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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Paz social]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/paz-social/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Paz social]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuidar la Paz Social es un deber moral de todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuidar-paz-social-deber-moral_1_11752152.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9de3b92a-e090-4f24-b791-9edf5989bb36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuidar la Paz Social es un deber moral de todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los dirigentes, políticos, sociales, empresariales, sindicales, religiosos, no podemos ser inmorales, debemos adecuarnos a una forma de ser y estar en la sociedad que ayude a la convivencia y a la paz social. No se puede ni se debe decir, o hacer cualquier cosa</p></div><p class="article-text">
        La <strong>Paz Social </strong>es una realidad dif&iacute;cil de alcanzar y de hecho, somos testigos de cu&aacute;nto le cuesta al mundo vivir en Paz.<strong> La Paz es fr&aacute;gil y por eso es necesaria cuidarla.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los argentinos hemos vivido un tiempo de <strong>inmensa violencia </strong>que gener&oacute; &nbsp;en nosotros heridas que hasta el d&iacute;a de hoy, no sanan. 
    </p><p class="article-text">
        Con enormes esfuerzos de la mayor&iacute;a, es mucho lo que se ha trabajado para vivir hoy en una paz social que nos permite, a pesar de tantas falencias e inconsistencias, convivir. De alguna manera, c<strong>on el consenso democr&aacute;tico nos pusimos de acuerdo que la paz social es un valor que debemos cuidar</strong> porque nos ayuda a convivir. Podemos convivir porque hay una paz conquistada y alcanzada por todos.
    </p><p class="article-text">
        No podemos darnos el lujo de perder la paz. Si la perdemos, junto a los<strong> tremendos niveles de pobreza </strong>que tenemos, seremos la generaci&oacute;n responsable de socavar a&uacute;n m&aacute;s el presente y <strong>condenar a nuestros ni&ntilde;os y j&oacute;venes a un futuro oscuro</strong>. Les dejaremos inmensas dificultades, muy dif&iacute;ciles de superar. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los combustibles que hoy <strong>acrecienta el fuego de la violencia</strong>, es un modo de hacer pol&iacute;tica que utiliza<strong> un tipo de lenguaje y de comunicaci&oacute;n que no tiene l&iacute;mites,</strong> es decir, valen todo tipo de transgresiones. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n mi modo cristiano de entender la vida, <strong>no se mata s&oacute;lo matando el cuerpo, tambi&eacute;n con la palabra.</strong> Son iluminadoras aquellas palabras de <strong>Jes&uacute;s</strong>: <em>&ldquo;Ustedes han o&iacute;do que se dijo a los antepasados: &rdquo;No matar&aacute;s&ldquo;, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedr&iacute;n. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego&rdquo; </em>(Mt 5,21-22).<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del g&eacute;nero literario y cultural de aquella &eacute;poca, podemos entender el valor universal de la ense&ntilde;anza. No se puede matar de ninguna forma. <strong>Hay un l&iacute;mite que debemos respetar, porque pasarlo, es correr el riesgo de eliminarnos unos a otros y a uno mismo. </strong>El que mata de palabra, se mata. La violencia mata al otro y me mata.
    </p><p class="article-text">
        Hay que poner<strong> un l&iacute;mite a todo tipo de violencia</strong>, la de la palabra, la de los gestos, la de las armas, la de la corrupci&oacute;n, la de la inmoralidad. Hay que hacerlo ya, sin dilaciones.
    </p><p class="article-text">
        Ese l&iacute;mite totalmente necesario no se alcanzar&iacute;a con la firma de un <strong>acuerdo consensuado</strong>, una especie de pacto social. Ayudar&iacute;a, pero ya hay un sin n&uacute;mero de leyes que regulan una mejor convivencia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Debe haber entre nosotros un compromiso personal y social que sea el fruto de aceptar vivir y convivir con valores asumidos en lo profundo del ser y de la conciencia y que se traslucen en la <strong>conducta personal,</strong> en mi forma de moverme en la vida, en mi condici&oacute;n de ser una persona moral.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La democracia no es autoritarismo,</strong> es un modo de convivencia p&uacute;blica que necesita ser normalizada por la vida moral de cada uno de nosotros. No todo da lo mismo<strong>, no se puede ni se debe decir, o hacer cualquier cosa.</strong> Debemos descartar todo tipo de violencia.
