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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cartas de amor]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/cartas-de-amor/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Cartas de amor]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El podcast Epistolar celebra una nueva presentación en vivo con lecturas y música en La Casa de Lolita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/podcast-epistolar-celebra-nueva-presentacion-vivo-lecturas-musica-casa-lolita_1_12446131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1989d6d0-fbdb-4b4c-aea0-a8ca74dd957a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El podcast Epistolar celebra una nueva presentación en vivo con lecturas y música en La Casa de Lolita"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ciclo creado por Diego Jemio y Tomás Sprei recupera el arte perdido del carteo a través de la interpretación de actores y actrices. La experiencia, que ya lleva casi 190 episodios, tendrá su próxima edición escénica el domingo 13 en Palermo.</p></div><p class="article-text">
        Una carta es un secreto a voces, un susurro escrito que cruz&oacute; d&eacute;cadas, geograf&iacute;as o pasiones hasta llegar a ser le&iacute;do por alguien que no fue su destinatario original. Y eso mismo ocurre con <em>Epistolar</em>, el podcast ideado por el periodista cultural Diego Jemio y el productor de audio Tom&aacute;s Sprei, que desde diciembre de 2018 transforma cartas reales de personas que existieron en piezas sonoras interpretadas por actores y actrices de reconocida trayectoria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este domingo 13 de julio a las 19, en La Casa de Lolita (Humboldt 1784, CABA), el ciclo tendr&aacute; una nueva edici&oacute;n en vivo</strong>, con lectura a cargo de Paula Fern&aacute;ndez Mbarak, m&uacute;sica de Jos&eacute; Ferrufino y la presentaci&oacute;n del propio Jemio. Las entradas <a href="https://alpogo.com/evento/epistolar-20727" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute;n disponibles a trav&eacute;s de Alpogo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Desde su nacimiento, <em>Epistolar</em> no dej&oacute; de crecer. Ya cuenta con casi 190 cartas grabadas y disponibles en <a href="https://open.spotify.com/show/6qImtoCIDIlURpuR0Tib4N?si=09a39237c6d74aab" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a> y <a href="https://www.youtube.com/@epistolar.podcastdecartas543" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">YouTube</a>. Las voces que dieron vida a los textos epistolares incluyen nombres como Julieta Ortega, Norman Briski, Jorge Marrale, Ana Mar&iacute;a Picchio, Mauricio Kartun, Gerardo Romano y Luciano C&aacute;ceres, entre otros. Pero m&aacute;s all&aacute; del formato podcast, el proyecto se transform&oacute;: <strong>profesores de literatura, historia y teatro comenzaron a usarlo como herramienta pedag&oacute;gica, y el equipo lo llev&oacute; tambi&eacute;n al escenario, con presentaciones en museos, centros culturales y teatros de todo el pa&iacute;s y de Uruguay</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para Jemio, la propuesta surgi&oacute; de una conjunci&oacute;n personal y amorosa de mundos: la literatura epistolar, la radio y el teatro. <strong>&ldquo;Quise ver qu&eacute; pasaba con estos textos que fueron escritos en un registro de intimidad cuando eran atravesados por la voz, el cuerpo y los sentimientos de actores y actrices&rdquo;</strong>, explic&oacute;. La lectura actoral es acompa&ntilde;ada por una introducci&oacute;n con guion propio y m&uacute;sica original, y cada carta funciona como una historia aut&oacute;noma, breve, emocional, capaz de interpelar a quien la escucha aun sin conocer a los protagonistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las cartas elegidas abarcan una gran variedad de g&eacute;neros y emociones: de amor, pol&iacute;ticas, abiertas, de padres a hijos, manifiestos.</strong> Y seg&uacute;n Jemio, uno de los desaf&iacute;os para los actores es interpretar &uacute;nicamente con la voz: sin cuerpo, sin escena, solo con inflexiones y matices. La respuesta suele ser entusiasta y muchas veces los int&eacute;rpretes comparten con &eacute;l sus propias experiencias con el carteo, como si la propuesta activara una memoria sentimental transversal a generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de un gesto nost&aacute;lgico, <em>Epistolar</em> propone un rescate: <strong>&ldquo;Una forma de pensamiento perdido, un peque&ntilde;o ritual &iacute;ntimo&rdquo;</strong>. En tiempos de mensajes breves, vertiginosos y fragmentados, el proyecto invita a detenerse, a volver a la palabra bien dicha, al texto que emociona y conmueve. <strong>&ldquo;En el medio de tanto escombro, salir y ofrecer una flor me parece que no es poca cosa&rdquo;, resume Jemio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/podcast-epistolar-celebra-nueva-presentacion-vivo-lecturas-musica-casa-lolita_1_12446131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jul 2025 10:08:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Podcast,Teatro,Cartas,Cartas de amor,Literatura,Epistolar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Freud, el novio gede]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/freud-novio-gede_129_9924772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Freud, el novio gede"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Charlatán vienés" en palabras de Vladimir Nabokov, Sigmund Freud se revela en sus cartas de amor a Martha Bernays tan denso y seguidor como "perro de sulky". </p></div><p class="article-text">
        Sigmund Freud fue un escritor compulsivo de cartas. De cartas rescatadas, como las que les correspondi&oacute; a sus hijos y a Carl Jung, y r&aacute;pidamente agregadas a su obra; y de cartas perdidas o apenas entrevistas. Por lo que desde cierta perspectiva libre de los hechos no habr&iacute;a que avergonzarse por considerarlo un hipergrafista especializado en eventos epistolares, incluso un despachador adicto de cartas.
