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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cassie Chadwick]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/cassie-chadwick/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Cassie Chadwick]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La falsa hija de un magnate que engañó a los bancos más poderosos de Estados Unidos: ocho pianos de cola, lujo y estafa millonaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/falsa-hija-magnate-engano-bancos-poderosos-estados-unidos-ocho-pianos-cola-lujo-estafa-millonaria_1_9847419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c8a96c0-746f-43ca-91c5-0e7b40be4790_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La falsa hija de un magnate que engañó a los bancos más poderosos de Estados Unidos: ocho pianos de cola, lujo y estafa millonaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En cada entrega, perfiles de grandes falsificadores, simuladores, artistas del engaño, infiltrados, estafadores profesionales y otros tramposos audaces.</p><p class="subtitle">Impostores - El fraude de la heredera misteriosa que dejó en ridículo a la alta sociedad de Nueva York: lujo, arte y millones</p><p class="subtitle">Archivo - Todas las entregas de la saga Impostores: ser o parecer.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Theodore Roosevelt</strong> levant&oacute; su mano derecha y puso la izquierda sobre la Biblia. El presidente McKinley estaba muerto por la bala de un asesino y de esta manera Roosevelt se convertir&iacute;a en presidente, el presidente m&aacute;s joven de todos, con apenas 41 a&ntilde;os. En ese d&iacute;a perfecto y soleado en Washington muy pocos sab&iacute;an que en la otra punta del pa&iacute;s, en Cleveland, Ohio, otra jura estaba teniendo lugar. <strong>La gente promet&iacute;a decir la verdad, toda la verdad y nada m&aacute;s que la verdad</strong>&rdquo;, describe el escritor e investigador estadounidense <strong>William Hazelgrove</strong> en su atrapante libro <em>Greed in the Gilded Age. The Brilliant Con of Cassie Chadwick</em> (Rowman &amp; Littlefield, 2021, todav&iacute;a sin traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol).
    </p><p class="article-text">
        Es marzo de 1905 y en los Estados Unidos todo es conmoci&oacute;n. Un presidente nuevo que asume, un caso policial y judicial que atrapa por lo ins&oacute;lito, por los millones de d&oacute;lares que est&aacute;n en juego y por los personajes: una mujer que dice llamarse <strong>Cassie Chadwick</strong>, el magnate del acero <strong>Andrew Carnegie</strong>, los representantes de los bancos m&aacute;s poderosos del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los diarios de la &eacute;poca &ndash;siempre con pompa: no hay prensa sin hip&eacute;rbole&ndash; hablan en sus t&iacute;tulos cat&aacute;strofe del <em>Juicio del Siglo</em>. Un siglo que reci&eacute;n est&aacute; empezando, <strong>con los coletazos de una &eacute;poca que ser&iacute;a descripta como la </strong><em><strong>Gilded Age</strong></em><strong> o la </strong><em><strong>Edad Dorada</strong></em><strong>, es decir, el per&iacute;odo despu&eacute;s de la guerra de Secesi&oacute;n y de la llamada Reconstrucci&oacute;n estadounidense, entre las d&eacute;cadas de 1870 y 1890</strong>, cuando el pa&iacute;s conoci&oacute; una expansi&oacute;n econ&oacute;mica, industrial y demogr&aacute;fica sin precedentes y tambi&eacute;n grandes conflictos sociales y econ&oacute;micos derivados de las desigualdades. Lo hizo <strong>Mark Twain</strong> en <em>The Gilded Age: A Tale of Today</em>, tal como apunta Hazelgrove: &ldquo;En colaboraci&oacute;n con el periodista <strong>Charles Dudley Warner</strong>, Twain expuso su tesis. &lsquo;Fue una &eacute;poca de <em>robber barons</em> (N. de la R: un t&eacute;rmino despectivo para referirse a los grandes industriales y capitalistas que se llenaban de dinero por entonces), (...) de <strong>una riqueza obscena exhibida sin escr&uacute;pulos</strong> y con total indiferencia por c&oacute;mo viv&iacute;a &lsquo;la otra mitad&rsquo; (de la poblaci&oacute;n)'&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue en esos d&iacute;as de extensiones ferroviarias infinitas y maquinaria industrial a todo vapor (a costa de condiciones