    </p><p class="article-text">
        Ser personas con moral nos lanza a buscar el bien del otro, no el mal, a trabajar por un orden justo, por la libertad, la verdad, la paz, no por la violencia. Adem&aacute;s,<strong> se necesita una especial humildad y honestidad para no caer en las trampas del egocentrismo,</strong> que dilapida la vida moral y todo tipo de convivencia. La violencia es inmoral y la inmoralidad genera violencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los dirigentes, pol&iacute;ticos, sociales, empresariales, sindicales, religiosos, no podemos ser inmorales,</strong> debemos adecuarnos a una forma de ser y estar en la sociedad que ayude a la convivencia y a la paz social. 
    </p><p class="article-text">
        Los dirigentes somos muy responsables de la paz social. Pobreza m&aacute;s violencia generalizada ser&iacute;a una cat&aacute;strofe para nuestra Argentina.
    </p><p class="article-text">
        <em>DM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Eduardo Scheinig. Arzobispo de Mercedes-Lujan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuidar-paz-social-deber-moral_1_11752152.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Oct 2024 00:54:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuidar la Paz Social es un deber moral de todos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paz social,Consenso,Discursos de odio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién dijo que sólo se puede ser sensible en la holgura?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dijo-sensible-holgura_129_9766965.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16ff3aad-3179-4289-9ef8-0a23dc7e58a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién dijo que sólo se puede ser sensible en la holgura?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ajuste arrancó hace rato y las previsiones prometen que los recortes presupuestarios se profundizarán en los años por venir, señala Mariana Heredia. El igualitarismo de la distribución es solo aparente y, sin embargo, no parece haber una amenaza inminente a la paz social.</p></div><p class="article-text">
        Argentina, diciembre de 2022. La inflaci&oacute;n no cede, la pobreza aumenta, el temor por la escalada de la extrema derecha es equivalente al desconcierto de quienes anhelan la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s igualitaria. Cuando el fervor del mundial de f&uacute;tbol se acalla, en las altas esferas del poder, las encuestas electorales preocupan y comienzan los c&aacute;lculos a un a&ntilde;o de la elecci&oacute;n presidencial. Mientras se discute el presupuesto, en los despachos estatales, los altos funcionarios intentan que las carteras que dirigen crezcan o al menos pierdan lo menos posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lejos del v&eacute;rtigo de las proyecciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, los empleados p&uacute;blicos las ven pasar. <strong>El ajuste arranc&oacute; hace rato y las previsiones prometen, tanto en el presupuesto enviado por el oficialismo como en las promesas electorales de la oposici&oacute;n, que los recortes se profundizar&aacute;n en los a&ntilde;os por venir. </strong>Entretanto, alica&iacute;das y amenazadas, las partidas de los Estados nacionales y provinciales siguen fluyendo a los docentes de las aulas p&uacute;blicas, a los m&eacute;dicos y enfermeros en los hospitales, a los asistentes sociales que recorren los barrios populares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dirigentes oficialistas y opositores subrayan la importancia que atribuyen a la educaci&oacute;n y a la salud de las mayor&iacute;as, a la necesidad de garantizar la seguridad de los argentinos, a la centralidad de los j&oacute;venes en la construcci&oacute;n de un pa&iacute;s mejor. Unos y otros insisten en que, para que esos altos ideales tengan asidero, primero hay que ganar elecciones, segundo hay que conseguir recursos, tercero hay que ocupar posiciones con equipos propios y leales. As&iacute;, mientras todas las miradas se concentran en el Ministerio de Econom&iacute;a y en su capacidad de liberar o restringir fondos, <strong>la mayor&iacute;a de las reparticiones del Estado se reproduce entregada cada una a su propia inercia.