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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lo efímero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/lo-efimero/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Trabajar, gozar y sufrir en una empresa tech]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/trabajar-gozar-sufrir-empresa-tech_129_9945303.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6035f9c-c3ed-447b-9c20-d0cacaa05ded_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trabajar, gozar y sufrir en una empresa tech"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El frenesí de vinculaciones y desvinculaciones que rige el mundo tecnológico, sostiene la autora, se lleva puestos vínculos y oficios. Una reflexión a partir de la experiencia.</p></div><p class="article-text">
        Nunca me hab&iacute;an echado de un trabajo y ese d&iacute;a lleg&oacute; despu&eacute;s de pasarme meses leyendo sobre los famosos &ldquo;layoffs&rdquo; en tecnolog&iacute;a. Cuando se lo cont&eacute; a mi profesora de ingl&eacute;s, me dijo que cambiara la expresi&oacute;n &ldquo;I was fired&rdquo;, fui echada, por &ldquo;I was made redundant&rdquo;, fui desvinculada, porque la empresa deb&iacute;a reducir personal. No pude distinguir si me lo corrigi&oacute; para pr&oacute;ximas entrevistas o para hacerme sentir mejor, pero en espa&ntilde;ol sigo diciendo que me echaron. Un poco para sacarle el tab&uacute; al mundo laboral exitista que nos hace sentir verg&uuml;enza al contarlo porque se nos mancha el curr&iacute;culum, crey&eacute;ndonos a nosotros mismos con la misma pureza que una hoja de papel. Pero, tambi&eacute;n, para no quitarle  a lo que pas&oacute; el peso que se merece.
    </p><p class="article-text">
        Es innegable que hoy en d&iacute;a las empresas tech son un buen lugar para trabajar: los salarios suelen estar por arriba de la media o pagarse en d&oacute;lares, se puede hacer home office sin problemas ni excusas (permitiendo tener una vida en paralelo), alientan la gesti&oacute;n proyectos de forma din&aacute;mica con m&eacute;todos que promueven la agilidad (donde se entrecruzan la programaci&oacute;n, dise&ntilde;o o investigaci&oacute;n con producto y el &aacute;rea de operaciones o marketing). Pero, no menos cierto es que cada tanto aparece una crisis econ&oacute;mica a nivel mundial que las lleva a despedir -tan r&aacute;pido como los contrataron- a cientos de empleados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trabaj&eacute; en una startup argentina con sede en M&eacute;xico que, as&iacute; como contaba con los mismos beneficios que las compa&ntilde;&iacute;as grandes de tecnolog&iacute;a, tambi&eacute;n comparti&oacute; su destino catastr&oacute;fico: al no llegar a revertir los n&uacute;meros en rojo que la acompa&ntilde;aban hace meses, despidi&oacute; de un d&iacute;a para el otro al 70% de sus 300 empleados. M&aacute;s all&aacute; de qu&eacute; otras empresas tomaron esta decisi&oacute;n -en un futuro cada persona podr&aacute; googlear y decidir si quiere o no trabajar en las mismas- son parte de una realidad que va de la mano con el momento que estamos viviendo: un frenes&iacute; por facturar y, en consecuencia, por contratar como si no hubiera un ma&ntilde;ana hasta que ese ma&ntilde;ana llega para decirnos que este presente ya es insostenible. El problema detr&aacute;s de todo esto es que, de un mi&eacute;rcoles a un jueves, se derrumba la agenda personal a las que nos hab&iacute;amos acostumbrado.
    </p><p class="article-text">
        En las primeras cuarenta y ocho horas, mi LinkedIn se volvi&oacute; una catarata de publicaciones. Me llegaron mensajes de colegas de trabajos anteriores, contando que se hab&iacute;an enterado. Me preguntaban, conmovidos, si estaba bien y me ofrec&iacute;an, sinceramente, que contara con su ayuda. Esperaba, debo decirlo, que otras personas tuvieran la misma actitud, pero sus mensajes nunca llegaron. No pude dejar de percibir cierto aire de condescendencia, el mismo -me di cuenta- que yo tuve con personas que hab&iacute;an vivido algo parecido en una anterior temporada de despidos. No es la mirada que m&aacute;s fortalece, porque creo que nos hace sentir un poco desdichados. Pero eso lo supe reci&eacute;n cuando me pas&oacute; a m&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al poco tiempo aparecieron ofertas laborales que no me convenc&iacute;an del todo, mails, entrevistas, publicaciones de desempleados de otras compa&ntilde;&iacute;as angustiados pidiendo trabajo y, en paralelo, personas anunciando su nuevo puesto o ascenso. De vuelta el frenes&iacute;, la sensaci&oacute;n abrumadora de la rapidez, de que el tiempo corre y que si no corremos a la par nos quedamos atr&aacute;s. Tambi&eacute;n la evidencia de que la indemnizaci&oacute;n percibida en alg&uacute;n momento se va a terminar, cuestion&aacute;ndome sobre c&oacute;mo voy a darme el lujo de esperar para elegir la mejor opci&oacute;n cuando nunca se sabe si va a volver a aparecer otra posibilidad. La maldita ansiedad. Si no fuera porque cruc&eacute; algunas palabras con dos de mis compa&ntilde;eras y coincidimos en que ten&iacute;amos que entrenar la paciencia y respetar nuestros tiempos para volver al ruedo, hoy me sentir&iacute;a sola. De estos temas no se habla en las redes sociales ni en los grupos de WhatsApp multitudinarios. Las tres decidimos borrar LinkedIn del celular. Con tanto ruido no se puede pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La semana siguiente a la que me consideraron &ldquo;redundant&rdquo;, fui a ver <em>Los Imprenteros</em> de Lorena Vega, una obra de teatro documental que cuenta sobre una imprenta del conurbano bonaerense en la que se criaron tres hermanos rodeados de papeles, tintas y guillotinas, y que les fue arrebatada. Cuando termin&oacute;, no pude parar de llorar. Era de esos llantos que emergen con angustia despu&eacute;s de contenerla por d&iacute;as. Me hab&iacute;a emocionado por el relato de toda una vida familiar que hab&iacute;a transcurrido alrededor de un eje, un espacio que ya no estaba. Hab&iacute;a desaparecido como tambi&eacute;n se terminan las etapas, se borran los recuerdos o se desvanecen los v&iacute;nculos, a veces, de un d&iacute;a para el otro. Pero creo que lo que m&aacute;s me conmovi&oacute; fue la p&eacute;rdida de lo artesanal, esos oficios que el mundo tech de hoy se lleva puestos. Un mundo que dej&oacute; de estar preparado para que las personas nos tomemos nuestro tiempo, sino para que temamos perderlo. Por eso nos da culpa hacer el duelo que corresponde a cada momento, porque cedemos a creer que ya tenemos que prepararnos para correr hacia la pr&oacute;xima meta. La m&iacute;a hoy es tenerme paciencia.
    </p><p class="article-text">
        <em>Julieta Rabinovich es licenciada en Comunicaci&oacute;n Social por la Universidad de Buenos Aires, con una maestr&iacute;a en curso de Antropolog&iacute;a Social por la Universidad Nacional de San Mart&iacute;n y una diplomatura en Dise&ntilde;o Centrado en las Personas, dictada por la misma instituci&oacute;n. En la actualidad, trabaja en el &aacute;rea de investigaci&oacute;n aplicada al dise&ntilde;o en empresas de tecnolog&iacute;a.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Rabinovich]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/trabajar-gozar-sufrir-empresa-tech_129_9945303.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Feb 2023 01:06:30 +0000]]></pubDate>
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