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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - María Ovando]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/maria-ovando/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - María Ovando]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[María Ovando, la mujer pobre condenada dos veces por "mala madre" que incomoda a la Justicia misionera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/maria-ovando-mujer-pobre-condenada-veces-mala-madre-incomoda-justicia-misionera_130_9772410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f47d2fc-5454-48ae-a272-6115a682b5ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="María Ovando, la mujer pobre condenada dos veces por &quot;mala madre&quot; que incomoda a la Justicia misionera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2011 fue presa por enterrar a su bebé al costado de la ruta, después de que muriera camino al hospital. La Justicia la absolvió, pero la encarceló nuevamente por "no haber impedido" que otras de sus hijas fueran abusadas. Desde la cárcel de Posadas en la que está desde 2020, habló con elDiarioAR.  </p><p class="subtitle">¿Te gustó este texto? - Esta crónica fue escrita para la revista que elDiarioAR envía a sus socias y socios como una manera de agradecer el apoyo. Si querés recibir la próxima revista, te podés asociar en este link.</p></div><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Vas a tomar la leche, Carolina?
    </p><p class="article-text">
        Sobre el piso de tierra roja, al aire libre y rodeada apenas por una carpa de lona y una letrina al fondo, <strong>Mar&iacute;a Ramona Ovando</strong> prepara el desayuno para Carolina, su hija de tres a&ntilde;os, y algunos de sus otros hijos y nietos. Es marzo de 2011.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tiene 35 a&ntilde;os y ha parido ya 13 hijos; la m&aacute;s chica de tres meses, la m&aacute;s grande de 22. Se las ingenia para cocinar sin agua corriente ni una fuente cercana de agua potable. Lo &uacute;nico disponible es un arroyo, a 50 metros, y el monte denso de Mado, una de las regiones m&aacute;s pobres de Misiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Siempre le hago desayunar a todos &ndash;contar&aacute; despu&eacute;s, sentada en la sala de visitas de la Unidad Penal 5 de Miguel Lan&uacute;s, en las afueras de Posadas. &ndash;Aunque no digo que tengo wow cosas, pero s&iacute;; siempre ten&iacute;a leche porque ten&iacute;a de d&oacute;nde sacar. Carolina me dijo que no quer&iacute;a tomar nada porque le dol&iacute;a la panza. Los otros s&iacute; desayunaron.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a de marzo de 2011 Mar&iacute;a no fue a trabajar a la cantera donde, cinco horas diarias y a cambio de vales para alimento, se dedicaba a picar piedras con una masa. Cerca de las 11 de la ma&ntilde;ana, y despu&eacute;s de haberla escuchado quejarse toda la noche, carg&oacute; a Carolina en brazos y comenz&oacute; a caminar con rumbo al hospital de Puerto Esperanza, a 25 kil&oacute;metros de distancia. No ten&iacute;a plata para pagar el colectivo, ni siquiera un carrito para llevarla, y por m&aacute;s que le implor&oacute; a choferes y conductores particulares nadie se detuvo. Mar&iacute;a camin&oacute; bajo el sol, con la cicatriz reciente de una ligadura de trompas ardi&eacute;ndole bajo la ropa y la ni&ntilde;a apoyada sobre el hombro. Carolina gem&iacute;a y ella le dec&iacute;a que tratara de dormir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Dijo &ldquo;ayyyyy me duele&rdquo;, y se call&oacute;. Yo pens&eacute; que se durmi&oacute;. Cuando le volv&iacute; a mirar, le vi toda azul. Le toqu&eacute; el cuerpo y ya estaba duro.