    </p><p class="article-text">
        Las casi 9 mil p&aacute;ginas compactadas en los 25 tomos de Amorrortu (equivalentes a dos veces y media de <em>En busca del tiempo perdido</em>) no deber&iacute;an impresionar a los freud&oacute;logos. Seguramente han de ser m&aacute;s las consignadas al rubro cartas, si se deduce por su correspondencia marginal la compulsi&oacute;n a escribirlas y enviarlas del Padre del Psicoan&aacute;lisis, curioso nombre de fantas&iacute;a ed&iacute;pico con el que lo describen muchos de sus ac&oacute;litos, pero bastante m&aacute;s llevadero que el que le puso Nabokov, que lo llam&oacute; &ldquo;charlat&aacute;n vien&eacute;s&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cartas secundarias de Freud dan, como m&iacute;nimo, para darle la importancia de un caso. En <em>Viena y Manchester - Correspondencia entre Sigmund Freud y su sobrino Sam Freud </em>(1911- 1938), publicado en 2000 por Editorial S&iacute;ntesis de Madrid, el asunto es la pobreza, y la codicia al por menor. Freud, que ha clasificado a su familia entre miembros activos y pasivos, no deja de pedirle a su sobrino Sam, pr&oacute;spero empresario textil en Inglaterra, el env&iacute;o de alimentos y lujos que no se encuentran en Viena despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son peque&ntilde;os museos de la demanda, en los que Freud no para de pedir &ldquo;manteca, carne de vaca, coco, t&eacute;, pasteles ingleses&rdquo;. Casi nada lo aparta de sus solicitudes de t&iacute;o exp&oacute;sito, ni siquiera la carta que escribe <strong>el 26 de enero de 1920, en la que reci&eacute;n luego de una introducci&oacute;n formal, y de menciones precisas a asuntos de encomiendas, comidas y dinero, encuentra el momento de decir: &ldquo;Ahora debo darte una noticia amarga. Mi hija Sophia -&iquest;te acuerdas de ella?- muri&oacute; ayer de gripe&nbsp;y neumon&iacute;a&rdquo;</strong>. Primero lo primero.
    </p><p class="article-text">
        Algunas de las 1500 cartas a Martha Bernays antes de contraer matrimonio con ella en 1986 (<em>Cartas de amor,</em> de Sigmund Freud; Ediciones Bronte, 2016) y, por suerte para &eacute;l, mucho antes de desarrollar su concepto de neurosis, presentan la figura de un Freud denso, seguidor como perro de sulky, gede. No la deja desear a la do&ntilde;a. Se entiende que al libro lo hayan marcado con la palabra &ldquo;amor&rdquo;, pero debieron agregarle la palabra &ldquo;control&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando el vien&eacute;s merquero (as&iacute; podr&iacute;a haberlo llamado Nabokov) desliza sus sentimientos por esos p&aacute;rrafos inolvidables, sobre todo los que se desbordan, los intratables, los instantes monstruosos del enamorado que el propio enamorado espera sentir al costo de perderse, las cartas se inflaman de belleza y encuentran en la cursiler&iacute;a su v&iacute;a regia. Ah, las palabras de amor: aquello que <em>va a darnos</em> verg&uuml;enza en el fr&iacute;o del futuro, ese reflejo idiota que no sienten los locos, mucho menos los locos de amor, una vez que esas palabras se escapan del cuerpo como g&eacute;iseres de sangre. Es la &uacute;nica desgracia con toda la suerte del mundo, y vale para todos, incluso para los seres humanos &ldquo;analistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El 19 de junio de 1882, Freud arranca tranquilo la primera carta de la serie: &ldquo;Sab&iacute;a que hasta que no te hubieses ido no podr&iacute;a darme cuenta realmente de toda mi felicidad vivida y tambi&eacute;n, &iexcl;ay!, de todo lo perdido&rdquo;. Y luego le baja los cambios a la moto del afecto en ausencia con una extra&ntilde;a precisi&oacute;n, obtenida por medio de la ambig&uuml;edad: &ldquo;No consigo tener una idea clara de lo nuestro&rdquo;. Traducido al discurso enciclop&eacute;dico, podr&iacute;a decirse que Freud dijo del amor que &ldquo;no se consigue tener una idea clara de lo que es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El enamorado Freud anda dando vueltas por su casa con una fotito de Martha. &iquest;Qu&eacute; adulto no tiene, para calmar la sed de vivir, su objeto transicional? Desde una piedra cordobesa hasta una remera usada, cualquier ausencia se agiganta en los fetiches. &iquest;Qu&eacute; hace este exdivulgador de la hipnosis con su foto-peluche, deambulando como un yonqui? Le busca a la amada &ldquo;un sitio entre los dioses familiares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los encabezamientos son para una antolog&iacute;a del