<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Qatar 22]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/qatar-22/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Qatar 22]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1044100/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La  Scaloneta no nos dejó tirados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/scaloneta-no-dejo-tirados_129_9820587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d73182d-7343-469c-9a4f-3e6fb6c35bdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1063167.jpg" width="2480" height="1395" alt="La  Scaloneta no nos dejó tirados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ese modesto vehículo nacional, baqueteado y con bollos, entra mucha gente. La Scaloneta nos transporta un poco a la infancia o la adolescencia cuando subirnos de a muchos a un vehículo era sinónimo de aventura, escribe Renato Tarditti, especialista en diseño y cultura automotriz. 

</p></div><p class="article-text">
        La leyenda dice que la <strong>Scaloneta</strong> naci&oacute; en julio de 2021, despu&eacute;s del partido contra Ecuador por los cuartos de final de la Copa Am&eacute;rica. Despu&eacute;s de ese partido, el nov&iacute;simo apodo de la Selecci&oacute;n Nacional fue tendencia en Twitter, incluso con memes del DT Lionel Scaloni manejando un colectivo. Hay un periodista deportivo &ndash;el Gringo Cingolani&ndash; que se atribuye haberlo inventado, aunque siempre estas cosas que se hacen tan populares son dif&iacute;ciles de verificar. Tambi&eacute;n hubo antes una Cicloneta (un equipo de la reserva de San Lorenzo), una Vitroneta (en la reserva de River) y una Piponeta (en las inferiores de Independiente). M&aacute;s all&aacute; de los antecedentes, lo cierto es que hoy todo el Mundo (y me refiero al Planeta Tierra) reconoce la palabra que se termin&oacute; convirtiendo en el apodo &ldquo;oficial&rdquo; del seleccionado argentino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Scaloneta es mucho m&aacute;s que un apodo: es una <strong>idea</strong> que tiene forma f&iacute;sica, porque cada uno de los que abrazamos el t&eacute;rmino tenemos una imagen m&aacute;s o menos definida de lo que es. Y siempre es alg&uacute;n tipo de veh&iacute;culo motorizado, simplemente porque es algo a lo que uno &ldquo;se puede subir&rdquo;. Por eso la Scaloneta puede tomar tantas formas como las que la imaginaci&oacute;n lo permita: puede ser un <strong>colectivo</strong> grande, uno m&aacute;s chico, un &oacute;mnibus, un minibus, un furg&oacute;n&hellip; (hasta hay entusiastas que la han llevado a la &ldquo;realidad&rdquo; adaptando camiones y autos a sus visiones y posibilidades). M&aacute;s all&aacute; de todas las morfolog&iacute;as que pueda tomar, hay un elemento b&aacute;sico en com&uacute;n: la Scaloneta tiene que ser un veh&iacute;culo en el que entre mucha gente. Para empezar, todos los jugadores del equipo. Y si hay m&aacute;s plazas, mejor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no es solo eso; adem&aacute;s de la forma o el tama&ntilde;o, hay otras caracter&iacute;sticas que son esenciales en la idea de la Scaloneta, y casi dir&iacute;a que las m&aacute;s importantes. Y aqu&iacute; es donde entra en juego esa entelequia que solemos llamar <em><strong>argentinidad</strong></em>, con todas nuestras virtudes y defectos. Porque as&iacute; tiene que ser la Scaloneta, un veh&iacute;culo con virtudes y defectos. Porque, <strong>&iquest;acaso alguien puede imaginarse a la Scaloneta como un veh&iacute;culo moderno, nuevo o reluciente?