    </p><p class="article-text">
        Desorientada, se sent&oacute; en el asfalto a llorar. Pens&oacute; muchas cosas pero, sobre todo, que si volv&iacute;a a casa con su hija muerta su marido le iba a pegar, tal vez m&aacute;s de lo habitual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se acuerda nada de lo que sigue, pero <strong>un expediente judicial asegura que Mar&iacute;a abandon&oacute; la ruta y se meti&oacute; en un camino de tierra que conduce al arroyo Aguaray Guaz&uacute; y, a unos dos metros de la orilla, debajo de una planta de u&ntilde;a de gato, enterr&oacute; a su hija con las manos.</strong> Volvi&oacute; a su casa &ndash;esa carpa en la que viv&iacute;an&ndash; y le dijo a Demetrio Godoy, su pareja, lo primero que se le ocurri&oacute;: que en el hospital se hab&iacute;a encontrado con la abuela paterna de Carolina &ndash;su madre&ndash;, y que la hab&iacute;a dejado a su cuidado. Y ya nadie pregunt&oacute; m&aacute;s nada.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                María Ovando, en el penal Miguel Lanús, en las afueras de Misiones                            </span>
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        Pasaron dos semanas hasta que la Polic&iacute;a la fue a buscar a la cantera, donde la encontr&oacute;&nbsp; picando piedras con su beb&eacute; de tres meses dormida en una hamaca paraguaya. La Justicia le inici&oacute; una causa por &ldquo;abandono de persona agravado por el resultado de la muerte y por el v&iacute;nculo&rdquo;, un delito de hasta 9 a&ntilde;os de prisi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con los testimonios que recoge el expediente, tanto Carolina como sus hermanos estaban llenos de piojos, ten&iacute;an granos &ndash;piodermitis&ndash; y falta de aseo; Carolina presentaba principios de desnutrici&oacute;n y no ten&iacute;a documento de identidad. <strong>La partida de defunci&oacute;n, labrada cuando se encontr&oacute; el cuerpo semienterrado en un claro entre matas altas, fue su primera identificaci&oacute;n frente al Estado argentino.</strong> Podr&iacute;a decirse que fue, tambi&eacute;n, la primera vez que el Estado vio a Mar&iacute;a Ovando. Y ya nunca m&aacute;s le quit&oacute; los ojos de encima.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> La partida de defunción, labrada cuando se encontró el cuerpo semienterrado en un claro entre matas altas, fue su primera identificación frente al Estado argentino. Podría decirse que fue, también, la primera vez que el Estado vio a María Ovando</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Seg&uacute;n le cont&oacute; su madre, Mar&iacute;a Ramona Ovando naci&oacute; el 24 de diciembre de 1975 en Eldorado y fue entregada a otra mujer &ndash;su &ldquo;madrina&rdquo;&ndash; para que la criara. <strong>Al igual que sus padres y hermanos, no fue a la escuela y no aprendi&oacute; a leer ni a escribir.</strong> A los 11 a&ntilde;os volvi&oacute; con su familia de sangre que, seg&uacute;n su relato, le &ldquo;mezquinaba&rdquo; la comida y la&nbsp; &ldquo;judeaba&rdquo;; un t&eacute;rmino que Mar&iacute;a &ndash;con el acento mestizo de quien ha vivido toda su vida a un lado y otro de la frontera entre Argentina y Paraguay&ndash; utiliza mucho y que significa algo as&iacute; como hostigar o maltratar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ese tiempo, a los 11 a&ntilde;os, empez&oacute; a trabajar. Primero en la tarefa de yerba mate, despu&eacute;s en casas de familia, cuidando ni&ntilde;os. Pero dice que a lo largo de su vida hizo de todo: arregl&oacute; autos, fue gomera, trabaj&oacute; con la motosierra e hizo macheteada en el monte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A los 14 a&ntilde;os, sus padres la entregaron a un hombre que la doblaba en edad y que se convertir&iacute;a en el padre de sus primeros nueve hijos: Manuel Castillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Con &eacute;l no pas&eacute; hambre; s&iacute; me maltrataba mucho. Me pegaba re mal &ndash;dice. 
