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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - carl honoré]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/carl-honore/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - carl honoré]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Despacito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/despacito_129_12074730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26ef59b9-fbee-4617-8c08-698c0a39e271_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Despacito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Demorarse, detenerse, disminuir gradualmente el movimiento, son formas de disentir con el uso dominante del tiempo y darle lugar al ocio creativo. En el reino actual de la eficacia y de la marcha constante, transformar nuestra relación con los relojes y despojarnos del palabrerío ensordecedor es apostar por una vida más vivible. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que dejar que florezca el aburrimiento para hacer volar la imaginaci&oacute;n&rdquo;, dice el canadiense Carl Honor&eacute;. Periodista y autor del best seller <em>Elogio de la lentitud,</em> es el referente del slow movement, un movimiento que nos insta a bajar, no uno, sino todos los cambios posibles, para vivir una vida desacelerada, de mayor conexi&oacute;n con una/e/o y con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo darle espacio y tiempo al ocio creativo, a esa aparente nada que es dejar pasar el tiempo mirando el techo, el cielo, las copas de los &aacute;rboles, en un mundo que nos pide correr, hacer, ser eficientes y eficaces bajo la amenaza de perder el tren? &iquest;C&oacute;mo hacer para no hacer, deshacer y rehacer la experiencia subjetiva de un uso del tiempo m&aacute;s amable, cuando nos piden resultados urgentes y nos gobierna el fantasma de la exigencia con el valor de la rapidez y la demora como defecto?
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        No hay f&oacute;rmulas. S&iacute;, la posibilidad de la reflexi&oacute;n personal y social de la inutilidad del apuro, de sus efectos contraproducentes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Despacito,</em> dice la canci&oacute;n. <em>Yo no tengo prisa, yo me quiero dar el viaje/ Empezamo' lento, despu&eacute;s salvaje/ Pasito a pasito, suave suavecito/ Nos vamos pegando poquito a poquito/ Cuando t&uacute; me besas con esa destreza/ Veo que eres malicia con delicadeza/ Pasito a pasito, suave suavecito.</em>
    </p><p class="article-text">
        Modo avi&oacute;n, para decirlo en t&eacute;rminos virtuales.
    </p><p class="article-text">
        Pero no. Saltamos de la cama, nos impacientamos cuando estamos en la fila del supermercado o del banco, programan los sem&aacute;foros de modo que las personas viejas o con dificultades en su movilidad no puedan atravesar tranquilos las avenidas, se les imponen a las infancias cronogramas imposibles de cumplir. Movemos ansiosos cabeza, brazos y piernas cuando los dem&aacute;s hacen las cosas a su ritmo y eso nos ti&ntilde;e el estado de &aacute;nimo, nos cambia el humor.
    </p><p class="article-text">
        Durante las vacaciones, con suerte, nos lleva dos o tres d&iacute;as alcanzar el estado de relax. El cuerpo tal vez pueda hacerlo antes, pero la mente llega muy por detr&aacute;s suyo, explotada de informaci&oacute;n y preocupaciones. Existimos apurados. Creemos desear acci&oacute;n en las pel&iacute;culas, las que no tienen tanto movimiento nos aburren. &iquest;Y la siesta? Es pecado, culpa, culpa, culpa. Palabra como latigazos. 
    </p><p class="article-text">
        Atrapados y obsesionados con la velocidad, vamos perdiendo la memoria del tiempo agradable de la ni&ntilde;ez, aquel de &ldquo;jugar que es el mejor&rdquo;, como cantaba <strong>Mar&iacute;a Elena Walsh</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Pero como todo se modifica y la historia tiene su propio devenir, &ldquo;este mundo tal como lo vemos est&aacute; por pasar&rdquo;, tal las palabras de <strong>Pablo de Tarso</strong>. Y si se afirma esa condici&oacute;n cinem&aacute;tica, &iquest;a qu&eacute; velocidad sucede? Nunca, a la de nuestra expectativa ansiosa, sino a su propio arbitrio. 
