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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sedación paliativa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sedacion-paliativa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sedación paliativa]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pidió la eutanasia, le autorizaron una sedación y murió antes: "Mi mamá no quería ser una carga para otra persona"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/eutanasia-sedacion-paliativa-mama_130_9782352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d53ed93-1b86-4a0e-a546-6f08eaa06ef6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pidió la eutanasia, le autorizaron una sedación y murió antes: &quot;Mi mamá no quería ser una carga para otra persona&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ana Clara Benda cuenta los últimos meses de Adela, su madre. La historia revela las falencias del sistema de salud en cuanto a contemplación de los deseos del paciente, y recursos económicos y emocionales de los familiares. Hay dos proyectos que buscan legalizar la eutanasia en el Congreso, pero están "cajoneados".</p></div><p class="article-text">
        Adela De Giuseppe muri&oacute; un mediod&iacute;a de agosto, a los 67 a&ntilde;os, de un infarto. Llevaba m&aacute;s de un mes internada en un centro de rehabilitaci&oacute;n. Depend&iacute;a de un tubo de ox&iacute;geno, no caminaba, com&iacute;a papilla y alucinaba, un comportamiento diagnosticado como principio de demencia senil. Le hab&iacute;an diagnosticado EPOC -desglosado: enfermedad pulmonar obstructiva cr&oacute;nica- hac&iacute;a doce a&ntilde;os y hab&iacute;a superado a varias internaciones por el Epoc. Adela dijo que &ldquo;ya no quer&iacute;a m&aacute;s&rdquo;, pidi&oacute; que &ldquo;la durmieran&rdquo;. Quer&iacute;a la eutanasia, la pidi&oacute; hasta el final. Cuenta su hija, Ana Clara Benda: <strong>&ldquo;Mi mam&aacute; le ten&iacute;a terror a la decadencia, quer&iacute;a evitar ser una carga para otra persona. Y eso que estaba ah&iacute;, viejita, chiquita y arrugada como una pasa de uva ya no era mi mam&aacute;&rdquo;</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la internaci&oacute;n, en un divague, pidi&oacute; a las enfermeras que quitaran el decorado, como si la habitaci&oacute;n en la que estaba no fuese de hospital. Un d&iacute;a habl&oacute; de Batman. Otro d&iacute;a apenas Ana Clara entr&oacute; en su habitaci&oacute;n, Adela la increp&oacute;: <strong>&ldquo;&iquest;Ma&ntilde;ana van a venir todos, no?&rdquo;</strong>. Ana la mir&oacute; extra&ntilde;ada y le respondi&oacute; que no, que a la habitaci&oacute;n s&oacute;lo pod&iacute;an entrar de a uno y apenas una hora. Adela volvi&oacute; a la carga:<strong> &ldquo;Pero yo ya habl&eacute; con el m&eacute;dico, porque ma&ntilde;ana es mi &uacute;ltimo d&iacute;a. Ma&ntilde;ana me van a dormir. Ya me dijeron&rdquo;</strong>. No era la primera vez que Adela hablaba de ese sue&ntilde;o irreversible. A principios de a&ntilde;os, ya sin ganas de nada, hab&iacute;a dicho que si por ella fuera ya no estar&iacute;a con vida.
    </p><p class="article-text">
        Ana Clara sali&oacute; de la habitaci&oacute;n y busc&oacute; al m&eacute;dico. El m&eacute;dico le explic&oacute; que era l&oacute;gico, dentro del cuadro de demencia senil, tener ese tipo de alucinaciones. <strong>&ldquo;S&iacute; -devolvi&oacute; Ana Clara-, pero esto es lo que ella quiere. Y me lo dijo hace un a&ntilde;o y me lo repiti&oacute; hace dos meses. Eso que est&aacute; ah&iacute; en esa cama no es mi mam&aacute;&rdquo;</strong>. El m&eacute;dico entendi&oacute;, pero repiti&oacute; que lo de su madre hab&iacute;a sido producto de la imaginaci&oacute;n, que lo que ella planteaba no era posible y que pod&iacute;a estar as&iacute;, en ese estado, mucho tiempo m&aacute;s. Un tiempo largo, incalculable.
    </p><p class="article-text">
        Ana Clara volvi&oacute; a la habitaci&oacute;n y le dijo a su mam&aacute; que no iban a dormirla. Adela entr&oacute; en crisis. Lo cuenta, quebrada, Ana Clara: &ldquo;Llor&oacute; como una nena, pero como una nena de tres a&ntilde;os, frustada. <strong>Dec&iacute;a que c&oacute;mo puede ser que un perro tenga derecho a la eutanasia, al sacrificio, y que ella no pueda decidir sobre su muerte&hellip; Que c&oacute;mo puede ser, si ella no com&iacute;a no se mov&iacute;a, que todos los d&iacute;as era una molestia nueva</strong>. Me dec&iacute;a: &lsquo;Gordita, llevame a Colombia, llevame a Colombia que all&aacute; se puede&hellip; Es mi cuerpo, yo no quiero m&aacute;s&rsquo;&rdquo;. <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/larga-pelea-judicial-martha-sepulveda-recibio-eutanasia_1_8642817.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Colombia es el &uacute;nico pa&iacute;s sudamericano donde la eutanasia es legal, pero Adela siendo argentina no podr&iacute;a acceder a la pr&aacute;ctica en ese pa&iacute;s</a>.
