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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - saxofón]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - saxofón]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un saxo que generó el Zonda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/saxo-genero-zonda_129_9612083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10d30012-7402-4c0d-a2d3-75aeb97cbab9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un saxo que generó el Zonda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mendoza fue protagonista durante este fin de semana largo del festival de saxos más importante de Latinoamérica.</p></div><p class="article-text">
        El Mendoza Sax Fest no es un festival de jazz. Aunque su figura principal de esta tercera edici&oacute;n haya sido <strong>Brandford Marsalis</strong>. Es decir, Marsalis tambi&eacute;n toc&oacute; con <strong>Sting</strong> (&ldquo;siempre escuch&eacute; pop&rdquo;, dijo en distintas entrevistas) y puede pensar en el contexto de la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Dentro del cartel destacado tambi&eacute;n qued&oacute; claro esta afirmaci&oacute;n: <strong>Jorge Retamoza</strong> y su di&aacute;logo con el bandone&oacute;n y, en efecto, el tango y <strong>Mauro Ciavattini </strong>y su estrecho v&iacute;nculo con el folklore argentino. Claro est&aacute;: el saxo y el jazz est&aacute;n &iacute;ntimamente vinculados y en ese sentido tambi&eacute;n hubo jazz en las figuras destacadas de <strong>Jonathan Helton</strong>, <strong>Griffin Campbell</strong> y el talentos&iacute;simo franc&eacute;s <strong>Carl-Emmanuel Fisbach</strong>. El Mendoza Sax Fest es un festival de m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular que parte desde el jazz. 
    </p><p class="article-text">
        En esta tercera edici&oacute;n hubo saxofonistas inscriptos de todo el pa&iacute;s y Latinoam&eacute;rica. En el espacio Cultural Le Park (el gran baterista Oscar Giunta, mendocino de origen, dijo: es como un mini CCK) hubo embotellamiento de estuches. Negros, grises, blancos. Llenos de calcos o de cierres, con las manijas remendadas y algunas tuneadas. Duros y blandos. Colgados como mochilas, elevados como valijas. Choc&aacute;ndose, felices, entre s&iacute;. La convocatoria, dijo <strong>Emilio Spitz</strong> (uno de los organizadores del evento), fue la mayor de todas las ediciones. El estuche del saxo como clave del hilo narrativo del encuentro estuvo presente hasta en los pormenores de los eventos oficiales: Antes de salir del hotel, Fisbach mir&oacute; de reojo el estuche negro e importado de Retamoza. Jorge se dio cuenta y le sac&oacute; el tema. Fisbach sospech&oacute; que era m&aacute;s liviano que la media. Retamoza se sac&oacute; las gafas negras y se lo pas&oacute;. Fisbach afirm&oacute; con la cabeza mientras meci&oacute; al estuche como si fuera el beb&eacute; m&aacute;s esperado de una familia. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Mendoza Sax Fest es intenso. Comienza bien temprano a la ma&ntilde;ana y termina despu&eacute;s de la trasnoche.</strong> No hay tiempo para todas las comidas que aconsejan los nutricionistas. Hubo master-class de las figuras destacadas, seminarios y exposiciones en torno al saxo (fabricaci&oacute;n, distribuci&oacute;n, auspicios de ca&ntilde;as y boquillas), conciertos formales, jam session en cualquier rinc&oacute;n, cata de vinos, feria de stands con expositores especializados y un show m&aacute;s que los organizadores describen como &ldquo;el after de cada d&iacute;a&rdquo;. Una de las &uacute;ltimas l&iacute;neas que apuntaba el programa de los cuatro d&iacute;as dec&iacute;a: &ldquo;&iquest;Agotados?, quedan unas horas m&aacute;s para disfrutar&rdquo;. &nbsp;
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                Saxofonistas, a clase.                            </span>
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        Luego del primer gran concierto que el Festival Sax Fest organiz&oacute; en el Teatro Mendoza, <strong>Mauricio Ag&uuml;ero</strong> larga casi susurrando una frase de alegr&iacute;a elocuente: &ldquo;Que la Sinf&oacute;nica de Uncuyo haya tocado tantas piezas de saxof&oacute;n fue como una venganza&rdquo;. Pareci&oacute; ser, en efecto, una hermosa venganza. Sonaron, entre otras, &ldquo;Fantas&iacute;a para saxof&oacute;n&rdquo;, de <strong>Heitor Villalobos</strong>, &ldquo;Concierto en Bi Bemol para saxo alto y orquesta de cuerdas en un solo movimiento&rdquo;, de <strong>Alexandre Glazunov</strong> y &ldquo;Escapades&rdquo;, de <strong>John Williams</strong>. <strong>Mendoza estuvo sitiada por neur&oacute;ticos del instrumento que, si fuera por ellos y ellas, tomar&iacute;an por asalto los g&eacute;neros populares y los reescribir&iacute;an para su amado instrumento.</strong> O al menos esa es la sensaci&oacute;n que se desplaz&oacute; alrededor del Teatro Mendoza, donde casi el 90% de la audiencia andaba con estuches de saxo encima. Durante esa primera noche fue que se dio la primera aparici&oacute;n en p&uacute;blico de Branford Marsalis. La imagen, luego de escuchar a las otras figuras del festival (Retamoza, Helton, Campbell y Fisbach) modific&oacute; el espacio. Marsalis no es s&oacute;lo una leyenda, es tambi&eacute;n una realidad de carne y hueso encarando su sexta d&eacute;cada de vida que eligi&oacute; a la provincia de Mendoza para tocar en Argentina. &ldquo;&iquest;Pero no viene a Buenos Aires?&rdquo;, consultaron algunos colegas. La respuesta fue cerrada: no. 