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a tiene cicatrices en los brazos, en la espalda, en la frente, en el cuero cabelludo; la oreja izquierda deformada por un corte. Son l&iacute;neas blanquecinas, con relieve, que cortan la uniformidad de una piel morena y brillante, lampi&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me pegaba con&hellip; &iquest;viste esos cables que vienen en el auto, de la bater&iacute;a? Las cicatrices que yo tengo son casi todo de eso. Porque ese cable donde te pega, te saca por pedazos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No ten&iacute;a amigos ni pod&iacute;a salir de la casa sola o detenerse a hablar con vecinos. Tampoco manejaba dinero ni sab&iacute;a reconocer billetes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuenta que la primera vez que fue al hospital a parir, con 14 a&ntilde;os, estaba muy &ldquo;confundida&rdquo; y que las doctoras la trataron mal. Le dijeron &ldquo;vas a tener una hermanita&rdquo;. Despu&eacute;s los partos se volvieron parte de su rutina y a tres de sus hijos los recibi&oacute; sola en su casa, sin ayuda de nadie. Les cort&oacute; el cord&oacute;n umbilical ella misma con una hoja de afeitar.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuenta que la primera vez que fue al hospital a parir, con 14 años, estaba muy &quot;confundida&quot; y que las doctoras la trataron mal. Le dijeron &quot;vas a tener una hermanita&quot;. Después los partos se volvieron parte de su rutina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La acusaci&oacute;n&nbsp;del fiscal del Tribunal Oral de Eldorado, Federico Rodr&iacute;guez, contra Mar&iacute;a Ovando en su primer juicio habla de &ldquo;actos crueles e inhumanos&rdquo;. Recogen el testimonio de un familiar que asegura que Mar&iacute;a &ldquo;le ataba a la beb&eacute; en un a planta de guayaba con una cadena&rdquo;&ndash; y dichos horrorosos &ndash;supuestamente dijo, sobre Carolina: &ldquo;anoche no me dej&oacute; dormir, dejale que se muera a la plaga esa&rdquo;&ndash;. Mar&iacute;a y sus abogados aseguran que nadie estuvo all&iacute; esos d&iacute;as del verano de 2011, que quienes declararon en su contra no fueron testigos de lo que pas&oacute;. Mar&iacute;a dice, incluso, que nadie estuvo all&iacute; nunca: &ldquo;Yo nunca me mezcl&eacute; con mi gente, siempre fui solitaria&rdquo;, resume.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el fiscal, que no pudo probar las versiones, la actitud salvaje de Mar&iacute;a no se justifica por su pobreza extrema. Desde su l&oacute;gica, basta el ejemplo de la propia madre de Mar&iacute;a, Epifan&iacute;a Pereyra, que tan analfabeta y pobre como ella cri&oacute; a 15 hijos. &ldquo;En igualdad de condiciones, algunas madres cumplen y otras no&rdquo;, dice la acusaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a estuvo dos a&ntilde;os presa antes de ser absuelta por el Tribunal Oral Penal N&deg;1 de Eldorado, que determin&oacute; que tal vez s&iacute; fue una &ldquo;madre poco diligente&rdquo; en el cuidado de sus hijos, pero que tenerlos con piojos o mal alimentados &ndash;el &uacute;nico hecho concreto que aparece en la causa&ndash; no la convierte en una criminal. <strong>Si as&iacute; fuera, Misiones &ndash;donde las tasas de pobreza y de mortalidad infantil superan a la media nacional&ndash; tendr&iacute;a sus c&aacute;rceles llenas de madres criminales.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A veces desde Buenos Aires, o desde ac&aacute; mismo, es dif&iacute;cil entender lo que es vivir en la exclusi&oacute;n real. Ellos viven casi en estado de naturaleza. No creen que tienen derechos que pueden hacer respetar y est&aacute;n ah&iacute;, sin reclamar, sobreviviendo &ndash;dice Eduardo Paredes, uno de los abogados defensores de Mar&iacute;a Ovando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un empuj&oacute;n para la absoluci&oacute;n se lo dio la entrevista que el periodista Jorge Lanata le hizo en la c&aacute;rcel. Se puede ver en YouTube: Mar&iacute;a llora, no puede sostener la mirada y le cuesta hilar las frases. No se acuerda qu&eacute; edad tienen sus hijos, ni hace cu&aacute;nto est&aacute; presa, ni tiene claro de qu&eacute; se la acusa.