    </p><p class="article-text">
        A Ana Clara le qued&oacute; tatuada la angustia que le produjo la desilusi&oacute;n de su mam&aacute;, la impotencia de no poder ayudarla. No recuerda c&oacute;mo se despidi&oacute; de ella ese d&iacute;a, pero s&iacute; que le hizo una promesa: iba a averiguar de qu&eacute; manera, al menos, atenuar el sufrimiento. Cuando lleg&oacute; a su departamento <strong>hizo un hilo en Twitter que se viraliz&oacute;</strong>. No s&oacute;lo recibi&oacute; apoyo, sino que por mensaje privado mucha gente le cont&oacute; su historia y le pas&oacute; informaci&oacute;n acad&eacute;mica, producida afuera pero tambi&eacute;n en la Argentina. &ldquo;Me di cuenta que hab&iacute;a<strong> muchas personas que estaban pasando o hab&iacute;an pasado una situaci&oacute;n como la m&iacute;a</strong>. Un familiar que no quiere m&aacute;s; un sistema de salud p&uacute;blico o privado, da igual, que no contempla estos casos y familias, que no tiene recursos econ&oacute;micos o emocionales para transitarlos.<strong> El Estado est&aacute; un paso atr&aacute;s</strong>&rdquo;, dice Ana Clara a<strong> elDiarioAR</strong>. Esa misma noche, despu&eacute;s de la serie de tuits, empez&oacute; a estudiar. Y encontr&oacute;, digamos, una soluci&oacute;n.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1553165001103376392?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h3 class="article-text">&ldquo;<strong>Me dijo que ya no quer&iacute;a m&aacute;s, que para ella ya estaba&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        La historia de Adela empieza mucho antes que ese final que ser&aacute;, ya veremos, programado e imprevisto al mismo tiempo. Adela fue una ama de casa madre de tres hijos. Una mujer que se separ&oacute; y decidi&oacute; estudiar para colorista y abri&oacute; su propio sal&oacute;n de belleza en Torcuato: eran los noventa y lo llam&oacute; <em>New Age</em>. Antes de los &uacute;ltimos cuatro meses que pas&oacute; postrada, ahogada por el humo de los cigarrillos que hasta que pudo fum&oacute;, <strong>Adela fue una tipa luminosa y vital, de ojos verdes y escote, un min&oacute;n que iba al Solos y Solas con las manos hechas y el deseo de toda mujer de cuarenta que ya tiene los hijos criados</strong>: un bronceado tono rayito de sol, minifalda, tacos y pasi&oacute;n. Para el a&ntilde;o 98, fundi&oacute; el local. Se sobrepuso poniendo en pr&aacute;ctica algo que hab&iacute;a estudiado mientras tanto, la astrolog&iacute;a. En 2002 se instal&oacute; en Santiago de Chile y dio clases de astrolog&iacute;a. Si Adela ya ten&iacute;a una salud fr&aacute;gil, la pandemia la arras&oacute;. En abril decidi&oacute; volver a Buenos Aires. Ese fue el principio del final.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; tanto impact&oacute; la pandemia en la salud de tu mam&aacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ella ten&iacute;a un EPOC severo, porque no hab&iacute;a dejado de fumar. Ten&iacute;a un infarto encima, era hipertensa&hellip; Pero la pandemia termin&oacute; de liquidarla.<strong> No camin&oacute; m&aacute;s, s&oacute;lo sali&oacute; tres veces en m&aacute;s de dos a&ntilde;os para vacunarse contra el Covid. </strong>Su calidad de vida fue deterior&aacute;ndose. Tambi&eacute;n se alej&oacute; de nosotros. No nos atend&iacute;a o pon&iacute;a excusas para hablarnos. Una vez la encar&eacute; en una videollamada, le pregunt&eacute; qu&eacute; le pasaba. <strong>Me dijo que ya no quer&iacute;a m&aacute;s, que para ella ya estaba. </strong>Hac&iacute;a todo para maltratarse, digamos. En un momento dej&oacute; de trabajar y cuando no pudo pagar el alquiler, con mis hermanos decidimos que volviera a Buenos Aires. Se instal&oacute; en la casa que era de sus padres, en Torcuato. Acondicionamos un cuarto, con los colores que ella quer&iacute;a. Hicimos un cerramiento para que pudiera salir a la terraza, que caminara un poco. Pero lleg&oacute; en un estado&hellip;
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                    alt="Ana Clara Benda, periodista, cuenta el tramo final de la vida de la madre, con el anillo de la madre y sosteniendo el camisón que usaba."
