas. Como un dique, como una proeza y como la falla de una supuesta -ilusoria- perfecci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Es lo que trae, con toda su belleza, el espect&aacute;culo de c&aacute;mara <em>Fen&oacute;menos, palabras y par&aacute;bolas</em>, que <strong>Gerardo Hochman</strong> cre&oacute;, tomando como punto de partida el libro de micro relatos de <strong>Ana Mar&iacute;a Shua</strong>, <em>Fen&oacute;menos de circo</em>, para deslumbrar y cautivar al p&uacute;blico,en ese tr&aacute;nsito que fue de las p&aacute;ginas de papel a las arenas en la que bailan los remolinos.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esta colectividad circense, como otras m&aacute;s tradicionales, modernas y tecnol&oacute;gicamente avanzadas, pobres o ricas, sencillas o deslumbrantes, nos entregan pistas sobre la construcci&oacute;n de sociedades plurales, al mostrar formas alternativas de convivencia a la hegem&oacute;nica, al poner de manifiesto la caducidad de nuestra forma de vida uniforme.</span>
    </p><p class="article-text">
        Vimos este espect&aacute;culo itinerante y sorprendente en el espacio de Quetren Quetren, una cancha de f&uacute;tbol en pleno Barrio Chino que muta para ser utilizada como feria, sala de shows, aula de clases o pista circense. Con los ojos bien abiertos ingresamos sin pudor en un v&eacute;rtigo de sensaciones, que se intensifica a medida que transcurren las escenas que ofrendan los int&eacute;rpretes de las incre&iacute;bles destrezas en torno a un trinquete. 
    </p><p class="article-text">
        Surcar el aire con elegancia, imitar a los p&aacute;jaros y contemplar desde lo alto, explorar los agujeros del cuerpo con elementos extra&ntilde;os, convertir la carne y la piel en el&aacute;sticos o caminar sobre los empeines nos recuerda que los l&iacute;mites siempre pueden correrse, que lo impensable puede suceder. Y que m&aacute;s all&aacute; de firuletes y figuras logrados luego de un vasto entrenamiento, nos atraviesan dilemas comunes como<span class="highlight" style="--color:white;"> la finitud, la soledad y el amor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Estamos en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires, a escasos metros de un nov&iacute;simo centro de consumo comercial. Tras unos sonidos percutorios, reina el silencio en espera de una prueba dif&iacute;cil. Los int&eacute;rpretes parecieran ingresar en otra dimensi&oacute;n y los espectadores con ellos. &ldquo;Entrar al r&iacute;o es entrar al vac&iacute;o, sin la otra orilla como horizonte palpable. El r&iacute;o del tiempo, el r&iacute;o de la vida&rdquo;, dec&iacute;a un personaje de la monumental pel&iacute;cula </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El cielo sobre Berl&iacute;n,</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Wim Wenders</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que ac&aacute; se estren&oacute; como </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las alas del deseo </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">y que ten&iacute;a un personaje femenino con alas, Marion, que trabajaba y viv&iacute;a en un circo.</span>
    </p><p class="article-text">
        Frente a <em>Fen&oacute;menos</em>, no s&oacute;lo se inquietan nuestros sentidos, el coraz&oacute;n tambi&eacute;n explota por la poes&iacute;a que le da contexto a cada escena. Ac&aacute;, el decir l&iacute;rico, la f&aacute;bula, llega en la voz potente de la maestra de ceremonias <strong>Eleonora de Souza</strong>, quien canta como los dioses y es la gran int&eacute;rprete que dice los textos de Shua y zurce los retazos para darles unidad. Con su <span class="highlight" style="--color:white;">vestido rojo, zapatitos delicados y anteojos, cuenta que &ldquo;hubo un circo m&aacute;s pobre todav&iacute;a. Adem&aacute;s de llevar sus propias sillas, los espectadores ten&iacute;an que sentarse, fingir que miraban la pista, imaginarla&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        Teclados y acorde&oacute;n suenan en las manos de <strong>Marcelo Duclos</strong>, responsable del tejido sonoro y vivo, que se amalgama con un grupo fabuloso que completan <strong>Evelin Bustos</strong>, <strong>Dami&aacute;n Torres</strong>, <strong>Julieta Pacham&eacute;</strong>, <strong>Lucas Bustos</strong>, <strong>Pablo Morizio</strong>, <strong>Victoria Larrambebere</strong> y <strong>Rodrigo Fern&aacute;ndez Madrid</strong>. Cada uno luce su habilidad inusual enfundado con los restos de un antiguo circo desmantelado. 