laborales precarias, claro, y todo tipo de insalubridades); de fiestas interminables y gastos despampanantes; de dinero multiplic&aacute;ndose y sue&ntilde;o americano radiante (&ldquo;nunca en la historia de la rep&uacute;blica hubo tantos hombres ricos&rdquo;, apunt&oacute; el <em>New York Times</em> en un art&iacute;culo de 1882) , que <strong>una joven nacida en Canad&aacute; decidi&oacute;, como miles, mudarse a esas tierras que promet&iacute;an lo que ella no pod&iacute;a tener</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el<em> Juicio del Siglo</em>, al que Cassie Chadwick se present&oacute; con la vista bien en alto mientras la observaban con sorpresa los miembros del tribunal, el potentado Carnegie &ndash;inmigrante y tan ambicioso como la acusada&ndash; y decenas de periodistas y fot&oacute;grafos, se recapitular&iacute;a su historia:<strong> el nombre que hab&iacute;a elegido su familia para ella era Elizabeth Bigley, hab&iacute;a nacido en 1857, en una peque&ntilde;a localidad cerca de Woodstock, Ontario</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ten&iacute;a varios hermanos y unos padres pobres que no sab&iacute;an leer. Padec&iacute;a problemas de o&iacute;do, seseaba y ten&iacute;a la extra&ntilde;a costumbre de quedarse mirando al vac&iacute;o durante horas. <strong>Carec&iacute;a de dote, de herencia y de esperanzas con respecto al futuro. Pero era inteligente, a su peculiar manera. Ten&iacute;a agallas. </strong>Y aunque no era mucho menos una belleza, ten&iacute;a un rasgo f&iacute;sico que la gente comentar&iacute;a durante d&eacute;cadas: sus ojos parec&iacute;a poseer un extra&ntilde;o poder&rdquo;, describi&oacute; la periodista estadounidense <strong>Tori Telfer</strong> en su libro<em> Maestras del enga&ntilde;o. Estafadoras, timadoras y embaucadoras de la historia</em> (Impedimenta, 2021).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Chadwick adoptó distintas identidades. Trabajó como vidente bajo el nombre de Lydia Scott y también como Madame Marie LaRose."
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                Chadwick adoptó distintas identidades. Trabajó como vidente bajo el nombre de Lydia Scott y también como Madame Marie LaRose.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>PRIMEROS A&Ntilde;OS</strong></h3><p class="article-text">
        Integrante de una familia de granjeros sin recursos para la vida que anhelaba, Elizabeth &ndash; apodada Betty o Betsy en ese tiempo&ndash; empez&oacute; de muy chica a perge&ntilde;ar m&eacute;todos para obtener dinero r&aacute;pido y f&aacute;cil. Seg&uacute;n contar&iacute;a una de sus hermanas a&ntilde;os despu&eacute;s en entrevistas, &ldquo;<strong>hab&iacute;a estado pose&iacute;da por una obsesi&oacute;n desde la infancia: la de adquirir una gran fortuna muy r&aacute;pido&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A los 14 a&ntilde;os, y con la temprana convicci&oacute;n de que un documento que luciera lo suficientemente oficial era la llave para convencer a quienes ella quisiera, se procur&oacute; los elementos para falsificar una carta. <strong>El papel mecanografiado la se&ntilde;alaba a ella, en nombre de unos supuestos abogados brit&aacute;nicos, como &uacute;nica heredera de una fortuna que le dejaba un t&iacute;o que viv&iacute;a en Inglaterra. Tan convincente parec&iacute;a todo, que hasta sus padres y hermanos se lo creyeron.</strong> Con ese documento promisorio, &eacute;l &uacute;nico respaldo que le exigieron, la joven abri&oacute; su primera cuenta bancaria y empez&oacute; a entregar cheques y pagar&eacute;s para comprar objetos que deseaba con locura. Compr&oacute; ropa, compr&oacute; muebles, compr&oacute; tambi&eacute;n un &oacute;rgano (el primero de una lista extravagante de instrumentos, el que marcar&iacute;a un camino que la llev&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s a adquirir ocho pianos de cola para regalar). La estafa, en un lugar tan peque&ntilde;o como aquel pueblo canadiense, se descubri&oacute; r&aacute;pido. Despu&eacute;s de un tr&aacute;mite r&aacute;pido, un juez conden&oacute; a la adolescente por falsificaci&oacute;n. Sin embargo no pas&oacute; por la c&aacute;rcel, porque el magistrado la consider&oacute; &ldquo;insana&rdquo; y la dej&oacute; al cuidado de su madre.
