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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Protocolos]]></title>
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      <title><![CDATA[Las reglas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reglas_129_9783959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/194d8a92-d0de-4756-8668-61f934cefb36_16-9-discover-aspect-ratio_default_1062233.jpg" width="2038" height="1146" alt="Las reglas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Protocolos para sentarse a comer, indicaciones de la vida religiosa y el imperativo de “no contestar cuando te atacan” en el caso  de dos hechos recientes: la cachetada de Will Smith a Chris Rock y la respuesta de Lionel Messi al técnico de la selección holandesa y al jugador de la casaca 19.  </p></div><p class="article-text">
        Mi parte favorita del libro de do&ntilde;a Petrona que ten&iacute;a mi mam&aacute; era el principio. Siempre me gust&oacute; leer recetas de cosas que no pienso cocinar (lo sigo haciendo: ahora mismo tengo abiertas tres pesta&ntilde;as distintas con sopas que por supuesto no planeo preparar con este clima), pero m&aacute;s que cualquier aspic o mayonesa de ave recuerdo haber le&iacute;do much&iacute;simas veces las primeras p&aacute;ginas que el ejemplar que hab&iacute;a en mi casa dedicaba a algunas reglas de protocolo muy sencillas que deb&iacute;a conocer un ama de casa de clase media para llevar adelante una mesa como Dios manda. Me olvid&eacute; de la mayor&iacute;a de las cosas que dec&iacute;a, pero no de todas. De noche siempre mantel, si la ocasi&oacute;n es formal, blanco; de d&iacute;a, en un almuerzo, se pod&iacute;a optar por individuales. Los cubiertos se ubican de afuera hacia adentro seg&uacute;n el orden del servicio, pero en una cena de cierta informalidad no hace falta cambiar los cubiertos en cada plato (hab&iacute;a muchas aclaraciones de este tipo, un tono general que recomendaba no sobreactuar etiqueta como si eso fuera efectivamente de tan mal gusto como olvidarla). Me gustaba especialmente una indicaci&oacute;n que daba de sentar a las parejas en diagonal en lugar de enfrentadas o juntas, para evitar que cada uno converse con quien vino e invitar a la gente a mezclarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me simpatiza esa cosa de los modales de digitar ciertas interacciones para hacerlas m&aacute;s fluidas sin que quienes participan de ellas tengan demasiado presente la digitaci&oacute;n; es una de las razones por las que, de esa &eacute;poca en adelante, mantuve cierto inter&eacute;s en el protocolo, aunque no soy una experta ni mucho menos. La otra, supongo, es que nac&iacute; en una comunidad que se regocija en el conocimiento de la regla; que la manga hasta el codo, que las tres estrellas que inauguran el s&aacute;bado, que las mil y una normativas sobre lo que se puede comer y lo que no. La tercera, relacionado con esto mismo, supongo, <strong>es que cuando una deja de ser jud&iacute;a ortodoxa lo m&aacute;s importante es que parezca que conoce las reglas del otro mundo. </strong>No creo que sea raro que los que no pertenecemos nos obsesionamos un poco con los indicadores de pertenencia.
