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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lecturas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/lecturas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Lecturas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Y ahora quién cuidará el barrio?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ahora-cuidara-barrio_1_13184068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fc7bad7-df29-4a3f-b73d-089edacb304c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y ahora quién cuidará el barrio?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este texto forma parte de "Francisco, el último hombre bueno", de la Colección Futuro Anfibio de UNSAM Edita y que reúne a diversos autores para una mirada crítica y reflexiva sobre los años de Jorge Bergoglio en el Vaticano. Escriben también Pablo Semán, Diego Geddes, María Mansilla y Carlos Greco.</p></div><p class="article-text">
        &ndash;El papa me escribi&oacute; una carta. Dicen que llegar&aacute; en un rato.
    </p><p class="article-text">
        Se lo dije a Norma, una santiague&ntilde;a poderosa que hace 27 a&ntilde;os trabaja en mi casa y siempre ha cuidado de
    </p><p class="article-text">
        mi hijo y de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esa noche yo hab&iacute;a salido y hab&iacute;a vuelto tarde. Era viernes. Los jueves eran sagrados en aquella &eacute;poca, hace unos diez a&ntilde;os, cuando a&uacute;n uno era un animal party.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; papa?&ndash;pregunt&oacute; Normita, sin cre&eacute;rselo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; papa va a ser? Francisco&ndash;dije.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y desde cu&aacute;ndo el papa le escribe al diablo?
    </p><p class="article-text">
        Contest&oacute; Norma y dio un portazo porque ya no podr&iacute;a subir a la terraza, su dominio, a la espera del env&iacute;o vaticano.
    </p><p class="article-text">
        La carta lleg&oacute; enseguida. El timbre son&oacute; y ella baj&oacute; refunfu&ntilde;ando como de costumbre, sin acreditarlo. Subi&oacute;, pero se demor&oacute; en la cocina. La trajo en una bandeja de acero inoxidable &ndash;a falta de plater&iacute;a&ndash;, dando al asunto una trascendencia inusitada. El objeto desped&iacute;a un aura de enc&iacute;clica, de coro, de incienso y mirra. Era un sobre importante, con un sello lacrado en el centro.
    </p><p class="article-text">
        Al abrirla hab&iacute;a una tarjeta blanca de alto gramaje escrita con una letra que parec&iacute;a mil hormigas trasladando mil guijarros. Imagin&eacute; a Francisco en aquella tarea del siglo XIX, cuando la correspondencia era lo que forjaba los v&iacute;nculos de los hombres, escribi&eacute;ndole a gente com&uacute;n, de su pu&ntilde;o y letra, para compartir un parecer, para abrir un di&aacute;logo. Y me sent&iacute; extra&ntilde;o, responsable, visto desde alg&uacute;n lugar remoto en mi lecho de pecador, con resaca, fuera de lugar para una experiencia de ese tipo. Luego supe que eran cientos quienes pod&iacute;an recibir un texto de &eacute;l, buscando un contacto con el mundo que no quer&iacute;a que se le perdiera por su trascendencia hacia el poder eclesial.
    </p><p class="article-text">
        En la carta, Francisco era amable y generoso. &ldquo;Se&ntilde;or Alarc&oacute;n, he le&iacute;do con gusto su libro <em>Si me quer&eacute;s, quereme transa</em>. All&iacute; me encontr&eacute; con ese territorio que ha sido mi casa y me sent&iacute; cerca de esas vidas de personas a las que he conocido&rdquo;, dec&iacute;a al comienzo. Se refer&iacute;a al libro que yo hab&iacute;a escrito despu&eacute;s de seis a&ntilde;os de etnograf&iacute;a sobre los clanes narcos del Bajo Flores y sus batallas sangrientas para controlar el negocio. Se lo hab&iacute;a llevado de regalo el exrector de la UNSAM, Carlos Ruta. Bergoglio hab&iacute;a nacido, vivido y crecido en Flores. Y uno de sus mejores amigos era el padre Rodolfo Ricciardelli, un cura siempre comprometido con la opci&oacute;n por los pobres. Ricciardelli vivi&oacute; desde el 72 y hasta el 13 de julio del 2008 en la villa que ahora lleva su nombre. Al d&iacute;a siguiente de su muerte, llorada por todo el barrio, el entonces arzobispo de Buenos Aires ofici&oacute; la misa para despedirlo en la parroquia Santa Mar&iacute;a Madre del Pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Supe que era una carta papal despu&eacute;s de perder un par de d&iacute;as en adivinar el mensaje que hab&iacute;a llegado v&iacute;a mail del Episcopado. &ldquo;Se&ntilde;or Alarc&oacute;n, el P. Francisco desea hacerle llegar una misiva&rdquo;. Fui averiguando si se trataba de alguno de los curas villeros con los que hab&iacute;a trabajado en mis notas. &iquest;Era el padre Paco? &iquest;Era el padre Pepe? &iquest;Qui&eacute;n m&aacute;s de los sacerdotes del Tercer Mundo que hab&iacute;an copado cada parroquia del arzobispado de Buenos Aires y buena parte del Conurbano pod&iacute;a escribirme? &iquest;Por qu&eacute; no me hab&iacute;an llamado directamente? Hasta que mi exnovio &mdash;un converso total al catolicismo de la era Francisco&mdash; me dijo: &iexcl;Est&uacute;pida, si es el Episcopado y dice P. Francisco, es el papa!
    </p><p class="article-text">
        No pude soportarlo. Esa misma noche me fui de juerga.
    </p><p class="article-text">
        Dos cosas me sorprendieron de la carta. Primero, el papa dec&iacute;a: &ldquo;Sigo sus cr&oacute;nicas desde los a&ntilde;os noventa en P&aacute;gina/12&rdquo;. Entonces yo escrib&iacute;a cada domingo en el diario que m&aacute;s castig&oacute; a Bergoglio a trav&eacute;s de la pluma de Horacio Verbitsky. All&iacute; me tocaba investigar la vida en pleno neoliberalismo rampante, sus consecuencias en la calle, los modos perversos de aquel capitalismo predador, el costado m&aacute;s cruel de la pizza con champ&aacute;n menemista. Francisco no sab&iacute;a que yo hab&iacute;a querido ser cura de ni&ntilde;o, poco despu&eacute;s de mi comuni&oacute;n en la iglesia del barrio Don Bosco en Cipolletti, tierra salesiana, la del Alto Valle. Quiz&aacute;s la militancia socialista de los abuelos en Chile y ese paso por la iglesia donde se compart&iacute;a el pan con los m&aacute;s pobres era lo que me llevaba a un desbordante compromiso social desde el diario donde aprender&iacute;a a escribir y a investigar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recuerdo especialmente una sobre las ni&ntilde;as prostituidas en la avenida Amancio Alcorta. A&uacute;n la uso a veces para mis homil&iacute;as&rdquo;, dec&iacute;a Francisco.
    </p><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana un amigo me envi&oacute; esa cr&oacute;nica. La leo y me entristece leerla. Cito solo un di&aacute;logo con una de las ni&ntilde;as que pude entrevistar entonces:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Camila bien lo sabe. Cuando habla del tema no lo rodea, no lo esquiva, apenas lo menciona, r&aacute;pido, con las palabras que, aunque no haya estado presa, suenan con acento de tumba. Decat&aacute;nvenimo de Pontevedra. Mi mam&aacute;mishermanosomoquince.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por qu&eacute; empezaron?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Para tener plata. Pero empezaron otras, a m&iacute; no me gustaba.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ten&iacute;a miedo. De los viejos. Que te peguen. Que te maten. Algunos son como vos, otros son m&aacute;s viejos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Cu&aacute;nto cobran?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cinco pesos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Para qu&eacute; usan la plata?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nos metemos en Zavaleta a fumar. All&aacute; nos quedamos todo lo que podemos, hasta que perd&eacute;s la cuenta de lo que fumaste.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tus amigos tambi&eacute;n fuman paco.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No tengo amigos, tengo hermanos y primos, amigos hay cuando ten&eacute;s droga y plata.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Tus hermanos d&oacute;nde est&aacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Est&aacute;n por ah&iacute;... Mi mam&aacute; en la casa. Pero nunca vamos. Un d&iacute;a al a&ntilde;o, ponele. Dormimos en la calle, con cartones y frazadas.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;C&oacute;mo es un d&iacute;a tuyo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cuando me levanto, desayuno, pido comida, si tengo plata me voy a Zavaleta. Puedo pasarme una semana fumando.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;C&oacute;mo consiguen la plata?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es siempre igual. Antes yo no quer&iacute;a. Me parec&iacute;a que estaba mal. Pero despu&eacute;s no me di cuenta y empec&eacute;. Pasan muchos autos. Nos llevan arriba y hacen lo que los viejos quieren. Hac&eacute;s eso y tard&aacute;s un poco, depende de cu&aacute;nto tarde el viejo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Antes qu&eacute; hac&iacute;as?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vend&iacute;amos medias y guantes con mi mam&aacute;. En el tren. Ganaba plata. Ella la guardaba y las cosas eran para mi casa.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        De historias como esa hablaba Francisco en sus misas. Luego el papa me dec&iacute;a que hab&iacute;a le&iacute;do el comentario sobre el libro escrito por Mar&iacute;a Moreno en la contratapa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si la ve a Mar&iacute;a, por favor preg&uacute;ntele si a&uacute;n conserva el ejemplar de un libro de Constancio C. Vigil que yo le regal&eacute; en el a&ntilde;o 54&rdquo;. Yo no sab&iacute;a que Bergoglio, a los 18 a&ntilde;os, hab&iacute;a trabajado en un laboratorio bioqu&iacute;mico a cargo de la madre de Mar&iacute;a. Cuando llam&eacute; a Mar&iacute;a para decirle &ldquo;tenemos que ir a Roma a conocer al papa&rdquo;, me sac&oacute; carpiendo. Era el momento m&aacute;s &aacute;lgido de la lucha feminista por la Ley de Interrupci&oacute;n Voluntaria del Embarazo. No estaba para andar una arrastr&aacute;ndose en el Vaticano.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si fue por eso, o por mi desidia, o por pudor que no contest&eacute; nunca la carta bendita. Qued&oacute; atesorada en un rinc&oacute;n de mi estudio, tan atesorada que ahora deber&iacute;a dar vuelta cajones y cajones para encontrarla. Debe estar entera por ese material papal del que est&aacute; hecha.La recuerdo textual, por su caligraf&iacute;a, por el modo sencillo de su escritura. La recuerdo gracias al pedido de mis compa&ntilde;eros de Anfibia que me insisten, como tantas otras veces: ten&eacute;s que escribirlo. Aunque me lo piden, nunca lo hago; prefiero estar atr&aacute;s de los textos. Ahora lo hago convencido de que este que nos toca sin papa argentino es un momento pol&iacute;tico crucial. Estos d&iacute;as de ceremonias vaticanas, la inminente designaci&oacute;n del pr&oacute;ximo jefe de la Iglesia cat&oacute;lica, los relatos y an&aacute;lisis que se acumulan a cada minuto pintan un mundo en el que la excepcionalidad argentina jug&oacute; a nivel universal y dej&oacute; marca. La &eacute;poca nos trae males de una profundidad mayor que los que retrat&eacute; en mis cr&oacute;nicas marginales de los noventa. Durante las &uacute;ltimas semanas apenas me asomo a los territorios por las entrevistas de un podcast que comenzamos a grabar. Ahora no escribo. Ahora escucho. Y todo queda grabado. La tragedia social que hierve en los barrios supera varias veces lo que me toc&oacute; reportar hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. Ese es el mundo que perdi&oacute; a este papa. Y habr&aacute; que ver si el pr&oacute;ximo querr&aacute; decirlo, denunciarlo, combatirlo.
    </p><p class="article-text">
        <em>CA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Alarcón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ahora-cuidara-barrio_1_13184068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 03:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y ahora quién cuidará el barrio?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa Francisco,Lecturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Archivo para recuperarme]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/archivo-recuperarme_129_12941246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ddbdd2af-1c42-4671-9279-94764a940c4e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Archivo para recuperarme"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un fragmento de la novela de Roma Vaquero Diaz, publicado por La Balsa Editora.</p></div><p class="article-text">
        Desde que no est&aacute;s siento que perd&iacute; una parte de m&iacute;. Vuelo como un p&aacute;jaro en c&iacute;rculos bajo el techo de mi habitaci&oacute;n buscando algo que sea un contrapeso, un aliciente, una vuelta de rosca - dir&iacute;as vos- pero gravito en tu memoria y mi propio peso se escurre. No quiero irme. Necesito ser carne expandida en alg&uacute;n tipo de futuro. Se me ocurri&oacute; que podr&iacute;a escribirte, recuperar pedacitos de nuestra historia. Armar un gran montaje que nos devuelva el cuerpo y que nos permita seguir. Tal vez recordarnos para llevarlas conmigo y saber que no estoy sola, pero tambi&eacute;n saber lo que fuimos para entender qui&eacute;n soy ahora. A veces siento que en este mundo no existimos. Que s&oacute;lo hay espacio para cierto tipo de historias y que el resto queda bajo la tierra siendo gusanos y dientes de le&oacute;n. Pero yo sobreviv&iacute; Amalia, y tengo que decirlo. Aunque mi manera de decir sea escribirte, recordar nuestra vida en la intimidad, en el hospicio, en el llanto y en la ternura. En el tiempo que estuvimos viviendo todo esto, lo &uacute;nico que yo ten&iacute;a era mi cuaderno y un lapicito azul. Un cuaderno peque&ntilde;o y de tapas negras que pod&iacute;a esconder en mi bombacha cuando cambiaban las s&aacute;banas. Ah&iacute; guardaba nuestra memoria. Ahora intento juntar esos fragmentos y hablarte. Armar una especie de archivo para recuperarme.
    </p><p class="article-text">
        Busqu&eacute; la etimolog&iacute;a de recuperar, viene del lat&iacute;n <em>recuperare</em>. Contiene el prefijo re- (hacia atr&aacute;s, de nuevo) y capere (agarrar, tomar) Entonces pens&eacute; que para recuperarme, necesito del ir hacia atr&aacute;s para tomarme. Volver a m&iacute;. Rescatarme, recobrarme, renovarme, restituirme. &iquest;Podr&eacute; hacerlo, Amalia? &iquest;Puedo encaminar mi marcha hacia un atr&aacute;s que ya no existe? &iquest;Es posible volver y encontrarnos para luego regresar? Sospecho que moverme en esas espirales siempre me volver&aacute; otra. Una otra con algo de m&iacute;, pero con mucho de una distinta. Una otra creada. Una yo ficcional. Recuperarme ser&iacute;a casi como inventarme. Inventarme una vida donde est&aacute;n ustedes en ese existir pasado, pero movidas un grado, casi como si pudiera vernos detr&aacute;s de un cristal que nos deforma completamente, pero que al mismo tiempo, refleja el sistema que nos constituye. Recuperarnos es un salto hacia lo que podr&iacute;amos haber sido, pero con las cicatrices de lo que fue. Es lo que somos en el eco de mi memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (Todo lo que aqu&iacute; comparto es un ir hacia atr&aacute;s, un atajo creado,&nbsp;l&iacute;neas de fuga hacia el origen.)
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Archivo para recuperarme, de Roma Vaquero Diaz (La Balsa Editora, 2025).                            </span>
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        Vos y yo nos conocimos hace algunos a&ntilde;os. Nos entendimos r&aacute;pidamente, no tanto por lo que nos dijimos sino por lo que no. Una mirada y un apret&oacute;n llenaban todo nuestro diccionario. Nunca entend&iacute; la diferencia de edad que ten&iacute;amos. Aunque vos parec&iacute;as m&aacute;s grande, yo siempre terminaba cuid&aacute;ndote, Amalia. A veces nos qued&aacute;bamos mirando una pared, perdidas en ning&uacute;n lado, con los ojos como coquitos de agua; otras veces vos hablabas sin parar mientras yo callaba y me mov&iacute;a, podr&iacute;a decirse que bailaba. Vos nunca entendiste que ten&iacute;as un cuerpo, yo hice de mi cuerpo las palabras. Creo que las dos ten&iacute;amos miedo y enmudec&iacute;amos y grit&aacute;bamos de diversas maneras. Vos tuviste que adaptarte a las normas, yo me hice modosita por seguirte. A veces, despu&eacute;s de peinarte la espalda, me tiraba en la cama y te preguntaba qui&eacute;n era yo si hablaba de mi mano.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo mi mano?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Mi mano no soy yo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y entonces me hablabas de los p&aacute;jaros, de treparse a un &aacute;rbol para pasar ah&iacute; toda la noche y de cazarlos como un gato alucinado. Una tarde te encerraste en el cuarto de ba&ntilde;o de aquel lugar y no hab&iacute;a manera. Recuerdo estar sentada afuera, con la mejilla sobre la puerta susurrando palabras, aquietando tus manos para que no te arrancaras los cabellos. Muchas veces nos confund&iacute;an, aunque claramente yo ve&iacute;a que vos eras vos y que yo era yo. No era as&iacute; para los dem&aacute;s y los castigos nos ca&iacute;an a ambas.
    </p><p class="article-text">
        Te trasladaron del frenocomio de Venecia al pabell&oacute;n especial del Dr. Mart&iacute;n en Par&iacute;s, yo anduve entre Pergamino, Rosario y Buenos Aires. Sin embargo siempre descubrimos la manera de encontrarnos. La noche que te trasladaron despert&eacute; con una piedra en las costillas y sab&iacute;a que algo hab&iacute;a pasado. D&iacute;as despu&eacute;s, mientras me limaba las ancas, le&iacute;a tu carta escrita antes de que te ataran las enfermeras. En ocasiones sab&iacute;amos c&oacute;mo actuar. Si lo que hac&iacute;amos era m&aacute;s grande que lo que se ven&iacute;a, zaf&aacute;bamos. Era un nublarse la vista, los o&iacute;dos cerrados, las mu&ntilde;ecas titilando y empezar a balbucear. Casi un desaparecer dentro de nosotras mismas o gritar entre agua hasta que se rompieran el espacio y el tiempo. Si el otro pod&iacute;a, nosotras pod&iacute;amos un poco m&aacute;s. Podr&iacute;amos estar en ese sitio donde salir no era posible, pero no iban a entrar en nosotras, ni abrir las piernas de nuestra mente. De los ojos para atr&aacute;s, todo era infinito y azulado. Siempre nos gustaron los gatos, a m&iacute; el cabezazo, la lengua raposa, el masaje oportuno; a vos, que despu&eacute;s de la lengua ven&iacute;a la mordida, el ara&ntilde;azo al pasar, el alcohol luego de una noche de heridas. Creo que nos escuch&aacute;bamos como los gatos, con los ojos abiertos, curvando el lomo, derretidas en el hueco. Y claro, no hab&iacute;a hora. En nuestra temporalidad paralela s&oacute;lo los besos y los abrazos marcaban el ritmo del encierro. Yo soy vos o vos sos yo, y al duplicarnos alguna mor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si fue cuando llegu&eacute;. Pero en una &eacute;poca me llamaron <em>arrugadito</em> o <em>mantequita</em>, nunca supe si fue por la sonda que utilizaban para que ingresen o salieran cosas de m&iacute;, o porque me daba miedo absolutamente todo. S&oacute;lo quer&iacute;a meterme en un pliegue de piel que me protegiese. Luego con la aplicaci&oacute;n de los rayos fui cambiando. Dec&iacute;an que si se aplicaban en una zona del cuerpo, el resto no deb&iacute;a protegerse. Pero algo en m&iacute; fue mutando y cada d&iacute;a me parec&iacute; m&aacute;s a vos, Amalia. O tal vez fuimos mutando las dos y cuando llegamos a este lugar &eacute;ramos completamente diferentes. Aunque creo que algo nos un&iacute;a de antes: un rostro partido o compartido, perdido en la misi&oacute;n de encontrarse.
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                Archivo para recuperarme, Roma Vaquero Diaz (La Balsa Editora, 2025).                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Roma Vaquero Diaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/archivo-recuperarme_129_12941246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jan 2026 18:32:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Archivo para recuperarme]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/le-habran-hecho-manos-le-habran-hecho_129_12611208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d57c71bf-462e-44f3-91bc-68ed9a4af1fb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una novela que incomoda a la corrección política y desafía el molde del género: “Soy como el rey de un país lluvioso” (Interzona), de Edgardo Scott, despliega una escritura que rehúye la pacificación y apuesta a la belleza inquietante de la literatura. Más que un relato de asesinos seriales, es un texto que indaga en la ambigüedad, la ironía y las tensiones de nuestra época.</p></div><p class="article-text">
        Dicen que una catedral g&oacute;tica es un lugar donde un ateo se sentir&iacute;a inc&oacute;modo. M&aacute;s all&aacute; del juego con lo g&oacute;tico como est&eacute;tica o estetizaci&oacute;n (la tradici&oacute;n literaria, los consumos culturales, el g&eacute;nero musical), m&aacute;s all&aacute; de la incomodidad de los personajes con la creencia (el creer y la incredulidad, la confesi&oacute;n de la imposibilidad de creer son fundamentales aqu&iacute;), <em>Yo soy como el rey de un pa&iacute;s lluvioso </em>de Edgardo Scott es, sin dudas, un lugar donde la correcci&oacute;n pol&iacute;tica se sentir&aacute; inc&oacute;moda. Porque la valiente cr&iacute;tica social del libro es el acto de decir literariamente &#8213;como se ha sabido hacer desde hace m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os, desde una peque&ntilde;a ciudad alemana, justamente, ah&iacute; nom&aacute;s de donde empieza la novela&#8213; que no hay explicaciones, hay condiciones de posibilidad; que hay iron&iacute;as que son verdades salvajes y hay verdades salvajes que pueden ser dichas y o&iacute;das po&eacute;ticamente, a trav&eacute;s de una experiencia de lectura que no ofrece pacificaci&oacute;n, sino inquietud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V&eacute;ase la entrada del 2/9 sino: &ldquo;Yo no s&eacute; cu&aacute;ndo fue el quiebre; cu&aacute;ndo y, mucho menos, c&oacute;mo se fue haciendo ese agujero profundo a mis pies&rdquo;. El texto contin&uacute;a: &ldquo;Sin embargo, presumo&rdquo;; reflexiona sobre la explicaci&oacute;n, la mentira y la decisi&oacute;n y recuerda e historiza (&ldquo;Entonces yo pod&iacute;a hablar con las mujeres [...] la inhibici&oacute;n y el silencio vinieron despu&eacute;s&rdquo;). La literatura aqu&iacute; muy especialmente habla y dice su verdad: &ldquo;Pero lo importante no es eso&rdquo; y, entonces, el personaje principal enuncia el saber, la experiencia y el espanto del sometimiento: &ldquo;Hab&iacute;a otra opci&oacute;n, otra posibilidad, aunque los dos fuimos d&oacute;ciles aquella vez. D&oacute;ciles y obedientes&rdquo;. Esa entrada, en la secci&oacute;n del libro que es un montaje perfecto entre anotaciones sobre la pulsi&oacute;n sexual, escenas pornogr&aacute;ficas y poemas de Baudelaire se llama &ldquo;Diario del ayer&rdquo;, pero deber&iacute;a llamarse &ldquo;con el diario del lunes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los distintos tipos textuales que traman la novela (la conferencia, la declaraci&oacute;n y los archivos escritos por una mujer; los retratos, los cuentos, los poemas escritos por un var&oacute;n) no se sueldan, se tocan, pero no encajan como piezas de un rompecabezas. Tal vez esa sea la verdadera clausura del g&eacute;nero <em>novela-de-asesino-serial </em>a la que alude la contratapa: su ambig&uuml;edad, su ambivalencia. Sino el absoluto, s&iacute; el pleno de la literatura: saber y no saber qui&eacute;n es el mal, qui&eacute;n es el bien, qui&eacute;n la moral, qui&eacute;n el humor (o el malhumor), qui&eacute;n el que sabe c&oacute;mo decir las verdades que casi nadie quiere escuchar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La literatura est&aacute; hecha de desplazamientos, de virtuosismos y chistes, de lo decible y, por supuesto, de lo no dicho. Esta es una novela que empieza con &ldquo;Yo soy&rdquo; pero no es una escritura del yo. Una novela cuya contratapa habla de t&oacute;picos de los estudios literarios -y de los consumos culturales en general- pero no dice lo que realmente vale la pena decir al respecto: que es un libro que cumple, sobradamente, las expectativas de la experiencia literaria. Un texto que se ha presentado como el primer (o casi) relato argentino sobre asesinos seriales, aunque haya uno cortazariano (&iexcl;en un cuento que va y viene de Buenos Aires a Par&iacute;s como el escritor!) y una casada perfecta (perfectamente asesina serial, angelical gorodischeana).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo soy como el rey de un pa&iacute;s lluvioso</em> primero cumple y, luego, evade y redobla, todo eso que se espera de una buena novela: una estructura compleja, aunque no confusa. Con regularidades, pero no simetr&iacute;as predecibles. Con juegos con la temporalidad, pero sin p&eacute;rdida del control. Con variaciones, pero sin repeticiones. Por esto &uacute;ltimo, justamente, la figura del asesino serial le queda chica a la novela: su personaje masculino principal es mucho m&aacute;s que un asesino serial, incluso, ni la serialidad, ni el asesinato son lo central en este relato. Y porque no lo son el peso textual (su volumen, su densidad, su belleza, su seducci&oacute;n) est&aacute; cuidadosamente puesto en otras notas de las correspondencias (pues no solo hay flores del mal baudelaireanas en esta novela, tambi&eacute;n hay <em>correspondances</em>): los colores, las sensaciones, los sonidos. El autor ha dicho, en m&aacute;s de una oportunidad, que el valor de la lengua literaria es su musicalidad -y, aunque sea una idea, al menos, pol&eacute;mica- este libro suena, moviliza, arrulla, como la m&uacute;sica a las fieras (&iexcl;la bestia que medita, tambi&eacute;n, escucha m&uacute;sica!).
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo libro de Edgardo Scott por su forma y su contenido &#8213;por su conjunci&oacute;n, claro&#8213; produce cierta perplejidad: no es solo una novela sobre un asesino serial, por distintos motivos que no vale la pena adelantar a quien lea, no es un cat&aacute;logo cerrado, ni una serie de casos explicados, no hay razones, justificaciones &iexcl;ni siquiera sangre! Incluso habiendo una escena que es casi, casi un origen, casi, casi una explicaci&oacute;n, la novela no concede el consuelo de comprender al culpable. Ni quisiera de saber, a ciencia cierta, la cantidad o el modus operandi de los cr&iacute;menes efectivamente ocurridos (o no). Y, sin embargo, o justamente por eso, es un texto perfecto para animarse a pensar el entramado de misoginia, modernidad y erotismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La atracci&oacute;n que produce el di&aacute;logo textual entre los dos personajes principales, entre esas dos voces tan precisas, una la de &eacute;l (el antiburgu&eacute;s, el hombre sin nombre, ni casa, ni barrio, ni profesi&oacute;n), otra la de ella (la mujer con t&iacute;tulo, nombre y apellido, que investiga, archiva, da conferencias&hellip; y hace chistes) es una de las cosas que sostiene irresistiblemente la lectura. La otra, como se dijo antes, es su deslumbrante belleza ret&oacute;rica. La intercambiabilidad de los roles sexogen&eacute;ricos (que puede verse en la inversi&oacute;n de la distribuci&oacute;n cl&aacute;sica de los g&eacute;neros discursivos que var&oacute;n y mujer producen, por ejemplo, o en las posiciones de saber y poder que detentan) es la apuesta m&aacute;s osada -l&uacute;cida, provocadora, escandalosa- para nuestra &eacute;poca sombr&iacute;a y luminosa a la vez: un momento en que la sociedad intenta repensarlo todo, encuentra f&eacute;rreas resistencias ideol&oacute;gicas y se sobreideologiza. La literatura, entonces, es ese espacio, ese reino o ese pa&iacute;s, en que podemos pensar en complejidad, sosteniendo las contradicciones con inteligencia y audacia, con la serenidad que permite la belleza, las acuciantes angustias de nuestro tiempo. Porque el mundo es horrible, pero est&aacute; lleno de cosas hermosas. Como esta novela.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carolina Ramallo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/le-habran-hecho-manos-le-habran-hecho_129_12611208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2025 16:59:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Edgardo Scott]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Franco Bifo Berardi: Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentación de una nueva fase de la extinción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/franco-bifo-berardi-ucrania-genocidio-gaza-son-teatro-experimentacion-nueva-fase-extincion_1_12547316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b9ac2a9-39a7-4345-971d-ad3a5bac78a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Franco Bifo Berardi: Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentación de una nueva fase de la extinción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, ensayista y activista italiano acaba de publicar "Pensar después de Gaza, Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano", de Ediciones Tinta Limón. Aquí uno de los capítulos que integran el libro.</p></div><h2 class="article-text">El exterminio inteligente</h2><p class="article-text">
        La sumisi&oacute;n del trabajo cognitivo ha sido incorporada al propio trabajo: para poder entrar en el ciclo laboral, para poder ser remunerada, la actividad cognitiva debe someterse previamente a modos homologados de funcionamiento y de estructura.
    </p><p class="article-text">
        Para poder convertirse en obrero, el proletario solo ten&iacute;a que entregar al capitalista su cuerpo y su tiempo a cambio de un salario miserable que le permit&iacute;a reproducirse a s&iacute; mismo y a sus hijos, destinados a reemplazarlo en la cadena de montaje. En ese punto el proletario se volv&iacute;a obrero, entraba a la f&aacute;brica donde encontraba cada d&iacute;a a sus compa&ntilde;eros, y con ellos pod&iacute;a crear formas de vida y cultura aut&oacute;noma, construir estructuras pol&iacute;ticas de sabotaje y de autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero el cognitario (proletario cognitivo) que quiera convertirse en precario (mal) pagado debe someter al dominio su actividad intelectual, imaginativa y relacional. Adem&aacute;s, cuando logra entrar al proceso laboral, cuando consigue someterse a la explotaci&oacute;n de su tiempo y su inteligencia, el cognitario no encuentra a sus colegas sino en forma de n&uacute;meros sobre una pantalla. La socialidad obrera se ha perdido cuando la f&aacute;brica es reemplazada por la red inform&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Y dado que el salario del trabajador cognitivo depende en su mayor&iacute;a de un contrato temporal y precario, la competencia con sus colegas se renueva cada d&iacute;a. En estas condiciones, la solidaridad es imposible.
    </p><p class="article-text">
        El proceso de subjetivaci&oacute;n del trabajo cognitivo fue el proyecto de los movimientos que se manifestaron en los 2000, particularmente en el movimiento antiglobalizaci&oacute;n que emergi&oacute; en Seattle y fue aplastado en G&eacute;nova.
    </p><p class="article-text">
        La horrenda masacre que un gobierno de fascistas y mafiosos desat&oacute; en G&eacute;nova en julio de 2001, con ocasi&oacute;n del G8 patronal, fue una advertencia para todos los trabajadores cognitivos del mundo: si intentan organizarse en las calles para crear formas de autonom&iacute;a frente a la explotaci&oacute;n de su cerebro, los mataremos.
    </p><p class="article-text">
        Aquella vez mataron a Carlo Giuliani y masacraron, encarcelaron, torturaron a cientos de otros manifestantes.
    </p><p class="article-text">
        Fue el inicio del siglo feroz que estamos viviendo. Poco despu&eacute;s, desde el cielo azul, llegaron esos aviones que destruyeron las dos torres de Manhattan, y la guerra civil global comenz&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Simult&aacute;neamente, comenz&oacute; la liquidaci&oacute;n y el sometimiento del trabajo intelectual y de las propias facultades cognitivas, sometidas a un bombardeo de infantilizaci&oacute;n publicitaria y terror militar.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces sabemos que el trabajo cognitivo &ndash;una actividad que podr&iacute;a estar orientada a la utilidad, a la alegr&iacute;a, al cuidado y a la belleza&ndash; est&aacute; destinado a acumular beneficios, destruir lo que queda del medioambiente y construir herramientas para la guerra.
    </p><p class="article-text">
        El genocidio israel&iacute; es el punto de llegada de treinta a&ntilde;os de sometimiento del intelecto general al exterminio.
    </p><p class="article-text">
        Desde el momento en que la tecnolog&iacute;a se pone al servicio de la guerra, la guerra se convierte en la funci&oacute;n principal de la tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de todas las charlas que hemos o&iacute;do y seguiremos oyendo al respecto, las investigaciones sobre inteligencia artificial est&aacute;n esencialmente orientadas a optimizar el exterminio.
    </p><p class="article-text">
        El principal cliente de los productos dotados de inteligencia artificial es el sistema militar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la funci&oacute;n y la estructura de la IA est&aacute;n determinadas por el uso que el cliente pretende darle: matar.
    </p><p class="article-text">
        Matar es la funci&oacute;n universal de la tecnolog&iacute;a inteligente.
    </p><h2 class="article-text">Automatizaci&oacute;n del genocidio: Lavender</h2><p class="article-text">
        Las guerras del siglo XXI las combaten cada vez menos los seres humanos. Los seres humanos son las v&iacute;ctimas de las mismas, pero las ejecutoras del exterminio son m&aacute;quinas. M&aacute;quinas manejadas a su vez cada vez menos por seres humanos, porque la tendencia impl&iacute;cita en los sistemas de inteligencia artificial, que se hallan dotados de capacidades de autoaprendizaje y de <em>deep learning</em>, es liberar a estos, que son organismos aleatorios a menudo dotados de conciencia y de sensibilidad, de la tarea de torturar, mutilar, matar y exterminar, y dejar esta tarea en manos de sistemas dotados de inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;inteligencia&rdquo; denota la capacidad de realizar una tarea, independientemente de su utilidad social, licitud &eacute;tica, etc&eacute;tera, y sobre todo independientemente de la emocionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        Inteligencia sin sensibilidad, inteligencia sin conciencia: la m&aacute;quina inteligente exterminadora es el producto general del sistema capitalista en la era de la automatizaci&oacute;n inteligente. 
    </p><p class="article-text">
        El nazismo del siglo XX tuvo que tener en cuenta los l&iacute;mites de la inteligencia emocional, como muestra Jonathan Littell en su terrible novela <em>Las ben&eacute;volas</em>, de 2006. El tecno-nazismo del siglo XXI, del que los sionistas son el s&iacute;mbolo y la vanguardia, se emancipa de estos l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de matar es agotador, como aprendimos leyendo esta novela sobre la fatiga ps&iacute;quica de un SS: el organismo humano tiene l&iacute;mites f&iacute;sicos y psicol&oacute;gicos de los que la m&aacute;quina inteligente se emancipa. 
    </p><p class="article-text">
        El dron es la figura dominante en esta nueva fase del nazismo: la guerra de Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentaci&oacute;n de esta nueva fase de la extinci&oacute;n, proceso que se desarrollar&aacute; plenamente en el siglo XXI. 