    </p><p class="article-text">
        Ya sea en el &aacute;rea de los v&iacute;nculos personales o colectivos, en la econom&iacute;a, en los transportes, en la recreaci&oacute;n, el cambio de estilo en el uso y percepci&oacute;n del tiempo ocurrir&aacute;. Qui&eacute;n sabe si no habr&aacute; un shock, un accidente que nos haga volar por los aires. La amenaza convive con nosotros y por eso obedecemos, todo parece dispuesto para ser deshecho. Lo escribe <strong>Paul Virilio</strong> en su libro, <em>La velocidad de la liberaci&oacute;n</em>: se trata de la transformaci&oacute;n de los hechos y de la propulsi&oacute;n de los acontecimientos para que nos emancipemos del tiempo sin pausa e ingresemos en una sincronizaci&oacute;n entre el tiempo biol&oacute;gico, nuestro cuerpo, y el cultural, nuestro contexto.
    </p><p class="article-text">
        Existimos en un caos de sensaciones, acontecimientos y transitoriedad, condicionados por la automatizaci&oacute;n y el v&eacute;rtigo, que nos convierte en seres incapaces de apropiarnos de la experiencia. El cuerpo rebosa de im&aacute;genes, atrapado en una fragmentariedad punzante.
    </p><p class="article-text">
        Es epocal, un oc&eacute;ano tumultuoso de personas marcha unidas como engranajes de una misma m&aacute;quina, aunque desafectivizadas entre s&iacute;. El tiempo social vertiginoso nos envuelve, nos arrastra de un lado a otro y nos tira.
    </p><p class="article-text">
        El ruido de las pantallas nos a&iacute;sla, deteriora nuestra capacidad expresiva, ensordece, deteriora la capacidad de comunicaci&oacute;n. Hay un run run permanente, un palabrer&iacute;o como v&oacute;mito, compulsivo, sin puente. Pero pasar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lentitud y silencio son la contracara, el opuesto, pero dan miedo, resultan inc&oacute;modos, porque los identificamos con la ineficacia y el vac&iacute;o, con la detenci&oacute;n del tiempo, como si darles espacio a esos otros gestos nos dejara agujereados, fr&aacute;giles, expuestos. Lentitud y silencio son parte imprescindible de la escucha, de la mirada y del di&aacute;logo, es decir del encuentro con los dem&aacute;s. Nos ponen en estado de pregunta acerca de qui&eacute;nes somos, de la materia de que est&aacute; constituida nuestra subjetividad, no como esencia, sino en construcci&oacute;n, en un ir siendo y haci&eacute;ndose, para que emerja la singularidad inapropiable de cada persona. 
    </p><p class="article-text">
        Dice <strong>Marcelo Percia</strong> en su libro <em>Una subjetividad que se inventa </em>que estar en lo que nos pasa &ldquo;no excluye formas de ausencia. Sin la sucesi&oacute;n y la discontinuidad, sin las omisiones y olvidos, tendr&iacute;amos la cabeza como una olla llena de grillos. La simultaneidad, la yuxtaposici&oacute;n, la continuidad infinita, la permanencia de todo ser&iacute;a insoportable. Y andar&iacute;amos aturdidos y sin existencia. A veces, resulta imprescindible librarnos de algo que se hace presente cuando moramos en nosotros mismos. Hablar es un modo de decir. Y es, tambi&eacute;n, un modo de acallar lo que no se quiere y no se puede escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Aprendimos durante la pandemia la diferencia entre presencial y a distancia y nuestra necesidad de vinculaci&oacute;n f&iacute;sica. Aquel confinamiento nos alej&oacute; de la posibilidad del calor humano, las risas, los abrazos, la vida buena, las relaciones entre cuerpos diferentes, la reciprocidad.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El cuerpo cuenta,</em> <strong>Daniel Calmels</strong> se&ntilde;ala que &ldquo;la escucha requiere de una temporalidad diferente a la que se capta con los ojos, la vista puede ilusionarnos con la falsa completud de un instante, en la cual todo est&aacute; f&aacute;cilmente disponible a su percepci&oacute;n, en cambio el que escucha conforma un sentido a partir de una demora... el narrador construye con sus actitudes y sus movimientos una textura tal, que cada palabra se enhebra en las fibras musculares que le dan cuerpo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/despacito_129_12074730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Feb 2025 03:02:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Despacito]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[carl honoré,slow movement,Luis Fonsi,María Elena Walsh]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carl Honoré: “Las empresas aprovechan el movimiento Slow para vender”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/carl-honore-empresas-aprovechan-movimiento-slow-vender_1_9903931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6cba300f-1304-418c-8680-1a5b5cd34517_16-9-discover-aspect-ratio_default_1065386.jpg" width="831" height="467" alt="Carl Honoré: “Las empresas aprovechan el movimiento Slow para vender”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El canadiense experto en la filosofía slow, que intervino en áreas que van desde las dinámicas urbanas a la educación, actualiza las tesis de su best seller, ya clásico, "Elogio de la lentitud". Habla de sus complejidades y responde a las críticas sobre la apropiación del mundo corporativo y su relación con criterios de clase y género.
