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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Frente Polisario]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/frente-polisario/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Frente Polisario]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los campamentos de refugiados saharauis, casi sin médicos en medio de la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/campamentos-refugiados-saharauis-apenas-medicos-medio-guerra_1_9639808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f42c4b4a-2003-48c5-a16b-7ff574f11fdb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los campamentos de refugiados saharauis, casi sin médicos en medio de la guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los campos hay solo 50 médicos para 170.000 personas que están viendo empeorar su salud debido a la crisis alimentaria y a la escasez de sanitarios.</p></div><p class="article-text">
        Mohammed fue dado por muerto en 1977. &ldquo;Ten&iacute;a el cr&aacute;neo abierto, cubierto de sangre. Pero estaba vivo&rdquo;, recuerda el anciano saharaui, que perdi&oacute; completamente la memoria durante tres meses. Cuando lo encontraron, lo trasladaron al Hospital Nacional de Rabuni, la capital administrativa del Frente Polisario en los campamentos de refugiados saharauis. All&iacute; lo operaron de urgencia diversas veces. &ldquo;Esa guerra fue muy diferente a esta. Entonces est&aacute;bamos dolidos, pero comprometidos. Hoy, despu&eacute;s de casi cuarenta a&ntilde;os, no hay muchos que resistan&rdquo;, se lamenta Azman, su hijo. La atenci&oacute;n sanitaria en los campamentos tambi&eacute;n es ahora distinta. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos saharauis han dejado los campos de refugiados y han buscado una vida mejor en Europa. Entre ellos, varios m&eacute;dicos. En el hospital donde operaron a Mohammed, el m&aacute;s importante de los campamentos, dejaron de tener servicio de cirug&iacute;a tras el <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/guerra-sahara-occidental-contienda-discreta-medio-desierto_1_8402035.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">regreso de la guerra al S&aacute;hara Occidental</a> a finales de 2020. No se ha reestablecido hasta hace apenas 15 d&iacute;as. Esto ha afectado no solo a los soldados heridos, sino tambi&eacute;n a personas de a pie, como la hermana de Azman e hija de Mohammed.
    </p><p class="article-text">
        Ella contrajo c&aacute;ncer de mama en 2018 y, al no poder operarla en la regi&oacute;n, fue trasladada al hospital de Tindouf, donde los recursos no son suficientes. La familia pidi&oacute; al Frente Polisario que la trasladaran a Espa&ntilde;a, pero la mujer no soport&oacute; tantos viajes y pereci&oacute; en un hospital de C&aacute;diz, a m&aacute;s de 2.000 kil&oacute;metros de su hogar. &ldquo;Es inaceptable que una regi&oacute;n que acoge a m&aacute;s de 170.000 refugiados solo cuente con 50 m&eacute;dicos, m&aacute;s ahora que hay una guerra&rdquo;, se lamenta el doctor Omar Ochoa, uno de los responsable del Hospital Nacional de Rabuni. Y m&eacute;dico cubano.
    </p><p class="article-text">
        En este centro hay 13 compatriotas suyos, mayor&iacute;a en el equipo. &ldquo;Si podemos tener cirug&iacute;a y atenci&oacute;n 24 horas, es gracias a la brigada cubana&rdquo;, dice Ochoa quien, a pesar de haber trabajado en todo el mundo, reconoce no haber visto nunca una situaci&oacute;n tan precaria como la saharaui. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l est&aacute; aqu&iacute; debido a un convenio que une la Rep&uacute;blica &Aacute;rabe Saharaui Democr&aacute;tica (RSAD) con otros gobiernos como el cubano o el venezolano. Gracias a estos acuerdos, los saharauis pueden ir a esos pa&iacute;ses a formarse, y m&eacute;dicos como el doctor Ochoa gozan de un permiso de tres meses para ejercer en los campamentos.
    </p><h3 class="article-text">Condiciones precarias</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Si no venimos nosotros, no viene nadie. Es normal que no haya m&eacute;dicos en esta zona y que todos se vayan fuera a ejercer, porque las condiciones no son nada dignas&rdquo;, dice este m&eacute;dico habanero, quien reconoce que, si en lugar del Gobierno cubano le pagara el saharaui, no sabe si estar&iacute;a all&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        La RSAD paga a sus m&eacute;dicos un total de 350 euros cada tres meses. La precariedad es uno de los motivos que lleva a los m&eacute;dicos a irse de los campamentos. Uno de los que quiere marcharse es Mohammed Abi, nacido en los campos de refugiados y formado en Venezuela. Tiene 28 a&ntilde;os y hace dos meses que ha empezado a trabajar. Todav&iacute;a no ha percibido su primer sueldo, pero sabe que no va a ser bueno.