    </p><p class="article-text">
        Y el que se meti&oacute; con la pieza de John Williams fue justamente Marsalis. De impecable traje para la ocasi&oacute;n, el que fue invitado como su traductor (el gran m&uacute;sico <strong>Ricardo Cavalli</strong>) despleg&oacute; entre susurros una devoluci&oacute;n de la performance justa y cultural: &ldquo;Cuando hace m&uacute;sica cl&aacute;sica no se para en el centro de ella. La construye desde su mundo&rdquo;. Como era la primera vez de Marsalis enfrentando a miles de saxofonistas ador&aacute;ndolo tuvo que volver al escenario y repetir su pieza. Cuando desapareci&oacute; del lugar, no hubo una sola butaca del Teatro Mendoza aplastada. Todos estuvieron de pie festejando una visita hist&oacute;rica y de lujo. 
    </p><p class="article-text">
        Durante el domingo a la noche casi que no se puede creer el tr&iacute;o que espera a Marsalis en el escenario del mismo Teatro Mendoza. Est&aacute; agotado hace varias semanas. <strong>Ernesto Jodos</strong> al piano, <strong>Jer&oacute;nimo Carmona</strong> al contrabajo y <strong>Oscar Giunta</strong> a la bater&iacute;a. Un equipo de las estrellas del jazz argentino. Entre el p&uacute;blico, hay un muchacho de Salta que dice: &ldquo;Pensar que Giunta toc&oacute; hasta con <strong>Herbie Hancock</strong>&rdquo;.&nbsp;De <strong>Thelonius Monk</strong> a <strong>Benny Goodman</strong>, de <strong>Sonny Rollins</strong> a gemas de su autor&iacute;a como el &ldquo;Royal garden blues&rdquo;, Branford Marsalis fue un lujo para los espectadores del show que, de alguna manera, le dio el cierre al festival en relaci&oacute;n a la m&uacute;sica en vivo. 
    </p><p class="article-text">
        Ernesto Jodos de espalda, con su gran cabellera larga, maciza y blanca es como un espectro con dones mel&oacute;dicos. Durante esa hora y algo m&aacute;s de m&uacute;sica el cuarteto lo mir&oacute; a &eacute;l. Branford lo desafi&oacute; todo el tiempo, tanto retom&aacute;ndole frases como viendo qu&eacute; tipo de profundidad puede tener un m&uacute;sico argentino para tocar jazz. El saxofonista hizo lo mismo con Giunta, que debe haber tenido una de sus noches m&aacute;s l&uacute;cidas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os desde la bater&iacute;a. &ldquo;Son as&iacute; esta clase de m&uacute;sicos de otro mundo&rdquo;, dijo m&aacute;s tarde Jodos respecto al nivel de conexi&oacute;n que mostr&oacute; con el cuarteto. &ldquo;Te incluyen a su mundo y uno debe estar dispuesto a eso. Y muy preparado. Te demuestran un tipo de conexi&oacute;n y atenci&oacute;n que no se pueden creer. Mientras toc&aacute;s, &eacute;l realmente te est&aacute; escuchando mucho&rdquo;. Branford en el cielo con tres diamantes.