</p></div><p class="article-text">
        <strong>Carl Honor&eacute;</strong> juega al hockey sobre hielo, deporte en el que el disco puede alcanzar unos 120 km por hora. Y es el referente global del movimiento Slow (lento), una filosof&iacute;a que se extendi&oacute; en &aacute;reas que van de la educaci&oacute;n al modo de dise&ntilde;ar ciudades. Carl Honor&eacute; es canadiense pero naci&oacute; en Escocia, y aunque sonr&iacute;e mucho, siempre man- tiene la boca cerrada. Carl Honor&eacute; habla de las horas que perdemos frente a las pantallas de los dispositivos; &eacute;l usa un <em>smartwatch </em>que no mira casi nunca. Vive en Londres pero, distra&iacute;do, no cruza Av. Corrientes por la senda pea- tonal. Public&oacute; seis libros, el primero <em>Elogio de la lentitud, </em>es un best seller y el m&aacute;s reciente, para chicos, <em>Viajar sin prisa. 40 rutas para conectar con el mundo</em>. Dice que fue su alfombra m&aacute;gica. Lo tradujeron a 35 idiomas y fue orador en dos charlas TED. Sentado en un hall de hotel que podr&iacute;a estar en cualquiera de los lugares del mundo que recorre al a&ntilde;o, pronuncia con calma un espa&ntilde;ol especiado con los otros cuatro idiomas que habla, lo aprendi&oacute; cuando fue corresponsal en Buenos Aires en la d&eacute;cada del 90. Adem&aacute;s de periodista es historiador y tiene un t&iacute;tulo en literatura italiana. &nbsp;El escritor r&iacute;e cuando le digo que me hizo salir corriendo al adelantar el horario de esta entrevista
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Acab&aacute;s de participar como orador en el V Congreso de Educaci&oacute;n y Desarrollo Econ&oacute;mico en la Ciudad de Buenos Aires, e hiciste hincapi&eacute; en las bondades de lo que llam&aacute;s la educaci&oacute;n lenta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, es una educaci&oacute;n reflexiva, que deja espacio para el debate, para la creatividad, que estimula habilidades emocionales y sociales impartiendo menos contenido, para ganar en profundidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-La Ciudad de Buenos Aires fue escenario reciente de tomas en varios colegios a ra&iacute;z de los reclamos por las condiciones edilicias y la falta de financiamiento, adem&aacute;s el Ministerio de Educaci&oacute;n de la Ciudad est&aacute; en conflicto con los gremios por el proyecto de trasladar las jornadas de capacitaci&oacute;n docente a los d&iacute;as s&aacute;bados. En este contexto, &iquest;c&oacute;mo podemos pensar en la implementaci&oacute;n de un paradigma como el de la educaci&oacute;n lenta? &iquest;Es posible incidir en las pr&aacute;cticas educativas sin modificar las condiciones estructurales del neoliberalismo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>-</strong>Cuando hablamos de neoliberalismo estamos hablando de estructuras muy arraigadas, muy potentes, muy fuertes, con much&iacute;sima inercia, y en ello tambi&eacute;n faltan fondos para la educaci&oacute;n. Como yo lo veo lo que aporta el movimiento <em>Slow </em>(lento) es inyectar una mirada diferente al sistema que ya existe. Es un Caballo de Troya cantando as alabanzas de la lentitud, de la conexi&oacute;n humana, de la solidaridad. Y con peque&ntilde;os pasos: en el colegio tal, o en tal otro, con cosas peque&ntilde;as para ir construyendo un movimiento dentro del sistema que con el tiempo, a mi juicio, tendr&aacute; que cambiar porque est&aacute; podrido, es un desastre para el planeta y para las personas. Creo que, sobre todo, despu&eacute;s de la pandemia nos estamos dando cuenta de esto, pero una cosa es darse cuenta de que el sistema ya pas&oacute; su fecha de vencimiento, y otra es crear un