    </p><p class="article-text">
        El dron es una aeronave caracterizada por la ausencia de un piloto humano a bordo. Su vuelo est&aacute; controlado por ordenadores que pueden ver, o&iacute;r y ejecutar el exterminio. 
    </p><p class="article-text">
        De los primeros modelos de gran tama&ntilde;o, que tan solo pose&iacute;an unos pocos ej&eacute;rcitos, la tecnolog&iacute;a ha evolucionado hasta la construcci&oacute;n de modelos muy peque&ntilde;os, operados en grupo (drones enjambre), que dado su bajo precio se hallan al alcance de cualquiera.
    </p><p class="article-text">
        El genocidio israel&iacute; constituye la primera aplicaci&oacute;n a gran escala de esta automatizaci&oacute;n del exterminio. No debemos pensar que se trata de un episodio aislado, no debemos pensar que despu&eacute;s de este acontecimiento excepcional, la guerra volver&aacute; a sus antiguos rasgos deshumanamente humanos. 
    </p><p class="article-text">
        La deshumanidad por fin se ha emancipado de lo humano y puede por fin proceder autom&aacute;ticamente. 
    </p><p class="article-text">
        En la competici&oacute;n tecnomilitar, las m&aacute;quinas de exterminio est&aacute;n destinadas a generalizarse. A partir de ahora, todos los conflictos armados, ya sean guerras nacionales, religiosas o civiles, recurrir&aacute;n cada vez m&aacute;s a las t&eacute;cnicas del exterminio inteligente.
    </p><p class="article-text">
        La revista israel&iacute; 972 public&oacute; en abril de 2024 el informe m&aacute;s aterrador del que tengo memoria: describe la estructura epist&eacute;mica y pragm&aacute;tica de un sistema de inteligencia artificial dise&ntilde;ado para detectar y atacar objetivos hipot&eacute;ticamente hostiles. 
    </p><p class="article-text">
        Estos objetivos pueden ser transe&uacute;ntes inocentes, ni&ntilde;os que vuelven del colegio, mujeres que van a por agua a la fuente. No importa. El exterminio autom&aacute;tico funciona estoc&aacute;sticamente y la estocasticidad militar no puede ser demasiado sutil. 
    </p><p class="article-text">
        El sistema de exterminio israel&iacute;, que lleva el garboso nombre de Lavender, es &ldquo;una m&aacute;quina especial que puede procesar cantidades masivas de datos con el fin de generar objetivos potenciales para perpetrar ataques militares en el curso de una guerra. Esta tecnolog&iacute;a resuelve lo que puede describirse como el cuello de botella verificado tanto en la identificaci&oacute;n de nuevos objetivos como en la decisi&oacute;n de ejecutarlos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los seres humanos constituyen, por lo tanto, un cuello de botella, son un elemento de incertidumbre y de ralentizaci&oacute;n. Por muy despiadados y fan&aacute;ticos que sean, los seres humanos siguen siendo m&aacute;quinas indeterministas: la emocionalidad, la incertidumbre y la fatiga pueden limitar su competencia para matar. 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario que la m&aacute;quina inteligente subsuma progresivamente la totalidad de la secuencia de las acciones que hacen posible el exterminio: detecci&oacute;n visual y auditiva, catalogaci&oacute;n, selecci&oacute;n, eliminaci&oacute;n. Y, finalmente, autocorrecci&oacute;n y autoperfeccionamiento en pos del fin superior: instaurar el orden all&iacute; donde los seres humanos son el caos, eliminando en consecuencia todo elemento humano.
    </p><p class="article-text">
        Lavender ha desempe&ntilde;ado un papel esencial en el bombardeo de la poblaci&oacute;n palestina [...] su influencia en las operaciones del ej&eacute;rcito israel&iacute; ha sido tan enorme que los militares han tratado la informaci&oacute;n de la m&aacute;quina dirigida por inteligencia artificial como si fueran decisiones humanas [...]. El sistema identific&oacute; inicialmente a 37.000 palestinos como presuntos militantes y consider&oacute; sus hogares como objetivos de bombardeos a&eacute;reos [...]. El ej&eacute;rcito israel&iacute; atac&oacute; sistem&aacute;ticamente a los individuos seleccionados por Lavender en sus casas, sobre todo por la noche, cuando familias enteras estaban con ellos [...]. Seg&uacute;n dos fuentes a las que interrogamos, el ej&eacute;rcito decidi&oacute; que por cada operativo de Ham&aacute;s se&ntilde;alado por Lavender, se le permit&iacute;a matar hasta quince o veinte civiles [...] en caso de que el objetivo fuera un oficial de Ham&aacute;s, se le permit&iacute;a eliminar a cien civiles [...].
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n al problema, a&ntilde;ade el oficial, es la inteligencia artificial. Tenemos una gu&iacute;a para construir una m&aacute;quina de creaci&oacute;n de objetivos, basada en algoritmos de aprendizaje autom&aacute;tico. En esta gu&iacute;a, hay muchos ejemplos de caracter&iacute;sticas que permiten identificar a una persona como peligrosa, como estar en un determinado grupo de whatsapp, o cambiar a menudo de m&oacute;vil, o cambiar con frecuencia de direcci&oacute;n [...]. En la guerra no hay tiempo para incriminar a todos y cada uno de los objetivos, as&iacute; que tenemos que aceptar un cierto margen de error en el uso de la inteligencia artificial, debemos correr el riesgo de provocar da&ntilde;os civiles colaterales o de atacar a alguien por error y tenemos que aprender a vivir con ese conocimiento (<em>live with it</em>).
    </p><p class="article-text">
        Este oficial, cuyas declaraciones recoge 972, concluye diciendo que despu&eacute;s de matar a cientos, de hecho, a miles, de hecho, a decenas de miles de ni&ntilde;os, de mujeres, de inocentes, hay que aprender a &ldquo;live with it&rdquo;. Vivir con la conciencia de ser un exterminador. Una expresi&oacute;n abracadabrante que por s&iacute; sola nos dice hasta qu&eacute; punto ha llegado la degradaci&oacute;n &eacute;tica y cu&aacute;n profundo es el abismo de cinismo asesino en el que se ha hundido la totalidad de la poblaci&oacute;n de Israel.
    </p><p class="article-text">
        B (una fuente de 972) nos dijo que era normal que esta automatizaci&oacute;n generara un n&uacute;mero mayor de objetivos que alcanzar. Si un d&iacute;a no hab&iacute;a muchos objetivos, porque los criterios de definici&oacute;n eran insuficientes, ten&iacute;amos que reducir el umbral de definici&oacute;n. Una y otra vez los soldados nos presionaban dici&eacute;ndonos: &ldquo;Dadnos m&aacute;s objetivos&rdquo;. En realidad, nos lo dec&iacute;an gritando. &ldquo;Ya hemos acabado con todos los objetivos que nos disteis ayer [&hellip;]&rdquo;. Lavender y sistemas similares, como el llamado <em>Where&rsquo;s daddy</em>, se combinan para lograr el efecto de matar a familias enteras.
    </p><p class="article-text">
        Los &oacute;rganos oficiales del ej&eacute;rcito israel&iacute; comentan con satisfacci&oacute;n estos resultados de la m&aacute;quina de guerra inteligente:
    </p><p class="article-text">
        El Estado de Israel es un actor de altas competencias tecnol&oacute;gicas y utiliza estas como parte de su panoplia de herramientas diplom&aacute;ticas para convertirse en el l&iacute;der del dise&ntilde;o del sistema internacional de gobernanza tecnol&oacute;gica. La necesidad de supremac&iacute;a tecnol&oacute;gica se deriva para Israel de las amenazas a las que se enfrenta.
    </p><p class="article-text">
        La eliminaci&oacute;n selectiva y la multiplicaci&oacute;n de los asesinatos colaterales son el resultado de un perfeccionamiento t&eacute;cnico del que Israel es vanguardia, pero no debemos pensar que se trata de un fen&oacute;meno aislado y puntual. Todo Occidente debe dotarse de una gobernanza tecnol&oacute;gica guiada por la inteligencia artificial exterminadora.
    </p><h2 class="article-text">Inteligencia y conciencia</h2><p class="article-text">
        Gaza nos ha revelado la verdad &uacute;ltima de la historia humana: no hay salida a la repetici&oacute;n sin fin del ciclo violencia-venganza-violencia. Entonces, &iquest;por qu&eacute; dudar? 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario esterilizar la inteligencia, es necesario disociar la inteligencia de la naturaleza indeterminista del inconsciente, de la emocionalidad. &Uacute;nicamente as&iacute; podemos entender la inteligencia artificial en el contexto de una competencia econ&oacute;mica y militar generalizada. 
    </p><p class="article-text">
        La guerra es la continuaci&oacute;n l&oacute;gica de la econom&iacute;a liberal y la guerra requiere el uso ilimitado de la inteligencia. 
    </p><p class="article-text">
        Pero para poder eliminar los l&iacute;mites de la inteligencia, debemos saber lo que Yuval Harari se&ntilde;ala en su libro<em> Homo Deus</em>, de 2016: la disociaci&oacute;n de la inteligencia de la conciencia es la condici&oacute;n para proceder a un uso ilimitado de la primera. 
    </p><p class="article-text">
        La conciencia, si es que esta palabra significa algo, es una limitaci&oacute;n de la inteligencia. Me refiero a la conciencia &eacute;tica, que significa conciencia sensible, incorporada. El trabajo de matar, que es el trabajo m&aacute;s importante de la actualidad, la inversi&oacute;n m&aacute;s importante de la econom&iacute;a terminal, deviene tanto m&aacute;s productivo cuanto m&aacute;s la inteligencia (homicida) se emancipa de la conciencia (&eacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        Desde que el sionismo ha transformado a la poblaci&oacute;n israelita en el coraz&oacute;n de las tinieblas del supremacismo contempor&aacute;neo, Israel se ha convertido en la Endlosung-Machine [m&aacute;quina de la soluci&oacute;n final]. Por ello sabemos que nunca habr&aacute; una posguerra. 
    </p><p class="article-text">
        Ya nadie puede creer que habr&aacute; paz en momento alguno del futuro, porque el exterminio se ha incorporado a una m&aacute;quina que se autocorrige, se perfecciona, se conecta y se expande, una m&aacute;quina que nadie tiene la capacidad de desactivar. 
    </p><p class="article-text">
        La emergencia de la inteligencia artificial se revela como la consecuencia de la obsolescencia humana y simult&aacute;neamente como la condici&oacute;n para la subyugaci&oacute;n t&eacute;cnica definitiva de los seres humanos. 
    </p><p class="article-text">
        Esta es la verdad esencial que hay que saber sobre la inteligencia artificial en la era de la guerra total asint&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Aviv Kochavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, declar&oacute; que la metodolog&iacute;a b&eacute;lica israel&iacute; se inspira en la teor&iacute;a rizom&aacute;tica de Deleuze y Guattari. La proliferaci&oacute;n asim&eacute;trica de la guerra de microm&aacute;quinas es la mejor definici&oacute;n de la idea de convertir objetos cotidianos como <em>beepers </em>y walkie-talkies en armas de destrucci&oacute;n masiva. 
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo los lectores ingenuos pod&iacute;an creer que la metodolog&iacute;a rizom&aacute;tica de Deleuze y Guattari era una teor&iacute;a para la liberaci&oacute;n. En realidad, se trata de algo mucho m&aacute;s complicado y articulado: esa metodolog&iacute;a conceptualiza primero el modelo econ&oacute;mico basado en la distribuci&oacute;n molecular del control capitalista. Despu&eacute;s, la inscripci&oacute;n molecular de la guerra y el terror en cada fragmento de la vida cotidiana y de las cosas de uso com&uacute;n. La vida paranoica de Israel, un pa&iacute;s que est&aacute; permanentemente obsesionado por el odio de las poblaciones de su entorno y que siempre lo estar&aacute; (durante los pocos a&ntilde;os que le ser&aacute; concedido sobrevivir antes de que se suicide) est&aacute; marcada por esta molecularizaci&oacute;n del terror.
    </p><p class="article-text">
        La guerra de exterminio es, si me permiten el macabro juego de palabras, la <em>killer application</em> de la inteligencia artificial. 
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial puede haber nacido con intenciones puramente cient&iacute;ficas, o puramente econ&oacute;micas, o incluso con ingenuas intenciones humanitarias. 
    </p><p class="article-text">
        Pero su uso perfecto, espec&iacute;fico y &uacute;ltimo es el exterminio. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos o&iacute;do hablar de regulaci&oacute;n &eacute;tica de la inteligencia artificial, hemos o&iacute;do hablar de alinear la tecnolog&iacute;a con los &ldquo;valores&rdquo; humanos. Son insustancialidades privadas de todo sentido. En primer lugar, &iquest;qu&eacute; significan los valores humanos? &iquest;De qu&eacute; universalidad estamos hablando? &iquest;De la universalidad del beneficio, de la competencia econ&oacute;mica, del crecimiento ilimitado? &iquest;O de la universalidad de otra cosa? &iquest;Qui&eacute;n es el amo de la universalidad desde el momento en que toda la humanidad est&aacute; culturalmente en guerra?
    </p><p class="article-text">
        La idea del alineamiento de la inteligencia artificial con los valores humanos es exactamente lo opuesto de lo que ha ocurrido y est&aacute; ocurriendo realmente en el mundo de su investigaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n: nuestras facultades cognitivas se han alineado con el formateo digital del mundo, lo cual ha estado sucediendo durante los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, proceso que ha llegado ahora al paso final: alinear la inteligencia artificial con el imperativo del exterminio, que domina el inconsciente y la ferocidad de la selecci&oacute;n natural. La totalidad de los discursos acerca de la &eacute;tica de la inteligencia artificial son imbecilidades, porque se basan en la eliminaci&oacute;n y el olvido de su uso militar, que domina la investigaci&oacute;n, la financiaci&oacute;n y el uso de esta tecnolog&iacute;a: inteligencia impulsada por la demencia, la psicosis, el horror.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Bifo Berardi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/franco-bifo-berardi-ucrania-genocidio-gaza-son-teatro-experimentacion-nueva-fase-extincion_1_12547316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Aug 2025 10:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Franco Bifo Berardi: Ucrania y el genocidio de Gaza son el teatro de experimentación de una nueva fase de la extinción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Gaza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[1.000 millones de mujeres menopáusicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/1-000-millones-mujeres-menopausicas_1_12421803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4bdfa97-d452-480c-8489-16903f53d2cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="1.000 millones de mujeres menopáusicas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mónica Yemayel es la autora de "Mujeres que ya no sangran. Menopausia: el último tabú", de editorial Tusquets. El libro, cuya edición estuvo a cargo de Leila Guerriero y aqui adelantamos un capítulo, es una investigación sobre todos las etapas que conlleva la Menopausia en los aspectos médicos, sociales, vinculares, psicológicos.</p></div><p class="article-text">
        Antes de llegar a la menopausia no le&iacute;a revistas para mujeres. Mucho menos publicaciones para profesionales de la medicina, la psicolog&iacute;a y otras terapias alternativas y complementarias que se ocupan del tema. Ahora s&iacute;. Cualquier revista digital o blog que se me pone enfrente. En realidad, los busco. Para ver si alguno me aclara algunas cosas de la larga lista de s&iacute;ntomas que pueden aparecer entre los 50 y 65 a&ntilde;os. A veces, antes. Algunos ya los tuve y se fueron, otros los tuve y sigo teniendo. Los dem&aacute;s, los presiento.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres viven m&aacute;s que los hombres y una tercera parte de su existencia la pasan bajo el influjo de la menopausia. En Europa &ndash;donde las estad&iacute;sticas se encuentran con cierta facilidad&ndash; la esperanza de vida era, en 2013, de 83,3 a&ntilde;os para las mujeres y 77,8 a&ntilde;os para los hombres; con el siguiente dato revelador: entre 2002 (el primer a&ntilde;o con informaci&oacute;n disponible para los Estados miembros de la Uni&oacute;n Europea) y 2013, la esperanza de vida aument&oacute; 2,4 a&ntilde;os para las mujeres. Se sabe que la expectativa de vida sube; pero &iquest;la calidad de vida acompa&ntilde;a ese crecimiento, sube en igual medida?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Sociedad Europea de Menopausia y Andropausia (EMAS), en 2020 hab&iacute;a 985 millones de mujeres en el mundo con una edad de m&aacute;s de 50 a&ntilde;os. Para 2030 se proyecta que habr&aacute; 1000 millones, y que ser&aacute;n 1650 millones en 2050. Si bien la OMS (Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud), en un estudio realizado en 1981, dec&iacute;a que el 80% presenta alg&uacute;n s&iacute;ntoma menop&aacute;usico, lo inexplicable es que se estima que el 70% llega a esa nueva etapa sin la informaci&oacute;n suficiente para comprender de qu&eacute; se trata, ejecutar un plan de prevenci&oacute;n y ocuparse de su salud.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Mujeres que ya no sangran. Menopausia: el último tabú&quot;, editado por Tusquets."
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                &quot;Mujeres que ya no sangran. Menopausia: el último tabú&quot;, editado por Tusquets.                            </span>
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        Existen varios test que surgieron &mdash;especialmente en pa&iacute;ses desarrollados y a partir de los a&ntilde;os 90&mdash; para ser utilizados por los m&eacute;dicos en las consultas con sus pacientes y as&iacute; poder diagnosticar con mayor precisi&oacute;n el impacto de la menopausia en cada mujer. Sin embargo, no parece ser una pr&aacute;ctica habitual. &iquest;Alguien escuch&oacute; ha- blar alguna vez de la Escala climat&eacute;rica de Green o de la MRS (Menopause Rating Scale)? No son los &uacute;nicos disponibles. En las revis- tas cient&iacute;ficas se mencionan tambi&eacute;n el &Iacute;ndice de Blatt-Kupperman, el Women Health Questionnaire (WHQ), la Menopause Quality of Life (MENQOL), la Utian Quality of Life Score (UQOL), la Escala de Cervantes. El conocimiento ha quedado &ndash;y parece seguir que- dando&ndash; en el &aacute;mbito de los especialistas, sin saltar a la parte del mundo donde habitan las personas comunes que deber&iacute;an ser los y las destinatarias de esa informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De todos, el de Green es el que se se&ntilde;ala como el m&aacute;s utilizado en la cl&iacute;nica m&eacute;dica para detectar los s&iacute;ntomas y evaluar &ndash;profesional y paciente de manera conjunta&ndash; los tratamientos y acciones posibles. El cuestionario incluye veinte preguntas en total: once sobre s&iacute;ntomas psicol&oacute;gicos, siete sobre alteraciones f&iacute;sicas y dos espec&iacute;ficamente sobre el sistema vasomotor (ya que est&aacute; comprobado que los s&iacute;ntomas m&aacute;s precoces y comunes son los sofocos y sudoraciones).
    </p><p class="article-text">
        Al leer las veinte preguntas algo parecido a un manto de alivio desciende trayendo cosas buenas. Cambian los colores, el aroma, la temperatura. Como si entender activara los sentidos espantando la apat&iacute;a: la Escala de Green revela que ese estado n&aacute;ufrago y viciado de acontecimientos incomprensibles en el que exist&iacute; tiene nombres y un orden y se clasifica y puede expli- carse. Es un regocijo de redenci&oacute;n. La lectura en voz alta de todo lo que puede llegar a sentirse une las partes de un saber fraccio- nado, nombra con precisi&oacute;n un c&oacute;ctel de s&iacute;ntomas que conozco, una suma de cosas que me convirtieron en una persona extra&ntilde;a- da de los dem&aacute;s, una extra&ntilde;a de m&iacute;. Leo en voz alta las veinte preguntas como si fueran la confirmaci&oacute;n de una fe, una fe que dice: esas rarezas son s&iacute;ntomas identificados, no solo a m&iacute; me pasa. &iquest;Su coraz&oacute;n late fuerte y r&aacute;pidamente; se siente tensa o nerviosa; tiene dificultades para dormir; est&aacute; excitable; tiene ata- ques de ansiedad o de p&aacute;nico; dificultad para concentrarse; se siente cansada o sin energ&iacute;a; pierde el inter&eacute;s en la mayor&iacute;a de las cosas; se siente infeliz o deprimida; le dan ganas de llorar; est&aacute; irritable; se siente mareada o d&eacute;bil; siente opresi&oacute;n en la ca- beza y entumecidas algunas partes del cuerpo; tiene jaquecas; siente dolor muscular y en las articulaciones; sufre p&eacute;rdida de sensaci&oacute;n en manos y pies; dificultad para respirar; bochornos (calores); transpira por la noche; ha perdido el inter&eacute;s sexual?
    </p><p class="article-text">
        Cada pregunta admite como respuesta: en absoluto, un poco, muy variable, en extremo. El test me hipnotiza. Todo est&aacute; ah&iacute;. Si alguien me hubiese hecho este cuestionario a tiempo, tal vez, no tendr&iacute;a que haberme convertido en una autodidacta desesperada. No hubiese tenido que transitar el aprendizaje en soledad, casi disuelta.
    </p><p class="article-text">
        Pero no me alcanza con una sola versi&oacute;n. Necesito chequear con otro test. Y ah&iacute; est&aacute; la Menopause Rating Scale (MRS). Los s&iacute;ntomas divididos en tres categor&iacute;as: som&aacute;tico-vasomotor, urogenital y psicol&oacute;gico, y detectables a trav&eacute;s de once preguntas: 1) &iquest;ha sentido bochornos o sofocos, sudoraci&oacute;n; 2) latidos at&iacute;picos del coraz&oacute;n, palpitaciones, opresi&oacute;n en el pecho; 3) dificultad para conciliar el sue&ntilde;o, para dormir toda la noche; 4) se ha sentido deprimida, deca&iacute;da, triste, a punto de llorar, sin ganas de vivir; 5) se ha sentido tensa, rabiosa, intolerante, que explota f&aacute;cilmente; 6) angustiada, temerosa, inquieta, propensa a sentir p&aacute;nico; 7) ha tenido una disminuci&oacute;n general del rendimiento, olvidos frecuentes, falta de memoria, le cuesta concentrarse; 8) ha sentido cambios en el deseo sexual, tiene una menor frecuencia de relaciones sexuales, una menor satisfacci&oacute;n sexual; 9) orina una mayor cantidad de veces, siente urgencia de orinar, se le escapa la orina; 10) tiene sensaci&oacute;n de sequedad en los genitales, malestar o ardor en los genitales, malestar o dolor durante las relaciones sexuales; y 11) tiene dolores de huesos y articulaciones, dolores reum&aacute;ticos?
    </p><p class="article-text">
        Cada pregunta admite cinco grados de severidad a los que se les asigna un puntaje: asintom&aacute;tico (0), leve (1), moderado (2), severo (3) e intenso (4). El diagn&oacute;stico se desprende del puntaje total revelando seg&uacute;n el nivel de intensidad de los s&iacute;ntomas: asintom&aacute;- tico o escaso (de 0 a 4), leve (5 a 8), moderado (9 a 15), y grave (m&aacute;s de 16 puntos). Respondo, anoto, calculo, sumo. Una aut&oacute;mata trasnochada confirmando lo que ya sabe. Quisiera rodearme de mujeres asintom&aacute;ticas, quisiera o&iacute;rlas, mimetizarme con ellas. Al menos dejar de ser, por un rato, la de m&aacute;s de 16 puntos.
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                Mónica Yemayel investigó las distintas etapas de la menopausia.                            </span>
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        Hay una idea en un cuento de Alice Munro a la que siempre llego cuando pienso en el mundo de la desinformaci&oacute;n, en qui&eacute;n ser&aacute; el beneficiario de tanta ignorancia. El personaje, una joven mujer que est&aacute; construyendo sus convicciones, se da cuenta de que las cosas que ella piensa son ignoradas por su entorno por- que, dicen, no les sirven. Entonces, iluminada por la claridad de la candidez que no deber&iacute;a apagarse jam&aacute;s, la mujer joven re- flexiona. Dice que, por ejemplo, a ella el &aacute;lgebra no le sirve para nada pero que no por eso quiere que desaparezca del mundo. A veces, siento que la palabra menopausia ha sido erradicada del mundo, que a nadie le interesa demasiado lo que le sucede a gran parte de los 985 millones que vivimos bajo su influjo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hubiese pasado si adem&aacute;s de los test que inundan los medios &ndash;gr&aacute;ficos, televisivos, radiales, las redes sociales&ndash; sobre el amor, las dietas, los celos, las adicciones, las vacaciones, las mascotas, las preferencias pol&iacute;ticas, etc&eacute;tera, me hubiese topado con un cuestionario sobre menopausia? Un test de alerta (todo esto me puede pasar) o de alivio (esto que me est&aacute; pasando tiene nombre y hay formas de actuar para modificarlo). Qu&eacute; pasar&iacute;a si las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se ocuparan de brindar informaci&oacute;n fidedigna, actualizada con los &uacute;ltimos descubrimientos y recomendacio-nes, sin sesgos comerciales, si hicieran que llegara hasta los luga- res m&aacute;s remotos, a todas las mujeres sin importar su condici&oacute;n social, su educaci&oacute;n, atendiendo las dificultades para el acceso al conocimiento y el cuidado de la salud f&iacute;sica y mental.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si haber conocido el contenido de la Escala de Green o cualquier otro test me hubiese permitido enfrentar mejor estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Me pregunto, una y otra vez, a qui&eacute;n le servir&aacute; tanta ignorancia. Si es error, omisi&oacute;n, si es una estrategia, si es intencional o si, como dicen algunas entrevistadas, es una adaptaci&oacute;n al deseo del consumidor: las mujeres &ndash;en especial las argentinas&ndash; no quieren o&iacute;r hablar del tema, no quieren darle entidad. O si es, como dicen mis hijas &ndash;la menor tiene m&aacute;s de veinte y la mayor m&aacute;s de treinta a&ntilde;os&ndash;, que solo me miro el ombligo. Que el desinter&eacute;s por las mujeres se da en todas las etapas de la vida. Que yo solo me ocupo de esta parte porque es &laquo;la que me peg&oacute; mal&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>MY</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mónica Yemayel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/1-000-millones-mujeres-menopausicas_1_12421803.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jun 2025 03:01:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Menopausia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Macri a Milei: el país inviable de las élites argentinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/macri-milei-pais-inviable-elites-argentinas_129_12257571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf16aed5-bf28-4d3d-9dc9-66b695ac68d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Macri a Milei: el país inviable de las élites argentinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un extracto del nuevo libro del economista Roberto Feletti, publicado por editorial Biblos.</p></div><p class="article-text">
        El condicionante final del ciclo de endeudamiento es el Estado encorsetado por la carga financiera que la deuda impuesta supone y, consecuentemente, un gobierno de distinto signo encuentra l&iacute;mites para explicar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de reversi&oacute;n del da&ntilde;o porque la herramienta, el Estado, est&aacute; da&ntilde;ada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este proceso obedece a un rol propio de las &eacute;lites del pa&iacute;s, que no se repite en otras econom&iacute;as relevantes de la regi&oacute;n como Brasil o M&eacute;xico, por el cual un gobierno neoliberal &ndash;como fue el caso del macrismo&ndash; en la Argentina desbarat&oacute; transformaciones socioecon&oacute;micas de m&aacute;s de una d&eacute;cada y condicion&oacute; al gobierno nacional y popular que lo sucedi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la vigencia de la democracia, este proceso reiterado dos veces (1996-1999 y 2016-2019) revela que el movimiento nacional y popular argentino que involucra al peronismo, pero tambi&eacute;n al radicalismo como partido fundante de las aspiraciones populares argentinas, fue incapaz de frenar el proyecto olig&aacute;rquico conservador de construir una Argentina primaria y financiera forzando la quiebra del Estado, la desindustrializaci&oacute;n y la distribuci&oacute;n regresiva del ingreso. El endeudamiento del sector p&uacute;blico fue y sigue siendo una herramienta central para conseguir ese objetivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El macrismo pudo llevar adelante esta pol&iacute;tica sin freno durante su gobierno y sin costos una vez que lo dej&oacute;. Si bien las &eacute;lites fueron incapaces de fundar un proyecto conservador de largo plazo, y el fracaso de Macri es emblem&aacute;tico en ese sentido porque contaba con los recursos necesarios para hacerlo, no es menos cierto que el movimiento nacional y popular recurrentemente fracasa en consolidar los progresos socioecon&oacute;micos que alcanza y tambi&eacute;n en impedir la reversi&oacute;n de estos por parte de las &eacute;lites.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El largo ciclo 2003-2023 que se desarroll&oacute; con cuatro gobiernos peronistas es el ejemplo m&aacute;s palmario de las afirmaciones previas: el breve interregno de Cambiemos en esas dos d&eacute;cadas fue suficiente para desestructurar lo acontecido en ese per&iacute;odo.
    </p><p class="article-text">
        Las cuatro d&eacute;cadas de vida constitucional ininterrumpidas, a diferencia de otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, no permitieron lograr un consenso de grandes mayor&iacute;as que incorporara a sectores de la &eacute;lite para afirmar pol&iacute;ticas de largo plazo que fueran mejorando la vida de las argentinas y los argentinos y, consecuentemente, legitimar la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los procesos neoliberales estuvieron presentes en toda la regi&oacute;n, pero la profundidad desestructurante que alcanzaron en la Argentina, en donde se removi&oacute; el esquema productivo de base industrial, sus desarrollos cient&iacute;fico-tecnol&oacute;gicos, sus derechos sociales (pilares del ascenso del pueblo a sitios de poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico singulares en Am&eacute;rica Latina) solo pueden ser explicados por la falta de cohesi&oacute;n ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica de las expresiones populares de la Naci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya con Alberto Fern&aacute;ndez, se observ&oacute; una fractura dentro de las &eacute;lites, entre aquellas m&aacute;s vinculadas al capital extranjero y las agroindustriales, que gener&oacute; un escenario de incertidumbre sobre el futuro del modelo econ&oacute;mico del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta divisi&oacute;n entre el sector privado de los poderosos, que ya se ha manifestado en crisis anteriores, ha resurgido, con el agravante de que, en esta ocasi&oacute;n, las &eacute;lites no parecieron interesadas en dialogar con un gobierno peronista, lo que plante&oacute; un desaf&iacute;o importante para la estabilidad econ&oacute;mica de la Naci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, a falta de pol&iacute;ticas de consenso entre el capital y el trabajo, las &eacute;lites argentinas han condicionado el desarrollo del pa&iacute;s a lo largo de su historia, llev&aacute;ndolo de un lado del p&eacute;ndulo a otro en materia de modelos econ&oacute;micos, casi sin escalas, en una tensi&oacute;n constante entre la producci&oacute;n primaria y la industrializaci&oacute;n, entre la integraci&oacute;n con los mercados internacionales y el bienestar del mercado interno.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El presente, y mirando hacia el futuro&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        En la reciente campa&ntilde;a electoral en la Argentina, el candidato por Uni&oacute;n por la Patria, Sergio Massa, propuso un gobierno de unidad nacional para aprovechar el ciclo favorable de precios internacionales y la producci&oacute;n abundante de energ&iacute;a, con el objetivo de consensuar un modelo de desarrollo industrial tanto para el mercado interno como para el externo. Sin embargo, no prosper&oacute; su propuesta, que por otro lado no logr&oacute; captar la expresi&oacute;n popular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La irrupci&oacute;n del candidato ultraderechista Javier Milei, en gran parte gracias al malestar inflacionario, logr&oacute; atraer a una parte del electorado que previamente hab&iacute;a apoyado al Frente de Todos, afectado por las pol&iacute;ticas de Macri.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este cambio reflej&oacute; la impaciencia de un sector de la ciudadan&iacute;a, que culp&oacute; solamente a las pol&iacute;ticas de gobierno de sus dificultades, lo que resulta &ndash;una vez m&aacute;s en la historia&ndash; en giros estructurales que benefician a la derecha y, especialmente, a los sectores m&aacute;s ricos.&nbsp;
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                El nuevo libro de Roberto Feletti.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>&Uacute;ltimas reflexiones: el Estado presente&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        En las conversaciones cotidianas que mantuve como funcionario y como exfuncionario con personas de ingresos medios y altos, not&eacute; que es com&uacute;n culpar al desequilibrio de las cuentas p&uacute;blicas y la emisi&oacute;n monetaria de los males end&eacute;micos del pa&iacute;s. Los empleados p&uacute;blicos, los jubilados sin aportes y los beneficiarios de planes sociales se convierten en las figuras estigmatizadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estas discusiones, suelen relatarse an&eacute;cdotas sobre c&oacute;mo estas personas &ldquo;viven bien&rdquo; a costa de quienes trabajan, hasta que alguien se&ntilde;ala que no se cuestiona a los ricos, quienes acumulan grandes fortunas de manera obscena. Este comentario generalmente provoca un silencio inc&oacute;modo, a menudo seguido por tensiones entre los presentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es sorprendente para m&iacute; c&oacute;mo, en medio de una crisis, los ricos no son identificados como responsables de la situaci&oacute;n, ni siquiera por los sectores m&aacute;s humildes. Con posterioridad a la derrota en la Guerra de Malvinas, que oblig&oacute; a una salida institucional apresurada en el marco de una grave crisis de deuda externa, los ricos se las arreglaron para eludir su participaci&oacute;n en la dictadura, a pesar de haber sido sus directos beneficiarios, &ldquo;fueron los militares&rdquo; los &uacute;nicos responsables. Se tardar&iacute;an dos d&eacute;cadas en atribuir a los empresarios su participaci&oacute;n en la dictadura, que correctamente comenz&oacute; a llamarse &ldquo;c&iacute;vico-militar&rdquo;, con involucramiento directo en sus cr&iacute;menes. Otro momento similar se vivi&oacute; durante la crisis del 2001, el empresariado participante de las privatizaciones y de la renta financiera que habilit&oacute; el r&eacute;gimen de tipo de cambio fijo conocido como Convertibilidad eludi&oacute; su responsabilidad en la crisis diciendo esta vez &ldquo;fueron los pol&iacute;ticos&rdquo;. En ambos momentos traum&aacute;ticos, 1982 y 2001, &ldquo;fueron los militares&rdquo; o &ldquo;fueron los pol&iacute;ticos&rdquo; se convirtieron en escudos que proteg&iacute;an a los verdaderos responsables del desastre ocurrido. La presi&oacute;n ejercida por las fuerzas democr&aacute;ticas para atribuirles la responsabilidad de la hora result&oacute; muy d&eacute;bil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clase parasitaria y rentista, vinculada a la explotaci&oacute;n de recursos naturales, ha logrado ocultarse tras ideas que diluyen la conciencia de clase entre los trabajadores y evitan el debate sobre la distribuci&oacute;n de la riqueza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta &eacute;lite, que abiertamente sostiene que el pa&iacute;s funcionar&iacute;a mejor con la mitad de su poblaci&oacute;n actual, no enfrenta oposici&oacute;n ideol&oacute;gica ni de los trabajadores ni de los dirigentes pol&iacute;ticos, sindicales o sociales. Esto constituye una de las principales debilidades de la democracia argentina, y es un factor desencadenante de las crisis recurrentes. Los ricos, que han acumulado capital a trav&eacute;s de la producci&oacute;n primaria, han perpetuado su poder mediante masacres para controlar los recursos naturales, despoblando vastas &aacute;reas del pa&iacute;s y concentrando a la poblaci&oacute;n en las grandes metr&oacute;polis. Adem&aacute;s, han destruido la producci&oacute;n nacional con sucesivas aperturas importadoras que frenaron los procesos de industrializaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, los ricos parecen infundir temor tanto en el pueblo como en sus representantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como ya hemos mencionado, en reuniones sociales es com&uacute;n criticar a los jubilados, empleados p&uacute;blicos y beneficiarios de planes, pero atacar directamente a los ricos requiere una valent&iacute;a que pocos est&aacute;n dispuestos a mostrar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Argentina no tiene futuro si sigue siendo conducida por una clase parasitaria y rentista. En otros pa&iacute;ses, esa clase ya no tiene influencia en las decisiones nacionales desde hace d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;lite argentina ha creado una base de sustentaci&oacute;n pol&iacute;tica en los estratos de ingresos medios y altos de las &aacute;reas metropolitanas, no por intereses comunes, sino por aspiraciones y pautas culturales. Esta convergencia se ha consolidado a lo largo de los a&ntilde;os, permitiendo que esta clase controle el rumbo pol&iacute;tico del pa&iacute;s. Utiliz&oacute; dos estrategias para lograr este cometido: primero, ha colocado a estos sectores en la frontera del consumo global, permiti&eacute;ndoles acceder a divisas a precios subsidiados para viajar y consumir productos modernos; segundo, ha construido un estilo de vida urbano que requiere de una clase subalterna para proveer servicios personales, como empleados dom&eacute;sticos, repartidores y personal de mantenimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La identificaci&oacute;n de los ricos como el verdadero problema nacional y la construcci&oacute;n de una identidad fuerte de la clase trabajadora siguen siendo tareas pendientes en la Argentina. No hay proyecto nacional ni popular mientras la &eacute;lite rentista pueda seguir avanzando, apoyada por los sectores urbanos de ingresos medios y altos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La falta de un Estado fuerte, convertido en un Estado endeudado y en crisis, ha permitido que las pol&iacute;ticas en favor de la mayor&iacute;a sean cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles de implementar, debilitando el sistema pol&iacute;tico y favoreciendo los intereses de los m&aacute;s poderosos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es necesario un Estado capaz de visibilizar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de redistribuci&oacute;n social y evitar que el poder siga en manos de aquellos que, a lo largo de cuarenta a&ntilde;os de democracia, han sido los principales beneficiarios del modelo econ&oacute;mico imperante. La deuda, en este contexto, sigue siendo un condicionante central que limita cualquier proyecto nacional y popular.