    </p><p class="article-text">
        El hermano del doctor Abi tambi&eacute;n es m&eacute;dico y hace tiempo que ejerce en Espa&ntilde;a. &Eacute;l espera seguir sus pasos y, por eso, ya ha empezado a tramitar la convalidaci&oacute;n de su t&iacute;tulo. Trabaja turnos de m&aacute;s de 48 horas seguidas para luego descansar dos d&iacute;as y volver a empezar la rueda. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto no es vida. Quiero ayudar a mi pueblo, pero no a costa de mi propia salud&rdquo;, sostiene Abi. Trabaja en el hospital del campo de Smara y atiende a m&aacute;s de 40 personas cada d&iacute;a. Es el &uacute;nico m&eacute;dico en su turno, que comparte con dos enfermeros.
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                Un paciente ingresado recibe consulta en el hospital de Rabuni                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>De curar al pueblo a jugarse la vida en la frontera</strong></h3><p class="article-text">
        Hasta hace dos a&ntilde;os, Azman era uno de esos enfermeros. &Eacute;l se form&oacute; en Argelia y en la escuela de enfermer&iacute;a de la RSAD. &ldquo;Quer&iacute;a ayudar a los m&iacute;os. Que estuvieran sanos para luchar por nuestra tierra&rdquo;, asegura el saharaui, de 32 a&ntilde;os. Pero dej&oacute; la medicina por dinero. Si el sueldo de m&eacute;dico es bajo, el de enfermero es peor: 60 euros cada seis meses. &ldquo;No da para alimentar a mi familia&rdquo;, se lamenta este joven que, adem&aacute;s de a su mujer e hijos, debe mantener a sus padres, a los hijos de una hermana viuda de guerra y a los de su hermana fallecida, el padre de los cuales est&aacute; en el frente. &ldquo;Sin m&aacute;s hombres en la casa, 20 euros al mes no dan para nada&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Y mucho menos ahora. Debido a la inflaci&oacute;n, los precios han subido, tambi&eacute;n en el S&aacute;hara. Las tiendecitas que salpican los campos de refugiados obtienen sus productos de Argel, cuyo gobierno acaba de aprobar una subida del salario m&iacute;nimo. Con eso, los precios han subido, as&iacute; que en los locales saharauis tambi&eacute;n se venden m&aacute;s caros los productos b&aacute;sicos. A ello se suma la crisis socioecon&oacute;mica derivada de la pandemia ha hecho que muchas ONG y gobiernos recorten las ayudas que destinan a los refugiados saharauis. Seg&uacute;n el Consorcio de ONG de la regi&oacute;n, la financiaci&oacute;n se ha reducido un 20% en los seis primeros meses de 2022.
    </p><h3 class="article-text">Aumento de los precios</h3><p class="article-text">
        La canasta b&aacute;sica que recibe el 75% de la poblaci&oacute;n ha menguado dr&aacute;sticamente. &ldquo;De dos kilos de arroz, aceite y lentejas por persona y mes, ahora se da la mitad&rdquo;, explica el doctor Abi, quien a&ntilde;ade que ya no se incluye prote&iacute;na animal. Esto ha derivado en un grave aumento de enfermedades cr&oacute;nicas derivadas de una mala alimentaci&oacute;n como la hipertensi&oacute;n o la diabetes. &ldquo;Muchos recurren a productos en conserva, que son m&aacute;s baratos, pero que tienen demasiado az&uacute;car o sal&rdquo;, dice el doctor, quien tambi&eacute;n achaca los problemas de salud a un consumo excesivo del agua de los pozos. &ldquo;Es demasiado salada y, aunque es considerada potable, yo no la bebo&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Azman asiente con la cabeza ante esta afirmaci&oacute;n del m&eacute;dico y asegura que &eacute;l tampoco deja que su familia coma procesados ni beba agua que no sea comprada. &ldquo;Ya no ejerzo como enfermero, pero sigo ayudando a mis vecinos y familia&rdquo;, dice. Pero los consejos que da cuestan dinero. Y &eacute;l lo sabe. Por eso, dej&oacute; su trabajo en el hospital para aceptar encargos puntuales como alba&ntilde;il.