sistema nuevo ma&ntilde;ana. Ese plan B es una revoluci&oacute;n. Yo no soy mucho de revoluciones, creo en el cambio como evoluci&oacute;n, en pasos peque&ntilde;os, en ir acumulando una presi&oacute;n para cambiar en el largo plazo, provocar un cambio tect&oacute;nico para que se produzca el cambio s&iacute;smico de crear una sociedad mucho m&aacute;s sana, m&aacute;s sostenible, y m&aacute;s solidaria, ese es el objetivo. Incluso en pa&iacute;ses como Argentina, donde la coyuntura es mucho m&aacute;s compleja, siempre veo que algo en alg&uacute;n colegio se puede hacer, cambiando un poco los horarios, o las actividades por ejemplo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Una de las observaciones que se le hace al Slow desde Am&eacute;rica Latina tiene que ver con que su visi&oacute;n resulta, en alg&uacute;n punto, individualista. </strong>
    </p><p class="article-text">
        -Aqu&iacute; son culturas mucho menos individualistas que la cultura anglosajona o la cultura sueca, donde mucha gente vive sola. Ac&aacute; la familia y lo colectivo tienen un lugar m&aacute;s central. En cambio en pa&iacute;ses como Inglaterra o Canad&aacute; la gente se muda y se va lejos de casa, no tenemos v&iacute;nculos tan fuertes con la familia ni con la comunidad. Es una gran ventaja para ustedes como latinoamericanos porque el gran salto, el gran cambio del cual estamos hablando consiste en pasar del individualismo a un modelo mucho m&aacute;s colectivista. Ustedes ya tienen una cultura que tiende hacia eso, a m&iacute; manera de ver ya es una gran ventaja, tienen muchas desventajas tambi&eacute;n, pero hay que ver el lado optimista, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        <strong>-El Slow tambi&eacute;n suena un poco voluntarista. Es muy dif&iacute;cil &ldquo;bajar un cambio&rdquo; cuando toda la estructura social est&aacute; articulada para acelerarnos, para que seamos m&aacute;s productivos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>-</strong>Es muy dif&iacute;cil, pero dif&iacute;cil no es nunca imposible. Se me ocurre una cita que me gusta mucho, es un proverbio africano: &ldquo;Si quieres ir r&aacute;pido ve solo, si quieres ir lejos ve acompa&ntilde;ado&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iexcl;Despu&eacute;s dec&iacute;s que no crees en la revoluci&oacute;n, Carl!</strong> 
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Qu&eacute; llegue la revoluci&oacute;n! (se r&iacute;e). Tengo un revolucionario interno. Yo hablo de la revoluci&oacute;n Slow, para m&iacute; es una revoluci&oacute;n. En la que no creo es en la revoluci&oacute;n de c&oacute;cteles molotov. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Al Slow tambi&eacute;n se lo acusa de clasista porque se requiere capital para darse el lujo del tiempo de ocio, para poder desacelerar.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Creo que esa es una mentira que nos vende el sistema capitalista, que pensemos que es solo un lujo, que no est&aacute; al alcance de todos. Para m&iacute; el panorama es mucho m&aacute;s matizado. Obviamente todo es m&aacute;s f&aacute;cil con plata pero, por otro lado, muchas personas que tienen empleos muy bien pagos tienen trabajos que los persiguen. Salen de la oficina y los est&aacute;n llamando, les est&aacute;n mandando mails, est&aacute;n constantemente conectados a la red. En cambio, si ten&eacute;s un laburo como carpintero o alba&ntilde;il dej&aacute;s tu laburo y ya est&aacute;, no te mandan informes, o mails, o te llaman todo el tiempo. Por otro lado, el argentino promedio -estamos hablando de ricos, clase media y clase humilde- se pasa hasta 10 horas por d&iacute;a frente a una pantalla. Es incre&iacute;ble. Argentina est&aacute; en el top 3 de horas de pantalla al d&iacute;a. Y luego la gente dice &ldquo;no tengo tiempo&rdquo;. Es que est&aacute;s pegado a la pantalla, aferrado a Instagram, desperdiciando hora tras hora. Para muchos, sea cu&aacute;l sea la clase social, requiere un cambio de chip en el uso del tiempo, sobre todo con las nuevas tecnolog&iacute;as que funcionan como un agujero negro, chupando hora tras hora, porque si no estamos ah&iacute;, en la vidriera, no estamos vigentes. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El gran legado
de la pandemia
fue demostrar
que cosas que
antes creíamos
imposibles
de cambiar sí
pueden cambiar,
que hay otra
forma de hacer
las cosas.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>-Tu visi&oacute;n de la &ldquo;postpandemia&rdquo; es bastante positiva frente a otras lecturas que entienden que las condiciones de subsistencia de las poblaciones vulnerables son actualmente m&aacute;s precarias y que, en general, se produjo un empobrecimiento y hay una distribuci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s inequitativa de la riqueza. </strong>
    </p><p class="article-text">
        -Creo que el gran legado de la pandemia fue demostrar que cosas que antes cre&iacute;amos imposibles de cambiar s&iacute; pueden cambiar, que hay otra forma de hacer las cosas. Esto se ve mucho en el mundo laboral, en el trabajo remoto, h&iacute;brido, todas cosas impensables hace cinco a&ntilde;os ya pasaron a ser la norma. Lo que tenemos que hacer con esta nueva libertad, esta nueva cancha abierta de posibilidades es elegir las buenas, no las malas. Yo no soy ut&oacute;pico y no creo que la pandemia haya salvado el mundo, para nada, pero cambi&oacute; un poco el chip en el sentido de haber puesto sobre el tapete la posibilidad de reimaginar y replantear muchas cosas, desde la educaci&oacute;n, pasando por las relaciones afectivas y el trabajo, lo sacudi&oacute; todo. Nos dej&oacute; con esa posibilidad de reimaginarlo todo, soy bastante optimista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-El movimiento Slow, cuando postula que todos podemos desacelerar, no parece considerar la divisi&oacute;n sexual del trabajo, sobre todo de cuidado no remunerado, que establece desigualdades estructurales que permiten a los varones hacerse con un diferencial de tiempo, tanto de ocio como productivo. Esto incluso se reforz&oacute; con el teletrabajo en muchos casos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        -Estoy totalmente de acuerdo con que es un problema que se reforz&oacute; con la coyuntura de la pandemia. Creo que el movimiento Slow puede aportar mucho porque uno de sus objetivos principales es la igualdad, darle a todos los mismos derechos, las mismas posibilidades y la misma autonom&iacute;a temporal, el mismo control sobre su tiempo. Controlar el propio tiempo es la piedra angular del movimiento. Yo estoy colaborando con un movimiento que empez&oacute; en Barcelona que se llama &ldquo;La semana del uso del tiempo&rdquo; y el eje es el acceso al control sobre el tiempo propio, eso tiene que ver tambi&eacute;n con las desigualdades de g&eacute;nero. Es el filtro temporal. Hay muchos filtros a trav&eacute;s de los cuales se pueden ver y combatir las desigualdades, se puede hacer desde muchas perspectivas, desde muchas &oacute;pticas. Un filtro es el tiempo y ah&iacute; puede aportar algo el Slow con el lenguaje, con la visi&oacute;n de una sociedad m&aacute;s justa, m&aacute;s igualitaria. Que las mujeres recuperen su tiempo es un punto clave.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Gigantes como Microsoft est&aacute;n comenzando a adoptar algunos de los postulados del movimiento Slow en la organizaci&oacute;n del trabajo. Se enfocan en el aumento de la productividad que funciona como un incentivo para las empresas. &iquest;Existe un peligro de slow-washing empresarial? </strong>