    </p><p class="article-text">
        <em>MC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/macri-milei-pais-inviable-elites-argentinas_129_12257571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Apr 2025 14:02:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Macri a Milei: el país inviable de las élites argentinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Lecturas,Javier Milei,Mauricio Macri]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yoko Ono, una revolucionaria del arte perseguida por la misoginia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/yoko-ono-revolucionaria-arte-perseguida-misoginia_1_12249461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5093d9f4-9aa1-4d08-b8ba-a5f95fc33d0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yoko Ono, una revolucionaria del arte perseguida por la misoginia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y periodista David Sheff presenta un libro en el que cuenta la historia de la artista japonesa, conocida por el gran público al convertirse en pareja de John Lennon, pero que desarrolló una extensa obra de vanguardia</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Bruja&rdquo; y &ldquo;zorra&rdquo; fueron dos adjetivos que han acompa&ntilde;ado a <strong>Yoko Ono</strong> a lo largo de su vida. Ella supo re&iacute;rse de ambos, pero lo cierto es que<strong> su vida y su carrera han estado marcadas por el rechazo. </strong>Un libro escrito por el periodista David Sheff, el primero que cuenta con la total implicaci&oacute;n de la artista, cuenta su historia desde el punto de vista de la protagonista. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, la versi&oacute;n de Yoko Ono acerca de <strong>su propia historia estaba desperdigada en entrevistas</strong>. De construir su relato se han encargado distintas firmas, casi siempre uni&eacute;ndolo al de <strong>John Lennon</strong> y explotando el sensacionalismo. Hoy en d&iacute;a, Ono <strong>sigue siendo vista como la mujer que rompi&oacute; los Beatles, la arp&iacute;a que embruj&oacute; a Lennon </strong>para convertirlo en un pelele, la insufrible que canta vociferando y crea obras de arte que muchos consideran tomaduras de pelo, por no hablar de la codiciosa negocianta que administra el legado art&iacute;stico de su marido y, por lo tanto, de una parte del de los Beatles. 
    </p><p class="article-text">
        Como dice la escritora Kate Milet en el libro de David Sheff sobre Ono, &ldquo;por ser abiertamente feminista, nunca encaj&oacute; con el estereotipo de esposa asi&aacute;tica sumisa y obediente ni con el de geisha seductora. Yoko se plantaba delante de la gente y berreaba. <strong>A la sociedad no le gustaba ver a una japonesa vociferando;</strong> o, mejor dicho, a la sociedad no le gustaba ninguna mujer que vociferase. La combinaci&oacute;n de ambas, es decir, una mujer japonesa vociferando, les hac&iacute;a entrar en c&oacute;lera&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a91c68c6-d8ea-4655-99b0-3346d006ba1e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El gran problema con Yoko Ono es que hay que invertir tanta energ&iacute;a para limpiar la mierda que durante d&eacute;cadas se le ha estado lanzando, que sus m&eacute;ritos art&iacute;sticos, que no son pocos, acaban siendo una reivindicaci&oacute;n secundaria. Hace muchas d&eacute;cadas que su estilo vocal, gutural, visceral, primitivo, est&aacute; presente en mujeres como Siouxsie, Nina Hagen o Bj&ouml;rk. Quiz&aacute; las que m&aacute;s evidenciaron esa influencia fueron Kate Pierson y Cindy Wilson, vocalistas de B-52's. Cuando en 1980 John Lennon escuch&oacute; <em>Rock Lobster</em> durante una estancia en Bahamas con su hijo Sean, se dio cuenta de que su mujer hab&iacute;a dejado de ser una incomprendida y la anim&oacute; a que ambos volvieran al estudio de grabaci&oacute;n. Evidentemente, pec&oacute; de excesivo optimismo. 
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, y a pesar de que Kim Gordon, Peaches, Boy George, John Zorn, Anohni o Death Cab For Cutie&nbsp;reivindican su importancia musical, <strong>el poder de su obra sigue enterrado por una tonelada de prejuicios</strong>. Y, sin embargo, una canci&oacute;n como <em>Why?</em>, grabada en 1970 junto a John Coltrane, adelant&oacute; unos cuantos a&ntilde;os la propuesta musical de James Chance &amp; The Contortions, por citar un caso evidente. Cab&iacute;a esperar pues que <em>Yoko. Unas memorias escritas por David Sheff</em> contribuyera a presentar con &eacute;xito una historia marcada por el rechazo, el conflicto y el dolor. Que fuese un texto que analizara un canon musical que va m&aacute;s all&aacute; de lo meramente experimental, ya que Ono es autora de estupendas canciones en los m&aacute;s diversos registros: el pop en <em>Sisters, O Sisters</em>, la balada en <em>Toyboat</em>, la m&uacute;sica de baile con <em>Walking On Thin Ice</em>, o el rock en <em>Woman Power</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Ni todo son alaridos ni los alaridos, a estas alturas de la historia de la cultura pop, deber&iacute;an ser un problema para respetarla. Lo que s&iacute; es un problema es el resultado final que arroja el texto de Sheff. El periodista conoci&oacute; a Ono en diciembre de 1980, cuando realiz&oacute; la que ser&iacute;a la &uacute;ltima entrevista de Lennon, hecha tan solo unas horas antes de que lo asesinaran. Sheff no oculta que desde entonces ha mantenido una estrecha relaci&oacute;n con el sujeto de su relato. Eso le concede una posici&oacute;n privilegiada a la hora de acceder a la informaci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n es un notable lastre a la hora de explicar qui&eacute;n es ella. Hay sobreabundancia de datos superfluos &ndash;la vida cotidiana&nbsp;cuando se recuperaba del asesinato de Lennon&ndash; y, a veces, el ansia por certificar que el mundo ya est&aacute; capacitado para aceptar su val&iacute;a como artista, le lleva a confeccionar &iacute;ndices de logros, de loas que apenas van m&aacute;s all&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sheff intenta ser imparcial pero no puede</strong>. Hay tanto que rebatir acerca de ella que parece imposible no terminar arrastrado por esa corriente. Adem&aacute;s, no hay que olvidar lo que dice el subt&iacute;tulo del libro. Esto no es una biograf&iacute;a, son unas memorias escritas por una tercera persona. As&iacute; y todo, el libro aporta datos fundamentales para conocer mejor a Yoko Ono. Por ejemplo, las heridas emocionales que arrastra desde la infancia. Sus padres, pertenecientes a una acaudalada familia japonesa, le negaron el afecto. El padre banquero fue un pianista frustrado que tambi&eacute;n quiso para su hija una vida convencional. Como consecuencia, ella terminar&iacute;a rompiendo con la m&uacute;sica tradicional y abrazando la experimentaci&oacute;n. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una asistente, durante la presentación de &#039;Yoko Ono: Music of the Mind&#039;                            </span>
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        El pacifismo de Ono proviene del hecho de haber sido testigo de los bombardeos que asolaron Tokio, de escuchar en la radio los espeluznantes mensajes que los pilotos kamikazes dejaban a sus familiares antes del sacrificio. Para guarecerse de la realidad <strong>construy&oacute; un mundo imaginario donde el cielo es una esperanza y el idealismo una meta</strong>. A veces lo expres&oacute; creando textos como manuales para realizar actos sencillos, y de ah&iacute; surgir&iacute;an la letra y el concepto de <em>Imagine</em>, cuya autor&iacute;a tambi&eacute;n le pertenece a pesar de que inicialmente su nombre no apareciera en los cr&eacute;ditos. 
    </p><p class="article-text">
        El escarnio p&uacute;blico la persigui&oacute; desde el primer momento, porque con su arte se atrevi&oacute; a cuestionar lo incuestionable. La <em>Pieza Corte</em>, por ejemplo, escenificada en 1964, en la que ella aparec&iacute;a en el escenario y dejaba que miembros del p&uacute;blico se acercaran con tijeras para ir cort&aacute;ndole la ropa. Su turbulento matrimonio con Tony Cox propiciar&iacute;a una mala relaci&oacute;n con Kyoko, la hija de ambos, aunque en el libro tambi&eacute;n queda claro que Ono no supo estar cerca de ella en su infancia. Lo peor llega cuando conoce a Lennon y, tres a&ntilde;os despu&eacute;s, se rompen los Beatles. Comienza una lucha conjunta por ejercer el derecho a ser quienes quieren ser, y no quienes el p&uacute;blico quiere que sean. Se convierten en activistas pol&iacute;ticos, Yoko imbuye a su marido con ideas feministas &ndash;ah&iacute; est&aacute; <em>Woman Is The Nigger Of The World</em>&ndash; y lo &uacute;nico que consiguen es animadversi&oacute;n. Hoy es f&aacute;cil ver que viv&iacute;an inmersos en una constante tensi&oacute;n social, art&iacute;stica, personal. 
    </p><p class="article-text">
        A consecuencia de esto, Yoko termina echando a John de casa. Cuando se reconcilian, tienen a Sean y parecen haber encontrado, al fin, la paz. Ella se ocupa de los negocios, &eacute;l ejerce de padre y de amo de casa. Entonces un demente lo asesina en la puerta de su casa. Yoko Ono no solamente conoce muy bien el dolor, tambi&eacute;n ha tenido que aprender a mitigarlo en una atm&oacute;sfera de odio y violencia. Nadie puede aspirar a tener un alma pura despu&eacute;s de haber superado tantos traumas. La periodista Betty Rollins, que fue compa&ntilde;era suya en la universidad Sarah Lawrence afirma en el libro que &ldquo;Yoko tambi&eacute;n era ambiciosa. No dudaba en pasar por encima de quien consideraba que se antepon&iacute;a a su visi&oacute;n art&iacute;stica. Si no le interesabas, no exist&iacute;as&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Yoko es tambi&eacute;n la amante que, cuando considera que su relaci&oacute;n con Sam Havadtoy ha tocado fondo, cambia las cerraduras de su casa aprovechando un viaje de &eacute;l. Es la que, cuando le preguntan si alg&uacute;n d&iacute;a perdonar&aacute; al asesino de su marido como hizo el papa Juan Pablo II con aquel que intent&oacute; asesinarle, contesta: &ldquo;Yo no soy el Papa&rdquo;. Tenemos la costumbre de exigirle a los artistas que sean las personas que nosotros tampoco podemos ser. Les exigimos que ostenten una &eacute;tica que nosotros, seres an&oacute;nimos, no siempre alcanzamos. Lo dijo S&eacute;neca, la fama es horrible porque depende del juicio de muchos. Entre esa multitud est&aacute;n los que creen que Ono secuestr&oacute; a uno de los m&aacute;s grandes &iacute;dolos mundiales de la historia. Sheff recuerda que en aquella entrevista que le concedi&oacute; en 1980, Lennon afirm&oacute;: &ldquo;Ella es la maestra, y yo el alumno&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; puede haber m&aacute;s subversivo que eso? 
    </p><p class="article-text">
        Sheff tambi&eacute;n apunta muy atinadamente cuando se habla del final de los Beatles, y aludiendo a los problemas que ya amenazaban a la unidad del cuarteto: &ldquo;Quiz&aacute;s en lugar de ser atacada por ser la culpable del final de los Beatles, Yoko deber&iacute;a ser aplaudida con contribuir a mantener los Beatles juntos durante esa &uacute;ltima etapa tan f&eacute;rtil&rdquo;. Y una vez m&aacute;s, se vuelve a intentar probar su inocencia en ese interminable juicio, en detrimento del an&aacute;lisis su obra. Una obra que contribuy&oacute; a definir el arte conceptual, que posee mucho m&aacute;s humor del que parece, y que ha dejado un legado musical que deber&iacute;a ser recordado y reivindicado. El libro de Sheff documenta muy bien esa bruma de dolor y violencia que ha marcado a Yoko Ono. Reflejar con mayor profundidad c&oacute;mo ella ha logrado transformar todo eso en un legado creativo &uacute;nico hubiese dado de s&iacute; un libro m&aacute;s interesante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafa Cervera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/yoko-ono-revolucionaria-arte-perseguida-misoginia_1_12249461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Apr 2025 03:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yoko Ono, una revolucionaria del arte perseguida por la misoginia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Yoko Ono,Lecturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alejandro Seselovsky y un homenaje a la crónica argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alejandro-seselovsky-homenaje-cronica-argentina_1_12094735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d42643a-ab67-4c32-9fbb-4a055a2027bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alejandro Seselovsky y un homenaje a la crónica argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista publica su tercer libro de crónicas, Negro Argentino, que reúne sus crónicas en distintos medios, incluido elDiarioAR.</p><p class="subtitle">“Yo veo un kirchnerista y lo quiero hacer sangrar”, así hablaba Jonathan Morel antes de ser detenido</p><p class="subtitle">Navidad en Puerta de Hierro</p></div><p class="article-text">
        <strong>Alejandro Seselovsky</strong> es un rumiante de las cr&oacute;nicas. No las escribe. Las mastica, las deglute, como quien saborea cada instancia del proceso de digesti&oacute;n. Es un cronista de cabo a rabo, de esos que se zambullen en el proceso y, en tiempos de textos breves, r&aacute;pidos y apurados, reivindica la paciencia y el oficio coser una por una las letras que acabar&aacute;n en el texto final.
    </p><p class="article-text">
        Editarlo es un lujo que se disfruta tanto como leerlo. Publicado por <em>Orsai</em>, acaba de publicar <em>Negro Argentino</em>, cuyo su subt&igrave;tulo, obviamente, es <em>Cr&oacute;nica nacional</em>. El libro es un repaso por sus cr&oacute;nicas publicadas en <strong>elDiarioAR</strong>, Rolling Stone, La Agenda, Planeta Urbano y Orsai, Pero repasar sus cr&oacute;nicas es tambi&eacute;n su b&uacute;squeda por su identidad negra. Hijo de una mam&aacute; desconcida, dado en adopci&oacute;n, criado en una familia de clase media y buen pasar, sus textos muestran los choques entre su piel y su realidad y descubre las falsedades de una sociedad que se autopercibe inclusiva.
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                Negro argentino, el libro de Alejandro Seselovsky.                            </span>
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        &ldquo;Las personas que viven sus vidas sobre un mismo suelo, bajo el gobierno de una misma bandera, sumadas todas, hechas conjunto, hacen del territorio una naci&oacute;n. Llevo m&aacute;s de treinta a&ntilde;os queriendo escribirla&rdquo;, escribe en el pr&oacute;logo. Y el primer texto es Mam&aacute;, la cr&oacute;nica de una despedida &ndash;la muerte de esa madre adoptiva&ndash; y una b&uacute;squeda &ndash;la de esa madre que lo llev&oacute; en la panza&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Este es su tercer libro. Public&oacute; en 2005 <em>Cristo llame ya! </em>(Editorial Norma) y <em>Trash</em>, un volumen sobre personajes mediaticos argentinos.
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/alejandro-seselovsky/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiarioAR</a>, Seselovsky fue censista, naveg&oacute; la hidrov&iacute;a, <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/navidad-puerta-hierro_1_9835061.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pas&oacute; la Navidad en Puerta de Hierro, en La Matanza,</a> trazo los perfiles de Santiago C&uacute;neo, Carlos Maslat&oacute;n y Pablo Moyano, y descubri&oacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/mabeles-brazo-femenino-revolucion-federal-guillotina-manifestacion-artistica_129_9608403.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el mundo de Las Mabeles,</a> el brazo femenino de la Revoluci&oacute;n Federal. Un abanico extenso que muestran su habilidad para sumergise en universos distintos.
    </p><p class="article-text">
        El texto que integra <em>Negro Argentino </em>es <a href="https://www.eldiarioar.com/conexiones/manos-negros-cumbia-wacha-matancera-pasarla-primera_129_9980138.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las manos de todos los negros arriba bien arriba y cumbia wacha, matancera, para pasarla de primera</a>. Es la cr&oacute;nica de una noche en Skylab, en el m&iacute;tico boliche de La Matanza. Para hacerla, no pidi&oacute; un auto, estuvo algunas horas y escribi&oacute;. Alejandro hizo lo que un cronista debe hacer. Viaj&oacute; en bondi, hizo la previa en Ciudad Evita, y termin&oacute; al amanecer. &ldquo;Quiero vivir todo el proceso&rdquo;, avis&oacute;. Y lo hizo. 
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; un tramo del resultado final: &ldquo;<strong>Ac&aacute;, ahora, adentro, est&aacute;n todos</strong>. Pero todos. Incluso los que no est&aacute;n. Quiero decir: ac&aacute;, el que quiere, pasa. A nadie en este sitio se le ocurre que esto pueda llamarse inclusi&oacute;n, porque as&iacute; hablan en los bares de #FSoc, la Facultad de Sociales. Pero s&iacute;, se llama. <strong>Todos quiere decir: las viejas, los viejos, las wachas, los wachines. Las gordas, las flacas, las que tienen dientes, las que no los tienen. Los turros, los finos del bigotito, los pibardos.</strong>&nbsp;El se&ntilde;or perfumado de la camisita y la piba de las u&ntilde;as con incrustaciones de fantas&iacute;a. Los que nunca entran a ning&uacute;n lado, los que no tienen ese problema. Las rochas, los giles, las madres de las rochas y los padres de los giles. Ten&iacute;a raz&oacute;n Samid, hay veteranas. Lo que no sab&iacute;a era que ven&iacute;an con sus hijas y tal vez haya el caso de una abuela con su nieta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Alejandro no es un periodista f&aacute;cil, de esos que entregan la nota y se olvidan del tema. El demanda. Requiere atenci&oacute;n, necesita discutir focos, antes y despu&eacute;s de estar en el &ldquo;territorio&rdquo;, como le gusta decir. Sabe que en ese ida y vuelta encontrar&aacute; esa mirada que est&aacute; buscando. No es f&aacute;cil encontrar cronistas con semejante compromiso y<em> Negro Argentino</em> es la muestra de eso.
    </p><p class="article-text">
        <em>MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/alejandro-seselovsky-homenaje-cronica-argentina_1_12094735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Mar 2025 03:16:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alejandro Seselovsky y un homenaje a la crónica argentina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,crónicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Che Guevara, y el intento del Jesucristo Latinoamericano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/che-guevara-jesucristo-latinoamericano_1_11786667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d89bed1-58f0-4b38-a820-097950a5544e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Che Guevara, y el intento del Jesucristo Latinoamericano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y periodista Juan Pablo Meneses acaba de publicar en Argentina “Revolución”, editado por Tusquets. La novela cruza la crónica y la ficción para contar un hecho real: la primera estatua al Che en el mundo se levantó en el Chile de Allende, la visitó Fidel Castro y tenía un carácter religioso. Pinochet la mandó a desaparecer después del golpe del 73, y en el libro se investiga su destino actual. Aquí, parte del capítulo 1 de Revolución.</p></div><p class="article-text">
        Quer&iacute;an hacer del <strong>Che Guevara</strong> el Jesucristo latinoamericano. Ese termin&oacute; siendo el verdadero proyecto, el m&aacute;s interesante y del que ya nadie quiere hablar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No eran conscientes de lo vanguardista del plan, en el m&aacute;s amplio sentido de esta palabra gastada. Las comparaciones entre Cristo y el Che comenzaron desde su asesinato en Bolivia. M&aacute;s precisamente, desde que aparecieron las primeras fotos de Guevara muerto, esas donde se le ve tumbado en una camilla, rodeado de militares y esp&iacute;as que posan a su lado igual que reyes y magnates fotografi&aacute;ndose con elefantes o leones que acaban de cazar. Nada en esa imagen fue casualidad: desde el instante en que lo mataron, los militares locales y los esp&iacute;as estadounidenses comenzaron a dise&ntilde;ar una puesta en escena donde Guevara muerto era el trofeo de guerra y la posici&oacute;n de su cuerpo deb&iacute;a permitir que su rostro se notara claramente. De hecho, para darle m&aacute;s espectacularidad al triunfo lavaron el cad&aacute;ver, le pusieron ropa nueva y tuvieron que repetir las primeras fotos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A uno de los militares se le ocurri&oacute;, tras media docena de disparos de la c&aacute;mara, que era mejor que el Che estuviera con los ojos abiertos. S&iacute;, dijo el oficial a cargo, los ojos abiertos. S&iacute;, los ojos abiertos, dijo Freddy Alborta, el fot&oacute;grafo de la escena. Entonces el m&eacute;dico forense se acerc&oacute; al cuerpo de Guevara, pos&oacute; su mano sobre el rostro inerte y, con un movimiento muy r&aacute;pido, propio de un prestidigitador, levant&oacute; los dos p&aacute;rpados y lo dej&oacute; mirando. Era como si lo hubiera resucitado por unos segundos. Ah&iacute; estaba, ahora un poco vivo, provocando el efecto buscado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Apenas se public&oacute; la imagen del Che muerto y toda la exhibici&oacute;n de su cuerpo, empezaron las reacciones. Era octubre de 1967 y a los pocos d&iacute;as de la foto John Berger, el escritor y cr&iacute;tico de arte ingl&eacute;s, el autor de Puerca tierra, de G. y de Mirar public&oacute; un texto que se puede considerar el primero en asociar abiertamente a Cristo con el Che. Berger dice que la exposici&oacute;n triunfal del asesinado lo hizo recordar inmediatamente la Lamentaci&oacute;n sobre Cristo muerto de Mantegna. Escribe que la posici&oacute;n de las manos, los dedos, la boca del Cristo en aquella pintura son id&eacute;nticas a las del Che y que la semejanza va m&aacute;s all&aacute; de lo meramente gestual, funcional o est&eacute;tico. <em>Los sentimientos que me produjo esta foto en la primera plana del diario vespertino en la tarde del mi&eacute;rcoles, fueron muy cercanos a lo que &mdash;no sin cierta imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica&mdash; yo hab&iacute;a asumido como la reacci&oacute;n que un creyente de la &eacute;poca tendr&iacute;a frente al cuadro de Mantegna.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La foto del muerto conmov&iacute;a a los convencidos. Despu&eacute;s de Berger, quien retoma la idea de conectar al Che con lo religioso es Susan Sontag en su libro <em>Sobre la fotograf&iacute;a</em>. Y el extremo llega cuando el cr&iacute;tico ingl&eacute;s de arte David Kunzle publica <em>Chesucristo</em>, un trabajo que recopila todas las comparaciones y trabajos art&iacute;sticos donde se mezclan las dos figuras.
    </p><p class="article-text">
        En ninguno de estos trabajos internacionales se menciona que la primera vez que el Che se transform&oacute; en una figura de peregrinaci&oacute;n, que lo muestra semicrucificado y en la cima de una gruta, fue en Chile. Por otro lado, ninguno de los que particip&oacute; levantando este monumento hab&iacute;a le&iacute;do a John Berger, a Susan Sontag, a Roque Dalton, a Enrique Lihn, figuras que en ese mismo tiempo jugaban con la idea del comandante como un elegido, un mes&iacute;as de ese tiempo, alguien digno de recibir plegarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo fue sincron&iacute;a. Materializaron una idea que rondaba, sin saber que estaban quedando a la vanguardia de la larga carrera por el culto a la personalidad y la figura del comandante: sin este primer monumento, este primer paso, esta primera idea, quiz&aacute;s hoy no estar&iacute;an a la venta las camisetas, ni las banderas, ni los p&oacute;steres, ni las libretas, ni los imanes, ni las zapatillas, ni los perfumes, ni los habanos, ni las boinas, ni las carteras, ni las fotos, ni las mochilas, ni los bikinis, ni las bebidas energizantes, ni los helados, ni los desodorantes, ni las botellas de ron, ni los cigarrillos, ni las bolsas de hielo, ni tantos productos que, actualmente, se siguen ofreciendo en el mercado usando la imagen del principal guerrillero latinoamericano de la historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es posible que m&aacute;s de alguien piense que esto ha terminado, que la fiebre por consumirlo fue hace ya diez, quince, veinte o treinta a&ntilde;os. Que &ldquo;el Che ya pas&oacute;&rdquo;, que &ldquo;el Che ya no est&aacute; de 30 moda&rdquo;. Pero la maquinaria guevarista no se detiene. No se ha detenido. No se detendr&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con respecto al inicio de todo, a su primera estatua, hay que recordar que el plan original parec&iacute;a sencillo: construir una gruta para evocar solemnidad religiosa y, arriba de ella, una escultura del revolucionario con los brazos en alto, abiertos, crucificado. Claro que sus manos, en vez de estar clavadas a la viga de una cruz, estar&iacute;an agarradas de un largo fusil.
    </p><p class="article-text">
        Un profeta propio para Am&eacute;rica Latina. Por fin.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En dos mil a&ntilde;os, pensaban, la figura del Che podr&iacute;a estar en todos los hogares y servir de orientador y consuelo. En millones y millones de casas repartidas por el mundo; no como entonces, que hab&iacute;a unas pocas familias con el Che en un altar en sus casas, casi todas en San Miguel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra total se pens&oacute; con m&aacute;s de nueve metros de alto y se podr&iacute;a ver desde varias cuadras de distancia. Como un faro en medio de la noche. Como una gu&iacute;a para el hombre nuevo. El primer monumento guevarista no se levant&oacute; en Argentina, donde naci&oacute; el Che; ni en Cuba, donde combati&oacute; con m&aacute;s &eacute;xito; ni en Bolivia, donde lo mataron y estuvo desaparecido tantos a&ntilde;os. Se construy&oacute; en un barrio de Santiago de Chile, en la comuna de clase media llamada San Miguel, y se inaugur&oacute; en septiembre de 1970, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del comandante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salvador Allende llevaba apenas cinco d&iacute;as en el gobierno cuando el Che crucificado se present&oacute; oficialmente a la comunidad. En 1971 lo visit&oacute; Fidel Castro, quien dijo en su discurso lo extra&ntilde;o que le resultaba ver a Guevara convertido en estatua de bronce en d&iacute;as en que el cuerpo del argentino permanec&iacute;a desaparecido. En 1972 y en 1973 hubo atentados con dinamita contra la estatua y el propio Pablo Neruda anunci&oacute; una colecta entre intelectuales y artistas de todo el mundo para restaurar el monumento. Despu&eacute;s del golpe de Estado chileno, Augusto Pinochet pidi&oacute;, personalmente, directamente, que hicieran desaparecer la estatua. &iexcl;Ah, y hoy d&iacute;a mismo saquen al Che!, grit&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo una historia en la que confluyen personajes como el Che Guevara, Fidel Castro, Salvador Allende, Pablo Neruda y Augusto Pinochet puede estar completamente olvidada? &iquest;C&oacute;mo el primer intento real de crear un Jesucristo latinoamericano puede estar desaparecido de todos los registros oficiales y archivos particulares? &iquest;C&oacute;mo la estatua levantada sobre una gruta de adoquines de piedra laja ha terminado siendo una noticia curiosa en algunos portales de noticias hist&oacute;ricas que a nadie m&aacute;s le ha interesado profundizar? &iquest;C&oacute;mo puede desaparecer un monumento instalado en la calle y en cincuenta a&ntilde;os nadie reclamarlo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Jesucristo latinoamericano se mantuvo de pie desde el 8 de noviembre de 1970 hasta la noche que llegaron a tumbarlo, el 15 de septiembre de 1973.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existi&oacute; mil cuarenta y tres d&iacute;as: dos a&ntilde;os, diez meses y ocho d&iacute;as. El mismo tiempo que dur&oacute; el gobierno de la Unidad Popular.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Pablo Meneses]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/che-guevara-jesucristo-latinoamericano_1_11786667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2024 15:54:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Che Guevara, y el intento del Jesucristo Latinoamericano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Che Guevara]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libros sobre chefs y cocina para fans de ‘The Bear’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/libros-chefs-cocina-fans-the-bear_1_11658216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c538ceda-a512-4025-8d78-32d728fee910_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros sobre chefs y cocina para fans de ‘The Bear’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una selección sobre sabores y las personas que los buscan incesantemente.</p><p class="subtitle">Los Emmy 2024 encumbran a 'Shōgun' y 'Bebé reno', y 'Hacks' se cuela por sorpresa en la fiesta de 'The Bear'</p></div><p class="article-text">
        La cocina, desde hace un tiempo, se ha convertido en un espect&aacute;culo m&aacute;s, uno al que todo el mundo parece aspirar (como cocinero o como comensal) y que se sigue con un fervor similar al que se muestra con la m&uacute;sica o el cine. Incluso la literatura. Probar nuevos sabores y restaurantes es a la vez una pasi&oacute;n y una manera, para algunos, de reflejar un estatus. Solo as&iacute; se entiende que la ficci&oacute;n cada vez incluya m&aacute;s t&iacute;tulos como&nbsp;<em>The Bear</em>, la serie de &eacute;xito sobre un chef que intenta reflotar el peque&ntilde;o restaurante de bocadillos que su hermano le deja en herencia. Buceamos entre la literatura sobre esta pulsi&oacute;n por el sabor para recomendar grandes libros sobre chef y cocina.
    </p><h2 class="article-text">Memorias de chefs</h2><p class="article-text">
        Pese a que es una profesi&oacute;n en la que no faltan &ldquo;vendehumos&rdquo;, los chefs pueden ser personas apasionadas e incluso apasionantes. Un ejemplo perfecto es&nbsp;Anthony Bourdain, cocinero, viajero y autor, cuya turbulenta vida qued&oacute; reflejada en su&nbsp;<em>Confesiones de un chef</em>. Mitad libro de recetas y mitad experiencias vitales nos encontramos en&nbsp;<em>Momofuku</em>, del chef asiatico americano&nbsp;David Chang. De manera similar, en&nbsp;<em>Rasa: sabores e historias de mi cocina india</em>,&nbsp;Anjalina Chugani&nbsp;se vale de la cocina y la comida para relatarnos su periplo vital en busca de sus ra&iacute;ces indias.
    </p><h2 class="article-text">Confesiones de un chef</h2><p class="article-text">
        <strong>Anthony Bourdain</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Confesiones de un chef de Anthony Bourdain                             </span>
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        Escritor y cocinero, Bourdain no tiene pelos en la lengua a la hora de explicar todo lo que pasa tras la puerta de la cocina. En este libro delicioso y divertido el autor es fiel a su premisa de que &ldquo;para m&iacute;, la comida siempre ha sido una aventura&rdquo;, y acompa&ntilde;a el lector a trav&eacute;s de una vida llena de an&eacute;cdotas: desde sus modestos inicios trabajando como lavaplatos en un bar de Provincetown hasta la cocina del Rainbow Room en el Rockefeller Center o los traficantes de droga del East Village.&nbsp;En un tono desenfadado, de colega a colega, desgrana las oscuras y rec&oacute;nditas entra&ntilde;as de un restaurante, un mundo que constituye su h&aacute;bitat natural. Sus vivencias, experiencias y an&eacute;cdotas, tanto con cocineros como con clientes, se relatan con acierto en este libro no exento de un cierto aire de provocaci&oacute;n. Consignas para comer fuera F&aacute;cil: de martes a s&aacute;bado. Sitios concurridos. Movimiento. Rotaci&oacute;n. Martes y jueves suelen ser los mejores d&iacute;as para pedir pescado (en Nueva York y casi en cualquier otra gran ciudad). Las provisiones que entran los martes son frescas, los preparados-base est&aacute;n reci&eacute;n hechos, el chef viene descansado y de buen humor luego de la relativa serenidad del domingo y el lunes. Los viernes y los s&aacute;bados las provisiones tambi&eacute;n son frescas, pero hay mucho ajetreo, de modo que ni el chef ni los cocineros pueden prestarle a tu pedido la atenci&oacute;n que ellos -y t&uacute;- quieren. El martes por la noche el chef quiere estar contento. Los s&aacute;bados, por el contrario, s&oacute;lo piensa en cerrar, poner las mesas patas arriba y perderse en una noche de feliz autodestrucci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Momofuku</h2><p class="article-text">
        <strong>David Chang y Peter Meehan</strong>
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                Momofuku de David Chang y Peter Meehan                            </span>
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        El famoso chef David Chang presenta aqu&iacute; su revolucionaria cocina y las historias que le dieron forma.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;Momofuku&nbsp;(&laquo;Durazno de la suerte&raquo; en japon&eacute;s) descubrir&aacute;s las recetas, historias, an&eacute;cdotas, pasiones y peculiar personalidad de Dave Chang, considerado actualmente uno de los mejores chefs del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Los platos m&aacute;s emblem&aacute;ticos de sus restaurantes de Nueva York, como son el Ramen Momofuku, el Bao de cerdo o las Virutas de foie gras, son fruto de su obsesi&oacute;n por la receta perfecta de ramen y de su devoci&oacute;n por el cerdo, la comida coreana y la t&eacute;cnica de las grandes recetas cl&aacute;sicas.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ahora conocer&aacute;s todos los secretos de sus ic&oacute;nicos platos y podr&aacute;s cocinarlos en casa.