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                Azman conduce la camioneta que le lleva a los territorios liberados de Mauritania                            </span>
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        La compra de productos en Mauritania para venderlos en los campamentos se ha convertido en el negocio m&aacute;s rentable para Azman. Los precios en el pa&iacute;s vecino son m&aacute;s baratos que en Argelia, hasta el punto de obtener rentabilidad a pesar de la gasolina gastada en recorrer 1.000 kil&oacute;metros de distancia. Lo hace una vez cada seis semanas. Tarda 15 d&iacute;as, durante los cuales duerme en el desierto y cocina con el calor de la arena. &ldquo;Antes simplemente era cansado, pero ahora me juego la vida&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Desde que regres&oacute; la guerra al S&aacute;hara Occidental, el camino hacia Mauritania es peligroso. Algunos refugiados ya han muerto en el trayecto. Pero Azman no va a dejar de hacerlo. &ldquo;No me queda otra. Tengo que hacer que mi familia sobreviva y har&eacute; lo que haga falta. A quien espera, le llega la sombra&rdquo;, asegura, recuperando un dicho saharaui y recordando aquel grupo de pastores que lograron encontrar el &uacute;nico &aacute;rbol a kil&oacute;metros para resguardarse del sol implacable.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Vida en medio de la nada</h3><p class="article-text">
        Hasta donde alcanza la vista, solo hay arena en la hamada argelina. La &uacute;nica cicatriz que cruza esta franja del desierto es una carretera que conecta los diversos campos de refugiados saharauis de la regi&oacute;n de Tindouf. A diferencia de otras zonas, aqu&iacute; no hay casi vegetaci&oacute;n que proteja de las inclemencias de un sol que puede llegar a calentar hasta los 50 grados. &ldquo;Es muy mala hora para salir&rdquo;, se lamenta Azman, mirando el reloj de su vieja camioneta, que marca las dos del mediod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Va camino de ver a su padre, Mohamed, cuando su sobrino le hace notar que hay un camello que vaga por las dunas del desierto. Es raro en esa zona, dice, precisamente por la falta de vegetaci&oacute;n. Y, de repente, aparece. Un &aacute;rbol. Solo. Ni siquiera llega a ser tan alto como un hombre adulto. Pero ah&iacute; est&aacute;, ofreciendo una parca pero necesaria sombra. Y a su resguardo se encuentran tres hombres, en plena preparaci&oacute;n del t&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Son pastores de cabras y camellos -el dromedario solitario es suyo- y ahora est&aacute;n esperando a que baje el calor, tal como traduce Azman. Antes trabajaban cerca de la frontera que separa esta zona del desierto con el S&aacute;hara ocupado por Marruecos, pero tuvieron que desplazarse tras el inicio de la contienda. Tindouf est&aacute; a unos 60 kil&oacute;metros del llamado muro de la verg&uuml;enza, donde hay muchos m&aacute;s &aacute;rboles que resguardan a los pastores y animales del calor.
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                Un grupo de pastores se refugia del sol bajo la sombra de un árbol                            </span>
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        A pesar de que esta sea una zona mucho m&aacute;s seca, han tenido que venir huyendo de las balas perdidas entre el frente Polisario y el ej&eacute;rcito de Mohamed VI. El reinicio de las hostilidades -que hab&iacute;an estado paradas desde 1991- ha alterado la vida de los habitantes de los campos de refugiados saharauis, que vuelven a revivir los episodios m&aacute;s crudos de la guerra que precedi&oacute; a la ocupaci&oacute;n marroqu&iacute; de 1975.
    </p><p class="article-text">
        El padre de Azman fue uno de los j&oacute;venes que defendieron sus hogares en aquel entonces. Ten&iacute;a 26 a&ntilde;os cuando sali&oacute; de su casa, en El Aai&uacute;n, en la costa oeste, y llev&oacute; a sus padres hasta Tindouf, donde <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/territorio-ocupado-sahara-resiste-hombros-mujeres-frente-sostenemos-vida_1_9627485.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las mujeres se quedaron a construir los campos de refugiados</a> y &eacute;l regres&oacute; al frente. Se enter&oacute; de la invasi&oacute;n por un mensaje que apareci&oacute; en las radios y televisiones que avisaba a los saharauis de que si ve&iacute;an un espa&ntilde;ol, pod&iacute;an acercarse. Pero si ve&iacute;an a un marroqu&iacute;, deb&iacute;an esconderse o matarlo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He perdido a muchos amigos y muchos hombres buenos han muerto. Ellos no volver&aacute;n a nacer, pero nuestra naci&oacute;n s&iacute; puede resurgir&rdquo;, asegura Mohammed, el padre de Azman. Ahora tiene 73 a&ntilde;os y mueve sus manos nerviosamente, preocupado por no seguir bien la conversaci&oacute;n. Est&aacute; ciego de un ojo y sordo de un o&iacute;do debido a la metralla de una bomba que lo alcanz&oacute; en 1977. &ldquo;Si Mohammed no es uno de esos hombres buenos muertos es porque Al&aacute; no quiere&rdquo;, dice su mujer.
    </p><p class="article-text">
        <em>SV</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Vicente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/campamentos-refugiados-saharauis-apenas-medicos-medio-guerra_1_9639808.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2022 17:53:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los campamentos de refugiados saharauis, casi sin médicos en medio de la guerra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Frente Polisario,Sahara Occidental,Refugiados,Saharauis]]></media:keywords>
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