    </p><p class="article-text">
        -Hay dos peligros, el primero tiene que ver con la publicidad, lo que proyecta la empresa hacia afuera. Vos ves publicidades por todas partes utilizando al movimiento Slow: mujeres sentadas en la playa haciendo Yoga para vender cualquier barbaridad, y eso por un lado me parece positivo, entre comillas, porque el hecho de que las empresas est&aacute;n aprovechando el movimiento Slow para vender cosas ya demuestra que el movimiento lleg&oacute;, que tiene peso en la cultura, es como decir &ldquo;hemos llegado porque nos distorsionan, nos aprovechan, nos explotan&rdquo;, ese es un punto. El otro es lo que hacen las empresas hacia adentro: aumentar la productividad me parece bien, incentivar la creatividad me parece fant&aacute;stico, mejorar la salud tambi&eacute;n, pero para m&iacute; no es el punto final, no es el destino, es una etapa, es una estaci&oacute;n para llegar a la terminal que es crear una empresa responsable, que no tenga como su &uacute;nico objetivo maximizar beneficios. Vuelvo a la met&aacute;fora del Caballo de Troya: vos lleg&aacute;s con un discurso de &ldquo;aqu&iacute; con la lentitud vamos a mejorar la productividad, la creatividad, etc&rdquo; pero, al mismo tiempo, haciendo esto, d&aacute;ndole a los empleados la posibilidad de reflexionar, de contemplar el horizonte, de mirar el panorama completo, mi esperanza es que se empiecen a cuestionar. Y que las empresas se digan: le debemos algo a la sociedad, le debemos algo a la naturaleza, estamos conectados con&nbsp;el entorno, tenemos responsabilidades que van m&aacute;s all&aacute; de las ganancias. Y esa es un poco mi misi&oacute;n, el porqu&eacute; trabajo con empresas, porque yo podr&iacute;a ir a trabajar a un banco y ganar mucho m&aacute;s de lo que gano predicando la lentitud para empresas, yo lo hago porque tengo una me - ta a largo plazo: provocar una revoluci&oacute;n (se r&iacute;e) dentro de la empresa, pero el primer paso no es llegar con moloovs, sino un poco m&aacute;s suave, m&aacute;s ameno. &ldquo;Ah! vamos a aumentar la productividad, vamos a ser m&aacute;s creativos, vamos a tener salud&rdquo;, cosas lindas y luego, al desacelerar, casi siempre hay m&aacute;s tiempo para reflexionar y llegar a las grandes preguntas por fin: &iquest;qui&eacute;n soy? &iquest;ser&aacute; que estamos viviendo la vida correcta para nosotros? Esas preguntas que quedan tapadas por la vida de correcami - nos, haciendo malabares con 82 mails. En muchos casos esa vida fren&eacute;tica es un mecanismo de negaci&oacute;n, una manera de huir de uno mismo, es mucho m&aacute;s f&aacute;cil llenar la cabeza con distracciones electr&oacute;nicas, estimulaci&oacute;n, estar sobre cafeinado, cuesta afrontar esas preguntas complicadas, complejas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Tiene una dimensi&oacute;n ut&oacute;pica el Slow ? </strong>
    </p><p class="article-text">
        -Soy bastante ut&oacute;pico en el fondo, digo siempre optimis - ta pero tengo mi lado ut&oacute;pico. Sue&ntilde;o con utop&iacute;as. Y de hecho soy bastante de izquierda tambi&eacute;n. Bastante. Lo que pasa es que cuando la gente escucha la palabra &ldquo;izquierda&rdquo; le da p&aacute;nico. No me vayas a citar como el Che del Norte (se r&iacute;e). 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es increíble.
Argentina
está en el top
3 de horas de
pantalla al día.
Y luego la gente
dice “yo no
tengo tiempo”.