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                Ana Clara Benda, periodista, cuenta el tramo final de la vida de la madre, con el anillo de la madre y sosteniendo el camisón que usaba.                            </span>
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        <strong>&iquest;C&oacute;mo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a 67 a&ntilde;os pero parec&iacute;a una ancianita. Se hab&iacute;a dejado estar. Le sangraba la boca, algo que despu&eacute;s se infect&oacute; y termin&oacute; en necrosis. <strong>Muy flaquita, muy ida.</strong> Estaba acostada en su cama. Hac&iacute;a tres a&ntilde;os que no nos ve&iacute;amos. Ni atin&oacute; a abrazarme. Pero m&aacute;s all&aacute; de eso, estaba muy limitada f&iacute;sicamente. No era s&oacute;lo un estado de &aacute;nimo. <strong>Llam&aacute;bamos a la ambulancia casi todos los d&iacute;as porque se ahogaba, no hab&iacute;a dejado de fumar. Pero la internaban, le daban ox&iacute;geno y el alta</strong>. Y de vuelta a casa. Nosotros no sab&iacute;amos c&oacute;mo cuidarla ni ten&iacute;amos lo que se necesita para que una persona en ese estado tenga una vida m&aacute;s o menos digna.
    </p><p class="article-text">
        En una de esas idas y vueltas al hospital, Adela se contagi&oacute; Covid. Ana Clara, su hermana, su sobrino y una prima se turnaban para ir a verla. A Ana le toc&oacute; llevarle camisones. <strong>Cuando entr&oacute; en la sala y se acerc&oacute; a su mam&aacute;, ella no la reconoci&oacute;. Aun cuando la hija insistiera con &ldquo;mami, mami, mami&hellip;&rdquo;.</strong> Cuando Ana se dio cuenta, se corri&oacute; el barbijo y le dijo: &ldquo;Mami, soy yo, Ana Clara&rdquo;. Adela abri&oacute; los ojos, llor&oacute;, le pidi&oacute; perd&oacute;n por no haberla reconocido. Ana Clara junt&oacute; fuerza, hizo como si no pasara nada. Pero se lo cont&oacute; al m&eacute;dico a cargo de la sala. &ldquo;Pero tu mam&aacute; tiene 87 a&ntilde;os y demencia senil&rdquo;, le dijo el m&eacute;dico mientras miraba la planilla. Ana Clara corrigi&oacute;: su madre ten&iacute;a, en ese momento, 67 a&ntilde;os y nadie les hab&iacute;a dicho que estaba diagnosticada con demencia senil. &ldquo;Y pero ac&aacute; lo anotaron as&iacute;&rdquo;, le respondi&oacute; el jefe de la sala.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; hiciste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me desesper&eacute;. El m&eacute;dico se acerc&oacute; a la cama de mi mam&aacute; y le hizo preguntas. Mi vieja acertaba, pero tardaba o dudaba. En ese momento decid&iacute; que mi mam&aacute; no pod&iacute;a irse del hospital. Que de ninguna manera iban a darle el alta. Y ah&iacute; empez&oacute; toda la burocracia. Mi mam&aacute; se atend&iacute;a por Pami. <strong>Parece una pavada pero en un hospital p&uacute;blico que te vea un m&eacute;dico cl&iacute;nico no es tan f&aacute;cil. </strong>Yo ten&iacute;a clar&iacute;simo que no pod&iacute;a llev&aacute;rmela a casa en ese estado. Ped&iacute; que le revisaran qu&eacute; ten&iacute;a en la cadera que hac&iacute;a que se quejara todo el tiempo, que la viera un psiquiatra. Algo &ldquo;integral&rdquo;. No hubo caso. <strong>Llegaron a mandar un patrullero a la casa de mi hermana por &ldquo;abandono de persona&rdquo;.</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una manera de juzgar.</strong></h3><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o aprend&iacute; que yo no soy quien para juzgar a nadie, mucho menos en estos casos. Ten&iacute;a que lidiar con la mirada de afuera. Y la mirada del afuera es muy cruel. Porque <strong>hay una cultura que dice que uno tiene que cuidar a sus pap&aacute;s. Y m&aacute;s a la madre: &ldquo;madre hay una sola&rdquo;, &ldquo;c&oacute;mo la vas a dejar tirada a tu mam&aacute;&rdquo;.</strong> Es muy duro porque tambi&eacute;n ten&eacute;s que cargar con la culpa que sent&iacute;s, porque sos hija y sos hija por esa madre que se dej&oacute; estar. Eso y la mirada del otro que te juzga permanentemente. Les ped&iacute; a mis amigas que si pensaban que yo era una mala hija, que no me lo dijeran. Necesitaba apoyo, no que me fusilaran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ana Clara es periodista e hizo lo que la mayor&iacute;a de las personas no pueden: tocar contactos, hacer puentes, pedir ayuda y pedir por favor. Dir&aacute;: <strong>&ldquo;En un momento dificil&iacute;simo yo pude hacer lo que la familia de la mujer que estaba en la cama de al lado no pudo porque tengo este trabajo&rdquo;</strong>. Habl&oacute; con un funcionario p&uacute;blico, con un especialiasta en medicina legal, con una diputada, y logr&oacute; que derivaran a su madre a un centro de rehabilitaci&oacute;n, su destino final.