    </p><p class="article-text">
        En la pista se despliegan en el trapecio, con acrobacia, prestidigitaci&oacute;n, faquirismo, contorsiones, hula hula, b&aacute;scula, fuerza capilar y palo chino. <span class="highlight" style="--color:white;">Cada movimiento es un acto de arrojo al vac&iacute;o y una pu&ntilde;alada en el est&oacute;mago del espectador, de la que emerge con aplausos de pie.</span> <span class="highlight" style="--color:white;">Psicod&eacute;lica star de la m&iacute;stica de los pobres, dice </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Fito P&aacute;ez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en su </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Circo Beat</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es probable que la persistencia de Hochman en trabajar en equipo, esa vocaci&oacute;n permanente por la tarea grupal, en tribus,&nbsp;provenga, entre otras huellas, de sus tiempos de jugador de v&oacute;ley en los clubes Sholem y Peretz y de su formaci&oacute;n recreativa en la colonia de vacaciones Zumerland. Llevado amorosamente por sus padres, este maestro de circo que en la infancia jugaba en las veredas de La Paternal, nunca falt&oacute; a la cita con el Circo de Mosc&uacute;, en el Luna Park. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"> &ldquo;Arrojo al aire un sustantivo redondo. Antes de que caiga, con un disparo &uacute;nico, certero, logro que un adjetivo lo perfore en el centro mismo. Hago malabarismos con los verbos, camino por la cuerda floja de una sintaxis riesgosa&rdquo;, escribe Shua d&aacute;ndoles flujo a las palabras inm&oacute;viles solo en apariencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;En medio de contorsiones extremas, azoto con mi l&aacute;tigo las palabras hasta obligarlas a saltar por los aros de fuego de un sentido inesperado. Entonces, en toda su variedad y esplendor, con lujosa minucia de oropeles, surge el circo. El p&uacute;blico es usted, el espect&aacute;culo es unipersonal. Por favor, elogie las fieras y no les cuente nada a los que est&aacute;n esperando afuera&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Son parte de las historias diminutas que capturaron la atenci&oacute;n de Hochman, ganador por este espect&aacute;culo del Premio Est&iacute;mulo a la Creaci&oacute;n y Producci&oacute;n de Artes Esc&eacute;nicas del Banco Ciudad y el Complejo Teatral de Buenos Aires. El artista tiende as&iacute; un puente con la literatura, fuente inspiradora con la que crea un nuevo lenguaje. Ha fundado espacios Escuelas de circo que funcionan en distintos barrios de Buenos Aires: La Arena en Palermo, La Arena en Vicente L&oacute;pez y la Compa&ntilde;&iacute;a de Teatro Acrob&aacute;tico de la Universidad Nacional de San Mart&iacute;n. Se sienten en la carne el miedo y el j&uacute;bilo, el calor y el fr&iacute;o, la bofetada y la caricia correspondida. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Fen&oacute;menos </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">es un laberinto y una ceremonia de felicidad compartida en la que el espect&aacute;culo vibra con el p&uacute;blico.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>LH/MF</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/saltimbanquis-compania_129_11785451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2024 03:01:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los saltimbanquis nos hacen compañía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gerardo Hochman,Circo,Ana María Shua]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana María Shua: “No, no hay ningún mensaje optimista, simple, progre, en la buena literatura”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ana-maria-shua-no-no-hay-mensaje-optimista-simple-progre-buena-literatura_128_9606897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/380d9b4f-b7dd-4a83-a9ab-f56bf636bee5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ana María Shua: “No, no hay ningún mensaje optimista, simple, progre, en la buena literatura”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su último libro "Sirena de río"  escribe cuentos que retoman el registro autobiográfico y el género fantástico. En esta entrevista reflexiona sobre literatura y política.</p></div><p class="article-text">