    </p><p class="article-text">
        Cuando unos a&ntilde;os despu&eacute;s la joven se enter&oacute; de que su hermana Alice hab&iacute;a emigrado a los Estados Unidos y all&iacute; se hab&iacute;a casado con un hombre de Cleveland, Ohio, no lo dud&oacute; y se escap&oacute; de inmediato a vivir con ellos. <strong>&ldquo;Necesitaba un pa&iacute;s obsesionado con hacer las cosas a lo grande (...) un pa&iacute;s donde el l&iacute;mite entre los sue&ntilde;os y los fraudes se difuminara de forma constante y maravillosa&rdquo;</strong>, como describi&oacute; Telfer en su libro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Maestras del engaño. Estafadoras, timadoras y embaucadoras de la historia&quot; es un libro de la periodista estadounidense. En español salió en 2021.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>LAS MIL VIDAS DE &ldquo;LA DUQUESA DEL CRIMEN&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Instalada en los Estados Unidos, la estad&iacute;a junto a su hermana y su cu&ntilde;ado en Cleveland dur&oacute; poco. Durante un largo viaje de vacaciones de la pareja, la impostora decidi&oacute; hipotecar los muebles de la casa. Dec&iacute;a que se llamaba Alice M. Bestedo, los dejaba en casas de empe&ntilde;o y obten&iacute;a algo de dinero con velocidad. Pero luego tomaba pr&eacute;stamos para comprar otros objetos para seguir dejando material en consignaci&oacute;n y as&iacute; se llen&oacute; de deudas.<strong> Al volver y descubrir sus movimientos, Alice y su esposo la echaron. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vivi&oacute; de pensi&oacute;n en pensi&oacute;n, trabaj&oacute; como clarividente y se hizo llamar por entonces Madame Lydia DeVere. </strong>A sus clientes y a quienes iba conociendo les dec&iacute;a que era viuda y les contaba una historia para que le tuvieran l&aacute;stima. No tard&oacute; mucho tiempo hasta que encontr&oacute; otra v&iacute;ctima de sus enga&ntilde;os, el m&eacute;dico <strong>Wallace S. Springsteen</strong>, a quien le dijo que estaba esperando la resoluci&oacute;n de una herencia por la que se har&iacute;a rica. Se casaron a finales de 1883 y la noticia del enlace sali&oacute;, con la fotograf&iacute;a de los novios sonrientes, en un diario local. Dos semanas despu&eacute;s de la boda, Springsteen descubri&oacute; todas las mentiras de su esposa: distintas personas que hab&iacute;an sido estafadas por la mujer aparecieron por su casa para cobrarse viejas deudas. Se divorciaron por pedido de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Imparable y siempre con la ambici&oacute;n de obtener m&aacute;s dinero, Chadwick volvi&oacute; a abrir una suerte de consultorio de clarividencia y adivinaci&oacute;n en Cleveland. <strong>Eligi&oacute; como nombre Madame Marie LaRose. Volvi&oacute; a casarse, esta vez con un granjero, con quien vivi&oacute; alrededor de cuatro a&ntilde;os en una casa de campo</strong> hasta que el hombre le pidi&oacute; el divorcio tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 1889 la mujer fue arrestada por falsificaci&oacute;n de documentos oficiales y fraude. <strong>A diferencia de la vez anterior, fue enviada a una prisi&oacute;n en Toledo, Ohio, con una condena de nueve a&ntilde;os. Pero al cumplir la mitad de ese tiempo, le otorgaron la libertad condicional y volvi&oacute; a Cleveland, donde se hizo llamar Cassie Hoover</strong>. Durante un per&iacute;odo regente&oacute; burdeles y trat&oacute; de trazar un mapa de los hombres con mayores fortunas de la regi&oacute;n. <strong>As&iacute; conoci&oacute; a su tercer esposo, Leroy Chadwick, de quien tomar&iacute;a su nombre definitivo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Chadwick era un personaje adinerado que pertenec&iacute;a a la &eacute;lite de Cleveland. Cuando empez&oacute; a mostrar a Cassie en sociedad, fueron varios los hombres y mujeres de su c&iacute;rculo que sospecharon de ella: nadie conoc&iacute;a su pasado, nadie entend&iacute;a con claridad de d&oacute;nde ven&iacute;a ni la ten&iacute;a en el radar entre las familias acomodadas de la zona. Frente a esta resistencia con la mujer que amaba, Chadwick opt&oacute; por cerrarse y tomar distancia de ellos, mientras Cassie empezaba una nueva etapa. <strong>Ahora con dinero propio del matrimonio, gastaba en la ropa m&aacute;s lujosa, en pieles, en vajilla de plata, en relojes ex&oacute;ticos, en muebles y todo tipo de objetos estrafalarios.</strong> Los comerciantes de Cleveland la adoraban: cuando la ve&iacute;an entrar por la puerta de sus locales, sab&iacute;an que gastar&iacute;a cientos de d&oacute;lares en pocos minutos.