rococ&oacute;: &ldquo;Mi preciosa y amada ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Bella amada, dulce amor&rdquo;, &ldquo;Mi dulce y peque&ntilde;a ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mi dulce Marty&rdquo;, &ldquo;Mi querido tesoro&rdquo;, &ldquo;Mi adorada princesa&rdquo;, &ldquo;Mi amada novia&rdquo;, &ldquo;Mi ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mi dulce mujercita&rdquo;, Amada m&iacute;a&ldquo;, &rdquo;Altamente estimada princesa&ldquo;, &rdquo;Princesa, mi princesita&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El interior de las cartas es una galaxia en la que flotan planetas de distintas temperaturas. En una le dice que est&aacute; esperando que le traigan un caf&eacute; en un bar de Viena, en el que le dan poco az&uacute;car. Entonces, arremete: &ldquo;Mi Marty, me tendr&aacute;s que dar tu m&aacute;s az&uacute;car&rdquo;. O sea&hellip; Pero tampoco falta las amarguras, as&iacute; de agridulce es la vida humana. En otra carta le reprocha no haber roto relaciones con un tal Fritz Wahle, un amigo de Martha que Freud quiere bochar y, por lo tanto, obliga a Martha a mantener esa amistad en secreto. La irritaci&oacute;n de Freud es indisimulable y tienen el c&oacute;digo de advertencia de un oficial de la Gestapo: &ldquo;Espero que tales hechos no vuelvan a pasar jam&aacute;s entre nosotros&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es que el amor de Freud por Martha, adem&aacute;s de remoto, es &ldquo;profundo&rdquo; e &ldquo;inflexible&rdquo;, cartas de porte para seguir descargando su perfil policial: &ldquo;Cuando me molesto contigo, como me ocurri&oacute; cuando me comunicaste tus ideas de viaje&hellip;&rdquo;; &ldquo;&iquest;Qu&eacute; puede ser lo que deseas y no quieres dec&iacute;rmelo?&rdquo;; &ldquo;A la pregunta de si te dejo patinar, te contesto rotundamente que no. Soy demasiado celoso para permitir tal cosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Freud Jefe de Mantenimiento no es mejor: &ldquo;Te ruego me digas que tal est&aacute;s de aspecto. Si has engordado, si te sientes mejor y si tu piel est&aacute; m&aacute;s limpia de impurezas que cuando nos separamos&rdquo;. Solo le falt&oacute; preguntarle, como ese personaje que en una novela de Washington Cucurto le pregunta a la novia: &ldquo;&iquest;Cagaste lindo, amor?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las ri&ntilde;as de los corresponsales son al menos de una por mes. Mientras, Freud le describe su car&aacute;cter irritable, cuya causa al parecer es la neuralgia (&ldquo;dolor de cara&rdquo;), para que ella tenga paciencia en dejarlo bajar. Dif&iacute;cil, porque lo que &eacute;l quiere es subir. El 26 de junio de 1884 le escribe una carta redactada con la ansiedad de alguien que est&aacute; colocado. Van a verse pronto, pero &eacute;l se muestra reacio a que ella lo espere en la estaci&oacute;n: &ldquo;No quiero que la estaci&oacute;n y el equipaje se inmiscuyan en nuestros primeros besos&rdquo;. Pero si a Martha no la &ldquo;ruborizan&rdquo; los hamburgueses y es capaz de darle un beso en cuanto se vean, &ldquo;y otro mientras vamos a Wandsbek, y un tercero&hellip;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y para que todos nos quedemos tranquilos, especialmente ella, que es quien lo va a recibir, le dice: &ldquo;No llegar&eacute; cansado, pues pienso hacer el viaje bajo la influencia de la coca&iacute;na para dominar mi terrible impaciencia&rdquo;. Podemos imaginar, si no los detalles dram&aacute;ticos, la velocidad supers&oacute;nica de ese arribo.
    </p><p class="article-text">
        La modalidad gede del novio Freud para vincularse con Martha, en la que es evidente que interviene la presi&oacute;n masculinista de la &eacute;poca, se disuelve cuando entra un poco de ox&iacute;geno a su prosa y Martha ya no es ella, al menos no solo ella y, en cambio, es un ejemplar del g&eacute;nero amado: &ldquo;Eres tan buena y, entre nosotros, escribes con tan inteligencia y eficacia, que me das un poco de miedo. Todo esto contribuye a demostrar, una vez m&aacute;s, la superioridad de la mujer sobre el hombre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/freud-novio-gede_129_9924772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Feb 2023 03:05:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Freud, el novio gede]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Martha Bernays,Vladimir Nabokov,Cartas de amor]]></media:keywords>
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