</strong> Lo dudo mucho. Por el contrario, el mismo sufijo &ldquo;neta&rdquo; &ndash;como en patineta, <em>citroneta</em>, motoneta&ndash; siempre denota la sensaci&oacute;n de algo m&aacute;s bien tirando a humilde, derivado de otra cosa, adaptado a &ldquo;lo que hay a mano&rdquo;. Un poco &ldquo;fatto in casa&rdquo;, para encajar con la sonoridad italiana que termina teniendo la palabra. Es as&iacute;, <strong>la Scaloneta est&aacute; un poquito baqueteada, tiene un par de bollos y la pintura algo saltada, e indefectiblemente tiene alguna parte &ldquo;atada con alambre&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los alemanes no podr&iacute;an tener una Scaloneta (o una Flickneta, t&eacute;cnicamente, teniendo en cuenta que su DT es Hansi Flick). En todo caso tendr&iacute;an un solemne Flickwagen, reluciente y poderoso, hecho con la mejor ingenier&iacute;a y dise&ntilde;ado para como para circular por las Autobhan, como para llegar rapidito y sin inconvenientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, la Scaloneta naci&oacute; casi condenada a andar la mayor parte del tiempo cuesta arriba, por caminos con baches, con todos bien apretados adentro y &ldquo;parando en todas&rdquo;. As&iacute; se forj&oacute;, abnegada, siempre de menos a m&aacute;s, haciendo un gran esfuerzo para llegar a la siguiente parada. Esos son los atributos que le confiri&oacute; Lionel Scaloni (y por eso es una humilde Scaloneta y no una superestelar Messineta, aunque Messi fue el primero que se subi&oacute; y adopt&oacute; sus valores).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que por eso peg&oacute; tan bien el apodo (y la idea) en aqu&eacute;l momento original, en el que la selecci&oacute;n iba siempre <em>de punto</em>, y confiar en ella era una quimera. Subirse a la Scaloneta en sus inicios implicaba el enorme riesgo de quedarse a mitad de camino, tirados en la banquina. Pero tambi&eacute;n se visualizaba que, por m&aacute;s cachuza que estuviese esa carrocer&iacute;a &ndash;muchas veces objeto de burlas y desprecios&ndash;, la mec&aacute;nica funcionaba bastante bien. Y algo mucho mejor: parec&iacute;a que los muchachos que iban adentro se estaban divirtiendo, y que no se les iban a caer los anillos si ten&iacute;an que bajarse a empujar, cambiar una rueda o hasta un palier.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese grupito de queribles atorrantes que fueron formando el equipo est&aacute; impl&iacute;cita la noci&oacute;n de travesura: esa idea de ir todos juntos, apretados y haciendo bardo. Una promesa de que nos vamos a divertir en el camino, aunque suframos para llegar al destino. Y en ese sufrimiento tambi&eacute;n hay una enorme voluntad para superar la adversidad, para lo cual hay que hacer las cosas bien. Al final de cuentas, la Scaloneta termin&oacute; flore&aacute;ndose con su andar y Messi, Angelito y compa&ntilde;&iacute;a dejaron la carrocer&iacute;a hermosamente adornada con unos filteados bien argentos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No me atrever&iacute;a a decir c&oacute;mo funciona para las nuevas generaciones, pero s&iacute; estoy seguro que para los m&aacute;s grandecitos la idea de la Scaloneta nos transporta un poco a la infancia o la adolescencia. Esa &eacute;poca en la que subirnos de a muchos a un veh&iacute;culo as&iacute; era sin&oacute;nimo de aventura. &iquest;Qui&eacute;n no anduvo en un veh&iacute;culo un poco (o bastante) destartalado, para llegar a alg&uacute;n lugar deseado, promesa de alegr&iacute;a y diversi&oacute;n? Creo que todos tuvimos nuestra propia Scaloneta, ya sea para irnos de vacaciones con la familia, para salir de joda con amigos, para ir a un recital, festival o cualquier plan que vislumbre emociones. A m&iacute; me hace acordar al Fitito desvencijado de mi entrenador de voley, al que nos sub&iacute;amos apretad&iacute;simos los 7, 8 o 9 jugadores que &iacute;bamos a cada partido de visitante. Hoy ser&iacute;a una locura, un riesgo que ning&uacute;n padre sensato estar&iacute;a dispuesto a correr. Y s&iacute;, subirse a una Scaloneta nunca estuvo exento de peligros.
