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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - suciedad]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/suciedad/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - suciedad]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Así es como sacarse los zapatos antes de entrar en casa reduce la acumulación de polvo en nuestros hogares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/quitarse-zapatos-entrar-casa-reduce-acumulacion-polvo-hogares_1_13002467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5696cdf6-bcf9-43cd-bf82-11a0b8c13fdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así es como sacarse los zapatos antes de entrar en casa reduce la acumulación de polvo en nuestros hogares"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estudios sobre calidad ambiental en interiores indican que una parte considerable del polvo doméstico procede de afuera y entra adherido a las suelas, a la ropa, e incluso al pelaje de las mascotas.</p></div><p class="article-text">
        Hay ciertos h&aacute;bitos que se realizan de una manera casi inconsciente, como sacarse los zapatos al llegar a casa. Bien porque as&iacute; se hizo siempre en tu familia o porque resulta c&oacute;modo deshacerse del calzado y ponerse unas pantuflas cuando volv&eacute;s del trabajo. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el debate tambi&eacute;n introdujo la importancia de la higiene en el hogar: cada vez m&aacute;s investigaciones apuntan a que ese peque&ntilde;o gesto influye en la cantidad de polvo que se acumula en casa y en el aire que respiramos cuando cerramos la puerta.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la jornada, el calzado pas&oacute; por veredas, estaciones de subte, parques infantiles y ba&ntilde;os p&uacute;blicos. Estudios sobre calidad ambiental en interiores indican que una parte considerable del polvo dom&eacute;stico procede de afuera y entra adherido a las suelas, a la ropa e incluso al pelaje de las mascotas. Ese polvo no es una sustancia neutra: puede arrastrar polen, part&iacute;culas procedentes de la combusti&oacute;n de veh&iacute;culos, diminutos fragmentos de asfalto, trazas de metales pesados como el plomo y residuos qu&iacute;micos utilizados en entornos urbanos.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que esas part&iacute;culas cruzan el umbral, se depositan en el suelo, se incrustan en las fibras de las alfombras o se acumulan en las esquinas. Al caminar o sacudir una manta, vuelven a levantarse y pasan a formar parte del aire interior. En casas donde hay beb&eacute;s que gatean o ni&ntilde;os que juegan en el suelo, el contacto es constante. Tambi&eacute;n lo notan m&aacute;s quienes padecen alergias o asma.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Quitarse los zapatos al llegar a casa                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">M&aacute;s bacterias que en el inodoro</h2><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n existe una dimensi&oacute;n microbiana. Uno de los <a href="https://ciriscience.org/ieq-measurement/study-reveals-high-bacteria-levels-on-footwear/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> que m&aacute;s se citan a este respecto lo firm&oacute; Charles Gerba, microbi&oacute;logo de la Universidad de Arizona. En una de sus investigaciones, pidi&oacute; a varios voluntarios que utilizaran zapatos nuevos durante dos semanas en su rutina habitual. Despu&eacute;s, las suelas se analizaron en laboratorio. El resultado fue llamativo: cada zapato albergaba de media m&aacute;s de 400.000 bacterias en su superficie exterior, una cifra que superaba con creces la que suele encontrarse en el asiento de un inodoro.
    </p><p class="article-text">
        Entre los microorganismos detectados estaba&nbsp;<em>Escherichia coli</em>, asociada a infecciones intestinales y urinarias, junto a otras bacterias. De hecho, el 96% de los zapatos examinados conten&iacute;a bacterias coliformes, un indicador de contacto con materia fecal en alg&uacute;n momento del recorrido diario. El dato m&aacute;s significativo no era solo la presencia de estos microbios, sino su capacidad de trasladarse: las pruebas demostraron que se transfer&iacute;an con facilidad del zapato al suelo interior, integr&aacute;ndose sin dificultad en el ecosistema dom&eacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Esto no implica que cada casa se convierta en un foco de infecci&oacute;n por el simple hecho de entrar con zapatos. La mayor&iacute;a de las personas sanas convive a diario con miles de microorganismos sin consecuencias graves. Pero los datos s&iacute; evidencian que el calzado act&uacute;a como veh&iacute;culo de transporte de bacterias y contaminantes desde el exterior hasta el interior del hogar. Reducir ese tr&aacute;nsito tiene un efecto directo sobre la carga total de part&iacute;culas y microbios presentes en el ambiente dom&eacute;stico.
