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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - T.S. Eliot]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - T.S. Eliot]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La casa de los aduaneros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/casa-aduaneros_129_9872651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a88def76-3c39-4b87-8aac-097e2f542ab7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La casa de los aduaneros"></p><p class="article-text">
        En la librer&iacute;a Fausto que ahora es Distal, trabajaba Pedro Wolcowicz. La librer&iacute;a Fausto editaba tambi&eacute;n una colecci&oacute;n de libros. Si encuentran libros de esa editorial en las mesas de usados, c&oacute;mprenlos sin dudar aunque no sepan qui&eacute;n es la escritora o el escritor que publican: todos eran buenos y ten&iacute;an grandes traducciones. Un d&iacute;a, Pedro me recomend&oacute; un libro de la editorial Fausto que conten&iacute;a dos libros de un poeta que yo no hab&iacute;a escuchado nombrar: Eugenio Montale. <em>Huesos de Jibia</em> y <em>Las ocasiones</em> en un mismo volumen. Era biling&uuml;e, yo pod&iacute;a cotejar las traducciones de Horacio Armani. 
    </p><p class="article-text">
        Pedro Wolcowicz era un librero que le&iacute;a todo. Y no s&oacute;lo eso. Tambi&eacute;n sab&iacute;a cu&aacute;les eran las buenas traducciones y d&oacute;nde estaban los libros que estabas buscando. Me pregunto si &eacute;l sal&iacute;a a recorrer librer&iacute;as en sus horas libres. Yo estaba buscando un invierno <em>Meridiano de sangre</em> de Cormac Mc Carthy y &eacute;l me dijo en qu&eacute; librer&iacute;a, y en qu&eacute; sector de la librer&iacute;a, se encontraba saldado. Tambi&eacute;n me dijo que la traducci&oacute;n no le parec&iacute;a muy buena.&nbsp;Pedro era un hombre delgado y alto. Siempre usaba camisas y ten&iacute;a lentes policrom&aacute;ticos. El pelo casta&ntilde;o peinado hacia atr&aacute;s. Cuando muri&oacute;, Santiago Llach le escribi&oacute; un poema: &ldquo;Muri&oacute; el &uacute;ltimo librero/ muri&oacute; el &uacute;ltimo librero, Pedro Wolcowicz/ el hombre de lentes polarizados que lo hab&iacute;a le&iacute;do todo./ Hab&iacute;a le&iacute;do un mill&oacute;n de poemas malos/ pero seguro que tambi&eacute;n hab&iacute;a le&iacute;do a Borges/ y un mont&oacute;n de buenas novelas extranjeras/ estaba todo el d&iacute;a al pie con sus anteojos ahumados/&nbsp;en la vieja Fausto de Corrientes y Talcahuano/ no se sabe cu&aacute;ndo era que el tipo le&iacute;a tanto/ pero en mi cuarto que da/ al pulm&oacute;n de la misma manzana/ se pod&iacute;a o&iacute;r el runr&uacute;n de la / cabeza de Pedro/ devorando letra tras letra(&hellip;) Antes de fin de a&ntilde;o/ llegar&aacute;n a la patria containers/ y containers/ repletos de tabletas electr&oacute;nicas/ antes de fin de a&ntilde;o/ el libro en papel estar&aacute; muerto./ Pedro lo sab&iacute;a y se muri&oacute;/ &eacute;l tambi&eacute;n/ su lugar en Fausto que ahora / se llama C&uacute;spide/ lo ocupa una actriz que se llama/ Estefan&iacute;a&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Montale escrib&iacute;a lent&iacute;simo. Era una l&iacute;rica extra&ntilde;a. Parec&iacute;a condensar y dejar afuera un mont&oacute;n de cosas y uno se ten&iacute;a que volver un lector activo para tratar de entender de qu&eacute; iba el poema. Me fascin&oacute;. Hay un poema que est&aacute; casi al final de <em>Huesos de jibia</em> &ndash;de 1925- que se llama &ldquo;Arsenio&rdquo; y que a m&iacute; me parece que prefigura a los poemas tremendos que va a escribir en su libro posterior <em>Las ocasiones</em>, de 1939. Montale fue publicando a los largo de su vida libros de poemas cada diez o quince a&ntilde;os. Le gustaba el slow food. Tuvo una vida tranquila, sin grandes gestas heroicas. Y hay dos aspectos de su biograf&iacute;a que podr&iacute;an juzgarse como extraordinarios: sirvi&oacute; como oficial de infanter&iacute;a durante la primera guerra mundial y recibi&oacute; el premio Nobel de Literatura en 1975. 
    </p><p class="article-text">
        Los cr&iacute;ticos lo ubicaron dentro de una corriente literaria llamada El Hermetismo, junto a Saba, y Ungaretti. Montale utilizaba el correlato objetivo para escribir sus poemas, concepto que hab&iacute;a teorizado T.S. Eliot en un ensayo sobre Shakespeare, pero que Montale nunca hab&iacute;a le&iacute;do y seg&uacute;n sus palabras &ldquo;lo hac&iacute;a de manera instintiva&rdquo;. El hermetismo, la condensaci&oacute;n de im&aacute;genes que vuelven a veces cr&iacute;ptico al poema, podr&iacute;a surgir de una predisposici&oacute;n espiritual, pero tambi&eacute;n sin dudas, como una respuesta al fascismo que reinaba en Italia. Si antes, en la &eacute;poca de Dante estaba el Dulce Stil Nuovo, bajo Mussolini estaba el Duce Stil Nuovo. Hab&iacute;a que escribir para que la censura y el lugar com&uacute;n no entendieran. 