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El informe sali&oacute; al aire en 2012 y gener&oacute; un gran malestar pol&iacute;tico en la provincia. Con esa nota, el programa de Lanata &ndash;PPT, basti&oacute;n medi&aacute;tico opositor del gobierno de Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner&ndash; daba un mensaje: que uno de los gobernadores mimados de la Presidenta, Maurice Closs, dirig&iacute;a una provincia con tasas sociales escandalosas donde pod&iacute;an suceder cosas como estas; que una mujer vaya presa por la muerte de una hija desnutrida.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vos viste lo que es Posadas &ndash;apunta Roxana Rivas, otra de las abogadas que integra la defensa de Ovando y una de las personas que mejor conoce el caso. &ndash;Yo vi: una ciudad con un desborde prolijo de flores de colores, con empleados municipales uniformados que riegan las plantas de la plaza San Mart&iacute;n al atardecer y contienen el &iacute;mpetu selv&aacute;tico dentro de la escuadra de los canteros. Una peatonal iluminada con locales de marcas premium. Una costanera amplia con bares aterrazados sobre el r&iacute;o Paran&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nuestros l&iacute;deres se creen que esto es M&oacute;naco. Entonces que alguien diga que no es M&oacute;naco ni es Miami, que fue lo que pas&oacute; con el caso de Mar&iacute;a, los deja muy expuestos. <strong>Ac&aacute; en Posadas parece que no hay pobres, pero vos sal&iacute;s para los bordes y te das cuenta de las historias que son: Mar&iacute;a, Mar&iacute;a, Mar&iacute;a&hellip;&nbsp;</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">María estuvo dos años presa antes de ser absuelta por el Tribunal Oral Penal N°1 de Eldorado, que determinó que tal vez sí fue una “madre poco diligente” en el cuidado de sus hijos pero que no era una criminal</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Este 7 de noviembre por la ma&ntilde;ana, el sol brilla contra las paredes blancas del penal de Miguel Lan&uacute;s, en las afueras de Posadas. Es la &uacute;nica c&aacute;rcel de mujeres de la provincia y desde afuera parece una casa de campo porque, en el origen, lo fue. Aloja 52 internas, una de ellas embarazada. Est&aacute; separada de la calle de tierra por un cerco que no llega a los dos metros y, del otro lado, hay casillas de madera de las que salen ni&ntilde;os con guardapolvo hacia la escuela. En el ingreso descansa un perro que es del barrio y suele meterse en el predio, indiferente a la &uacute;nica guardia que, sin armas a la vista, custodia la reja. As&iacute; de herm&eacute;tica, as&iacute; de segura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Ovandooo &ndash;grita una penitenciaria de uniforme gris plomo, y Mar&iacute;a aparece desde el fondo de la galer&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; vestida con un short de jean y una musculosa al cuerpo negra y con puntilla turquesa. Los dos breteles gruesos del corpi&ntilde;o blanco le aprietan los hombros redondos y lustrosos. Huele a jab&oacute;n y tiene el pelo negro atado con un broche azul, el mismo color que sus ojotas. Saluda con dos besos y acomoda los pocos muebles de la sala: unos sillones hechos con madera de pallets y un par de almohadones de la misma tela fucsia que cubre las ventanas a modo de cortinas. Mira firme a los ojos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Confiesa que en estos a&ntilde;os cambi&oacute; mucho. Su diccionario no incluye la palabra empoderamiento, pero dice que antes era muy