    </p><p class="article-text">
        Durante las ma&ntilde;anas del s&aacute;bado y del domingo, Marsalis se dispuso a dar sus clases. <strong>Como docente y formador se destacan, desde el minuto cero, dos caracter&iacute;sticas fuertes: Estricto pero amoroso.</strong> M&aacute;s all&aacute; de las formalidades y de la estructura de la clase, el saxofonista m&aacute;s importante del mundo estuvo decidido a volcar durante m&aacute;s de dos horas reflexi&oacute;n en ambas jornadas, ense&ntilde;anza, links culturales (cit&oacute; libros e incit&oacute; a la escucha desaforada de m&uacute;sica, de mucha m&uacute;sica), filosof&iacute;a musical y un hilo narrativo claro, que lo atraviesa desde hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. Lo hizo en forma de consejo: &ldquo;No busquen ser innovadores, sean aut&eacute;nticos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y hubo m&aacute;s. De zapatillas, jean y buzo tipo canguro, Branford reflexion&oacute; porqu&eacute; a la gente no le gusta el jazz. Hizo una autocr&iacute;tica, &ldquo;los m&uacute;sicos piensan m&aacute;s en la t&eacute;cnica y los solos que en la melod&iacute;a&rdquo;, sentenci&oacute;. Uno de los ejemplos que le dio a otro de los participantes que pas&oacute; a tocar en el escenario del Cine Teatro Plaza donde se desarrollaron sus dos master class fue simple: &ldquo;No trates de editar a Coltrane y Miles Davis, intent&aacute; escuchar la canci&oacute;n. Conocela&rdquo;. Para eso, insisti&oacute; varias veces, con otros participantes, &nbsp;hay que escuchar muchas versiones. Y otra vez: mucha m&uacute;sica. <strong>Vayan a las ra&iacute;ces, asegur&oacute;, no van a envejecer. No teman. </strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivir el Sax Fest, como todo festival, genera piezas de un rompecabezas minuto tras minuto. Ese puzle no da respiro. Algo as&iacute;: Cuando Mauro Ciavattini habla de m&uacute;sica argentina va desde <strong>Chango Far&iacute;as G&oacute;mez</strong> y <strong>Ra&uacute;l Carnota</strong> a <strong>Atahualpa Yupanqui</strong> y el d&uacute;o <strong>Coplanacu</strong>. En su clase reflexiona, toca y baila. En la master class de Fisbach, una alumna cordobesa le dice que su arreglo es como el chimichurri y &eacute;l dice que le gusta. A un franc&eacute;s le gusta el condimento estrella del f&uacute;tbol argentino. A los pocos minutos ya lo est&aacute; usando como concepto sonoro. Ponele m&aacute;s chumichurri a ese staccato. Retamoza est&aacute; rodeado de jazzeros y dice algo medio a prop&oacute;sito: &ldquo;A Piazzolla hay que tocarlo enojado, esas notas tienen que estar enojadas&rdquo;. El chileno <strong>Agust&iacute;n Moya</strong> dice que se encuentra actualmente m&aacute;s c&oacute;modo tocando standards de jazz que m&uacute;sica de autor, la suya, por ejemplo. En el after del Espacio Arizu, una construcci&oacute;n que estaba abandonada y ahora se llen&oacute; de vida, Moya no parece emular la tradici&oacute;n, m&aacute;s bien est&aacute; desprendido del suelo por m&aacute;s que esas composiciones tengan siglos de vida. <strong>Walter Casciani</strong>, con un gran don para contar historias, decidi&oacute; empezar su clase citando una entrevista donde <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> habla de la m&uacute;sica. Y un rato despu&eacute;s asegur&oacute;: &ldquo;Gato Barbieri fue mi imagen de la libertad&rdquo;. Jorge Retamoza insisti&oacute; con <strong>Astor Piazzolla</strong> durante el s&aacute;bado a la noche en su brillante show en el coqueto Teatro Independencia. El inicio de su nueva aventura, que lo tiene dentro de un cuarteto, buscando el abrazo del tango, y en pleno di&aacute;logo con el bandone&oacute;n (el cuarteto se completa con piano y contrabajo) tuvo con ver con dos piezas del disco que Piazzolla hizo con <strong>Gerry Mulligan</strong>. Y Retamoza vuelve a hacerlo a prop&oacute;sito. Cuenta el cimbronazo que provoc&oacute; Astor cuando volvi&oacute; de Francia e insert&oacute; la guitarra el&eacute;ctrica en su m&uacute;sica. Ir&oacute;nico, toca con el saxo una m&uacute;sica capitaneada por aquel bandone&oacute;n trascendental. Cada pieza de este rompecabezas pasa, en efecto, a trav&eacute;s de un saxo.
    </p><p class="article-text">
        Ten&eacute; cuidado y no respires mucho, se viene un Zonda, dijo <strong>Hugo Ber&oacute;n</strong> (guitarrista, parte del staff del festival). Ese viento caliente que, por la cordillera y algunos otros milagros de la naturaleza, llega fuerte desde Chile. A los pocos minutos, Branford Marsalis pas&oacute; por atr&aacute;s de Hugo. Las casualidades no existen. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Facundo Arroyo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/saxo-genero-zonda_129_9612083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Oct 2022 15:39:13 +0000]]></pubDate>
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