    </p><h2 class="article-text">Una nueva costumbre</h2><p class="article-text">
        En pa&iacute;ses como Jap&oacute;n o Corea del Sur forma parte de la vida cotidiana. Las casas est&aacute;n pensadas para eso, con una peque&ntilde;a zona a la entrada donde uno se descalza y cambia de calzado antes de pasar al resto de la vivienda. En otros pa&iacute;ses no es una costumbre tan arraigada, aunque en los &uacute;ltimos a&ntilde;os -sobre todo a partir de la pandemia- muchas personas empezaron a replantearse ese gesto y a mirar el suelo de casa con otros ojos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los zapatos de la calle no pisan el living ni los dormitorios, el suelo aguanta limpio m&aacute;s tiempo. Se acumula menos suciedad en las esquinas, las alfombras tardan m&aacute;s en ensuciarse y no hay que pasar el aspirador con tanta frecuencia. En ciudades con tr&aacute;fico intenso o en zonas donde el polvo se levanta con facilidad, el cambio puede percibirse en cuesti&oacute;n de d&iacute;as: basta con pasar la mano por una superficie baja para comprobarlo.
    </p><h2 class="article-text">Un espacio para los zapatos</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Zapatos colocados en un pequeño mueble a la entrada de la casa                            </span>
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        Y no hace falta transformar la casa para incorporar la costumbre; a veces basta con reorganizar la entrada. Un zapatero colocado en el recibidor, aunque sea estrecho, funciona como una parada natural. Si adem&aacute;s hay un peque&ntilde;o banco o una silla donde sentarse, el gesto resulta m&aacute;s c&oacute;modo, sobre todo para personas mayores o para quienes llegan cargados con mochilas y bolsas. Un buen felpudo en la puerta exterior completa el recorrido y ayuda a que la suciedad m&aacute;s visible se quede fuera incluso antes de desatar los cordones. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n influye contar con unas pantuflas para usar exclusivamente en el interior de la casa. Tenerlas a mano en el recibidor convierte el cambio de calzado en un acto casi autom&aacute;tico. El zapatero, en este sentido, no es solo un elemento decorativo o de almacenamiento: funciona como recordatorio f&iacute;sico de una costumbre dom&eacute;stica y como barrera pr&aacute;ctica entre la calle y el espacio privado.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, quitarse los zapatos marca una frontera entre el exterior y el interior, entre la vida en la ciudad y la intimidad del hogar. Tambi&eacute;n permite liberar los pies tras horas de calzado cerrado, haci&eacute;ndonos sentir m&aacute;s c&oacute;modos.
    </p><p class="article-text">
        No es necesario convertir esta pr&aacute;ctica en una obsesi&oacute;n. La exposici&oacute;n cotidiana a microorganismos forma parte de la interacci&oacute;n normal con el entorno y contribuye al desarrollo del sistema inmunitario. El objetivo no es crear un ambiente est&eacute;ril, sino limitar la entrada innecesaria de part&iacute;culas contaminantes que podr&iacute;an evitarse con medidas simples.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Segura]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Feb 2026 10:49:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así es como sacarse los zapatos antes de entrar en casa reduce la acumulación de polvo en nuestros hogares]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Calzado,suciedad,Bienestar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[10 superficies cotidianas con más bacterias que la tapa de un inodoro público]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/superficies-cotidianas-bacterias-vater-publico_1_9617918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74ec81b7-1c79-450f-b5b1-676591b14e64_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto: Brando"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para nuestra sorpresa, existen superficies cotidianas y aparentemente inocuas que contienen mucha mayor carga microbiana fecal.</p></div><p class="article-text">