llorona y que ahora ya tiene m&aacute;s &ldquo;coraje de hablar&rdquo;. Ahora s&iacute; se acuerda de algunas cosas. Se acuerda, por ejemplo, c&oacute;mo fue la primera vez que se la llevaron detenida, con su beb&eacute; de tres meses a cuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ah&iacute; al instante me la sacaron. Los primeros dos d&iacute;as yo escuchaba a la guaina llorar. No s&eacute; qui&eacute;n le cuidaba y yo le ped&iacute;a al oficial que me la pase... mis tetas as&iacute; de cargadas ten&iacute;a. Pero me dec&iacute;an que no: &ldquo;vos no te merec&eacute;s eso, ten&eacute;s que olvidarte; esa no es m&aacute;s tu hija&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Mar&iacute;a sali&oacute; absuelta de la c&aacute;rcel, en noviembre de 2012, esa ni&ntilde;a ya caminaba y sus hijos estaban repartidos entre distintas ciudades de Argentina y Paraguay. Frente a la amenaza cierta de un nuevo esc&aacute;ndalo medi&aacute;tico por la visita de otro periodista del programa PPT, Nicol&aacute;s Wi&ntilde;azki, el Gobierno provincial le entreg&oacute; una vivienda en Eldorado, un pueblo de 57.000 habitantes a alrededor de 30 kil&oacute;metros de Mado. All&iacute; se fue a vivir con parte de su prole, incluidas sus dos hijas m&aacute;s chicas y una de sus nietas, que ten&iacute;an entonces entre 2 y 7 a&ntilde;os.
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                María Ovando, frente al tribunal                             </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En 2015, Mar&iacute;a fue internada por una cirug&iacute;a de ap&eacute;ndice y las ni&ntilde;as quedaron a cargo de una de sus hermanas mayores. En ese &iacute;nterin, llegaron descalzas y descuidadas al colegio, situaci&oacute;n que una de sus maestras denunci&oacute; en la Justicia. Varios meses despu&eacute;s, y a partir de ese hecho puntual, la jueza de Familia Margarita Potschka resolvi&oacute; sacarle la guarda de las ni&ntilde;as a Mar&iacute;a y entreg&aacute;rselas nuevamente a su abuela paterna, Euvarta Godoy, con quien hab&iacute;an estado durante el encarcelamiento de su madre. <strong>Hasta hoy, no las volvi&oacute; a ver.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este movimiento de la jueza Potschka &ndash;que renunci&oacute; despu&eacute;s, en el marco de un proceso de jury por mal desempe&ntilde;o&ndash; coincide con una presentaci&oacute;n que los abogados de Ovando hicieron contra el juez y el fiscal de instrucci&oacute;n que la detuvieron, exigiendo una reparaci&oacute;n por los casi dos a&ntilde;os encarcelamiento injusto.<strong> Por eso hablan de una &ldquo;revancha&rdquo; del Poder Judicial, que desemboca en un nuevo juicio. En esa segunda oportunidad, a Mar&iacute;a se la responsabiliza de no haber evitado abusos sexuales sufridos por dos de las ni&ntilde;as: una de sus hijas y su nieta.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Euvarta Godoy fue quien hizo la denuncia. Seg&uacute;n su declaraci&oacute;n, ellas mismas apuntaron contra Marcos Laurindo &ndash;amigo de un hijo de Mar&iacute;a, que por entonces ten&iacute;a solo 16 a&ntilde;os y algunos vecinos se&ntilde;alaron como su pareja porque le hac&iacute;a mandados o le sacaba plata del cajero&ndash; y Lucas Ferreira de Lima, un compa&ntilde;ero de colegio de Mar&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los ex&aacute;menes ginecol&oacute;gicos de las ni&ntilde;as, realizados cuando ya hab&iacute;an transcurrido dos meses desde que viv&iacute;an en la casa de su abuela, constatan los abusos. Seg&uacute;n la m&eacute;dica forense, las lesiones pod&iacute;an ser recientes, pero la Justicia las atribuy&oacute; al per&iacute;odo en el que estuvieron bajo la guarda de Mar&iacute;a ignorando una pieza clave: que Euvarta tambi&eacute;n hab&iacute;a denunciado a su yerno, a quien encontr&oacute; con los pantalones bajos encima de