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                Ana Clara Benda, periodista, señala el nombre de su madre, que aparece en el último libro que leyó.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n soy yo para ir en contra de su deseo?&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Como la eutanasia no est&aacute; regulada en la Argentina, <strong>Ana Clara encontr&oacute; una pr&aacute;ctica intermedia que pod&iacute;a aliviar la pena de su mam&aacute; y que no est&aacute; prohibida</strong>. Luego de aquel hilo que se viraliz&oacute; en Twitter, Ana Clara busc&oacute; informaci&oacute;n y habl&oacute; con especialistas. Remarcar&aacute; ahora el lado positivo de las redes sociales: ella expuso una situaci&oacute;n personal y la respuesta de parte de los usuarios fue de cari&ntilde;o y sost&eacute;n. Se tom&oacute; unos d&iacute;as y arm&oacute; una carpeta que llev&oacute; al centro de rehabilitaci&oacute;n donde Adela estaba internada. Pidi&oacute;, de manera formal e informada, la sedaci&oacute;n paliativa para su mam&aacute;. <strong>La sedaci&oacute;n paliativa es la administraci&oacute;n dosificada de medicamentos para disminuir los niveles de consciencia y evitar el sufrimiento del paciente.</strong> La finalidad no es la muerte, sino evitar el padecimiento. Tiene un doble efecto: el fallecimiento ocurrir&aacute; de manera indirecta y a causa de la enfermedad. <strong>La cuesti&oacute;n es el tiempo.</strong> Adela cumpl&iacute;a con todos los requisitos que requiere la pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        El m&eacute;dico que la atend&iacute;a agradeci&oacute; la informaci&oacute;n y se comprometi&oacute; a elevar el pedido. Ese d&iacute;a, que fue martes, Ana Clara y su hermana aprovecharon para visitar a su mam&aacute;. Le contaron que hab&iacute;an encontrado una forma, algo posible. <strong>A Adela le import&oacute; poco, estaba resignada.</strong> Las hermanas partieron, con la esperanza de que el pedido fuera aceptado. El jueves por la ma&ntilde;ana, dos d&iacute;as despu&eacute;s, el m&eacute;dico les dio la noticia: <strong>hab&iacute;an autorizado la sedaci&oacute;n.</strong> Las hermanas deb&iacute;an ir a firmar unos papeles ese mismo d&iacute;a por la tarde para realizar la pr&aacute;ctica. La muerte lleg&oacute; antes: <strong>Adela muri&oacute; de un infarto al mediod&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Saber de la muerte natural de mam&aacute; no fue menos triste que prometerle que har&iacute;amos lo posible por cumplir la promesa que le hab&iacute;amos hecho</strong>. Mucha gente nos dijo &lsquo;por suerte te liberaste de la decisi&oacute;n de sedarla porque se fue antes&hellip;&rsquo;. Pero yo s&oacute;lo fui un instrumento de informaci&oacute;n. Yo no tom&eacute; la decisi&oacute;n, la decisi&oacute;n la tom&oacute; ella. Porque&hellip; <strong>&iquest;qui&eacute;n soy yo para ir en contra de su deseo?</strong>&rdquo;, dice Ana Clara, tres meses despu&eacute;s de la muerte de su mam&aacute;. Adela est&aacute; por todos lados. Est&aacute; en una carpeta de audios que conserva su hija en la nube. Est&aacute; en el camis&oacute;n que guard&oacute;, en el anillo fastuoso de piedra que Ana Clara se qued&oacute;. Adela: su nombre est&aacute; marcado en una p&aacute;gina de <em>Nuestra parte de noche,</em> la novela de Mariana Enr&iacute;quez, que Adela ley&oacute; hasta que pudo.
    </p><p class="article-text">
        <em>VDM/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria De Masi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Feb 2023 03:13:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pidió la eutanasia, le autorizaron una sedación y murió antes: "Mi mamá no quería ser una carga para otra persona"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derecho a morir,Eutanasia,Sedación paliativa]]></media:keywords>
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