    </p><p class="article-text">
        Descubr&iacute; hace poco un podcast sobre etiqueta que se llama <em>Were You Raised By Wolves? </em>(&ldquo;&iquest;Te criaron los lobos?&rdquo;). Es bastante divertido. En algunos casos analizan la historia de alguna regla muy conocida y se preguntan si tiene sentido sostenerla; otras veces plantean situaciones de la vida contempor&aacute;nea y se preguntan cu&aacute;l ser&iacute;a el curso de acci&oacute;n m&aacute;s cort&eacute;s. El podcast parece operar sobre un principio sencillo: hay algo valioso en eso que entendemos por la cortes&iacute;a o los buenos modales, que ser&iacute;a la intenci&oacute;n de no hacer da&ntilde;o ni incomodar a otras personas, pero no todas las reglas de etiqueta van hoy en esa direcci&oacute;n y no deber&iacute;a ser grave, por un lado, ni abandonar las reglas que ya no cumplen esa funci&oacute;n ni elaborar nuevas reglas que s&iacute; colaboren con ese valor de aceitar la convivencia. Por ejemplo: la regla de no poner los codos sobre la mesa, dicen en el podcast, surge en el medievo y no se basa en razones est&eacute;ticas sino en preservar el espacio del otro en una mesa en la que de otro modo no estar&iacute;amos todos c&oacute;modos para comer. Cuando ya no estamos comiendo y no hay platos ocupando lugar hasta la experta en etiqueta Emily Post concede que no hay nada de malo en apoyar los codos en la mesa, e incluso puede ser lo m&aacute;s cort&eacute;s si es para inclinarte y as&iacute; escuchar mejor a alguien que se encuentra del otro lado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siempre tuve ese mismo criterio con las reglas religiosas: entend&iacute;a perfectamente por qu&eacute; no estaba bien matar o robar las vacas de tu pr&oacute;jimo, pero no por qu&eacute; estar&iacute;a igual de mal prender la luz en shabat o cualquier otra cosa que no le hiciera mal a nadie. Con la etiqueta me pasa lo mismo: me gusta especialmente una regla que le&iacute; hace poco en alg&uacute;n manual de los a&ntilde;os cincuenta que dice que <strong>no hay que pedirle al anfitri&oacute;n nada que no haya a la vista.</strong> Me encanta porque est&aacute; dirigida al que creo que deber&iacute;a ser el objetivo de la cortes&iacute;a, que es no hacer sentir humillada a una persona por no tener alguna cosa, por cara o porque se olvid&oacute; de comprarla, no importa: evitar que otras personas se sientan en falta. Es lo contrario de esas normas arbitrarias que son solamente marcas de clase, que solo sirven para mostrarle a otra persona que es una mersa porque no las conoce, como esa de no poner la coca cola en la mesa (<em>no labels on the table</em>, &ldquo;ninguna etiqueta en la mesa&rdquo;); si tiene alg&uacute;n sentido superior pido disculpas por desconocerlo, yo solo he visto que sirve para que bajen la coca disimuladamente cada vez que alguien se equivoca y la deja en la mesa, una obsesi&oacute;n absurda que no hace ninguna contribuci&oacute;n ni al fluir ni al placer de ning&uacute;n encuentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que estoy tratando de entender es si &ldquo;no contestar cuando te atacan&rdquo; es una regla de cortes&iacute;a de las que mejoran las interacciones o de las que las empeoran, las embarran, las hacen m&aacute;s torpes o m&aacute;s opacas. Recuerdo la indignaci&oacute;n masiva en Estados Unidos cuando <strong>Will Smith </strong>se par&oacute; a embocar a <strong>Chris Rock</strong>, que acababa de hablar mal de su mujer. La reacci&oacute;n medi&aacute;tica fue absolutamente exagerada, pero pongamos que se pod&iacute;a justificar en una desproporci&oacute;n (responder a una agresi&oacute;n verbal con una agresi&oacute;n f&iacute;sica).<strong> En el caso de Messi y su supuesta &ldquo;vulgaridad&rdquo; sencillamente me cuesta entenderlo: &iquest;por qu&eacute; vendr&iacute;a a ser m&aacute;s vulgar el que responde a una descansada que el que te descansa? </strong>Vuelvo al caso de Will Smith y Chris Rock; m&aacute;s all&aacute; de la mentada desproporci&oacute;n, siento que hay una constante en eso de terminar siempre hablando m&aacute;s de quien contesta que de quien peg&oacute; primero. Supongo que para algunos hay una marca de elegancia (&iquest;de clase, tambi&eacute;n? No lo tengo claro, me lo pregunto) en la impasibilidad, el no dejarse afectar. La elegancia a veces parece consistir exactamente en eso, la capacidad de ser indiferente. Lo puedo entender, pero para demasiadas cosas en la vida es importante no ser un desafectado completo. La capacidad de ser afectados est&aacute; en el centro de nuestra humanidad, nuestra vulnerabilidad, nuestra capacidad de sentir y de crear, de estar conectados. No creo que haya nada particularmente valioso en ese ideal anglosaj&oacute;n de la desconexi&oacute;n total, <em>mind your own business</em>, ocuparse solo de las cosas de una: no hablar de otras personas, no mirar a otras personas, no envidiar, no dejarse afectar ni provocar. Puede ser &ldquo;m&aacute;s elegante&rdquo; no responder una provocaci&oacute;n, pero hasta las personas m&aacute;s elegantes saben que la elegancia no es el &uacute;nico valor de ninguna moral defendible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reglas_129_9783959.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Dec 2022 03:05:10 +0000]]></pubDate>
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