una de las criaturas y que fue condenado por ese hecho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las menores declararon dos veces y dieron versiones confusas. En la segunda oportunidad, su nieta sum&oacute; un dato que no hab&iacute;a aparecido antes: que Mar&iacute;a le cobraba $100 a Laurindo y Ferreira de Lima para habilitar los abusos. Que las &ldquo;vend&iacute;a&rdquo;. La car&aacute;tula cambi&oacute; entonces del delito de &ldquo;omisi&oacute;n&rdquo; de su responsabilidad de garante al de &ldquo;promoci&oacute;n a la corrupci&oacute;n de menores agravado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En resumen, los abogados defensores de Mar&iacute;a aseguran que si los abusos se hubieran cometido mientras estuvieron bajo su cuidado, los habr&iacute;an detectado porque las ni&ntilde;as &ldquo;eran compulsivamente revisadas por los m&eacute;dicos y sometidas a controles&rdquo; y consideran que los hechos tuvieron lugar, en cambio, en la casa de su guardadora. De todos modos, sin poder establecer con claridad la fecha de los hechos ni la autor&iacute;a, en octubre de 2020 la Justicia conden&oacute; a Mar&iacute;a a 20 a&ntilde;os de prisi&oacute;n. Una pena muy superior a la que le dio a los supuestos violadores, Laurindo y Ferreira de Lima: 18 y 12 a&ntilde;os, respectivamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Seg&uacute;n las revisaciones m&eacute;dicas, las ni&ntilde;as s&iacute; fueron abusadas. &iquest;D&oacute;nde crees que sucedi&oacute; eso?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En la casa de la abuela, donde est&aacute;n ahora. Porque en boca llena una se quejaba del abuelo. Dec&iacute;a que el abuelo le tocaba la pachula, le tocaba las cosas &iacute;ntimas a ella. Yo sab&iacute;a y me call&eacute; esa vez, &iquest;sab&eacute;s por qu&eacute;? Porque no quer&iacute;a hacer m&aacute;s quilombo, no quer&iacute;a m&aacute;s estar en ese problema que estuve ya.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los abogados defensores de María aseguran que si los abusos se hubieran cometido mientras estuvieron bajo su cuidado, los habrían detectado porque las niñas “eran compulsivamente revisadas por los médicos y sometidas a controles” </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Uno de los nombres clave del caso es el del fiscal del Tribunal Oral de Eldorado, Federico Rodr&iacute;guez, que se involucr&oacute; visceralmente en el asunto y que tuvo un protagonismo mucho amplio del que le habilita el expediente. En declaraciones a Canal 9, este hombre de ojos celestes dijo que cuando escuch&oacute; la sentencia de absoluci&oacute;n, en 2012, se le hizo &ldquo;un nudo en el est&oacute;mago&rdquo; y le gener&oacute; una descompostura por la que baj&oacute; 10 kilos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los medios, reparti&oacute; versiones y relatos truculentos que, sin embargo, &eacute;l mismo admite que no pudo sumar como pruebas. Por ejemplo, refiri&oacute; a una &ldquo;investigaci&oacute;n incre&iacute;ble&rdquo; que hizo un periodista de la zona: &ldquo;Ese se&ntilde;or averigu&oacute; que (Mar&iacute;a) ten&iacute;a otro par de beb&eacute;s aparentemente que hab&iacute;a matado en el Paraguay&rdquo;.&ldquo;Es sabido que se present&oacute; en la comisar&iacute;a con un beb&eacute; muerto, diciendo que se hab&iacute;a ca&iacute;do de la hamaca&rdquo;. Y sigue: &ldquo;Ac&aacute; le ten&iacute;an pavor. Me acuerdo de la escena de cuando Lanata muestra el reencuentro con su hijito, una falsedad tremenda. Trata de abrazarlo y el nene le pone la mano tomando distancia, no la pod&iacute;a ni ver a esta mujer&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese ni&ntilde;o al que se refiere el fiscal, que ten&iacute;a 6 a&ntilde;os cuando su mam&aacute; fue presa por primera vez, nunca le fue restituido formalmente por la Justicia. Es el &uacute;nico al que