    </p><p class="article-text">
        Disfruta del banquete.
    </p><h2 class="article-text">Rasa: Sabores e historias de mi cocina india</h2><p class="article-text">
        <strong>Anjalina Chugani</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Rasa: Sabores e historias de mi cocina india de Anjalina Chugani                            </span>
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        Un viaje a trav&eacute;s de la vida de Anjalina Chugani, una cocinera de origen indio, desde sus inicios en su Londres natal, pasando por su adolescencia y primeros a&ntilde;os como adulta en Bangalore (India, donde redescubri&oacute; sus ra&iacute;ces), hasta su casa en Barcelona. La autora siempre se ha expresado a trav&eacute;s de la comida que conoci&oacute; y am&oacute;. Este viaje gastron&oacute;mico muestra su vida como inmigrante en la mayor&iacute;a de las etapas de su vida. Sus apetitosas recetas no solo destacan sus ra&iacute;ces indias, sino que tambi&eacute;n evidencian su influencia occidental y la incorporaci&oacute;n de ingredientes locales de temporada en cada plato. Cada cap&iacute;tulo muestra una parte vital de su vida a trav&eacute;s de la comida, la cultura, sus aprendizajes y sus viajes. Las m&aacute;s de 100 recetas, perfectamente pensadas y explicadas con minuciosidad, son f&aacute;ciles de seguir para cualquier apasionado de la cocina, ya sea principiante o experto, y transportar&aacute;n al lector a las gastronom&iacute;as de muchas partes del mundo, pero sobre todo a su querida India. El detallismo y la belleza en el dise&ntilde;o de los platos que ha elaborado Anjalina Chugani se puede apreciar en las fant&aacute;sticas fotograf&iacute;as de Becky Lawton, que acompa&ntilde;&oacute; a la autora en uno de sus viajes a la India para captar el ambiente tan especial que atesora este libro.
    </p><h2 class="article-text">Literatura sobre cocina</h2><p class="article-text">
        Muchos autores se han interesado por el placer de la comida y el arte de la cocina para construir obras suculentas. El periodista&nbsp;Bill Buford&nbsp;se sumergi&oacute; en ese mundo en&nbsp;<em>Calor y La transmisi&oacute;n del sabor</em>, el relato de c&oacute;mo se adentra en el universo culinario como ayudante de cocina, primero en Estados Unidos y m&aacute;s tarde en Europa. Desde otro punto de vista, en&nbsp;<em>El perfeccionista en la cocina</em>&nbsp;descubrimos al&nbsp;Julian Barnes&nbsp;m&aacute;s gastron&oacute;mico, en un libro divertido y ligero sobre las experiencias del brit&aacute;nico en los fogones, una afici&oacute;n que le lleg&oacute; en la madurez de su vida.
    </p><h2 class="article-text">La transmisi&oacute;n del sabor</h2><p class="article-text">
        <strong>Bill Buford y Bill Buford</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La transmisión del sabor de Bill Buford y Bill Buford                            </span>
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        <strong>Julian Barnes</strong>
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                El perfeccionista en la cocina de Julian Barnes                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">El placer de comer</h2><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, otros libros afrontan la cocina desde el m&aacute;s puro placer y la celebraci&oacute;n de lo que representa ser feliz ante un buen plato de comida preparada con esmero. Es el caso de&nbsp;<em>El pan que como</em>, de&nbsp;Paloma D&iacute;az-Mas, un libro en el que la comida es el punto de partida hacia el recuerdo y el arte. Y tambi&eacute;n de&nbsp;<em>El pa&iacute;s donde florece el limonero</em>, delicioso libro en el que&nbsp;Helena Attlee&nbsp;nos propone un viaje geogr&aacute;fico e hist&oacute;rico por Italia y su pasi&oacute;n por los c&iacute;tricos.
    </p><h2 class="article-text">El pan que como</h2><p class="article-text">
        <strong>Paloma D&iacute;az-Mas</strong>
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                El pan que como de Paloma Díaz-Mas                            </span>
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        Un cocido es el punto de partida de un bell&iacute;simo libro sobre la comida, la vida cotidiana, los recuerdos y la literatura.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Voy a comer.&raquo; Con esta escueta frase arranca este libro sobre la comida. Sobre la comida y la vida, la comida y los recuerdos, la comida y la literatura. No es esta una narraci&oacute;n sobre alta gastronom&iacute;a, ni contiene recetas elaborad&iacute;simas y rebuscadas, ni habla de chefs medi&aacute;ticos. Este libro se desarrolla alrededor de un modesto cocido que la protagonista se dispone a comer en su casa.
    </p><p class="article-text">
        Y, a partir de ese plato humilde y tradicional, los sucesivos cap&iacute;tulos nos hablan de la tienda de barrio que vende comida preparada, de los ingredientes del cocido &ndash;las carnes, las legumbres, las verduras...&ndash;, del agua y el vino y el pan que lo acompa&ntilde;an, del mantel y los cubiertos, de las aceiteras y de la sal, del proceso de cocinado y de las mujeres que preservaron y transmitieron el saber culinario de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n... Y a trav&eacute;s de todos estos elementos la autora se adentra en la vida cotidiana, en los recuerdos de infancia y de m&aacute;s all&aacute; de la infancia, en las p&aacute;ginas literarias en las que la comida es protagonista...
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un texto que maravilla sin levantar la voz, que emociona sin necesidad de acudir a pirotecnia estruendosa, que atrapa la vida sin envolverse en ostentosas piruetas. Un libro bell&iacute;simo en su aparente sencillez, sabroso como el plato de comida alrededor del cual est&aacute; escrito.
    </p><h2 class="article-text">El pa&iacute;s donde florece el limonero</h2><p class="article-text">
        <strong>Helena Attlee</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El país donde florece el limonero de Helena Attlee                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Helena Attlee, distinguida experta en jardines, cay&oacute; bajo el hechizo de los c&iacute;tricos hace diez a&ntilde;os y desde entonces fue reuniendo materiales y dando forma a este delicioso libro. Con una inmensa sabidur&iacute;a, delicadeza y sentido del humor la autora nos relata los or&iacute;genes de los c&iacute;tricos, de la gastronom&iacute;a y del pa&iacute;s, nos descubre los secretos del arte de la horticultura y nos ofrece recetas tan sencillas como suculentas. Los aromas, los colores, las texturas, la luz y los paisajes que evoca son los hilos de una historia dorada donde civilizaci&oacute;n y naturaleza se reconcilian. Y as&iacute; El pa&iacute;s donde florece el limonero invita al lector a emprender un viaje &uacute;nico y fascinante a la Italia de ayer y de hoy.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/libros-chefs-cocina-fans-the-bear_1_11658216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Sep 2024 09:44:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Libros sobre chefs y cocina para fans de ‘The Bear’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,The Bear,Cocina,Chef]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estado, mercado y democracia: ¿quién dirige la economía?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/mercado-democracia-dirige-economia_1_11635287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af1ceea9-321f-4599-a6dc-7c5c555f300a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estado, mercado y democracia: ¿quién dirige la economía?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La discusión no es sobre el capitalismo, sino sobre quién lo conduce: el mercado genera exclusión, mientras que el Estado puede incluir a millones. Cristina Fernández de Kirchner plantea que el rol del Estado no es neutro y que la verdadera pregunta es qué tipo de Estado queremos y para quién. Aquí, un adelanto del nuevo libro de Delfina Rossi, con prólogo de la expresidenta.</p></div><p class="article-text">
        <em>La gran discusi&oacute;n que se viene en el mundo no es acerca del capitalismo, sino de qui&eacute;n conduce el proceso capitalista. El capitalismo que conduce el mercado produce exclusi&oacute;n. Pero el capitalismo que conduce el Estado incorpor&oacute; 800 millones de personas al capitalismo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>CFK, 2 de julio de 2022</em>
    </p><p class="article-text">
        La pregunta pendiente contin&uacute;a centrada en resolver si se admite la presencia del Estado solo en situaciones extraordinarias o de fallas de mercado, o si, considerando la inexistencia de los mitos presentados en el apartado anterior, se trata de resolver cu&aacute;l es el rol o las responsabilidades que le asignamos, entonces, a ese Estado. Cristina hace referencia a China al hablar de un Estado que incorpor&oacute; m&aacute;s de 800 millones de personas al capitalismo, con un partido &uacute;nico, con un comunismo planificado, pero apalancando de manera tard&iacute;a un desarrollo que le permiti&oacute; en esta etapa poner en dudas la hegemon&iacute;a productiva de Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin tener que coincidir sobre las formas, sin dudas China es un modelo a estudiar para los pa&iacute;ses emergentes que buscan generar m&aacute;s y mejor desarrollo. &iquest;Podemos imaginar un Estado inteligente, planificador, garante de la articulaci&oacute;n entre actores para poder avanzar hacia mayores niveles de crecimiento econ&oacute;mico e inclusi&oacute;n social?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>En 1956, Per&oacute;n ya planteaba que el justicialismo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En lo econ&oacute;mico abandon&oacute; los viejos moldes de la &ldquo;econom&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo; y los reemplaz&oacute; por la &ldquo;econom&iacute;a social&rdquo; donde el capital est&aacute; al servicio de la econom&iacute;a y &eacute;sta al del bienestar social. En lo social el justicialismo se basa en la justicia social a base de dar a cada individuo la posibilidad de afirmar su derecho en funci&oacute;n social. Se capitaliza al pueblo y se da a cada uno la posibilidad de realizar su destino, de acuerdo a sus calidades y cualidades, dentro de una comunidad que se realiza a s&iacute; mismo por la acci&oacute;n de todos. En lo pol&iacute;tico buscamos congruentemente, el equilibrio entre el derecho del individuo y el de la comunidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        La disputa sobre qui&eacute;n conduce al capitalismo, si el mercado o el Estado, no est&aacute; saldada y tanto el primer peronismo como el radicalismo, en algunos momentos hist&oacute;ricos, y el kirchnerismo reinstalaron esta discusi&oacute;n en nuestra sociedad. Y d&eacute;jenme decir m&aacute;s, Javier Milei es quien cuestiona al extremo el rol del Estado, y a pocos meses de asumir como presidente es ya denunciado por varios activistas sobre sus v&iacute;nculos con el poder econ&oacute;mico concentrado.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, los libertarios construyen un eje de discusi&oacute;n entre Estado s&iacute; o no, pero en realidad tienen en sus cabezas un Estado que le es funcional a los intereses del mercado. La verdadera pregunta es entonces qu&eacute; tipo de Estado y para qui&eacute;n. Y si es el mercado por encima de la democracia; o, por el contrario, si la democracia, desde el Estado, conduce la econom&iacute;a. En este sentido, durante la celebraci&oacute;n del D&iacute;a de la Industria en la cena de la UIA, Cristina reflexionaba:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Entonces, cuando hablamos de mercado, si le dejamos el mercado al sector financiero, que es el que lo maneja; si le dejamos el mercado a los sectores que como se juntan 11 bancos en Londres y te fijan la tasa Libor, si se les deja el mercado a ellos, &iquest;c&oacute;mo creen que les va a ir a todos ustedes en las empresas? Y si no tenemos una ley de relaciones entre los productores y los consumidores, a vos H&eacute;ctor, que sos un hombre del pl&aacute;stico, no de pl&aacute;stico, del pl&aacute;stico, producir pl&aacute;stico, si el insumo tuyo que lo tiene casi monop&oacute;licamente una empresa que no voy a decir el nombre pero que todos conocemos y que es de origen multinacional, no tenemos nosotros control o regulaci&oacute;n para evitar precios de dumping, precios de posici&oacute;n dominante, s&iacute; adem&aacute;s&hellip;porque adem&aacute;s a todos les molesta el Estado cuando los analiza a ellos, pero despu&eacute;s piden protecci&oacute;n del Estado, despu&eacute;s me piden &ldquo;no dejen entrar los tubos sin costura de tal parte, no dejen entrar&hellip;&rdquo;. O sea, &ldquo;d&eacute;jenme entrar los insumos m&iacute;os, pero no dejen entrar los productos que yo produzco&rdquo;. Entonces, no puede ser, hermano, que el Estado cuando te conviene, y el Estado cuando no te conviene. El Estado tiene que estar siempre, porque siempre convino que estuviera el Estado. Y si uno ve la serie hist&oacute;rica de la Argentina, cuando mayor articulaci&oacute;n hubo entre Estado y mercado, mayor crecimiento&hellip;Pero tuvo que haber un Estado fuerte. CFK, diciembre 2014.</em>
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, podemos afirmar que el rol del Estado no es neutro. Mucho se ha escrito sobre los modelos de Estado: estados de bienestar, benefactores, estados m&aacute;s liberales o m&aacute;s socialdem&oacute;cratas, m&aacute;s corporativos o m&aacute;s individualistas, m&aacute;s federales o m&aacute;s unitarios. Cada modelo responde a diversas coyunturas hist&oacute;ricas y tambi&eacute;n dan cuenta de una determinada configuraci&oacute;n y combinaci&oacute;n entre las dimensiones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero c&oacute;mo aparece el Estado? El Estado se expresa a partir de instituciones que interact&uacute;an con el resto de la sociedad y los mercados en m&uacute;ltiples dimensiones. As&iacute;, los modelos que se utilizan en los diferentes pa&iacute;ses, adem&aacute;s de ser heterog&eacute;neos, combinan de manera diferente el papel de las instituciones en la coordinaci&oacute;n y vinculaci&oacute;n entre las diferentes dimensiones. Nunca se trata de formas &ldquo;puras&rdquo; ni de aplicaciones de manera un&iacute;voca, sino que son implementadas de acuerdo con su adaptaci&oacute;n a las particularidades locales &ndash;o nacionales&ndash; y los compromisos y metas que se establecen con la sociedad en un momento hist&oacute;rico determinado. Existen diversas concepciones que permiten analizar c&oacute;mo juegan estos modelos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una visi&oacute;n tradicional (ortodoxa, cl&aacute;sica) atribuye el rol de coordinaci&oacute;n al mercado y a su sistema de precios, y otorga escasa importancia al marco institucional. Seg&uacute;n este enfoque, existe una sola estrategia posible para alcanzar un crecimiento econ&oacute;mico sostenido con efectos sociales positivos, en el cual los pa&iacute;ses tender&iacute;an a converger. El mercado libre &ndash;o d&eacute;bil&ndash; de regulaciones &ldquo;otorgar&iacute;a&rdquo; la mejora al conjunto de la sociedad y al conjunto de dimensiones consideradas subalternas de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, se plantea una visi&oacute;n alternativa que sostiene e integra, a diferencia del enfoque tradicional, las instituciones al an&aacute;lisis econ&oacute;mico. Seg&uacute;n este enfoque, son las instituciones, incluyendo al Estado, las que determinan la coordinaci&oacute;n y la regulaci&oacute;n entre las distintas &aacute;reas que son el resultado de elecciones sociopol&iacute;ticas, y a la vez de la importancia que adquieren las que se encuentran ubicadas en lo alto de la arquitectura institucional, que son las que representan el n&uacute;cleo de compromiso hacia la sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De este modo, es posible afirmar que existe una alternativa heterodoxa, al sostener la existencia de diferentes modos de producci&oacute;n, de distintas alternativas de respuesta a similares contextos externos e internos, que derivan en distintos senderos de crecimiento y modelos de desarrollo en los que act&uacute;an diferentes organizaciones sociales y pol&iacute;ticas, por supuesto con resultados dis&iacute;miles en cuanto a la preeminencia de las dimensiones sociales, como trabajo, vivienda, educaci&oacute;n, etc., que como dec&iacute;a Supiot son los bienes p&uacute;blicos de los Estados sociales que surgen en la posguerra.
    </p><p class="article-text">
        A grandes rasgos, los principales paradigmas son, por un lado, el modelo econ&oacute;mico social de libre mercado y, por otro, el modelo de regulaci&oacute;n con base en el Estado, que es complementado generalmente con un sistema social protector. En su versi&oacute;n m&aacute;s reciente, el primero representa un esquema de crecimiento basado en la tasa de maximizaci&oacute;n de la tasa de ganancia del capital (y, por ende, una econom&iacute;a mayormente privatizada), que muchas veces propugna la flexibilidad de las relaciones laborales y salarios bajos. El segundo modelo, cuyo &eacute;nfasis est&aacute; puesto en la ciudadan&iacute;a econ&oacute;mica y social, postula la regulaci&oacute;n de los mercados, adem&aacute;s de la presencia de fuertes principios de seguridad social. As&iacute;, sin desarrollo humano no puede haber progreso econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Podemos plantear un interrogante m&aacute;s sobre c&oacute;mo cada modelo gestiona la innovaci&oacute;n: si contin&uacute;a el mito de que la innovaci&oacute;n emerge de esfuerzos privados, o bien si hay un rol, como se&ntilde;ala Mazzucato, del Estado emprendedor como el verdadero financiador de la innovaci&oacute;n. Ahora bien, esta discusi&oacute;n se puede identificar en muchas cosas de la cotidianidad de la sociedad argentina y persiste permanentemente en tensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De esta manera, existe una pugna constante entre quienes buscan la desregulaci&oacute;n del mercado y quienes desean una mayor regulaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n por parte del Estado. Para esta pugna se necesita crear un sentido com&uacute;n que d&eacute; soporte a una u otra mirada. As&iacute;, el rol de los medios de comunicaci&oacute;n es crucial y suele jugar a favor del libertarismo: se asocia com&uacute;nmente la noci&oacute;n de lo p&uacute;blico/estatal con lo malo/deficiente y lo privado con lo bueno/eficiente, al mismo tiempo que se oculta la importancia del Estado en la vida cotidiana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si retomamos la frase que abre esta secci&oacute;n, CFK hace menci&oacute;n al proceso de desarrollo en China. &iquest;Qu&eacute; fue lo que sucedi&oacute; en el gigante asi&aacute;tico? China, tal cual lo conocemos hoy, se construy&oacute; en poco m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. A partir de 1978, bajo la conducci&oacute;n de Deng Xiaoping (Joseph, 2014), se realizan las reformas estructurales necesarias para fortalecer la ciencia y la tecnolog&iacute;a, la agricultura, la industria y la defensa nacional. A su vez, se comienza con el ingreso de exportaci&oacute;n directa y producci&oacute;n privada.
    </p><p class="article-text">
        Para 1980 comienza la descentralizaci&oacute;n estatal, distintas provincias construyen estrategias locales de crecimiento industrial, y se planifican las zonas econ&oacute;micas especiales (Joseph, 2014). Como ejemplo, el caso de Shenzhen, que pas&oacute; de ser una ciudad agr&iacute;cola pesquera a ser el principal centro tecnol&oacute;gico de su pa&iacute;s. Actualmente la &ldquo;Silicon Valley&rdquo; china tiene una producci&oacute;n econ&oacute;mica similar o mayor a la que tienen Portugal o Vietnam. El capitalismo de Estado que aplica China lejos est&aacute; de los valores democr&aacute;ticos construidos en nuestra regi&oacute;n, pero claramente el sistema de acumulaci&oacute;n capitalista termina sobre la decisi&oacute;n que toman las sociedades.
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                Tapa del nuevo libro de Delfina Rossi.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/mercado-democracia-dirige-economia_1_11635287.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Sep 2024 09:41:56 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alex Anwandter: poesía entre la música y el viento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/alex-anwandter-poesia-musica-viento_1_11619770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/610ad092-0765-48ea-a033-661eae33369e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alex Anwandter: poesía entre la música y el viento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cantante y productor chileno Alex Anwandter presenta su primer libro de poesía con la editorial DeParado. En "Mil noches de Sudamérica", Anwandter explora el deseo, la melancolía y la vida cotidiana con una mirada íntima y potente. La obra será presentada en Buenos Aires, antes de su regreso en octubre para lanzar su nuevo disco. Aquí, un adelanto en poemas.</p></div><h2 class="article-text"><strong>En las tardes ardientes</strong></h2><p class="article-text">
        nada m&aacute;s que coger
    </p><p class="article-text">
        una y mil veces
    </p><p class="article-text">
        Mil noches de Sudam&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        En todos los balcones de mi continente
    </p><p class="article-text">
        soy presa de verdor salvaje
    </p><p class="article-text">
        de lluvia sobre las tejas
    </p><p class="article-text">
        que cae sobre sus nucas.
    </p><p class="article-text">
        El punto no es el orgasmo:
    </p><p class="article-text">
        es capturar el viento del balc&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        y guardar la mirada implorante
    </p><p class="article-text">
        en un peque&ntilde;o frasco de alacena.
    </p><p class="article-text">
        Cada frasco etiquetado en mi cielo:
    </p><p class="article-text">
        nombres propios del Cono Sur
    </p><p class="article-text">
        confunden-se unos con otros
    </p><p class="article-text">
        distinguidos s&oacute;lo por el peso de cada brisa.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><h2 class="article-text">De un pa&iacute;s triste a otro</h2><p class="article-text">
        De un pa&iacute;s triste a otro
    </p><p class="article-text">
        Vendiendo pomadas
    </p><p class="article-text">
        Estirando la mano en el vac&iacute;o
    </p><p class="article-text">
        A ver si alguien me la toma&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><h2 class="article-text">Ontem &agrave; noite</h2><p class="article-text">
        volv&iacute; en bicicleta
    </p><p class="article-text">
        a las dos de la ma&ntilde;ana
    </p><p class="article-text">
        y a&uacute;n drogado
    </p><p class="article-text">
        las calles vac&iacute;as para m&iacute;
    </p><p class="article-text">
        la c&aacute;lida brisa, juniana,
    </p><p class="article-text">
        secaba mi frente mareada.
    </p><p class="article-text">
        pens&eacute;,
    </p><p class="article-text">
        este es el inicio de mi vejez.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><h2 class="article-text">Versus</h2><p class="article-text">
        Qu&eacute; asco.
    </p><p class="article-text">
        Me encanta
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><h2 class="article-text">Soy chileno:</h2><p class="article-text">
        s&oacute;lo soy
    </p><p class="article-text">
        terremotos y versos de amor
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><h2 class="article-text">La otra costa</h2><p class="article-text">
        Te vi en una pantalla
    </p><p class="article-text">
        en un cuarto de extra&ntilde;os
    </p><p class="article-text">
        a seis mil kil&oacute;metros
    </p><p class="article-text">
        todos sonriendo excepto t&uacute;
    </p><p class="article-text">
        cantando una canci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        cuya letra ignoras
    </p><p class="article-text">
        riendo con la broma
    </p><p class="article-text">
        que se te escap&oacute;
    </p><p class="article-text">
        Yo conozco tu sonrisa
    </p><p class="article-text">
        &ndash;la disfrut&eacute; por a&ntilde;os&ndash;
    </p><p class="article-text">
        y all&iacute; no estabas sincera.
    </p><p class="article-text">
        Desde el imperio,
    </p><p class="article-text">
        hago una venia
    </p><p class="article-text">
        al amor profundo que nos uni&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y al conocimiento,
    </p><p class="article-text">
        que atesoro,
    </p><p class="article-text">
        de saber leer tu sonrisa falsa,
    </p><p class="article-text">
        desde otro continente.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/alex-anwandter-poesia-musica-viento_1_11619770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Aug 2024 18:20:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alex Anwandter: poesía entre la música y el viento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Lecturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El peso de la deuda en la democracia argentina: reflexiones desde la sociología]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/peso-deuda-democracia-argentina-reflexiones-sociologia_1_11606459.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02f81c46-4db8-463e-a819-e218a6752112_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El peso de la deuda en la democracia argentina: reflexiones desde la sociología"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su libro Una historia de cómo nos endeudamos, Ariel Wilkis analiza el impacto de la deuda en los vínculos sociales y en la historia reciente. El sociólogo, reconocido por su trabajo sobre los usos sociales del dinero, las finanzas y las relaciones económica, explora cómo la deuda pasó de ser una herramienta de movilidad social a una carga que refuerza la desigualdad.</p></div><p class="article-text">
        El de deuda es, junto con otros conceptos como don, demanda, legado o herencia, uno de esos t&eacute;rminos que se encuentran en la intersecci&oacute;n entre el psicoan&aacute;lisis, la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la econom&iacute;a. No hay sociedad ni v&iacute;nculo intersubjetivo que no tenga a la deuda como n&uacute;cleo de los intercambios. Intercambios comerciales, familiares, simb&oacute;licos, religiosos: siempre se debe algo, y esa deuda es a la vez condici&oacute;n de posibilidad y obst&aacute;culo, potencia y l&iacute;mite. La deuda obliga, pero tambi&eacute;n habilita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ariel Wilkis es licenciado y doctor en sociolog&iacute;a y estudia los usos sociales del dinero. &ldquo;Eslab&oacute;n central en las narrativas sobre la integraci&oacute;n social&rdquo;, &ldquo;clave reveladora de las perturbaciones colectivas&rdquo;, &ldquo;s&iacute;mbolo y m&eacute;todo de las hecatombes sociales&rdquo;, el dinero es constitutivo de los v&iacute;nculos sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su &uacute;ltimo libro, <em>Una historia de c&oacute;mo nos endeudamos </em>(Siglo XXI, 2024), <strong>Wilkis se ocupa de un aspecto singular del dinero: el dinero que se debe, el que se adquiri&oacute; en forma de pr&eacute;stamo o cr&eacute;dito</strong>. Charlamos con Wilkis en la Universidad de San Mart&iacute;n, donde es decano de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales, sobre las funciones sociales del dinero y de la deuda. &ldquo;El dinero y las deudas atraviesan todos los v&iacute;nculos interpersonales, y no como un accidente, sino que el sentido de esos v&iacute;nculos se pone en juego muchas veces en el modo en que el dinero es transferido, dado, guardado, devuelto o&hellip; no devuelto. A trav&eacute;s del dinero se <em>ponen a prueba</em> los v&iacute;nculos sociales, y, como vemos en el libro, tambi&eacute;n se pone en juego la democracia&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La cuesti&oacute;n social de la deuda</strong></h2><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de la deuda vertebra la historia de la Argentina: desde la deuda externa adquirida durante la dictadura hasta los acuerdos con el FMI para sostener la convertibilidad durante los a&ntilde;os 90, pasando por la vuelta al Fondo durante el gobierno de Macri, la econom&iacute;a argentina ha tenido, hist&oacute;ricamente, una necesidad permanente de cr&eacute;dito externo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el libro de Wilkis pone el foco en una dimensi&oacute;n novedosa del endeudamiento: <strong>al desplazar la mirada desde la deuda p&uacute;blica hacia las deudas privadas, al detenerse en las &ldquo;bajas finanzas&rdquo;, el autor piensa en los efectos individuales, familiares y colectivos del endeudamiento</strong>. La tesis del libro es que la deuda es &ldquo;la nueva cuesti&oacute;n social&rdquo;. &ldquo;El enlace y desenlace entre sociedad y pol&iacute;tica puede verse a partir de las mec&aacute;nicas de endeudamiento de los hogares. La cuesti&oacute;n social, tradicionalmente estudiada desde las din&aacute;micas del mundo del trabajo, se ha ido desplazando hacia las din&aacute;micas de endeudamiento&rdquo;, dice, y especialmente en Argentina, donde se registran altos grados de informalidad laboral. Si en algunas &eacute;pocas pod&iacute;a pensarse a la deuda como posibilitadora de la movilidad social, en la actualidad el endeudamiento perdi&oacute; toda su dimensi&oacute;n ut&oacute;pica: &ldquo;las familias ya no van al mercado de cr&eacute;dito a buscar futuro sino que se endeudan para no caer, para no estar peor&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Imaginarios sociales sobre el dinero</strong></h2><p class="article-text">
        El dinero informa las fantas&iacute;as y los imaginarios sociales. El d&oacute;lar, en particular, vehiculiza aspiraciones de abundancia, de exceso, pero tambi&eacute;n de estabilidad y de certidumbre. Coautor, junto con Mariana Luzzi, de <em>El d&oacute;lar. Historia de una moneda argentina (1930-2019), </em>Wilkis se refiere al lugar del d&oacute;lar en el imaginario argentino y a su posible incidencia en el ascenso de Milei: &ldquo;La promesa pol&iacute;tica de la dolarizaci&oacute;n permit&iacute;a proyectar un imaginario de estabilidad, la idea de que el <em>mango</em> que se gana con el trabajo y el esfuerzo propio no se iba a desvalorizar con la inflaci&oacute;n. La dolarizaci&oacute;n fue una promesa que engarz&oacute; muy bien con un electorado que buscaba estabilidad y consumo para el propio bienestar, m&aacute;s all&aacute; de los imaginarios de abundancia. Con inflaci&oacute;n es impensable la abundancia, solo hay deuda&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Portada del último libro de Ariel Wilkis.                            </span>
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        En un contexto de volatilidad y debilitamiento del peso, que Milei defini&oacute; en plena campa&ntilde;a como &ldquo;excremento&rdquo;, el d&oacute;lar es una reserva de futuro. Y no solo el d&oacute;lar: tambi&eacute;n las criptomonedas, los bonos, las aplicaciones financieras, las billeteras virtuales y tantas otras modalidades nuevas de acumulaci&oacute;n e intercambio. El dinero es, por definici&oacute;n, abstracto y simb&oacute;lico, pero estas formas intangibles del dinero parecen establecer un v&iacute;nculo todav&iacute;a m&aacute;s abstracto con las operaciones financieras, que trastoca el sentido del dinero. &ldquo;Desde una mirada sociol&oacute;gica, es sabido que la muy baja institucionalizaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas contribuye con su naturalizaci&oacute;n&rdquo;. Por la inmediatez, por baja ritualizaci&oacute;n, por la ausencia de distancia y de ruptura en que se dan las transacciones virtuales (pedir un cr&eacute;dito, pagar, comprar o vender) en las aplicaciones, el uso del dinero se naturaliza de forma muy inadvertida.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>El dinero del Estado</strong></h2><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os kirchneristas, el gobierno estimul&oacute; el endeudamiento para el consumo y el ascenso social, favoreciendo as&iacute; la expansi&oacute;n del mercado; el gobierno de Cambiemos, por su parte, fue promercado pero le retace&oacute; a la poblaci&oacute;n el ahorro y el consumo. Con el parate de la pandemia y la inflaci&oacute;n creciente, se incrementaron significativamente las deudas intrafamiliares o entre conocidos, por lo que muchas familias se volvieron &ldquo;morosas cr&oacute;nicas&rdquo; y debieron aprender a gestionar deudas, bajo una l&oacute;gica de esfuerzo y sacrificio. Deudas de supervivencia para &ldquo;comprar tiempo&rdquo;, deudas impagables, pesadas, vergonzosas, dolorosas. Como dice una entrevistada citada por Wilkis, la deuda &ldquo;es una ronda, c&oacute;mo te digo, un redondel&rdquo;. Esas deudas, que no empujaron estallidos sociales ni se manifestaron en el espacio p&uacute;blico, &ldquo;tomaron el cuerpo y las jornadas de los endeudados&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; rol tuvo la ayuda del Estado en este contexto de pandemia y endeudamiento, y c&oacute;mo impact&oacute; esto en el triunfo de Milei? El libro plantea una sentencia para explicar el presente: &ldquo;El dinero (del Estado) no alimenta el amor (por el Estado)&rdquo;. Agrega Wilkis que &ldquo;hay una tesis fundamental de la sociolog&iacute;a del dinero: las significaciones del dinero del Estado exceden al propio Estado, el dinero circula m&aacute;s all&aacute; y m&aacute;s ac&aacute; de la capacidad que tiene el Estado para controlarlo, porque las memorias del dinero son plurales y exceden a las memorias estatales&rdquo;. O como dice en el libro: &ldquo;Distribuci&oacute;n y reconocimiento no siempre coinciden&rdquo;. Es por eso que el dinero del Estado no siempre es celebrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En muchos casos, durante la pandemia la ayuda del Estado se ley&oacute; como una &ldquo;tragedia biogr&aacute;fica&rdquo; que reforz&oacute; ideas individualistas, familiaristas y en algunos casos antiestatistas o por lo menos no celebratorias del rol del estado. En ese sentido, dice Wilkis, el IFE durante la pandemia y el &ldquo;plan platita&rdquo; de Massa fracasaron porque se rompi&oacute; la &ldquo;cadena de rituales y significaciones del dinero del Estado que enlaza la vida familiar con la vida pol&iacute;tica&rdquo; y esto qued&oacute; por fuera del radar del gobierno peronista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la patria financiera a la convertibilidad, pasando por el kirchnerismo y llegando a la campa&ntilde;a de Milei, el nuevo libro de Ariel Wilkis traza una historia de la deuda para iluminar el enigma de los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os de democracia: &ldquo;las deudas son para la democracia cifra y s&iacute;mbolo, y &ndash;para nosotros&ndash; un m&eacute;todo para comprender el <em>c&oacute;mo</em> y el <em>por qu&eacute; </em>de promesas y fracasos democr&aacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>SM/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sol Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/peso-deuda-democracia-argentina-reflexiones-sociologia_1_11606459.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Aug 2024 03:00:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El peso de la deuda en la democracia argentina: reflexiones desde la sociología]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Deuda,Deuda Pública,libro,Libros,Lecturas,Lectura,Ariel Wilkis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo ha cambiado París desde sus primeros Juegos Olímpicos: una novela para cada década]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cambiado-paris-primeros-juegos-olimpicos-novela-decada_1_11554956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c04ccf87-4f64-4865-9488-c6e3ba353bdd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo ha cambiado París desde sus primeros Juegos Olímpicos: una novela para cada década"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Trece libros que recrean momentos clave de la historia de la capital francesa desde 1900 a la actualidad sobre una ciudad sitiada por el acontecimiento deportivo durante las próximas semanas</p><p class="subtitle">París 1900-2024: de las primeras mujeres olímpicas a los primeros Juegos igualitarios</p></div><p class="article-text">
        Par&iacute;s, como Londres, Venecia y Nueva York, o quiz&aacute; incluso m&aacute;s que estas,<strong> ha sido y es a&uacute;n un centro neur&aacute;lgico de la literatura contempor&aacute;nea. </strong>De cl&aacute;sicos como Balzac o Baudelaire a escritores de vanguardia y el grupo OuLiPo, muchos han sido los que han contribuido a mitificar m&aacute;s si cabe la capital francesa. En 1900, se produjo un antes y un despu&eacute;s con la Exposici&oacute;n Universal y sus primeros Juegos Ol&iacute;mpicos, los segundos de la era moderna.