    </p><p class="article-text">
        La imagen que ilustra esta nota es de Alejandro Burdisio, un maravilloso artista cordob&eacute;s que combina en sus ilustraciones lo m&aacute;s pintoresco de la tradici&oacute;n vehicular argentina, con una inigualable fantas&iacute;a futurista, entre esperanzada y dist&oacute;pica. As&iacute; me imagino yo a la Scaloneta. Y as&iacute; me hubiese gustado verla pasando por encima de las cinco millones de personas que se juntaron el martes, con los jugadores saludando euf&oacute;ricos y tomando fernet. Como dijo Messi despu&eacute;s de la derrota con Arabia Saudita:&nbsp; &ldquo;No los vamos a dejar tirados&rdquo;. Y no, ese maravilloso artefacto creado por Lionel Scaloni no nos dej&oacute; tirados. 
    </p><p class="article-text">
        <em>RT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Renato Tarditti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/scaloneta-no-dejo-tirados_129_9820587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Dec 2022 03:17:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6d73182d-7343-469c-9a4f-3e6fb6c35bdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1063167.jpg" length="5906363" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6d73182d-7343-469c-9a4f-3e6fb6c35bdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1063167.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5906363" width="2480" height="1395"/>
      <media:title><![CDATA[La  Scaloneta no nos dejó tirados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6d73182d-7343-469c-9a4f-3e6fb6c35bdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1063167.jpg" width="2480" height="1395"/>
      <media:keywords><![CDATA[Lionel Scaloni,Selección Nacional,Qatar 22,campeones del mundo,Scaolenta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Argentina recupera la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-recupera-memoria_129_9747814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bca6b6e5-31ed-42e5-8428-8bb11665aeeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Argentina recupera la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de un comienzo errático, en el que la memoria corta del partido con Arabia Saudita parecía dominarlo todo, el equipo encontró su mejor forma.  El gol de Messi, escribe Juan José Becerra, tiene el aura mestiza de la obra de arte que hace contacto con el milagro. </p></div><p class="article-text">
        Nunca estuvo tan claro lo que ocurri&oacute; en un partido de f&uacute;tbol en sus niveles m&aacute;s ocultos y profundos. Como si pudieran contemplarse los cerebros de los jugadores a trav&eacute;s de un panel transparente, vimos que en la primera media hora Argentina jugaba atada a la memoria del pasado inmediato, en la que aparec&iacute;an bajo la neblina de la pesadilla una larga fila de camellos montados por beduinos con la camiseta de Arabia Saudita, la camisa blanca sin arrugas de Herv&eacute; Renard y la perplejidad por la ca&iacute;da, por no decir la postraci&oacute;n del debut.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En esa media hora, oper&oacute; sobre la estructura ps&iacute;quica del equipo de Scaloni la calamidad de la memoria corta ocupando todos los recuerdos. </strong>En medio de ese aturdimiento inicial, bajo el que Argentina se mostr&oacute; inhibida y err&aacute;tica, prevaleci&oacute; el pacto de caballeros con M&eacute;xico: vos no me pate&aacute;s al arco, y yo tampoco.
    </p><p class="article-text">
        Pero despu&eacute;s de esa media hora tanguera, quiz&aacute;s sobreactuada en su melancol&iacute;a, en la que el equipo busc&oacute; averiguar c&oacute;mo salir del r&eacute;gimen de marca tipo noviazgos masivos que Martino dise&ntilde;o para anular las terminales de recepci&oacute;n despu&eacute;s del primer pase, empez&oacute; a actuar la memoria larga.