        No se trata de una pel&iacute;cula de miedo y  <strong>la alarma ante lo que se va a contar a continuaci&oacute;n debe ser relativa y preventiva</strong>, pues el intercambio de bacterias que realiza nuestro cuerpo con el medio no solo es inevitable sino que incluso es hasta cierto punto deseable. En &uacute;ltima instancia, tanto nuestro microbioma d&eacute;rmico como nuestra microbiota intestinal -las floras bacterianas, protozoicas y f&uacute;ngicas que colonizan nuestra piel, genitales e intestino- est&aacute;n preparados para integrar nuevos miembros microbianos e incluso neutralizarnos si son t&oacute;xicos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, <strong>un aporte de un grupo bacteriano fecal en un momento dado a trav&eacute;s de una determinada superficie</strong>, si no se elimina adecuadamente y a tiempo, puede ir a parar a un alimento donde consiga expandirse, o a la boca de ni&ntilde;os o personas con el sistema inmunitario disminuido, con el consiguiente peligro. Por lo tanto este art&iacute;culo no va tanto de no tocar determinadas superficies sino de lavarse las manos de vez en cuando y sobre todo si vamos a tocar comida, ni&ntilde;os o personas mayores con alguna enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Y entrando en materia, en efecto: podr&iacute;amos pensar que la tapa de un inodoro p&uacute;blico es una de las superficies m&aacute;s infectas que puedan existir sobre la faz de la tierra. Pero resulta que no, <strong>hay sitios mucho m&aacute;s contaminados, con mayor variedad de especies bacterianas intestinales</strong>, de los que jam&aacute;s sospechar&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        Tal como asegura un estudio de la Universidad del Saarland, en Alemania, <strong>la adhesi&oacute;n bacteriana a una superficie no depende tanto del &aacute;rea de contacto como de las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas y qu&iacute;micas</strong> de esta, por lo que hay superficies que son como imanes para las bacterias, y adem&aacute;s, al no ser conscientes de su suciedad, no nos lavamos inmediatamente las manos tras tocarlas, como s&iacute; solemos hacer despu&eacute;s de usar un ba&ntilde;o p&uacute;blico. A continuaci&oacute;n te exponemos diez superficies que pueden estar tanto o m&aacute;s contaminadas que un inodoro. 
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                </figure><h4 class="article-text">1. Superficies de smartphones y tablets</h4><p class="article-text">
        Un estudio de la Universidad de Barcelona de 2015 determin&oacute; que en <strong>las superficies de smartphones y tablets puede llegar a haber m&aacute;s de 600 especies bacterianas distintas,</strong> casi 30 veces mayor biodiversidad que en la tapa del inodoro. El motivo es que pasamos continuamente los dedos por encima, con lo que traemos la grasa de los mismos con toda su carga bacteriana, incluidos los fecales si los hubiere. Otro estudio de la Universidad de Oreg&oacute;n revel&oacute; que de hecho coloniz&aacute;bamos las pantallas t&aacute;ctiles con nuestro microbioma, es decir con nuestra flora d&eacute;rmica caracter&iacute;stica. Esto en el futuro podr&iacute;a tener aplicaciones en la identificaci&oacute;n forense y criminal, del mismo modo que las huellas.
    </p><h4 class="article-text">2. El volante de los coches</h4><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el National Center of Biotechnology de Estados Unidos, el volante de un coche es otra de las superficies que acumula mayor carga y diversidad de bacterias que un inodoro. Se calcula que en el caso de los coches de <em>car sharing </em>y alquiler, la biodiversidad <strong>puede alcanzar las 700 especies distintas</strong>, muchas de ellas intestinales.
    </p><h4 class="article-text">3. Los billetes y monedas de curso</h4><p class="article-text">
        Las monedas y los billetes son algunas de las superficies m&aacute;s sucias, ya que <strong>cambian constantemente de manos y almacenan las bacterias de todos sus due&ntilde;os</strong>. Algo as&iacute; como una cadena de bloques microbiana.