    </p><p class="article-text">
        Par&iacute;s, que volvi&oacute; a acoger el acontecimiento deportivo en 1924, ha sufrido muchos cambios desde entonces, unas transformaciones que se reflejan en la literatura, escrita tanto por los aut&oacute;ctonos como por los numerosos extranjeros que han hecho de ella su territorio. Con la conciencia de la imposibilidad de abarcarlo todo &ndash;se han quedado fuera t&iacute;tulos como <em>El aldeano de Par&iacute;s</em>, de Louis Aragon, <em>La vida instrucciones de uso</em>, de Georges Perec, o, entre los m&aacute;s recientes, <em>Vernon Subutex</em>, de Virginie Despentes&ndash;, la siguiente lista propone un recorrido, d&eacute;cada a d&eacute;cada, por una ciudad que ha vivido el frenes&iacute; del cabaret de entreguerras, el terror de la Ocupaci&oacute;n, las protestas del Mayo del 68 o el terrorismo yihadista.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1900</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3cbd4c46-c226-4090-8659-667cf325f590_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Gigi</strong></em><strong>, Colette, Veintisiete Letras, 2008, trad. Jos&eacute; Mar&iacute;a Sol&eacute;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la novela m&aacute;s conocida de la simpar Colette. La hero&iacute;na, que tiene mucho de la propia autora, es una joven irreverente que se mueve por entre los teatros de variedades y los salones del Par&iacute;s de la <em>belle &eacute;poque</em>. Con frescura y humor, plasma la doble moral de la alta burgues&iacute;a con una protagonista que no duda en rebelarse y buscar su sitio, con descaro y una sensualidad desinhibida. Las obras de Colette sol&iacute;an ser un <em>succ&egrave;s de scandale</em>, pero sentaron un precedente de modernidad en el que las nuevas generaciones de mujeres ilustradas encontraron un espejo en el que mirarse.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1910</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a3ecc48a-5642-4b1c-af12-5eecfecb40d5_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Romance en Par&iacute;s</strong></em><strong>, Franz Hessel, Errata Naturae, 2011, trad. Olga Garc&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muchos conocen <em>Jules y Jim</em>, la novela de Henri-Pierre Roch&eacute; que Fran&ccedil;ois Truffaut adapt&oacute; a la gran pantalla &ndash;el cine, a prop&oacute;sito, ha tenido un papel decisivo a la hora de fijar en el imaginario colectivo esa imagen de Par&iacute;s que ha seducido a tantas generaciones&ndash;, pero no tantos saben que el otro amigo de la historia era Franz Hessel, escritor alem&aacute;n que vivi&oacute; entre Par&iacute;s y Berl&iacute;n y firm&oacute; algunos de los libros m&aacute;s bellos sobre la figura del <em>fl&acirc;neur</em>. Este, publicado en 1920, se dirige a su amigo para hablarle de su experiencia durante la Primera Guerra Mundial y evocar con nostalgia aquellos a&ntilde;os felices en el Par&iacute;s bohemio, cuando conocieron a la fascinante Lotte. Amor, amistad, sensualidad, sue&ntilde;os de juventud y p&eacute;rdida convergen en este libro de trasfondo autobiogr&aacute;fico que retrata la crudeza de unas vidas rotas por el conflicto b&eacute;lico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1920</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a9f84d92-1ccb-46f3-9384-897a1b4096fc_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Par&iacute;s era una fiesta</strong></em><strong>, Ernest Hemingway, Lumen, 2021, trad. Miguel Temprano Garc&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son incontables las recreaciones del m&iacute;tico Par&iacute;s de los (&iquest;felices?) a&ntilde;os veinte, donde se encontraron tantos miembros del c&iacute;rculo art&iacute;stico que se han convertido en cl&aacute;sicos de la literatura y el arte universal, como Scott y Zelda Fitzgerald, Ezra Pound, Pablo Picasso o Gertrude Stein. Uno de los t&iacute;tulos m&aacute;s conocidos son estas memorias p&oacute;stumas de Ernest Hemingway que rememoran su juventud en aquella ciudad perdida, cuando se empezaba a abrir camino como escritor y, a pesar de la huella de la Gran Guerra, se respiraba un esperanzador aire de modernidad que habr&iacute;a de terminar en la d&eacute;cada siguiente. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1930</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/ca263e5b-55ea-4390-924c-1defe77cd3ab_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>La leyenda del santo bebedor</strong></em><strong>, Joseph Roth, Alianza, 2020, trad. Ibon Zubiaur</strong>
    </p><p class="article-text">
        La despreocupaci&oacute;n de los a&ntilde;os veinte &ndash;al menos, para los estamentos privilegiados&ndash; termin&oacute; con el Crac del 29 y la grave crisis econ&oacute;mica que desencaden&oacute; alrededor del mundo. En un Par&iacute;s donde el paro va en aumento, un hombre sin hogar, alcoh&oacute;lico y ap&aacute;trida, asolado por las deudas, trata de redimirse apelando a la caridad de un religioso que lo conmina a devolver el dinero que le entrega con una ofrenda en la iglesia. Sin embargo, los bajos fondos por los que se mueve est&aacute;n llenos de tentaciones que le hacen tropezar una y otra vez. Una par&aacute;bola del ser humano ca&iacute;do en desgracia que constituye el testamento literario de un autor extraordinario.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1940</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/35cd834c-28de-4e3c-ba95-ea4c64a675d2_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Suite francesa</strong></em><strong>, Ir&egrave;ne N&eacute;mirovsky, Salamandra, 2023, trad. Jos&eacute; Antonio Soriano Marco</strong>
    </p><p class="article-text">
        El conjunto de la obra que Ir&egrave;ne N&eacute;mirovsky public&oacute; en vida plasma los claroscuros del periodo de entreguerras en el seno de la burgues&iacute;a parisina. En su novela p&oacute;stuma, cuyo manuscrito escondi&oacute; en la maleta de sus hijas antes de ser deportada a Auschwitz, emprende el reto de escribir una gran novela de alma rusa sobre la Ocupaci&oacute;n nazi en Francia. Ella misma vivi&oacute; de primera mano la persecuci&oacute;n por ser jud&iacute;a, en un clima donde la tensi&oacute;n iba en aumento y los ciudadanos se precipitaban a huidas desesperadas. Recuperada en 2004, cuando se le concedi&oacute; el Premio Renaudot, el a&ntilde;o pasado la obra fue reeditada con fragmentos in&eacute;ditos, en lo que se considera ya su versi&oacute;n definitiva.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1950</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/d23fb951-d53e-424a-8c8c-01d7fc91a098_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Los mandarines</strong></em><strong>, Simone de Beauvoir, Edhasa, 2020, trad. Silvina Bullrich</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la fil&oacute;sofa brillante que firm&oacute; <em>El segundo sexo</em>, Simone de Beauvoir fue una excelente narradora. Esta novela, su obra maestra, comienza en el momento que Ir&egrave;ne N&eacute;mirovsky ya no pudo presenciar: la celebraci&oacute;n por el final de la Ocupaci&oacute;n. De Beauvoir traza un fresco de los a&ntilde;os de la posguerra en el ambiente intelectual, siguiendo los pasos de un elenco que form&oacute; parte de la Resistencia y ahora recibe la nueva &eacute;poca con ilusi&oacute;n, pero debe enfrentarse a las profundas heridas de la guerra, que hacen que retomar sus vidas no sea tan sencillo como esperaban.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1960</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/88046589-1de9-49c6-974d-18709fb23760_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>En el caf&eacute; de la juventud perdida</strong></em><strong>, Patrick Modiano, Anagrama, 2008, trad. Mar&iacute;a Teresa Gallego Urrutia</strong>
    </p><p class="article-text">
        De la escuela de aquel Par&iacute;s bohemio de los a&ntilde;os veinte surge esta novela emblem&aacute;tica del prol&iacute;fico premio Nobel franc&eacute;s, en la que se encuentran las bases de muchas de sus obras posteriores. Patrick Modiano evoca su juventud en aquellos caf&eacute;s donde bulle la intelectualidad de la &eacute;poca, callejeo arriba callejeo abajo, pero lo hace bajo el tamiz de la novela, con el personaje de una mujer, la hija de una trabajadora del Moulin Rouge, como centro. La sensualidad, el misterio, las aspiraciones de juventud y la b&uacute;squeda de identidad confluyen en un libro de aires nost&aacute;lgicos sobre un tiempo ya perdido.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1970</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4d4cbd65-37ab-4081-90eb-81cc12a36d06_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Par&iacute;s no se acaba nunca</strong></em><strong>, Enrique Vila-Matas, Seix Barral, 2013</strong>
    </p><p class="article-text">
        Obra fundamental del escritor espa&ntilde;ol m&aacute;s afrancesado de nuestro tiempo. El autor se estableci&oacute; en Par&iacute;s en los a&ntilde;os setenta, cuando era un joven aspirante a literato de los que creen que para escribir hay que llevar una vida bohemia en las mismas calles que pisaron sus &iacute;dolos. Gracias a Marguerite Duras, que le alquila una buhardilla, se introduce en el c&iacute;rculo intelectual, donde destaca la presencia de autores latinoamericanos. Con su iron&iacute;a inconfundible, el autor compone un fresco en el que el Par&iacute;s de sus memorias se funde con el Par&iacute;s mitificado a partir de los libros, el arte y las pel&iacute;culas que le formaron.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1980</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f0e173e4-fa48-4bd9-a1c8-1476dc6aee59_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Trilog&iacute;a de Par&iacute;s</strong></em><strong>, Colombe Schneck, Lumen, 2024, trad. Mercedes Corral</strong>
    </p><p class="article-text">
        La autora dice que se inspir&oacute; en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/annie-ernaux-ganar-nobel-literatura-no-hecho-sienta-transfuga-clase_1_11449937.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Annie Ernaux</a>, en su valent&iacute;a para convertir lo personal en el centro de una obra literaria, para escribir este tr&iacute;ptico parisino sobre su juventud. La primera parte, que acontece en 1984, narra c&oacute;mo afront&oacute; el aborto tras un embarazo adolescente. Las vivencias &iacute;ntimas &ndash;amor, sexualidad, amistad, p&eacute;rdida&ndash; sirven de pretexto para desenmascarar la hipocres&iacute;a de una clase alta cosmopolita y <em>chic</em> que se cree muy moderna despu&eacute;s de Mayo del 68, pero que en realidad sigue teniendo muchos tab&uacute;s que los j&oacute;venes deben encarar para forjar su propio camino.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 1990</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/8c0fb86d-b6cd-4dc3-9dd7-b313e89f172c_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Marx y la mu&ntilde;eca</strong></em><strong>, Maryam Madjidi, Min&uacute;scula, 2018, trad. Palmira Feixas</strong>
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento de la inmigraci&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX tiene su reflejo en la generaci&oacute;n de escritores milenial que conocen bien el significado de crecer entre dos culturas. En esta novela de trasfondo autobiogr&aacute;fico, Maryam Madjidi narra la llegada a Par&iacute;s de una familia iran&iacute; que huye del Teher&aacute;n posterior a la revoluci&oacute;n. Mientras en casa prevalecen las costumbres de anta&ntilde;o, la hija estudia y se relaciona en un entorno que le impone otro idioma, otra visi&oacute;n del mundo, otra identidad en permanente tensi&oacute;n con la nativa. Son muy pertinentes sus observaciones sobre la lengua, la indefensi&oacute;n del inmigrante y el modelo de ense&ntilde;anza, que no respeta la diversidad social del pa&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 2000</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b69bd9bd-0dd5-42b3-acae-634ad47616b9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Las horas subterr&aacute;neas</strong></em><strong>, Delphine de Vigan, Compactos Anagrama, 2022, trad. Juan Carlos Dur&aacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; una radiograf&iacute;a de Par&iacute;s a partir de las vidas de dos personajes ordinarios en una jornada laboral cualquiera. Ella, que se desplaza por la ciudad en metro, es una madre de mediana edad que trabaja en una gran empresa donde sufre <em>mobbing</em> a manos de su jefe. &Eacute;l es un m&eacute;dico que recorre las calles en ambulancia, atendiendo las crisis ajenas mientras afronta la suya propia con su pareja. Delphine de Vigan, con su ojo cl&iacute;nico para captar las tensiones sociales de cada &eacute;poca, fue una de las primeras en poner en primera fila cuestiones como el acoso laboral o la atenci&oacute;n a los dependientes en esta espl&eacute;ndida novela publicada por primera vez en 2009.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 2010</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/47f56ccd-c198-4892-92e9-7ce8651acfe2_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Las leyes de la ascensi&oacute;n</strong></em><strong>, C&eacute;line Curiol, Perif&eacute;rica y Errata Naturae, 2022, trad. Regina L&oacute;pez Mu&ntilde;oz</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta gran novela &ndash;en todos los sentidos&ndash; se desarrolla en 2015, el a&ntilde;o de los atentados terroristas m&aacute;s sangrientos de la historia reciente de la capital francesa. Siguiendo las andanzas de cinco personajes que abarcan diferentes estratos sociales y nacionalidades, la autora condensa muchos conflictos contempor&aacute;neos que configuran un retrato de la &eacute;poca &ndash;la inmigraci&oacute;n, la precariedad, la crisis medioambiental, la maternidad tard&iacute;a o la salud mental&ndash;, a la vez que no descuida la parte &iacute;ntima y de relaciones entre ellos. Una historia <em>total </em>apasionante.
    </p><h2 class="article-text"><strong>D&eacute;cada de 2020</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5c299f78-dc1c-4037-93f6-d71e3be5953f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em><strong>V13.</strong></em><strong> </strong><em><strong>Cr&oacute;nica judicial</strong></em><strong>, Emmanuel Carr&egrave;re, Anagrama, 2023, trad. Jaime Zulaika</strong>
    </p><p class="article-text">
        La literatura es un arte de gestaci&oacute;n lenta. Seguro que en el futuro leeremos grandes libros sobre el auge de la extrema derecha y los resultados de las &uacute;ltimas elecciones, pero los escritores necesitan tiempo y los lectores, perspectiva. Lo que s&iacute; responde a la urgencia de la actualidad es el periodismo, que en algunas manos se convierte en algo m&aacute;s que un documento testimonial. Estas cr&oacute;nicas narran el juicio por los atentados del viernes 13 de noviembre de 2015, celebrado entre septiembre de 2021 y junio de 2022. Una aproximaci&oacute;n que invita a reflexionar sobre los or&iacute;genes y las consecuencias de un episodio que sigue marcando el devenir de la sociedad occidental.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cambiado-paris-primeros-juegos-olimpicos-novela-decada_1_11554956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jul 2024 09:00:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo ha cambiado París desde sus primeros Juegos Olímpicos: una novela para cada década]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Juegos Olímpicos París 2024,París]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Las cosas que aprendí de grande", un capítulo del nuevo libro de Rodrigo Manigot]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/pantalla-negro-capitulo-nuevo-libro-rodrigo-manigot_1_11553930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a68a8fdd-cf05-43b4-9360-217798a552f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Las cosas que aprendí de grande&quot;, un capítulo del nuevo libro de Rodrigo Manigot"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rodrigo Manigot, escritor y cantante de la banda Ella es tan cargosa, acaba de publicar su tercer libro, "Las cosas que aprendí de grande". Editado por Crujía, la obra retrata su tránsito de lector a escritor y es, también, un inventario de sus temores e inseguridades. Una travesía signada por la presencia y la guía de autores como Onetti, Faulkner, Proust, Alicia Dujovne Ortiz, Lucia Berlin, Karl Ove Knausgard, Emmanuel Carrere, Fabián Casas y muchos más. Aquí compartimos un capítulo. </p></div><h2 class="article-text">Pantalla en negro</h2><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; libro Henry Miller escribi&oacute; que el d&iacute;a en que la maestra dice a la clase que hubo una redacci&oacute;n que le gust&oacute;, separa una hoja del pil&oacute;n y pronuncia nuestro nombre y apellido, sella nuestro destino de escritor? &iquest;D&oacute;nde lo dijo? Es incre&iacute;ble. Hace a&ntilde;os quiero encontrar ese p&aacute;rrafo y todav&iacute;a no pude ubicarlo. &iquest;Lo so&ntilde;&eacute;? El mismo Miller tambi&eacute;n dijo en alguna de esas cinco novelas, que no s&eacute; por qu&eacute; en su momento no subray&eacute;, la trilog&iacute;a Nexus, Sexus y Plexus, y los dos Tr&oacute;picos, que de un libro, por m&aacute;s p&aacute;ginas que tenga, al final retenemos como mucho tres o cuatro ideas. Y no m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ya me acord&eacute; por qu&eacute; no subrayaba los libros: Julio Quintas, un baterista que tocaba conmigo en los noventa, buen lector, cuando vio mi Rayuela de Cort&aacute;zar toda manchada con un marcador fl&uacute;or me mir&oacute; a los ojos: Animal, los libros no se marcan.
    </p><p class="article-text">
        Proust, otro autor que le&iacute; con devoci&oacute;n en esos a&ntilde;os, escribi&oacute; en un ensayo que no forma parte de En busca del tiempo perdido que cuando cerramos un libro, los personajes y la trama se disuelven, quedan entre las p&aacute;ginas; pero nunca olvidamos el momento ni el lugar en que lo le&iacute;mos. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces: s&eacute; cuando y donde le&iacute; eso de Miller que me dio en el centro: en mi departamento de la calle Pringles, en Barrio Aeron&aacute;utico, Ituzaing&oacute;, a&ntilde;o 1997. Estaba de ma&ntilde;ana en mi cuarto, leyendo en la cama con la persiana apenas levantada, y qued&eacute; con la vista congelada. Miller me hab&iacute;a llevado a la tarde en que la maestra de quinto grado de la escuela 75, Liliana, una mujer joven y muy dulce, de pelo lacio casta&ntilde;o y anteojos con mucho aumento, de cristales verdosos, dijo: Voy a leerles una redacci&oacute;n que me encant&oacute;, y ley&oacute; Cardozo. 
    </p><p class="article-text">
        Cardozo era un relato m&iacute;o inspirado en algo que contaron mis t&iacute;os Leandro y Ana. Hab&iacute;an sentido ruidos en el jard&iacute;n y llamaron a la polic&iacute;a. Entraron dos canas. El de mayor rango daba las &oacute;rdenes en voz alta en la galer&iacute;a mientras el otro mov&iacute;a su linterna en la oscuridad. Mi t&iacute;a, desde la ventana en el primer piso, se acord&oacute; de un dato importante: pidi&oacute; que tuvieran cuidado, que estaban cavando una zanja en el fondo. Entonces el oficial grit&oacute;: &iexcl;Cardozo, tenga cuidado con la zanja! Y enseguida Ana se acord&oacute; de que en la casa de al lado hab&iacute;a un le&oacute;n. Le avis&oacute; al polic&iacute;a, que pregunt&oacute;: &iquest;Un le&oacute;n?, y se rio y grit&oacute;: &iexcl;Oficial Cardozo, dicen que ande con cuidado, que parece que hay un le&oacute;n! &iexcl;Guarda con el le&oacute;n, Cardozo! 
    </p><p class="article-text">
        Entonces, en medio de la noche, se oy&oacute; un rugido monstruoso: los polic&iacute;as corrieron a la calle. Al lado viv&iacute;a el due&ntilde;o del circo Real Madrid. 
    </p><p class="article-text">
        En la ma&ntilde;ana fr&iacute;a de 1997 volv&iacute;a a ver la luz en el aula construida a un costado del patio, un chorro blanco y oblicuo que resplandec&iacute;a y nos lastimaba los ojos, volv&iacute;an las risas de la clase, me vi cabizbajo en mi pupitre recibiendo las miradas de mis compa&ntilde;eros. Sent&iacute; que Miller me dec&iacute;a en voz baja: dale, largate a escribir. 
    </p><p class="article-text">
        Yo solo me animaba a las letras de canciones. Me hab&iacute;a especializado en encastrar palabras a las melod&iacute;as que compon&iacute;a en un ingl&eacute;s fon&eacute;tico, aproximado. Subrayaba frases en libros y las usaba de disparadores. O me las robaba. Una tarde, mi amigo Ale Knobel, compa&ntilde;ero de la banda Los Mareados, cuando le mostr&eacute; un tema nuevo y cant&eacute; la frase: Pensar que and&aacute;bamos tan cerca entonces/ como barcos en la noche/ que se cruzan sin saber, me fren&oacute;: &iexcl;Ladr&oacute;n, eso es de Carlos Fuentes! Me re&iacute; y dej&eacute; de cantar. Al final, los dos est&aacute;bamos equivocados: en la novela Diana o la cazadora solitaria, el protagonista citaba ese verso, que en verdad era de Pessoa. 
    </p><p class="article-text">
        En esos a&ntilde;os del Barrio Aeron&aacute;utico, adem&aacute;s de Miller leer&iacute;a la poes&iacute;a de Octavio Paz y todos los libros de Garc&iacute;a M&aacute;rquez y de Carlos Fuentes, la literatura de Cort&aacute;zar y de Borges y despu&eacute;s pasar&iacute;a a Onetti, Arlt, Rulfo, Pizarnik, Olga Orozco, Juan Jos&eacute; Saer, Faulkner, Proust. Pero a&uacute;n no me hab&iacute;a dado por escribir. O peor: quer&iacute;a escribir pero, sin melod&iacute;as de fondo, la hoja en blanco se ensanchaba y me paralizaba. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos s&aacute;bados sacaba hojas de una resma y me iba a lo de mi abuela Beba. Despu&eacute;s de cenar, destapaba lo que quedaba del Valderrobles del almuerzo familiar, prend&iacute;a la luz del living y me sentaba con mi Pilot negra. Era una puesta en escena. Lo de Beba quedaba en la calle principal de Castelar, a cuadras de la estaci&oacute;n. La gente que pasaba caminando pod&iacute;a mirar hacia adentro y verme encorvado garabateando en soledad, concentrado frente a una hoja. Nunca me sali&oacute; nada. Es m&aacute;s: escuchaba voces de chicas que se acercaban por la vereda y me arrimaba a la ventana. Me acurrucaba en el sof&aacute; Luis XV y espiaba de reojo por los agujeritos redondos del respaldo. 
    </p><p class="article-text">
        Algo parecido hac&iacute;a los viernes en Tarz&aacute;n. Eleg&iacute;a la mesa que daba al t&uacute;nel, me ped&iacute;a una Quilmes bock y trataba de escribir. Pero a los pocos vasos me dispersaba; al litro me atontaba. La ventana era un observatorio: de la boca del t&uacute;nel sal&iacute;an decenas de personas. Me distra&iacute;a mirando y trataba de detectar en la muchedumbre alguna chica conocida.
    </p><p class="article-text">
        Aquel p&aacute;rrafo de Miller me anim&oacute; a escribir. 
    </p><p class="article-text">
        Solo que el fantasma de la hoja en blanco pas&oacute; a ser el fantasma de la pantalla en negro. Mi prima Sole me hab&iacute;a regalado una notebook que no andaba, y que nunca mand&eacute; a reparar. Me despertaba y preparaba el mate, me sentaba en el escritorio de mimbre, prend&iacute;a la luz de la l&aacute;mpara de pie. Abr&iacute;a la computadora y tocaba todos los botones. Me quedaba un rato largo frente al rect&aacute;ngulo negro, tomando un mate tras otro, esperando el milagro.&nbsp;
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                Las cosas que empecé de grande, el nuevo libro de Rodrigo Manigot                            </span>
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        <em>DM</em>
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      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Manigot]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/pantalla-negro-capitulo-nuevo-libro-rodrigo-manigot_1_11553930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jul 2024 21:59:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Las cosas que aprendí de grande", un capítulo del nuevo libro de Rodrigo Manigot]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Libros,Rodrigo Manigot]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Turco Asís, vida y obra del primer influencer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/turco-asis-vida-obra-primer-influencer_1_11504473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50862fb0-e0dd-4338-8c38-8884e9893548_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Turco Asís, vida y obra del primer influencer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los periodistas Pablo Perantuono y Fernando Soriano acaban de publicar "Turco, vida obra y secretos de Jorge Cayetano Asís", editado por Planeta. Aquí, un adelanto del Capítulo II, Las luces se encienden.</p></div><p class="article-text">
        Para terminar de hacer de ese 1970 un a&ntilde;o crucial e inolvidable en la vida de todos, el Turco y Mirta se casan. El noviazgo dur&oacute; menos seis meses, per&iacute;odo en el cual el aspirante a escritor debi&oacute; presentarse en el hogar del barrio de Floresta de la familia Hortas para pedir la mano de la hija. Mirta tiene 19 a&ntilde;os, necesita el consentimiento de sus padres. La tarea no es nada f&aacute;cil. Para don Hortas, que trabaja en el cementerio de la Chacarita como jefe de una secci&oacute;n, el Turco no parece el candidato ideal. Su tono juguet&oacute;n, su trabajo como vendedor, su familia disfuncional, sus veleidades de artista existencial conforman un perfil que no era el imaginado por ese matrimonio de clase media de Capital. La madre de Mirta, Mar&iacute;a Luisa, suele repetirle: &ldquo;Con la poes&iacute;a no se va al supermercado&rdquo;. Est&aacute; disconforme. Aspiraba a tener un yerno profesional.
    </p><p class="article-text">
        En la casa de Puertos de Palos se produce el efecto contrario. Yiya y Marta adoran a Mirta de forma instant&aacute;nea, y congenian de inmediato. La belleza <em>alla</em> Grace Kelly y la amabilidad de la novia de Jorge desarman los pocos reparos que pod&iacute;a presentar su madre. In situ, Mirta puede ver que Jorgito es la debilidad de las mujeres de la casa, el objeto de sus desvelos. Le cocinan lo que &eacute;l quiere, se r&iacute;en con sus chistes, les parece un gal&aacute;n, un loco. Como ambas tienen &ldquo;v&iacute;nculos&rdquo; con lo esot&eacute;rico lo vaticinan triunfante, encumbrado, importante. Est&aacute;n encantadas con el casamiento que se avecina.&nbsp;
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                    alt="&quot;Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano Asís&quot;, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, salió por Planeta."
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            <span class="title">
                &quot;Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano Asís&quot;, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, salió por Planeta.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Fue una ceremonia muy simple, en Devoto, solo por civil. Cero tradici&oacute;n: me cas&eacute; en minifalda y botas. S&iacute; segu&iacute; eso de que ten&iacute;a que llevar algo prestado y algo nuevo, todo eso s&iacute;. Mi abuela paterna ten&iacute;a una casa muy grande ah&iacute; en Devoto, mis recuerdos de infancia eran en esa casa. Y nos casamos ah&iacute;, algo peque&ntilde;o, para cumplir con la familia. Nuestros testigos de boda fueron Lucila &Aacute;lvarez y Oscar Barros, que eran muy amigos nuestros&rdquo;. (Mirta Hortas)
    </p><p class="article-text">
        Con la plata que recauda con la venta del libro el Turco paga la luna de miel en Villa Gesell. La pareja viaja en un micro de la empresa R&iacute;o de la Plata que sale desde Once. A la terminal los van a despedir todos los compa&ntilde;eros del taller. Algunos de ellos no fueron invitados a la fiesta.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Don Hortas lo ve llegar a Claudio Polosecki, que tiene 18 a&ntilde;os pero parece de 14 porque adem&aacute;s de bajito tiene cara ani&ntilde;ada, le pregunta:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y vos qui&eacute;n sos?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;El hijo del Turco.
    </p><p class="article-text">
        El chiste no cae bien, aunque es justo decir que no se interpreta como chiste, porque las sospechas sobre alguna vida pasada u oculta del Turco crepitan sobre la familia Hortas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Turco empieza a dar que hablar, al menos dentro de la orga y del partido. En abril de 1971 la revista Prop&oacute;sitos, fundada y dirigida por el ensayista Le&oacute;nidas Barletta, af&iacute;n al PC, le hace un reportaje. El medio guarda a&uacute;n cierto prestigio por haber publicado en diciembre de 1956 la versi&oacute;n preliminar de lo que luego conformar&iacute;a &ldquo;Operaci&oacute;n Masacre&rdquo;, de Rodolfo Walsh. Algunas definiciones del Turco en la nota no tienen desperdicio:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gran poes&iacute;a (joven e inmortal) indefectiblemente tiene que ser revolucionaria&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que identifica a la poes&iacute;a que ustedes hacen?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La revoluci&oacute;n.&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se sabe que hay dos culturas, la oficial, burguesa, nuevaolesca, de teleteatro y camelo, y la otra, la anticipadora, la verdadera. El deber es luchar por la segunda, y si no, es preferible que nos dediquemos a la o&ntilde;icofagia o a la ortodoncia o que nos bajemos los pantalones en la redacci&oacute;n de una revista al servicio de la cultura oficial, o a hacer guita o estupideces para el se&ntilde;or Romay y para todos los Romays del planeta&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al barrio vuelve poco. A Tito, a Jorge (Fuentes) y al resto de los muchachos los deja de ver por un tiempo largo, pero regresa victorioso con &ldquo;Se&ntilde;orita vida&rdquo; y les regala un ejemplar a cada uno, con dedicatoria incluida. A Roberto Lopreiato, en cambio, se lo cruza cada tanto porque es amigo de Juan Carlos Morelli, su cu&ntilde;ado, pareja de su hermana Marta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras, sigue aceitando su <em>speach</em> para la venta. Profesional de la palabra, uno de los ganchos verbales que m&aacute;s utiliza es, tras tocar la puerta de las casas, decir: &ldquo;Se&ntilde;ora, m&aacute;s vale perder un minuto de la vida, que la vida en un minuto&rdquo;, con una ancha sonrisa de dientes blanqu&iacute;simos que contrastan armoniosamente con tu tez tostada. &ldquo;Perm&iacute;tame que le muestre lo que hoy tengo&hellip;&rdquo; Otro infalible es: &ldquo;Se&ntilde;ora, usted sabe que perd&iacute; a mi abuela, pero sus ojos me hacen acordar a ella. &iquest;Me escucha un momento?&rdquo;. Su socio, el polaco, que hasta no hace mucho era una fuente de inspiraci&oacute;n, alguien a quien emular, se sorprende al observar el enriquecimiento -la incorporaci&oacute;n de vocabulario, la articulaci&oacute;n- que tiene el Turco en su lenguaje. Juntos emprenden un pu&ntilde;ado de viajes al interior de Santa F&eacute;, en busca de nuevas aventuras y clientelas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jorge cavila c&oacute;mo continuar, cree que la literatura puede darle algo signficativo, algo que le permita abandonar para siempre la incertidumbre de la venta, conseguir notoriedad, incluso fama. Piensa dos cosas: que si agot&oacute; la tirada de &ldquo;Se&ntilde;orita vida&rdquo; tambi&eacute;n puede vender bien lo pr&oacute;ximo que edite, que no sabe qu&eacute; es, pero que algo ser&aacute;. Lo otro que cree -se convence- es que no tiene que insistir con la poes&iacute;a pero tampoco tiene que hallar un gran h&eacute;roe rom&aacute;ntico como protagonista de sus ficciones: inoculado de esp&iacute;ritu arltiano, tiene que escribir sobre la calle, sobre su padre, su origen, su barrio, la enorme constelaci&oacute;n de buscavidas, rufianes y perdedores que ha conocido en sus excursiones por el conurbano profundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabe que &ldquo;Quiero retruco&rdquo;, con algunos ajustes, es un texto publicable. Se lo dijo Marta Lynch, ni m&aacute;s ni menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces se lanza a narrar. Lo hace con desesperaci&oacute;n, de forma torrencial, de lunes a lunes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribe un relato largo en tono par&oacute;dico sobre los prejuicios y aprensiones de la burgues&iacute;a nativa para con el PC. Le pone de t&iacute;tulo &ldquo;De c&oacute;mo los comunistas se comen a los ni&ntilde;os&rdquo;, hip&eacute;rbole tomada del mito que aseguraba que, durante los a&ntilde;os m&aacute;s duros del estalinismo, los b&aacute;rbaros y salvajes camaradas sovi&eacute;ticos com&iacute;an chicos y animales. Piensa reunirlo con otros relatos, pero finalmente toma forma solo y se erige en una suerte de opus, que deja en gateras. Lo lee en el taller y a sus compa&ntilde;eros les encanta, se r&iacute;en, sobre todo le gusta a Carlos Marcucci, un porte&ntilde;o simp&aacute;tico y entrador vinculado a la publicidad que se integr&oacute; hace poco.
    </p><p class="article-text">
        Arranca con una novela que ser&aacute; olvidable y olvidada. Le pone de t&iacute;tulo &ldquo;Cuidado al cruzar la calle&rdquo; y est&aacute; influenciada por el humor de Cuzzani. En simult&aacute;neo, se lanza a escribir otra, de largo aliento, pretenciosa. Todav&iacute;a no tiene nombre, pero versa sobre su cuadra, su inefable padre, sus amigos, todo el desbordante pintorequismo de Dom&iacute;nico, todo el grotesco que, hasta no hace mucho, &eacute;l no distingu&iacute;a o no reconoc&iacute;a como tal, pero que a partir de descubrir el cine de Fellini se percata de que con el exceso y con lo cotidiano tambi&eacute;n se puede hacer literatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la novela incluye aquel episodio en el que su padre sali&oacute; a festejar por la calle Puerto de Palos el bombardeo a la Plaza de Mayo del 55. Lo relata sin piedad, con la convicci&oacute;n de que la desproporcionada y teatral actitud de Za&iacute;n sumada a la exaltaci&oacute;n social de aquel d&iacute;a y la posterior agresi&oacute;n a las paredes de su casa son sucesos que, condensados, lo pueden ayudar a redondear un clima y hasta conjeturar un estilo, entre socarr&oacute;n y brutal. Dir&aacute;n que es realismo, y que pertenece a la tradici&oacute;n de la picaresca local, pero para eso falta. Intuye que tiene un don para adjetivar con gracia, lo hace de una forma oblicua, original. Es algo que har&aacute; desde entonces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El texto arranca as&iacute;:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El 16 de septiembre de 1955, mientras llegaban hasta Villa Dom&iacute;nico los ecos de potentes bombazos que aviones militares arrojaban sobre el desguarnecido centro de la ciudad, mi padre, don Abdel Zalim, definitivamente convencido del meritorio triunfo de las fuerzas libertadora, sali&oacute; al medio de la calle Puertos de Palos, en pantal&oacute;n pijama, camiseta musculosa y chancletas musicales, para disponerse muy categ&oacute;rico y ostentoso a gritar:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Viva la libertad! &iexcl;Viva la libertad!&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        En otro cap&iacute;tulo se refiere a los &uacute;ltimos d&iacute;as de su abuelo materno, &ldquo;Abuelo Salvador&rdquo;. Es un relato en el que late una tristeza abrumadora: no hay picaresca, mucho menos cinismo; es de un costumbrismo l&uacute;gubre y conmovedor que no se repetir&aacute; en toda su bibliograf&iacute;a. Un homenaje crepuscular al amor que se prodigaron sus abuelos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su flamante matrimonio, que como toda nueva aventura atraviesa un inolvidable per&iacute;odo de esplendor, le permite tener en Mirta, cada vez m&aacute;s formada en la materia, a una primera lectora sagaz y generosa.