    </p><p class="article-text">
        Durante toda su vida Montale -como mucha otra gente- padeci&oacute; no encontrar empleo. En 1929 consigue el puesto de director del Gabinete Vienesux, una biblioteca y sala de actos literarios de Florencia: &ldquo;Tengo el pan asegurado por unos a&ntilde;os, problema que me hab&iacute;a parecido hasta ahora insoluble y que casi me vuelve loco&rdquo;, le escribe en una carta a un amigo. Pero le dura poco porque frente al avance del fascismo decide renunciar. En dif&iacute;cil ser un gran poeta si no se es un traidor a la patria, a lo que en ese momento se considere la patria. 
    </p><p class="article-text">
        Creo que le&iacute; mil veces el poema de Montale, que est&aacute; en <em>Las ocasiones</em>, y se llama &ldquo;La casa de los aduaneros&rdquo;. En la mayor&iacute;a de los poemas de Montale se le habla a un &ldquo;ella&rdquo; que ya no est&aacute;, a la que se rememora, y que da el tono melanc&oacute;lico de su poes&iacute;a, ese &ldquo;vac&iacute;o que nos invade&rdquo;. Esto, para m&iacute;, forma parte de la influencia central de Dante y la terza rima, esos versos construidos, como el cristal, desde adentro hacia afuera, y no como la piedra del escultor desde afuera hacia adentro. 
    </p><p class="article-text">
        Montale escrib&iacute;a en papelitos, boletos de tren, cualquier cosa que ten&iacute;a a mano. &ldquo;No record&aacute;s la casa de los aduaneros/ sobre el barranco a pico de la escollera./ Desolada te espera desde la noche/ que en ella entr&oacute; el enjambre de tus pensamientos/ e inquieto se detuvo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta ah&iacute; en esta primera estrofa, no se sabe a qui&eacute;n le est&aacute; hablando el poema, puede que se hable a s&iacute; mismo. A Montale no le importa tranquilizar al lector. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La sudestada golpea hace a&ntilde;os los viejos muros/ y no es alegre ya el sonido de tu risa:/la br&uacute;jula se mueve enloquecida a la aventura/ y el c&aacute;lculo de los dados ya no es favorable./ No record&aacute;s: otro tiempo distrae/ tu memoria; un hilo se devana.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Los dados pueden ser una alusi&oacute;n al golpe de dados mallarmeano, Montale escribe despu&eacute;s de la poes&iacute;a pura que buscaba el franc&eacute;s. Me gusta lo t&aacute;ctil del hilo que se devana en el &uacute;ltimo verso de esta segunda estrofa. Me gusta que un poema sea t&aacute;ctil como lo que sentimos cuando tocamos un paquete de cigarrillos. En la estrofa que sigue el poeta sostiene al hilo que se acaba de desgajar del poema.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todav&iacute;a sostengo un extremo: m&aacute;s se aleja/ la casa y sobre el techo la veleta/ ennegrecida gira sin piedad./ tengo un extremo pero vos est&aacute;s sola, ni respir&aacute;s ac&aacute; en la oscuridad.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En esta estrofa aparece por primera vez el t&uacute; al que le habla y que es el de una mujer que ya no est&aacute;. Se fue, muri&oacute;, es un fantasma. Qu&eacute; importa. La br&uacute;jula de la estrofa anterior y la veleta giran ambas una enloquecida y la otra ennegrecida, como si fueran dos h&eacute;lices que mueven al poema, que ondula como el mar, va y viene:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Oh el horizonte en fuga, d&oacute;nde se enciende,/ rara, la luz del petrolero!/ &iquest;El paso es este? (Nuevamente el oleaje/pulula sobre el barranco que se parte..)/ No record&aacute;s ya la casa de esta/ noche m&iacute;a. Y no s&eacute; qui&eacute;n se va ni qui&eacute;n se queda&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; lindo poner &ldquo;Oh&rdquo; en un poema. Y Montale en vez de narrar que la tripulaci&oacute;n del barco petrolero pregunta si es &eacute;ste el paso para entrar en el puerto, condensa la acci&oacute;n en una &uacute;nica pregunta que se hace el que narra el poema: &ldquo;&iquest;El paso es este?&rdquo;. De esta manera la pregunta que es pr&aacute;ctica se vuelve existencial. Porque mas all&aacute; de las publicidades afirmativas de ciertos productos deportivos, de la arenga en los vestuarios y los ritos de la fertilidad, lo cierto es que no sabemos ad&oacute;nde vamos ni de d&oacute;nde venimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/casa-aduaneros_129_9872651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jan 2023 03:26:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Eugenio Montale,T.S. Eliot]]></media:keywords>
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