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            <span class="title">
                Cassie Chadwick impactaba en Cleveland por la vida fastuosa que llevaba.                            </span>
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        &ldquo;Cassie era tan radical en su forma de ser generosa como en su forma de consumir. Si la alta sociedad de Cleveland no estaba dispuesta a aceptarla, ella se abrir&iacute;a paso hacia sus corazones a golpe de talonario. As&iacute;<strong> encarg&oacute; ocho pianos de cola e hizo que se los entregaran a ocho de sus amigas.</strong> En otra ocasi&oacute;n, invit&oacute; a Europa a doce chicas j&oacute;venes de las mejores familias, pag&aacute;ndoles todo el viaje y ofreci&eacute;ndoles siempre lo m&aacute;s exquisito que hubiera&rdquo;, detalla Telfer en su libro.
    </p><p class="article-text">
        Pese a estar casada y feliz con ese hombre rico y que pod&iacute;a disponer del dinero con soltura, Cassie quer&iacute;a m&aacute;s. Entonces retom&oacute; la pr&aacute;ctica de su juventud y volvi&oacute; a estafar a banqueros. <strong>Ahora iba por los m&aacute;s poderosos de los Estados Unidos con una estrategia que se repet&iacute;a: llegaba a una sucursal con sus vestidos importados desde Par&iacute;s, le contaba a alg&uacute;n empleado que se hab&iacute;a excedido con la chequera de su marido en algunos gastos y ped&iacute;a un pr&eacute;stamo. </strong>A cambio de ese peque&ntilde;o pedido, le daba al bancario de turno alguna gratificaci&oacute;n, al tiempo que exhib&iacute;a papeles falsos con aspecto oficial: pagar&eacute;s, bonos, cartas y certificados. Con ellos Cassie daba a entender que ten&iacute;a un respaldo, activos y poder para saldar en poco las deudas. Lleg&oacute; incluso a mostrar documentos falsos de una supuesta herencia que ven&iacute;a en camino.
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                    alt="La imponente mansión de los Chadwick se convirtió, con el tiempo y luego del llamado &quot;juicio del siglo&quot; en una atracción turística de Cleveland, Ohio."
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            <span class="title">
                La imponente mansión de los Chadwick se convirtió, con el tiempo y luego del llamado &quot;juicio del siglo&quot; en una atracción turística de Cleveland, Ohio.                            </span>
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        El punto m&aacute;s alto de sus imposturas lleg&oacute; cuando Cassie decidi&oacute; empezar a contar, siempre entre susurros, siempre con un halo de misterio, que ella era en realidad hija ileg&iacute;tima de uno de los empresarios m&aacute;s poderosos de la &eacute;poca: el magnate del acero <strong>Andrew Carnegie</strong>. Un personaje famoso de la &eacute;poca, venerado por su fortuna y por la forma en la que la hab&iacute;a amasado despu&eacute;s de una infancia de penurias entre inmigrantes escoceses que hab&iacute;an llegado a los Estados Unidos con lo puesto.
    </p><p class="article-text">
        Con una serie de documentos falsos de un supuesto fideicomiso que le dejar&iacute;a una fortuna en poco tiempo a Cassie, la mujer se sigui&oacute; presentando en las ventanillas de distintos bancos. <strong>Al exhibir los papeles y al escuchar por lo bajo el apellido Carnegie, nadie dudaba y de inmediato consegu&iacute;a los pr&eacute;stamos que ped&iacute;a.</strong> Los trucos inclu&iacute;an tambi&eacute;n encuentros por fuera de las entidades, con banqueros y prestamistas, a quienes Cassie pasaba a buscar en carruajes suntuosos con los que quedaban impactados.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto segu&iacute;a llevando una vida de lujo en Cleveland. <strong>La mansi&oacute;n que compart&iacute;a con su esposo, en la avenida Euclid, estaba ubicada en las cuadras que todo el mundo conoc&iacute;a como &ldquo;la Fila de los Millonarios&rdquo;. Adem&aacute;s de las compras para ella y sus amigas, Cassie era generosa tambi&eacute;n con los empleados de la casa y sol&iacute;a hacerles grandes regalos. Tambi&eacute;n hac&iacute;a donaciones a instituciones locales y lleg&oacute; a dejar su aporte al movimiento sufragista por el derecho al voto femenino. </strong>Muchos banqueros eran invitados al lugar y al ver el despliegue de bienes, joyas y ornamentaci&oacute;n no ten&iacute;an dudas de la solidez de la fortuna de Cassie y de sus perspectivas cuando finalmente heredara al magnate del acero.