    </p><p class="article-text">
        El Turco produce ocho cap&iacute;tulos m&aacute;s, entre ellos el que le dar&aacute; t&iacute;tulo al libro, &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo;. Es el m&aacute;s largo de toda esa obra y describe los preparativos de una marcha del PC en el microcentro a la que Rodolfo, protagonista e indiscutible alter ego, y sus amigos-camaradas planean ir. Se respira tensi&oacute;n y expectativa, y comienza a colarse un tono provocador que se advierte en su inclinaci&oacute;n por hacer dialogar, en todo momento, los sue&ntilde;os e ideales supremos -la revoluci&oacute;n, la certidumbre en el hombre nuevo, el compromiso dogm&aacute;tico- con lo mundano, con ir al ba&ntilde;o, llenarse de miedo, levantarse minas por la calle o tener dudas sobre el sentido de eso que anhelan. Ser&aacute; ese af&aacute;n por relativizar la solemnidad o la determinaci&oacute;n de las grandes causas, siempre desde el lado del absurdo, lo procaz o la sorna, una de las aristas m&aacute;s notables del estilo As&iacute;s. Tambi&eacute;n ser&aacute; un m&eacute;todo de defensa, su escudo para huir y fingir, para no tomarse nada muy en serio. El texto incomodar&aacute;, no ser&aacute; bien recibido entre las huestes del partido.
    </p><p class="article-text">
        Escribe en &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Persigui&oacute; una sirvienta durante tres cuadras aproximadamente, sin disimular, hasta que se la levant&oacute;. Es un cuco, Daniel. Qued&oacute; en verla esa noche y todo, sabiendo que no pod&iacute;a ir, que ten&iacute;a que presenciar el debut de Daniel. Puntal, eh, no seas cagueta, a las siete, tu debut teatral. Camin&oacute; una cuadra con la sierva, nada menos que por Azcu&eacute;naga, &eacute;l quer&iacute;a tomarla de la mano, los diente picados, Daniel, jugosos, marrones, el vestido sucio, grasa, arrugado, con manchas de grasa, los zapatos con un z&oacute;calo de barro, Daniel, pero tiene unas tetas impresionantes parecen dos pomelos de Dolores. Le dio un beso en la mejilla al despedirla, tiene olor a negro, Daniel, a cabecita, a argentino, a pueblo, Daniel, ella tiene olor a pueblo, te da bronca, &iquest;no?, a m&iacute; no, a m&iacute; s&iacute; que me da much&iacute;sima bronca, no puedo neg&aacute;rtelo, tienen olor las siervas, viste, &iquest;la muchacha de tu casa no tiene?, las muchachas de casi todos nuestros amigos intelectuales tienen olor.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el cuento, el alter ego de As&iacute;s, Zalim, se dirige todo el tiempo a un interlocutor, Daniel, que no es otro que Daniel Freidemberg, compa&ntilde;ero del taller y de militancia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando tiene terminadas las dos novelas llega a una conclusi&oacute;n: si quiere ser publicado tiene que salir a buscar editorial porque nadie va a ir a su encuentro. En el Instituto Argentino de Ciencias (IAC) se entera que en el Centro Editor de Am&eacute;rica Latina (CEAL) un joven editor arm&oacute; una colecci&oacute;n que se llama Narradores de hoy. Se trata de Luis Gregorich, cr&iacute;tico y ensayista que milita en la juventud radical. Se aparece en su oficina y le deja el manuscrito de &ldquo;Cuidado al cruzar la calle&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A la semana Gregorich me llama y me dice: &rsquo;Esta novela no la voy a publicar. Pero me interesa mucho el autor. Si tiene otra cosa, estoy dispuesto a seguir leyendo&rsquo;. Sal&iacute; corriendo a casa, despedac&eacute; la otra novela que ten&iacute;a, la divide en cap&iacute;tulo y con eso arm&eacute; La manifestaci&oacute;n. Se la llev&eacute;, y a las tres semanas estaba publicado masivamente. En aquel tiempo yo ten&iacute;a la ambici&oacute;n de escribir una novela de setecientas, ochocientas p&aacute;ginas, un atropello a los derechos humanos&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        A partir de entonces, Gregorich ser&aacute; un incondicional suyo, su primer ap&oacute;logo. A As&iacute;s se le abren de par en par las puertas del destino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de avanzar con el CEAL -o en simult&aacute;neo a eso-, Marcucci, el nuevo compa&ntilde;ero simp&aacute;tico, le dice que quiere publicar &ldquo;De c&oacute;mo los comunistas&hellip;&rdquo;. Una tirada chica, financiada por &eacute;l y su flamante editorial. El Turco acepta, contento. El libro sale, tiene solo 50 p&aacute;ginas y en su bibliograf&iacute;a ser&aacute; un detalle menor. Lo m&aacute;s excitante se produce en la presentaci&oacute;n, a la que asisten todos sus compa&ntilde;eros de taller y en la que su amigo Jorge Aulicino lee un texto tambi&eacute;n par&oacute;dico donde no se priva, incluso, de &ldquo;gastarlo&rdquo; al Turco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Jorge Asis &mdash;lo s&eacute; porque me lo ha confesado con su habitual humildad, tan caracter&iacute;stica de los &aacute;rabes, de los cuales desciende&mdash; ha visto todo lo que narra y a causa de eso ha sido v&iacute;ctima de las m&aacute;s denigrantes persecuciones y campa&ntilde;as de hostigamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Luego otro integrante del taller, el m&uacute;sico Javier Zentner, interpreta un tema compuesto por &eacute;l y por Marcelo Cohen -ambos eran muy amigos desde los tiempos del centro de estudiantes del Nacional Buenos Aires-, &ldquo;Gato del Gheto&rdquo;. Tras los aplausos, pasa al &ldquo;escenario&rdquo; un flaco alto y morocho, con un impreciso soplo entre simp&aacute;tico y existencial. Sube con su guitarra, con la que toca la chacarera &ldquo;La r&aacute;pida&rdquo;. Le sigue un vals delicioso: &ldquo;El fantasma de Belgrano&rdquo;. El artista espigado se llama Alejandro Dolina, y adem&aacute;s de desarrollar una brillante carrera entre la literatura y la radio, ser&aacute; socio musical de Zentner en m&aacute;s de una composici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La muchachada del taller no para. Son j&oacute;venes, osados, quieren ser rebeldes, tratan de ser transgresores. Las presentaciones o eventos se combinan con &ldquo;acciones&rdquo; o peque&ntilde;os intervenciones que tienen algo de &ldquo;non sense&rdquo;, de humor absurdo. El 26 de noviembre, por caso, se celebra en el Luna Park un gran acto de la izquierda llamado &ldquo;Encuentro Nacional de los Argentinos&rdquo;. Asisten, como espectadores, As&iacute;s, Zentner y Aulicino. Hablan una docena de oradores (Lucio Luna, Orlando Furlani, Guillermo Frugoni Rey, Julio A. Ferrarotti, etc) pero a ellos, a los tres amigos talleristas, se les ocurre desplegar una suerte de ins&oacute;lito fanatismo visceral por Jes&uacute;s Porto, un dirigente comunista que, a excepci&oacute;n de la afinidad ideol&oacute;gica, nada ten&iacute;a que ver con ellos. &ldquo;Decidimos que el &iacute;dolo nuestro ser&iacute;a el personaje m&aacute;s burlable de todos&rdquo;, recordar&aacute; Zentner. No pararon de vivar por &eacute;l, de aplaudirlo, de alentarlo como si se tratara de la reencarnaci&oacute;n de Guevara. A su alrededor, los camaradas los miraban asombrados ante esas desmesuradas y sorpresivas imprecaciones de amor pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El CEAL, o sea Greogrich, publica &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo; en diciembre de 1971. Tiene 134 p&aacute;ginas y son 11 cuentos. En la tapa hay una ilustraci&oacute;n de una taza con un l&iacute;quido rojo del que emerge, como parte del mismo contenido, una figura informe y humana que ondea una bandera roja. Representa, de manera inconfundible, un militante de la revoluci&oacute;n. El libro vende bien y se reedita de inmediato. En total, vende 20 mil ejemplares, y tiene buenas cr&iacute;ticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo mes, sus amigos-compa&ntilde;eros concretan un viejo anhelo del taller: editar una revista literaria. Entre todos -aunque la participaci&oacute;n del Turco es menor- juntan dinero y fundan El juguete rabioso, de inconfundibles rasgos arltianos. Cohen, Freidemberg, Aulicino, Irene Gruss, Polito y Mirta son quienes m&aacute;s se ocupan. En sus 20 p&aacute;ginas incluyen un breve ensayo de Mario Jorge de Lellis sobre, justamente, Roberto Arlt. Tambi&eacute;n un reportaje a Abelardo Castillo, que en ese momento dirige la revista El escarabajo de oro, en el que responde a una sola pregunta, que sintetiza el esp&iacute;ritu de la revista: &ldquo;&iquest;Es posible una cultura revolucionaria?&rdquo;. Adem&aacute;s, incluyen un cuento de Mirta, &ldquo;Los huesos del reloj&rdquo;. La autora es presentada de este modo: &ldquo;Cuentista. S&oacute;lo public&oacute;, hasta hoy, en revistas y suplementos literarios. Integra el Taller de Escritores &rdquo;Mario J. de Lellis&ldquo;. Tiene veinti&uacute;n a&ntilde;os y una m&aacute;gica capacidad de rescatar la intimidad, la ternura y a&uacute;n la dolorida poes&iacute;a de Buenos Aires, de sus trajinados tr&aacute;gicos personajes.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En una p&aacute;gina a la que llaman Puchero vuelcan una serie de definiciones y frases ingeniosas. Una es la que les dice Ra&uacute;l Gonz&aacute;lez Tu&ntilde;&oacute;n: &ldquo;El juguete rabioso es un buen nombre para una revista literaria y para un conjunto beat&rdquo;. Debajo, una del Turco: &ldquo;Yo, el Ulises, ni a Joyce le creo que lo haya le&iacute;do todo&rdquo;. Y otra de Rub&eacute;n Reches: &ldquo;A mi la infinitud del universo no me asusta. Dejenl&aacute; que venga que la cago a patadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Turco sigue, el Turco no se detiene. Su abanico de conocidos notables no para de ampliarse. Gracias a su empleo en el Instituto Argentino de Ciencias (IAC) conoce a m&aacute;s autores, todos talentosos, todos con obra y reconocimiento. All&iacute; se cruza con Haroldo Conti, con quien en poco tiempo establece una amistad que ser&aacute; profunda. Haroldo tambi&eacute;n cae seducido por ese poeta plebeyo, simp&aacute;tico, potente y lenguaraz. El Turco le cuenta que milita en el PC, que fund&oacute; un taller literario con algunos compa&ntilde;eros, que ya public&oacute; un libro de poes&iacute;a y que acaba de editar dos m&aacute;s. A Conti le cae en gracia su desfachatez, su humor &aacute;cido, su intr&eacute;pida y heterog&eacute;nea vitalidad: &ldquo;Turco, vos vas a ser capaz de hacer de todo&rdquo;, lo elogia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Haroldo, por entonces, ocupa un lugar destacado en la literatura vern&aacute;cula. Public&oacute; las novelas &ldquo;Sudeste&rdquo; y &ldquo;Alrededor de la jaula&rdquo; y ese a&ntilde;o confirma su categor&iacute;a con &ldquo;En vida&rdquo;, novela por la que obtiene el premio Barral. Conti es amigo de otros titanes del rubro, Rodolfo Walsh y Paco Urondo. Pronto los tres abrazar&aacute;n el compromiso revolucionario.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conoce a un muchachito pint&oacute;n, con algunos gustos exc&eacute;ntricos, aires intelectuales y humor socarr&oacute;n. Se llama Jorge Telerman, es diez a&ntilde;os menor y, por invitaci&oacute;n suya, empieza a concurrir al taller. Ser&aacute; un personaje de la novela &ldquo;Los reventados&rdquo;, pero para eso falta. Telerman vive en Caballito. Es atildado, algo Don Juan, calza suecos, viste bien. Le llaman la atenci&oacute;n las poleras de Jorge y el coraz&oacute;n rojo que usa como colgante. &ldquo;Nuestra afinidad vino del lado del gusto por las mujeres y por la heterodoxia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para la &eacute;poca que se hacen amigos, el grupo del De Lellis cambia de escenario de tertulias post taller: se mudan de La Cubana a El Foro, que queda en la calle Montevideo. El del Foro es un ambiente m&aacute;s ecl&eacute;ctico, hay actores de teatro, psic&oacute;logos, artistas, tangueros. Una noche, un tipo de unos 70 a&ntilde;os elegante y severo les pregunta a qu&eacute; se dedican. Le cuentan. &ldquo;Ah&hellip; yo tambi&eacute;n soy poeta&rdquo;, responde. &ldquo;Escrib&iacute; un tango que se llama Nieblas del Riachuelo&hellip;&rdquo;. Era Enrique Cad&iacute;camo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En enero de 1972 se produce su bautismo en las grandes ligas de la cr&iacute;tica. &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo; da que hablar. Dentro del PC, algunos lo elogien pero otros se ofenden con su estilo burl&oacute;n. Se impone la segunda moci&oacute;n, y en una revista partidaria lo acusan de ser un infiltrado, un posible agente de la CIA.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;!A los dos meses ten&iacute;a enemigos&iexcl; !Ten&iacute;a cr&iacute;ticos! !Qu&eacute; maravilla&hellip;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El suplemento literario de Clar&iacute;n publica una rese&ntilde;a de libro. La firma Ubaldo Nicchi y la incluye en una secci&oacute;n dedicada a novedades de autores j&oacute;venes. Analiza Nicchi: &ldquo;Jorge As&iacute;s, con La Manifestaci&oacute;n, tambi&eacute;n se coloca en la vanguardia de nuestros nuevos autores. (&hellip;) Se trata de una colecci&oacute;n de cuentos de factura madura, de tem&aacute;tica definida y clara. (&hellip;) As&iacute;s puede utilizar varios registros tem&aacute;ticos y estil&iacute;sticos y desenvolverse con eficacia. Quiz&aacute; la reiteraci&oacute;n de un lenguaje cargado de los consabidos tics y ma&ntilde;as del habla porte&ntilde;a a los largo de los once cuentos puede volverse mon&oacute;tona.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        A los pocos d&iacute;as sale publicada otra cr&iacute;tica, esta vez en La Opini&oacute;n, el diario fundando por Jacobo Timerman, de menor tirada a la de Clar&iacute;n pero plagado de grandes firmas, influyente, prestigioso. Ls rese&ntilde;a lleva la firma nada menos que de Francisco Paco Urondo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el comienzo de su texto, Urondo reproduce el amargo comienzo del cuento &ldquo;Quiero retruco&rdquo;, para de inmediato acotar: &ldquo;El pensamiento que alienta este p&aacute;rrafo, seguramente no resiste el menor conato de cr&iacute;tica; sin embargo, a pesar de su grueso individualismo, describe o presenta una realidad que, al quedar as&iacute; expuesta, se torna vulnerable. (&hellip;) Lo que importa a lo largo de estos once relatos que integran La Manifestaci&oacute;n es la sinceridad del autor que, en los momentos de humor o alegr&iacute;a, llega a ser hermosamente desfachatado. Su sinceridad interesa no como valor &eacute;tico, sino como valor literario: como solvencia en el uso de la palabra&rdquo;, asegura Urondo, para concluir que &ldquo;esta picaresca no se empa&ntilde;a con los traspi&eacute;s narrativos que el libro tambi&eacute;n exhibe&rdquo;. Sin ambages, el t&iacute;tulo del art&iacute;culo saluda su llegada y sintetiza lo que &eacute;l Turco viene a inyectar: &ldquo;Jorge As&iacute;s recupera una tem&aacute;tica olvidada por la nueva literatura&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mismo diario, en la secci&oacute;n Espect&aacute;culos, una publicidad anuncia el estreno de la &uacute;ltima pel&iacute;cula del director estadounidense Robert Mulligan. Se llama En busca de la felicidad, t&iacute;tulo inspirado en La Conquista de la felicidad, de Bertrand Russell, primer libro que el Turco ley&oacute; en su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El destino parece hacerle un gui&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese a&ntilde;o, 1972, ser&aacute; decisivo en varios aspectos, pero sobre todo en uno seminal: su definitivo ajuste de cuentas con el hombre que m&aacute;s admir&oacute; y despreci&oacute; en toda su vida: Jorge Za&iacute;n, el inefable burlador de Dom&iacute;nico. Su padre.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono y Fernando Soriano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/turco-asis-vida-obra-primer-influencer_1_11504473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2024 03:01:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Turco Asís, vida y obra del primer influencer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Asís,Lecturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libros de julio: Lydia Davis, María Negroni, la vida de Asís y varios títulos sobre la figura de Perón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-julio-lydia-davis-maria-negroni-vida-asis-titulos-figura-peron_1_11492201.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26b299c7-03e6-4be3-ac36-d6f16becdd43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros de julio: Lydia Davis, María Negroni, la vida de Asís y varios títulos sobre la figura de Perón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mes, repleto de títulos nuevos, llegó con novedades editoriales muy diversas. De qué se tratan y qué sellos los publicaron.</p></div><p class="article-text">
        Con varios t&iacute;tulos dedicados a la figura de <strong>Juan Domingo Per&oacute;n</strong>, porque se cumplieron 50 a&ntilde;os de su muerte, autores consagrados, t&iacute;tulos dedicados a la pol&iacute;tica internacional y al ensayo, <strong>las novedades editoriales de julio traen algunas sorpresas</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, un repaso por algunos de los libros m&aacute;s destacados que llegar&aacute;n a las librer&iacute;as a lo largo de julio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. </strong><em><strong>Esa gente que no conocemos</strong></em><strong>, de Lydia Davis. </strong>A diez a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de <em>Ni puedo ni quiero</em>, llega <em>Esa gente que no conocemos</em>, el nuevo y esperado libro de relatos de la escritora, ensayista y traductora estadounidense <strong>Lydia Davis</strong>, traducido por <strong>Eleonora Gonz&aacute;lez Capria</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En cada una de las ciento cuarenta y cuatro entradas que componen el libro &ndash;algunas de apenas unos renglones, otras de varias p&aacute;ginas&ndash; Lydia Davis vuelve a demostrar su maestr&iacute;a para transformar lo cotidiano en fascinante. Cartas, sue&ntilde;os, viajes, listas, escenas conyugales: esta nueva colecci&oacute;n de textos confirma la potencia del estilo de una escritora que se ha vuelto un referente ineludible de la literatura contempor&aacute;nea&rdquo;, adelantaron desde Eterna Cadencia Editora en un comunicado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &quot;Esa gente que no conocemos&quot;, lo nuevo de Lydia Davis.                            </span>
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        <em><strong>Esa gente que no conocemos</strong></em><strong>, de Lydia Davis, sali&oacute; por Eterna Cadencia Editora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. </strong><em><strong>Cartas extraordinarias</strong></em><strong>, de Mar&iacute;a Negroni. </strong>Este libro se presenta, seg&uacute;n sus editores, como un<strong> </strong>homenaje y un juego con los libros, personajes, autores y autoras de las m&iacute;tica colecci&oacute;n literaria Robin Hood, cuyas tapas amarillas marcaron la aventura de la lectura con una biblioteca emocionante y feliz de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Homenaje, arte po&eacute;tica y gozo se unen en este libro &uacute;nico, exquisito y feliz, en el que los textos componen un correo milagroso con las obras y los autores que formaron la biblioteca de nuestra infancia y adolescencia. En estas <em>Cartas extraordinarias</em> Mar&iacute;a Negroni ilumina el mundo en que vivieron y crearon<strong> Louisa May Alcott, Emilio Salgari, Charles Dickens, Mark Twain, Jack London y tantos otros grandes del siglo XIX</strong>, cuyas narraciones ser&aacute;n siempre nuestro ADN sensible, las marcas que han dejado en nuestro coraz&oacute;n aquellas primeras lecturas. <strong>Correspondencia cuidadosamente ap&oacute;crifa, a veces improbable, o imposible por anacr&oacute;nica</strong>, a veces incluso dirigida a personajes de ficci&oacute;n que, sin ignorar las circunstancias biogr&aacute;ficas, hist&oacute;ricas y sociales, emprenden, casi con sa&ntilde;a, una empedernida reflexi&oacute;n en torno a los costos y peligros de la escritura&rdquo;, se lee en su contratapa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &quot;Cartas extraordinarias&quot;, un libro de María Negroni.                            </span>
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        <em><strong>Cartas extraordinarias</strong></em><strong>, de Mar&iacute;a Negroni, sali&oacute; por Random House.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. </strong><em><strong>Un pu&ntilde;ado de flechas</strong></em><strong>, de Mar&iacute;a Gainza.</strong> Un libro en el, una vez m&aacute;s, la escritora argentina Mar&iacute;a Gainza vuelve a entrecruzar el arte, la literatura y la vida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una noche, durante su estancia bonaerense para el rodaje de su pel&iacute;cula Tetro, Francis Ford Coppola le dijo a Mar&iacute;a Gainza: &laquo;El artista viene al mundo con un carcaj que contiene un n&uacute;mero limitado de flechas doradas. <strong>Puede lanzar todas sus flechas de joven, o lanzarlas de adulto, o incluso ya de viejo.</strong> Tambi&eacute;n puede ir lanz&aacute;ndolas de a poco, espaciadas a lo largo de los a&ntilde;os. Eso ser&iacute;a lo ideal, pero ya sab&eacute;s que lo ideal es enemigo de lo bueno&raquo;&rdquo;, se lee en la contratapa de este libro, que sali&oacute; por Anagrama.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adem&aacute;s de Coppola, en <em>Un pu&ntilde;ado de flechas</em> asoman una acuarela de C&eacute;zanne sustra&iacute;da de un museo de Buenos Aires, la casa de un coleccionista, un paseo por el <em>Walden Pond </em>de Thoreau, las enigm&aacute;ticas pinturas de Bodhi Wind en piscinas californianas que aparec&iacute;an en la no menos enigm&aacute;tica <em>Tres mujeres</em> de <strong>Robert Altman</strong>, unas fotos rescatadas de un malet&iacute;n, los &oacute;leos del pintor catal&aacute;n <strong>Nicol&aacute;s Rubi&oacute;</strong> en los que evocaba el pueblo franc&eacute;s donde pas&oacute; la guerra civil espa&ntilde;ola, la vida cosmopolita y la memoria de la escultora <strong>Mar&iacute;a Sim&oacute;n</strong>, las andanzas del pintor <strong>Francis Hopkinson</strong> y su asistente Moon en M&eacute;xico y un cuadro maldito de Tiziano oculto en Tzintzuntzan&hellip;&rdquo;, agregan los editores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A medio camino entre el ensayo y la narraci&oacute;n, la autora sigue explorando nuevas formas de entender la escritura</strong>, rompiendo las barreras estancas entre los g&eacute;neros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Un puñado de flechas&quot;, lo nuevo de María Gainza.                            </span>
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        <strong>4. </strong><em><strong>Consejos no solicitados sobre pol&iacute;tica internacional</strong></em><strong>, de Juan Gabriel Tokatlian en conversaci&oacute;n con Hinde Pomeraniec</strong>. &ldquo;El mundo se ha vuelto un lugar desconcertante. Una tercera guerra mundial no resulta inimaginable, revive la amenaza nuclear, emergen l&iacute;deres carism&aacute;ticos que arrasan las instituciones y el futuro parece encontrarse cada vez m&aacute;s en el pasado. Este libro viene en auxilio de todos aquellos que no se resignan a un diagn&oacute;stico con sabor a distop&iacute;a y necesitan coordenadas para entender sin dogmas ni polarizaciones f&aacute;ciles el nuevo escenario global. <strong>Juan Gabriel Tokatlian el m&aacute;ximo experto en pol&iacute;tica internacional de la Argentina, analista respetado y generoso divulgador de sus conocimientos invita aqu&iacute; a mirar de una manera renovada este mundo beligerante y extra&ntilde;o</strong>: por qu&eacute; la oposici&oacute;n Norte-Sur deber&iacute;a reemplazarse por la de dos Nortes, qu&eacute; lugar le cabe a Am&eacute;rica Latina como regi&oacute;n a&uacute;n relevante, cu&aacute;l es la importancia de la religi&oacute;n en la geopol&iacute;tica actual. Abunda tambi&eacute;n en los temas m&aacute;s complejos del presente: qu&eacute; significa la invasi&oacute;n rusa a Ucrania, c&oacute;mo entender el (&iquest;irresoluble?) conflicto en Medio Oriente, qu&eacute; consecuencias tienen las maniobras del narcotr&aacute;fico como actor pol&iacute;tico sin control, c&oacute;mo hacer avanzar nuestro reclamo de soberan&iacute;a sobre las Malvinas. Y discute, sobre todo, qu&eacute; pol&iacute;tica exterior deber&iacute;a desplegar en este escenario un pa&iacute;s como la Argentina, para alejarse de los movimientos pendulares y las declaraciones altisonantes con consecuencias peligrosas, y as&iacute; lograr un pragmatismo sensato. En una serie de conversaciones con la periodista y editora <strong>Hinde Pomeraniec</strong> que fluyen hasta transmitir al lector la sensaci&oacute;n de haber estado ah&iacute;, Tokatlian despliega un relato atrapante, que va dando forma a un mundo lleno de alarmas pero comprensible, y que propone salidas posibles contra la cat&aacute;strofe&rdquo;, adelantan desde Siglo XXI Editores sobre este libro.
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                El nuevo libro de Juan Gabriel Tokatlian salió por Siglo XXI Editores.                            </span>
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        <em><strong>Consejos no solicitados sobre pol&iacute;tica internacional</strong></em><strong>, de Juan Gabriel Tokatlian en conversaci&oacute;n con Hinde Pomeraniec, sali&oacute; por Siglo XXI Editores.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. </strong><em><strong>Turco. Vida, obra y secretos de&nbsp;Jorge Cayetano As&iacute;s</strong></em><strong>, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano. &ldquo;</strong>En la Argentina de 1966, un joven de Villa Dom&iacute;nico&nbsp;se lanza a la aventura de su vida. A punto de cumplir&nbsp;veinte a&ntilde;os, <strong>Jorge Cayetano As&iacute;s</strong> cruza el Riachuelo con&nbsp;la ambici&oacute;n de conquistar el monstruo de la Capital.&nbsp;Enseguida se mueve como porte&ntilde;o: el don de la palabra&nbsp;y su experiencia de vendedor ambulante se suman a&nbsp;<strong>un talento histri&oacute;nico para hechizar al otro</strong>. Intuitivo y&nbsp;curioso, descubre que la escritura es una herramienta&nbsp;social y pol&iacute;tica poderosa. Y la poes&iacute;a, una forma de&nbsp;seducir chicas.&nbsp;Se afilia al Partido Comunista; publica libros y logra&nbsp;visibilidad; tanta que <em>Clar&iacute;n</em> lo convoca como cronista&nbsp;estrella en 1976. En 1980, con su novela <em>Flores robadas&nbsp;en los jardines de Quilmes</em>, se vuelve bestseller pero&nbsp;es despreciado por sus colegas y por la academia.&nbsp;Transgresor, expone las internas de <em>Clar&iacute;n</em> en <em>Diario de la&nbsp;Argentina</em> y es condenado al ostracismo. Lo rescata <strong>Carlos&nbsp;Menem</strong> y se hace portavoz del menemismo, embajador&nbsp;y dandy en Par&iacute;s. Poco despu&eacute;s es nombrado secretario&nbsp;de Cultura de la Naci&oacute;n&rdquo;, resumen desde Editorial Planeta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En los a&ntilde;os 2000, gracias a&nbsp;sus ingeniosos an&aacute;lisis pol&iacute;ticos, pasa a ser uno de los&nbsp;primeros <em>influencers</em> con su portal jorgeasisdigital.com.&nbsp;<strong>Pablo Perantuono y Fernando Soriano investigaron&nbsp;durante tres a&ntilde;os &ndash;cien entrevistas&ndash; la peripecia vital de&nbsp;un hombre insoslayable de la vida argentina</strong>. <em>Turco</em> es m&aacute;s&nbsp;que una biograf&iacute;a, es una novela social, el retrato magistral&nbsp;de un gran escritor, un astuto polemista y un arque&oacute;logo&nbsp;del poder; un personaje &uacute;nico e irrepetible, a quien, con&nbsp;veinticinco novelas publicadas, las nuevas generaciones&nbsp;finalmente reconocen como un autor de culto&rdquo;, agregan los editores de la publicaci&oacute;n.
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                &quot;Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano Asís&quot;, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, salió por Planeta.                            </span>
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        <em><strong>Turco. Vida, obra y secretos de&nbsp;Jorge Cayetano As&iacute;s</strong></em><strong>, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, sali&oacute; por Editorial Planeta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. </strong><em><strong>Perra</strong></em><strong>, de Marie-Pier Lafontaine.</strong> Esta publicaci&oacute;n fue ganadora del prestigioso Premio Sade de Francia, en 2020. <strong>Traducido al espa&ntilde;ol por Agustina Blanco, seg&uacute;n sus editores se trata de un relato &ldquo;con una crudeza que limita todo el tiempo con lo s&oacute;rdido&rdquo;</strong> en el que Lafontaine &ldquo;se aferra a su experiencia personal para hablar de un tema que, a&uacute;n hoy, sigue siendo tab&uacute;: el abuso intrafamiliar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entre todas las leyes del padre, hab&iacute;a una de &iacute;ndole fundamental: no contar. De ni&ntilde;a, disimulaba mis deseos en textos de ficci&oacute;n. Dos hermanas en fuga. Perseguidas por un monstruo de dos cabezas. Hu&iacute;an por sombr&iacute;os bosques. Se armaban con ramas, palos. Hoy ya no escondo mis deseos. Quisiera que este texto diezmara a mi familia toda&rdquo;, se lee en la contratapa de la publicaci&oacute;n, que llega a las librer&iacute;as a trav&eacute;s de Ediciones Godot.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Marie-Pier Lafontaine</strong> naci&oacute; en 1988 y vive en Montreal. Fue finalista en Canad&aacute; de los Premios literarios Gouverneur g&eacute;n&eacute;ral y CALQ (Consejo de las artes y las letras de Quebec).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &quot;Perra&quot;, de Marie-Pier Lafontaine, fue traducido al español por Agustina Blanco.                            </span>
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        <em><strong>Perra</strong></em><strong>, de Marie-Pier Lafontaine, sali&oacute; por Ediciones Godot.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. </strong><em><strong>Perder el juicio</strong></em><strong>, de Ariana Harwicz.</strong> &ldquo;Pensamos que no ser&iacute;amos capaces de cometer un crimen, hasta que lo hacemos&rdquo;. Con ese ep&iacute;grafe adelantan los editores lo nuevo de la escritora argentina <strong>Ariana Harwicz</strong>, que sale este mes por Anagrama.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los seres humanos piensan que saben de qu&eacute; son capaces. Creen que no podr&iacute;an escapar de los polic&iacute;as, que nunca le har&iacute;an mal a un ni&ntilde;o. Yo no podr&iacute;a matar a mis padres; hagan lo que hagan, me dieron la vida. <strong>O yo no llegar&iacute;a jam&aacute;s hasta la violaci&oacute;n. No ser&iacute;a capaz de acelerar al volante en un puente con mis hijos en el auto y caer al vac&iacute;o.</strong> Pero todo eso lo decimos antes; no somos capaces, es cierto, nos resulta impensable el crimen, hasta que pasamos al acto&rdquo;, propone la contratapa del libro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Perder el juicio</em> cuenta la historia de un robo, de una apropiaci&oacute;n, de un incendio provocado. Esta obra es el viaje de un secuestro donde la vida es vista como el armado de una evasi&oacute;n&rdquo;, concluye.
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                &quot;Perder el juicio&quot;, la nueva novela de Ariana Harwicz.                            </span>
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        <strong>La novela </strong><em><strong>Perder el juicio</strong></em><strong>, de Ariana Harwicz, sali&oacute; por Anagrama.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. </strong><em><strong>Despu&eacute;s de las 09:53. AMIA: cartograf&iacute;a de un atentado</strong></em><strong>, de Javier Sinay. &ldquo;</strong>Hay 85 v&iacute;ctimas. Hay una teor&iacute;a que se sostuvo desde las primeras horas: la del coche-bomba. Hay una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n predominante, la llamada 'pista iran&iacute;'. Y tambi&eacute;n hay otras hip&oacute;tesis. Hay teor&iacute;as conspirativas. Hay desconfianza. Hay pruebas endebles. <strong>Hay encubrimientos. Hay internas entre agentes de inteligencia. Hay corrupci&oacute;n policial. Hay un juez y dos fiscales apartados del caso. Hay un fiscal muerto. Hay un ex vendedor de autos usados que hoy es un exitoso abogado penalista recibido en la c&aacute;rcel. </strong>Hay ocho pedidos de captura internacional. No hay responsables presos. Intentar comprender qu&eacute; pas&oacute; es entrar en un laberinto, a&uacute;n sin salida. Aqu&iacute; se ofrece un mapa de ese laberinto. Una mirada en perspectiva &ndash;con los testimonios de los protagonistas de entonces y de ahora: investigadores, familiares de v&iacute;ctimas, dirigentes de la comunidad jud&iacute;a&ndash; que muestra c&oacute;mo cada l&iacute;nea se tuerce o se bloquea. Y c&oacute;mo la historia del atentado a la AMIA todav&iacute;a se est&aacute; escribiendo&rdquo;, se lee en la contratapa de este libro del periodista argentino Javier Sinay.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para entender todo lo que sucedi&oacute; en treinta a&ntilde;os con la investigaci&oacute;n del peor ataque terrorista en la historia del pa&iacute;s, hay que volver a los primeros treinta d&iacute;as. <strong>En ese mes tras la explosi&oacute;n en la Asociaci&oacute;n Mutual Israelita Argentina (AMIA) est&aacute; lo que se sabe y lo que no se sabe hasta hoy</strong>&rdquo;, afirman desde Sudamericana sobre esta publicaci&oacute;n.
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                    alt="&quot;Después de las 09:53&quot; es el nuevo libro del periodista argentino Javier Sinay, quien reconstruye los primeros días después del atentado contra la AMIA."