Es que estás
pegado a ellas.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;C&oacute;mo entiende el movimiento Slow al consumo?</strong> 
    </p><p class="article-text">
        -Cada compra que hacemos es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica, estamos diciendo &ldquo;este es el mundo en el que quiero vivir&rdquo;. Cada acto de compra es un acto que tiene un efecto de reacci&oacute;n en cadena. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Pensaba por ejemplo en los autos el&eacute;ctricos desarrollados en el llamado Norte Global, dise&ntilde;ados para funcionar con bater&iacute;as de litio, que se extrae en gran parte de pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, entre ellos Argentina. Hay una distribuci&oacute;n diferencial del riesgo entre el Norte y Sur Global, y una contradicci&oacute;n tambi&eacute;n. </strong>
    </p><p class="article-text">
        -Bueno, quien manda es el Norte &iquest;no?. Exportamos al Sur nuestros problemas, nuestra basura incluso. Es el ejemplo de la desigualdad, las reglas de juego est&aacute;n hechas para favorecer al Norte, sin duda, incluso en estos campos, en las decisiones que deber&iacute;an ser positivas para el planeta. La industria verde tiene su lado oscuro, y la factura la paga el Sur. En este caso por una cuesti&oacute;n geogr&aacute;fica, o geol&oacute;gica, que es que existen los minerales aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-S&iacute;, pero tambi&eacute;n es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica sostener matrices de desarrollo montadas sobre industrias extractivas contaminantes. Los problemas globales tienen impactos locales.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, claro, vos pod&eacute;s comprar un auto el&eacute;ctrico en Suecia, muy bueno para el medio ambiente en Estocolmo pero &iquest;qu&eacute; impacto tiene en Bolivia?. Es como estar en el tr&aacute;fico, vos no est&aacute;s en el tr&aacute;fico, vos sos el tr&aacute;fico. Adem&aacute;s podemos arrancar con las mejores intenciones del mundo, yo vivo en Londres, si quiero comprar un auto quiero comprar un auto el&eacute;ctrico&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Tambi&eacute;n pod&eacute;s tomarte el subte Carl, que contamina menos&hellip; </strong>
    </p><p class="article-text">
        -No, no, no voy a comprar ning&uacute;n auto, yo ando en bici, en rollers y a pie. Es un ejemplo ret&oacute;rico, digamos. Ando por todos lados en bici, a veces en transporte p&uacute;blico, que es otro ejemplo de la importancia de la colectividad, si invertimos en cosas que son para todos, todos salimos ganando.
    </p><p class="article-text">
        -<strong>El paradigma del Buen Vivir es una propuesta latinoamericana que se basa en conocimientos, saberes y pr&aacute;cticas ancestrales de pueblos ind&iacute;genas. Tiene algunos puntos en com&uacute;n con tu trabajo, se centra en el bienestar de las personas y pone en cuesti&oacute;n los supuestos del crecimiento econ&oacute;mico, la explotaci&oacute;n de la naturaleza, y la idea de progreso ilimitado. Sin embargo, en ciudades como Buenos Aires no tiene la cobertura medi&aacute;tica ni la atenci&oacute;n que suscita el movimiento Slow. </strong>
    </p><p class="article-text">
        -El que trae el mensaje es importante, desgraciadamente es as&iacute;. En toda Am&eacute;rica Latina, pero sobre todo en Argentina, existe un gran complejo de inferioridad hacia el Norte, ven a esos pa&iacute;ses como superiores y agarran las tendencias porque &ldquo;hacen esto en New York o en o Miami, o en Par&iacute;s&rdquo;. Yo lo sent&iacute; desde mi primera gira por Am&eacute;rica Latina para hablar de este tema, era como que la gente no se animaba a cuestionarme, llegaba ya con una monta&ntilde;a de cr&eacute;dito, de prestigio, solo por ser del &ldquo;primer mundo&rdquo;. Yo soy un periodista, estas son ideas, no son palabras grabadas en piedra. Siempre hay que criticar y cuestionar, no quiero que mis ideas sean plasmadas sin cambiar, tie - nen que ir evolucionando en funci&oacute;n de nuevas miradas, de nuevos cuestionamientos. Me gusta criticar y que me critiquen, que vayamos modificando ideas a trav&eacute;s del debate. Yo soy periodista, no soy ning&uacute;n gur&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;C&oacute;mo te sent&iacute;s con que te llamen el gur&uacute; del movimiento Slow? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>-</strong>Soy el gur&uacute; menos gur&uacute; del mundo. Cada vez que lo escuchamos con mis amigos nos re&iacute;mos a carcajadas.
    </p><p class="article-text">
        <em>MR</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://usuarios.eldiarioar.com/hacete_socio/?_ga=2.47221799.1091120363.1675006088-368567836.1675006088" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Este art&iacute;culo se public&oacute; en la revista que elDiarioAR env&iacute;a a sus socias y socios. Si quer&eacute;s recibirla vos tambi&eacute;n en tu casa y apoyar a este proyecto period&iacute;stico, pod&eacute;s sumarte en este link.</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jan 2023 03:01:18 +0000]]></pubDate>
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