Mar&iacute;a llama &ldquo;mi beb&eacute;&rdquo;, el &uacute;nico que aparece en su foto de perfil de WhatsApp y el &uacute;nico que, posiblemente, termine el colegio secundario; tiene 17 a&ntilde;os y le faltan pocas materias. Adem&aacute;s, estudia para ser profesor de danzas folkl&oacute;ricas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, bajo el aire del ventilador de una de las habitaciones de la casa comunitaria en la que vive &ndash;y que sus nuevos tutores, miembros de una organizaci&oacute;n social que lo acogi&oacute;, piden no identificar en el mapa&ndash;, recuerda que cuando la polic&iacute;a se llev&oacute; a su mam&aacute; por primera vez &eacute;l fue entregado a sus abuelos maternos, que viv&iacute;an en el monte en la zona de Mado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pas&oacute; tan mal en esa casa que a los 9 a&ntilde;os, enterado de que su madre hab&iacute;a sido liberada y que estaba en Eldorado, se subi&oacute; al cami&oacute;n de un desconocido y, sin avisarle a nadie, se fue a buscarla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En ese tiempo que estuviste con tu mam&aacute; y algunos de tus hermanos en Eldorado &iquest;ella c&oacute;mo los trataba?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me trataba re bien, literal. Por eso yo digo que es la mejor persona del mundo. Me malcriaba. Cada vez que cobraba s&iacute; o s&iacute; me tra&iacute;a un litro de yogur o galletitas, siempre era atenta a cada cosa que yo necesitaba. No tiene explicaci&oacute;n lo que yo pas&eacute; con ella. Fue el mejor momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Descuidaba o trataba mal a alguno de sus hijos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es mentira eso, a mi nunca me toc&oacute;. Aunque s&iacute; me pegaba, pero como cualquier padre&nbsp; para educarte, te daba con una varilla por la pierna y listo. No te digo que te reventaba con un fierro la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Nada que ver con lo que pasaste con tu abuelo, quer&eacute;s decir.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No &ndash;se r&iacute;e. &ndash;Era diferente la educaci&oacute;n de &eacute;l. &Eacute;l quer&iacute;a que labure y que no estudie y que si te mor&iacute;s laburando en el monte, morite nom&aacute;s. A los garrotazos nom&aacute;s me ten&iacute;a. Es por eso que me cuesta vincularme con personas de mi edad, porque me miran la mano nom&aacute;s y me dicen &ldquo;vos ten&eacute;s una mano de 30 a&ntilde;os&rdquo;, porque tengo la mano llena de cicatrices y todo el cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A los 12, y para demostrarle a su mam&aacute; que &ldquo;pod&iacute;a&rdquo;, se fue a Iguaz&uacute; a trabajar en la construcci&oacute;n como ayudante de alba&ntilde;il. Juntaba plata para volver alg&uacute;n fin de semana y llevarle regalos: un juego de vasos o de platos, rosas o cuatro kilos de helado para comer hasta reventar. &ldquo;Siempre me fij&eacute; que no solo me malcr&iacute;e a m&iacute;, sino que tambi&eacute;n quer&iacute;a darle a ella el gusto que nunca le dieron&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las apariciones del fiscal en los medios contribuyeron a cultivar una opini&oacute;n general sobre Mar&iacute;a que, adem&aacute;s, siempre se mantuvo en silencio y ni siquiera quiso declarar en el juicio.<strong> &ldquo;A Mar&iacute;a la odian&rdquo;,</strong> resume el abogado Jos&eacute; Luis Fuentes, que vive en Eldorado y es el coordinador del NEA del Centro de Acceso de Justicia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Naci&oacute;n. <strong>&ldquo;No puede caminar por la calle porque hay gente que cree que est&aacute; endemoniada&rdquo;</strong>, completa Roxana Rivas. Sus hijos tampoco.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                María Ovando                            </span>