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                &quot;Después de las 09:53&quot; es el nuevo libro del periodista argentino Javier Sinay, quien reconstruye los primeros días después del atentado contra la AMIA.                            </span>
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        <em><strong>Despu&eacute;s de las 09:53. AMIA: cartograf&iacute;a de un atentado</strong></em><strong>, de Javier Sinay, es una novedad de Sudamericana.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. </strong><em><strong>Todo lo que encontr&eacute; en la playa</strong></em><strong>, de Cynan Jones. </strong>&ldquo;Las cosas pasan y todo lo dem&aacute;s depende de lo que uno haga con eso que pas&oacute;. No hay que tomar decisiones por miedo&rdquo;, se lee en este nuevo libro de Cynan Jones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hold, el protagonista de esta novela contundente, encuentra algo en la playa que podr&iacute;a cambiar su vida. Su mejor amigo muri&oacute; y este descubrimiento fortuito tambi&eacute;n podr&iacute;a torcer el destino de la viuda y de su hijo. <em>Todo lo que encontr&eacute; en la playa</em> es un policial como ning&uacute;n otro: en pocas p&aacute;ginas se traza el destino de dos hombres que jam&aacute;s se conocieron. <strong>Dos hombres que se mueven en los m&aacute;rgenes, que solo buscan sobrevivir y que se cruzan, por azar, con las fuerzas de la naturaleza y de una violencia que los excede</strong>. Con una prosa concisa, parca, casi con ese mismo tono lac&oacute;nico con el que hablan sus personajes, el autor de <em>Tiempo sin lluvia </em>explora en este libro todo lo que una persona est&aacute; dispuesta a arriesgar para cuidar a quienes ama&rdquo;, adelantan desde el sello Chai Editora sobre el libro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Todo lo que encontré en la playa&quot; es la nueva novela de Cynan Jones.                            </span>
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        <em><strong>Todo lo que encontr&eacute; en la playa</strong></em><strong>, de Cynan Jones, con traducci&oacute;n de Mat&iacute;as Battist&oacute;n, es una novedad de Chai Editora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. </strong><em><strong>El africano</strong></em><strong>, de J.M.G. Le Cl&egrave;zio.</strong> &ldquo;En <em>El africano</em>, Jean Marie Gustave Le Cl&egrave;zio cuenta su infancia en el &Aacute;frica colonial, las relaciones con su padre y con el exuberante entorno geogr&aacute;fico y humano del continente negro&rdquo;, adelantan desde Adriana Hidalgo Editora sobre esta publicaci&oacute;n que llega este mes en una nueva edici&oacute;n. &ldquo;Durante mucho tiempo imagin&eacute; que mi madre era negra. Me hab&iacute;a inventado una historia, un pasado, para huir de la realidad, a mi regreso desde &Aacute;frica a Francia, donde no conoc&iacute;a a nadie, donde me hab&iacute;a convertido en un extranjero. M&aacute;s tarde descubr&iacute;, cuando mi padre, al jubilarse, volvi&oacute; a vivir con nosotros en Francia, que el africano era &eacute;l. Fue dif&iacute;cil admitirlo. Deb&iacute; retroceder, recomenzar, tratar de comprender&rdquo;, escribi&oacute; el autor sobre este libro emblem&aacute;tico de su carrera, para muchos la mejor puerta de entrada a la obra de este Premio Nobel de Literatura, considerado uno de los m&aacute;s grandes escritores vivos en lengua francesa. La edici&oacute;n de Adriana Hidalgo cuenta con la  traducci&oacute;n de la poeta argentina <strong>Juana Bignozzi</strong>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;El africano&quot;, de Le Clèzio, llega a las librerías locales en una nueva edición.                            </span>
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        <strong>La nueva edici&oacute;n de </strong><em><strong>El africano</strong></em><strong>, de J.M.G. Le Cl&egrave;zio, sali&oacute; por Adriana Hidalgo Editora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>11. </strong><em><strong>D&iacute;as malditos</strong></em><strong>, de Mariano Hamilton. </strong>&ldquo;Hay libros necesarios. Y hay otros que no lo son. Libros&nbsp;bien escritos, con ideas luminosas, historias emocionantes,&nbsp;autores prestigiosos y que, sin embargo, no llegan a&nbsp;ser ineludibles, porque en sus frases, citas, mensajes y&nbsp;subtextos no habita ese rumor de verdad inapelable, capaz&nbsp;de cambiar la vida del lector. Esto &uacute;ltimo me pas&oacute; al correr&nbsp;de las p&aacute;ginas de <em>D&iacute;as malditos </em>y les pasar&aacute; a los que tengan&nbsp;el valor, el apetito intelectual y la disposici&oacute;n para abordar&nbsp;sin prejuicios este texto revelador.&nbsp;Desde Corpus Christi, que result&oacute; el primer estertor del&nbsp;golpe de Estado que cambiar&iacute;a para siempre la historia&nbsp;de la Argentina, hasta la partida de la ca&ntilde;onera Paraguay&nbsp;transportando a Juan Per&oacute;n a un exilio de m&aacute;s de diecisiete&nbsp;a&ntilde;os, cada momento se desarrolla en este libro: <strong>los hechos y&nbsp;hasta las hip&oacute;tesis de un conflicto que nunca lleg&oacute; a suceder</strong>.&nbsp;Para desentra&ntilde;ar la naturaleza de ese centenar de d&iacute;as&nbsp;que construyeron el derrocamiento de Per&oacute;n hay que&nbsp;revisar, adem&aacute;s de documentos, las acciones y la intimidad&nbsp;de los actores principales: los sentimientos oscuros, las&nbsp;operaciones y los motivos secretos que los empujaron a&nbsp;una acci&oacute;n criminal de la dimensi&oacute;n del bombardeo a la&nbsp;Plaza de Mayo.&nbsp;Esta historia fue reconstruida con inteligencia y&nbsp;puntillosidad por Mariano Hamilton y hacen de <em>D&iacute;as&nbsp;malditos</em> un libro necesario, una obra que revisa lo que la&nbsp;historia oficial ha mantenido en la sombra, para que el&nbsp;lector cuente con datos fidedignos sobre los autores y de&nbsp;las v&iacute;ctimas de toda esa locura&rdquo;, se&ntilde;ala <strong>An&iacute;bal Fern&aacute;ndez </strong>en el pr&oacute;logo de esta publicaci&oacute;n que acaba de salir por Planeta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Días malditos&quot;, el nuevo libro del periodista Mariano Hamilton.                            </span>
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        <em><strong>D&iacute;as malditos. Desde los bombardeos a la Plaza de Mayo a la ca&iacute;da de Per&oacute;n, </strong></em><strong>de Mariano Hamilton, sali&oacute; por Planeta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>12. </strong><em><strong>Las manos del general</strong></em><strong>, de Gonzalo Fass&oacute;n.</strong> &ldquo;En 1987 la tumba de Juan Domingo Per&oacute;n fue profanada y su cad&aacute;ver mutilado. El asesinato del juez que investigaba el caso paraliz&oacute; las pesquisas, y hoy, casi 40 a&ntilde;os despu&eacute;s, nadie sabe d&oacute;nde est&aacute;n las manos del expresidente argentino. Julio del a&ntilde;o 2000. Un hombre aparece tirado en una calle de Avellaneda. Tiene unas manos distintivas, aparentemente m&aacute;s viejas que su cuerpo: son las manos de Per&oacute;n. <strong>Ricardo Moreno, tenaz y ambicioso periodista del diario </strong><em><strong>Cr&oacute;nica</strong></em><strong>, relegado por sus jefes en la redacci&oacute;n de notas sin importancia, est&aacute; dispuesto a seguir cualquier informaci&oacute;n de algo tan serio como delirante. </strong>Pronto queda atrapado en una red de intrigas que conecta la profanaci&oacute;n de la tumba de Per&oacute;n, la muerte de comisarios y polic&iacute;as, el supuesto suicidio de un importante cirujano y la desaparici&oacute;n de una doctora en una colonia neuropsiqui&aacute;trica cercana a Buenos Aires&rdquo;, adelantan los editores de esta novela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sim&oacute;n Ergas</strong>, editor del sello, cont&oacute;: &ldquo;En esta novela, finalista del Premio Clar&iacute;n 2020, el escritor argentino Gonzalo Fass&oacute;n retoma el misterio de una de las mayores conspiraciones de la historia argentina. Con una narraci&oacute;n &aacute;gil y un suspenso apremiante, desarrolla una investigaci&oacute;n policial que busca lo que ya nadie busca y quiz&aacute;s encuentre lo que nadie quisiera encontrar&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Las manos del general&quot;, de Gonzalo Fassón, salió por el sello de origen chileno La Pollera.                            </span>
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        <em><strong>Las manos del general</strong></em><strong>, de Gonzalo Fass&oacute;n, sali&oacute; por La Pollera</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>13. </strong><em><strong>Conocer a Per&oacute;n</strong></em><strong>, de Juan Manuel Abal Medina, edici&oacute;n corregida y aumentada.</strong> &ldquo;Juan Manuel Abal Medina fue, a los&nbsp;veintisiete a&ntilde;os, el hombre elegido por Per&oacute;n&nbsp;para construir la estrategia de su retorno en noviembre&nbsp;de 1972, luego de diecisiete a&ntilde;os de destierro.&nbsp;Formado en el nacionalismo cat&oacute;lico, hermano de&nbsp;Fernando &ndash;fundador de Montoneros, al que acababan&nbsp;de matar&ndash;, peronista reci&eacute;n llegado al Movimiento,&nbsp;Abal Medina recorri&oacute; el laberinto de cada uno de los&nbsp;sectores en pugna para traer a Per&oacute;n al pa&iacute;s, cuando la&nbsp;violencia ya golpeaba desde el subsuelo del peronismo.&nbsp;Con una prosa emotiva y por momentos devastadora, quien&nbsp;fue el &uacute;ltimo ret&eacute;n para impedir el enfrentamiento relata c&oacute;mo&nbsp;se fue urdiendo la compleja trama de los hechos, cuyas esquirlas&nbsp;se derramar&iacute;an durante la d&eacute;cada de 1970 y que a&uacute;n hoy, medio&nbsp;siglo despu&eacute;s, siguen conmoviendo. <strong>Las conversaciones secretas&nbsp;de su hermano con el escritor Leopoldo Marechal</strong>, determinantes&nbsp;para el secuestro y muerte del general Aramburu, el conflicto&nbsp;jam&aacute;s revelado entre C&aacute;mpora y Per&oacute;n sobre la presidencia, los&nbsp;pormenores de la tragedia anunciada de Ezeiza, las negociaciones&nbsp;secretas entre metal&uacute;rgicos y montoneros para frenar la din&aacute;mica&nbsp;del conflicto, el crimen sin retorno de Jos&eacute; Ignacio Rucci, y la&nbsp;entronizaci&oacute;n de Jos&eacute; L&oacute;pez Rega e Isabel en el poder dom&eacute;stico&nbsp;son parte de una pintura vibrante, &aacute;rida y desoladora que atraviesan&nbsp;estas memorias que Abal Medina vuelca por primera vez en un libro.&nbsp;M&aacute;s que un relato sobre los a&ntilde;os 70 y el peronismo, <em><strong>Conocer a&nbsp;Per&oacute;n</strong></em><strong> es la visi&oacute;n l&uacute;cida de un testigo y protagonista privilegiado&nbsp;que vio y alert&oacute; sobre el drama inminente</strong>, mientras se acababa el&nbsp;di&aacute;logo y se velaban las armas&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; el periodista Marcelo Larraquy sobre este libro, del que se publica una edici&oacute;n aumentada y corregida con un subt&iacute;tulo que dice &ldquo;destierro y regreso&rdquo;.
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                    alt="Llega una edición ampliada del libro &quot;Conocer a Perón&quot;, de Juan Manuel Abal Medina."
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                Llega una edición ampliada del libro &quot;Conocer a Perón&quot;, de Juan Manuel Abal Medina.                            </span>
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        <em><strong>Conocer a Per&oacute;n</strong></em><strong>, de Juan Manuel Abal Medina, edici&oacute;n corregida y aumentada, sali&oacute; por Planeta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>14.</strong><em><strong> Venezuela. Ensayo sobre de descomposici&oacute;n</strong></em><strong>, de Jos&eacute; Natanson. &ldquo;</strong>De todos los gobiernos de izquierda que pasaron por Am&eacute;rica Latina en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el de Venezuela es el que intent&oacute; llevar adelante el cambio m&aacute;s radical... y tambi&eacute;n el que fracas&oacute; m&aacute;s radicalmente. Este libro cuenta el proceso de declive de la Revoluci&oacute;n Bolivariana desde diferentes &aacute;ngulos: una crisis econ&oacute;mica in&eacute;dita en la historia del capitalismo, que redujo el PBI a un cuarto de lo que era y expuls&oacute; a siete millones de personas; una cat&aacute;strofe social que convirti&oacute; al pa&iacute;s del Socialismo del siglo XXI en uno de los m&aacute;s desiguales de la regi&oacute;n, y un giro autoritario que hizo que Venezuela se transformara en un r&eacute;gimen que no es una democracia, pero tampoco una dictadura plena: una criatura pol&iacute;tica &uacute;nica. Mezcla de ensayo, relato de viaje y cr&oacute;nica period&iacute;stica, este libro analiza las m&uacute;ltiples crisis de un pa&iacute;s que pas&oacute; de ser un faro ideol&oacute;gico para la izquierda al &rdquo;patito feo&ldquo; de Am&eacute;rica Latina. Para escribirlo,&nbsp;<strong>Jos&eacute; Natanson</strong>&nbsp;viaj&oacute; a Venezuela, subi&oacute; a los cerros m&aacute;s pobres y visit&oacute; negocios de lujo, convers&oacute; con la gente en la calle, entrevist&oacute; a pol&iacute;ticos y analistas. Sin prejuicios pero sin miedo a la pol&eacute;mica, responde algunas preguntas cruciales: &iquest;Qui&eacute;n es el responsable de la crisis? &iquest;Cu&aacute;nto influy&oacute; el acoso de Estados Unidos? &iquest;Qu&eacute; peso de la culpa tiene la oposici&oacute;n? &iquest;Hasta d&oacute;nde llegan las violaciones a los derechos humanos? &iquest;Ch&aacute;vez y Maduro son lo mismo? Y, en definitiva: &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; con Venezuela?&rdquo;, se lee en la contratapa de este libro del periodista argentino Jos&eacute; Natanson. El autor tambi&eacute;n publica este mes el libro <em>&iquest;Por qu&eacute; hay tantas provincias?, </em>junto a Graciela Montes, en el sello infantil de Siglo XXI Editores.
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                &quot;Venezuela&quot;, lo nuevo de José Natanson.                            </span>
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        <em><strong>Venezuela. Ensayo sobre de descomposici&oacute;n</strong></em><strong>, de Jos&eacute; Natanson, sali&oacute; por Debate.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>15. </strong><em><strong>La lengua rota</strong></em><strong>, de Majo Moir&oacute;n. &ldquo;</strong>Una madre regresa transformada a su casa, ocurri&oacute; un accidente durante una operaci&oacute;n de rutina y ya no es la misma. Ha vuelto otra. Confunde las palabras, no se puede expresar con claridad, deben ense&ntilde;arle a hablar de nuevo. En un hogar donde reinaba la abundancia, ahora faltar&aacute; lo elemental. <strong>La lengua madre se ha quebrado y brilla por su ausencia el sentido. Su hija, una peque&ntilde;a atenta que todo lo escucha, lo aprende, y otro tanto lo adivina, intentar&aacute; hacer pie en un entorno hasta ayer seguro y familiar, hoy inestable y ominoso</strong>. Con delicada lucidez, aparente ingenuidad y una gran capacidad para hacer foco en el dolor que se calla, Majo Moir&oacute;n construy&oacute; la voz de una ni&ntilde;a que consigue narrar para entender y se alza sobre lo incomprensible. Una novela tierna y a la vez sugerente sobre la fragilidad de lo que nos sostiene&rdquo;, adelantan los editores de este libro de la autora argentina Majo Moir&oacute;n que publica este mes Ediciones B.
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                &quot;La lengua rota&quot;, lo nuevo de la escritora Majo Moirón.                            </span>
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        <em><strong>La lengua rota</strong></em><strong>, de Majo Moir&oacute;n, es una novedad de Ediciones B.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>16. </strong><em><strong>Voces en la noche</strong></em><strong>, de Isidoro Blaisten.</strong> &ldquo;Concebida desde la locura, escrita con la raz&oacute;n, poblada de alusiones literarias, cre&oacute; una ciudad sin nombre, entre la realidad y el sue&ntilde;o, con sitios alucinantes que nos parece haber recorrido. Isidoro Blaisten no se equivocaba. Voces en la noche es su &uacute;ltimo triunfo&rdquo;, se&ntilde;ala  Eduardo &Aacute;lvarez Tu&ntilde;&oacute;n rn el pr&oacute;logo de este libro, publicado ahora por el sello Hugo Benjam&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un vendedor de camisones que circula por la ciudad est&aacute; convencido de que uno de sus clientes est&aacute; siendo influenciado por un desconocido dispuesto a arruinar la literatura para todas las generaciones futuras. Su misi&oacute;n indelegable es eliminarlo, pero primero debe descubrir qui&eacute;n es.<strong> Esta tarea encuentra su ins&oacute;lito contrapunto en 'las voces en la noche', que se burlan de los esfuerzos del vendedor pero que le ordenan matar, y la voz de la se&ntilde;ora Tokoyama, que le recita haikus y le lee las desopilantes ense&ntilde;anzas de un raro maestro zen</strong>. La bella Adela, el herrero Herrero, los inefables armenios y la rubia misteriosa provocan por su parte las m&aacute;s inesperadas situaciones&rdquo;, se&ntilde;ala la sinopsis oficial de este libro.
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                    alt="La reedición de &quot;Voces en la noche&quot;, de Isidoro Blaisten, salió por el sello Hugo Benjamín."
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            <span class="title">
                La reedición de &quot;Voces en la noche&quot;, de Isidoro Blaisten, salió por el sello Hugo Benjamín.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>17. </strong><em><strong>Freud en Bloomsbury</strong></em><strong>, de Henriette Michaud. &ldquo;</strong>S&oacute;lidamente documentado, este libro que recibi&oacute; en 2022 el premio de ensayo de la Academia Francesa es, hasta el d&iacute;a de la fecha, la &uacute;nica introducci&oacute;n hist&oacute;rica a la obra maestra, sin parang&oacute;n incluso en alem&aacute;n, que constituye la Standard Edition, traducci&oacute;n al ingl&eacute;s de las obras completas de Freud que es una referencia insoslayable en los estudios de psicoan&aacute;lisis a nivel internacional&rdquo;, se&ntilde;alan desde Ediciones Manantial sobre este libro de la catedr&aacute;tica de origen franc&eacute;s Henriette Michaud.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escrito con un lenguaje vivaz y accesible, es un libro de gran inter&eacute;s para el lector especializado o simplemente interesado en el psicoan&aacute;lisis y en su historia, ya que se leen aqu&iacute; desde el intenso af&aacute;n de Sigmund Freud por hacer traducir su obra al ingl&eacute;s, por amor por esa lengua y para asegurar la universalidad de su obra, hasta los dif&iacute;ciles inicios del psicoan&aacute;lisis en Inglaterra y su posterior florecimiento, am&eacute;n de los problemas acuciantes del psicoan&aacute;lisis naciente en tiempos de guerra y de entreguerras&rdquo;, agregan.
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            <span class="title">
                Freud en Bloomsbury, de Henriette Michaud, salió por Ediciones Manantial.                            </span>
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        <em><strong>Freud en Bloomsbury</strong></em><strong>, de Henriette Michaud, sali&oacute; por Ediciones Manantial.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>18. </strong><em><strong>Un poema pegado en la heladera</strong></em><strong>, de Mart&iacute;n Prieto.</strong> Seg&uacute;n anunciaron desde el sello Blatt &amp; R&iacute;os, esta publicaci&oacute;n recopila &ldquo;breves ensayos de poes&iacute;a escrito por el profesor, cr&iacute;tico, poeta e historiador de la literatura Mart&iacute;n Prieto&rdquo;. &ldquo;Originalmente publicadas en la revista Panam&aacute;, estas entregas parten de un poema le&iacute;do por ah&iacute; o de alg&uacute;n asunto autobiogr&aacute;fico (un poema pegado en la heladera de la casa materna, un congreso de literatura, la visita de Borges a la ciudad de Rosario, un vino que trae recuerdos de &eacute;pocas pasadas) para trazar relaciones entre autores y textos, ciudades y tradiciones, figuras y procedimientos. <strong>Cada una gira en torno a un tema (la poes&iacute;a pol&iacute;tica, la presencia de la literatura en la prensa peri&oacute;dica, los duelos, el objetivismo, las pol&iacute;ticas culturales, una mujer que pasa, el f&uacute;tbol, etc.)</strong>, y entre todas conforman una biblioteca personal que tiene centro en el litoral y se proyecta hacia todo el pa&iacute;s&rdquo;, detallaron desde la editorial.
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                &quot;Un poema pegado en la heladera&quot;, lo nuevo de Martín Prieto.                            </span>
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        <em><strong>Un poema pegado en la heladera</strong></em><strong>, de Mart&iacute;n Prieto, sali&oacute; por Blatt &amp; R&iacute;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>19.</strong><em><strong> Cuentos completos</strong></em><strong>, de Rub&eacute;n Dar&iacute;o.</strong> &ldquo;P&aacute;ginas de prosa que enlazan con la poes&iacute;a del mejor Rub&eacute;n, con la del Rub&eacute;n sin rubenismo, af&iacute;n a los buenos poetas que le sucedieron (y aun muchos que lo combatieron) y no a los modernistas de pandilla, sordos y extra&ntilde;os, ellos s&iacute;, al 'alma de las cosas' y a 'la voz del paisaje'. [...] Un poeta como el de los Nocturnos de Cantos de vida y esperanza, tan emparentado, en cambio, con la sensibilidad, de una &eacute;poca en que, tras Baudelaire, Browning y Rimbaud, la poes&iacute;a insiste en abarcar la vida humana aun en sus aspectos menos pl&aacute;cidos y confortadores. 'He querido ir hacia el porvenir.' Hasta el presente llegan, como los mejores poemas de Rub&eacute;n, sus mejores cuentos, no meras muestras de habilidad, sino de un &iacute;mpetu verdadero y profundo. M&aacute;s all&aacute; de lo que signifiquen para la historia de la literatura en Hispanoam&eacute;rica, y aparte y por encima del oficio instrumental y complementario que les corresponda en el estudio del Dar&iacute;o poeta, <strong>esos cuentos pueden por s&iacute; aspirar a una dignidad propia y aut&oacute;noma, a una justa y suficiente inmortalidad</strong>&rdquo;, se&ntilde;ala Raimundo Lida sobre esta publicaci&oacute;n, que integra las novedades de julio de Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.
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                    alt="Fondo de Cultura Económica publica este mes los Cuentos completos de Rubén Darío."
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            <span class="title">
                Fondo de Cultura Económica publica este mes los Cuentos completos de Rubén Darío.                            </span>
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        <em><strong>Cuentos completos</strong></em><strong>, de Rub&eacute;n Dar&iacute;o, sali&oacute; por Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>20. </strong><em><strong>En busca de mi eleg&iacute;a</strong></em><strong>, de &Uacute;rsula K. Le Guin. </strong>Este libro, seg&uacute;n informan desde el sello N&oacute;rdica, &ldquo;re&uacute;ne, por primera vez en castellano, lo mejor de la obra en verso de Ursula K. Le Guin&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque es internacionalmente conocida por su ficci&oacute;n, <strong>Le Guin comenz&oacute; a escribir poes&iacute;a en 1959 y nunca dej&oacute; de hacerlo</strong>. Este libro re&uacute;ne el trabajo de su vida, ofrece una selecci&oacute;n de lo mejor de sus seis vol&uacute;menes anteriores de poes&iacute;a y presenta un poderoso grupo de poemas, a la vez terrenales y trascendentes, escritos en la primera d&eacute;cada del siglo XXI&rdquo;, detallaron en un comunicado.
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                    alt="Un libro reúne la poesía de la escritora Úrsula K. Le Guin"
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                Un libro reúne la poesía de la escritora Úrsula K. Le Guin                            </span>
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        <em><strong>En busca de mi eleg&iacute;a</strong></em><strong>, de &Uacute;rsula K. Le Guin, sali&oacute; por N&oacute;rdica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.</strong>&nbsp;<em><strong>Que pase algo pronto</strong></em><strong>, de Agustina Espasand&iacute;n. </strong>&ldquo;En una &eacute;poca que exige productividad y progreso, la protagonista y narradora de esta novela toma una decisi&oacute;n a contracorriente.<strong> Con treinta y dos a&ntilde;os, trabaja de asistenta de direcci&oacute;n en la industria audiovisual y vive con su perro R&iacute;o en una casa alquilada en un barrio de Buenos Aires con m&aacute;s cuartos de los que puede habitar</strong>. Luego de ahorrar durante meses, un d&iacute;a deja de aceptar trabajos por un plazo indefinido. &iquest;Qu&eacute; busca? Algo importante: averiguar a qu&eacute; tiene sentido dedicarle el tiempo si est&aacute; a su entera disposici&oacute;n.Lo que en un principio parece una fantas&iacute;a introspectiva y algo individualista, que no est&aacute; libre de ansiedades, se va convirtiendo en una experiencia de apertura y en el tejido de una red de lazos de afecto.En su debut literario, Agustina Espasand&iacute;n ha escrito una novela involuntariamente generacional y pospand&eacute;mica poni&eacute;ndose en la piel de una hero&iacute;na de barrio que persigue y entrega lucidez, ternura y gracia en cada encuentro. Con prosa inspirad&iacute;sima y una convicci&oacute;n infrecuente en una primera novela, Que pase algo pronto es un grito ahogado, y tambi&eacute;n una canci&oacute;n feliz, contra la falta de ideas de futuro, la deshumanizaci&oacute;n y el eterno imperio de lo mismo&rdquo;, se&ntilde;alan los editores de esta novela, que sali&oacute; por el sello Sigilo.
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            <span class="title">
                Que pase algo pronto, de Agustina Espasandín, es la novedad de julio del sello Sigilo.                            </span>
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        <em><strong>Que pase algo pronto</strong></em><strong>, de Agustina Espasand&iacute;n, sali&oacute; por Sigilo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>22. </strong><em><strong>No dejar que se apague el fuego</strong></em><strong>, de Miriam Toews.</strong> &ldquo;Elvira, la abuela de Swiv, lleva toda la vida luchando. Criada en una estricta comunidad religiosa, tuvo que luchar contra aquellos que quer&iacute;an arrebatarle su independencia y sus ganas de salir adelante. <strong>Ahora, en la recta final de su vida, debe luchar contra el paso del tiempo, los achaques y las adversidades que afectan a su familia. </strong>Su hija, una actriz deslenguada y de temperamento voluble, afronta el tercer trimestre de su embarazo al tiempo que trata de lidiar con un pasado y un presente amargos. Swiv, su nieta, es una ni&ntilde;a de nueve a&ntilde;os con un mundo interior fascinante, pero que acaba de ser expulsada del colegio por meterse en peleas. En la escuela improvisada que montan en casa, Elvira se propone ense&ntilde;arle a su nieta que existen distintas formas de pelear y que lo m&aacute;s importante es no dejar que se apague el fuego que arde en su interior&rdquo;, se lee en la contratapa de esta publicaci&oacute;n, que llega a las librer&iacute;as locales a trav&eacute;s del sello Sexo Piso.
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                    alt="&quot;No dejar que se apague el fuego&quot;, de Miriam Toews, llega a las librerías locales."
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                &quot;No dejar que se apague el fuego&quot;, de Miriam Toews, llega a las librerías locales.                            </span>
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        <em><strong>No dejar que se apague el fuego</strong></em><strong>, de Miriam Toews, sali&oacute; por Sexto Piso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libros-julio-lydia-davis-maria-negroni-vida-asis-titulos-figura-peron_1_11492201.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jul 2024 12:29:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Libros de julio: Lydia Davis, María Negroni, la vida de Asís y varios títulos sobre la figura de Perón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Lecturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Venezuela, un ensayo sobre lo inexplicable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/venezuela-ensayo-inexplicable_129_11484549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59b30d62-d468-4a89-941a-60245232bc46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Venezuela, un ensayo sobre lo inexplicable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Venezuela, ensayo sobre la descomposición, es el nuevo libro del periodista y politólgo José Natanson, en el que busca entender el "problema venezolano", el único país del mundo cuyo PBI se redujo a una cuarta parte en cinco años sin que mediara una guerra, y que expulsó al 24% de su población en menos de una década. Aquí, el capítulo sobre una economía dolarizada.