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>El ajuste en la Argentina parece ser por momentos la contracara perfecta de la holgura fiscal</strong>. Desde la d&eacute;cada de los setenta, en los pocos a&ntilde;os en los que hubo recursos, la felicidad de las mayor&iacute;as se derram&oacute; como un tri&aacute;ngulo invertido y alcanz&oacute; a todos los dem&aacute;s. En momentos en que los recursos parec&iacute;an ilimitados, no parec&iacute;a importar mucho para qu&eacute; fueran los planes porque lo importante era que fueran muchos, no importaba si necesit&aacute;bamos m&aacute;s funcionarios p&uacute;blicos, lo importante es que aumentaran; no importaba qu&eacute; hiciera (y c&oacute;mo) el Estado, lo que importaba es que creciera la presencia estatal. Ahora, en un contexto adverso, parece pasar exactamente lo contrario: <strong>no hay cuadernos, no hay hojas, no hay gasas, no hay recursos m&iacute;nimos para reponer computadoras en las oficinas p&uacute;blicas.</strong> Exceptuando algunos gestores l&uacute;cidos, no se incita coordinaci&oacute;n alguna que anticipe el impacto, no se plantean iniciativas que calibren objetivos, que establezcan prioridades, que focalicen esfuerzos. Como antes avanz&oacute; la marea de recursos, se retira ahora, desordenada, sin capacidad para establecer m&aacute;s prioridad que el combate contra el hambre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La gran ausente de la democracia: la sinton&iacute;a fina, nunca es bienvenida. En los momentos de prosperidad es innecesaria; en los de ajuste, impracticable. Ante reclamos particulares incapaces de encontrar una f&oacute;rmula de compromiso, pareciera que el Estado puede ofrecer a cada uno lo que reclama. <strong>Pero el igualitarismo de la distribuci&oacute;n es solo aparente. No solo hay jerarqu&iacute;as de beneficiarios, muchas son inconfesables. </strong>La falta de criterios expl&iacute;citos perjudica sobre todo a los que tienen menos amigos o menos poder de fuego: el r&eacute;gimen de promoci&oacute;n de las industrias de Tierra del Fuego se incrementa m&aacute;s que las partidas jubilatorias, los privilegios impositivos de magistrados y empleados judiciales se preservan mientras los alimentos siguen pagando IVA, los subsidios y salarios estatales de algunas provincias resisten al ajuste mucho mejor que en otras, la publicidad de todos los oficialismos se multiplica sin control.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su ocaso, el ciclo de holgura iniciado despu&eacute;s de la crisis de 2001 revela la distancia entre la sociedad de bienestar y la sociedad de consumo. Las primeras nunca se financiaron solo con el impuesto a los ricos o a las exportaciones primarias, se fundaron en un sistema solidario que distribu&iacute;a beneficios porque expand&iacute;a la formalizaci&oacute;n (y por lo tanto la responsabilidad) de empresas y trabajadores. La nostalgia por los reg&iacute;menes sociales de la posguerra deber&iacute;a recordar que estaban lejos de ofrecer a cada uno libertades discrecionales. Ning&uacute;n Estado cuenta con financiamiento infinito y una autoridad bien ejercida podr&iacute;a definirse como aquella que es capaz de delimitar y hacer cumplir una jerarqu&iacute;a de obligaciones y prerrogativas, que puede establecer prioridades que trascienden los intereses sectoriales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque todo parezca en calma, la corrosi&oacute;n del Estado social empez&oacute; hace rato. Altos funcionarios indolentes o arbitrarios terminan empujando a muchos empleados estatales a hacer &ldquo;justicia por mano propia&rdquo;. Abonan as&iacute; las justificaciones de los detractores de la intervenci&oacute;n estatal alentando o consintiendo pr&aacute;cticas desviadas. Muchos titulares de c&aacute;tedra, jefes de servicios hospitalarios, jueces o fiscales se ven tentados de acortar sus horarios o eludir obligaciones &ndash; que pocas veces se les exigi&oacute; que cumplieran-, mientras el recelo de la sociedad se concentra en los &ldquo;privilegios&rdquo; de los empleados p&uacute;blicos de rangos m&aacute;s bajos que muchos gestores pol&iacute;ticos no saben siquiera hacia qu&eacute; objetivos orientar. Se potencia as&iacute; la aceptaci&oacute;n del estereotipo popularizado por Gasalla: esa empleada p&uacute;blica indolente que la democracia tendi&oacute; a crear y alimentar y a la que se empuja a sucesivas generaciones de j&oacute;venes que llegan al Estado por oleadas, con ilusiones renovadas y con contratos cada vez m&aacute;s precarios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nada de esto amenaza de manera inminente la paz social. </strong>La degradaci&oacute;n de los establecimientos educativos, la ausencia de los docentes de primaria, las esperas eternas en los hospitales p&uacute;blicos, la falta de material m&eacute;dico indispensable, el trato descuidado de adultos mayores y enfermos mentales, el dilatado retraso en los expedientes judiciales, la connivencia de los comisarios con los negocios narcos trascender&aacute; en los medios si se convoca a una huelga o estalla un esc&aacute;ndalo. E incluso en estos casos fortuitos, los raptos de indignaci&oacute;n probablemente se olvidar&aacute;n. Como otros desatendidos, los empleados p&uacute;blicos comprometidos con su tarea comprenden que su impotencia es solitaria y que lo mejor que pueden hacer es irse a otra parte o permanecer en silencio, enfrentando la realidad que les toca con una cuota de cinismo y discreci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay fondos&rdquo;, dicen quienes atienden al estado de las cuentas p&uacute;blicas. Y sin recursos, afirman, el Estado nacional no puede dar soluciones. &ldquo;Estamos ante una coalici&oacute;n de gobierno fracturada&rdquo;, acotan los analistas pol&iacute;ticos. Y en esta situaci&oacute;n de fragilidad, cada funcionario apenas puede velar por preservar los pocos apoyos que lo sostienen. Mientras tanto, todos los niveles del Estado, todas las agencias p&uacute;blicas, todos los eventuales amigos del poder parecen lanzados a una disputa de recursos y prebendas sin m&aacute;s horizonte que el abismo.
    </p><p class="article-text">
        Menos atenci&oacute;n despierta el Estado y la Sociedad. Si se los mira es para afirmar que todos se sienten v&iacute;ctimas en la crisis, que en la sociedad de consumidores insatisfechos todos tienen algo que pedir y nadie parece dispuesto ceder. Tal vez eso es el igualitarismo argentino. La sumatoria de las partes, el c&aacute;lculo que agrega voluntades imperativas que quieren alcanzar la movilidad social, a cualquier precio, aunque sea en soledad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ese ideal supo ser otra cosa. No fue solo el c&aacute;lculo (de votos y partidas), no solo la subdivisi&oacute;n del capital y el poder. Fue tambi&eacute;n el anhelo y a veces la concreci&oacute;n de instituciones judiciales, educativas, sanitarias m&aacute;s justas. Fue el orgullo de que el hijo del portero y del m&eacute;dico compartieran un aula y sellaran una amistad. Todo eso parece tan lejos y a la vez tan cerca con Argentina 1985. Esa pel&iacute;cula, tan ecum&eacute;nicamente celebrada, donde late un recuerdo y una advertencia. El recuerdo de lo que fuimos capaces de instituir, la advertencia de qu&eacute; pasar&aacute; cuando ya no alcancen los horrores de la dictadura para fundar una autoridad democr&aacute;tica leg&iacute;tima. <strong>&iquest;Qu&eacute; esperan entonces quienes creen en la justicia social? &iquest;Que la soluci&oacute;n m&aacute;gica la traigan los pr&oacute;ximos comicios? &iquest;El advenimiento salvador de un nuevo </strong><em><strong>commodity </strong></em><strong>de exportaci&oacute;n? &iquest;Qui&eacute;n dijo que solo se puede ser sensible cuando hay holgura fiscal?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>MH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dijo-sensible-holgura_129_9766965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Dec 2022 03:02:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ajuste,distribución del ingreso,Inflación,Paz social]]></media:keywords>
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