        Con <em>Sirena de r&iacute;o</em>, su nuevo libro de cuentos, Ana Mar&iacute;a Shua retoma, en algunos textos, la senda autobiogr&aacute;fica que hab&iacute;a iniciado con su emblem&aacute;tica novela <em>Los amores de Laurita</em>, al tiempo que permanece fiel al g&eacute;nero fant&aacute;stico en otros.&nbsp; Reflexiones sobre la mirada retrospectiva sobre la propia vida, el oficio de escribir, el g&eacute;nero fant&aacute;stico y la correcci&oacute;n pol&iacute;tica inmiscuy&eacute;ndose en la literatura, de la mano de una autora capaz de seducir a distintas generaciones de lectores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
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            <span class="title">
                Portada de Sirena de río, de Ana María Shua                            </span>
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        <strong>Sirena de r&iacute;o est&aacute; dividido en tres partes bastante diferenciadas entre s&iacute; &iquest;Iban a ser tres libros distintos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Nunca!&nbsp; Di mil vueltas antes de decidirme por esta divisi&oacute;n. Y me hace feliz que consideres que son tres partes bien diferenciadas, porque me cost&oacute; mucho pensarle una organizaci&oacute;n. De hecho, no lo hubiera logrado sino fuera por una amiga y excelente lectora que se dio cuenta de que hab&iacute;a muchos textos que podr&iacute;an ser agrupados como casi cr&oacute;nicas y otros que ten&iacute;an que ver con el coraje&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>No sos una escritora que trabaje mucho lo autobiogr&aacute;fico, pero en algunos relatos de este libro lo hiciste &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ojal&aacute; uno supiera tanto acerca de s&iacute; mismo y de lo que escribe! No s&eacute; por qu&eacute;, simplemente lleg&oacute; el momento. Hab&iacute;a algunos textos que ya ten&iacute;a escritos y otros que escrib&iacute; en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. Es que en general me da mucho pudor revelar tanto sobre m&iacute; misma (s&iacute;, a pesar de Los amores de Laurita). Por eso nunca hab&iacute;a publicado algunos de los cuentos de este libro y solo me decid&iacute; ahora. Reci&eacute;n, pens&aacute;ndolo para contestarte, me di cuenta de que hay muchas primeras veces: mi primer velorio, mi primera enfermedad grave, mi primera psicoterapia, mi primera experiencia sexual&hellip; Quiz&aacute;s llegu&eacute; a una edad en que uno puede recordar los&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El cuento que cierra el libro tiene la poco com&uacute;n capacidad de ser muy conmovedor, y al mismo tiempo muy gracioso &iquest;C&oacute;mo trabajaste ese filo que hay entre la tragedia y la comedia sin desequilibrar el relato?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese cuento trata acerca de mi primera enfermedad grave y part&iacute; de un texto que escrib&iacute; en ese momento, mientras estaba enferma.&nbsp; Ese texto original ya tiene todos los elementos que mencion&aacute;s, es tr&aacute;gico pero tambi&eacute;n muy ir&oacute;nico y por momentos casi c&oacute;mico. Tiene que ver con el estado en que estaba entonces, aterrada pero tambi&eacute;n euf&oacute;rica, lista para la lucha, en cierto modo era muy emocionante lo que me estaba pasando. Y me daban risa los consejos que me daba la gente, desde aplicarme crotoxina hasta comer gorgojos vivos. Despu&eacute;s la quimio me barri&oacute; y te aseguro que ya nada me hac&iacute;a gracia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El mismo cuento tiene, por otro lado, una cualidad de collage, incluyendo cosas que escribiste mucho tiempo atr&aacute;s en un estado muy particular a nivel f&iacute;sico y mental, y cosas que escribiste ahora &iquest;C&oacute;mo aparece la idea de ensamblar todo eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Rele&iacute; muchas veces eso que hab&iacute;a escrito hace algo m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y que siempre se llam&oacute; como le puse al cuento: &ldquo;Un canto a la vida&rdquo;, con esa idea de que cuando promocionan algo como &ldquo;un canto a la vida&rdquo;, siempre es algo tr&aacute;gico y espantoso, un parapl&eacute;jico que dibuja moviendo el p&aacute;rpado derecho, una mujer sin manos que se alegra de no comerse m&aacute;s las u&ntilde;as y horrores por el estilo.&nbsp; Lo rele&iacute;a, pero no me parec&iacute;a publicable. Hasta que me di cuenta de que pod&iacute;a incluirlo en un relato muy sobrio, despojado, casi sin adjetivos, de lo que me pas&oacute; en realidad y en ese lugar iba a funcionar de otra manera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro tambi&eacute;n tiene cuentos fant&aacute;sticos, un g&eacute;nero al que permanec&eacute;s fiel&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es verdad. Cuando ten&iacute;a diez a&ntilde;os le&iacute; la Antolog&iacute;a del Cuento Extra&ntilde;o, compilada por Rodolfo Walsh. En esa &eacute;poca le&iacute;a de la mejor manera posible: ni me fijaba en el nombre de los autores y mucho menos en el de los ant&oacute;logos. Es un libro extraordinario y fue mi puerta de ingreso a la literatura fant&aacute;stica. &iexcl;Tuve mucha suerte de encontrarlo!