    </p><p class="article-text">
        En una ocasi&oacute;n, ante un banquero insistente que quer&iacute;a algo del dinero que le hab&iacute;a prestado a la impostora, ella contrat&oacute; a un actor para que hiciera de representante de Carnegie y lo tranquilizara. <strong>Aunque se trata de n&uacute;meros incalculables hoy, se estipula que para 1904 las deudas de la mujer superaban el mill&oacute;n y medio de d&oacute;lares, por entonces una suma impactante</strong>.&nbsp;
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                    alt="El libro &quot;Greed in the Gilded Age&quot;, de 2022, cuenta la vida de la impostora y reconstruye la historia de las mayores estafas de Chadwick."
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                El libro &quot;Greed in the Gilded Age&quot;, de 2022, cuenta la vida de la impostora y reconstruye la historia de las mayores estafas de Chadwick.                            </span>
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        La burbuja de estafas y fraudes se pinch&oacute; finalmente en 1904. <strong>Un hombre de negocios llamado Herbert B. Newton la demand&oacute; ese a&ntilde;o. Estaba furioso, dec&iacute;a que Cassie le deb&iacute;a m&aacute;s de 200 mil d&oacute;lares</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La alta sociedad de Cleveland empez&oacute; a crujir: aquella mujer de las fiestas fastuosas, de los viajes regalados y de los muebles de lujo no era quien hab&iacute;a dicho que era. Para entonces su esposo se hab&iacute;a ido a vivir a B&eacute;lgica. Ella fue detenida en Nueva York. <strong>La polic&iacute;a la encontr&oacute; en la cama, con una bata de encaje blanco. La escucharon decir que no entend&iacute;a por qu&eacute; la arrestaban, que no ten&iacute;a nada que ver con los delitos por los que la acusaban</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Un personaje que hab&iacute;a llegado a enga&ntilde;ar a gente tan poderosa, llam&oacute; la atenci&oacute;n del pa&iacute;s. <strong>Se convirti&oacute;, para los medios, en &ldquo;La Bruja de las Finanzas&rdquo;, &ldquo;La Duquesa del Crimen&rdquo;, &ldquo;la mayor estafadora bancaria de los Estados Unidos&rdquo;.</strong> No falt&oacute; quien admirara sus agallas, su &iacute;mpetu, su ambici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando finalmente lleg&oacute; el llamado <em>Juicio del Siglo</em>, la mujer enfrent&oacute; cargos por defraudaci&oacute;n al Estado, por falsificaciones, por estafas a un banco federal. <strong>Las familias adineradas de Cleveland no quisieron perderse aquellas audiencias. El propio Carnegie, que adem&aacute;s fue citado para declarar y asegur&oacute; que no ten&iacute;a nada que ver con la estafadora, fue inmortalizado en una de esas jornadas por decenas de fot&oacute;grafos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Con una sentencia a catorce a&ntilde;os, Chadwick fue enviada a una prisi&oacute;n federal de Ohio en 1906. Pocos meses despu&eacute;s su salud empez&oacute; a deteriorarse y muri&oacute; el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os, el 10 de octubre de 1907. <strong>Ten&iacute;a 50 a&ntilde;os</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Hito de aquella &eacute;poca dorada, la enorme mansi&oacute;n de los Chadwick se convirti&oacute;, por a&ntilde;os, en una atracci&oacute;n tur&iacute;stica de Cleveland hasta que fue demolida en la d&eacute;cada del &lsquo;20. <strong>Un siglo despu&eacute;s, a mediados de 2020, se anunci&oacute; el rodaje de una pel&iacute;cula que contar&iacute;a la historia de Cassie y de aquellos a&ntilde;os de ambici&oacute;n, de dinero f&aacute;cil y de enga&ntilde;os.</strong> Pero la producci&oacute;n qued&oacute; demorada por la pandemia y todav&iacute;a no tiene fecha de lanzamiento.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/falsa-hija-magnate-engano-bancos-poderosos-estados-unidos-ocho-pianos-cola-lujo-estafa-millonaria_1_9847419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Jan 2023 08:27:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La falsa hija de un magnate que engañó a los bancos más poderosos de Estados Unidos: ocho pianos de cola, lujo y estafa millonaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cassie Chadwick,Estados Unidos,Canadá,Impostores]]></media:keywords>
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