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        &ndash;Todas las personas que me ve&iacute;an me juzgaban sin saber qui&eacute;n yo era, o cu&aacute;ntos a&ntilde;os ten&iacute;a. Me trataban de asesino, de chorro, de viol&iacute;n por ser el hijo de Mar&iacute;a Ovando &ndash;sigue el chico de 17 a&ntilde;os, que despu&eacute;s de que fue separado de su madre por segunda vez intent&oacute; suicidarse y comenz&oacute; a consumir drogas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo pensaba que era un escape la droga, pero era peor. Con m&aacute;s raz&oacute;n la gente hablaba mal de mi, que nosotros &eacute;ramos unas malas personas, que &eacute;ramos una familia fea. Y me golpe&oacute; mucho la gorra, por verme nom&aacute;s. Yo me sentaba en una esquina sin hacer nada y ah&iacute; ya me alzaban al patrullero y me llevaban. A los 14 a&ntilde;os me pon&iacute;an el fierro adentro de la boca o en la frente. O sea &ndash;achina los ojos negros, suelta una risa nerviosa&ndash; eso no se hace.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">María está desde hace dos años en prisión preventiva, aún cuando su libertad no supone ninguno de los riesgos que la justificarían: entorpecimiento de la investigación o fuga</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mar&iacute;a est&aacute; desde hace dos a&ntilde;os en prisi&oacute;n preventiva, a&uacute;n cuando su libertad no supone ninguno de los riesgos que la justificar&iacute;an: entorpecimiento de la investigaci&oacute;n o fuga. <strong>Est&aacute; a la espera de que el Superior Tribunal de Justicia de la provincia falle sobre su caso</strong>,<strong> lo que habilitar&iacute;a a sus abogados a recurrir a la Corte Suprema de la Naci&oacute;n,</strong> pero no hay un plazo legal para que eso ocurra. Mientras tanto, el tiempo corre lento. Lento, caluroso y h&uacute;medo en los pasillos del penal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a sale al patio, toma terer&eacute; con sus compa&ntilde;eras, las mira tejer mu&ntilde;equitos a crochet, hace alfombras con pedacitos de tela que va anudando a una red. Tambi&eacute;n va a la escuela. Dice que le cuesta y que apenas consigue escribir su nombre y solo cuando est&aacute; &ldquo;muy tranquila&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se anima: agarra la lapicera y, despacito sobre un cuaderno, escribe &ldquo;Ovando&rdquo; mezclando letras de imprenta may&uacute;scula y min&uacute;scula. Con un trazo algo tembloroso, intenta tambi&eacute;n &ldquo;Mar&iacute;a&rdquo;. &ldquo;Creo que la a es as&iacute;&rdquo;, termina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su nombre es Mar&iacute;a Ramona Ovando y hasta los 35 a&ntilde;os, cuando el Estado todav&iacute;a no la hab&iacute;a visto, cuando era una de las tantas misioneras que cr&iacute;an y sobreviven monte adentro, todos la llamaban como Ramona. El protagonismo de su primer nombre lleg&oacute; hace 11 a&ntilde;os junto con &ldquo;el caso Ovando&rdquo; y con las personas que aparecieron en su vida a partir de entonces. Lleg&oacute; despu&eacute;s de ese d&iacute;a de marzo en el que Carolina se descompuso y la enterr&oacute;, con las manos, bajo un &aacute;rbol de u&ntilde;a de gato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ahora me gustar&iacute;a que me llamen Mar&iacute;a. En realidad, esa Ramona ya no existe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>DT/SH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delfina Torres Cabreros]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Dec 2022 03:05:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Ovando, la mujer pobre condenada dos veces por "mala madre" que incomoda a la Justicia misionera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[María Ovando,Justicia,Misiones,Pobreza y desigualdad]]></media:keywords>
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