</p></div><p class="article-text">
        En agosto de 2020 se inaugur&oacute; en Terrazas del &Aacute;vila, un barrio de&nbsp;urbanizaciones de clase media del norte de Caracas, el supermercado Megasis, instalado en un galp&oacute;n de 20.000 metros cuadrados&nbsp;que antes hab&iacute;a pertenecido a la cadena franco-colombiana &Eacute;xito, expropiada por Ch&aacute;vez en 2010. Abastecido con mercader&iacute;a tra&iacute;da&nbsp;de Ir&aacute;n por el <em>Golsan</em>, un gigantesco carguero de 22.000 toneladas que hab&iacute;a atracado en las costas venezolanas unas semanas&nbsp;antes, el Megasis hab&iacute;a sido decorado para el d&iacute;a solemne de su inauguraci&oacute;n con globos verdes, rojos y blancos, los colores de la&nbsp;bandera iran&iacute;. Adem&aacute;s de los gerentes del supermercado y de&nbsp;las&nbsp;autoridades venezolanas, particip&oacute; en el evento el embajador de ese pa&iacute;s, Hojjatola Soltani, quien present&oacute; el supermercado como&nbsp;una prueba de la amistad entre ambas naciones. Y aunque algunos productos &mdash;cuadernos para escribir en farsi de derecha a&nbsp;izquierda, por ejemplo&mdash; resultaban decididamente poco atractivos, muchos otros &mdash;mermelada de zanahorias, cordero enlatado&nbsp;halal, alfombras persas&mdash; eran verdaderos tesoros en un pa&iacute;s que ya&nbsp;llevaba varios a&ntilde;os de desabastecimiento. La amplia oferta de&nbsp;generadores el&eacute;ctricos&nbsp;de fabricaci&oacute;n iran&iacute; resultaba ilustrativa de los problemas de desarrollo de los dos socios, que sufr&iacute;an apagones&nbsp; cr&oacute;nicos pese a ocupar el primer puesto (Venezuela) y el cuarto&nbsp; (Ir&aacute;n) en reservas de hidrocarburos del planeta.&nbsp;
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                El último libro de José Natanson busca entender qué pasó con uno de los países más importantes del continente.                            </span>
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        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de su inauguraci&oacute;n visit&eacute; el Megasis y me encontr&eacute; con un ambiente bastante desolado. El supermercado segu&iacute;a&nbsp; funcionando, pero las g&oacute;ndolas estaban preparadas para albergar&nbsp;tres o cuatro veces m&aacute;s productos que los exhibidos, y las heladeras&nbsp; vac&iacute;as hab&iacute;an sido tapadas con pl&aacute;sticos blancos. El personal se paseaba sin mucho que hacer, y casi no se ve&iacute;an clientes. Esa ma&ntilde;ana &eacute;ramos apenas dos o tres personas las que mir&aacute;bamos una sart&eacute;n&nbsp;el&eacute;ctrica iran&iacute; a 100 d&oacute;lares, t&eacute; de hierbas, pepinos en vinagre y&nbsp; libros infantiles con personajes de Disney, por otra parte bastante imperialistas. Compr&eacute; unos d&aacute;tiles para Carlos D&iacute;az, el director de Siglo XXI Editores, y unas golosinas de miel para mis hijos, y cuando pagu&eacute; en una de las dos cajas habilitadas &mdash;de un total de 30&mdash;, me regalaron unas galletas de trigo y una malta &mdash;la cerveza sin&nbsp;alcohol que se toma en muchos pa&iacute;ses isl&aacute;micos y que se consume&nbsp; tambi&eacute;n en Venezuela&mdash;&zwnj;. Atraves&eacute; el gigantesco estacionamiento vac&iacute;o bajo el sol abrasador del mediod&iacute;a caraque&ntilde;o y pas&eacute; la l&iacute;nea&nbsp; de ingreso con las tres banderas (la de Ir&aacute;n, la de Venezuela y la de&nbsp;Megasis) pensando que no hac&iacute;a falta ser Alfredo Coto para darse&nbsp;cuenta de que algo en ese supermercado no funcionaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tratemos de evitar la folclorizaci&oacute;n. Puede que la venta&nbsp; de productos fabricados para un clima, determinados patrones de&nbsp;consumo y una cultura completamente distintos, y transporta dos m&aacute;s de 10.000 kil&oacute;metros en barco, no tenga mucho sentido,&nbsp; pero la alianza entre Ir&aacute;n y Venezuela s&iacute; la tiene. El apoyo persa&nbsp; result&oacute; clave para que Maduro pudiera sortear las sanciones en los&nbsp; momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles de la crisis econ&oacute;mica, y Teher&aacute;n encontr&oacute; en Caracas un aliado estrat&eacute;gico y un conveniente factor de&nbsp;provocaci&oacute;n en su disputa con Estados Unidos. Aunque hoy el&nbsp;abastecimiento se ha normalizado, no hay venezolano que no recuerde los a&ntilde;os de escasez y el modo en que finalmente la econom&iacute;a logr&oacute; superarla: asumiendo el d&oacute;lar como moneda semioficial.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El lento camino a la dolarizaci&oacute;n&nbsp;</h3><p class="article-text">
        La dolarizaci&oacute;n comenz&oacute; espont&aacute;neamente hacia 2018, luego de varios a&ntilde;os de inflaci&oacute;n alta y uno de hiperinflaci&oacute;n. Hab&iacute;a ya algunos&nbsp; antecedentes. Los venezolanos que viv&iacute;an en la frontera&nbsp;con Colombia se hab&iacute;an acostumbrado a usar el peso colombiano para&nbsp;sus&nbsp; transacciones cotidianas, en la frontera con Brasil recurr&iacute;an al real y&nbsp;en las regiones mineras del Orinoco incluso intercambiaban pepitas&nbsp; de oro. El bol&iacute;var ya no se utilizaba como reserva de valor; todo aquel&nbsp;que lograba ahorrar algo lo hac&iacute;a en d&oacute;lares, en general abriendo&nbsp; cuentas en Estados Unidos o Panam&aacute; &mdash;de hecho, dos de los principales bancos paname&ntilde;os son de capital venezolano y tienen&nbsp;el&nbsp; mismo nombre que en Venezuela, Banesco y Mercantil&mdash;&zwnj;. Luego,&nbsp; el bol&iacute;var fue perdiendo su funci&oacute;n de medio de cambio; al principio las viviendas, los autos y los insumos para la industria, despu&eacute;s los&nbsp;electrodom&eacute;sticos y las motos y, finalmente, el pan, las arepas&nbsp; y&nbsp;los viajes en taxi; todo se paga hoy en d&oacute;lares. Sucede que, desde&nbsp;la llegada de Ch&aacute;vez al poder en 1999, Venezuela pas&oacute; del &ldquo;bol&iacute;var&rdquo;,&nbsp; el signo monetario hist&oacute;rico, al &ldquo;bol&iacute;var fuerte&rdquo; &mdash;el uso del adjetivo&nbsp; en la misma denominaci&oacute;n ya revela una impotencia, porque una&nbsp; moneda no proclama su solidez, simplemente la ejerce&mdash;&zwnj;. De ah&iacute; pas&oacute; al &ldquo;bol&iacute;var soberano&rdquo; y m&aacute;s tarde al &ldquo;bol&iacute;var digital&rdquo;. El resultado es que, desde el comienzo del chavismo hasta hoy, el bol&iacute;var&nbsp; perdi&oacute; 14 ceros, es decir que su valor se dividi&oacute; por cien billones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El apag&oacute;n de marzo de 2019 aceler&oacute; el proceso. El pago a trav&eacute;s de medios electr&oacute;nicos se hab&iacute;a extendido mucho, como una	forma pr&aacute;ctica de evitar el engorro de tener que andar cargando&nbsp;monta&ntilde;as de billetes, y los &ldquo;puntos de pago&rdquo; estaban habilitados&nbsp; desde hac&iacute;a ya varios a&ntilde;os en supermercados, hoteles y tiendas,&nbsp; pero tambi&eacute;n en peque&ntilde;os comercios y hasta en puestos de venta&nbsp;callejera. Cuando el pa&iacute;s qued&oacute; s&uacute;bitamente a oscuras, la posibili&nbsp;dad de pago electr&oacute;nico desapareci&oacute;. Y como los cortes se extendieron intermitentemente durante d&iacute;as &mdash;dos semanas despu&eacute;s del primer apag&oacute;n general se produjo un segundo corte en 16 estados,&nbsp; y a los pocos d&iacute;as, un tercero&mdash;, el d&oacute;lar termin&oacute; de imponerse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El gobierno, que durante dos d&eacute;cadas lo hab&iacute;a combatido, mir&oacute; primero con sorpresa, despu&eacute;s con resignaci&oacute;n y por &uacute;ltimo con&nbsp; indisimulable alegr&iacute;a los efectos de la dolarizaci&oacute;n.&ldquo;Gracias a Dios&nbsp; existe la dolarizaci&oacute;n&rdquo;, lleg&oacute; a afirmar Maduro. La &ldquo;NEP de Maduro&rdquo;, como la llamaron algunos venezolanos en referencia a la&nbsp;Nueva Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica implementada por Lenin en 1921, fue&nbsp;avanzando. En enero de 2019 el gobierno derog&oacute; la Ley de Il&iacute;citos&nbsp;Cambiarios, que penalizaba la compra de d&oacute;lares por fuera del circuito oficial, y aceler&oacute; el giro ortodoxo, que incluy&oacute; un nuevo marco&nbsp; legal para el megaproyecto denominado &ldquo;Arco Minero del Orinoco&rdquo; y una Ley Antibloqueo (Ley Constitucional Antibloqueo para el&nbsp; Desarrollo Nacional y la Garant&iacute;a de los Derechos Humanos) para&nbsp; fomentar la inversi&oacute;n extranjera, que comenz&oacute; a llegar lentamente. Incluso empezaron a darse los primeros pasos para reprivatizar al gunas empresas estatizadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La perestroika sin <em>glasnost </em>de Maduro produjo sus primeros&nbsp; resultados, t&iacute;midos pero visibles; la inflaci&oacute;n, que hab&iacute;a llegado a&nbsp;130.000% en 2018, se redujo a 19.000 en 2019, 2355% en 2020,&nbsp; 1533% en 2021, 320% en 2022 y 193 en 2023. Tras un comienzo&nbsp; con dificultades, el gobierno finalmente logr&oacute; crear, con apoyo de&nbsp;Rusia, Ir&aacute;n y Turqu&iacute;a, un sistema para evadir las sanciones y seguir&nbsp; vendiendo petr&oacute;leo, lo que permiti&oacute; recuperar parte de los ingresos de divisas. En 2021, por primera vez desde 2014, la econom&iacute;a&nbsp;creci&oacute;; 2,5% de aumento del PBI, muy por debajo del promedio latinoamericano &mdash;a su vez m&aacute;s bajo que el mundial&mdash;, pero&nbsp; marcando un quiebre en la tendencia, que se repetir&iacute;a en los a&ntilde;os&nbsp; siguientes, con un crecimiento de 12% en 20022 y de 5% en 2023.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La dolarizaci&oacute;n no es total. Formalmente, el bol&iacute;var sigue siendo la moneda nacional. La mayor&iacute;a de los negocios acepta billetes norteamericanos, pero no se utiliza la cl&aacute;sica denominaci&oacute;n&nbsp; &ldquo;USD&rdquo;, sino que se recurre a la abreviaci&oacute;n &ldquo;ref&rdquo; (de &ldquo;referencia&rdquo;)&nbsp; o directamente &ldquo;#&rdquo; &mdash;que no significa nada, pero todos saben que significa &ldquo;d&oacute;lares&rdquo;&mdash;&zwnj;. Una Coca-Cola puede costar, digamos, &ldquo;2&nbsp;ref&rdquo; o &ldquo;#2&rdquo;. La dolarizaci&oacute;n transaccional y comercial es pr&aacute;c ticamente total; los precios y muchos salarios est&aacute;n fijados en d&oacute; lares, aunque puedan pagarse en bol&iacute;vares a la tasa de cambio del d&iacute;a, una especie de convertibilidad. Pero no se ha avanzado en una dolarizaci&oacute;n institucional; el Estado cobra sus impuestos y les paga a sus empleados (2,8 millones) y a los jubilados (4,5 millones) en bol&iacute;vares. Tampoco se ha aceptado la dolarizaci&oacute;n financiera plena. Es posible abrir cuentas en d&oacute;lares, pero funcionan como una caja de seguridad, hay que depositar el dinero en efectivo, no se puede&nbsp;transferir a cuentas de otro banco ni emitir tarjetas de cr&eacute;dito. El comercio electr&oacute;nico, por su parte, se tramita en bol&iacute;vares. Y aunque el d&oacute;lar es tanto una referencia como un medio de pago,&nbsp; parece dif&iacute;cil, dada la cantidad de salarios estatales y las dificultades&nbsp; financieras, que Venezuela complete el proceso hasta llegar a una&nbsp;dolarizaci&oacute;n plena al estilo de Ecuador o Panam&aacute;. En todo caso, la dolarizaci&oacute;n permiti&oacute; recuperar cierto optimismo. El chavismo comenz&oacute; a hacer circular la famosa idea:&nbsp; &ldquo;Venezuela se arregl&oacute;&rdquo;. En realidad, lo que pas&oacute; fue que, asesorado&nbsp; por un grupo de economistas ecuatorianos enviado por Rafael&nbsp; Correa y concentrando cada vez m&aacute;s responsabilidades en la vicepresidenta Delcy Rodr&iacute;guez, el gobierno decidi&oacute; retroceder&nbsp;a lo m&aacute;s b&aacute;sico, devolverle al pa&iacute;s algo parecido a una moneda. Sucede que, contra lo que sostienen las visiones m&aacute;s cuadrada mente monetaristas, la moneda no es una simple cuesti&oacute;n del&nbsp; Banco Central, sino el signo fundante de un orden social, una&nbsp; necesidad de la gente &mdash;de hecho, cuando no existe un Estado&nbsp;que acu&ntilde;e y respalde una moneda, los integrantes de una comunidad se inventar&aacute;n la propia, se trate de la sal en la Antig&uuml;edad,&nbsp; las rodajas de pan en Auschwitz o las tarjetas telef&oacute;nicas en las&nbsp;c&aacute;rceles&mdash;&zwnj;. Privada durante a&ntilde;os de moneda, la econom&iacute;a venezolana logr&oacute; finalmente tocar un piso y comenzar una &mdash;fr&aacute;gil&nbsp; pero visible&mdash;&nbsp;recuperaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La econom&iacute;a ilegal y el colapso del Estado&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Para que haya dolarizaci&oacute;n tiene que haber, l&oacute;gicamente, d&oacute;lares.Y esos d&oacute;lares provienen de diferentes fuentes: los ahorros&nbsp; de un sector de la poblaci&oacute;n, que estaban a la espera de que se&nbsp; abrieran&nbsp;oportunidades para gastarlos o invertirlos; las remesas,&nbsp; que se estima llegan a aproximadamente el 25% de las familias&nbsp;venezolanas; cierta recuperaci&oacute;n, a&uacute;n lenta, del turismo, y los&nbsp; ingresos en d&oacute;lares, una novedad de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que percibe&nbsp;un sector minoritario pero significativo de la sociedad, como el de&nbsp; profesionales que con la pandemia comenzaron a trabajar a distancia para otros pa&iacute;ses, inform&aacute;ticos, profesores de ingl&eacute;s, abogados,&nbsp;empleados jer&aacute;rquicos de empresas extranjeras que negocian parte&nbsp;de su salario en divisas, una informalidad pr&oacute;spera &mdash;lo que en la&nbsp;Argentina se conoce como &ldquo;barrani&rdquo;&mdash; que logra ingresos m&aacute;s o&nbsp; menos regulares en d&oacute;lares.&nbsp;
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                José Natanson es periodista y polítólogo y director de la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique.                            </span>
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        Pero la principal fuente alternativa de d&oacute;lares es la econom&iacute;a ilegal. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Venezuela se fue convirtiendo en un&nbsp;n&uacute;cleo regional de actividades il&iacute;citas, por el colapso del Estado y&nbsp; por el privilegio de su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>El poder del perro</em>, la novela-enciclopedia sobre el origen&nbsp;del narcotr&aacute;fico en M&eacute;xico, Don Winslow cuenta que las bandas&nbsp; mexicanas lograron imponerse sobre sus competidoras colombianas cuando descubrieron que su negocio no pasaba por cultivar&nbsp; marihuana o amapola en sus territorios de Sinaloa, sino por el control monop&oacute;lico de un activo &uacute;nico, la frontera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Venezuela no linda con Estados Unidos, pero dispone de una&nbsp; extensa frontera terrestre con Colombia, Brasil y Guyana y una&nbsp; frontera mar&iacute;tima con las islas brit&aacute;nicas, neerlandesas y francesas del Caribe, a tres horas y media de avi&oacute;n de Miami, y por lo tanto ocupa una posici&oacute;n ideal para el tr&aacute;fico de todo tipo de cosas. Los especialistas sostienen que parte de la cadena narco,&nbsp; arrinconada por la guerra contra las drogas en Colombia, se ha ido desplazando hacia Venezuela, donde las bandas aprovechan&nbsp;el caos econ&oacute;mico y la laxitud de los controles para almacenar&nbsp;y &uacute;ltimamente tambi&eacute;n procesar la coca&iacute;na, que luego exportan&nbsp; a otros pa&iacute;ses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la econom&iacute;a ilegal no refiere solo a tr&aacute;ficos prohibidos, de armas, drogas o personas, sino tambi&eacute;n a actividades l&iacute;citas que se tramitan de manera criminal. Me detengo brevemente en el&nbsp;contrabando de combustible, con una larga tradici&oacute;n en Venezuela, que ayuda a entender por qu&eacute; la econom&iacute;a en negro es parte&nbsp; inescindible de la dolarizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os, la gasolina costaba en Venezuela m&aacute;s o&nbsp; menos lo mismo que una botella de agua mineral o un mango en&nbsp; la calle, menos por una decisi&oacute;n meditada que por el temor instin tivo de los diferentes gobiernos a reeditar el Caracazo, la rebeli&oacute;n&nbsp; desatada justamente como reacci&oacute;n a un incremento del precio del&nbsp; combustible. Los intentos por establecer diversos sistemas de&nbsp;racionamiento, a trav&eacute;s de las matr&iacute;culas de los autos o el Carnet de la&nbsp; Patria, resultan siempre imperfectos, y la gasolina se escapa de los&nbsp;controles. Ante la ausencia de actividades econ&oacute;micas alternativas, el&nbsp; contrabando de combustible es una de las principales ocupaciones&nbsp; en la frontera con Colombia, formando una cadena que comienza&nbsp; con los mayoristas &mdash;que mediante contactos con los militares en cargados de controlar el abastecimiento desv&iacute;an al mercado ilegal&nbsp; cientos de miles de litros&mdash;, sigue con el almacenamiento en patios&nbsp; de acopio, el fraccionamiento y por &uacute;ltimo la venta callejera en&nbsp; bidones, sin contar las bandas armadas, integradas por militares y&nbsp; ex&nbsp;militares venezolanos y disidentes colombianos de las FARC, que&nbsp; organizan las &ldquo;caravanas&rdquo; y cobran las &ldquo;vacunas&rdquo; (coimas). La imagen de peque&ntilde;as tiendas con racimos de bidones apoyados en el piso&nbsp; de tierra es un paisaje habitual en la frontera colombo-venezolana,&nbsp; la m&aacute;s caliente de Am&eacute;rica Latina. Algo parecido sucede con los&nbsp; alimentos que el Estado distribuye a trav&eacute;s de los Comit&eacute;s Locales&nbsp; de Abastecimiento y Producci&oacute;n (CLAP) u ofrece subsidiados, que&nbsp; son desviados del circuito oficial, trasladados a Colombia y vendidos&nbsp; all&iacute; a un precio varias veces mayor. Esto obliga a los venezolanos&nbsp; que viven en la frontera a cruzarla para comprar harina, aceite o&nbsp; az&uacute;car, lo que a su vez da como resultado que Colombia exporta a&nbsp; Venezuela alimentos&hellip; venezolanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La funcionalidad de la econom&iacute;a ilegal es evidente. Las expor taciones, sean estas de coca&iacute;na tra&iacute;da de Colombia, oro extra&iacute;do&nbsp; de las minas ilegales del Orinoco o combustible desviado de los&nbsp; circuitos oficiales, garantizan un flujo de d&oacute;lares que luego ingresa&nbsp; en el mercado, alimentando de divisas a un pa&iacute;s siempre sediento&nbsp; de d&oacute;lares.Adem&aacute;s, cumple una funci&oacute;n social, genera puestos de&nbsp; trabajo en zonas desprovistas de actividades productivas, empleos&nbsp; para personas con bajos niveles de capacitaci&oacute;n que no encuentran&nbsp; otros medios para sobrevivir. Sobre todo en los momentos m&aacute;s&nbsp; dif&iacute;ciles de la crisis, la econom&iacute;a ilegal contribuy&oacute; a mantener una&nbsp; actividad m&iacute;nima en los lugares m&aacute;s apartados de Venezuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, tambi&eacute;n es un problema. Adem&aacute;s de los obvios&nbsp;perjuicios fiscales, la econom&iacute;a ilegal habilita todo tipo de abusos&nbsp; y violaciones de los derechos humanos por parte de las bandas&nbsp; criminales y de los militares y polic&iacute;as que en teor&iacute;a deber&iacute;an&nbsp; controlarlas. Es una fuente de accidentes no declarados &mdash;no es&nbsp;dif&iacute;cil imaginar el riesgo que implica el tr&aacute;fico desbocado de combustible&mdash; y un foco de nuevas-viejas enfermedades; en 2016, por&nbsp; ejemplo, Venezuela registr&oacute; 250.000 casos de malaria, casi la mitad&nbsp; de los relevados en todo el continente americano, concentrados&nbsp; en las zonas mineras, donde las lagunas artificiales y la ausencia de&nbsp; controles facilitan la trasmisi&oacute;n del par&aacute;sito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una mirada m&aacute;s profunda, la expansi&oacute;n de la econom&iacute;a&nbsp; ilegal es una muestra del colapso estructural del Estado venezolano.
    </p><p class="article-text">
        <em>Venezuela, ensayo sobre la descomposici&oacute;n</em> es editado por Debate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Natanson]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/venezuela-ensayo-inexplicable_129_11484549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2024 09:42:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Venezuela, un ensayo sobre lo inexplicable]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Venezuela,Lecturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adelanto de Ciudad, 1951, la última novela de María Lobo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/adelanto-ciudad-1951-ultima-novela-maria-lobo_1_11437701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21e1d446-18b1-4471-a569-9ee613600f51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adelanto de Ciudad, 1951, la última novela de María Lobo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra de la autora tucumana logró el Premio de Novela del Fondo Nacional de las Artes en 2022 y es sobre la construcción de la ciudad universitaria más grande de América Latina, en la montaña selvática de Tucumán. Este fragmento mezcla la realidad y la memoria. Benita y Charles caminan por San Miguel de Tucumán, entre la peculiaridad de la ciudad y los recuerdos del futuro.</p></div><p class="article-text">
        En un mundo presente, Benita mir&oacute; a Charles y dijo: &mdash;&iquest;Ser&aacute; cierto lo de 1951? Charles levant&oacute; la vista. Ella le pregunt&oacute; si se hab&iacute;a dado cuenta de que San Miguel era una ciudad de azoteas abundantes. &Eacute;l baj&oacute; la mirada hacia las baldosas y se concentr&oacute; en el sonido de las pisadas. Llegaron a la esquina sin interrumpir el silencio; dejar en primer plano la ausencia de tantas palabras.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;an caminado juntos hasta el punto donde sus destinos deb&iacute;an separarse. Como &eacute;l no dec&iacute;a nada, Benita insisti&oacute;: &mdash;Dicen que vamos a dejar de recordar del futuro. &mdash;Eso dicen &mdash;dijo Charles. &mdash;Me refiero a que estamos en 1951 &mdash;dijo ella.
    </p><p class="article-text">
        Los tacos de los zapatos de Benita no eran altos, aunque s&iacute; bastante finos. Charles no recordaba haber estado en otra ciudad donde hubiera tranv&iacute;as estacionados en la mitad de las cuadras. Pero en San Miguel esa imagen, como las de las azoteas, era una imagen de carne y hueso. Real. Hab&iacute;a un vag&oacute;n vac&iacute;o all&iacute;, justo en mitad de una manzana. De alguna manera, Benita consegu&iacute;a caminar sin enterrar sus tacos entre las juntas de los adoquines. Despedirse sin decir &ldquo;nos despedimos&rdquo;. Charles la mir&oacute; saludarlo con la mano, manejar sus piernas (f&aacute;cil), los pasos cortos; la mir&oacute; cruzar la calle, avanzar hasta perderse detr&aacute;s del vag&oacute;n estacionado, desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Era la tarde y era el viento. Fr&iacute;o en los pies. &Eacute;l pod&iacute;a dejar las cosas como estaban. Seguir caminando en direcci&oacute;n a las monta&ntilde;as, buscar la luz del almac&eacute;n que estaba en la esquina de la pensi&oacute;n, encontrarlo abierto. Salir de all&iacute; con una botella de vino dentro de un paquete, caminar una cuadra m&aacute;s, esta vez hacia el sur, &iquest;Benita esperaba que &eacute;l dijera algo?, llegar, subir las escaleras a pie, &iquest;o que &eacute;l hiciera algo?, cenar a solas, despu&eacute;s sentarse a dibujar. Camin&oacute; en el mismo sentido, todo recto en direcci&oacute;n a esas monta&ntilde;as que, en aquel momento del d&iacute;a, pod&iacute;an existir o no existir. La ciudad estaba desierta y penetrada de aquel olor a San Miguel, &iquest;humo?, &iquest;el vapor de personas diferentes?, aspirar un lugar.
    </p><p class="article-text">
        Si acaso &eacute;l se volviera sobre sus pasos, Benita, &iquest;todav&iacute;a estar&iacute;a all&iacute;, justo en el punto donde se hab&iacute;an separado? La luz del almac&eacute;n se ve&iacute;a encendida, pero Charles dio la vuelta hacia el este. Una pareja que caminaba detr&aacute;s, a la que &eacute;l no hab&iacute;a visto, se detuvo de pronto para no tropezarse con &eacute;l y luego le abri&oacute; el paso.
    </p><p class="article-text">
        Charles lleg&oacute; a la primera esquina, esper&oacute; el cruce del tranv&iacute;a, tal vez Benita apareciera del mismo modo en que se hab&iacute;a perdido hac&iacute;a solo un instante; luego Charles se quit&oacute; el sombrero, &iquest;se puede estar con alguien y no renunciar a nuestra imagen de persona en estado de superaci&oacute;n?, &iquest;salir a la vida como un hombre que se ha enamorado y aun as&iacute; seguir pareciendo libre? Tocar un timbre, ser un desconocido que pregunta por una mujer cuyo nombre lo excita desde que lo ha o&iacute;do por primera vez. Benita. Invitarla a qu&eacute;. Alcanz&oacute; la segunda esquina, borde&oacute; el charco, salt&oacute; las v&iacute;as, &iquest;algo se descompon&iacute;a debajo de las calles de San Miguel?
    </p><p class="article-text">
        Entonces ella apareci&oacute;; tambi&eacute;n llevaba su sombrero en la mano, y sus pantalones muy largos, y su abrigo muy grande o muy largo, y la mochila colgada de un hombro. Invitarla a d&oacute;nde. Benita se hab&iacute;a vuelto sobre sus pasos y ahora estaba all&iacute;. Parada en una vereda, mirando al frente; Benita era ahora una testigo de alguien (un Charles); testigo de un hombre que se hab&iacute;a vuelto sobre sus pasos para mirar otra vez a una mujer. Charles se acerc&oacute; y le ofreci&oacute; cargar su mochila, como si estuvieran a punto de emprender un recorrido. Era Benita quien ten&iacute;a el derecho de decidir a d&oacute;nde. Aunque llevaba tres a&ntilde;os en la ciudad, Charles no era m&aacute;s que un reci&eacute;n llegado en San Miguel. Se colg&oacute; la mochila de ella en el mismo hombro en el que cargaba la de &eacute;l. Charles ahora era alguien que ten&iacute;a dos mochilas colgando de su hombro. Mir&oacute; hacia las azoteas. &mdash;&iquest;A d&oacute;nde vamos? &mdash;le pregunt&oacute; a Benita.
    </p><p class="article-text">
        Entonces ella le agarr&oacute; la mano y empezaron a caminar hacia el este, por esas cuadras que iban en descenso desde la ciudad hacia la zona de parque, &iquest;ir de la mano? Los tacos en el silencio de esa noche, &iquest;mostrarse as&iacute;? Llegaron al final del bajo, cruzaron la avenida. De pronto, los &aacute;rboles del parque, la vista del lago. De pronto, la noche. Estaban parados justo debajo del puente peatonal que separaba el norte del sur en San Miguel.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a estar seguro. Saber si Benita realmente se hab&iacute;a vuelto caminando todas esas cuadras para encontrarse con &eacute;l. Pod&iacute;a invitarla a mirar las cosas desde las alturas. Ella no parec&iacute;a sentir verg&uuml;enza nunca. &mdash;Qu&eacute; es mejor, caminar por sobre o debajo de las cosas &mdash;dijo &eacute;l&mdash;. Porque creo que iba a invitarte al puente. Creo que iba a invitarte, &iquest;creo?, &iquest;creo que iba a invitarte?, &iquest;creer?
    </p><p class="article-text">
        Benita lo mir&oacute;; dijo: &mdash;&iquest;Te pregunt&aacute;s algunas veces? &iquest;Por el sonido y la visi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;an avanzado por aquellas cuadras, en descenso. Benita parec&iacute;a haber pasado por esa situaci&oacute;n en tantas otras oportunidades; se ve&iacute;a como alguien que no ten&iacute;a problemas con las im&aacute;genes de parejas que van por las veredas: esa clase de amor. Charles no le dijo que &eacute;l s&iacute; se hab&iacute;a vuelto para buscarla. Caminaron unos pasos m&aacute;s, hasta la entrada del puente por donde cruzaban los peatones. Hab&iacute;a una valla que cerraba el paso de las escaleras, porque el puente estaba en obra. Charles nunca lo hab&iacute;a visto despejado; ese puente estaba en obra desde que &eacute;l hab&iacute;a llegado a San Miguel por primera vez.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ahora va a pasar un auto &mdash;dijo ella&mdash;. He tenido ese recuerdo. Y tambi&eacute;n me he visto a m&iacute; misma, en el futuro, recordando esta clase de momentos.
    </p><p class="article-text">
        Charles le pregunt&oacute; si quer&iacute;a esperar all&iacute; hasta que pasara el auto o si prefer&iacute;a subir. Benita le dio un beso corto, entonces &eacute;l volvi&oacute; a darle otro m&aacute;s profundo y m&aacute;s largo. Le agarr&oacute; la mano, desplaz&oacute; la valla hacia un costado y la acomod&oacute; otra vez, cuando entraron. Mientras sub&iacute;an las escaleras, frenaron en un pelda&ntilde;o y se dieron un beso otra vez. Aplastado, un beso bastante eterno. Llegaron a las alturas, caminaron hasta la mitad del puente. Se quedaron all&iacute;, mirando hacia las monta&ntilde;as. &mdash;En el futuro &mdash;dijo Charles&mdash;. Vas a recordarlo siempre. Ning&uacute;n auto a esa hora. &mdash;&iquest;Vos tambi&eacute;n? &mdash;dijo Benita&mdash;. &iquest;Ya lo has recordado?
    </p><p class="article-text">
        <em>ML/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Lobo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/adelanto-ciudad-1951-ultima-novela-maria-lobo_1_11437701.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Jun 2024 15:58:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adelanto de Ciudad, 1951, la última novela de María Lobo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lecturas,Novelas,María Lobo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Automatizados: vida y trabajo en tiempos de inteligencia artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/automatizados-vida-trabajo-tiempos-inteligencia-artificial_1_11376393.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04fdab03-1cbd-4f43-895a-69eace5c1b8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Automatizados: vida y trabajo en tiempos de inteligencia artificial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El úlltimo libro de los economistas Eduardo Levy Yeyati y Darío Judzik se adelanta con un capítulo que explora el “Efecto Robin Hood” de la inteligencia artificial; es decir, cómo la IA podría nivelar las diferencias socioeconómicas que tradicionalmente favorecen a los más capacitados. Pero hay riesgos: por ejemplo, en la disminución en la valoración de la educación superior.</p></div><p class="article-text">
        Tradicionalmente, los procesos de cambio tecnol&oacute;gico son sesgados a favor de las habilidades: en general, en medio de una ola transformadora de tecnolog&iacute;a, suelen salir mejor parados (en acceso al empleo, en ingresos, en condiciones laborales) las personas con mayor capacitaci&oacute;n, habilidad o talento, especialmente cuando este talento es &uacute;til para utilizar y complementar a la nueva tecnolog&iacute;a. Esto a su vez aumenta la prima salarial por calificaci&oacute;n: la diferencia de ingreso laboral para quienes &ndash;siendo iguales en todo lo dem&aacute;s&ndash; tiene mayor grado de formaci&oacute;n. Caso concreto: la diferencia en salario promedio entre un trabajador con t&iacute;tulo terciario y otro con t&iacute;tulo secundario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La nueva IA podr&iacute;a invertir radicalmente esta ecuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un <a href="https://www.nber.org/papers/w30612" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> reciente introduce una pregunta novedosa: &iquest;Qu&eacute; pasa si esta vez la tecnolog&iacute;a <em>reduce</em> la prima por calificaci&oacute;n y, como resultado de esto, tambi&eacute;n la desigualdad de ingresos? Para ilustrar el punto, estudia la vida de los taxistas en Tokyo. Saber hacia qu&eacute; partes de la ciudad dirigirse, en qu&eacute; momentos del d&iacute;a, para captar la mayor demanda de viajes, requiere de experiencia y de talento. Las nuevas aplicaciones de movilidad hacen innecesaria esa habilidad y ese talento, igualando los ingresos por hora trabajada. Seg&uacute;n el art&iacute;culo, una aplicaci&oacute;n de este tipo en Tokio redujo un 7% el tiempo promedio de conducci&oacute;n sin pasajeros de un taxista. Como la aplicaci&oacute;n sustituye una habilidad, los que no la ten&iacute;an aumentan su performance en un 14% en promedio, igualando ingresos y aplanando la prima por habilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la misma direcci&oacute;n apunta David Autor en un <a href="https://www.nber.org/system/files/working_papers/w32140/w32140.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo</a> de 2024 donde se&ntilde;ala que, a diferencia de la primera automatizaci&oacute;n que preservaba los trabajos m&aacute;s calificados, la IA podr&iacute;a igualar hacia arriba complementando las competencias de trabajadores de calificaci&oacute;n media para que puedan desempe&ntilde;arse en tareas m&aacute;s complejas, eventualmente restaurando los empleos de clase media de pa&iacute;ses desarrollados perdidos con la globalizaci&oacute;n y la digitalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que sucede esto. Antes del software de procesamiento de texto la mecanograf&iacute;a era todo un arte y una disciplina. Se ense&ntilde;aba en las escuelas y en los institutos de formaci&oacute;n como garant&iacute;a laboral. Cu&aacute;ntas palabras por minuto se pod&iacute;an escribir era una habilidad que figuraba en el CV. Los procesadores de texto sustituyeron esa habilidad al punto de dejarla obsoleta &ndash;no est&aacute; claro si para beneficio o desgracia de la secretaria&ndash;.
    </p><h3 class="article-text">Pero &iquest;hacia d&oacute;nde iguala Robin Hood?</h3><p class="article-text">
        En 1964, unos documentalistas ingleses liderados por Paul Almond re&uacute;nen y entrevistan en Londres a 14 chicos de 7 a&ntilde;os de procedencia socioecon&oacute;mica lo suficientemente variada como para representar a la sociedad brit&aacute;nica de 1964. La idea es volver a entrevistarlos cada 7 a&ntilde;os. En el primer cap&iacute;tulo de la &ldquo;serie Up&rdquo;, se ve a Tony, de clase baja, diciendo a c&aacute;mara que de grande ser&aacute; jockey y que, de no lograrlo, ser&aacute; taxista. A Tony se lo ve de nuevo a los 14 entrenando para jockey en un establo y a los 21, tras haber fracasado como jockey, recorriendo Londres en un <em>scooter</em> para prepararse para el <em>Knowledge</em>, el enciclop&eacute;dico examen de calles que los <em>cabbies</em> deben pasar para conducir un taxi. En el primer documental se piensa en hacer formar fila a los chicos y que tres de ellos dieran un paso al frente y dijeran: &ldquo;de estos chicos solo tres tendr&aacute;n &eacute;xito&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tal vez porque la interpretaci&oacute;n dice tanto del objeto como de su observador (uno de los entrevistadores y futuro director, Michael Apted, confesar&aacute; m&aacute;s tarde que, mientras filmaba <em>21 up</em>, hizo tomas de Tony en barrios marginales para usarlas en el futuro porque consideraba que probablemente se volviera un delincuente), la serie confirma la hip&oacute;tesis <em>pol&iacute;tica</em> que la motiva: a pesar del sistema de educaci&oacute;n p&uacute;blica del <em>welfare state</em>, la clase social sigue determinando el destino socioecon&oacute;mico de los chicos. Con una sola excepci&oacute;n: el jockey frustrado por el que Apted daba tan poco, que al convertirse en taxista sube un escal&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy que el <em>Knowledge</em> est&aacute; jaqueado por las plataformas y la falta de postulantes y al borde de la desaparici&oacute;n, no est&aacute; claro si la tecnolog&iacute;a elevar&aacute; al conductor de UBER a la clase media o degradar&aacute; al conductor de taxis a la clase baja. En Londres, en Tokio y en el resto del mundo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa con los taxistas calificados? En el art&iacute;culo sobre los taxistas de Tokyo se especula con que preservan sus ingresos, aunque es l&oacute;gico suponer que, con la mayor competencia de quienes ahora usan eficientemente la aplicaci&oacute;n, pierdan algo de mercado y algo de salario. Incluso podr&iacute;amos conjeturar que, sustituido el componente asociado a la calificaci&oacute;n, el trabajador calificado no ser&iacute;a distinguible del no calificado: ambos ganar&iacute;an lo mismo (adi&oacute;s a la prima por educaci&oacute;n) y el mercado contar&iacute;a con una sobreoferta de trabajadores para una tarea para la que antes contaban con muchos menos, lo que sin duda llevar&iacute;a a una reducci&oacute;n del salario promedio de estos trabajadores. Ganan los de abajo a costa de los de arriba, y gana la empresa a costa de todos.
    </p><p class="article-text">
        Si la IA reemplazara a la inteligencia humana en todos sus aspectos, la igualaci&oacute;n ser&iacute;a total y descendente, ya que prescindir&iacute;a del trabajador de manera equitativa. Si reemplazara las tareas m&aacute;s complejas, la igualaci&oacute;n tambi&eacute;n ser&iacute;a hacia abajo (recordemos el ejemplo de los logaritmos y la calculadora, o el de la ortograf&iacute;a y el corrector, o el del taxista). M&aacute;s que elevar al trabajador poco calificado, lo que har&iacute;a ser&iacute;a degradar el calificado haciendo redundante la calificaci&oacute;n, tomando a cargo las tareas complejas y relegando para el trabajo humano los pasos m&aacute;s b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las inversiones en IA est&aacute;n asociadas con una aplanaci&oacute;n de la estructura jer&aacute;rquica de las empresas, con aumentos significativos en la proporci&oacute;n de trabajadores a nivel junior y disminuciones en las proporciones de trabajadores en roles de gerencia media y puestos senior&rdquo;, concluye un <a href="https://www.nber.org/books-and-chapters/technology-productivity-and-economic-growth/firm-investments-artificial-intelligence-technologies-and-changes-workforce-composition" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de micro datos de los EE.UU. (tambi&eacute;n mencionan que las empresas que invierten en IA tienden a fuerzas laborales m&aacute;s educadas, con mayores proporciones de trabajadores con t&iacute;tulos de pregrado y posgrado, y m&aacute;s especializaci&oacute;n en STEM).
    </p><p class="article-text">
        Hallazgos preliminares, sobre datos pre-IA generativa, en l&iacute;nea con nuestra discusi&oacute;n del cap&iacute;tulo 1: una reducci&oacute;n del premio por estudiar y formarse y, con esto, de la desigualdad salarial y de ingresos. Bueno para la equidad entre trabajadores, sin duda. No tan bueno para los universitarios. Ni para la equidad entre el trabajo y el capital. En s&iacute;ntesis, nuestra hip&oacute;tesis #2: el efecto Robin Hood de la nueva IA ecualiza a los trabajadores hacia abajo.
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                Portada del último libro de Eduardo Levy Yeyati y Darío Judzik.                            </span>
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        <em>JJD</em>
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      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Levy Yeyati y Darío Judzik]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 May 2024 09:38:51 +0000]]></pubDate>
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