    </p><p class="article-text">
        Bast&oacute; una recuperaci&oacute;n alta, m&aacute;s un t&iacute;mido despliegue de cuatro o cinco pases interiores entre Messi, De Paul y Mac Allister sobre el final del primer tiempo para que Argentina recuperara su investidura de equipo de composici&oacute;n del juego propio basado, en primer lugar, en las cacer&iacute;as casi perfectas de los perros salvajes de &Aacute;frica: corre uno y corren todos; muerde uno y muerden todos. Fue un hecho aislado, que termin&oacute; en un c&oacute;rner por la izquierda, pero su valor fue el que tiene recordar la combinaci&oacute;n de la caja fuerte despu&eacute;s de un golpe &ldquo;positivo&rdquo; en la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Argentina baj&oacute; al entretiempo en situaci&oacute;n de deshielo, habi&eacute;ndole encontrado la frecuencia al partido despu&eacute;s de un suspenso en el que nadie estuvo en peligro. El problema que hab&iacute;a que resolver era el del espacio de la disputa, es decir el d&oacute;nde, esa condici&oacute;n a la que la Argentina de Scaloni siempre ha sabido agregarle el c&oacute;mo. Y una vez recuperado en el ambiente adecuado el doble don de la agresividad, primero para quitar y despu&eacute;s para jugar, M&eacute;xico entr&oacute; lentamente en p&aacute;nico. Primero, lo manifest&oacute; retrocediendo; y luego, patrullando tarde las conexiones entre Mac Allister y De Paul, y entre Messi y Di Mar&iacute;a, ambos cada vez m&aacute;s asiduos al toqueteo cerca de Ochoa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La entrada de Enzo Fern&aacute;ndez verticaliz&oacute; el juego. </strong>La agresi&oacute;n machacante, de cancha inclinada desde el inicio del segundo tiempo, empezaba en &eacute;l, en su car&aacute;cter y en su sagacidad para detectar d&oacute;nde M&eacute;xico perd&iacute;a el control. <strong>En esas gestiones estaba el equipo, adelantado y confianzudo, abri&eacute;ndole la heladera a M&eacute;xico, cuando Messi vio luz a trav&eacute;s del embudo que hab&iacute;an dejado destapados los centrales y ensart&oacute; la pelota contra un palo antes de que Herrera alcanzara a bloquearlo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los cambios agregados consolidaron la firmeza de Argentina con las tres bestias que utiliz&oacute; de centrales, y las agresiones contra el campo de M&eacute;xico se volvieron m&aacute;s altas y org&aacute;nicas, con un m&eacute;todo de presi&oacute;n insoportable para cualquier grupo de humanos que quisiera resistirla. Desde Otamendi, saliendo a cortar hasta tres cuartos de cancha, hasta Juli&aacute;n Alvarez, que se convirti&oacute; de hecho en un primer cinco itinerante yendo buscar a todo el que se moviera con la pelota, Argentina fue una compactadora en la que el juego de M&eacute;xico perdi&oacute; orientaci&oacute;n y voluntad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Con el dominio absoluto de todas las variables, sobre todo la del control del peligro, la llegada del gol at&oacute;mico de Enzo Fern&aacute;ndez fue la droga recreativa del partido y la prueba viviente de que al f&uacute;tbol se juega con la cabeza. </strong>De repente, la realidad material del partido refrendaba lo que hab&iacute;a estado pasando desde el momento en que Argentina volvi&oacute; a sentir poco a poco su poder.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La curva creciente del rendimiento de Argentina fue exactamente la misma que la de la recuperaci&oacute;n de la memoria.</strong> El caso testigo, por lo bajo que hab&iacute;a sido su rendimiento en el debut y lo alto que termin&oacute; siendo en este partido, fue el de Rodrigo De Paul. Perdido, apagado y depresivo en el primer tiempo, parec&iacute;a estar jugando el tercer tiempo fantasma contra Arabia Saudita. Hasta que empez&oacute; a bajar m&aacute;s r&aacute;pido para recibir el primer pase y a subir m&aacute;s alto para recibir el segundo, y la contenci&oacute;n de M&eacute;xico empez&oacute; a desbordarse por adentro y por afuera.
    </p><p class="article-text">
        Era evidente que los que ingresaron en el segundo tiempo lo hicieron inspirados en esa recuperaci&oacute;n, que fue masiva. No hubo individuo que desti&ntilde;era el color del conjunto, como tampoco hubo salvadores. <strong>Aunque el gol de Messi tiene el aura mestiza de la obra de arte que hace contacto con el milagro.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de Scaloni y Pablo Aimar llorando en el banco de suplentes como si estuvieran viendo el final de E.T., tienen el valor que hay que darles a esas personas que viven en la silla el&eacute;ctrica, subiendo y bajando con nosotros las mismas olas de la emoci&oacute;n colectiva. 
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-recupera-memoria_129_9747814.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Nov 2022 00:43:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bca6b6e5-31ed-42e5-8428-8bb11665aeeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1999705" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bca6b6e5-31ed-42e5-8428-8bb11665aeeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1999705" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Argentina recupera la memoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bca6b6e5-31ed-42e5-8428-8bb11665aeeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Argentina,Qatar 22,Lionel Messi,Selección Argentina]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