    </p><h4 class="article-text">4. Cepillos de dientes</h4><p class="article-text">
        La Sociedad de Microbiolog&iacute;a Americana asegura que<strong> hasta un 60% de los cepillos de dientes podr&iacute;an estar contaminados por todo tipo de g&eacute;rmenes y bacterias</strong>, incluso fecales procedentes del inodoro. As&iacute; lo indica un estudio de la Universidad Estatal de Alabama en el que se comprob&oacute; que los cepillos de dientes pod&iacute;an llegar a almacenar hasta 3.000 tipos diferentes de organismos, algunos de ellos fecales provenientes del inodoro. El motivo es que al tirar la cadena se crea una nube invisible de agua que hace el &ldquo;efecto aerosol&rdquo; y disemina en el aire esporas y bacterias de las heces. Si el cepillo est&aacute; cerca, las cerdas las acoger&aacute;n.
    </p><h4 class="article-text">5. Pomos de las puertas de locales p&uacute;blicos</h4><p class="article-text">
        Vamos al ba&ntilde;o p&uacute;blico, levantamos la tapa, hacemos lo que tengamos que hacer, salimos, nos lavamos las manos y salimos de los servicios empujando la puerta desde el interior por el pomo. Si el visitante anterior no se lav&oacute; tambi&eacute;n las manos, dej&oacute; su micobioma all&iacute; y nosotros lo recogeremos, con lo que el acto de lavarnos no habr&aacute; servido de nada. No nos pongamos paranoicos; no es grave si somos m&iacute;nimamente cuidadosos. De hecho nos pasamos la vida empujando puertas por el pomo, con lo que intercambiamos m&aacute;s bacterias que los ni&ntilde;os figuritas en el patio del colegio. Otro ejemplo de &ldquo;intercambio&rdquo;: <strong>cuando zapeamos con el control remoto de una habitaci&oacute;n de hotel</strong>.
    </p><h4 class="article-text">6. Tablas de cortar de la cocina</h4><p class="article-text">
        Las maderas de la cocina son especialmente cochinas porque <strong>all&iacute; dejamos todo tipo de alimentos crudos</strong>, que pueden ser sometidos a tratamiento con calor o no. La norma es limpiarlas siempre bien si vamos a cortar hortalizas para una ensalada o pan para un sandwich.
    </p><h4 class="article-text">7. Botones de ascensor</h4><p class="article-text">
        Es la misma casu&iacute;stica que los pomos de las puertas, o incluso que <strong>los botones de los lavarropas y secarropas de las lavander&iacute;as p&uacute;blicas</strong>. No hay que alarmarse, pero no olvidemos lavarnos las manos antes de cocinar o de comer.
    </p><h4 class="article-text">8. Barras de los bares y restaurantes</h4><p class="article-text">
        El mozo pasa el trapo, pero si no es lo bastante diligente y celoso de la higiene, es posible que m&aacute;s que limpiar la barra de las bacterias de los codos, brazos y manos del cliente anterior, extienda las de todos los clientes del d&iacute;a, pues el trapo es un acumulador neto de suciedad. <strong>Nos lavaremos las manos antes y despu&eacute;s de comer</strong>, desayunar o tomar el verm&uacute;.
    </p><h4 class="article-text">9. El manillar de las bicis y monopatines de aquiler</h4><p class="article-text">
        Los pu&ntilde;os de las bicicletas y monopatines -ya sean servicios privados o municipales-, al igual que <strong>los manubrios de las bicicletas el&iacute;pticas de los gimnasios</strong>, son fuentes de &ldquo;intercambio de bacterias&rdquo; que pueden llegar a ser tan sucios como los billetes y las monedas.
    </p><h4 class="article-text">10. Las bolsas de la compra reciclables</h4><p class="article-text">
        Un estudio de la Universidad de Arizona de 2010 descubri&oacute; que las bolsas de la compra reutilizables acumulaban en ocasiones niveles potencialmente peligrosos de E coli y Salmonella, con riesgo de provocar toxiinfecciones si no hab&iacute;a un lavado efectivo de las mismas. El estudio tambi&eacute;n alertaba de que <strong>el 97% de los usuarios no las lava nunca</strong>. Y deber&iacute;amos hacerlo. El motivo es que guardamos en ellas alimentos y productos que han pasado por muchas manos. 
    </p><p class="article-text">
        <em>J.S.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Sabaté]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/superficies-cotidianas-bacterias-vater-publico_1_9617918.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Oct 2022 17:39:35 +0000]]></pubDate>
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