&nbsp; Pero, adem&aacute;s, todos nuestros grandes maestros escribieron cuento fant&aacute;stico y cuando empec&eacute; a escribir no hice m&aacute;s que ingresar en una tradici&oacute;n nacional. S&iacute;, el fant&aacute;stico siempre estar&aacute; all&iacute;, mezclado y combinado con otras posibilidades, bien a la argentina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entiendo que sos jurado del Premio Clar&iacute;n &iquest;C&oacute;mo es tu disposici&oacute;n al momento de leer trabajos para juzgarlos y eventualmente premiarlos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me gusta ser jurado de concurso. Siempre es fascinante la posibilidad de descubrir un nuevo talento o de darle relevancia a alguien que est&aacute; escribiendo desde hace mucho pero m&aacute;s o menos en secreto. En este caso, al jurado final nos llegan solamente diez novelas, que tendremos que leer con much&iacute;sima atenci&oacute;n, porque ser&aacute;n las mejores diez de una cifra loca que se acerca a los mil libros.&nbsp; En este caso estoy contenta tambi&eacute;n con mis co-jurados, cada uno de nosotros tiene otra idea de la literatura, tiene otra orientaci&oacute;n y eso es algo bueno. Cuando nos pongamos de acuerdo, ser&aacute; en algo que valga la pena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sos una autora que no reniega de la palabra &ldquo;oficio&rdquo; al momento de hablar de lo que hac&eacute;s en tiempos en los que muchos prefieren hablar de arte o profesi&oacute;n, como si el oficio fuera algo de orden menor&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La literatura es un oficio artesanal en el que a veces, pocas veces, el artesano se convierte en artista y roza por un instante las cumbres del arte. Estoy muy orgullosa de mi oficio y por supuesto tambi&eacute;n tengo la ilusi&oacute;n de que por momentos podr&eacute; acercarme al arte. Bukovski dec&iacute;a que &eacute;l no era un intelectual sino un artista. Los argentinos somos muy pudorosos en ese sentido, lo tenemos ah&iacute; arriba a Borges ri&eacute;ndose con un poco de maldad de los que se jactan de ser &ldquo;artistas&rdquo; o de tener una &ldquo;obra&rdquo;.&nbsp; El oficio no es lo m&aacute;ximo, pero s&iacute; es lo m&iacute;nimo que se necesita para ser un verdadero escritor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Muchos opinadores lo niegan, pero la avanzada de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica sobre cuestiones sociales, pero tambi&eacute;n sobre las expresiones art&iacute;sticas preocupa a autores y hacedores de todo el mundo. Vos &iquest;Qu&eacute; visi&oacute;n ten&eacute;s del problema?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah, lo pol&iacute;ticamente correcto, &iexcl;qu&eacute; desdicha! El eterno retorno no es un mito. Disfrazada de mil maneras, la antigua moralina intenta una vez m&aacute;s imponerle su censura a la literatura. Peor todav&iacute;a, lo hace con cosas como esa simp&aacute;tica novedad de la cancelaci&oacute;n, que no da espacio a la pol&eacute;mica, a la discusi&oacute;n, a la confrontaci&oacute;n, a la defensa. La buena literatura no es, por definici&oacute;n, pol&iacute;ticamente correcta. Es ambigua, perturbadora, es el lugar de los malos pensamientos, de los sentimientos que a veces la propia &eacute;tica del autor aborrece, de los que sin embargo se ve obligado a hacerse cargo. No, no hay ning&uacute;n mensaje optimista, simple, progre, en la buena literatura, ning&uacute;n chocolate para el alma. Y, sin embargo, ah&iacute; est&aacute;, para recordarnos que ninguna historia humana termina bien y que sin embargo vale la pena vivirla.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>NG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nancy Giampaolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ana-maria-shua-no-no-hay-mensaje-optimista-simple-progre-buena-literatura_128_9606897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Oct 2022 03:01:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ana María Shua: “No, no hay ningún mensaje optimista, simple, progre, en la buena literatura”]]></media:title>
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